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Historia 27195 — capítulo 11
–Lo he estado pensando y creo que voy a restaurar Grimmauld Place. Ahora que Kreacher está de buenas nos podrá ayudar a quitar de las paredes todo aquello que no pudimos eliminar aquel verano. Limpiaré toda la casa, compraré muebles nuevos y la dejaré totalmente habitable. Cuando esté lista me mudaré, y hay habitaciones de sobra. Puedes ocupar una de ellas. La casa es demasiado grande para mí solo. ¿Qué opinas?
– ¿Me estás ofreciendo una casa? –Hermione lo miró con los ojos muy abiertos y las cejas arqueadas.
–Sí. ¿Qué hay de malo en ello?
–Nada. Es sólo que no me lo esperaba. No es como si me ofrecieras un caramelo o invitarme a cenar. Me ofreces compartir tu casa conmigo. No es cualquier cosa, Harry. ¿Estás seguro de eso?
– ¿Por qué no iba a estarlo? Hemos compartido un espacio mucho más reducido durante meses, en una situación extrema, y hemos sobrevivido. No creo que nos vayamos a tirar los trastos a la cabeza por compartir una casa tan grande como Grimmauld Place.
Hermione se había quedado sin palabras. Miraba a Harry como si en cualquier momento fuera a decirle “era una broma”, pero eso no ocurrió. Empezó a plantearse que estuviera hablando en serio. Miró a Ginny, quien parecía expectante por su respuesta. Por un momento creyó que iba a encontrarla mirándola acusadoramente, celosa de que su novio le ofreciera irse a vivir con él. Pero no fue así, y eso la desconcertó. Luego se volvió hacia su novio, y también se extrañó al encontrarlo observándola con curiosidad, pero sin rastro de celos.
– ¿Qué opinas? –le preguntó.
–Opino que es una excelente idea. No sé por qué te lo estás pensando tanto.
Hermione no salía de su asombro.
– ¿De verdad te parece buena idea? –Ron asintió –. ¿Y a ti? –preguntó volviéndose a Ginny.
– ¿Por qué no iba a parecérmelo? ¿Acaso debo creer que le vas a tirar los tejos a mi novio?
–No, claro que no pero... ¿Me estáis hablando en serio?
–Totalmente –sentenció Harry de manera solemne.
Hermione se encontró acorralada. No es que le pareciera mala idea, pero todo eso la pilló por sorpresa. No se esperaba que Harry le ofreciera mudarse a Grimmauld Place sólo a ella. Lo que Hermione no sabía es que la pasada noche Harry le había ofrecido eso mismo a Ron, sólo que él había rechazado su oferta por el momento. Prefería pasar tiempo en su casa con su familia. Pero prometió tenerlo en cuenta en unos meses, cuando estuviera preparado para mudarse.
– ¿Bueno qué? –preguntó Harry –. ¿Te decides?
–Parece que no me dejáis otra opción –respondió Hermione –. A todos os parece una idea excelente y lo cierto es que me apetece mucho. Me horrorizaba la idea de patearme las calles de Londres buscando piso. Y le tengo mucho cariño a Grimmauld Place, fue el último lugar donde nos pudimos refugiar tranquilos antes de embarcarnos en la locura de la búsqueda de los Horcruxes. Me encantará compartirla contigo.
–Será genial –repuso Harry con una gran sonrisa.
– ¿Y de verdad piensas que Kreacher te ayudará a quitar todos esos cuadros horribles de las paredes? –inquirió Ginny –. Él los adora.
–Ya lo verás –contestó, misterioso –. ¡Kreacher! –exclamó de pronto.
Y con un fuerte “crack”, el viejo elfo doméstico apareció en el jardín de los Weasley.
– ¿Qué desea, amo Harry? –preguntó haciendo una profunda reverencia.
–Buenos días, Kreacher –saludó amable –. ¿Cómo va todo por Hogwarts?
–Muy tranquilo, amo Harry. No hay estudiantes y apenas quedan profesores. Los elfos domésticos casi no tenemos trabajo.
–Eso está muy bien. Pero me temo que se te van a acabar las vacaciones, Kreacher. Quiero mudarme a Grimmauld Place cuanto antes, y me gustaría que me ayudaras a adecentarla y a dejarla habitable.
–A sus órdenes, amo Harry.
–Pero hay algo que debes saber. No quiero tener en mi casa los retratos de los Black ni el tapiz con el árbol genealógico y necesito que elimines con tu magia los hechizos de presencia permanente. Sé que tú les tienes mucho cariño, así que he decidido que te los quedes. Podrás dejar el hueco bajo la caldera y mudarte al desván. Allí tienes espacio suficiente para guardar todas las reliquias de la familia Black que quieras. ¿Qué te parece?
Kreacher hizo una reverencia tan profunda que tocó el suelo con la frente.
–El amo Harry es generoso con Kreacher. Kreacher le da las gracias al amo Harry.
–De nada, Kreacher. Lo que tienes que hacer ahora es volver a Hogwarts. Habla con la profesora McGonagall y dile que vuelves a casa. Mañana por la mañana nos veremos en Grimmauld Place para empezar con la limpieza. Y otra cosa más, Kreacher. Hermione va a vivir con nosotros, así que tendrás que obedecerla a ella también. ¿De acuerdo?
–Sí, amo Harry –el tono usado por el elfo y la nueva reverencia que le dirigió a Hermione les indicaron que no le desagradaba la idea tanto como pudieron pensar en un principio.
Y sin añadir nada más, desapareció del jardín con un fuerte “crack”.
–Todo arreglado –dijo Harry cuando se hubo marchado.
–Esa ha sido una excelente idea, Harry –sentenció Ron –. La mejor que se te podría ocurrir.
–Bueno, no fue difícil. No hay más que ver cómo cambió Kreacher cuando le regalé el guardapelo de Regulus. Si en vez de una sola reliquia de los Black le regalo todas las que hay en la casa, estaba claro que iba a estar encantado.
Siguieron hablando animadamente sentados en al hierba hasta que empezó a caer la tarde. Entonces los Granger salieron al jardín y anunciaron que volvían a casa. Aún les quedaba un largo viaje en coche y no quería que se les hiciera de noche.
Hermione se despidió de todos y prometió venir el domingo siguiente para el día familiar.
Los hermanos Weasley también se empezaron a marchar a última hora de la tarde. Hacia las seis, en la Madriguera sólo quedaban los que pasarían la noche allí.
Acabada la cena, que volvieron a hacer en el jardín, Andrómeda se acercó a hablar con Harry antes de pasar al salón a tomar el té.
–Harry –lo llamó –. ¿Puedo hablar contigo?
–Por supuesto, Andrómeda.
–Harry, sé que no quieres que vuelva a casa sola, y lo cierto es que te lo agradezco porque no me siento preparada. Pero ya llevo aquí más de una semana y no quiero seguir abusando de la confianza de Arthur y Molly. Por eso me preguntaba si podrías acompañarme a casa mañana.
Harry se sintió repentinamente incómodo. Entendía que Andrómeda quisiera volver a su casa, pero él ya había hecho planes para el día siguiente. Ella pareció notarlo y preguntó:
– ¿Tienes cosas que hacer mañana?
–Lo cierto es que sí. Había planeado empezar a restaurar Grimmauld Place para poder mudarme cuanto antes. Pero si tú quieres volver a casa ahora mismo aviso a Kreacher de que posponemos la limpieza para dentro de unos días.
–No, no, Harry. De ninguna manera. Yo no quiero estroperate tus planes. Además, puedo ir a ayudarte. Será muy curioso volver a la vieja casa de mi familia. Me producirá un gran placer tirar a la basura todas las reliquias de la Noble y Ancestral Casa de los Black. Será divertido.
–De verdad Andrómeda que no me importa cambiarlo. Aunque si el problema es que no quieres abusar de los Weasley, te puedo asegurar que no tienes que preocuparte por eso. La señora Weasley es la persona más hospitalaria que conozco. Estoy convencido de que le encanta teneros aquí, a ti y al pequeño Teddy.
–A mí también me gusta estar aquí. Así que no te preocupes, Harry. Esperaré a que Grimmauld Place esté listo –ella reforzó sus palabras con una gran sonrisa y él le correspondio con un beso en la mejilla.
Pero ahora le quedaba la peor parte. Después de aplazar la vuelta de Andrómeda a su casa tenía que anunciarle a la señora Weasley que dejaba La Madriguera. No sabía cómo se lo iba a tomar.
Fue a buscarla a la cocina, donde estaba preparando el té. No fue tan grave como él había pensado.
–Debo confesar que no me sorprende –anunció ella cuando él hubo acabado –. Arthur y yo sabíamos que, tarde o temprano, querrías volver a tu casa. Aunque no pensábamos que fuera tan pronto.
–Lo cierto es que no sé cuánto podemos tardar en limpiar Grimmauld Place. Es una casa muy grande y hay demasiadas cosas que tirar. Lo mismo podemos tardar dos días que dos meses. Por eso quiero empezar cuanto antes. Una vez esté lista puedo decidir no mudarme enseguida, pero no puedo vivir allí mientras no esté habitable.
–En eso tienes razón, querido. Cuantos antes empieces antes estará lista. Espero que no haga falta que te diga que cuentes conmigo para ayudarte a limpiar.
–Muchas gracias, señora Weasley.
Le dio un fuerte abrazo y la ayudó a preparar el té.
Esa noche todos se acostaron temprano. Habían trabajado mucho y estaban cansados.
A la mañana siguiente, Harry, que había dormido en el antiguo dormitorio de Percy, se despertó al escuchar unos golpes en el cristal de la ventana. Se puso sus gafas e intentó localizar la fuente del ruído. Quien golpeaba el cristal era una lechuza parda a la que reconoció como la de Kingsley. Abrió la ventana y el ave entró en la habitación. Tenía un pergamino enrollado en la pata. Era, efectivamente, una carta del Ministro.
Querido Harry
Lamento molestarte tan temprano pero tengo que resolver un pequeño asunto en el Ministerio para el que necesito tu ayuda.
No te preocupes, no es nada grave, pero es algo un poco desagradable y me gustaría zanjarlo cuanto antes.
Te agradecería que vinieras al Ministerio esta mañana. Si no puedes, mándame una respuesta con mi lechuza.
Te espero en mi despacho.
Un abrazo
Kingsley Shackelbolt
Ministro de Magia
Harry era la viva imagen de la curiosidad. Se preguntó para qué le necesitaría Kingsley. Si hubiera sido para más redadas se lo habría dicho, así que no tenía idea de qué es lo que querría el Ministro.
Decidió que pensar sobre ello no le daría la respuesta y bajó a desayunar. En la cocina ya estaban todos esperándole.
Durante el desayuno, Harry les enseñó la carta de Kingsley y les pidió a Ron y a Ginny que fueran a Grimmauld Place a encontrarse con Kreacher. Ellos aceptaron gustosos y le dijeron que empezarían a limpiar y que lo esperaban allí.
Harry eligió una de sus mejores túnicas y bajó de nuevo dispuesto a desaparecerse, pero se encontró con el señor Weasley al pie de las escaleras, quien le dijo que sería más rápido ir por la Red Flú. Harry estuvo de acuerdo. Al fin y al cabo, él sería un funcionario del Ministerio dentro de poco.
Una vez en el vestíbulo, Harry no tuvo ningún problema para pasar todos los controles de seguridad. Su nombre era como un salvoconducto.
Llegó al despacho del Ministro, donde se encontró con Percy y con alguien que no esperaba. Sentada en una mesa pegada a la pared estaba la antigua novia del tercero de los Weasley, Penelope Clearwater.
Ambos lo saludaron de manera jovial y Percy lo hizo pasar al despacho de Kingsley. Dentro lo esperaba un espectáculo curioso. Sentados en sendas sillas en un rincón del despacho, estaban los tres Malfoy, Lucius, Narcissa y Draco, con un aspecto bastante lamentable.
–Buenos días, Harry –saludó Kingsley –. Siéntate, por favor –Harry hizo lo que le pedía –. Verás, Harry. Llevo casi dos semanas posponiendo este asunto, pero creo que ya ha llegado el momento de tomar una decisión con respecto a los Malfoy. Si por mí fuera los mandaría a Azkaban a los tres, pero ellos dicen que te ayudaron en el bosque, traicionando así a Voldemort –los tres Malfoy hicieron un gesto de dolor al oír ese nombre –. No es que les crea, no sería la primera vez que usan esa treta y les funciona, pero no quiero cometer los mismos errores que las administraciones anteriores. Quiero comprobar todas las pruebas antes de precipitarme en mis decisiones. Y por eso te he pedido que vengas, para que me digas si lo que dicen estos tres es cierto.
Cuando Kingsley acabó de hablar, Harry dirigió una mirada a los Malfoy. Draco y Lucius miraban hacia otro lado, pero Narcissa lo miraba a él directamente. Había súplica en su mirada. Harry supo que no suplicaba por ella, si no por su marido y, sobre todo, por su hijo. Supo que lo que hizo en el bosque lo hizo por Draco. Pensó en su propia madre, en lo que hizo por él. No es que fuera comparable, pero se sintió repentinamente unido a la señora Malfoy. De todas formas, el resultado favorable de la última batalla se debió a que ella traicionara a Voldemort y mintiera sobre su muerte.
Se lo hizo saber a Kingsley y éste anunció a los Malfoy, con una cierta desgana, que estaban libres. Ellos dieron las gracias y se levantaron dispuestos a abandonar el despacho. Cuando hubieron salido, Harry se disculpó con el Ministro y le dijo que volvería enseguida. Alcanzó a los Malfoy antes de que llegaran al ascensor.
–Si vienes a burlarte de nosotros, Potter, te advierto que me importa poco estar en el Ministerio –Draco pareció olvidar que Harry acababa de evitar que acabaran en Azkaban y seguía usando un tono despreciativo, arrastrando las palabras.
– ¿Cuándo aprenderás a cerrar la boca, Malfoy? No tengo ningún interés en burlarme de vosotros. He venido a hablar con tu madre.
– ¿Conmigo? –preguntó extrañada la señora Malfoy.
–Sí, con usted. Sé que lo del bosque no lo hizo por mí, y tampoco fue por traicionar a Voldemort. Pero, fuera por lo que fuese, lo cierto es que inclinó la balanza hacia nuestro lado. De no haber sido por su mentira no sé cómo habría acabado la batalla. Y por eso quiero darle las gracias.
Harry le tendió la mano a la señora Malfoy y ella, un poco dudosa y muy impresionada, se la estrechó. Acto seguido, hizo lo mismo con el señor Malfoy y, finalmente, con Draco. Éste se quedó mirando la mano de Hary en un claro intento por decidir qué hacer. Después de unos segundos de duda, decidió estrechar también la mano de Harry, esbozando una ligera sonrisa.
Los Malfoy se marcharon y Harry volvió al despacho de Kingsley complacido. Había firmado la paz con los Malfoy. Sabía que Ron no lo entendería, pero Hermione estaría satisfecha.
Pasó unos minutos conversando con Kingsley y regresó a casa. Quería empezar cuanto antes a restaurar Grimmauld Place.