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Atada al Destino — capítulo 25
Selene solo necesitó media semana para estar recuperada, algo que los sorprendió a todos bastante. Volvió a entrenar y a actuar con normalidad, pero solo ella sabía que no estaba del todo bien y que no volvería a estarlo. Matar a alguien no era algo agradable y jamás conseguiría olvidar la sensación que la embargó al hacerlo, pero al menos podría vivir con ello. Se mentalizó de que no iba a ser la última vez y que, en otras ocasiones, sería su vida la que estaría en peligro y la que tendría que salvar.
Estaba en el patio viendo entrenar a dos monjes. Su estilo de lucha era peculiar, pero efectivo. Febo entrenaba a veces con ellos y no conseguía vencerlos nunca. Ella quería aprender, pero por el momento no la dejaban. Era difícil y requería un dominio total de la mente, según lo que le había dicho su abuelo. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no escuchó como Jeff y Savitri se acercaban.
-¿Qué? ¿Te gustan las exibiciones de nuestros amigos los monjes?
-No están mal, al menos son efectivas.
-No sirven para nada.
-Eso lo dices por todas las palizas que te han dado.
-Si bueno, quizás eso tenga algo que ver. Cambiando de tema, mi padre te busca, quiere decirte la fecha definitiva en la que saldremos.
-Ya era hora, creí que nos quedaríamos aquí para siempre.
Fueron al despacho que le había dejado a Braulio y allí estaban todos. Era como revivir el día que les anunció que partirían.
-Ya estamos todos por lo que veo. Bien, teniendo en cuenta lo sucedido, nos vemos obligados a hacer algunos cambion. Christian os acompañará. Debeis tener muchísimo cuidado, no llamar la atención y ocultaros en todo momento. Os esperamos de vuelta dentro de cuatro días, cinco a lo máximo. Si, por algún motivo, vais a tardar más, teneis los medios para avisarnos ¿queda todo claro?
-Sí.
-Está bien. Entonces hasta la noche.
Esta vez pasaron el resto de la tarde juntos encerrados en el cuarto de Selene. Cenaron una media hora antes de marcharse y luego salieron al patio todos juntos. El abuelo de Selene y Braulio los esperaban con los caballos listos para despedirlos. Tras una breve despedida montaron y se marchaon. La noche era fría y la respiración de los caballos formaban pequeñas nubes de vaho. El grupo iba equipado con abrigos, guantes y gruesas mantas para las noches a la interperie.
-Esta noche acamparemos al otro lado de la colina, desde allí podremos ver si alguien se acerca a varios kilómetros a la redonda.
-¿Por qué hemos salido por la noche?
-Porque así es más difícil que nos vean. Es más fácil pasar desapercibidos por la noche y también nos es más fácil ocultarnos.
Continuaron la marcha durante casi toda la noche. Eran las cinco de la madrugada cuando Christian dio el alto. Dio orden de acampar y los demás obedecieron. Montaron el campamento en silencio, pues todos estaban exahustos y muertos de frío. Nada más terminar cada uno entro en su tienda para acostarse. Selene compartía la suya con Celine, una muchacha que vivía con los monjes, según tenía entendido, la nieta de Patrick. Hablaron durante un rato pero después se escharon a dormir. A Selene le costó bastante conciliar el sueño, estaba nerviosa y algo preocupada, algo bastante común en ella en los últimos días.
Amaneció tan pronto que pensó que había pasado solo un segundo. El sol apenas empezaba a despuntar cuando estaban todos reunidos alrededor de un acogedor fuego. Charlaban animadamente mientras tomaban un desayuno un poco austero. Después recogieron todo, dejaron el lugar tal y como estaba y volvieron a emprender camino. Jeff se puso al lado de la chica para poder hablar con ella con tranquilidad.
-Tienes que ir prestando atención a lo que te rodea, no sumida en tus pensamientos.
-No he dormido bien y no estoy para mucho observar.
-Entonces no vas a sacarle ningún partido a nuestra expedición. Presta atención, intenta ver lo que está oculto.
-Rastros de ocultamiento querrás decir ¿no?
-Sí, exactamente.
-Si es como en las prácticas, lo tengo difícil.
-No lo hacías tan mal, solo te faltaba concentración y, ahora que no está la persona que te distraía, lo tendrás más fácil que nunca.
-Espero que tengas razón porque sino...
Desde ese momento prestó más atención a lo que le rodeaba. Varias veces vio pequeños indicions de ocultamiento y se lo decía a su primo. Él, pacientemente, le explicaba como diferenciar entre los rastros que dejaban los monjes cuando salían a explorar de los de sus enemigos.
-Ellos son menos cuidadosos, porque piensan que no sacamos nada en claro de sus actividades de simples rastros.
-Y, seguramente, están equivocados.
-Mucho, sí. Los monjes son expertos rastreadores y ese arte es el que intentamos enseñarte. Por ejemplo, dime que ves allí, a tu derecha.
Selene miró hacia donde su primo le indicaba. A primera vista no había nada que mereciera la pena, pero después de unos segundos lo vio. Bajo unos enormes y frondosos sauces llorones había un pequeño mausoleo. Desde aquella distancia no distinguía la inscripción que había encima de la puerta, pero no le hizo falta. Sabía a quien pertenecía. Se acecó lentamente, bajó del caballo y se quedó plantada delante de la entrada. Sus primos la siguieron.
-Aquí es donde descansan todos nuestros antepasados, incluidos tus padres. Tan solo podemos entrar los miembros de la familia, lo que quiere decir que entraremos Febo, tú y yo. Los demás nos esperarán en la puerta.
-No podemos quedarnos mucho tiempo, puede ser peligroso.
-¿Por qué?
-Porque la protección se debilita cuando hay alguien dentro. Vamos, no perdamos más tiempo.
Entraron en respetuoso silencio. Selene temblaba y no solo por el frío que hacía dentro, sino también de emoción. Era la primera vez que veía una prueba real de que Helena y Adolph habían existido.
Había varias hileras de sarcófagos de piedra en la primera estancia. En la segunda tan solo había tres, los de sus padres y su abuela. Se acercó a ellos con miedo, pero no tenía nada que temer: para ella no existía lugar más seguro que aquel. Cuando estuvo al lado de la tumba de su madre puso la mano encima. Se sintió llena de paz y notó como un caudal de recuerdos que no le pertenecían acudían a su cabeza. Vio imágenes de sus padres en vida, de sus pocos meses junto a ellos. Cuando retiró la mano se sentía renovada. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla dejándo un rastro húmedo y salado. Se dió la vuelta y se sorprendió al no ver allí a sus primos. Creía que habían entrado con ella.
Salió del mausoleo sin mirar atrás. El sol de la mañana la cegó durante unos segundo, pero después pudo ver un paisaje totalmente diferente al que viese el día anterior. Ahora no había nada oculto para ella.
Pasaron los tres primeros días recorriendo el lugar sin ver nada fuera de lo común. De vez en cuando encontraban restos de acampadas, la mayoría de hacía bastante tiempo. Los más recientes no eran importantes, pues daban señales de que una única persona había estado allí, pero por poco tiempo, unas horas a lo máximo.
-No sé si decir que me alegro de no encontrar nada o lo contrario.
-Es algo extraño.
-¿Por qué?
-Porque lo normal sería encontrar rastros más recientes y de más personas.
-A lo mejor es que no ha pasado nadie por aquí.
-Siempre hay alguien merodeando por aquí. Este lugar es el paso de un territorio a otro.
-¿Creeis que están tramando algo?
-Puede. Mirad- Christian se puso serio mientras les hablaba. Se le notaba preocupado, aunque trataba, sin éxito, de ocultarlo- creo que lo mejor es que nos separemos. Tenemos que recorrer todo el territorio antes de mañana por la noche y, si seguimos juntos, no lo conseguiremos.
-Será lo mejor. ¿Cómo lo hacemos?
-Tu hermano y Selene puden ir hacia el despeñadero, Celine, tú y yo iremos a las montañas.
-No sé si es buena idea dejarlos solos.
-Saben cuidarse por sí mismos, además tienen que acostumbrarse a trabajar juntos.
-No lo decía por eso, pero en parte tienes razón. Muy bien, se lo diremos a los demás.
Se reunieron los cinco y acordaron encontrarse al día siguiente en el lugar donde estaban. Cuando hicieron los grupos a Celine no le hizo mucha gracia tener que ir con dos hombres ella sola, pero tuvo que conformarse. Cada uno tomó un rumbo diferente. Pasaron el resto día sin percances. Febo y Selene trabajaban bien juntos e iban bastante entretenidos hablando de banalidades. De vez en cuando paraban para echar un vistazo a los alrededores, pero no veían nada.
-Esto me gusta cada vez menos.
-A mi tampoco me gusta nada. Noto como si alguien estuviese siguiéndonos.
-A parte de esa sensación, esto está demasiado tranquilo. Vayamos con cuidado, no quiero sorpresas desagradables.
Siguieron durante varias horas hasta que empezó a ponerse el sol. Ambos tenían la sensación de estar siendo observados, pero no vieron a nadie cerca. Buscaron un sitio resguardado para pasar la noche, montaron la tienda y pusieron protecciones. Ninguno de los dos durmió esa noche, sino que se quedaron acurrucados en la entrada de la tienda pendientes de cada mínimo movimiento. Los ruidos normales de la noche les parecían una posible amenaza. Agradecieron la llegada del amanecer. Ni tan siquiera se pararon a desayunar, sino que montaron en los caballos y salieron al galope. Cuanto antes acabasen el reconocimiento mejor. No pasó nada hasta media mañana. Estaban llegando a su destino cuando empezaron a oír mucho ruido. Bajaron de los caballos mirándose con preocupación y desconcierto. Luego se aproximaron lenta y sigilosamente al borde. Lo que vieron los dejó paralizados. Alrededor de cien tiendas de campaña se amontonaban en un reducido espacio. Vieron además a gente entrenando con las espada en improvisados campos de guerra. Era claramente un ejército preparándose para la batalla.
Tanto los caballos como ellos pedían un descanso a gritos, pero era un lujo que no podían permitirse. Llegaron a la fábrica, pero solo pararon allí el tiempo de contarles a Braulio y su padre lo que había pasado. Luego salieron hacia la Base. Habían mandado un mensaje para que empezasen a preparar las defensas, ellos llegarían los más pronto posible. Tardaron tres horas menos que cuando hicieron el camino la vez anterior. Al llegar vieron más gente que de costumbre y mucho más agetreo. Un soldado se acercó a ellos en cuanto los vio y varios más lo siguieron para hacerse cargo de los caballos. Christian y Soray fueron a hacerse cargo de las defensas "mágicas", Jeff se llevó a Savitri con los arqueros y Febo, Braulio y Selene fueron al campo de entrenamiento para ver como iban los preparativos.
-Señor, los mensajeros ya han partido. Salieron hace una hora y también los rastreadores.
-Muy bien ¿cómo van las cosas por aquí?
-Por el momento vamos bien. Hemos reunido todos los efectivos que tenemos en la Base y estamos esperando a los que están fuera. Llegarán entre mañana y pasado.
-Muy bien, seguid así y avisadme de cualquier cosa. Estaré en mi despacho. Vosotros dos venid conmigo.
Los tres fueron al despacho. Braulio se puso a revolver entre los papeles que tenía encima de la mesa de su despacho hasta encontrar un rollo de pergamino, el cual le entregó a Febo.
-Llévale eso a Soray, ella sabrá que hacer con el. Luego ponte al mando del ejército y empezad a montar el campamento en las afueras, si hay que luchar, que sea lo más lejos posible de la Base.
-Si señor.
Salió raudo del despacho para cumplir las órdenes de su padre. Braulio seguía rebuscando entre los papeles, pero sin hablar ni darle una órden a su sobrina. Ella esperó pacientemente, mirando atentamente cada movimiento de su tio. Al cabo de quince minutos el hombre encontró lo que buscaba, una pequeña llave de plata con aspecto de tener más de un siglo. Luego levantó la cabeza y la miró por primera vez desde que salieran de la Fábrica. Tenía ojeras y aspecto de estar exahusta.
-Vete a descansar, necesitrás estar fresca para lo que se avecina.
-Quiero ayudar.
-Lo harás, pero no así. Serás más un estorbo que una ayuda. Ve a tu habitación y duerme un rato, te avisaré cuando te necesite.
-Está bien, te haré caso.
Cuando entró en su cuarto lo encontró exactamente como lo dejó, con su acogedora cama esperándola, pero antes tenía que hacer algo. Buscó en las cajas que se había traido de su casa hasta encontrarlo. Su cuaderno de las lamentaciones, como ella lo llamaba. Había decidido poner por escrito todo lo que le pasase mientras vivía en la Base, para no olvidar detalles que podían ser importantes en un futuro. Escribió todo lo que le había ocurrido en las últimas semanas. Era demasiado. Recordar esas cosas le hacía pensar que estaba loca, que aquello era algo fantasioso, pero tenía pruebas de que no era así. Después de estar escribiendo durante casi dos horas se quedó dormida con el bolígrafo en la mano y la cabeza apoyada en el cuaderno. Era un postura incómoda, pero el cansacio pudo con ella.
Selene lanzó un grito y abrió los ojos sobresaltada. Se incorporó hasta quedar bien sentada y prestó antención, intentado descubrir el origen del ruido que la había despertado. Lo escuchó de nuevo. Alguien golpeaba su puerta como si quisiera derribarla. Se levantó y abrió la puerta. Jeff y Savitri estaban allí plantados riéndose.
-Ya no se puede descansar a gusto por lo que se ve.
-Oups, lo sentimos, creiamos que estabas despierta.
-Os equivocabais. ¿Qué os trae por aquí?
-No te vemos desde ayer y veníamos a invitarte a comer.
-¿Desde ayer?
-Si querida, llevas desde ayer aquí encerradita y por lo que se ve dormidita y soñando con los ángelitos mientras nosotros trabajamos como esclavos.
-Para tu información yo también cumplía órdenes de tu padre.
-Ah, vale. Bueno, vamos a comer, nos esperan allí.
En el comedor había poca gente. Todos estaban ya en el campamento fuera de la Base menos los oficiales y ellos. Se sentaron junto a Febo, Braulio y los demás. Estaban discutiendo sobre como organizar las líneas defensivas y planeando más estrategias. Selene prestaba total atención pero no participaba en la charla. Cuando terminaron de comer todos se fueron a seguir preparando las defensas, todos excepto Selene que se quedó a solas con su tio una vez más.
-¿No piensas encargarme nada?
-No por el momento. Si no es imprescindible, no participarás en la lucha.
-¿Qué?
-Lo que has oído. Es tu primera batalla y prefiero que observes antes de entrar en combate. No has tenido el tiempo suficiente para prepararte.
-Pero yo quiero luchar. Todos van a hacerlo, incluso Savitri.
-Eso es lo que ella cree, pero dado su alto riesgo de rabietas la dejamos que participe en la organización. Cuando todo empiece, ella se quedará en la Base con los guardianes.
-Y esperas que yo haga lo mismo ¿verdad?
-Tú sí estarás en el campo, solo que no intervendrás, ya me ocuparé yo de eso personalmente. Espero que lo entiendas y no protestes, suficiente tengo con este inoportuno incidente.
La chica se lo quedó mirando. Él tenía razón, lo sabía, pero aún así no podía dejar de pensar que era algo injusto. Decidió no reclamar, veía a su tio agobiado y preocupado en exceso. Algo no iba bien, pero eso a ella no se lo iba a decir.
-Está bien tio, se hará como tú digas, pero por favor, déjame que haga algo, no puedo quedarme aquí de brazos cruzados sin hacer nada. Es insoportable.
-Nadie ha dicho que lo harás. Estarás conmigo en todo momento ayudándome a supervisar, pero antes quiero darte algo que por derecho te pertenece. Sígueme.
Lo siguió hasta una puerta cercana a su despacho, adornada con motivos de armas y gladiadores. Braulio sacó la pequeña llave de plata y abrió la puerta. Selene entró tras él intimidada. Era la primera vez que entraba en aquella sala, aunque sabía lo que había dentro.
Pero aún así no pudo sentirse sobrecogida.
Era una estancia con forma circular, con las paredes forradas de vitrinas y hornacinas llenas de espadas, dagas y demás armas blancas, pero lo que llamó la atención de la chica fueron las dos vitrinas del fondo. Brillaban como con luz propia arrancando suaves destellos de las armaduras que proteguían.
Se acercó con respeto, temerosa de romper el mágico hechizo que lo envolvía. Braulio le habló, según le pareció a Selene, desde un lugar muy distante.
-Aquí guardamos las armas y armaduras más importantes y también las más poderosas. Esas del fondo, como bien supones, son las de tus padres.
-La de mi padre...Se parece a la armadura de Febo, la que vi en mi sueño.
-Es la que utilliza normalmente. Siempre le fascinó, desde que era pequeño y tu padre le dijo que algún día sería suya. Nos pareció lo justo.
-Son hermosas.
-Armaduras únicas, hechas por los mejores monjes y con conjuros de protección. He pensado que este es el mejor momento para que te sea entregada.
-¿Lo dices en serio?
-¿Cuándo dejarás de preguntarme eso? Si, totalmente. También quiero que luches con Aylena, la espada de tu madre. Es esa de ahí.
Se acercó a la vitrina donde estaba la armadura. A los pies había una caja forrada de terciopelo negro y en su interior una magnífica espada de plata con incrustaciones de oro en la empuñadura, una media luna grabada justo en el principio de la hoja y un grabado que Selene no pudo leer.
-Es lo más hermoso que he visto nunca.
-Y ahora es tuya. Ella cuidará de ti si tú cuidas de ella.
-Gracias tio, es el mejor regalo que me han hecho en toda mi vida.
-Me alegra que te guste. Te la llevarán a tu habitación llegado el momento. Mientras tanto entrenaras con Aylena para familiarizarte con ella y ahora vámonos, hay muchas cosas que hacer.
Pasaron la semana siguiente preparándo las defensas de la Base y esperándo la llegada de los rastreadores. Selene hacía lo que Braulio le había dicho: familiarizarse con la espada. Era increible lo ligera y a la vez resistente que era. Parecía obedecer más sus pensamientos que los movimientos de su cuerpo y a la vez Selene sabía como debía manejarla. Eran la combinación perfecta.
La tarde del viernes, mientras entrenaba con Christian en el gimnasio Jeff entró corriendo como un poseso.
-Alex acaba de llegar con noticias. Mi padre quiere que vayamos todos al patio para recibir las órdenes.
Los tres salieron rápido y se reunieron con el hombre, quien ya estaba mandando a cada cual a su lugar. Al verlos acercarse despidió a los demás y se diriguió a ellos.
-El enemigo se acerca. Llegarán aquí mañana. Por suerte estamos preparados y ellos ni siquiera imaginan lo que sabemos. Os quiero listos lo antes posible.
Lo estuvieron en menos de una hora. Ocuparon sus puestos y esperaron. Los últimos en hacerlo fueron Braulio y Selene. Este había decidido no dejar a su sobrina sola en ningún momento. Al mirarla y verla bajo el sol del crepúculo con la armadura y la espada de su hermana sintió una oleada de orgullo y nostalgia. El día en que Helena murió había sido muy parecido a ese y su hija le recordaba tanto a ella que no podía soportarlo.
La noche avanzaba lenta y silenciosa. La luna había decidido esconderse tras negras nubes de tormenta, pero no llovió. Nadie se movía en el improvisado campo de batalla, nadie hablaba y casi ni respiraban. Casi amanecía cuando sucedió. Alguien en las primeras filas gritó y todos se pusieron en guardia. Braulio se tensó y se preparó mentalmente.
-Ahí vienen.
Bueno mis lectores, ahí les va otro cap más.
Les animo a comentar, que no cuesta trabajo y cada vez lo haceis menos!!
Un beso!
PD: Héctor vuelve en 2 capitulos, así que contra más comenteis, antes volverá ^^