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Atada al Destino — capítulo 9
Tras esa prueba de la que milagrosamente había salido ilesa, procedieron a enseñarle el resto de la Base. Vio donde daría algunas de sus clases, los lugares en los que entrenaría, donde pasaría su tiempo libre... además conoció también a muchos de los que iban a ser sus profesores. Por circunstancias a las que Selene aun no se acostumbraba, todo el mundo se alegraba de conocerla. Era confuso y abrumador.
Cuando lograron desaderse de sus profesores de historia, Braulio la apartó del resto para hablar con ella tranquilamente.
-¿Estás bien?
-Sí, solo que aun no me acostumbro a todo esto...es demasiado...extraño..
-Lo comprendo. Ahora te mostrare dos cosas que te gustarán más. Sígueme.
La chica lo miró algo confusa pero obedeció la orden. La llevo hasta un patio grandísimo donde no había estado.
-Estos son los establos. Aquí entrenamos tanto a caballos como a jinetes. Si me sigues te presentaré a Shadow.
-¿Quén es Shadow?
-Ahora lo verás.
La llevó hasta el corral trasero dónde había varios caballos pastando. Eran unos animales magníficos. Había un hombre entre los caballos que se acercó cuando los vio apoyados en la verja.
- Buen día señor. Si espera un momento le traigo a la bestia.
-No hay prisa Ed, tómate tu tiempo.
El llamado Ed se alejó sonriendo y desapareció entre las cuadras. Al poco rato apareció de nuevo trayendo consigo un corcel negro azabache, fuerte y brioso. La crin rizada le cubría todo el cuello y le tapaba unos ojos encendidos de furia y poder. Era un animal con carácter; eso se veía en sus ojos.
-Bien Selene, este es Shadow y, a partir de ahora te pertenece.
La chica se quedó muda de asombro. ¿Su propio caballo? Era un sueño hecho realidad. Tuvo que reconocer que aquel animal le producía cierto temor, pero era una bestia tan maravillosa que no le importó nada más.
-
¿En serio es para mi?
-
¿Por qué habría de mentirte? Es descendiente del caballo de tu padre. Aunque un poco indomable, creo que os llevaréis bien. Si quieres probarlo....
La chica se acercó lentamente al animal. Era desconfiado, por lo que primero dejó que la oliese. Después lo acarició. Tenía un pelaje suave, aterciopelado. Al poco rato el caballo se había relajado y dejaba a la chica montarse. Dio varias vuelvas por el corral. Era fantástico. Cuando estaba empezando a fantasear y a sentirse libre su tio la sacó de su ensimismamiento.
-Creo que es mejor que lo dejes antes de que salgas corriendo. Ven, hay otra cosa que quiero enseñarte.
Entraron de nuevo en el edificio. Braulio la guió por pasillos diferentes a los que habían atravesado para salir al patio. Aquello parecía un autentico laberinto, aunque era más acogedor que el resto de la base, al menos la parte que había visto.
-Aquí es donde están las habitaciones. La tuya es la del fondo. Podrás decorarla a tu gusto en cuanto te instales aunque espero que te guste por el momento. Bienvenida a tu cuarto.
Selene abrió la puerta y, si el caballo la había sorprendido, su habitación la dejó boquiabierta. Era enorme. Aun lado la puerta del baño y un armario de madera. Al otro una cama de matrimonio llena de cojines. Frente a la puerta, bajo una ventana del mismo tamaño de un armario, una mesa de estudio con ordenador; pero lo que más le gustó fueron las paredes: repletas de estanterías y libros de todo tipo. Era como haberse introducido en el curto de sus sueños. Aparte de eso había una mesa pequeña en el centro de la habitación, una sofá, sillas y un acogedor puff los pies de la cama. Algo que no había visto era un pequeño balcón donde se podría senta a leer cada vez que quisiera. Era algo increible.
-¿Te gusta?
-¿Gustarme? Es enorme... todos esos libros... no se que decir... es fantástica.. ¡Gracias!
-Supuse que te gustaría- declaró el hombre sonriendo- Esta era la habitación de tus padres así que pensé que era tu derecho "vivir" aquí.
Se quedó callada. Sus padres.. Había soñado con ellos y conocía lo que su tio le había mostrado, pero aparte de eso nada más.
-Brau... Tio, ¿podrías contarme algo más sobre Adolph y Helena?- El hombre se quedó mirándola. Comprendía lo que la chica debía de estar sintiendo en aquel momento. Para ella todo era más duro y difícil de lo que dejaba ver gracias a su aguante y a su fuerza de voluntad, algo de lo que estaba haciendo gala. Él conocía, porque también lo sentía, la confusión y el caos que reinaba en el interior de esa niña con apariecia de mujer. Retuvo una lágrima traicionera... llevaba 18 años sin llorar, no lo iba a hacer ahora.
-Te contaré y mostraré todo lo que quieras saber, siempre que esté en mi mano hacerlo. En las clases que yo te daré te enseñaré mucho, pero quiero que conozcas la parte que la historia omite, la que los muestra como seres humanos y no como los héroes que fueron.
-¿Podrías contarme algo ahora? Por favor.
Suspiró. Ella necesitaba saber y, a decir verdad, él contar.
-Estrenemos tus sillas nuevas. Voy a contarte algunas cosas y, si tu quieres, puedo también mostrártelas, aunque para eso tendríamos que empezar con nuestras clases antes de tiempo ¿te parece?
-Por supuesto que sí, pero... ¿cómo es que para mostrarme algo ahora tienes que enseñarme y el otro día lo hiciste sin aprender yo nada?
-Ah, mientras las personas duermen todo es distinto y, para ser sinceros, mucho más sencillo.
-No entiendo...
-Ya lo entenderás. De momento intenta hacer lo que yo te diga y, de esa forma, te mostraré algunos recuerdos de tus padres.
Aunque nerviosa, asintió. Iba a ver de nuevo a sus padres. Se concentró todo lo que pudo e intentó relajarse.
-Cierra los ojos y vacía tu mente. No pienses. Controla tu respiración. Lenta, muy lentamente. Ahora intenta verme a través de tus párpados cerrados.
Que locura, ¿verle con los ojos cerrados? Pero si él lo decía era por algo. Se concentró de nuevo. Veía una forma difusa gracias a la luz que entraba por las ventanas. Poco a poco entró en un estado de inconsciendia involuntaria e inconsciente.
-Bien, ahora escucha solo mi voz. Imáginate el patio de fuera al anochecer y a un hombre sentado en la fuente. ¿Lo ve?
-No.
-Te he dicho que no hables. Inténtalo de nuevo ¿quiéres?
-Está bien. Ains.
-A ver, imáginate la misma imagen.
Para ella todo aquello era una tontería. Llevaba más de diez minutos así pero no veía absolutamente nada. El patio de afuera, iluminado solo por la luz de las estrellas. La fuente estaba seca. Era verano y en la base debían ahorrar agua. Él llevaba un buen rato esperándola y empezaba a preocuparse. Nunca lo hacía esperar. ¿Y si había tenido problemas? No, no había motivo para alarmarse, al menos no todavía. Paseó a lo largo del patio, impaciente. Al fin, vio una silueta acercándose, pero al instante se dio cuenta de que no era ella. Era la silueta de un hombre. Braulio, su cuñado.
-¿No es muy tarde para un paseo nocturno?
-Podría decirte lo mismo, pero se porque estás aquí.
-¿A sí? y por que si puede saberse.
-Esperas a Helena.
-Bueno, no es un pecado querer pasear con mi esposa ¿o sí?
-No Adolph, no lo es, pero esta noche no la esperes.
-¿Por qué?¿Qué ha pasado?
-Oh, nada, solo que mi hermana prefiere quedarse esta noche en su cuarto, está pensando en la forma de darte una noticia importante.
-¿Qué noticia? Braulio ¿qué está pasando? Me estás preocupando.
-No tienes de que preocuparte. Ve y habla con ella, te asuguro que te cambiará la cara cuando oígas lo que tiene que contarte.
Adolph lo miró y al instante siguiente corrí hacía su cuarto. El corazón le latía tan deprisa que por un momento pensó que saldría disparado de su pecho. En tres minutos llegó. Abrió la puerta. Allí estaba ella, sentada en el balcón, en su butaca faorita, con las piernas recogidas. La luz de la luna se reflejaba en su pelo. Estaba preciosa. Se le vino a la mente el día que la conoció. Se acercó y la besó en la cabeza.
-Te he estado esperando ¿por qué no has venido?
Ella se volvió despacio. Sonreía, aunque había huellas de lágrimas en sus mejillas.
-Yo..lo siento. Es que..verás cariño ha..ha pasado algo y..y no se como...-agachó la cabeza y una tímida sonrisa apareció en su cara.
-¿Cómo contármelo? Empieza por el principio.
-Verás, no es..no es fácil... bueno en verdad si que lo es pero no se como te lo vas a tomar.
-¿Es algo malo?
-No, por supuesto que no, pero es importante, muy importante.
-Pues habla. No impoerta lo que sea. Tan solo dilo.
Le agarró la mano para darle apoyo. Ella suspiró y lo miró directamente a los ojos. Era ahora o nunca.
-Esto..verás yo..yo...jem, nunca se me ha dado bien lo de contar cosas pero..la cuestión es que yo... yo..estoy embarazada.
Silencio. Todo era como en esos sueños en blanco y negro donde el tiempo se quedó parado. Silencio. Sin saber que pensar, como actuar, que decir.
-Cariño, ¿no dices nada?
-Em..¿embarazada?pe..pero...-la miró y la vio más radiante que nunca. Embarazada. El resto del mundo ya no existía, solo ella-es..es algo...no puedo explicarlo ¿embarazada?¿vamos a ser padres?
-Pues...¡sí! Sí, sí, sí.
-Es...es maravilloso. Padres..nosotros..un bebe...pero..¿cuándo te enteraste?
-Esta mañana. Te lo quería decir antes, pero..
-Pero no sabás como. No importa-la abrazó, sintiéndola más cerca que nunca, su olor, su piel- lo importante ahora es que esto- dijo poniédole la mano en el vientre- nuestro bebé.
-Si ¿verdad?
Ambos lloraban de felicidad. Para ellos, que vivían en un mundo de guerras, dolor y desesperación, aquello era un regalo divino. Un bebé. Una esperanza de ser felices.
La imagen se fue distorsionando poco a poco. Ya no veía a sus padres, solo algo borroso ante ella.
-Ya puedes abrir los ojos.
Al hacerlo, Selene comprendió porque veía todo borroso: sus ojos estaban anegados en lágrimas.
-Ha sido impresionante. He sentido todo lo que ellos sentían, lo que pensaban. Era como ser ellos sin llegar a serlo. Incluso..incluso me he sentido dentro de mi madre- dijo secándose las nuevas lágrimas que brotaban de sus ojos.
-Eso tiene una fácil explicación. Tus padres me transmitieron a mi todos sus recuerdos y, juntos con ellos, todas sus emociones y pensamientos.
-Es increible...
-Lo se pequeña, lo se. Te mostraría más cosas, pero creo que va siendo hora de que vuelvas a casa. Antes de que empieces con tu entrenamiento tienes un tiempo, así que disfrútalo con Delia y Luís y con tus amigas, van a echarte de menos.
Selene se quedó pensando. Tiempo. En eso consistiría su vida a partir de ahora, en dividir el tiempo entre lo antiguo y lo nuevo, entre su vida de antes y la de ahora.