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Historia 26948 — capítulo 9
Capitulo 9- Declaración de Guerra
Regulus se sentía más solo que nunca. Sirius lo evitaba, probablemente porque lo había visto en la escena del crimen, y sus compañeros lo evitaban, por tener contacto con su hermano. Todo era muy irónico.
Ya iban por la mitad de Febrero, y siempre se sentaba solo en clase. Parkinson se sentaba con cualquier otro, aunque Regulus podía ver en sus ojos que dudaba. Lo más seguro era que su amigo también pensara que se les había ido la mano. Los castigos de los chicos terminaban ese día.
Más tarde, en la hora libre, fue a sentarse junto al haya del lago, donde acostumbraba a leer fragmentos del manual. Algunos apodos eran un poco anticuados, pero se seguían usando. Decidió practicarlos.
-Vergüenza de mi estirpe... Asquerosa alimaña mal aprendida… Sangre impura…
-Patético. –dijo una voz.
Regulus miró hacia arriba. La figura que estaba parada era Sirius.
-¡Siri…!-
-No, Regulus. Cállate. Sabemos quien nos delató. –dijo cortante.
-No fue mi intención. Ustedes iban a atacarlos como cobardes. De hecho, lo hicieron.
-Ese no es problema tuyo. Hoy terminan nuestros castigos. Creo que es el momento apropiado para que les entregues esto –le tendió un sobre- a tus amos.
-No tengo amos, idiota. –dijo, y tomó el sobre con rabia.
-Escucha, como ya te dije, no me gusta que me traicionen. Así que si los eliges a ellos, olvídate de mí. –afirmó. Luego se volteó y echó a caminar hacia el castillo.
Regulus caminó con paso pesado hacia el castillo. Hoy había reunión de slytherins, pero antes tenia clase de Transformaciones. Por primera vez, usó uno de los pasadizos y se encontró en el corredor del aula de McGonagall. Minerva enseñaba allí desde el ’59, y desde que Dumbledore había sido nombrado director, era ella la que hacía la introducción a los pequeños de primer año cuando entraban por primera vez al castillo.
El muchacho entró al aula y encontró a Parkinson sentado solo. La profesora aun no había llegado. Ellos dos eran los primeros, junto con otros dos chicos de gryffindor. A Regulus le sonaban de algún lado… ¿no eran ellos los curiosos que habían estado en la primera reunión de slytherins del año?
Se sentó junto a Parkinson, quien no aguanto más y le dijo:
-Siento haberte evitado. Reglas del juego.
-No importa. De todas maneras, hoy debía romper el silencio.
-¿Por qué?
-Mi hermano me dio esto. –contó, mostrando el sobre.- Se lo tengo que dar a Lucius, Narcisa o Dolohov.
-¿Sabes cuál es el nombre de Dolohov?
-No…
-Yo tampoco.
Se rieron como viejos amigos.
-¿Qué tendrá ese sobre?
-No creo que nada peligroso. Está enojado conmigo. Se enteró.
-¿Y que? Es solo un sucio gryffindor.
Los chicos que estaban unos bancos al lado se dieron vuelta súbitamente.
-Oye, ¿Cuál es tu problema? –preguntó el rubio mas fornido. Tenía una nariz perfecta.
-Métete en tus asuntos, Bagman.
-Puedes apostar a que haré lo que se me cante, Parkinson. (NdA: entienden? ‘Apostar’, xDDD)
-¿Hoy hay reunión, no? –preguntó el chico de pelo de paja, flacucho.
-¿Reunión de que? –dijo Regulus evasivamente.
-¡Ya sabes de que estoy hablando!
-Y ya saben lo que digo; métanse en sus asuntos, tontitos.
-¡Cállate, Parkinson!
-¡Cállate, Crouch!
-¡SEÑORES! –bramó una voz femenina. Era Minerva McGonagall, y atrás suyo estaban todos los alumnos restantes observando el drama.-¿Podrían comportarse como gente razonable? Diez puntos menos para Gryffindor y Slytherin.
‘Al menos castiga a los de su propia casa’ pensó Regulus.
La clase consistía en transformar una aguja en una pluma. Regulus era inteligente y perseverante, así que fue el primero en lograrlo.
-¡Vaya, casi tan bueno como Lily Evans! –dejó escapar, emocionada.
-¿Lily Evans?
-Es una alumna de segundo de Gryffindor. De las mejores. –dijo, cruzada de brazos y con una chispa de orgullo en los ojos.
Lily Evans… James había hablado de ella en el tren. Había dicho que alguien más estaba interesado en ella, un slytherin… ¿pero quién?
La noche llegó, momento en el que la reunión tendría lugar en el pasillo de la bruja tuerta del tercer piso. Regulus rechazó la compañía de Parkinson o Rookwood (quien había conversado con los dos chicos en Transformaciones). No quería que hubiese malentendidos.
Subió las escaleras rápidamente, y entonces vio en una escalera de arriba a Sirius. Lo miró dubitativo, y él se fue enseguida. Se debía estar asegurando de que Regulus concurriera a la reunión.
-¡Lucius…! -exclamó, no bien puso un pie en el corredor.
Los demás slytherins se lo quedaron mirando.
-Oh, miren quien apareció… -dijo Lucius con una sonrisa, mas al instante se puso serio y preguntó:- ¿Qué quieres?
-Tengo esto para ti. O Dolohov, o Narcisa.
Estos dos últimos estaban al lado de Lucius, y aproximaron sus cabezas al sobre.
-¿De parte de quién? –preguntó Dolohov, clavando su mirada en Regulus.
-De mi hermano.
Dolohov puso cara de asco. De repente, Lucius y Narcisa echaron a reír. Su otro amigo leyó también el contenido del sobre y rió también. O más bien, siseó.
-Déjenme leerles esto… -dijo Lucius, con una sonrisa maléfica, a todos los de slytherin- ‘En vista de lo ocurrido hace cerca de un mes y medio, exigimos una revancha. Creemos que no fue justo por parte de nosotros y de ustedes. Ustedes tenían a un espía, y eran mayores en número, y nosotros atacamos por sorpresa. Por lo tanto, elijan a 4 de los suyos, y nos enfrentaremos con ustedes la noche del 1 de abril cerca de los invernaderos. Los estaremos esperando. Los Merodeadores’
A continuación, muchos slytherins rieron. Cuando Lucius calló, entonces todos lo hicieron. Se puso serio, y echó un vistazo a Regulus.
-En realidad, estos cuatro chicos de segundo año nos han causado muchos problemas. El año pasado tal vez no tanto, porque no sabían maldiciones, pero igual nos gastaban jugarretas con tonterías compradas en Zonco. Si no los paramos ahora, serán un verdadero problema, no para mi, que ya me voy, sino para ustedes.
Se hizo el silencio.
-Estos chicos –continuó –han estudiado por su cuenta maldiciones avanzadas. Se que tú también, Severus. –dijo, al ver que Snape lo miraba con suspicacia.
-¡Yo quiero darles una paliza! –exclamaron varios chicos al mismo tiempo.
-Esta es una perfecta oportunidad para que cierto miembro de nuestro escuadrón recupere su honor. –murmuró Dolohov a sus dos compañeros, quienes miraron con malicia a Regulus.
-¿Por qué 1 de abril? –preguntó Peter, sentado con sus amigos en los sofás de la Sala Común de Gryffindor.
-Porque se relaciona con nosotros. Ya saben, gastamos bromas, y todo eso. Además tendremos más tiempo para prepararnos. –explicó James.
-¿El día de los Santos Inocentes? –pregunto Remus.
-Aja.
-No tiene mucho que ver con nosotros. –apuntó, con una sonrisa.
-Tampoco con los de Slytherin.
En ese momento, una chica de pelo rojo bajo de las escaleras que llevaban al dormitorio de las chicas.
-No es gracioso. –dijo. Los había estado observando.
-¡Evans! ¿Qué haces a esta hora despierta? –preguntó James, sobrecargado de dulzura. La chica lo fulminó con la mirada.
-¿No saben la historia de los Santos Inocentes?
-Mmm… No. –admitió Sirius, que había estado callado hasta entonces. Lily Evans hizo un esfuerzo por no poner los ojos en blanco.
-A ver… ¿ustedes festejan la Navidad, no? –preguntó.
-Si. –respondieron los chicos con unanimidad.
-Bueno, es una celebración cristiana. En todo caso, seria ‘April’s Fool’ (Día de los Tontos).
-Ah… Aja.-murmuró Sirius.
-Los Santos Inocentes son todos los bebes que el rey Herodes mandó a matar para deshacerse de Jesús cuando nació. –prosiguió.
Todos quedaron boquiabiertos.
-¿Jamás han oído de eso?
Los chicos hicieron que no con las cabezas.
-No me parece muy apropiado que se identifiquen con algo así. ¿Qué broma piensan hacer ese día?
-No es de tu incumbencia. –respondió James, olvidando su dulce tono.
-¿Y desde cuando les importa una festividad muggle?
-¡El Día de los Tontos también se festeja en el mundo mágico! –exclamó Sirius.
-¿Desde cuando eres tan… inquisidora? –preguntó James, cruzado de brazos.
-Se van a meter en problemas.
-¡Ni siquiera sabes que vamos a hacer! –soltó Peter.
-Los conozco.
-Mira Lily, la verdad no nos importa las incoherencias que existan entre las dos conmemoraciones. Si te molesta, simplemente ignóranos. –dijo Remus tranquilamente.
Lily, que pensó que tendría un aliado en el, negó con la cabeza y se fue al dormitorio de las chicas.
-¡Buenas noches! –saludó James, pero no obtuvo respuesta. Sirius lo miro, escéptico.
Días después, Mulciber interceptó a Regulus cuando salía de Herbologia.
-Lucius debe hablar contigo.
-Está bien. –suspiró.
Desde la reunión, sus compañeros le hablaban un poco, pero aun no se había decidido su destino. Regulus entró en la Sala Común, y allí estaban Dolohov y Malfoy esperándolo. Estaban sentados a una de las mesas, iluminados por las lámparas verdes que colgaban del techo.
-Siéntate, Black. –susurró Lucius Malfoy. El chico lo hizo. Después de una pausa, Dolohov habló.
-¿Te gustaría recuperar tu honor, Black?
-¡Si! –respondió enseguida.
-Debes hacer algo por nosotros.
-¿Qué?
-Debes entregar la respuesta a los idiotas. –dijo Lucius simplemente. Le tendió un pedazo de pergamino.
-¿Cuándo? –preguntó Regulus.
-Ahora. –susurró Malfoy.
Regulus corrió escaleras abajo, buscando el paradero de los chicos. Chocó con unas chicas de tercero de Ravenclaw (‘¡Ten cuidado, torpe!’) y con el prefecto de Gryffindor.
-¡Alto ahí!
Regulus paró en seco y volteó hacia el prefecto. Caminó hacia él de mala gana.
-¡Oye! Tú eres de la familia Black.
-Aja.
-Ten cuidado con las escaleras. ¡Está prohibido correr! Podrías lastimar a alguien.
El chico permaneció en silencio, con muchas ganas de irse. Se le ocurrió que tal el prefecto supiera donde se encontraba su hermano.
-Tú… errr…
-Arthur. –dijo con amabilidad.
-Arthur –puntualizó- ¿no sabes donde se encuentra Sirius, mi hermano?
-Ah, ya me parecía que eras su hermano. Se parecen bastante.
-Te sorprenderías…
-Mmm… Creo que lo vi paseando con James y los chicos en el séptimo piso. Eso fue hace 10 minutos, más o menos.
-¡Gracias, adiós! –y se largó a correr otra vez.
-¡Otra vez no! ¡Cinco puntos menos para Slytherin! –gritó a lo lejos.
-¡Bueno! –exclamó Regulus, que ya había bajado un par de escaleras.
Al llegar al retrato del viejo burgués en el rellano del primer piso, dijo la contraseña:
-‘Muerde el polvo de la derrota’
-Lo siento, pero el santo y seña ha cambiado, sir alumno.
-¡¿Qué?! ¿Y cómo se supone que…?
-¡Use sus facultades, señor!
-¿Mis fac…? ¡Tardaré años en descifrarla!
-Ningún intento es en vano…
-Eh… ¿’Vil bellaco’?
-No.
Regulus probó con muchas frases del estilo, pero ya estaba empezando a perder la paciencia.
-¡Jah! No he ganado nada en intentar, señor cuadro.
-Yo no dije nada.
-Si, usted lo dijo.
-…
-Usted dijo claramente que ningún intento es en vano.
-Puede pasar.
Regulus quedo atontado al ver que la puertita se abría para el.
-¿’Ningún intento es en vano’?
-Así es.
-Vaya…¡gracias!
-Era para pensarlo.
Maravillado por como habían salido las cosas, Regulus abrió el retrato y salió al séptimo piso. Después de recorrerlo y de dar vueltas y vueltas, concluyó que allí no había nadie. O excepto, tal vez en…
Caminó hacia donde se suponía estaba la Sala Multipropósito. Pero él nunca había formulado otra oración que no fuera ‘el lugar donde practico con Sirius’. Imaginó que no debían estar allí. Pensó otra cosa.
‘El lugar donde se ocultan James, Sirius, Remus y Peter, por favor’. Dio las tres vueltas, y nada pasó. Intentó varias parecidas, pero terminó pensando que tal vez la Sala quería proteger a quien la estuviera usando en ese momento.
‘Todo lo que un merodeador pueda necesitar’ se le ocurrió. Pensó que seria demasiado absurdo, pero para su sorpresa, ¡la puerta se materializó ante él! Entró, desconcertado, y allí encontró varios estantes. El cartel de uno de ellos rezaba ‘Pergamino mágico’. Regulus se aproximó y sostuvo uno. Estaba doblado en muchas capas. Pero totalmente en blanco. No había muchos de esos. Los demás parecían aquellos que servían para copiarse en los exámenes.
De repente, oyó como alguien resoplaba con la nariz. Había mucho polvo en el lugar. Era como si a esa persona le hubiera entrado en las narinas.
-¡¿Qué haces aquí?! –un chico de pelo negro, largo y lacio, salio detrás de un estante.
-¿Sirius?
-¿Cómo descubriste que estábamos aquí?
-Eso no importa.
-¡Nos importa a nosotros! –dijo James, saliendo de detrás del mismo estante. Al momento siguiente, se aproximaron Peter y Remus. Peter tenía la nariz colorada.
-Escuchen, solo soy un mensajero. Traigo esto de parte de…
-¿Tus superiores? –preguntó Remus con hilaridad. Regulus no contestó.
‘Aceptamos’ leyeron los Merodeadores, y abajo, el emblema de Slytherin.