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Historia 26948 — capítulo 6

Capitulo 6- Unas Navidades muy, pero muy interesantes

Regulus ya había tenido varias sesiones de entrenamiento en el ámbito slytheriano; había aprendido a empujar a los chicos de otras casas de la manera adecuada (aunque después se sintiese horrible), ahora insultaba a los contrarios antes y después de un partido y se había vacunado contra la culpa de llamar a alguien ‘sangre sucia’. ¡Hasta miraba altivamente a los profesores!

Cuando Diciembre llegó, todo el profesorado y alumnado suspiró de alivio. Las vacaciones de invierno se aproximaban finalmente. Sirius se iría a casa de James, Remus y Peter se irían con sus padres y Snape se quedaría en el colegio, lejos de la mala situación familiar que se rumoreaba tenía. En cuanto a Regulus y Parkinson, ambos volverían con su familia.

El tren partió en un día nublado, con copos de nieve adornando el techo del tren escarlata. Una horda de estudiantes subió al tren a punto de partir. Regulus buscó a Parkinson (quien estaba haciendo gala de su lambisconería ante Malfoy) y se sentaron juntos en un compartimiento vacío. Regulus había llevado consigo ‘el Buen Slytherin’, pero no pensaba compartirlo con su compañero.

El trayecto duró unas cuatro horas, porque muchos de los chicos eran vecinos en la misma ciudad. Cuando el tren paró en la ciudad mágica de Godric’s Hollow, Regulus pudo ver a su hermano y a James bajando junto con otro puñado de estudiantes. Después anduvieron por Surrey, un área conocida por la cantidad de magos nacidos de muggles que había allí. Entonces fue cuando vio a una muchacha pelirroja, y también cuando vio que al frente suyo había un compartimiento con muchos slytherins que se reían por lo bajo. Pero, ¿de que se reían?

-Esa chica es hija de muggles. –murmuró Parkinson.

-¿Y? –preguntó Regulus, volviendo a ser el mismo de antes por un momento. Parkinson lo miró extrañado.

-Bueno, es increíble que una sangre sucia como ella sea de las mejores del colegio.

-Pero… ¿qué tiene que ver que sea hija de muggles? –pregunto Regulus, un poco mareado.

-Oye, pensé que ya habías entendido el concepto. –dijo Parkinson, un poco molesto.

-¿Concep…? ¡Ah, claro! Lo siento, hoy estoy un poco… lento. –Parkinson se lo quedó mirando un momento, desconcertado, y luego empezó a leer el Profeta.

La verdad era que Regulus estaba nervioso; sería la primera vez que se reuniría con su familia desde que había partido hacia Hogwarts, y estaba bastante asustado. Tenía miedo de no ser el slytherin que ellos esperaban, o de hacer el ridículo. Por otra parte, no quería perder el favor de su hermano y convertirse en un perverso horrendo como le parecía era Lucius Malfoy. Había que encontrar el equilibrio.

En esas reflexiones estaba sumido cuando le llegó el turno de irse.

-¡Alumnos de Grimmauld Place, en Londres! –gritó una voz por un altavoz mágico.

Eran muy poquitos. Y Regulus era el único de Slytherin.

Bajó y su equipaje ya estaba abajo. Nadie lo estaba esperando. Caminó unas cuadras, entre aburrido, cansado y nervioso, hasta el espacio que había entre las casonas 11 y 13, y dijo:

-Numero 12 de Grimmauld Place.

En seguida apareció una casa en medio de las otras dos casas. Regulus tocó la aldaba. La serpiente grabada en ella siseó:

-¿Ssssanto y Sssseña?

-Toujours Purs.

-Ssssssi.

La puerta se abrió automáticamente, y allí estaba Kreacher, el viejo elfo domestico, esperándolo con un pastel verde, con una serpiente dibujada en el medio.

-¡Señorito Black! ¡Amo!

-¡Kreacher!

-Esto es para usted. Lo hice yo mismo. –Kreacher le alzó la torta, formando una sonrisa arrugada.

-Gracias, Kreacher. ¿Dónde están papá y mamá?

-Fueron al Ministerio a hacer algunas cosas. No sabían cuando vendría, señorito, así que salieron un rato.

-Oh, esta bien…

-Si me permite decir algo, amo, usted luce hambriento. ¡Coma!

-De acuerdo. Veamos como está. –dijo Regulus sonriendo. Probó el pastel. Se relamió los labios. La verdad que una de las habilidades en que más se destacaba en Kreacher era la cocina.- Está delicioso. –repuso. El elfo sonrió de oreja a oreja, metido en su repasador viejo, e hizo una reverencia.

En ese momento, los Black aparecieron en la chimenea del vestíbulo.

-¡Padres! –exclamó Regulus, emocionado.

-¡Eh, hijo! –saludó Orion Black, sacudiéndose el hollín de la túnica.

-No pensamos que fueras a venir hoy. –dijo Walburga, envuelta en un abrigo de piel.

-La verdad que Knockturn está atestado de gente… -murmuró Orion.

-¡ORION! –gritó Walburga.

-¿Qué no estaban en el Ministerio? –preguntó Regulus, intrigado, y miró a Kreacher, quien se sonreía.

-Bueno, mujer, se hubiese enterado en cinco minutos. –repuso su padre.

-Ahhh… En fin. Le dijimos al elfo que te dijera que íbamos al Ministerio, pero en realidad estuvimos en Knockturn Alley, buscándote un regalo decente en Borgin & Burkes. –admitió Walburga, resignada.

-¡Wow! ¿En serio?

-Así es, muchacho. Y como sabemos que tienes buenas notas, esperamos que lo disfrutes. –su padre le tendió un paquetito. Era bastante pesado. Regulus lo abrió, entusiasmado.

-Es muuuuy… lindo. –afirmó Regulus.

Lo que tenía en la mano era un pequeño y sencillo guardapelo.

‘¿Y para qué quiero un guardapelo?’ se preguntó Regulus, con la sonrisa congelada en la cara, pensando en su siguiente reacción. Lo mejor sería actuar con naturalidad.

-Bueno, gracias, papá, mamá.

-De nada, muchacho. Alguien que defiende los intereses de la casa Slytherin merece tales premios. –dijo su padre Orion, dándole unas palmadas en la espalda.

-¿…Intereses?

-Si, nos enteramos que participaste de una de esas típicas reuniones. –dijo su madre con toda la naturalidad del mundo.

-¿Cómo se enteraron?

-Como siempre. Narcisa se lo contó a Bellatrix por carta (ya sabes, Bella también asistía a ese tipo de reuniones) y ella se lo contó a sus padres y ellos nos lo contaron a nosotros.

-Oh… -balbuceó Regulus, impresionado.

-Como sea, ya que tu hermano no esta aquí, podremos mimarte más a gusto. Pronto va a ser Navidad y queremos pasarla bien, ¿no? –afirmó Orion, descaradamente.

-¿No le darán un regalo a Sirius?

-Bueno, puesss… -murmuró Orion entre dientes.

-Algo encontraremos, no te preocupes. –aseguró Walburga, mirando hacia el techo. Luego añadió:- Y ahora, ¡a dormir!

Los merodeadores se encontraban jugando al quidditch en el patio de atrás de la casa de James, en Godric’s Hollow. James era buscador, Remus cazador, Peter guardián (NdA: no han notado como –hasta ahora- las posiciones corresponden a la personalidad de sus dueños? xDD… no? Bueno, otro día será, ¬¬) y Sirius era bateador. Aunque la única pelota que tenían era la quaffle, se las arreglaban bastante bien: habían conseguido una bola de bowling muggle de la Sala de Menesteres (ya saben, objetos perdidos) y la habían encantado para que volara un rato, y (algo cruel, poco sensato y poco ecologista) habían robado además el snidget de Bathilda Bagshot, echando hechizos repelentes de vez en cuando para que no se escapara del patio y poder devolverlo sano y salvo.

-¡Cuidado, Peter! –Sirius bateó la bola de bolos hacia otro lado, alejándola de su amigo.

-¡Jah, tanto! –exclamó Remus, divertido.

Peter rió como idiota ante su falla como guardián. La verdad, señores y señoras, es que Peter apestaba como arquero.

-¡Lo tengo, lo tengo, lo tengo! –murmuraba James emocionado- ¡LO ATRAPÉ!

James hizo una voltereta en el aire con el pájaro en la mano, revolviéndose el pelo y sonriendo seductoramente ante una tribuna inexistente.

-¡Deja de presumir, anteojitos! –bromeó Sirius.

-Oh, déjame disfrutar mi momento de gloria.

-Cuando lo hagas en un partido real, avísame.

-Para que lo sepas, Black, el primer partido no lo jugué porque me lo pasé en la enfermería, no se si recuerdas esa bromita tuya…

-Jejeje… -Sirius rió nerviosamente.- No era mi intención, amigo. ¡Sabes que esa mezcla de maldiciones iba dirigida a un slytherin! Pronto viene el segundo partido.

-Pues practica tu puntería, bateador. –dijo James con sarcasmo.

Discutiendo estaban cuando…

-¡James Potter! –gritó una voz femenina de adentro de la casa. James soltó al pajarito, que se alejó volando a toda velocidad.

-Ups… ¿Qué mama? –exclamó James, montado en su Nimbus 1500. (NdA: otra vez yo; para más información, lean ‘Quidditch a Través de los Tiempos’, de Kennilworthy Whisp… o sea JK).

La señora Potter, una treintañera con mucho carácter, de pelo y ojos negros, salió al parque.

-¡JAMES POTTER!

-¿Qué…? –dijo James, visiblemente asustado.

  • La sra. Bagshot acaba de mandar un patronus a todos los del vecindario preguntando si alguien tenía su preciado snidget…

-Ah… -balbuceó, consciente de que el pajarito estaba volando por encima de su cabeza a toda velocidad, y consciente de que su madre estaba lejos de el.

-Entrégalo, Jim. –dijo su madre. Sirius rió.

-¡No lo tengo!

-Te conozco, Pottercito. –afirmó su madre, con una sonrisa y una mirada que decían claramente ‘¿A quién crees que engañas?’- ¡Si no me lo das, no tendrás permiso para invitar a tus amigos estas vacaciones! Además, se que lo tienes, porque hablé con tu padre y dice que no te ha regalado ninguna snitch, y te he visto volando a toda velocidad persiguiendo esa cosa.

-Pero…

-¡Y SE QUE ESE TIPO DE ENCANTAMIENTOS NO LOS SABE NI EL PROFESOR FLITWICK, ASÍ QUE MENOS USTEDES! –bramó su madre, y agregó:- Es tu última oportunidad, Jim…

-¡Huuuummm! ¡Está bien! Pero tengo que atraparlo.

-Hazlo, ¡y rápido!

James voló por todo el patio, con una velocidad y reflejos admirables, y atrapó el snidget en 15 segundos. Bajó hasta donde estaba su madre y antes de entregarle el animalito, la miró con cara de arrepentido.

-No me delates con la sra. Bagshot, por favor, ma.

-Ya veremos… Y hablaremos acerca de robar cosas de otros, muchacho.

-Grrrestá bien. –dijo a regañadientes.

A continuación, la sra. Potter invocó un patronus, al cual le dictó un mensaje para Bathilda. Peter, Remus y Sirius bajaron de sus escobas, divertidos ante la escena y la cara que ponía James. Parecía alguien a punto de morir.

-No es para tanto, Cornamenta… -le susurró Sirius al oído.

-No me digas así… aun. Mamá no sabe –ni sabrá- que estamos investigando todo eso.

-Nos falta un laaaaaargo trecho. –dijo Remus, rascándose su cabeza, revolviendo su pelo rubio ceniza.

La sra. Potter se dio vuelta hacia los chicos y dijo:

-Ya está. Le he dicho que lo encontraron volando por el jardín y que irán a entregárselo ahora. Así que vayan.

-¿Podemos ir volando? –preguntó James, ilusionado.

-Déjame pensar… no. No se lo merecen.

-¡Aaaawww…! –‘Demonios’, pensó él.

De la puerta trasera de la casa emergió el señor Potter, de unos cuarenta años, pelo castaño claro y ojos esmeralda, y anunció:

-¡Remus, Pete! Los han venido a buscar.

-¿Vía Flu? –preguntó Remus.

-Así es, muchacho.

-Bueno… pues, lo siento, amigo. Buena suerte. –se despidió Lupin.

-Si, adiós, chicos. –dijo Peter.

La verdad era que ambos se reían por lo bajo.

-No es justo. –se dijo James.

Y así, pasó la semana. En casa de los Black se colgaban unas pocas guirnaldas bastante desgastadas y descuidadas gracias al señor Orion (‘¡No gastaré mi dinero en fruslerías!’). En contraste, había conseguido un abeto enorme, que puso en el vestíbulo, y que adornó con cientos de doxys, a las cuales les renovaban el hechizo para que brillasen y se mantuvieran inmóviles a cada hora (‘A falta de hadas, buenas son las doxys’ repetía Walburga, asqueada).

La mañana de Navidad, Regulus sintió un peso sobre su cama. Era Kreacher.

-Buenos días, señorito Black.

-Hola, Kreacher, feliz Navidad. –dijo Regulus, refregándose los ojos.

-Los amos desean verlo en el vestíbulo. –informó el elfo.

-¡Ya voy!

Se vistió apresuradamente, después de todo, era Navidad. Corrió hasta el vestíbulo. Allí estaban sus padres, sosteniendo un diminuto paquetito.

-Hola, Regulus. –saludó su madre.

-Buenos días. Feliz Navidad.

-Tus regalos, muchacho, ¡ábrelos! –exclamó Orion.

Regulus empezó a abrirlos, deleitado. Encontró unos cuantos paquetes de parte de toda su familia. De su tío Alphard, una bufanda; de sus tíos maternos Cygnus y Druella, un chivastoscopio (‘Son más tacaños que mis padres’ pensó Regulus con una sonrisa); de sus tíos paternos Ignatius y Lucrecia (lo que significa que también de Bellatrix, Narcisa y Andrómeda), una billetera de piel de opaleye, y de sus abuelos –todos- una gran cantidad de golosinas. Pero aun faltaba algo.

-Muchacho, tu madre y yo queremos darte algo. Acompáñanos.

Regulus siguió a sus padres hasta la sala del árbol familiar. La verdad que esa sala lo aburría mucho. Por suerte, su padre se la hizo corta. Le entregó el paquetito. Adentro se encontraba un anillo de plata, con una esmeralda en el medio, y grabado atrás decía ‘Black: Toujurs Purs’.

-Wow… Es hermosísimo… -Regulus tragó. El guardapelo no era nada a comparación del anillo.- Gr-gracias.

-Este anillo tiene su historia. –prosiguió Orion. Señalo a la gente que lo precedía en el árbol familiar- Perteneció a mi padre Arcturus –y por eso te llamas así-. A su vez, había pertenecido a mi abuelo Sirius –y por eso tu hermano se llama así-, quien lo había legado de su padre, Phineas Nigellus Black.

Regulus miro la fechas de Phineas; había nacido en 1847 y muerto en 1926. A su lado estaban Sirius, Ursula (su esposa) y Elladora. Después había una quemadura donde se leía borrosamente ‘Isla Black’.

-Así que mas vale que lo cuides como la joya mas importante, pues en su gema esta grabado el emblema familiar. No quiero que termine en un basurero, o que algún vagabundo asqueroso lo ande vendiendo como si fuese una baratija…

Pero Regulus no estaba prestando atención a las ultimas palabras de su padre, sino que miraba detenidamente a Phineas Nigellus (el primero, el lugar del otro que había sido director de Hogwarts estaba quemado) y a sus hermanos. Estaba seguro que ya los había visto en otro lado… ¿Pero en donde?

Entonces lo recordó. Con el corazón en la garganta corrió hacia su dormitorio, dejando a Orion solo, y recogió el libro que había llevado consigo en la mochila de viaje. Con las manos tembleques de la emoción, abrió el manual donde estaban anotadas las últimas palabras.

“Año 1864-

En mi último año, mis hermanos y yo nos hemos tomado la molestia de escribir parte de las cosas que hemos visto durante nuestra estadía en Hogwarts. Pasadizos, contraseñas, costumbres y apodos. Ojala haya servido al slytherin que haya encontrado este libro, y espero que haga lo propio durante la época de su estadía.

P.N.B, S.B, E.B y U.F (anexada)”

‘P.N.B’, ‘S.B’, ‘E.B’ y ‘U.F’… Ahora lo entendía… Todos correspondían a ‘Phineas Nigellus Black’, ‘Sirius Black’, ‘Elladora Black’ y ‘Ursula Flint’, ¡que había estado casada con Phineas! Todos ellos habían escrito en el libro.

Pero para estar mas seguro se fijo la fecha: 1864. ‘En mi ultimo año’, decía la nota, y el que firmaba primero era Phineas. Phineas había nacido en 1847, eso significaba que para 1864 el había tenido… ¡diecisiete años! Era su último año en Hogwarts…

¡Los que habían escrito el Manual eran sus antepasados de la casa Black!