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Atada al Destino — capítulo 29
Selene llegó corriendo al gimnasio, donde ya la esperaban su abuelo, Braulio, Jeff. Se había quedado dormida y Héctor había tenido que despertarle.
-Te dije claramente que os quería aquí a las 07:00, no media hora tarde.-Lo sé y lo siento, me he quedado dormida.-Si te hubieses acostado más temprano eso no habría pasado.-Papá déjalo, ya hemos perdido más tiempo del necesario y solo tenemos hasta las nueve.-Está bien, pero que esto no se vuelva a repetir. Lo que voy a enseñaros es muy importante para vosotros y vuestra seguridad. La forma de luchar que voy a enseñaros combina la fuerza física y el poder mental y es más compleja de lo que podáis imaginar.-Y, ¿en que consiste cada parte?-Os haré una demostración y vosotros mismos me lo diréis. Hijo, si eres tan amable de ayudarme.
Braulio se colocó frente a su padre, erguido y sereno. Llevaba su espada atada al cinto y una daga sobresalía por la manga de la camisa.
-Cuando estés listo podemos empezar. No te reprimas como siempre haces, quiero que veas con claridad todo lo que hagamos.****-Estoy preparado y estate tranquilo, que esta vez no me ganarás con tanta facilidad.
Los dos hombres se miraron en silencio, evaluándose mutuamente. Ninguno daba ningún paso ni se movía lo más mínimo. Los dos chicos los miraban atentamente intentando comprender que estaba pasando. Jeff estaba al borde del aburrimiento mientras que Selene no perdía detalle.
-¿De verdad esto es luchar?- Le preguntó a su prima en un susurro- porque si es así, vaya forma de hacerlo.****-Shh, cállate. Solo se están preparando mentalmente, calentando por así decirlo.
**El chico observó con más atención y se dio cuenta de que ella tenía razón. Desde ese momento decidió estar más atento y no perder detalle.****Sin previo aviso los dos hombres sacaron sus espadas a la vez. El primer choque de espadas fue el más duro y fuerte que cruzaron en toda la demostración. Era fascinante verlos en acción. Parecían bailar y tenían una sincronización casi perfecta, como si supiesen de antemano cual sería el siguiente movimiento de su oponente y Selene supuso que así debía ser.**Los dos hombres pararon el combate tan rápido como lo habían empezado. Parecían cansados pero satisfechos.
-Has mejorado mucho hijo, hoy casi me vences.-El casi no me vale, quiero la revancha, ya sé cual es tu punto débil.-Te dejaré intentarlo otro día. Ahora vamos a darle a estos dos unas cuantas explicaciones.
Entraron en una sala contigua al gimnasio y los cuatro tomaron asiento. Esperaron hasta que los dos hombres recuperaron el aliento por completo. Luego vinieron las explicaciones.
-Bien, decidme ¿qué es lo que habéis visto?-A vosotros dos luchando de una forma asombrosa. No sabías que tenías esa vitalidad abuelo.-Gracias Jeff, pero no es eso a lo que me refería. No has prestado mucha atención que digamos.-Si he prestado atención abuelo, lo que pasa es que...-Tranquilo Jeff, lo más probable es que si lo hayas visto pero no has sabido distinguirlo. Es lo que pasa cuando estás acostumbrado a ver las cosas.-¿A qué te refieres papá?-A que las técnicas que hemos utilizado ya las has visto antes, por ejemplo cuando entrenas conmigo.-Ah, ahora entiendo porque nunca te he ganado. No jugabas limpio.-Digamos que utilizaba otros métodos diferentes a los tuyos.****-Muy bien, dejemos esa cuestión a parte. Lo que queremos es enseñaros a usar esta técnica, pero me gustaría que alguno de los dos me explicase que es lo que ha visto.
Los dos se miraron, esperando que el otro hablase en primer lugar. Selene, viendo que Jeff evitaba hablar, opinó primero.
-Lo que yo he visto ha sido un combate de espadas normal. Los golpes, fintas que habéis utilizado son los mismo que nosotros ya sabemos, pero, a parte de eso, hay muchos más golpes. Para ser más exactos, ocultáis los golpes para distraer al oponente y confundirlo, pues así no sabe que golpe irá primero, si el oculto o el visible.
Los tres hombres se miraron sorprendidos. Jeff porque no había entendido la mitad de lo que su prima había dicho y los otros dos por la sagacidad de la muchacha.
-Nunca antes me habían dado una explicación tan acertada. Ahora queda que me digas como combinarlos.-Esa parte es la que tengo menos clara. Antes de empezar el combate os habéis preparado mentalmente, he sentido como lo hacíais y creo que es la parte más importante, pero no se como la lleváis a cabo exactamente.-Os lo explicaremos a su debido tiempo. De momento os explicaré el plan de entrenamiento. Vendréis aquí tres veces por semana a la misma hora de hoy. Empezaremos mejorando vuestra técnica e iremos introduciendo los golpes "ocultos" poco a poco. Además de eso aprenderéis artes marciales, pues es algo que nunca está de más. ¿Alguna duda?-Si, yo tengo una. ¿Vamos a hacer algo más durante la mañana o solo hemos venido para esto?-Hoy no tenemos tiempo para nada más. A tu padre y a mi nos ha surgido algo importante y no podemos perder más tiempo. Vosotros por el momento podéis empezar con el entrenamiento y también a recordar vuestras clases de ocultación. Es algo que os va a hacer falta.-¿Qué es eso importante que tenéis que hacer?-Es algo que de momento no tienes porque saber.-Estoy harta de que siempre me digáis lo mismo.-Es por tu propio bien. No merece la pena llenarte la cabeza con más preguntas sin respuesta. Además, no es nada importante.-No lo es de momento. Dentro de un tiempo estoy segura de que lo será.-Selene por favor ya basta. Te lo diremos cuando lo creamos conveniente y no hay más que hablar. Ahora idos los dos y haced lo que os venga en gana. Nos vemos aquí a la misma hora dentro de dos días y esta vez sed puntuales.
Selene los miró a ambos con rabia contenida y salió sin añadir nada más. Vagó por los pasillos de la Base sin rumbo fijo durante varios minutos. Dada la hora, no se cruzó con mucha gente. Pensó en volver a su habitación, pero la sola idea de encerrarse entre cuatro paredes no le llamaba demasiado la atención. Además allí podrían encontrarla con demasiada facilidad y lo que más le apetecía en esos momentos era estar sola. Sin darse cuenta, sus pasos la habían llevado hasta los establos. Varios mozos a cargo de los caballos empezaban con sus tareas. Se acercó hasta uno que estaba llenando unos cubos de agua. El muchacho se sobresaltó, pues no la había oído llegar.
-Buenos días Mike.-¡Selene! Me has asustad. Buenos días a ti también. ¿Qué es lo que te trae por aquí tan temprano?-Me apetece salir a dar una vuelta con Shadow, tomar un poco el aire. ¿Podrías traerlo mientras me cambio?-Claro que sí; en cinco minutos lo tendrás listo. Te lo llevo hasta la puerta.-Gracias Mike.
La chica dio media vuelta y fue a su cuarto a ponerse ropa más cómoda para montar. Eligió unos vaqueros y una camisa ancha, se calzó las botas de montar, cogió unos guantes y salió. De camino al patio se le ocurrió que sería buena idea llevar la espada consigo, por lo que fue a recogerla. Cuando la tuvo salió al patio, donde ya la esperaba Mike con el animal.
-Gracias de nuevo.-De nada. ¿Vas a salir sola?-Sí, ¿por qué?-Sé que no es asunto mio, pero después de lo ocurrido no creo que sea buena idea.-No te preocupes, no iré muy lejos.-No es por eso, es que...-Entiendo perfectamente lo que quieres decir. Aunque han intentado ocultármelo, sé que me han puesto guardias para que me vigilen día y noche y también sé que ahora mismo ninguno de ellos ronda por aquí cerca, por eso he decidido salir ya.-No debería dejarte ir sola.-Pero lo harás.
El chico la miró angustiado. Su deber era detenerla, pero sabía que, si se enfrentaba a ella, lo único que conseguiría serían unas cuantas magulladuras y un dolor de cabeza de esos que duran varios días.
-Está bien, pero ten mucho cuidado.****-Lo tendré.
Montó a Shadow y salió a medio galope de la Base. Al principio no sabía a donde ir, pero después puso rumbo a su rincón favorito, un recodo del río oculto entre la maleza donde el agua formaba un pequeño estanque no muy profundo. Tardó en llegar algo menos de media hora. Una vez allí desmontó y ató el caballo a un árbol cercano. Luego se abrió paso hasta llegar al agua. Se quitó las botas, se remangó los pantalones hasta las rodillas y metió los pies en el agua. Estaba fría a aquella hora de la mañana. Aquel era un lugar tranquilo donde sabía que nadie lo molestaría, así que pudo relajarse y dejar vagar su mente. A su cabeza vino lo ocurrido esta mañana y su reciente escapada. No había actuado bien y lo sabía, pero no había podido evitarlo. Llevaba demasiados días manteniendo el tipo, pero ya había llegado al máximo. Además estaban sus vigilantes. Estaba harta de no poder hacer nada sin vigilancia, sin tener todo el día un par de ojos siguiendo sus movimientos, todo lo que hacía. De solo pensarlo le hervía la sangre. No era un bebé que necesitase niñera a todas horas. Era un tema que tendría que discutir con su tío cuando estuviese más calmada, puesto que su humor también había empeorado últimamente. Quizás era porque solo le pasaban cosas malas. La única buena noticia había sido el regreso de Héctor, pero ni eso la había calmado del todo. Era cierto que había pasado unas horas inolvidables junto a él, pero la paz que había sentido durante ese tiempo se había esfumado en cuanto se levantó de la cama esa mañana. Tendría que buscar un modo de tranquilizarse, de relajarse. El problema era encontrar un hueco en su apretado horario. Se pasó allí casi toda la mañana poniendo en orden sus ideas y dejando volar su mente. Se sentía, por primera vez en mucho tiempo, libre, ajena al mundo y a los problemas. Poco le importaba la reprimenda que le esperaba a su regreso a la Base. De momento, solo le importaba la sensación de bienestar y paz que estaba experimentando, aunque sabía que solo iba a durar un par de horas. Era mejor eso que****nada.