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Atada al Destino — capítulo 5
En una cabaña situada en medio de un bosque, una mujer pelirroja, de ojos marrones y piel bronceada estaba sentada en una mecedora balanceando suavemente a su bebé de tan solo tres meses. La mujer no llegaba a los treinta, pero su rostro aparentaba mucha más edad de la que tenía debido a la presión a la que estaba sometida. Tenía la vista clavada en el rostro de su bebé. Para contar con solo tres meses de vida era muy pequeña. Tenía el pelo oscuro, la piel blanca y sus ojos, a pesar de estar cerrados, eran de una azul intenso. La mirada de helena estaba llena de dolor, tristeza y amargura. Selene, su pequeña y dulce Selene..¿Cómo iba a sobrevivir en aquella situación? Era tan solo un bebé y su vida ya corría peligro. No era justo, no le habían dado la opción de elegir. Si alguien escuchara sus súplicas..Una lágrima rodó por su mejilla; la dejó vagar por ella hasta perderse en sus labios. Había Prometido no llorar, pero era todo tan difícil..
La puerta de la cabaña se abrió, dando paso a un hombre de 35 años, pelo moreno y ojos azules. Su cuerpo era musculoso y estaba muy bronceado debido al as largas y numerosas horas de duro entrenamiento con la espada bajo el sol.
Se acercó a la mujer y le dio un suave beso en los labios. A continuación, besó la frente de la pequeña y le acarició la mejilla. Esta se removió en sueños pero continuó dormida. Adolph miró a su esposa y le secó la lagrima que momentos antes había salido de sus ojos.
Acercó una silla a lugar dónde estaba la mujer y se la quedó mirando con el rostro serio. ¿Cómo decírselo? ¿Cómo causarle tanto dolor a la persona que más amaba? Aunque no quería, no había otro remedio, era la única forma de salvar a Selene, su única esperanza..
-Adolph ¿qué ocurre? Estás muy callado y más serio que de costumbre- Helena sabía que su esposo traía noticias y, al parecer, no muy agradables. El hombre se tomó su tiempo antes de contestar. La mujer dejó a la niña en su cuna y se dispuso a escuchar a su marido.
-Verás Helen..Hay algo que debes saber, algo sobre nuestra hija- Helena permaneció callada esperando que su marido continuase. Una chispa de esperanza había prendido en su corazón-La única forma de que Selene viva relativamente a salvo es alejándola de nosotros para siempre, que no sepa nada acerca de lo que pasa y..-hizo una pausa para reunir el coraje para decir lo que estaba a punto de decir. Iba a romperle el corazón, pero era la única manera..-Y que crea que sus padres son otros..
Helena se quedó mirando a Adolph sin creer lo que acababa de decirle. ¿Renunciar a Selene, a lo que más quería en el mundo junto con su esposo, a aquel ser indefenso que había llevado nueve meses en su interior y que era una parte más de ella? Debía de ser una broma. Él sabía que separarse de su hija sería como condenarla a sufrir para siempre. Pero se lo había propuesto..Eso significaba que no había más opciones, que su marido ya había investigado todas las alternativas posibles y solo le quedaba esa.
-¿No hay otra opción?- su marido la miró y el corazón se le quebró en mil pedazos. Le iba a hacer mucho daño..
-Si lo hubiera jamás te propondría esto. Se que para ti es como robarte la vida, al igual que para mi pero por ella, por este rayo de esperanza, por esta criatura que nos ha llenado de felicidad, por darle una vida alejada del peligro, por eso y por mucho más, aunque me duela y sufra, estoy dispuesto a alejarla de mi lado y sufrir yo antes que verla en peligro siendo tan pequeña. ¿Qué es lo que tú quieres?
-Yo..-¿Qué quería? Vivir una vida normal y estar junto sus seres queridos. Pero sabía que eso era imposible-Yo quiero que mi pequeña sea feliz y viva a salvo, si tiene que ser lejos de mi, que así sea. Pero prométeme que las personas que la acojan la cuidarán y la querrán como si fuese su propia hija.
-Te lo prometo, es más, ya he encontrado a esas personas. Tienen una hija de tres años y quieren que tenga una hermanita. Son buenas personas y de seguro cuidaran bien de nuestra hija.
-Está bien, pero necesito pasar un tiempo con Selene, al menos una mes más.. Necesito tiempo para despedirme de ella..-su voz se quebró y comenzó a llorar. Adolph se acercó a ella y la abrazó. Se le escaparon algunas lágrimas pero contuvo el resto, debía ser fuerte, al menos ante Helen, y apoyar a su amor. No la iba a abandonar.
La pequeña Selene sonrió en sueños ajena al sufrimiento de sus padres, sin saber que su vida muy pronto cambiaría por primera vez..
El mes que Helen había puesto como plazo pasó en un suspiro. El día en el que debía renunciar a su hija llegó acompañado del inicio del invierno. Adolph y Helena irían a una vieja casa abandonada y se reunirían allí con la familia que acogería a la niña. Braulio, el hermano de Helen, iría con ellos.
Poco antes del anochecer se pusieron en camino. Iban con mucho cuidado, escondiéndose en cada sombra y atentos al cualquier ruido. Corrían tiempos difíciles para ellos y toda precaución era poca.
Llegaron diez minutos antes de la hora acordada y se sentaron a esperar. Los otros no se hicieron de rogar. Al poco llegaron envueltos en capas y tapados con capuchas. Intercambiaron saludos fríos y abordaron el tema por el que estaban allí. El primero en hablar fue Adolph, que estaba junto a su mujer rodeándola con uno de sus potentes brazos.
-No tenemos mucho tiempo así que será mejor que nos demos prisa. Delia, Luís, mi esposa y yo vamos a entregaros al ser que más amamos en esta vida. Os lo vamos a agradecer de por vida y no podemos exigiros nada más, tan solo queremos que la cuidéis bien y le deis todo el cariño que nosotros no podremos darle.
-Descuida que lo haremos-Delia, la mujer que iba a convertirse en la madre de Selene era quien hablaba- sabemos lo que es perder a un hijo, pero no debéis preocuparos, porque vuestra hija estará siempre bien.
Helen le tendió la niña a su marido, se acercó a la otra mujer y le tomó las manos.
-No sabe cuánto le agradezco lo que va a hacer. Para mi Selene es un regalo que me hizo el cielo y separarme de ella es la prueba más cruel y difícil por la que he tenido que pasar. Al aceptar a mi hija en su casa como una más demuestra tener un gran corazón, por lo que no me cabe la menor duda de que la cuidará como si fuese suya. De nuevo mil gracias, espero que algún día su generosidad se vea recompensada.
-Sus palabras me halagan. Tenga por supuesto que así será. No tiene nada de que preocuparse.
Las dos mujeres se fundieron en un cálido abrazo, que para ellas representaba un compromiso. Adolph, tras devolverle la niña a Heles, se dispuso a hablar de nuevo.
-Tengo que pediros un último favor. Cuando Selene cumpa los dieciocho años y sea libre para tomar sus decisiones, Braulio, el hermano de mi esposa, irá ha haceros una visita y le contará la verdad a Selene. Os ruego que no le neguéis ese derecho pues, tarde o temprano, tendrá que aceptar su destino..
-No te preocupes, ella sabrá de vosotros a su debido tiempo, no podemos negarnos a eso, demasiado hacéis renunciando a ella y entregándonosla a mi mujer y a mi.
Braulio, que hasta el momento había permanecido al margen, intervino en la escena.
-Es hora de marcharse, ya nos hemos demorado demasiado. Helen, Adolph, id vosotros primero, yo acompañaré a Delia y a Luís.
-De acuerdo-Adolph cargó con la pequeña por última vez, la abrazó y la besó. Luego la depositó de nuevo en los brazos de su madre.
Helen abrazó a su hija y le habló:
-Mi pequeña Selene..No te olvides nunca de nosotros y nuca olvides que eres especial y que tienes el poder de cambiar el rumbo de las cosas. Te amo mi rayo de luz, nunca lo dudes. Después la besó y la dejó en los brazos de delia mientras las lágrimas rodaban por su cara inundando sus mejillas. La otra mujer la recibió con una caricia.
-Estará bien, os lo prometo.
Helen se volvió hacia su marido y se abrazó a él llorando desconsoladamente. Este le correspondió el abrazo y la sacó de la casa, no sin antes mirra de nuevo a su hija y pedir que la cuidaran bien. En cuanto se cerró la puerta tras ellos, la pequeña comenzó a gemir.
-Vamos.
Braulio, Delia y Luís junto con el bebé salieron de la casa y se dirigieron hacia el nuevo hogar de Selene. Cuando llegaron a un lugar más o menos seguro, Braulio se despidió de ellos. Besó a su sobrina en la frente a modo de despedida. El matrimonio se alejó de él y continuaron su camino. Selene Comenzó a llorar; parecía saber que aquel había sido el último momento con su verdadera familia. Desde lo alto de un pequeño monte Braulio observaba alejarse a las dos figuras encapuchadas.
-Adiós Selene, algún día nos encontraremos de nuevo, pero las cosas habrán cambiado mucho. Espero que al menos seas capaz de sentir tu grandeza.
Se dio la vuelta y se puso en camino hacia su casa. Aun podía oír el llanto de su sobrina en la lejanía..
..El mismo llanto que resonaba en el hermoso valle que aparecía en sus sueños. Se respiraba algo distinto en el ambiente, más tranquilidad y también..No podía decir de qué se trataba exactamente. El ya conocido encapuchado la esperaba. Se acercó a él, quién la invitó a sentarse en su roca. Ella, guiada por una extraña sensación, se sentó sin dudarlo ni un segundo. El misterioso personaje la miró y la estudió detenidamente. 18 años, alta, ojos azules, brillantes y profundos. La piel muy morena y el pelo lo tenía teñido de azul.
-Vaya muchacha, has cambiado mucho pero tus ojos siguen siendo los mismos.
-Usted..¿Me conoce?
-Por supuesto querida. Llevo mucho tiempo diciéndotelo aquí, en tus sueños. Pero mis planes no han salido como yo esperaba. Le tienes mucho cariño a tu vida de ahora como para echar por la borda el trabajo y sacrificio de 18 años. Y, aunque lo comprendo, me entristece lo que ha sucedido.
-¿A qué se refiere?
-¿No te acuerdas? Fuimos a buscarte, te contamos la verdad, pero solo la creíste cuando la escuchaste de boca de Delia. Después de tantas revelaciones nos diste un buen susto. Te desvaneciste sin más ¿Cómo te encuentras?
Vagamente las imágenes de lo acontecido comenzaron a llenar su cabeza. Cerró los ojos y al abrirlos se encontró con la imagen borrosa de su habitación y, sentado junto a ella, Braulio le agarraba la mano y la miraba con cara de preocupación. Al verla despierta, le sonrió.
-¿Cómo te encuentras?
-Bi..Bien creo-Selene trató de incorporarse pero Braulio se lo impidió.
-No te levantes-era la voz de sus sueños. Braulio..Así se llamaba el hombre que aparecía en el sueño que acababa de tener. Selene se le quedó mirando fijamente.
-¿Pasó en verdad? Esos que he visto..¿Eran mis padres?-Braulio la miró extrañado pero pronto comprendió.
-Oh, si Selene, eran tus padres, y esa era la prueba que me pediste para reforzar mi palabra. Eran mis recuerdos.
-Pero..¿Cómo..? ¿Sus recuerdos?-estaba muy extrañada ¿Cómo podía conocer los recuerdos de aquel hombre?
-Estaba esperando que lo preguntaras. El cómo es muy simple. Creo que ha llegado la hora de que te cuente otro pequeño secreto que, seguramente, responderá a algunas de las preguntas que te has estado haciendo últimamente, pero esto debe quedar entre tú y yo..
Hola queridos lectores!!! espero que les haya gustado y que dejen rr con sus opiniones. Gracias a los que han leido, colaboran para que esta historia siga avanzando. Besos!!