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Historia 26529 — capítulo 3

Jack y Terra compartieron una de las frutas purpúreas y jugosas. El joven había aprendido su nombre: Apenn. Cuando la terminaron, la chica sonrió, se arrodilló y empezó a escarbar en el suelo; el chico y el ciervo, que nunca se apartaba demasiado, se limitaron a observar lo que hacía.

Terra metió en el agujero el hueso de la fruta, y luego lo enterró. Jack se preguntó qué estaba haciendo, sobretodo cuando la muchacha suspiró y cerró los ojos, apoyando las palmas de las manos sobre la tierra removida.

Entonces vio que, bajo esas mismas manos, la tierra brillaba.

Y la chica las apartó para dejar ver una planta que acababa de brotar y que parecía tener luz propia, una luz verdosa y pura. La planta empezó a crecer cada vez más deprisa, de su tronco nacían nuevas ramas, de las ramas hojas, flores, y frutas. Siguió creciendo más alta, más vigorosa, más hermosa, hasta convertirse en un joven árbol que ya empezaba a dar jugosas apenn.

Terra se levantó de nuevo. Jack, boquiabierto, no pudo despegar la mirada del espécimen, atónito por lo que acababa de ver.

La chica llamó su atención chasqueando los dedos, y el joven se obligó a volverse hacia ella, aún con la boca abierta. Terra portaba de nuevo su vara brillante y la corona de tallos; sonreía, y alzó una ceja mientras movía los labios.

“Preparado para ir a la aldea.”

La muchacha dijo que la aldea estaba a unas horas de marcha ligera. No se llevaron nada, sino que en seguida emprendieron el viaje con lo puesto; Terra era de nuevo la guía incansable y muda que llevaba al nuevo llegado hacia un lugar mejor.

Skoth aparecía y desaparecía entre los árboles. Evidentemente, no se alejaba mucho y siempre tenía a su protegida a la vista, pero a veces parecía preferir darle cierta intimidad. Jack se preguntaba si era normal que los protectores hicieran esas cosas.

  • Terra, ¿crees que yo también podré…ya sabes…hacer crecer árboles y eso? – Preguntó tras unos minutos.

La chica titubeó, pensativa.

“El poder con el que nací es el de la tierra. Comprendo y controlo las plantas, puedo causar temblores de tierra, matar un árbol o hacerlo crecer. Los que tienen el mismo don que yo pueden hacer eso…y no en la misma medida; este poder se ve complementado e incrementado por los poderes que tengo como Guardiana, entiendes.”

  • Creo…creo que sí.

“Hay muchos tipos de don. He deducido que tú tienes el don del aire.”

  • Pero…¿cómo? ¿De dónde salen esos dones? ¿Cómo funcionan?

“Es complicado. No creo que sea la más indicada para contártelo. En la aldea, el anciano Karnak descubrirá cuál es tu don, y buscará un maestro que te enseñará todo lo que debas saber.”

  • Por favor, Terra, inténtalo…

La muchacha sonrió, sin dejar de caminar. Parecía complacida por su insistencia y sus ganas de aprender.

“La magia es el don que básicamente abarca el control sobre los cinco elementos.”

  • ¿Cinco? ¿No eran cuatro?

“Hay teorías y teorías. En lo que todos coinciden es en que hay cuatro seguros: agua, fuego, tierra, aire. Pero hay un quinto elemento. Algunos los llaman Éter. Otros Amor. Otros Vida. Yo creo que se trata de la Energía, simple y pura.”

  • Entiendo.

“Los elementales, como lo era yo, y como lo eres tú, controlan una parte de la magia, un elemento, entiendes. Yo era una elemental terrestre porque controlo el elemento de la tierra. Tú tal vez eres un elemental aéreo porque controlas el aire. Están también los elementales acuáticos, y los pirotécnicos.”

  • Creo que lo comprendo. Es…extraño.

“Te acostumbrarás.”

Terra sonrió con dulzura, lanzándole una mirada encantadora. Jack sintió que se derretía, y no pudo evitar responder con una media sonrisa tímida.

De pronto, la chica se detuvo. El joven miró a su alrededor, sorprendido, y dio con una sombra que se acercaba.

Un lobo.

Dio un paso atrás, pero volvió a avanzar para coger del brazo a Terra y atraerla hacia sí, como si quisiera protegerla. Pero el animal, un lobo negro y gris, se sentó a los pies de un árbol sin aparente interés en atacarles.

La muchacha agachó la cabeza, como si lo saludara. Skoth apareció por entre la maleza y se reunió con la otra criatura.

Terra alzó la mirada hacia la copa del árbol. Jack la siguió, y entonces lo vio.

Había un chico entre las ramas. Estaba sumido en las sombras, de modo que sólo se veía su silueta delgada cubierta con una túnica, su cabellera lisa y sus ojos, brillantes y rasgados de mirada profunda.

Durante unos segundos, Terra y el desconocido se miraron fijamente, como si hablaran entre ellos. Otra vez, Jack se sintió fuera de lugar, y quiso salir corriendo de allí, molesto. Pero inmediatamente el joven del árbol bajó de un salto, se puso junto a él y, penetrándolo con su mirada de color castaño claro, le tendió una mano a modo de saludo.

  • Encantado. – Dijo con una voz suave y seria. – Soy Denzel, un amigo de Terra.

  • Ah…er…Sí, encantado. – Respondió el otro, aceptando su mano. – Yo soy…

  • Jack, un nuevo llegado. Lo sé, Terra me lo ha dicho.

  • ¿T…Terra?

  • No te preocupes, luego lo sabrás todo. Ah, te presento a Skoll, mi protector. – Señaló al lobo con un movimiento de cabeza. – Es de los que no ladran nunca y muerden cuando menos te lo esperas.

La chica chasqueó la lengua y le dio con el bastón en la cabeza. Luego le sonrió a Jack.

“No le hagas caso. Como siempre está igual de serio nunca sabes cuándo bromea. Skoll es un encanto de criatura, y no le haría daño a nadie excepto si es un peligro para Denzel. Y si tiene que comer, claro, al fin y al cabo es carnívoro.”

No sabía si eso disminuía su temor o no.

  • Vais a la aldea, ¿no? – Preguntó el chico.

  • Sí. – Respondió Jack.

  • ¡Bien! Os acompañaré.

Por algún motivo, el desconocido no le acababa de caer bien. Tal vez fuera esa extraña forma de bromear, o esa actitud metomentodo. Sea como fuere, se vieron los tres siguiendo con el camino, con Skoth y Skoll apareciendo y desapareciendo, siempre cerca, atentos.

  • Terra, ¿te importa si hablo en voz alta? – Preguntaba Denzel. – Me cuesta emitir mensajes, ya sabes. Gracias. Bueno, hacía días que no venías por la aldea; te echo de menos, ¿sabes? El maestro está empeñado en que aún tengo que mejorar mucho, tú eres la única que dice que lo hago bien. Oh. – De pronto se volvió hacia Jack, que los seguía un poco cabizbajo, nervioso. – Oye, ¿te molesta que hable en voz alta?

  • No…claro que no. – Respondió él, dudando.

  • Sabes cómo va lo de los mensajes, ¿no?

Jack titubeó. No estaba seguro de saber de lo que le hablaban; Terra respondió por él, chasqueando la lengua para llamar su atención.

“Es lo que te expliqué el primer día. Los pensamientos. En realidad no se trata de pensamientos, sino de mensajes. Es complicado. Tu maestro te lo explicará, por ahora sólo piensa que se trata de lo mismo.”

  • ¿Estáis…hablando? – Preguntó él.

“Me habla con la voz, yo le respondo con mensajes mentales. Al fin y al cabo, no puedo hacer gran cosa más.”

  • Entiendo.

  • ¿Entonces te molesta? – Repitió Denzel.

  • No, claro.

  • Vale. Como te decía, Terra…¿Dónde me quedé?

La chica negó con la cabeza, suspirando pero sonriendo, y siguió andando. Denzel también sonrió, de forma apenas perceptible.

  • Eh, Jack. – Dijo.

  • ¿Mm?

  • ¿A qué es encantadora?

El joven sintió como una punzada en el estómago. Se preguntó a qué venía eso, y también se dio cuenta de que no se había parado a pensar en Terra.

  • Sí, supongo.

  • ¿Supones? ¡Venga ya! Ojalá no fuera Guardiana, eso pondría las cosas más fáciles para todos.

  • ¿Por qué?

Ambos chicos empezaron a caminar, ahora el uno junto al otro.

  • Como Guardiana, tiene que estar siempre de aquí para allá, protegiendo el bosque. – Explicó Denzel, muy serio. – Teóricamente vive en su santuario…

  • ¿Esa casa es un santuario?

  • Bueno, es el sitio donde viven todas las Guardianas; cambia dependiendo de sus necesidades.

  • Oh.

  • Pero casi no pasa tiempo allí. Tal vez pasa algunos días tranquila, pero el bosque es muy grande y está rodeado de humanos que quieren talarlo o cazar en él. Su misión es evitar todo eso, y por ello casi siempre está de un lado para otro, trabajando. Si no fuera así, podría establecerse en la aldea y vivir como una elemental terrestre normal. A veces odio a esa maldita Enra por convertirla en Guardiana.

  • ¿Enra?

  • Su predecesora, la cierva. No llegué a conocerla, pero sé que escogió a Terra como sucesora y por eso ahora no puede estar tranquila.

Jack asintió. Todavía no entendía muy bien todo lo relacionado con la chica, pero con lo poco que sabía ya estaba de acuerdo con Denzel.

  • Es normal que no comprendas mucho, claro. –Dijo el joven, sorprendiéndolo. – Cuando llegué aquí, hace ya tres años, Terra me recogió igual que te ha recogido a ti, pero tardé varios meses en entender lo que la rodea. No te preocupes por eso: si intentas comprenderlo todo a la vez, te colapsarás. Tienes tiempo, así que no tengas prisa.

  • ¿Lees la mente, o algo así?

  • Claro. No, en realidad no, pero todos pensamos lo mismo cuando llevamos unos días aquí, y todos nos estresamos igual.

Pasaron un minuto en silencio, sólo siguiendo a Terra, que caminaba unos pasos por delante, aparentemente sin seguir la conversación; en realidad, oía todo lo que estaban diciendo, sin intervenir.

  • ¿Tú…también te recogió ella? – Preguntó Jack con timidez.

  • Sí. Yo tenía dieciocho años, y Terra aún tenía quince. No di muestras de poderes raros hasta que, el día de mi cumpleaños,…Bueno, es difícil de explicar. Sufrí una especie de fiebre alta, y cuando me recuperé fue como un estallido de vida: en mi habitación empezaron a crecer plantas sin control. Te imaginarás el susto que se llevó mi familia, y lo que pasó después.

  • Sí, me imagino.

  • Como no tenía adonde ir…Pues me vine aquí. Soy un terrestre, así que la naturaleza me llama mucho la atención. Este es el bosque más grande y más cercano del pueblo donde nací, así que vine, y Terra me encontró. Sentí que algo me llevaba a seguirla. Quizá su sonrisa, su aspecto, tal vez sea que también es una terrestre, o quizá es otro de los poderes que tiene como Guardiana. Sea como fuere, me llevó al santuario y me explicó…lo mismo que a ti, supongo. Un par de semanas después acepté mi poder, y unos días más tarde le dije que me trajera a la aldea para aprender.

Jack recordó que Terra le había dicho que la mayoría tardaban mucho en aceptar sus dones, y un poco más en decidir aprender a controlarlo. Se sintió orgulloso de haber sido más rápido, aunque se preguntó si eso era bueno; al fin y al cabo, con ir deprisa había sacado pasar indudablemente menos tiempo con ella.

Se preguntó si debería importarle. Sentía que no quería dejar de ver a Terra, quería seguir a su lado; no creía que fuera bueno, al fin y al cabo no la conocía de nada.

  • ¿Terra ha recogido a muchos nuevos llegados? – Preguntó, mirando la espalda de la joven, que caminaba frente a ellos con elegancia.

  • La verdad es que no. Hace unos…cuatro o cinco años que se convirtió en Guardiana. En este tiempo sólo ha recogido a doce o trece. Estamos en una mala racha: casi todos los que nacen allí fuera con dones…mueren. Son cada vez menos los que logran escapar y llegar aquí.

Silencio. Denzel le dirigió una mirada a Jack, y luego sonrió, alzando una ceja, burlón.

  • Te revienta que haya otros, ¿verdad? – Preguntó, divertido.

El joven sintió un escalofrío. Se sorprendió al notar que sus mejillas se encendían de vergüenza.

  • ¡Claro que no! – Respondió, azorado.

  • ¡Claro que sí! Te repatea no ser el único que Terra ha recogido, porque que haya recogido a otros significa que otros habrán dormido con ella, habrán comido con ella, paseado con ella y hablado con ella. Tranquilo, machote, también esto es normal. Ahora mismo, Terra es tu salvadora, y la quieres sólo para ti. A la mayoría se les pasa con unas semanas bajo el duro mandato de un maestro estricto.

  • ¡No es cierto! Vale, le estoy agradecido y esas cosas, ¡pero yo no…! – Resopló, frustrado. – No la quiero para mí.

  • Lo has dicho muy bajito para ser cierto.

  • ¡Es la verdad! ¡Ni siquiera la conozco! ¿Cómo voy a encapricharme de una chica a la que no conozco, dime?

  • Bueno, bueno, lo que tú digas.

La sonrisa de Denzel dejaba muy claro que le daba la razón para no discutir más, pero sus opiniones seguían siendo las mismas.

  • Has dicho “a la mayoría se les pasa”. – Dijo Jack de pronto. – No te has incluido.

  • ¿En serio? – Respondió el terrestre, sin mucho interés.

  • ¿Qué, te gusta?

  • Sí.

Jack se sorprendió. Aunque era algo que le había parecido, no esperaba una respuesta tan simple ni tan sincera; se preguntó si sería una broma.

  • Y…¿ella lo sabe? – Preguntó, dudando.

  • Oh, sí.

  • Y…¿nada?

  • Tampoco quiero nada. Mira…¿cuántos crees que han amado a una Guardiana?

  • Pues…no sé…¿Muchos?

  • Muchísimos. ¿Pero sabrías decirme cuántas Guardianas se han emparejado?

El otro titubeó. Miró a Terra, tan elegante, tan pura,…Y no supo imaginársela con una pareja.

  • Ninguna. – Respondió finalmente, en voz baja.

  • Exacto, ninguna. ¿Sabes por qué? Porque una Guardiana no es una hembra capaz de permanecer junto a su pareja siempre, ¿entiendes? Tiene una misión importante: proteger este bosque. Desaparecerá sin avisar, durante días tal vez, sin dar explicaciones, sin decir nada, porque su bosque es mucho más importante que su esposo. Y él se quedará en casa, sufriendo por si volverá viva esta vez. Yo quiero mucho a Terra, pero…Aunque ella me correspondiera, ¿sabes?, no podríamos estar juntos. No estoy dispuesto a pasar por todo eso, ¿entiendes?

Jack asintió con la cabeza, comprendiendo su situación. Se sorprendió a sí mismo intentando imaginarse en casa de Terra, esperando su regreso ansiosamente, deseando verla otra vez y asegurarse de que está bien.

Tampoco podría vivir de esa forma.

Observó la espalda de su guía, sus andares calmados y llenos de elegancia.

  • Debe ser muy duro para ellas también, ¿no? – Preguntó. – En su vida deben llegar a amar a alguien,…y no pueden estar con esa persona, por eso mismo.

  • Tal vez, pero supongo que les importa menos. – Respondió Denzel, encogiéndose de hombros.

  • ¿Por qué?

  • En primer lugar, porque cuando se convierten en lo que son dejan de lado su corazón; pueden ignorar lo que sienten, sea lo que sea, para volcarse completamente en su bosque. Y en segundo lugar porque tienen menos tiempo para “sufrir por amor”.

Al joven de ojos azules le dio un escalofrío. No estaba seguro de querer una explicación sobre eso; aún así…

  • ¿A qué te refieres?

  • Las Guardianas viven menos que los demás de su especie.

Sufrió un escalofrío.

  • ¿Por…qué? – Murmuró.

  • ¿Por qué? No está del todo claro. Se supone que es por el poder que tienen, demasiado grande para permitirles una vida larga, como si fueran una botella demasiado llena, a presión, que se rompe antes. Pero también puede que mueran…se suiciden…para entregar su poder a la siguiente Guardiana. Es algo que sólo saben ellas y no le confían a nadie.

Jack se mordió el labio inferior con un nuevo escalofrío, y miró a Terra con más fijeza que nunca, como si buscara en su larga melena castaña la respuesta.

  • ¿Se…suicidan?

De pronto, la muchacha se detuvo y dio unos golpecitos en el suelo con el bastón. Volvió la cabeza para mirarlos; sus ojos brillaban de un modo extraño, pero sonreía como siempre.

De algún modo, Jack supo que los había estado escuchando, que había oído toda su conversación, y se sintió culpable por hablar de ella a sus espaldas.

Denzel avanzó hacia Terra. Estaban en lo alto de una colina; el joven no recordaba haber subido hasta allí. Sea como fuere, también se aproximó, y miró ladera abajo.

  • Hemos llegado. – Dijo el otro, con una media sonrisa.

Al final se veía la aldea.