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Harry Potter: Una serie de eventos desafortunados. — capítulo 13
Capitulo 13: Triste
Y Harry no lograba emerger. Seguía arrastrándose en esa suciedad que él llamaba vida. Pero… no tenía más sentido en serio. Todos los días eran una rutina calcada. Siempre hacia lo mismo. Dormía, comía, bebía mucho e intentaba procrear el resto del tiempo. Era un verdadero hueco su vida. ¿Por qué? No sabia el por qué… Rohan era la respuesta más acertada. Él le dijo que su vida iba a ser despreciable desde ese momento en más. Pero sin embargo no podía echarle totalmente la culpa a ese infeliz. Sus desgracias vienen desde antes. El tipo lo único que hizo fue agravarlas. Desde que nació que tenía desgracias. Ni siquiera pudo realizar sus estudios de forma normal. Siempre había alguien tratando de matarlo. No seria imposible salir de esa confusión. Nada era imposible. Pero claro que no todas las cosas son posibles para cierta gente.
El principal problema era que se acercaban las fiestas de fin de año. De ese aburrido año. No, más que aburrido pesado. Harry no había recibido noticias ni invitaciones de nadie en los últimos dos meses. La última que vio Harry fue a Hermione en el callejón Diagon, se saludaron, charlaron unos minutos y se despidieron. Parecía como si todos lo evitaran o lo hubiesen olvidado. Era raro que ni siquiera Remus se acordase de él. Bueno, Remus desde que se casó nunca tuvo tiempo de nada y probablemente esta navidad la pasara con los parientes de Tonks… esperen un momento… ¿Qué parientes? No, Tonks no tenía ningún pariente. Que extraño, Harry sabia que no les había pasado nada por que Hedwin de vez en cuando traía alguna carta de Remus, pero sin embargo eso no explicaba por que nadie lo había invitado para navidad. El año anterior ya le pareció raro que lo invitaran cuando él mandó correo a la casa de Remus. Sí, no habría problema, si Harry iba a la casa de los Weasley y le preguntaba si podía pasarla con ellos, era más que obvio que Molly aceptaría encantada, pero él no quería eso. No tenía por que andar casa por casa rogando que lo dejasen pasar la navidad ahí. Y para colmos, la noche de navidad tampoco había sexo. Las mujeres se iban a sus casas con sus novios, o con sus padres y nadie iba a querer chocar las copas con un vagabundo como Harry. En eso golpean la puerta. Harry se levantó exaltado a abrir, a lo mejor después de todo tendría casa donde pasarla. Pero no, era una nueva vecina que ahora iría a la universidad de la zona entonces alquilaba la casa de sus antiguos vecinos, los Hoody. Era una chica rubia, de un metro setenta aproximadamente, 95-58-90, y una cara risueña y casi en éxtasis…
Dame la fuerza para seguir amigo, dame la fuerza
para alcanzar tu mano,
Dame la fuerza para seguir amor, dame la fuerza
que solo no puedo,
Que triste es vivir sin intentar,
Que triste es morir sin haber amado,
Dame la fuerza para llegar señor, dame la fuerza
para llegar bien alto,
Me doy fuerzas para reír, me doy fuerzas para reír
así no me muero.
-¡Hola! ¿Vos sos mi vecino nuevo?-le pregunto la chica
-Creo que si. Si alquilas al lado soy tu vecino. Me llamo Harry Spencer, mucho gusto-le explicó Harry sorprendido poniéndole la mejilla.
La chica, muy atropelladamente y con esos besos que hacen ruidito, le besó la mejilla.
-Soy Ana Zandbergen. ¡Ay! Me encanta tu casa. Es enorme.
-Es más grande por dentro. Pasá. ¿Alemana?
-Oh, sí, por favor-respondió Ana
-Este… no entiendo… ¿sos alemana?
-¡Ah! Era eso, pensé que estabas ofreciendo cerveza. Soy escocesa.
-Bueno, pero… ¿queres cerveza?
-¡Si, por favor, me encanta!
A Harry no le gustaban las chicas que tomaban alcohol. Era un poco machista en ese sentido por que pensaba que el único que se podía emborrachar era el hombre.
-Toma…-Harry se sirvió un whisquicito- ¿Qué andas haciendo en un barrio como este?-le preguntó Harry
-Es que voy a la universidad esta que esta en la ciudad. Y el alquiler esta bien bajo en este sector. Yo creo que es por que los vecinos siempre están haciendo ruido.
Harry desvió la mirada del escote de la chica por que entendía que había bajado el valor del terreno desde que él llegó. Pero él no tenía la culpa de estar todos los días de fiesta ¿no? El problema es que era un barrio de viejos. Y viejos verdes encima.
-Tenes razón, criatura, tenes que tener cuidado con ese señor que vive frente a mi casa. Esta loco.
-¿En serio? Gracias por el consejo. ¡Ah! Por cierto… yo vine a darte este diario que al parecer se equivocaron y dejaron en mi casa.
-No, yo no leo este diario-dijo Harry al ver que era un diario MUGGLE. Él sabia de la existencia de ese diario pero no lo leía.
-Pero… dice tu nombre aquí…
Harry miro donde la chica le mostraba. En los clasificados había un cuadradito que decía:
“Harry Spencer: Cumple todas tus fantasías. Morocho carilindo, 1,8 m. activo, pasivo, degeneradito, 20x4. Solo atiende mujeres.”
-Ah… con que todavía circulan estos clasificados… hace como seis meses que publiqué eso…-murmuró Harry
-¿Es tuyo?
-Si, es mío, muchas gracias-agradeció a que la vecina era una perfecta idiota y no tuvo que dar explicaciones.
-De nada-le dijo la chica revoleando los pies y esperando a que Harry hablara.
-Este… ¿pasas la navidad acá?
-Oh, no, voy a la casa de mi abuela. Esta muy enferma entonces mi madre dijo que fuéramos todos a comer allá a ver si descansa en paz de una vez por todas. Yo la quiero mucho. ¿Vos la pasas acá? ¿Tenes novia?
-No, yo vivo solo.
-Ah, que lindo.
-Y voy a ir a pasar navidad con unos amigos. Si, no sabes que bien que voy a pasar la navidad
-Bueno, Harry. Gracias por la cerveza. Yo voy a ir a estudiar por que tengo que rendir un examen el viernes.
-Bien, nos vemos Ana-dijo Harry relojeando toda la parte trasera de la chica cuando se iba.
Tampoco podía pasarla con la vecina, aunque fuera una completa descerebrada. Que iba a hacer. Ya eran las tres de la tarde. Podría ir al bar, seguro que estaba abierto y ahí esperar a que alguien se presente y lo invite o recibir alguna lechuza ¡algo! Se decidió y se fue.
Que triste es vivir sin intentar,
Que triste es morir sin haber amado,
Que triste es vivir sin despertar,
Que triste es morir sin haber calmado tu sed.
Era un desperdicio. La vida de Harry era un completo desperdicio. Alguien tan valiente, tan fuerte, con tantas amistades, se convirtió ahora en un feo desecho. No podía creer que la vida hubiese sido tan injusta con él. Después de todo le había hecho un gran favor a la humanidad al librarlos de Voldemort… Y no le había hecho mal a nadie, a nadie que se le cruzara por la mente en ese momento. Era hora de que la vida empezara a clarear, por que ya Harry no veía. No veía el siguiente camino que tenía que tomar. Él quería asentar cabeza, pero… no podía. Se sentía tan impotente en ese momento. Miro el vaso que estaba en su mano y se dio cuenta de que lo podía controlar. Sabía que cualquier chica que pasara por la calle lo podría controlar. ¿Cómo era posible que fuera tan vulnerable a cosas tan insignificantes como el alcohol o las mujeres? Él, que derrotó al mago más poderoso de todos los tiempos… ¿Cómo era posible eso?
-¿No vas a pasar navidad en casa de algún pariente, Harry?-preguntó el dueño del bar
-No, Tito. Parece que todos se olvidaron de mí esta navidad.
-Que lastima. Una persona tan joven como vos. No te mereces pasar navidad junto con estos borrachos de mala muerte.
Un tipo que estaba al lado de Harry gruño amenazante. Pero estaba completamente borracho, en un DELIRIUM TREMENS único.
-¿Y vos? Vos sos la persona más trabajadora que vi. No cerras ni en navidad.
-Y no Harry, no puedo. Mira toda esta gente que, igual que vos, no tiene en donde pasar la navidad. Me da lastima dejarlos sin alcohol que es lo único que les da ánimos. Igualmente, mi familia esta el comedor. Ahora voy a comer con ellos y a las doce brindamos juntos, asi que no siento tanto el no cerrar.
-Que lindo…-dijo Harry melancólico-¿es grande tu familia?
-Somos cinco. Yo, mi mujer y tres hijos.
-Sos una persona con mucha suerte. Tenes una familia hermosa. Tus hijos tienen suerte de pasar la navidad con vos-Harry tragó todo el vaso de vino que tenía para ahogar el nudo en su garganta.
-No, Harry, no te pongas así. ¡Ya se! ¿Qué te parece sentarte con nosotros para comer? Pasas la navidad con nosotros.
-No, Tito, no. Mira si me voy a sentar con ustedes, voy a arruinar la familia. Es como si le pusieras una mancha.
-No digas eso, Harry. Sos un buen chico. Yo se que Linda se va a poner contenta.
Linda era la hija mayor del hombre. Era una chica que esta enamoradísima de Harry. Claro, como era una chica de casa, de esas que hacen de todo y además no era de las más lindas, Harry nunca le prestó mucha atención. Pero la chica cada vez que veía a Harry en el bar se destruía por complacerlo. Le regalaba vino, le limpiaba el vaso, le espantaba las moscas de encima. Era un amor la chica.
-No, no me hagas esto, Tito. No quiero pasar vergüenza frente a tu familia, les voy a arruinar la navidad.
-Pero ¿Qué es lo que decís? Vamos, vení conmigo.
El tipo agarró a Harry de un brazo y lo metió por una puerta que había detrás de la barra. Ahí estaba el comedor y la cocina.
-Miren, traje alguien a comer. Quiero que lo traten bien ¿si?
-Hola, buenas noches-saludó Harry avergonzado.
-¡Hola!-gritó una chica de unos diecinueve años, castaña de ojos verde y saltones, muy flaca y de la misma estatura de Harry. No era de las que vestían a la moda. Francamente, le hacia acordar mucho a la profesora Trelawney, claro que Harry se sentía mucho mas cómodo cuando esta chica lo miraba que cuando lo miraba esa ex-profesora. Además, la chica nunca le vaticinó la muerte… salvo una vez que le dijo que si seguía tomando se iba a morir-Harry, que gusto me da verte.
-Hola, hijo, sentate, pero te advierto que no hay demasiada bebida. Los chicos ya se tomaron dos botellas de gaseosa-le dicen soda los ingleses ¿no es cierto? ¿Igual que los norteamericanos? Bueno que se vallan bien a cagar los británicos. A Harry le había hablado una mujer muy bonita, por tener sus buenos cuarenta. Harry se dio cuenta de que de chica debió haber sido una perra. Una belleza para no ser tan vulgar. Tenía el pelo castaño con varias canas, pero no le quedaba mal. La cara no estaba arrugada. Y vestía mejor que se hija. Se llamaba Sonia. Al lado de Linda había un joven de dieciséis años mirando la televisión. Era rubio, y su cara tiraba más a ser parecida a la de su madre, o por lo menos no tenia la imponente nariz de su padre. No parecía muy contento de tener que pasar navidad con su familia. Al parecer se estaba aburriendo. En una puerta que daba a un jardín se vio un niño de diez años tirando fuegos artificiales que era casi igual a su padre. La misma cara pero el pelo era castaño.
-No te preocupes, mujer. Harry es de los míos. Va a tomar vino.
-Eh… no-dijo Harry valientemente-preferiría tomar jugo o gaseosa-no quería emborracharse y arruinar todo.
-Entonces vas a tener que salir a comprar-dijo el dueño del bar-sabes que no hay ni jugo ni gaseosas en el bar… acá toman todo puro o con agua muy finamente gasificada, casi soplada el agua.
-¿Me acompañas, Linda?-le preguntó Harry sacando unas… libras esterlinas del bolsillo… ¿existen todavía las libras?, bueno, ya fue.
-Seguro, vamos.
Bondad vulnerable resiste dejándose castigar de pie,
siguiendo el consejo que dice que desde abajo se puede crecer.
Siguiendo señales que debo aprender ni aun vencido
debo renunciar, y aquellos que nunca la nada cambio jamás encontraran felicidad....
Caminaron juntos hasta la despensa, compraron y volvieron. Harry se puso a pensar que, a lo mejor, tenía que aceptar a Linda como regalo de navidad. A lo mejor, si salía con esa chica tan casera aprendería a controlarse como debía… entonces cuando estaban llegando de nuevo al bar a Harry se le escapo esta pregunta:
-¿Tenes novio?
-Esteee… si, Harry. Estoy saliendo con Christian Swong. ¿Te acordas el chico que le traía a mi viejo los hielos?
-¿Cuál?
-Ese que un día le pegaste por que te tumbo sin intención el vaso de Whisky.
-Ah, no… ¿el chino ese?
-No es chino, sus abuelos lo son-le dijo la chica defendiendo a su chico
-Pero… ¿Qué hace una chica como vos con alguien asi?
-Bueno… estamos saliendo, nos gustamos, y… ¿Qué te pasa? ¿Estás celoso?
-Pero por supuesto-respondió firmemente Harry. Él no era de esos tipos que piensan que pierden la hombría cuando dicen que están celosos. El joven se quedó esperando la respuesta de la chica.
-Ah… no se que decirte… ¿vos también querías salir conmigo?-le preguntó la rubia sonrojada
-Y si… ¿Qué es lo que te crees? ¿Que me pongo celoso por que vende hielo?… ¿Cómo vas a salir con él? No es nada más que un hielero. ¿Acaso pensas que me pongo celoso por que sabe hacer mejor el repulgue de la empanada que yo? No, me pongo celoso, por que hasta un chino es más feliz que yo. ¿Cómo puede ser que el chino pueda tener novia y yo no?-Harry entró en el bar pateando la puerta mientras la chica se derretía de amor en el exterior.
La cena transcurrió tranquila… Harry no la arruinó. Tampoco se divirtió mucho que digamos. Lo único que podía hacer era escuchar las quejas de Robert por que faltaba plata o la charla que Linda siempre intentaba mantener con él o el refunfuñar del hermano de esta. Pero no la pasó mal. Por lo menos se dio cuenta de que la gente no lo quería evitar, la gente pensaba en él. Y ahora se vuelve al pensamiento del principio… ¿Por qué lo olvidaron? No tenía fundamentos esta respuesta.
Buscando señales que muestren donde hay felicidad
Se pierde la gente sin encontrar felicidad.
-¿Y no vas esta noche de tu novio?-le preguntó Harry a Linda una vez terminada la cena. Estaban los dos sentados en el techo del bar… ¿vieron esos techos de adobe que tienen todos los bares? Bueno… estaban los dos sentados ahí arriba y conversaban.
-No, el día de hoy es para pasar en familia. Me tengo que quedar con mis padres.
-Oh… entiendo. Vos te darás cuenta de que no se mucho de noviazgos. Los que tuve fueron bastante traumáticos y algo confusos. ¿Te puedo preguntar algo sin que te enojes?
-Seguro
-¿Cuántos días por semana tienen relaciones ustedes?-preguntó Harry como si fuera su psiquiatra.
-Bueno yo…-la chica se sonrojó completamente-nosotros nunca lo hicimos, Harry.
-¿Cómo que nunca?-preguntó Harry extrañado
-Y si… hace solo dos meses que salimos.
-¿Y que están esperando? ¿Una paloma mensajera?
-Este… Harry, querido, quiero que entiendas algo. En la vida real no todas las parejas se acuestan la noche en que se conocieron… de hecho son muy pocos. La gente que vive todo el día apurada y no tiene tiempo de darle su orden a una relación, son los que hacen lo que haces vos.
-¿Y que hago yo?
-Tenés cualquier pareja…
-Mentira-dijo Harry contradictorio
-¿Estas seguro? Mira, Harry… yo tengo diecinueve años, vos ya tenes veintitrés… a tu edad todavía no tuviste una relación seria. ¿No te das cuenta de que tu mente quiere ser joven para siempre?
-¿A que te referís?
-A que estas jugando. Tu corazón quiere estar con alguien firmemente, quiere disfrutar del placer de estar cerca de una persona que te quiera. Pero tu mente es muy joven y solo quiere divertirse, y entonces no obedece a tu corazón. Por eso es que para vos es tan extraño que yo todavía no me haya acostado con mi novio.
-No lo creo-dijo Harry mirando al cielo. Era obvio que dio en el ángulo. Y Harry sabía que la chica estaba en lo cierto. Y dolía estar equivocado
-Me parece que te diste cuenta de que te estoy hablando con la verdad. Por que si no, ¿Cuál te parece que sea la razón por la que nadie te invito para navidad?
Harry no habló. No tenia ni la menor idea de por que no lo habían invitado.
-Harry, entendé que tus amigos a tu edad, ya todos tienen novias fijas. Todos quieren pasar navidad con sus familias y sus novias. Ya pasó la edad en la que la pasaban con vos, Harry. Y lo peor es que ellos seguramente piensan que vos también queres estar con tu novia. Piensan que una de esas salidas de las que antes hacían, a vos no te interesa. Harry… vos y tus amigos no son familiares, los únicos que se reúnen para navidad son los familiares… la única forma para alguien como vos que no tiene familia, para pasar feliz la navidad, es buscando una mujer que te integre a la suya, le tenes que hacer caso a ese corazón.
Harry tragó tristemente y se levantó furioso. La chica lo imitó pero con miedo.
-¡Deja de inventar idioteces! No se para que me decís todas esas cosas… si no querías que pase navidad con vos me lo hubieras dicho directamente.
Harry saltó del techo a la calle y se fue corriendo hasta su casa. Sentía un odio terrible. Y encima era un odio que no podía justificar, por que la chica no le había mentido. Le había hablado con las palabras adecuadas, era una tesis perfecta del comportamiento de Harry. Claro, que este no quiso darle lugar a esa teoría. Para su mente estaba equivocada, pero cuando llegó a la puerta de su casa se dio cuenta de que le dolía terriblemente el pecho. Su mente estaba en el trabajo de elevar al máximo su ego, y su corazón sufría por esto.