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Historia 26688 — capítulo 7
Capitulo 7. Lecciones de Conquista I
-¡Vamos! ¡Apresúrate!
-¡Aun no me has dicho lo que haremos! ¡Ni por que corremos! –protestaba la castaña mientras era arrastrada escaleras abajo por la pelirroja.
-¡Ya te lo dije! Tenemos cosas que hacer...
-¡Buenos días niñas! –saludó alegremente la señora Granger. Estaba junto a la puerta de la entrada, colocándose la chaqueta con una mano, al tiempo que cerraba su bolso y sacaba las llaves con la otra.
-¡Buenos días, mamá! ¿Por qué tan deprisa?- preguntó extrañada su hija.
-Tu padre y yo tenemos una cita con unos pacientes dentro de veinte minutos, y no creo que nos de el tiempo para llegar al consultorio... ¡¡¡David!!!- vociferó.
-Ya voy, ya voy...-contestó el hombre de cabello castaño bajando rápidamente las escaleras con unas batas blancas en mano.
-¿Llevas las planillas que acordamos?-preguntó su esposa. El hombre asintió arreglándose la corbata.- Pues, podemos irnos...-dijo abriendo la puerta.
-¡Hasta luego, chicas!-se despidió el hombre saliendo apresuradamente hacia el garaje.
-Bien... batas, guantes, bolso, chaqueta, planillas... lo tengo todo.-confirmaba la mujer metiendo las cosas en su bolso.- ¡Nos vemos en la cena, entonces! ¿Podrán arreglárselas sin nosotros?
-Por supuesto...-su madre no parecía muy convencida.-No te preocupes, estaremos bien...-agregó para tranquilizarla.
-¡Pero si estoy segurísima de que estarán bien! Lo que me preocupa es si la casa se mantendrá en pie cuando regresemos...
-Confié en nosotras, señora Granger... Cuando regrese todo estará en su lugar...-dijo Ginny con su carita de ángel.
-Esta bien.-dijo tratando de autoconvencerse la mujer.-El desayuno esta sobre la mesa. Hay comida en el refrigerador, solo necesitan calentarla en el microondas y...
-¡Ya vete mamá!-apuró su hija, al escuchar como su padre tocaba la bocina del auto.
-Si, si... ¡Un momento! ¿Donde están mis llaves?
-¿No son esas que tiene en la mano, señora?-preguntó Ginny.
-Ah, si... es cierto.-contestó levemente ruborizada la mujer.- Ya me voy...-dijo cerrando la puerta.
-Uno, dos...-contaba la castaña.- tres...- la puerta se abrió nuevamente.
-¡Olvide mi celular!-dijo la mujer que acababa de salir por la puerta. Tomó el aparato de la mesita de la entrada.-Ahora si me voy...-y salio de nuevo.
-¿Cómo sabias que volvería?-preguntó asombrada la pelirroja, mientras caminaban hasta el comedor.
-Digamos que no heredé la organización de mi madre precisamente...
-Ohh...
-¿Me vas a decir lo que tienes planeado?
-Mmm... no. Mejor desayunamos primero y luego comenzamos.
-¿Comenzar el qué?-preguntó mientras se servia un poco de cereal en su plato.
-¿Cómo que el qué? ¡Tu transformación!-contestó con poniendo cara de “obviooo” a la vez que se servia leche.
-¿Y cómo lo haremos?
-Ya lo sabrás... ahora sólo desayuna.
-Pero...
-Creeme, necesitarás fuerzas...-la cortó Ginny con una sonrisa que no auguraba nada bueno...
En la Madriguera
-¿Ya están listos?-preguntaba Fred entrando a la habitación que compartían Harry y Ron.
-Si, solo nos despedimos de mamá y nos vamos...-contestó su hermano, mientras el ojiverde cerraba los baúles.
-¡Perfecto! Vamos...-dijo y salió de la habitación seguido de los dos chicos.
Bajaron las escaleras y enseguida se toparon con un inconfundible olor a huevos revueltos con tocino y a jugo de naranja recién hechos que salía de la cocina. Estaba claro que no eran los únicos que habían madrugado esa mañana.
-Mamá...
-¡Hola chicos! Que bueno que ya están despiertos, les preparé el desayuno...-saludó dándoles abrazos de mamá osa que no ha visto a sus cachorros en meses.
-Ehh... Bueno, no creo que podamos desayunar hoy...-contestó Ron.
-¿No van a desayunar? ¿Por qué? ¿Acaso no tienen hambre?-preguntó examinando a sus hijos como si estuvieran incubando un virus.
-No es eso. Lo que pasa es que tenemos que irnos...
-Si, de hecho... Se nos hace tarde para abrir la tienda.-dijo George levantándose de la mesa en donde había estado tomando una taza de café y hojeando El Profeta sin mucho interés.
-No entiendo... ¿Y por qué llevan sus baúles?- preguntó a Ron y a Harry.
-¿No le has dicho?-preguntó Fred a su hermano menor.-¡Se suponía que lo harías!-dijo cuando el chico negó con la cabeza.
-¿Decirme el qué?- La mujer estaba cada vez más confundida.
-Harry-y-yo-hemos-decidido-pasar-el-resto-de-las-vacaciones-trabajando-en-“Sortilegios-Weasley” - Ron había dicho todo esto de carretilla, luego cerró los ojos, preparándose para la explosión que sabía se avecinaba.
-¿QUE HAN DECIDIDO QUE?
-Eso mismo... Nos ayudaran, y de paso nos harán compañía. -Mintió Fred.
-No creo que sea una buena idea.-dijo poniendo los brazos en jarra.
-Mamá, ya tenemos casi diecisiete... Sabemos lo que es correcto y lo que no. ¡¡¡No puedes estar todo el tiempo pendiente a lo que hacemos o dejemos de hacer!!!-explotó Ron, haciendo que todos, incluidos los gemelos se sorprendieran.
-Así que ya son grandes, ¿eh?-preguntó la mujer levantando una ceja ante lo que había dicho su hijo. -Bueno, pues si eso es lo que quieren... Está bien.-accedió de repente haciendo algo nunca antes visto: se sentó en la silla más cercana y tomando una revista se puso a hojearla.
-¿Qué?
-Que estoy de acuerdo... Ya son casi mayores de edad y deben tomar sus propias decisiones...-se sirvió chocolate caliente y subió los pies en otra silla.
-¿Mamá? ¿Estas enferma?-preguntó George, acercándose a la mujer para tentar su frente.
-¡Claro que no!-dijo apartando la mano de su cara.- Es solo que Ronald acaba de hacerme saber que ya no me necesitan más...
-Mamá... no quise decir eso, lo que quise decir es...-trató de rectificar el pelirrojo, a sabiendas que el que lo llamara Ronald no era una buena señal.
-No, está bien.-lo cortó su madre.-Capté el mensaje. Será mejor que se vayan si no quieren llegar tarde. ¡Diviértanse! –les deseó colocándose las gafas y empezando a leer.
-Ya la escucharon, vámonos antes de que cambie de opinión.-susurró George empujando a los demás hacia el jardín.
-Pero...
-¿Qué? ¿Te quieres quedar?
-No, pero tampoco quiero que se quede enojada conmigo...-contestó Ron arrepentido.
-¡Pero si no esta enojada! Incluso nos dijo que nos divirtiéramos en vez de “cuidense” o “no hagan travesuras”-comentó Harry.
-No la conoces tanto como yo... está enojada, y mucho...
-No te preocupes, ya se le pasará...-trató de tranquilizarlo Fred.
-Apuesto a que cuando volvamos a verla estará tan inflexible como antes...-completó George son con una sonrisa.
-Si ustedes lo dicen...¡Wao! ¿Ese es su auto?-preguntó asombrado, olvidándose de todo en un microsegundo.
-Si, lo es... ¿Les gusta?-preguntó con orgullo Fred, al tiempo que daba la vuelta a un Ferrari ultimo modelo convertible, de color rojo.
-¿Gustarme? ¡Es lo mejor que he visto en mi vida!-comentó entusiasmado Harry.
-¿Puedo conducirlo?
-Ni lo sueñes hermanito...-dijo George colocándose al volante, mientras su gemelo minimizaba los baúles.
-Pero dijiste que me dejarías...-suplicó el menor de los pelirrojos.
-¡Es cierto!-corroboró su amigo, con la esperanza de que lo dejaran a el también.
-Si, dijimos que lo haríamos, pero no cuando...-respondió inteligentemente Fred.-Ahora móntense y abrochasen los cinturones.
-Y si...
-¿Vienen o se quedan?-lo cortó George, encendiendo el motor.
-Esta bien...-contestaron los chicos resignados, haciendo lo que les decian.
-¿Qué tan rápido es?-preguntó pelo-azabache.
-Eh... Solo digamos que muy rápido.-contestó George guiñándoles un ojo a la vez que ponía en marcha el auto .
Fred presionó un botón azul que estaba en el tablero y de repente el todo, incluidos ellos, se volvieron invisibles. Luego su gemelo movió una palanca y el coche se elevó en el aire y comenzó a volar a una velocidad inaudita.
-¿Esto responde a tu pregunta?-dijo dirigiéndose a Harry.
-Mmm... creo que sí.-contestó agarrándose fuerte del asiento para evitar caerse con las vueltas que estaban dando.
Mientras...las chicas...
-¿Qué haga QUE?
-Lo que escuchaste...
-¿Y como se supone que caminaré con un montón de libros en la cabeza?-la castaña no daba crédito a sus oídos.- ¿Y si se caen?
-¡El objetivo es que los mantengas nivelados para que no se caigan!
-¡Ellos no nos han hecho nada para que los tratemos así! ¡Como si fueran objetos comunes y corrientes! ¡Sería un pecado, una ofensa, un insulto a la enseñanza!- la chica estaba tan alterada ante la idea de que los libros tocaran el piso... que parecía como si estuvieran insultando a un miembro de su familia...
-Hay... ¡no es para tanto! Si te concentras en lo que haces no pasará nada...
-¡Pero aún no sé que en que me ayudará esto!
-Bien, eso te ayudará a mantener una postura correcta al caminar...
-¿Y que tiene que ver mi postura con conquistar a tu hermano?
-¡Muchísimo!
-No entiendo...-se negó a captar la chica, cruzándose de brazos.
-A ver...-la pelirroja se armó de paciencia, como dispuesta a hacerle entender a un niño por qué uno mas uno es igual a dos.-Cuando un chico camina hacia ti, ¿que es lo primero que le ves?
-¿La cara?
-Bueno, si... pero no. También te fijas en su porte, la forma en que se mueve, el aura que desprende al caminar...
-¿Todo eso lo notas en unos segundos?
-Bueno, no tanto así... pero es algo que percibes de una forma u otra. Tus movimientos muestran la clase de personalidad que tienes.
-¿En serio?
-¡Claro! Entonces, partiendo de ese hecho, debes aprender a caminar con soltura, ligereza, confianza y seguridad. Eso dará una buena impresión de ti. Ahora quiero que tomes estos libros y hagas lo que te digo... –la chica no se movió ni un milímetro de su lugar a la entrada del despacho de su padre.-Vamos, ¡sólo inténtalo!
Habían arrimado todos los muebles a una pared, para de esa manera dejar el centro de la habitación libre para poder moverse a su antojo. La alfombra roja que comenzaba en la puerta y terminaba en el escritorio, daba la idea de una autentica pasarela. Ideal para lo que estaban haciendo.
Aun no del todo contenta con la idea, Hermione empezó a caminar de un lado para otro, con dos libros del tamaño de enciclopedias en la cabeza. Le costaba mantener el equilibrio, y cada dos por tres se caían al suelo, haciéndola rezongar.
-¡Mantén los hombros erguidos!
-¡Eso estoy tratando de hacer!-contestó enderezándose lo mas que podía.
-Creo que será mejor empezar con un solo libro, cuando lo domines, le pondremos un poco de dificultad...
-¿Más dificultad? Jajaja... como si se pudiera...-y con una sonrisa irónica siguió con lo que estaba haciendo.
-¡Cabeza en alto! ¡Si miras hacia abajo, se te caerán!- le reprochó la pelirroja, justo en el momento en que los volúmenes se desparramaban otra vez. Su amiga los recogió y empezó todo de nuevo, concentrándose en memorizar las sugerencias que le daba Ginny. Al cabo de media hora y de cuatrocientas cincuenta y dos agachadas al piso, la castaña se rindió:
-Esto no va a funcionar...
-Si que lo hará, solo necesitas practicar...-la animó la pelirroja sentándose a su lado en el piso.
-Lo dices como si fuera tan fácil... ¡Quiero ver que lo intentes! ¡Es imposible!
-¡No lo es! Mira y aprende:
La chica se levantó y comenzó a caminar cumpliendo todos los requisitos, sin ningún problema... es mas, le era tan natural que parecía como si lo hubiera hecho toda su vida. Daba vueltas alrededor de la boquiabierta castaña, que no podía creer lo sencillo que se era todo. Se puso un libro, luego dos, tres, e incluso cuatro, y no perdió el equilibrio ni por un instante.
-¿Ves?
-Increíble... ¿Cómo lo haces?
-No lo se... creo que siempre lo he hecho así...-contestó sin darle mucha importancia.-Ahora, hazlo tú...
-Está bien.-se paró de donde estaba recostada, tomo nuevamente un libro y empezó todo el procedimiento por milésima vez, mientras pensaba: “Vamos, si Gin lo hizo...¿Por qué no podré hacerlo yo también?” Y justo al cabo de diez minutos ya había dominado la técnica.
-¡Perfecto!-la felicitó la pelirroja.-Ahora ponte estos tacones y haz lo mismo...-le dijo tendiéndole un par de zapatillas, que había sacado de que se yo que parte.
-¿Qué?-contestó la chica, al tiempo que una sonrisa creada segundos atrás desaparecía de su rostro sin dejar rastro.
-¡Que camines con ellos!
-Seguro que hoy me rompo una pierna con esto...-suspiró tomando unas zapatillas plateadas con tacón de aguja, que a mi entender, podian sacarle un ojo a una gente.
-No... ¡Que va! Si son inofensivas...-contestó Ginny.
-Si tú lo dices...-se sentó en una silla para calzárselas.
-Apúrate, que aun nos quedan muchas cosas por hacer...-Hermione levantó la cabeza con los ojos como platos.
-¿Mas cosas? ¡Pero si me duelen tanto las piernas que dudo pueda moverme hasta dentro de dos días! ¡Mínimo!-exclamó.
-Si, pero aun nos faltan tres series de treinta abdominales, media hora en ese aparato raro que esta en la habitación de tu mamá que hace que camines y corras en un mismo sitio...
-¿La caminadora?
-Ah... si, ¡eso mismo! La encuentro muy util para nuestro plan... En fin, otra media hora en la bicicleta...
-Sabes... estoy comenzando a pensar que quieres matarme...
-Y después un intensivo de combinación de ropa, y si nos da el tiempo, tambien de maquillaje...-terminó obviando el comentario anterior.
-¿De qué?
-Maquillaje...
-¿Y eso se come con...?
-¿No sabes lo que es?-ahora quien no daba crédito a sus oídos era la pelirroja.
-Bueno, me suena...
-Oh, por Dios... Creo que no debí meterme dejarme convencer para esto...-dijo sentándose junto a su amiga.
-¡No digas eso! ¡Mira lo que has logrado en un solo día!- se levantó y caminó por toda la habitación, no perfectamente como lo había hecho Ginny, pero si con grandes avances. Y si se tomaba en cuenta que lo hacia con tacones de ocho centímetros, era todo un logro. Dio un tras pies justo cuando se iba a sentar, pero esto no quitó la sonrisa de satisfacción del rostro de su amiga.- ¿Te das cuenta? ¡Nunca lo hubiera hecho sin ti!
-Bueno, no es para tanto... Solo te ayude, pero lo has hecho tu sola...-se levantó y caminó hasta la puerta con mucho mas animo.
-¿A dónde vas?-preguntó la castaña imitando a su amiga y poniéndose de pie.
-A la cocina.-ante la mirada de desconcierto de la otra, agregó:-Es que ser tu entrenadora personal da hambre...
-¡Pero si acabamos de desayunar!
-Si, hace dos horas... ¡ya es tiempo de la merienda!-y con una sonrisa salió de la habitación dejando a la otra practicando otra vez.
Hola!!!
¿Como están? ¡Espero que muy bien! Aquí les dejo otro capi más de la historia... y como seguro se dieron cuenta por el titulo, tendrá por lo menos, una segunda parte. Porque estas transformaciones no me cabían en uno solo... Ya estamos más cerca del gran final, así que espero que les este gustando como va quedando. Y si no, ¡háganmelo saber!
Bueno, cambiando de tema... ¡Estoy feliz como una lombriz!
Seguro se preguntaran el por qué de mi felicidad... ¿No lo quieren saber? Aish... Total, que se los diré de todas formas... ¡Es porque ya salí de mis exámenes del cole! (No me pregunten por las calificaciones). Aunque también debe ser por el hecho de haber sobrepasado los 50 reviews!!! Mmm... Pensándolo bien, creo que es por eso.
Nueva meta a superar: ¡100! No pido mucho, ¿verdad? :P
Y ya para terminar... ¡gracias de nuevo por seguir el fic! ¡Cuídense mucho, y nos leemos pronto! ¡Los quiero! !Besos de chocolate para todos! ¡Bye!
Lu