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Atada al Destino — capítulo 27
Llegó al cuartel general seguido de sus hombres cerca de medianoche. No había movimiento en los alrededores y ellos no hicieron el menor ruido, así que entraron sin ser vistos ni oídos. Se volvió hacia sus hombres y los comtempló durante un rato. Estaban exháustos, habmbrientos y heridos. Habían sufrido algunas bajas, pero no tantas como el enemigo.
-Muchachos, habéis hecho un buen trabajo. Ahora id a descansar y los que esteis heridos a la enfermería.
-¿Qué pasará con el General?
-Yo arreglaré cuentas con él, no os preocupeis.
Los soldados asintieron y se marcharon. El capitán se quedó en el patio de armas un rato más mirando la luna.
-Muy pronto estaremos juntos mi princesa, muy pronto.
Entró en el cuartel y se fue directamente a su cuarto. Se quitó la armadura y la guardó bajo llave junto con la espada. Después se dio una ducha. Ese día había conseguido algo que llevaba bastante tiempo buscando, pero por raro que le pareciese, no sentía la felicidad que deseaba. Tal vez era por el daño que la muerte del muchacho le causaba a Ella. Ella...Selene...No entendía su obsesión poe esa muchacha, pero de lo que estaba seguro era de que si no era para él no sería para nadie. Estaba sumido en sus pensamientos cuando escuchó como alguien abría la puerta del baño con sigilo y se dirigía a la bañera. Él esperó, en guardia, pero luego percibió su olor. Sonrió. Ella se metio en la bañera, lo rodeó con los brazos y comenzó a besarle la espalda.
-Has tardado mucho en volver amor mio.
-Cristal, para.
-¿Por qué? ¿Acaso no me has echado de menos?
-Sinceramente, no y ya me estas cansando con tus juegecitos.
-Mi amor, no son juegos, sabes que te amo y que soy solamente tuya.
El muchacho se giró y la acorraló contra la pared de la ducha. En sus ojos se podía leer el peligro y Cristal lo notó y sintió miedo.
-Te he dicho que dejes tus juegos. No estoy de humor para tus tonterías.
-Pero...
-Pero nada, coje tu ropa y sal ahora mismo de aquí.
La empujó fuera de la bañera mientras él salía a hacia su habitación. La chica se levantó con dignidad, recogió su ropa y salió fuera, donde él la esperaba vestido de cintura para abajo.
-Es por ella ¿verdad? Por esa maldita cria. Desde que apareció no eres el mismo, ya ni siquiera me dejas pasar la noche contigo, ni me haces el amor como antes.
-No sigas por ahí Cristal.
-¿Por qué no?¿Acasoe stoy diciendo mentiras? Esa niñata me ha robado tu amor y no se lo voy a permitir. Se arrepentirá de haberlo echo. Yo..
-Tú ¿qué?
-Yo..-Cristal retrodeció presa del pánico. Por primera vez sintió miedo en presencia del joven que hasta hacía pocos meses había sido su amante.
-Tú no vas a hacer nada Cristal, no puedes hacer nada. Me tienes harto, siempre con tus estupidos celos montando espectáculos. Sabes desde la primera vez que no eres más que un entretenimiento. No voy a pasarte ni una más. A partir de ahora tienes vetada la entrada a mi habitación ¿entendido? Y ten mucho cuidado con lo que dices.
-Esto no va a quedar así. Esa zorra me las pagará.
-¡¡Cállate!!
Le pegó una bofetada y la tiró al suelo. Ella se asustó aun más de lo que estaba. Había llegado muy lejos y podía agradecer el estar aún con vida. Se arrastró lo más lejos de él que pudo y se puso de nuevo en pie. Sintió su mirada clavada en ella y se estremeció. A partir de ese momento no podría acercarse de nuevo a él sin correr riesgos. Lo había perdido para siempre y lo sabía.
-Lo siento mi señor. No era mi intención...
-¡Cállate y sal de aquí ahora mismo!
Ella obedeció y salió con lágrimas en los ojos. Corrió hacia su habitación y no paró hasta llegar allí. Por suerte no había nadie en los pasillos. Por suerte todavía conservaba la cabeza sobre los hombros.
Él se llevó las manos a la cabeza y agarró lo primero que alcanzó para después tirarlo por la ventana. Había conseguido sacarlo de sus casillas por última vez. Ahora tenía que decidir que hacer con ella. Estaba sumido en sus pensamientos cuando tocaron la puerta. Se levantó y fue a la puerta pensando que sería de nuevo Cristal, pero se sorprendió al ver alló de pie al guarda del general.
-Capitán, el general me ha mandado llamarlo. Quiere que os reunais con él de inmediato.
-Está bien, en seguida voy.
Cerró la puerta, cogió una camiseta y salió. Mucho había tardado el general en mandarlo llamar. A él no se le pasaba una. El joven sabía que, al haber actuado por su cuenta al planeando y llevando a cabo el ataque, ahora tendría que afrontar las consecuencias. Llegó al despacho y llamó a la puerta. La respuesta no se hizo esperar.
-Adelante.
-¿Querías verme?
-Por supuesto. Tenemos que hablar.
-Tú dirás.
-No te hagas el tonto conmigo. Sabes de sobra lo que tengo que decirte.
-Si, lo sé.
-Sabes lo que has hecho ¿verdad? Me has desobedecido, has planeado un ataque sin consultarme, te has llevado a los mejores soldados y...
-Y he matado al mejor espada de nuestro enemigo, enumera también eso.
-¿Qué tú qué?
-Lo que has oído papá. Febo está muerto.
-No puede ser.
-¿Por qué no? ¿Dudas de mi capacidad?
-Por supuesto que no hijo, yo mismo te entrené, pero esto es una sorpresa bastante agradable. Has hecho algo admirable.
-Lo sé. Ese era mi objetivo desde el principio y no he fallado. Llevabamos mucho tiempo queriendo hacerlo y ya ves, lo hemos conseguido.
-Bien hecho hijo. Estoy orgullosos de ti.
-Siempre lo has estado, pero no lo reconoces.
-Ya..Cambiando de tema, tengo una pequeña duda...Matar a Febo era tu objetivo principal o ¿había otro más?
-¿Qué quieres decir?
-Vamos, no te hagas el tonto. ¿Crees que no me he dado cuenta de lo de esa chica?
-Otro con la misma cantaleta.
-Hijo, te conozco y sé que sientes algo muy fuerte por esa muchacha. Se te nota a leguas, no lo nieges. Lo que no me explico es porque.
-Yo tampoco lo entiendo, pero es así. Me vuelvo loco al pensar en que otro hombre pueda ponerle una mano encima.
-Entonces ese ha sido el motivo principal por el que has llevado a cabo el ataque, para que Febo no pueda tocarla.
-En parte sí.
-¿Cuál era el otro motivo?
-Darle la oportunidad a la chica de que viniera con nosotros, de que los traicionase a todos.
-¿Creías de verdad que lo haría? Si es así, he de decirte que eres muy ingenuo.
-Si hubiese acpetado mi mano cuando se la tendí, me habría decepcionado con creces. No esperaba otra cosa de ella más que rechazo y odio.
-Entonces hay algo más que aún no me has contado y que escapa a mi entender.
-¿Recuerdas la profecía?
-En su totalidad. Fui yo quien organizó el ataque y quien mandó el fragmento.
-Pues bien, ese es el motivo principal. Ellos la malinterpretaron. Creyeron que los elegidos eran la chica y Febo.
-¡Oh! Ahora veo tus intenciones. Querías desmoralizarlos, hacerles perder la esperanza. Muy bien hecho hijo. Es nuestra oportunidad para derrotarlos definitivamente.
-Tienes razón, pero yo en tu lugar esperaría un poco más.
-¿Esperar? ¿El qué? Llevamos esperando una oportunidad como esta mucho tiempo y si no podemos desperdiciarla.
-Podemos padre, solo necesito algo más de tiempo.
-Nunca me has fallado y tus planes siempre han salido bien, pero necesito que me expliques porque estás tan seguro.
-Es una corazonada, pero algo me dice que hemos de esperar. Este puede ser solo el principio de algo más grande.
-De nuevo tienes información que no compartes conmigo. ¿Sabes quien es el elegido?
-Tengo una vaga idea, pero nada con seguridad. Es por otra cosa, algo que he descubierto recientemente y que Braulio también sospecha. Necesiito tiempo para confirmar mis sospechas y si atacamos ahora nunca lo sabremos.
-Hum… ¿Es algo importante?
-Mucho.
-En ese caso… De acuerdo, tómate el tiempo que necesites, pero mantenme informado.
-Lo haré padre, puedes estar seguro.
-En ese caso márchate, tienes mucho trabajo por delante. Espero que te vaya todo bien.
-Gracias padre.
El joven iba a salir por la puerta cuando cayó en la cuenta de algo. Se volvió de nuevo hacia su padre, quien ya se había puesto de nuevo a trabajar en sus cosas.
-Padre…
-¿Todavía estás aquí?
-Tengo que advertirte sobre algo.
-Habla.
-Cristal. No me fio de ella y puede que intente hacer algo en contra nuestra.
-He notado que está más rara de lo habitual. Tendré presente tu advertencia.
Con un seco cabeceo salió del despacho de su padre y fue de nuevo a su habitación. Faltaban pocas horas para el amanecer y él partiría con los primeros rayos de sol. Empezaba una nueva etapa, la más importante y, sin Febo en su camino, todo resultaría más sencillo para sus planes.
-Ella es mia y absolutamente nadie le pondrá una mano encima. No mientras yo viva...