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Atada al Destino — capítulo 8
Selene estaba asomada a la ventana de su cuarto esperando a su primo. Le había dicho que iría por ella a las 16:00 ¿acaso no sabía que era la puntualidad? Eran ya las 17:15 y se estaba desesperando. Se quitó de la ventana y se puso a ver un poco la televisión. Paciencia, paciencia, paciencia..
En la base se oyó de nuevo el choque entre dos espadas. Llevaban así varias horas y ninguno de los contendientes daba su brazo a torcer. Tampoco nadie sabía como parar aquello. Braulio era el único que podía y estaba ocupado en ese momento. ¡Ojalá acabase pronto! Jeff no se atrevía a intervenir para separar a su hermano y a su amigo. Eran capaces de tomarla contra él. No tenía ni idea de porque se habían enzarzado en aquella lucha y la curiosidad le picaba. Nunca los había visto así. Era sorprendente como daban, paraban y esquivaban los golpes a pesar del cansancio, pero se veía claramente quien llevaba las de ganar. Los movimientos de Febo eran cada vez más lentos y con menos fuerza, todo lo contrario a los de Héctor, que eran cada vez mejores. No se podía negar quien era el mejor. Cuando la batalla entre los dos amigos estaba a punto de alcanzar su punto máximo, un grito los dejó a todos quietos. -¡¡BASTA!!-Los dos muchachos dejaron sus espadas suspendidas en el aire y miraron a Braulio. Estaba enfadado, muy enfadado- ¿Qué se supone que estáis haciendo? Cada uno tiene algo mucho más importante que hacer, así que no entiendo que demonios hacéis peleando. Quiero una explicación y, por vuestro bien, espero que sea buena. Los dos muchachos se miraron. En buena se habían metido. Su explicación no iba a convencerlo de nada. -Papá, verás, nosotros estábamos... estábamos peleando porque... porque...-Febo no tenía ni idea de como darle a su padre esa excusa tan banal. -Estábamos peleando porque le he dicho a tu hijo que no tengo la más mínima intención de entrenar a esa cría y que llevo ya demasiado tiempo vigilándola para tener que aguantarla todos los días. ¿Te parece una buena razón?
Braulio los miró a los dos. Echaba chispas por los ojos. -Así que por esa niñería estabais peleando... ¿Qué creéis que esto?¿Una guardería o un patio de recreo?-sus voces se escuchaban por toda la base-Me habéis decepcionado, los dos. Febo, tú no tienes porque intervenir en algo así sabiendo de sobra que el que da las órdenes aquí, por el momento, soy yo. Y tú Héctor- miró al muchacho y este le respondió con una mirada cargada de furia- ya hablaremos en otro momento. Ahora volved a vuestras tareas y tú-dijo refiriéndose a Febo- llevas una hora y media de retraso, así que te aconsejo que te des prisa.
Dicho esto Braulio le hizo una seña a Jeff y ambos se marcharon. Héctor y Febo se miraron. El primero se fue de la sala de entrenamiento hacia el patio mientras que Febo, tras dejar la espada en la armería, fue hasta su coche, se montó y se fue a recoger a su prima. Su padre tenía razón, había sido una tontería. Después de todo, Héctor tendría que entrenar a Selene quisiera o no, pero le había molestado como la había juzgado. No tenía de recho a decir eso de ella sin antes conocerla. Alejó esos pensamientos de su cabeza y se concentró en lo que tenía que hacer. Al fin al cabo su amigo no tenía razón y él sabía porqué no quería entrenarla. Una tontería para él, pero su excusa al fin y al cabo...
Braulio entró en su despacho y se sentó a esperar a que el muchacho llegase. Desde hacía algún tiempo lo notaba algo raro y le había extrañado que le pidiese que lo sustituyera en la vigilancia de Selene cuando había sido él mismo quien se había ofrecido voluntario. Dejó de darle vueltas al asunto cuando alguien llamó a la puerta. -Pasa. Héctor entró con aire desafiante y se sentó frente a él. -Bien, aquí me tienes. Dime lo que tengas que decirme rápido porque tengo mucho que hacer. -Nadie lo huviese dicho hace unos minutos. Y no te pongas tan pronto a la defensiva. Solo quiero saber que es lo que te sucede últimamente. -¿A mi? No me sucede nada, simplemente estoy un poco cansado de todo esto. -¿Estás seguro? Te conozco desde hace mucho tiempo y mucho mejor de lo que tu crees. Para mi eres como un hijo, por lo que se cuando no me estás siendo sincero. Quiero la verdad y quiero que me digas porque no quieres entrenar a Selene. El chico lo miró con autosuficiencia. Decía conocerlo... Cuan equivocado estaba. Para él sus motivos estaban muy claros pero el problema era que no podía decírselos, por lo que le puso una vaga excusa que sabía que no lo convencería, pero que con ello lo dejaría en paz. -El problema es que tengo cosas mejores que hacer y más importantes. Además, a mi de nada me sirve entrenar a una niña con complejos de héroe. Si ella quiere aprender que lo haga como lo hicimos todos. Y otra cosa, tampoco sabes con seguridad si ella querrá aprender puesto que aun no ha dicho nada. -Aunque se que ese no es el verdadero motivo, no voy a insistir más. Pero para que lo sepas, ella ya ha tomado una decisión y sí, está dispuesta a aprender todo lo que queramos enseñarle y tú, quieras o no, la entrenarás. Y sabes de sobra porque quiero que seas tú y no otro. Incluso puede que te lleves alguna que otra sorpresa.
Los dos hombres se sostuvieron la mirada durante unos segundos. Quien viese esa escena pensaría que estaban a punto de saltar el uno sobre el otro, pero nada más lejos de la realidad. Para ellos esas miradas eran simplemente una forma de no cometer locuras. -De acuerdo Braulio tú mandas, lo que quiere decir que ganas. La entrenaré muy a mi pesar, pero no creas que seré benévolo con ella. Si es la que decidirá nuestro destino y el de muchos otros tendrá que estar preparada para todo lo que se le presente. -No esperaba que lo fueras. Es más, te pido que no lo seas pero tampoco te pases. -Tranquilo. ¿Cuándo vendrá? -Febo ha ido a buscarla. Llegarán dentro de un rato. ¿Por qué lo preguntas? -Porque quiero ponerla a prueba, cuanto antes mejor. Braulio esta vez se quedó sorprendido. Debería haber imaginado que algo estaba tramando cuando había aceptado tan pronto las condiciones si protestar ni una sola vez. -Bueno, veré que puedo hacer, pero no creo que sea conveniente probarla tan pronto. Nunca ha empuñado una espada y menos contra alguien tan diestro como tú. -Tú pregúntale y que sea ella la que decida. Es solo una prueba de inicio, un adelanto para que esté preparada en los entrenamientos. Ahora, ¿puedo irme o tienes algo más que decirme? -Puedes irte. Ya te avisaré más tarde.
Héctor se fue dejando al hombre con más dudas rondándole la cabeza. Definitivamente, estaba más raro que de costumbre y eso era decir mucho. Miró el reloj y suspiró ¿Cuánto suspiraba al cabo del día? Ya era hora de ponerse en marcha. Con la llegada de su sobrina había mucho más trabajo que hacer que de costumbre, mucho que organizar y deseaba con todas sus fuerzas que Selene estuviese a la altura.
Febo llegó a su destino en menos de cinco minutos, se bajó del coche y subió corriendo a casa de Selene. -Vaya, ya era hora de que llegaras, pensaba que no ibas a venir- ese fue el saludo con el que lo recibió su prima. -Menos tonterías primita que hoy no tengo un buen día. -Tranquilo, no hace falta ponerse así, yo no tengo la culpa- Selene dudó un momento antes de preguntar lo que le rondaba por la cabeza- ¿Puedo preguntarte algo? Febo la miró. Sus preguntas no solían ser muy fáciles de contestar y él no podía darle más información de la cuenta pero al final se decantó por asentir. Sentía curiosidad. La chica ante la afirmativa de su primo formuló su pregunta con ironía. -¿Siempre eres así de borde o es solo conmigo? Eso no era lo que él esperaba pero por lo menos no era muy difícil de contestar. -No soy siempre así de borde, ya te he dicho que tengo un mal día. Y tú, ¿eres siempre tan sarcástica? -Pues la verdad es que sí, así que te aconsejo que te acostumbres.-Ese chico le caía bien. Le sonrió con complicidad y él captó la broma. Ella era diferente. Lo sabía por el tiempo que se había llevado observándola y, aunque no sería fácil soportarla, acabarían llevándose bien. -Yo hoy tengo un día malo y tú lo tienes gracioso. Buena combinación, pero ahora vámonos que se nos está haciendo tarde y mi padre está que echa chispas. -Eh ahora sin prisa que el que has llegado tarde has sido tú-dijo mientras salía por la puerta. Febo la siguió riendo. La llevó hasta su coche y ambos montaron.
-Antes de llegar he de decirte una cosa-ella lo miró con curiosidad. Era importante estar atenta a cada palabra, cada gesto, cada detalle para descubrir más cosas. Él notó su curiosidad tuvo que reprimir una sonrisa. Era curiosa ¿eso sería bueno o malo? Lo iba a tomar por loco cuando se lo dijese. -Como habrás deducido, el lugar en el que vivimos está oculto-ella asintió-pero lo que no sabes es ni donde ni como. Eso último sonó algo extraño pero dejó que su primo continuase hablando. -Verás, entre los nuestros hay diferentes niveles y diferentes cargos, pero no en el sentido de mandar, poder ni nada de eso, sino cargos de inteligencia ¿me sigues? -Más o menos. -Bien, pues en uno de esos niveles se encuentran los encargados de esconder la base con la ayuda de sus mentes, es decir, solamente ellos deciden quien puede ver la base y quien no. -Es decir, tienen poderes mentales. Algo me imaginé cuando...-se quedó callada al recordar como su tio le había transmitido sus recuerdos. Febo no lo notó por lo que continuó hablando como si nada. -Aunque ahora no lo estés, te sorpenderás mucho cuando llegemos. -¿Por qué? -Ya lo verás, es como una sorpresa-le guiñó un ojo y después de decir esto se quedó en silencio. Selene prestó atención a la carretera. Le resultaba familiar, muy familiar. Su primo comenzó a contarles tonterías y ella le prestaba antención a medias. Pero la carretera...Juraría haber estado allí más de una vez. Su cabeza no encontraba sentido a todo aquello ¿qué hacían por allí? Mejor no preguntar nada y esperar, pero su sorpresa fue mayor cuando vio algo que no debería estar allí. Febo paró el coche y ambos bajaron. Era imposible. ¿Cuántas veces había estado allí antes? Tenía que ser una broma, un montaje. -Es imposible. No me lo puedo creer... Febo la miró y vio su cara. Estaba más que sorprendida. Se acercó a ella y le puso la mano en el hombro. Ella lo miró. -¿Cómo..? -Ya te lo dije, pero es muy normal que estés sorprendida; yo también lo estaría. -Llevo tantos años viendo este paisaje...nunca había imaginado que algo como esto pudiese estar aquí. Creo que tenías razón al decirme que alguien ocultaba todo esto... La chica se quedó mirando el muro que tenía ante ella. Tras él veía un amplio patio repleto de coches, motos y otros vehículos. Al fondo, construido sobre un terraplén se alzaba un edificio completamente liso, de tres pisos y con un amplio portón de madera.
-¿Entramos?-le preguntó Febo. Ella asintió. Cruzaron el patio hasta llegar a la puerta y entraron. Para Selene eso fue demasiado. Todo aquello era increíble. Estaba en un amplio vestíbulo con varios pasillos, una escalera y dos o tres puertas. Febo la guió por el pasillo de la derecha. Había muchas puertas a cada lado. Detrás de algunas se escuchaban voces, unas charlando y otras discutiendo. Cuando llegaron al final del pasillo Febo llamó a la puerta y una voz familiar les dijo que entrasen. Al hacerlo vieron a Braulio rodeado de unas ocho personas que se la quedaron mirando- -Ya era hora de que llegarais-Braulio se levantó del sillón en el que estaba y se acercó a la chica. Esta se dio cuenta de que Febo había desaparecido de su lado. El hombre continuó hablando-Compañeros, quiero presentaros a mi sobrina, Selene, hija de mi difunta hermana Helena y de nuestro mejor guía, Adolph.- Esperó a que alguien dijese algo pero todos permanecieron callados durante un rato. Todos la miraban de arriba a abajo como si fuese un fantasma. Al poco comenzaron los murmullos entre los presentes. Selene pudo distinguir entre los cuchicheos algo parecido a "es idéntica a Helena". Ella no sabía que hacer. Ahora más que nunca era consciente de todo lo que sucedía a su alrededor. Notaba la mano de Braulio en su hombro las miradas de todos sobre ella, el parpadeo de la última bombilla del pasillo...pero nadie decía nada. Quería salir corriendo, pero las piernas no le respondían. Empezó a sentir miedo. Para apartar de su mente esos pensamientos se dedicó a observar a los presentes. Al fondo la silla vacía de Braulio, en el lado derecho de la mesa estaban Jeff, Febo de pie tras él, dos hombres de unos cuarenta y tantos años y una mujer de no poco menos. A la izquierda había otras dos mujeres un poco más jóvenes, un hombre que parecía salido de una película de gladiadores y al lado de la silla vacía de Braulio estaba él. Se quedó mirándolo y notó como las piernas empezaban a flojear. No podía parar de mirarlo y él también la miraba, como los otros, pero esos ojos...era como sumergirse en otro mundo... -Vaya, creo que nos has dejado a todos un poco sorprendidos, Braulio. No la esperábamos tan pronto. Según tenía entendido no vendría hasta dentro de varias semanas. -Bueno Christian, yo también me sorprendí cuando me dijo que vendría antes de lo esperado, pero aquí está- Braulio fue hacia su silla y la dejó allí de pie, sola, temblando de pies a cabeza...- Amigos, tengo una buena noticia para todos vosotros: mi sobrina ha decidido seguir los pasos de su padre. Estoy seguro de que con ella nuestro camino será más fácil y conseguiremos lo que nos propongamos. Todos la miraron y ella se sintió oprimida por sus miradas, pero no duraron mucho. -Es una sorpresa la verdad, pero dime ¿cómo piensa liderarnos si no tiene ni idea de como hacerlo?- era el tipo con aspecto de gladiador, el que estaba sentado al lado de él. Y encima se esta riendo en su cara... oh no, eso no iba a permitirlo... -Puede que tengas razón y no sepa como dirigíos, pero si me habéis buscado es por algo- dio un paso adelante y se acercó más a la mesa. Todos la miraban, ahora, un poco asombrados- Se que no puedo dirigíos yo sola, así que necesitaré vuestra ayuda. Estoy dispuesta a aprender todo lo que me enseñéis, tan solo os pido una oportunidad y algo de tiempo. De nuevo más silencio. Braulio la miraba con aprobación. Sus primos miraban a Héctor con cierto aire divertido mientras que Héctor la miraba con rabia... el resto de los presentes parecía estar pensando. -Has hablado con sensatez y humildad. No todos pedirían ayuda sabiendo que son ellos los que mandan. Por mi parte puedes estar segura de que te enseñaré y ayudaré en todo lo que pueda. Por cierto, me llamo Christian- el hombre, de unos cuarenta años, se acercó a ella y le estrechó la mano. -Estoy de acuerdo con mi esposo, creo que podrás ser más útil de los que muchos piensasn- dijo la mujer mirando de soslayo al tipo gladiador y a Héctor- Me llamo Soray y estaré encantada de ayudarte- ella hizo lo mismo que su marido y le dedicó una amplia sonrisa. -Ya somos tres y creo que no slos únicos. Soy Zac y, si tu tio me lo permite, te enseñaré a usar la cabeza...- Zac rio mirando a Braulio y se acomodó en su silla. Después de presentarse Zac, las dos muchachas se levantaron y se acercaron a ella. Eran Carol y Vicky y serían sus compañeras de aprendizaje. Cuando ellas se sentaron su primo Febo se acercó a ella. -Bueno Selene, creo que a Héctor ya lo conoces y el hombretón que está a su lado es Dóminic, el encargado de seguridad. Creo que te llevarás bien con él... Después de las presentaciones se sentaron a charlar. Ellos tenían ganas de saber más acerca de ella y la chica no era menos. Estaba ansiosa por saber más y más. Su estado de relajación y tranquilidad no duró más de diez minutos. Su querido "amigo" Héctor tuvo que romper el buen ambiente que empezaba a reinar allí. -Muy bien amigos, lo estamos pasando muy bien y todo eso y siento ser aguafiestas, pero cada cual tiene algo que hacer. Por cierto, Braulio, tengo que preguntarte algo, a solas si es posible- dijo mirando a los demás como esperando a que ellos se fuesen sin rechistar, pero hizo falta que Braulio lo ordenase para que todos saliesen. -Selene espérame fuera, quiero decirte algo antes de que te vayas- la chica asintió y se quedó en la puerta.
Cuando los dos hombres estuvieron solos, Héctor fue directo al grano. -Por lo que veo no le has dicho a tu sobrinita nada de la pequeña prueba. -Héctor, creo que lo más conveniente es dejarlo para otro día. Ha pasado por mucha tensión hace unos momentos y no creo que esté en condiciones. Él rio cínicamente. -Quedamos en que se lo pregunarías y no lo has hecho. Quedamos en que sería ella quien decidiría así que, ya sabes, pregúntale. Braulio lo miró y consideró sus opciones. Tenía que admitir que él tenía razón, que debía haberle preguntado a Selene, pero temía que los desilusionara. Al final no tuvo más remedio que aceptar. -Está bien, se lo preguntaré, pero que quede claro que, si acepta, solo estaremos presentes mi hijos, Dóminic y yo. Nadie tiene que saber que pones en entredicho mi palabra y la capacidad de Selene. -Jaja, aunque no esté de acuerdo contigo no voy a darte más la tabarra. Solo nosotros. Ve ya a preguntarle. El hombre, resignado, abrió la puerta y salió a buscar a su sobrina. No la encontró muy lejos. Estaba en el patio interior con Febo, Jeff y Carol. Los cuatro hablaban amistósamente, como si se conociesen desde siempre. Cuando lo vieron venir callaron al momento. Con un gesto de cabeza, le indicó a Selene que se acercara a él. Ella obedeció. Ambos fueron a un rincón apartado del patio y se sentaron en un muro. La chica presintió que a su tio le preocupaba algo. -¿Pasa algo tio? No sabía porque pero le encantab que lo llamase tio. Llevaba tantos años esperando para oir esa palabra de los labios de ella...y le recordaba tanto a su hermana... -No exactamente, pero quiero preguntarte algo. Verás, Héctor quiere hacerte una prueba y me ha pedido que te pregunte si aceptas esa prueba o no. Ella fruncio el ceño. -¿De qué se trata? -Quiere probarte con la espada. Se quedó sorprendida. ¿La espada? Ese chico estaba loco por completo y quería poner a prueba su paciencia, pero no iba a darle ese gusto. -¿Qué pasa si contesto que no acepto? -Supongo que nada, tan solo que tendrás que soportar las burlas de Héctor durante un buen tiempo. Lo consideró un momento. Sabía de sobra que no soportaría sus burlas, es más, no estaba segura de poder soportarlo a él, pero eso de una prueba de espada...¿qué era lo peor que podía pasar? Algún rasguño, una herida leve...¿contra Héctor? eso era poco probable. Él la odiaba podía verlo en sus ojos cuando la miraba. ¿Debía arriergarse? -Selene ¿me escuchas? -¿Qué? Sí,claro que sí.. -¿Qué decides? -Pues, la verdad...no estoy segura pero no tengo ganas de aguantar sus burlas y de dejarle verme insegura. -Eso significa que aceptas el reto. -¿Qué otra cosa puedo hacer? -Sabía que dirías algo así. Muy bine, se lo diré a Héctor. Espéranos en el campo de entrenaminto- dicho esto Braulio se volvió y puso rumbo a su despacho. -¡Tio!- el hombre se giró hacia ella- ¿Dónde está? -¡Oh! lo siento. ^¿Febo? El joven que estaba con su hermano se acercó. -¿Me llamabas? -Sí. Quiero que acompañes a tu prima al campo de entrenamiento y que le digas a Jeff que vaya también. -¿Pasa algo? -Ya os enteraréis cuando lleguéis. Ahora id y esperadnos allí.
Cada uno tomó un rumbo diferente. Jeff, Febo y Selene fueron al campo de entrenamiento y encontraron allí a Dóminic. Parecía satisfecho por algo y miraba a Selene divertido. Ella comprendió todo en aquel momento. Lo tenían todo planeado. Debía tener cuidado... Mientras tanto Braulio llegaba a su despacho. Cuando entró vio a Héctor sentado en su silla, algo que no le hizo mucha gracia. -No te acostumbres a ese sitio muchacho, no te pertenece. -A ti tampoco. Pronto lo ocupará tu sobrinita y eso a ti no te hace mucha gracia. -Eso no es asunto tuyo. Lo que si tendría que importante es que tu pequeño plan ha resultado. Selene acepta tu prueba. Héctor quedó un poco perplejo pero se recuperó pronto y en su cara apareció una sonrisa. La había subestimado... -Creo que esperabas que se acobardara. Siento decepcionarte. Nos está esprando en el campo de entrenamiento, así que, vamos.
Salió del despacho dejándolo con la palabra en la boca. Ese muchacho había conseguido sacarlo de sus casillas con su arrogancia y su aire desafiante. Nunca, desde que lo conocía, había tenido una actitud semejante. Fue hacía donde estaban los demás. Tras él llegó Héctor con aire furibundo y los estudió a todos atentamente. La chica estaba al lado de Jeff con una espada en la mano y aparentemente segura, pero el pudo ver en sus ojos el miedo que sentía. Fue al armero y sacó su propia espada. La miró. Comparada con la de ella era enorme y a punto estuvo de cambiarla por otra, pero su orgullo era más pesado que lo demás. Se colocó en el centro del campo y esperó a que ella se acercase. Ahora estaba con Braulio y él le estaba susurrando algo al oído. Por fin se acercó. Parecía más decidida que antes. Los dos se miraron a los ojos y él se perdió por unos instantes en su mirada. En ellos había una maraña de sentimientos que jamás había visto y eso lo confundió bastante. Bajó la guardia..y eso era lo que Selene había estado esperando. Aprovechó la ocasión y con un rápido movimiento le golpeó la mano con la hoja de su espada con la intención de que soltase su espada, pero lo único que consiguió fue hacerle un pequeño corte ya que en el último momento, adivinando las intenciones de la muchacha, había aferrado la espada con fuerza. El siguiente golpe fue fácil de adivinar y el siguiente y el otro. La dejó atacar durante un rato. Sus golpes no eran peligrosos y carecían de técnica alguna, pero estaban llenos de furia, coraje y determinación. Por un despiste uno de esos golpes estuvo a punto de darle de nuevo y fue entonces cuando decidió pasar al ataque. Descargó una serie de golpes que ella esquivaba por los pelos. Más de uno llegó a rozarla pero sin llegar a herirla. Ella estaba cansada y él podía seguir luchando durante horas. Decidió acabar rápido. Dio dos golpes más fuertes que los anteriores y ella soltó la espada. Temblaba, pero no de miedo. Estaba cansada. Podía verlo, sentirlo. Casi oía los latidos de su corazón bombeando sangre a toda velocidad. Bajó la espada y la miró más atentamente, intentando ver más allá, escudriñando sus ojos para adivinar sus pensamientos, pero alguien desvió su atención de ella. Braulio se acercaba.
-Ya ves Héctor, has comprobado lo que es capaz de hacer sin entrenamiento y sin saber luchar. ¿La entrenarás voluntariamente o tendré que obligarte a ello? El muchacho pensó su respuesta con cuidado. Era evidente que la muchacha tenía talento y ganas de aprender más, pero eso no podía decirlo..y tampoco podía mentir. La miró una vez más y se decidió. -La verdad, no es nada del otro mundo, pero la entrenaré-se acercó a ella y puso sus ojos a la altura de los de Selene- aunque de antemano te advierto que no va a ser nada fácil, no va a gustarte y va a ser doloroso. -Eso ya está mejor, pero la advertencia sobraba. Ahora si quieres puedes irte y te aconsejo que te cures ese corte. Héctor se miró la mano y la vio llena de sangre. Miró una última vez a la muchacha y se marchó sin decir nada más. Dóminic fue tras él. Selene los vio salir. Jamás había imaginado que aguantaría. Su tío la rodeó con los brazos y la estrechó con fuerza. Estaba a la altura. Solo necesitaba prácica y tiempo tal y como había dicho. Sus primos pronto se unieron a él y la felicitaron. Todos estaban felices de tenerla allí. Había pasado la primera prueba, la más difícil de todas. Lo demás era cosa de inteligencia y eso sabía que lo poseía. Mientras ellos festejaban, un muchacho pensaba como serían las cosas a partir de ese momento al mismo tiempo que se lavaba una mano cubierta de sangre. Braulio llevaba razón al decirle que se llevaría una sorpresa con Selene y tenía el presentimiento de que no sería la única...