← Historia 26948 · de
Historia 26948 — capítulo 7
Capitulo 7- ¿Traición o Dignidad?
Sirius dormía placidamente en la cucheta de abajo en la habitación de James Potter.
Al ratito empezó a abrir los ojos, medio inconsciente, recordando uno de los tantos sueños que había tenido esa noche. Había soñado que escapaba de su hogar y que Regulus gritaba, clamando por él, llorando. Luego se encontraba volando por encima de los mares, hasta que perdía el control y chocaba contra un muro. Todo se volvía negro, y aparecía vestido como un preso en Azkaban. Un niño en Azkaban… Que ridículo…
Bostezó con la boca bien abierta, desperezándose, y se dedicó a despertar a James.
-Cornamenta… Cornamenta… -susurró Sirius.
-Zzzzz…
-¡James!
-¿Mmm…?
-Despierta, Cornamenta. Ya son las 10.
-Mmmno me llames así. Ya te lo dije. –suspiró James, medio dormido.- Tú ni siquiera tienes animal.
-¡Claro que si! Quiero acompañar a Remus. Yo soy un perro, ¿recuerdas?
-Un momento…
-¿Qué?
-¡¿YA SON LAS DIEZ?! –gritó James, incorporándose de súbito.- ¡Mamá y papá dijeron que iban a estar aquí en 10 minutos!
-Lo sé, amigo. Parece que tu varita no funcionó.
-No entiendo… dije las palabras para que sonara a tiempo…
-¿Qué dijiste?
-‘Sonorum vibratto’
-Pero, ¿dijiste la hora?
El chico de anteojos hubiese querido contestar que si.
-… Rayos. –dijo James, y se lo quedó mirando. Reaccionó cuando oyó el repiqueteo de la ventana de la habitación. Era una lechuza llevando una carta.
Sirius se aproximó y le abrió. Le sacó el piolín de la pata y leyó el remitente.
-¡Es para mi!... ¿De Regulus? –Sirius se puso nervioso inconscientemente- ¿Q-que querrá ese mo-mocoso?
-Tranquilo, Canuto… tal vez quiere desearte una feliz Navidad.
-Eso fue ayer. Oye, ¿ahora tú me llamas Canuto?
-¿Sabes que? Al diablo con los apodos.
-Como sea. –dijo Sirius, y se dispuso a leer.
¡Sirius! Estaba viendo el árbol familiar ayer, y… ¡ya se quien escribió el manual! Son Phineas Nigellus Black (el padre del ex director de Hogwarts) su esposa, Ursula Flint, y su hermano y hermana, Sirius Black (igual que tu) y Elladora Black. ¿No es increíble?
¡…Respóndeme, respóndeme, respóndeme…!
R.A.B
PD: Ah, y Feliz Navidad.
-¿De que manual esta hablando? –preguntó James, desconcertado.
-Emm… ¡nada! –sacó el papel de la vista de su amigo- es un manual sobre… em… cocina. –‘Sirius Black, eres un mentiroso de cuarta’ pensó- Sobre las recetas de la casa Black de hace un par de siglos. –esbozo una sonrisa de nerviosismo total. Simplemente era incapaz de mentirle a James. Sin embargo, ¡este parecía creerle!
-¿De veras? ¡Genial! Deberías invitarme a comer, Canuto.
-Tal vez algún día…
Se quedaron en silencio unos segundos, hasta que oyeron la puerta de la casa abrirse y la voz de Charlus Potter (junior) decir:
-¡Chicos! ¡Hagan el bolso que ya nos vamos!
Entonces ambos empezaron a hacer movimientos de varita para poner sus cosas en los baúles. Sirius puso sus regalos manualmente y con cuidado. Estos habían sido: plumas de augurey (NdA: En su review escriban si entendieron la ironía de estas plumas… muajajaja… sino, búsquenlo en ‘Animales…’) de parte de sus tíos Prewett; dos galleons de parte de Cygnus y Druella (‘A Regulus no le debe haber ido mejor’ pensó Sirius, mientras se los guardaba en su billetera); unas botas de piel de jarvey muy abrigadas de parte de Tío Alphard; de sus padres, quienes no terminaban de asumir que su hijo estuviese en Gryffindor, un collar barato en forma de serpiente, probablemente regateado con algún sabandija de Knockturn; una caja de ranas de chocolate y otra de grageas Bertie Bott de parte de los Potter, y por su parte, Andrómeda le había regalado un gorro azul tejido por ella misma.
Y se hicieron las once menos cuarto, que fue cuando Sirius recordó que debía responder a su hermano.
-Estúpido madrugador… No se para que le escribo; tal vez nos crucemos en el tren. –gruño Sirius, mientras sacaba un trozo de pergamino del baúl. Anoto.
Enano: hoy terminaste de despertarme. Yendo directo al grano, no me causa mucha sorpresa que hayan sido nuestros parientes, después de todo, la nuestra es una de las familias más apegadas a la casa de Salazar Slytherin. Oh, por cierto… ¡tuve que inventar una excusa para que James no descubriera de qué estábamos hablando! ¡La próxima vez, si vas a hablar de eso, hazlo de una manera que solo yo entienda!
Nos vemos (o afortunadamente, TAL VEZ NO) en el tren… o Hogwarts… o donde sea.
Sirius
PD:…Feliz Navidad… supongo
A regañadientes, ató el mensaje a la lechuza (que dormitaba calentita al lado de la ventana) y la sacó afuera.
-¡Y no vuelvas! –gritó, enojado.
Regulus se hallaba en un compartimiento lleno de slytherins. Estaban Lucius, Narcisa, Parkinson, Nott y Bullstrode, otro chico de primer año. Malfoy se estaba dedicando ahora a contar todos los regalos que había recibido para Navidad, aunque nadie parecía escucharlo realmente; solo Narcisa estaba apoyada en su hombro, pero tenia la mirada perdida. Todos estaban concentrados en sus cosas, cansados por el viaje de vuelta.
‘Ya hace media hora que le mandé la lechuza… Y es obvio que no llegará ahora.’ Se dijo Regulus, pensando en la velocidad del tren. Al final decidió ir a buscar a su hermano y hablar con él. Los Black son tan testarudos…
Se levantó con la excusa de que tenía que ir al baño y empezó a mirar entre los compartimientos. De repente, vio una cabellera negra y naturalmente desmechada, como la suya. A Sirius se lo podía reconocer por detrás, y a los otros tres también. Pero había algo en particular; no estaban separados, riendo por estupideces, sino que estaban reunidos en un círculo bien cerrado, cabeza con cabeza, muy concentrados.
Regulus se acercó cautelosamente, tratando de escuchar sus maquinaciones. Se acomodó de manera que nadie de afuera lo viese, y acercó la oreja contra la puerta, sin hacer ningún ruido.
-…No es ella la que me molesta, Remus, ¡es él! –dijo James.
-Bueno, hagamos algo. –murmuró Sirius.
-¡Yo quiero hacer algo! –exclamó Peter.
-¿Hace cuanto de esto? –preguntó Remus, haciendo caso omiso de su amigo.
-Creo que desde antes de llegar a Hogwarts, pero no estoy seguro. Y creo que nunca lo estaré, pero hay que tomar medidas… -respondió James.
-Ese idiota recibirá lo suyo por la emboscada de la otra vez. Él y todos sus sucios amiguitos. –afirmó Sirius, con la voz cargada de ira.
-Pero, ¿por qué a los demás? El problema es con él. Es más; ¿por qué con él? Ya le dimos su merecido por la otra vez… James, dinos la verdad. –dijo Remus.
-Esta bien, esta bien… La verdad es que… -se oyó como inspiraba profundamente, como si tratara de sacarse un peso de encima- Evans me gusta.
Regulus pudo oír como Sirius y Peter se reían entrecortadamente.
-Shhh… ¿Te gusta Lily? –preguntó Remus.
-Si… ¡cállense chicos! –exclamó James, enojado, al ver que sus otros dos amigos seguían con su risa.
-Ahora entiendo todo. Siempre pensé que era por simple aversión, pero ahora veo que hay algo más.
-Los he visto caminando juntos por las tardes, cerca del lago. –dijo Peter.
-Lo sé, yo también. Y lo peor es que el cretino me lo refuta en la cara.
-James, jamás he visto a Severus diciéndote nada. De hecho, te evita.
-¡No, Lunático! –Regulus se limpió el oído; ¿Lunático? ¿Había oído bien?- Es como si quisiera pelear conmigo. Tengo que resolver esto.
-Yo digo que los agarremos a la noche. Ellos siempre son de los últimos en levantarse para ir a dormir. Entonces, tomamos un pasadizo que de a las escaleras y empezamos a tirarles maldiciones a diestra y siniestra. –urdió Sirius, en tono siniestro.
-Es buena idea… -opinó James.
-Conmigo no cuenten. Agradezcan que no los delato. –dijo Remus, claramente disgustado.
-Tu siempre tan interesado. –murmuró Sirius.
-Ya cállate.
-¿Y donde los atacamos? –preguntó Peter.
-¿Qué no acabas de oír lo que dijo Canuto, Peter? –Regulus abrió bien los ojos, incrédulo. ¿Ahora Canuto? Manga de raros…-Dijo que tomaríamos el pasadizo y los emboscaríamos mientras caminan a su sala común. –explicó James.
Regulus no quiso oír más; ya había sido suficiente. Se dispuso a alejarse a hurtadillas, pero la señora del carrito de comidas paró al lado suyo y el pobre chico se la tragó de frente. Se frotó la nariz, indignado, y pudo escuchar como los amigos se incorporaban.
-¿Qué pasa ahí? –preguntó Remus, varita en mano.
Regulus se apuró a salir corriendo del pasillo justo cuando los chicos salían, y empujó –sin querer- a la pobre señora, que volcó parte de las golosinas.
-¿Y que pasó, Lunático?
-Nada… Creo que alguien se había tropezado.
-¡Ese niño corre como perseguido por una banshee! –exclamó la señora, molesta y sorprendida a la vez.
-No se preocupe –dijo Remus en tono bonachón, ayudándola a juntar el despelote.- Son todos unos despistados, ¡ya nadie se da cuenta de nada!
-Chicos… -dijo Regulus ni bien abrió la puerta del compartimiento. Estaba acalorado y nervioso.
-¿Qué te paso, novato? Parece que hubieses dado la vuelta al Gran Hall 15 veces sin parar. –comentó Lucius, con una sonrisa blanca como la nieve.
-Yo… acabo… de pasar por el pasillo…
-Obviamente, si dijiste que ibas al baño. –dijo Nott, con cara de no entender.
-Pues, claro, iba al… -Regulus recordó sus propias palabras- al baño –puntualizó- y oí a unos chicos de gryffindor hablar.
-¿Qué chicos de Gryffindor? –enfatizó Malfoy, con una mirada maligna.
-Emmm… Creo que eran de segundo año. –dijo Regulus. Su intención no era delatar a los chicos, sino prevenir a los de slytherin.
Cissy, Lucius, Bullstrode y Nott se echaron miradas sospechosas.
-¿Pudiste verlos? –preguntó Narcisa en tono frío.
-No, no quería que me viesen, así que me escondí. No los pude ver. –en parte era verdad.
-Quizás era tu hermano y su grupo de tontitos. –dijo Nott certeramente.
-No oí la voz de mi hermano. –mintió.
-¿Entonces quienes eran? –preguntó Parkinson.
-¡Ya dije que no lo sé! –gritó Regulus exasperado.- Los escuché tramando un plan. Quieren atacarnos a la noche, mientras vamos a nuestra Sala Común. Y…-
Regulus paró en seco. ¿Convendría mencionar al otro chico y a Lily Evans? Tal vez supiesen algo y se diesen cuenta de que eran James y los demás.
-¿Y? –preguntó Lucius.
-Nada, iba a repetir algo que dije. –dijo rápidamente.
-Bueno, daremos aviso a los demás, y ya está. Sean quienes sean, tendrán su merecido. –dijo Narcisa con convicción.
Ya casi habían terminado la cena. Ya era hora. James y Sirius se fueron disimuladamente de la mesa de Gryffindor y tomaron un atajo hasta el séptimo piso. Recogieron rápidamente la capa de James y se escondieron en ella. Cuidando de no hacer un solo ruido, bajaron y esperaron en el rellano de la primera escalera. Pronto vendrían.
A los quince minutos, las sombras de los slytherins se dibujaron en el oscuro corredor. Estaban Snape, Avery, Nott, Malfoy, Mulciber, Parkinson, Bullstrode, Rookwood, y Regulus.
-Expelliarmus! –gritó James, y le dio a Nott.
-Impedimenta! –gritó Snape, en guardia.
‘Esos son hechizos de tercero y cuarto año, según tengo entendido’ pensó Regulus, mientras se escabullía en medio de todo el tumulto. No pelearía con su hermano.
-¡Es la voz de Potter! –gritó Malfoy.
Detrás de una armadura, apareció Peter, que también empezó a lanzar hechizos. No era tan malo.
-Diffindo! –gritó Nott.
-¡Aaargh!
-¡James! –dejo escapar Sirius. James estaba tendido en el suelo. Había tirado la capa lejos, y de su brazo brotaba sangre.
-¡Maldito seas, Nott! –gritó Black- Furunculus! –a Nott le salieron unas pústulas verdes en la cara asquerosas, mientras se quejaba de dolor.
-Levicorpus! –dijo Mulciber. Se lo había aprendido.
-¡Ah! –Sirius quedó colgado de cabeza, pero aun pudo decir:
-Petrificus Totalus! –Mulciber quedo duro como una roca y cayó al suelo, pero una fracción de segundo antes había logrado robar la varita de su oponente y lanzarla lejos.
-¡Levántate Potter! –exclamó Snape- No eres tan bravo ahora, ¿eh?
-¡Púdrete, Quejicus! –James escupió.
-Incendio! –grito Peter. Snape empezó a gritar y correr con su túnica en llamas.
-Desmaius! –exclamó Lucius, que había evitado contacto con los hechizos hasta ahora.
Peter cayó al suelo y se dio un terrible golpe en la cabeza.
-Aguamenti! –exclamó Snape al fin, y su túnica se apagó.
Al final, habían quedado Peter en el suelo, adolorido; James ensangrentado, con su brazo inmovilizado, y Sirius, colgado en el aire, sin acceso a su varita, que estaba en el suelo, por ahí. Todo había salido pésimo.
Pero si creen que nadie se había dado cuenta de nada, están equivocados; Arthur Weasley, un alumno de séptimo año de Gryffindor, prefecto, había visto cuando la acción comenzaba y había dado aviso a las autoridades. Dumbledore apareció en el vestíbulo con algunos profesores, entre ellos, Slughorn.
-¿Qué tienen que decir al respecto, caballeros? –pregunto, observando las deplorables condiciones en las que todos se hallaban. Pocos habían resultado ilesos del combate, y por supuesto, ninguno de ellos había sido un Merodeador.
Como respuesta, todos se señalaron los unos a los otros, slytherins contra gryffindors.
-¿Cómo se enteraron? –murmuró James.
Y esta respuesta solo la sabían los slyherins… y Regulus Black.