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Atada al Destino — capítulo 4

-Estoy dispuesta-repitió Selene.

-Bien. Déjame pensar la mejor manera de comenzar. Todo esto es demasiado complejo.

Braulio se quedó en silencio tratando de ordenar sus ideas. La muchacha lo miraba con atención, esperando que comenzase a relatar su historia e intentando descubrir alguna expresión en su rostro que delatase sus sentimientos o que le dijese algo. Estaba muy concentrado y todos estaban esperando a que comenzase a hablar. Al fin, después de varios minutos, sus palabras llegaron hasta los oídos de todos.

-Creo que ya lo tengo todo. Si, estoy listo -respiró hondo y comenzó a contar su historia con voz profunda-mi historia se remonta a varios siglos atrás, en un lugar lejano que, hoy día, ya no existe. Una mujer de familia noble dio a luz a tres hijos. Eran idénticos, como tres gotas de agua, pero a medida que fueron creciendo se fueron viendo sus diferencias. Vivieron tranquilos y sin disputas hasta el día en el que cumplieron la mayoría de edad, el mismo día en que falleció su madre. A partir de aquel día comenzaron a enfrentarse entre si. Cada cual siguió su camino y formó su propia familia, pero al cabo de los años, por capricho del destino, volvieron a encontrarse, y, desde ese momento, los conflictos entre ellos fueron permanentes. Lo que empezó como simples peleas entre hermanos, pasó a involucrar al resto de las familias y a los amigos que cada uno había hecho. Más tarde fueron los pueblos los que se enfrentaron entre ellos, varias familias quedaron destrozadas, otras desaparecieron. La mayoría de la gente participaba porque se les había prometido una buena recompensa por sus servicios. Aquellas batallas evolucionaron hasta convertirse en una guerra de la cual nadie conocía el origen. El conflicto se mantuvo en el tiempo, pasando de padres a hijos, transmitiéndose de generación en generación hasta llegar a nuestros días. El lugar de enfrentamiento ha ido cambiando con el tiempo, y ahora se sitúa muy cerca de nosotros. Hoy en día solo participan en la batalla dos de los bandos que la comenzaron, el tercero según dicen se está preparando para dar su gran golpe y acabar con los otros dos. La verdad no lo se. Estamos demasiado ocupados intentando sobrevivir como para preocuparnos por esos rumores. A cada grupo lo dirige un descendiente directo de aquellos tres hermanos. Desconocemos la identidad del líder enemigo y el nuestro hemos venido a buscarlo aquí.

Cuando el hombre terminó su relato, nadie pronunció una palabra hasta que Selene rompió el silencio. -¿Aquí? ¿A quién esperan encontrar a una especie de Lara Croft o algo parecido? En esta casa solo vivimos mis padres, mi hermana y yo. No conozco a nadie que encaje en el papel de vuestra líder…

¿Vuestra? ¿Por qué pensaba que sería una mujer? Parecía que nadie se había dado cuenta de su error. Pero tenía la certeza de que no se había equivocado. Ese sentimiento que siempre la había guiado por el camino apropiado le decía que allí se encontraban todas las respuestas que su alma tanto ansiaba. Se sentía identificada con aquel relato, como si fuese la historia de su familia, sus antepasados… pero eso era imposible. Su familia era aquella que veía ante ella, a la que iba a visitar, a la que conocía desde pequeña. Pero no podía evitar sentirse renovada después de todo lo que había escuchado. Parecía como que le había quitado un peso de encima.

  • Eres muy aguda muchachita, has dado con el sexo de la persona que nos guiará hasta la victoria. ¿Podrías decirnos de camino su identidad?- Febo pronunció esas palabras con un tono de ironía que hizo estremecer a Selene. Además, se había dado cuenta de su error, de que había dicho vuestra, ¿pero por qué?
  • ¿Por qué debería saberlo yo? ¿Crees acaso que soy adivina?
  • No, definitivamente no lo eres. No se como tú, supuestamente, vas a conseguir que ganemos esta guerra. Eres demasiado débil y, además, pareces asustarte con demasiada facilidad. No aguantarías ni un minuto en un campo de batalla...
  • ¡Febo basta! No eres quien para decir nada y mucho menos de esa manera.

Selene no podía articular palabra. ¿Había oído bien? ¿Había dicho o sugerido que era a ella a quien buscaban? Quería echarse a reír como una loca. Su cuerpo comenzó a temblar, notó como sus piernas flaqueaban y como su mente volaba a un lugar donde poder refugiarse de todo aquello. Se le nubló la vista y no pudo aguantar más. Se dejó caer en una silla, apoyó los codos en las rodillas y enterró la cara entre sus manos. Por una parte se sentía renovada y con las fuerzas suficientes para seguir adelante. Pero si aquello que decían aquellos dos era cierto, significaba que toda su vida había vivido en una mentira, que todo lo que pensaba que tenía era falso, no tenía nada. No. No podía aceptar las cosas así como así, no sin un sentido lógico. Esas nuevas fuerzas encontradas la ayudaron y le dieron el coraje para seguir hablando y reprochar.

  • Vamos a ver: La historia ha sido muy interesante y todo eso. Pero sigo perdida con lo que me están diciendo. Sus palabras carecen de sentido para mis oídos así que, si no les importa, déjense de rodeos y digan de una vez que es lo que quieren, sino, pueden irse por donde han venido y dejarme en paz.- Siempre a la defensiva y con la mosca tras la oreja. Desde pequeña. No lo podía evitar. Esa actitud la había salvado en más de una ocasión de meterse en grandes problemas. En esta ocasión no iba a ser diferente. Estaba muy cansada y no iba a permitir que aquellos dos le arrebatasen su valioso tiempo así sin más.
  • Como mi hijo a dicho, eres tú a quien buscamos; tú eres la persona que nos dirigirá en nuestra lucha. Eres nuestra única esperanza. La única descendiente de Adolph Williams y de su esposa, mi difunta hermana Helena.

Una flecha invisible atravesó el corazón de la muchacha dejándola sin respiración durante lo que le parecieron horas. Una sensación indescriptible le oprimía el pecho. Parecía que el corazón le iba a estallar. Conocía esa sensación, la había sentido en sus sueños, aquellos en los que una mujer morena de ojos verdes acunaba a un bebé, luego aparecía un hombre castaño, alto y robusto, de ojos marrones que llamaba a la mujer "Helena…". Había encontrado la verdad, lo sabía, pero no quería admitirlo. No podía admitir aquello. Tenía que decir algo y sabía que era. No iba a darse por vencida tan fácilmente. Quería escuchar todo aquello, pero de otros labios...

-¿Qué? Usted está de cachondeo. ¿Sabe qué? Tiene buena imaginación, debería escribir un libro...-Braulio la cortó de manera brusca. "Hasta aquí he conseguido llegar" pensó "ya no puedo decir nada más. Ellos no hablarán." -No Selene; sabes de sobra que lo que estoy diciendo es completamente cierto, lo siento. Por mucho que tu cabeza diga que no es posible tu corazón salta de alegría al tener tan cerca las respuestas que buscaba desde hacía tiempo. No te asombres ¿crees que no lo sabía? Te conocemos mejor de lo que piensas. Deja de negar la verdad. Tu destino no está entre la gente de a pie, está con nosotros, ocupando el lugar que te corresponde, el lugar que antaño ocuparon tus padres.

No lo podía creer. Ese maldito anciano se empeñaba en decir que sus padres habían sido líderes de aquella especie de lo que ella pensaba que era una secta. Conocía la vida de sus padres y no había ni rastro de ese suceso. Y ¿cómo los había llamado? Adolph y Helena. No. Definitivamente esos no eran sus padres. Aunque en sus sueños apareciese una mujer con ese nombre no significaba nada, nada… "Necesito escucharlo de otros labios" en un último esfuerzo volvió a hablar, contradiciendo las palabras de Braulio. Era su única oportunidad…

  • Mire, mis padres son estos que usted tiene antes sus ojos. Se llaman Delia y Luís- Selene comenzó a alzar la voz, no podía más- Ellos siempre han vivido como gente normal, sin ninguna relación con ningún tipo de guerra ni historias de esas. Así que no di… -No pequeña -La cortó alguien- Tus padres lucharon valientemente durante toda su vida para proteger a sus compañeros y para protegerte a ti, para brindarte un hogar seguro, para darte la oportunidad de vivir. Eras su única esperanza, por eso decidieron alejarte de su lado, de aquellos conflictos para que estuvieras a salvo hasta que estuvieses preparada. Por eso te dejaron a nuestro cargo, para que te cuidáramos y para que crecieras como una niña normal hasta que, llegado el momento, conocieses la verdad. Ese momento ha llegado, aunque no de la manera que nosotros queríamos. Las cosas no están bien. Todo lo que ha dicho este hombre es cierto. Tú eres su salvación, la única tabla a la que pueden aferrarse para despertar de la pesadilla en la que viven. Eres su última esperanza…

No podía creer lo que había oído. Aunque llevaba un rato esperando que alguno de sus padres dijese algo, no esperaba que dijesen aquello. No su madre; no la persona a la que más quería en el mundo. Pero era lo que había estado esperando todo el rato. Que le confirmasen que lo que aquel hombre decía era cierto. Y ahora que lo sabía, que tenía la verdad ante sí, no podía aceptarla, más bien no quería. Todo era mentira. ¿Para eso había luchado durante tanto tiempo? No. No se rendiría tan fácilmente. Saldría de aquello. Para ella era solo una crisis más, intentaba convencerse de ello, aunque sabía de sobra que no lo era. Desde que su madre había dejado de hablar, nadie había vuelto a pronunciar una palabra. Todos la miraban esperando que dijese algo, y mientras, Selene, trataba de digerir todas aquellas revelaciones que se le estaban haciendo. Era demasiado. En su mente bailaban las palabras y los pensamientos formaban una tela alrededor de su conciencia...

-Mamá, ¿qué estás diciendo? Tú eres mi madre, no existe otra, y él mi padre. Tú me tuviste, me criaste, me llevaste dentro de ti... ¿por qué dices esas cosas? ¿Por qué me niegas?- Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Todo era verdad. Lo leía en el rostro apenado de su madre, en la expresión de dolor de su padre, en la mirada de Braulio y en la emoción que emanaba de los ojos de su hijo. Lo sentía dentro de si misma. Cada una de sus neuronas intentaba convencerla de que aceptase la realidad. Ya no había duda. No pertenecía a aquella casa. Pero entonces ¿A dónde pertenecía? ¿De dónde venía? Ya había aguantado bastante. Toda esa situación la sobrepasaba. Las fuerzas que la habían ayudado hasta el momento decidieron abandonarla. Se sintió débil, presa del cansancio. Su cuerpo no pudo sostenerla más. Lo último que vio antes de perder la conciencia fueron unos brazos aparecidos de la nada sujetándola para que no cayese al suelo y unos ojos verdes clavados en los suyos mirándola intensamente…


Hola!!que tal les va??bueno aqui dejo el cap 4.Espero que les guste.Para el 5 abra que esperar un tiempo porque no lo tengo acabado y tampoco tengo mucho tiempo para dedicarme a el.Les ruego que sen pacientes :P Dejen reviews que para mi es muy importante saber su opinion. Besos a todos!!

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