← Harry Potter: Una serie de eventos desafortunados. · de
Harry Potter: Una serie de eventos desafortunados. — capítulo 19
Capitulo 19: La leyenda del hada y el mago.
El desorden alrededor era muy grande. Los jeans de Harry estaban sobre la bodega, los de Ginny sobre la mesa ratona. La camisa de Harry estaba hecha un bollo detrás del sillón, la blusita de Ginny colgaba del pomo de la puerta. Los zapatos de él se habían encajado en el librero, las botas de ella estaban a los pies del sillón. La ropa interior de ambos estaba desparramada en el piso. El único lugar que se había salvado de ser tocado por una prenda era la alfombra, que era donde ahora ellos estaban recostados y abrazados. Ambos jadeaban intensamente y no dejaban de mirar las estrellas a través el hechizado techo símil exterior.
Harry contemplaba un reloj MUGGLE que había ido a parar al mismo lugar donde reposaba una botella de cerveza. ¿Sólo veinte minutos? Mierda que estaba destruido por dentro. Pero era raro por que pensaba que había vuelto a ser el de antes. Antes duraba mucho más. Lo que pasa es que a él le parecieron horas. Si cada beso que le daba tendría que durar por lo mínimo tres minutos. En ese momento no pudo evitar pensar si a la chica le había satisfecho o no. Igualmente no quiso decir nada, era perfecto y no quería arruinar el momento. Ginny habló.
-¿Qué hora es?-a ella parecía preocuparle lo mismo.
-Las seis y tres minutos-dijo Harry. Podría haberle mentido. Después de todo Ginny no sabía leer un reloj MUGGLE.
-Mmm… ¿tenías que acomodar?
-Puedo venir mañana-en dos horas tenía que estar trabajando y no tenía la menor gana. Tampoco había dormido.
-¿Puedo venir a ayudarte mañana también?
Harry apoyó bruscamente la nuca en el piso. Su ego interno pegó un salto olímpico con garrocha. Si no le hubiese gustado no estaría tan ansiosa por repetirlo. Pero ese era el problema. Harry no podía repetirlo. Ya había engañado a su novia… eso no era nada, por que no lo unía ningún lazo, pero igualmente ahora sentía culpa por que Floppy le había levantado el animo en ciertos momentos. No podía seguir de novio con ella y andar haciendo el amor con la pelirroja todos los días… realmente seria algo feo que lastimaría a las dos. Tenía que optar por alguna. Obviamente sabía que a Ginny la amaba, sin embargo aun no estaba seguro cual de las dos era el camino a seguir para dejar de caer en las torturas de Rohan. Una de ellas convertiría su vida en una miseria y con la otra tendría un hijo que seria un genio.
-Ginny… te amo-le dijo Harry acariciando la espalda desnuda de la chica. Esta se sorprendió un poco-pero… estoy un poco confuso… tengo novia, no siento nada por ella, pero tengo que pensar un poco para no elegir mal.
-¿Con lo que acabamos de hacer te quedó alguna duda de quien vas a elegir? Vaya que estas confuso, amor.
Harry sonrió y la besó. Luego miró el reloj y vio que ya eran las seis y media. Se había dado cuanta que cuando no hacia el amor el tiempo trascurría más rápido. Igualmente era temprano. No quería dejar pasar la oportunidad. Los ojos de este se posaron en el cuerpo de la pelirroja.
-Emm… Ginny, yo quiero… te quería preguntar si…-una coloración carmín apareció en el rostro de Harry. Ginny lo inquirió con la mirada y luego se sorprendió al sentir como una parte del cuerpo de Harry rozaba su pierna. La chica se sonrió cómicamente al ver el rubor en la cara de Harry.
-¿Qué te pasa? ¿Ahora te avergüenzas?
-Tenía ganas de hacer… bueno ya sabes… de nuevo-Harry terminó en un susurro casi inaudible y un escalofrió le recorrió el cuerpo. La chica se mordió el labio con ternura y se le dilató el corazón de amor.
-Si a vos te parece… a mi me encantaría, además me ahorraría el venir mañana.
Harry le devolvió la sonrisa, ahora un poco más relajado, y forzó su abdomen para levantar su cuerpo y el de Ginny y así poder sentarse. Ambos se fundieron en un caluroso beso. El morocho aprisionó a la Weasley con sus manos como si fueran cadenas, y ella alcanzó a dar un suspiro de alivio antes de que el joven se volatilizara y, como si fuera espeso humo, llenara con su ser cada rincón del cuerpo de la chica.
Cuentan la historia de un mago
que un día en su bosque encantado lloró
porque a pesar de su magia
no había podido encontrar el amor.
La luna, su única amiga
le daba fuerzas para soportar
todo el dolor que sentía
por culpa de su tan larga soledad.
Harry estaba en el supermercado etiquetando los productos como a las ocho y media. Tenía los ojos en la nuca y todavía no había visto a su novia. Era necesario verla, para ver la reacción que haría su corazón y así podría decidirse. Tampoco había visto a su jefe y eso sí que era extraño, por que siempre solía ir a reprimir los errores de sus empleados por llegar tarde. Pero en fin, tuvo que seguir con su trabajo. Sintió cierto alivio… perecía magia pero las mujeres ya ni lo miraban. No sabía bien que había sido, pero le atribuyó el resultado a la preciosa noche con la pelirroja. Parecía que le había reparado todo el camino que antes era tortuoso y ahora era tan llano que daba miedo. De hecho Harry intentó seducir un par de mujeres, pero estas le hicieron caso omiso. Antes, lo mínimo que habrían hecho hubiera sido un intento de violación contra la voluntad del chico. Pero ahora, era como un hombre normal, como una persona normal, era solo Harry como le había dicho hacia mucho tiempo a Hagrid. De repente, al estar inmerso en estos pensamientos y no darse cuenta bien de lo que hacia, se le cayó un vidrio que estaba limpiando y se le partió en mil pedazos. Eso no era bueno. Realmente no era bueno. No alcanzó a ir a buscar la escoba cuando se enteró de que el jefe no había desaparecido. No, lo estaba llamando por el micrófono ese, y le decía “Harry Potter, se lo solicita en administración”. Esto no iba para bien.
Es que él sabía muy bien que en su existir
nunca debía salir de su destino.
Si alguien te tiene que hablar,
ya lo sabrás
sólo tendrás que saber reconocerlo.
-¡Potter!-le gritó el jefe en la cara- ¡no se quien te pienses que sos, pero yo soy tu jefe!
-Lo siento señor, pagaré el vidrio que rompí, no se preocupe, no volverá a suceder.
-Claro que no, ¿Cómo crees que va a suceder si voy a ascenderte?
El rostro de Harry se iluminó. No le podían estar saliendo tan bien las cosas. Había dado resultado, la maldición se había roto.
-¿En serio?
-¡No! ¡Estas despedido!-el corazón se le oprimió en el pecho al chico-Encima de que te vas casi por un mes, volvés y rompes todo y para colmos pensas que voy a ascenderte. Estas muy equivocado, conmigo no se juega. No me interesa que la cantidad de compradoras se haya incrementado mágicamente desde que llegaste, justo el día de hoy estoy muy furioso, y se me da la gana despedirte. Tal vez si hubieses llegado antes no te había echado, pero hoy estas fuera.
-Ehhh-Harry se desilusionó mucho-¿podría decirme por lo menos si Florencia, la encargada de la panadería vendrá hoy?
-No, renunció ayer. Veté, no quiero saber nada de vos.
Y Harry se fue. Que curioso todo eso. Se lamentó por la perdida del empleo, pero no le iba a ser difícil conseguir otro. Decidió ir al departamento a descansar un rato y después ver si encontraba a Floppy. Cuando llegó a este se frenó mirando su piso en el edificio con terror. Los bomberos estaban evacuando y calmando a la gente del lugar.
-¿Qué ha pasado?
-¡Que te parece! Se prendió fuego un piso completo.
-Si, ya veo, tenía mis cosas en ese cuarto.
-Lo lamento-dijo el bombero- Si hubieras llegado antes, tal vez no se hubiera incendiado. A lo mejor podes cobrar algo del seguro del hotel.
Le pareció que esta vez el mundo MUGGLE se había puesto en su contra… No tenía explicación, cuando se olvidaba del mundo mágico, seguramente un villano lo destruía, si se olvidaba del MUGGLE, también se destruía, no podía partirse en dos para poder controlar ambos.
Interrumpido su descanso fue al hotel donde vivía su novia. Golpeo la puerta y no atendía nadie. Se preocupó. Volvió a golpear y se escuchó que una voz femenina le respondía que estaba en camino. Cuando la puerta se abrió y la chica vio que era Harry, casi se la cierra en la cara si no fuese que este la detuvo.
-Perdoname, ya se que te dejé olvidada, pero lo siento mucho, estuve ocupado-la chica estaba llorando.
-¡Jugá todo lo que quieras conmigo! Ni siquiera llamaste. Andate no te quiero ver.
-¡No, espera! ¿No me dejás pasar para tomar algo, charlamos y después me decís si queres que vaya o no?
-No, ya no te quiero. Sos un sinvergüenza. A lo mejor… si hubieras llegado antes…
-Si, ya se, habríamos seguido de novios, ya se. Dejame hablar con vos, solo eso te pido.
La chica dejó la puerta entreabierta y corrió llorando a su interior. Harry la iba a abrir para entrar cuando un hombre lo detuvo. Era un tipo fornido, alto, de piel trigueña y grandes pectorales. Harry abrió la boca sorprendido.
-Escucha man ¿no la podes dejar tranquila a la chica? Te dijo que ya fuiste.
Harry sin cerrar la boca asintió. Que extraño todo eso. Era realmente raro, y ahora comenzó a pensar si acostarse con Ginny había sido una buena o una mala idea. No entendía como pero ahora, cualquier baldosa MUGGLE que pisaba, la destruía. Eso no era bueno y tenía que volver al mundo mágico. Después de todo en el de los MUGGLES no le quedaba nada.
Rápidamente llegó a la casa de Sirius. El mundo se detuvo por un rato cuando se sentó en el sillón recreando su mente con la noche anterior. No podía creer que fuera malo. No era culpa de eso que Harry ahora sufría. Tenía que ir a ver a Ginny, preguntarle que había pasado con ella. Necesitaba decirle que la amaba y no quería estar con nadie más que con ella.
Fue en una tarde que el mago
paseando en el bosque la vista cruzó
con la más dulce mirada
que en toda su vida jamás conoció.
Desde ese mismo momento
el hada y el mago quisieron estar
solos los dos en el bosque
amándose siempre y en todo lugar.
Salió rodando en su moto a una velocidad increíble. En el estereo de su moto… después de todo era mágica, miren si no va a tener un estereo, si hasta volaba, decía que en el estereo seguía sonando la canción:
Y el mal que siempre existió, no soportó
ver tanta felicidad entre dos seres.
Y con su odio atacó
hasta que el hada cayó
en ese sueño fatal de no sentir.
Sus pensamientos se perdieron con la música. Últimamente, su vida estaba hecha por canciones, todas se amoldaban a él sin saber por qué. Tal vez se perseguía un poco, pero no lograba escapar de ellas.
Como su mente estaba viajando no se dio cuenta y mientras iba por el puente de Londres hacia La Madriguera, pasó una Hilux y lo reventó. Fue tal el choque que la camioneta volcó. Ni hablar Harry con su moto, que fueron raspando el pavimento desde la mitad del puente hasta donde empieza. Cuando se frenaron, Harry estaba bien, tenía raspones, un brazo en mal estado, el pie doblado y un terrible dolor en las nalgas. La moto estaba reducida al estereo solamente. Se había hecho mil pedazos, tenía la delantera toda abollada, la rueda de adelante había quedado debajo de la camioneta, el gran chasis había quedado reducido a un débil cuadro, el motor estaba apoyado en el asiento y el caño de escape se enroscaba entre la rueda trasera. Harry cayó de rodillas al piso llorando. Era lo único que le quedaba de Sirius. La casa no podía contarla, era de los Black, pero esa moto… era todo de su padrino, el vestigio de que aun estaba vivo. No podía creer su mala suerte ese día. Con la ayuda de una grúa llevó la moto hasta de Sámmuel Cont, que era el único experto con maquinas MUGGLE-mágicas que conocía.
-Uff, Harry, lo lamento, esta hecha pedazos, no puedo armarla. Yo conocía a un tipo que podía reconstruir cosas mágicas de una mínima partícula dejándola completamente igual que antes.
-¿Y?
-Murió ayer.
-Ajjj, no me digas que si hubiera llegado antes la hubiese podido arreglar por que estoy arto de eso. ¿Podes por lo menos ponerle las partes más sanas a otra moto?
-Desde luego.
-Listo, gracias, la voy a venir a buscar en cuanto pueda.
-¡Harry! ¿No tendrías que ir al medico?
-No, estoy bien, tengo que hablar con alguien.
Llegó a la casa de la pelirroja hirviendo en furia. Ni siquiera golpeo la puerta de La Madriguera, directamente entró montado en cólera y se sentó en el sillón más cercano. Por suerte a esa hora Molly estaba haciendo las compras.
-¡Ginnyyyyyy!-gritó Harry furioso.
La pelirroja se encontraba durmiendo en esos momentos. Se despertó se vistió y bajó.
-Esperaba que vinieras, mi amor-la chica abrazó a Harry por detrás y ambos se besaron-¿Qué fue lo que pensaste?
-No lo se… he tenido un día horrible-a la joven no le cayó muy bien esto que Harry dijo-Me echaron del trabajo, se me prendió fuego el departamento, me dejó mi novia, mi moto se hizo trizas, tengo una terrible mala suerte y empezó a suceder exactamente después de acostarme contigo.
La Weasley se quedó muda. Estaba dolida, Harry no quería hacerle daño, solamente estaba amargado por su mala suerte, pero las palabras le entraron a Ginny en su cabecita de una forma mucho más dolorosa de lo que se le había ocurrido a Harry, le había lastimado el corazón.
-¿Y acaso crees que la culpa la tengo yo?-levantó el tono Ginny. Harry se dio cuenta de que había hablado de más y quiso calmarla pero no pudo-no, callate, dejame hablar a mi ahora. No se que problema hay pero si no te gustó, o si en verdad no me amas no hacia falta que hicieras ese escándalo-Harry ahora se enojo, pero igualmente se quedo reservado.
-No, Ginny ¿las mujeres siempre piensan igual? Vine con la intención de decirte que te amo y…
-Pues no lo parecía, me dijiste que no te gusta como hago el amor
-Yo no dije que no me gusta, dije que me empezaron a ocurrir desgracias después de hacerlo con vos-eso no sonó muy bien.
-Oh, por supuesto, es muy distinto, Harry por favor, andate de mi casa, no quiero verte más, me haces mal- el chico se dio cuenta de que la pelirroja hacia un gran esfuerzo por no romper en llanto.
-No, para, perdoname…
-No tenes perdón-y le cerró la puerta en la cara.
Harry golpeo la puerta con una mano en señal de impotencia y se sentó acongojado.
-El que diga que hoy no tengo mala suerte, se merece un cruciatus. ¡¿Cómo no me va a gustar como coje?!
No sabiendo que hacer y sintiendo los gemidos de dolor de Ginny, se encamino a pedirle ayuda a alguien. Pero a quien. Tal vez… a un amigo…
En su castillo pasaba
las noches el mago buscando el poder
que devolviera a su hada,
su amor, su mirada tan dulce de ayer.
Y no paró desde entonces
buscando la forma de recuperar
a la mujer que aquel día,
en medio del bosque por fin pudo amar.
Se paró frente a la puerta de una casa blanca apostada en el medio de una gran extensión de hierba. Al costado se veían los aros de un campo de Quidditch.
-Mierda… Ron tiene cancha propia, tengo que venir a jugar algún día-golpeo tres veces y escucho como se apresuraron a abrir. Era Hermione.
-¡Harry! Pensé que te iba a ver después de mucho tiempo ahora que sos MUGGLE-Hermione estaba muy bien. Al parecer Ron, de alguna manera, le había devuelto el alma al cuerpo.
-Tengo que hablar con Ron, Her. ¿Esta?
-Aja. ¡Ron, mi vida, es Harry baja, quiere hablar con vos!
-¡Ya voy!-se escucho la voz grave de Ron
Hermione le invito a Harry un poco de jugo de calabaza y de esas porquerías mágicas, pero Harry no consumía esas cosas.
-¿Qué queres? ¿Un Whisky? En esta casa no-dijo Hermione cortante.
-Yo creo que Ron va a necesitarlo-dijo Harry sentándose en el sillón tranquilo.
-¿Qué necesito?-Ron sonreía mientras se encaminaba hacia a Harry-¿Estas bien hermano?-ni Ron ni Hermione parecían notar los graves raspones de Harry
-Si, estoy bien. Necesito que se sienten los dos, que se calmen y que controles a Ron, Her-habló Harry
-¿Es grave? ¿Qué te pasó en la cara?-al fin Hermione se dio cuenta.
-No es muy grave pero necesito que me ayuden. ¿Recuerdan que ayer fue Ginny la que me llevó a mi casa?
-Si-dijeron ambos expectantes.
-Bueno, llegamos a mi casa, me ayudó a guardar la moto, tomamos unos alcoholes y… bueno, ya saben.
Ron y Hermione se miraron para comprobar si el otro pensaba lo mismo.
-Espera-dijo Ron que se estaba confundiendo y temblaba- ¿a que te referís con que ya sabemos? No sabemos nada.
-Yo te juro que no fue mi intención, Ron-se levantó gracioso hoy Harry
-¿Qué le hiciste a TU hermana? ¿No se si recordás que lo es?
-Eh… no estaba borracho, era el clima y la excitación de la pelea con Malfoy, y Ginny…
-¡No le eches la culpa! ¿Qué le hiciste a mi hermana? Decime antes de que te mate, traidor-Hermione frenaba a Ron tratando de que no matase a Harry.
-¡Ron, por favor, no te enojes! Solo nos acostamos un rato-Harry se puso a la defensiva.
-¡Se acostaron un rato! ¡Que descarado! ¡Con esa tranquilidad me lo venís a decir! ¡Andate de mi casa!-Ron no paraba de gritarle, pero sin embargo Hermione podía detenerlo con facilidad, el pelirrojo no parecía querer pegarle a su amigo.
Harry se levanto para irse.
-¿Qué haces? ¡Contame que hicieron! Ahora no te vas.
-Yo, bueno… nosotros…
-¡Habla de una vez! Más te vale que hayas metido el salame en un nylon por que si no te mato.
-¡La amo Ron, calmate, loco de mierda, que yo a tu hermana la amo!-estalló Harry ante la cara de asombro de Hermione y la cara de sorpresa de Ron.
-Vos la… ¿pero como?
-No te venía a hablar de la mejor noche de mi vida. No te vine a hablar de cómo hicimos el amor. Quiero que me ayudes con lo que me esta pasando ahora.
-¿Qué te pasa?-preguntó Hermione por que Ron no podía hablar. Estaba realmente mudo, no podía creer que al final Harry se hubiera enamorado de su hermana, y lo más feo es que nunca se lo dijo. No le caía bien la idea, pero tampoco lograba repudiar a Harry por seducir a su hermana, después de todo ella también estaba enamorada, o por lo menos cuando era niña. Ahora ¿Qué eran? ¿Cuñados o hermanos? ¿Iba a poder soportar a su amigo besando a su hermana al frente suyo? Harry se había enojado con él cuando se alió con Hermione, ahora por lo mínimo podría hacerse el enojado.
-Bueno…-empezó Harry- les digo rápido que yo en el mundo MUGGLE tenía un trabajo, un departamento y una chica. Hoy me levanto para ir, después de mucho a ver que había pasado con esa vida. Y ahora tengo la extraña sensación de tener mala suerte.
-¿Como?-preguntó Hermione
-¿Eso que tiene que ver con acostarte con mi hermana? ¿Acoso viniste a presumir? ¿Qué queres? ¿A mi esposa?
-¡Ya basta Ron, cállate!-Lo regaño Hermione. Ron se cayó y ocultó su cara como un perrito asustado.
-Tengo mala suerte. Cuando fui a trabajar se me rompió un vidrio, no un espejo, y mi jefe me despidió. Cuando fui al departamento, se había prendido fuego. Cuando fui de mi novia estaba con un tipo. Y lo peor es que… cuando iba a la casa de Ginny… choqué con la moto y la reventé. El pedazo más grande es del tamaño de un puño… era lo único que me quedaba de Sirius, no puedo haberla perdido-a Harry se le cayeron las lagrimas. Esto ablandó un poco a Ron. Hermione se sentó al lado de Harry y lo abrazó.
-Bueno Harry, se que es algo triste, pero tal vez eso de la mala suerte fue solo un momento. Tal vez es hoy solamente. Acuéstate y mañana más tranquilo venís a hablar
-¡Es que no puedo estar tranquilo! ¡Le eché la culpa de lo que me pasó a Ginny!
-¿Y por que hiciste eso?-preguntó Ron ya no tan blando
-Por que no lo pensé bien. Siento que mi mala suerte empezó después de estar con Ginny… como si fuera… una maldición.
-Mi hermana no hace esas cosas.
-¡Ya se que no fue ella!-le gritó Harry
-Pero estas diciendo que fue después de que lo hicieron
-Si, pero yo no creo que lo haya hecho ella. O por lo menos no de forma conciente. Tal vez sea yo. Tal vez sea Demian pero estoy confundido. Ya perdí todo lo que tenía de nuevo, no quiero perder a Ginny, si me pasa eso, no voy a poder vivir.
Ron y Hermione se quedaron un rato pensativos. No entendían muy bien, pero sabían que probablemente podrían hacer algo.
-Bien Harry, tranquilo-dijo Hermione, que había vuelto a tomar la pálida coloración que había perdido hacia poco-Ron va a hablar con Ginny y le va a explicar bien lo que te pasó. Pero antes tienes que ir al medico, ese brazo no se ve para nada bien.
Harry aceptó con la condición de que luego Ron hablara con Ginny. Este último no estaba muy seguro, no sabía si Harry era mejor o peor que Malfoy para su hermana, pero después de todo, ella ya era mayor y no podía seguir preocupándose por lo que hacía.
Y hoy sabe qué es el amor, y que tendrá
fuerzas para soportar aquel conjuro.
Sabe que un día verá su dulce hada llegar
y para siempre con él se quedará