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Historia 27195 — capítulo 23

-¿No era Angelina la que salía con Fred? -preguntó a Hermione en un tono lo bastante alto como para que lo oyeran todos.

-Ronald, por favor -regañó su novia -. No seas desagradable.

George mudó el rostro y Angelina perdió el color de las mejillas. Suponían que tendrían que explicar muchas cosas sobre su relación, pero no esperaban encontrarse con una clara muestra de hostilidad tan pronto. Ella iba a hablar pero él la silenció con un pequeño apretón en la mano.

-Gracias por tu apreciación, hermanito -dijo intentando no perder los nervios -, pero creo que no era necesaria. Sí, Angelina estuvo saliendo con Fred, pero ahora sale conmigo. Y espero de verdad que esto no suponga un problema para ti, Ron.

-Pues no sabría qué decirte, George -replicó Ron bastante airado -. Esta chica estuvo saliendo con mi hermano, con tu hermano. Y ahora, simplemente, cambia de gemelo. ¿Cómo debería tomarme eso?

-Creo que lo mejor sería que me fuera y que volviera en otro momento -susurró Angelina al oído de George.

-De ninguna de las maneras, Angelina -contestó él asiéndola con firmeza de la mano -. Tú no vas a ninguna parte. Sabíamos que algo así podría pasar y estábamos preparados para ello. Así que nos vamos a sentar y lo vamos a hablar como personas civilizadas.

Unieron el hecho a la intención y ocuparon los dos asientos que quedaban libres. El resto de los comensales, que habían asistido estupefactos a la presentación de Angelina y a la discusión posterior, los miraban de hito en hito, sin saber qué decir ni cómo reaccionar. Bill fue el primero en recuperar la compostura.

-Bienvenida, Angelina -dijo en tono amable -. Es un placer verte de nuevo.

-Gracias -contestó la chica esbozando un intento de sonrisa -. A vosotros también. Tenía muchas ganas de volver a veros.

-A unos más que a otros -murmuró Ron por lo bajo, consiguiendo que Hermione le lanzara una mirada asesina y le pellizcara el brazo por debajo de la mesa.

-Compórtate, Ron, por todos los dragones -regañó sin apenas mover los labios.

Previendo una inminente catástrofe, Harry decidió tomar cartas en el asunto.

-¿Por qué no me acompañas a la cocina y me ayudas a traer la sopa? -preguntó poniéndose de pie.

Ron tenía la firme intención de negarse, pero recapacitó al ver la mirada asesina que le dirigían su mejor amigo, su novia y su hermana. Se levantó a regañadientes y siguió a Harry al interior de la casa.

-¿Se puede saber qué demonios te pasa, Ron? -interrogó Harry airado una vez estuvieron en la cocina -. ¿A qué ha venido esa escenita?

-¿Y qué esperabas que hiciera, Harry? ¿Sonreír sin más y saludarla como si nada?

-Pues eso sería una reacción muy razonable teniendo en cuenta que ninguno de los dos ha hecho nada malo.

-¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso te parece normal que después de salir con Fred salga ahora con George?

-Déjame preguntarte una cosa, Ron. Si Fred siguiera vivo y él estuviera de acuerdo con esto, ¿te seguiría pareciendo mal?

Ron reflexionó un momento antes de contestar.

-Supongo que no. Si él no tiene inconveniente en que su ex novia salga con su hermano no veo por qué tendría que tenerlo yo. Pero ese no es el caso, Harry. Fred está muerto y no está aquí para decir qué opina de todo esto. Y a ella le ha faltado tiempo para liarse con George. Maldita sea, Harry, es su hermano gemelo.

-Está bien, te lo plantearé de otra manera -Harry empezaba a perder la paciencia con su amigo -. Imagina que el que hubiera muerto en la batalla fueras tú. ¿No querrías que Hermione rehiciera su vida, que fuera feliz aunque fuera con uno de tus hermanos?

Harry había tocado las teclas adecuadas y Ron se quedó con la boca abierta, sin encontrar respuesta a esa pregunta. Vaciló unos minutos, considerando la situación que le había planteado su amigo hasta que supo qué responder.

-Visto así -dijo finalmente -, supongo que tienes razón. No soportaría que Hermione fuera desgraciada, querría que fuera feliz sin mí.

-Por supuesto que la tengo, Ronald. Has sido muy descortés con tu hermano y con Angelina, tu reacción ha estado totalmente fuera de lugar y pienso que deberías disculparte con ellos.

-Sí, lo sé -admitió con humildad -. Estuve muy desagradable. Iré a disculparme enseguida -se dio la vuelta encarando la puerta del jardín pero se detuvo antes de salir -. Gracias por abrirme los ojos, Harry.

-No hay por qué, compañero. Anda, ve fuera. Yo llevaré la sopa.

Ron salió de la cocina y Harry sacó la sopera y los platos hondos levitando con la varita. Se encontró a su amigo fundido en un cálido abrazo con su hermano George y al resto de la familia asistiendo sorprendidos a ese cambio de actitud.

-¿Qué le has dicho? -le preguntó Ginny al oído cuando se sentó a su lado.

-Luego te lo cuento -respondió él esbozando una sonrisa y guiñándole un ojo.

Después reconciliarse con su hermano, Ron también quiso abrazar a Angelina y darle la bienvenida a la familia. Su madre lo miraba con lágrimas en los ojos y su novia le dio un fuerte beso en la mejilla cuando regresó a su asiento. Antes de sentarse de nuevo, George miró significativamente a Harry y le dio las gracias sólo moviendo los labios.

Tras el pequeño incidente ya olvidado, el almuerzo transcurrió muy tranquilo. Todos querían conocer hasta el último detalle de ambas relaciones, pero ni George ni Percy estaban por la labor de contar más de lo necesario. George ni siquiera quiso decir desde cuándo salía con Angelina, y se le sonrojaron las mejillas cuando tuvo que esquivar esa parte. Percy, que conocía la razón, sonrió con picardía y salió en ayuda de su hermano planteando rápidamente otra pregunta. George se preguntaba qué habría hecho esa mañana sin Percy y Harry.

Al acabar la comida, la señora Weasley sugirió a sus hijos que le enseñaran la casa a sus novias. Ellas parecieron encantadas con la idea y ellos las condujeron de la mano al interior de la vivienda. Percy y Audrey tardaron apenas diez minutos en recorrerla entera, sin embargo, George y Angelina se demoraron bastante rato en el antiguo cuarto de los gemelos. Ella quiso explorar cada rincón de aquel dormitorio en un intento de acercarse más a la memoria de Fred y de conocer mejor a George.

Llevaban allí varios minutos cuando Ginny tocó tímidamente a la puerta.

-Angelina -dijo sin ningún protocolo -. Fleur y Hermione te andaban buscando. Creo que quieren sacarte toda la información que mi hermanito no ha soltado en el almuerzo.

-Está bien -contestó sonriendo -. Bajaré a charlar con ellas. ¿Vienes? -preguntó dirigiéndose a George.

-Ahora bajo, cariño -respondió tras descifrar la elocuente mirada de su hermana -. Tengo que coger algunas cosas.

-De acuerdo -Angelina le dio un breve beso en los labios y salió del dormitorio.

-No me irás a montar una escenita como la de Ron, ¿no, hermanita? -interrogó George una vez que su chica salió del cuarto y hubo cerrado la puerta.

-En absoluto. Sólo quiero hablar contigo -dijo ella sentándose en la cama -. Quiero saber si estás seguro de lo que estás haciendo.

-¿A qué te refieres?

-A tu relación con Angelina. A si estás totalmente seguro de lo que sientes por ella -George la miró con expresión de no entender -. Quiero decir que si la quieres de verdad, si estás con ella por otra razón que no sea amor.

George comprendió al instante lo que estaba insinuando Ginny.

-Voy a contarte una cosa que nunca le he contado a nadie, ni siquiera a Fred -ella lo miró sorprendida y lo invitó a continuar -. Estoy loco por Angelina desde cuarto, pero nunca me atreví a intentar nada con ella. Me daba pánico que me rechazara. Dos años más tarde empezó a salir con Fred, y entonces renuncié a ella. Pero ahora tengo una segunda oportunidad, y no tengo pensamiento de desaprovecharla. Sé que tú lo entiendes mejor que nadie, ¿verdad, pequeña?

-Claro que lo entiendo, George.

Él sonrió complacido y ella se quedó mirándole mordiéndose el labio inferior.

-Hay algo más que te inquieta, ¿me equivoco?

-Lo cierto es que no. Me inquieta lo que Angelina puede llegar a sentir por ti.

-¿No te fías de ella?

-No es eso, George. Es sólo que quiero saber si ella realmente es consciente de con quién está saliendo. Porque no es como si su ex novio fuera Oliver Wood o Lee Jordan. Era Fred. Tu gemelo, George, tu viva imagen. ¿Estás seguro de que ella está enamorada de ti y no del recuerdo que tiene de él?

George esbozó una amarga sonrisa.

-¿Por qué todos os empeñáis en lo mismo? ¿Tan raro os resulta que Angelina se haya enamorado de mí? ¿Acaso soy tan odioso que alguien sólo puede enamorarse del reflejo de Fred?

-No te pongas a la defensiva conmigo, George -atajó Ginny algo irritada -. No te estoy atacando, pero reconoce que la situación es como para preocuparse. Nosotros sólo queremos que seas feliz, y si lo eres con Angelina estará bien. Pero no queremos que dentro de un tiempo ella se dé cuenta de con quién está saliendo realmente y te rompa el corazón. Yo sólo quiero asegurarme de que vas a estar bien.

Su hermano volvió a sonreír, pero esta vez con ternura.

-Lo siento, Ginny -contestó cogiéndole suavemente la mano -. Estoy un poco susceptible después de la discusión con Ron. Te agradezco que te preocupes por mí, hermanita, pero voy a estar bien, por dos razones. Primero, porque estoy muy seguro de lo que siente Angelina. No me preguntes por qué, pero estoy absolutamente convencido de que está enamorada de mí y no de su recuerdo de Fred. Y segundo porque, aunque no fuera así, me daría igual, porque estaría enamorada de alguien que ha sido como parte de mí toda mi vida, alguien al que quiero tanto que no me importaría compartir a Angelina con él. Si siguiera enamorada de cualquier otro no lo soportaría, pero es de Fred de quien estamos hablando. Podría vivir con eso.

-¿Estás seguro de eso, George?

-Completamente -concluyó besando a su hermana en la mejilla -. Y ahora ve a tranquilizar a mamá. Seguro que ella tiene estas mismas inquietudes.

Ella iba a levantarse pero cambió de idea y abrazó con fuerza a su hermano.

-Te quiero, George.

-Yo también te quiero, pequeña -contestó él muy sorprendido por ese abrazo.

Ginny salió del dormitorio y bajó de nuevo al jardín. Allí su madre la esperaba expectante.

-¿Y bien? -preguntó como si continuara una conversación interrumpida.

-Tranquila, mamá -contestó Ginny -. Estará bien.

Durante el resto de la tarde, Audrey y Angelina se integraron a la perfección con la familia Weasley. Se llevaban muy bien con sus cuñados, con sus suegros y hasta con Andrómeda y los Granger. Pasaron una jornada verdaderamente agradable hasta que llegó la hora de regresar a casa.

Cuando todos se habían ido, Harry invitó a Ron y a Ginny a cenar en Grimmauld Place. No solían hacer eso ya que al día siguiente todos tenían que madrugar mucho, pero esa noche había muchas novedades que querían comentar en privado.

De vuelta a casa, Kreacher se alegró de tener visitas y prometió una cena deliciosa. Los cuatro esperaron que estuviera lista en el salón de dibujo. Ron y Hermione se acomodaron en el sofá mientras que Harry ocupaba su sillón y Ginny se sentaba sobre la alfombra con la cabeza apoyada en las rodillas de Harry, como era habitual en ella.

-¿Qué os ha parecido Audrey? -Harry fue el primero en romper el hielo.

-Me ha parecido una chica estupenda -contestó Hermione -. Es simpática y muy agradable.

-Yo pienso lo mismo -añadió Ginny -. Me parece perfecta para Percy. Tan alegre y risueña es el contrapunto adecuado para mi hermano, tan serio siempre.

-Sí, yo también lo creo -apuntó Ron -. Percy necesitaba algo de alegría en su vida -permaneció unos segundos en silencio, como meditando algo, hasta que agregó -: Los que también hacen una pareja estupenda son George y Angelina.

Ginny y Hermione lo miraron de hito en hito sin acabar de creerse lo que acababa de decir. Harry, sin embargo, pareció no inmutarse.

-¿Se puede saber qué le dijiste a Ron en la cocina para que cambiara de idea tan radicalmente? -preguntó Ginny a Harry.

Ron enrojeció hasta las orejas al recordar la conversación en la cocina y su amigo acudió a echarle una mano.

-Sólo le pregunté si de verdad creía que Fred no estaría de acuerdo con esa relación. Lo pensó un momento y supo que él estaría contento.

Hermione parecía habérselo creído, pero Harry sabía que no había podido engañar a Ginny. Ron, mientras tanto, le dirigió una mirada llena de agradecimiento.

Siguieron hablando de las nuevas parejas hasta que, unos minutos después, Kreacher anunció que la cena estaba lista. Ron quiso ir antes al baño y Ginny aprovechó su ausencia.

-Y ahora en serio -le dijo a Harry -. ¿Qué de le dijiste de verdad a Ron?

Harry besó a su chica en el pelo y contestó de forma conciliadora.

-Cariño, no soporto tener secretos contigo, pero no me pidas que traicione la confianza de mi mejor amigo porque sabes que no lo haré.

-Está bien, amor -contestó besándole en los labios -. Lo entiendo.

La cena, tal y como había prometido Kreacher, fue deliciosa, mejor que la de todas las noches. Los cuatro amigos salpicaron la comida de múltiples comentarios sobre sus nuevas cuñadas y sobre lo felices que se veían George y Percy con ellas.

Después de tomar el postre, Ron y Hermione subieron al salón de dibujo a tomar el té, pero Harry y Ginny prefirieron aprovechar la cálida noche de finales de verano para sentarse en el jardín trasero de la casa. Se acomodaron sobre la hierba apoyados en el tronco de un gran sauce, con Ginny acurrucada entre los brazos de Harry.

-Voy a echarte mucho menos cuando me vaya a Hogwarts -dijo ella tras unos segundos de silencio.

-Yo también -contestó Harry apretándola más contra su pecho.

-¿Me escribirás?

-Cada día si quieres.

Ella sonrió.

-Me bastará con un par de veces por semana. ¿Irás a verme?

-Siempre que vayas de excursión a Hogsmeade. Además, creo que Kingsley tiene pensado hacer una visita al colegio. Seguramente querrá que lo acompañe. Y Hagrid también querrá que vaya a verlo, y Minerva, y el profesor Dumbledore. Creo, tesoro, que no nos va a dar tiempo a echarnos mucho de menos -concluyó con una sonrisa.

-Aún así no será lo mismo. No podré verte siempre que quiera, ni podré venir a casa, ni cenar contigo. Hogwarts no será lo mismo sin ti.

-Pero verás a Luna cada día, y a Hagrid. Y ahora que lo pienso -añadió mientras buscaba algo en el bolsillo de su túnica -. Aberforth me dio esto después del funeral -le ofreció un pequeño trozo de espejo -. Es el espejo de doble sentido de Sirius. Yo me quedaré con la otra mitad, la que rompí después de que él muriera. Así podremos hablar siempre que queramos.

Ginny se quedó mirando el espejo con incredulidad. Finalmente, después de un momento de duda, se abalanzó sobre Harry y lo besó con increíble ardor. Rodaron unos metros sobre la hierba mientras ella no dejaba de darle las gracias.

-Te quiero, Harry -dijo cuando acabaron de rodar -. Te quiero mucho.

-Yo también te quiero, princesa. Y no te preocupes, nos veremos a menudo, pasaremos juntos las vacaciones y cuando termines dentro de unos meses tendremos todo el tiempo que queramos, solo para nosotros.

La apretó contra su pecho y la besó en el pelo. Casi sin darse cuenta, Ginny se quedó dormida recostada sobre Harry.

Mientras tanto, varios pisos más arriba Ron y Hermione tomaban el té en el salón de dibujo. Él se había sentado en el sofá y ella se había recostado con la cabeza apoyada en sus rodillas. Ella se acomodó en su regazo y él le acarició suavemente el pelo. Permanecieron en silencio hasta que Ron tomó la palabra.

-Amor, hay algo que ni Harry ni yo te hemos contado aun y creo que ya es hora de que lo sepas -Hermione lo miró con ojos interrogantes y algo temerosa del tono serio que había tomado su voz -. Cuando hace unos meses Harry te propuso mudarte aquí, lo cierto es que antes me lo propuso a mí también, pero preferí quedarme en mi casa por el momento. Mi madre no estaba nada bien y yo no quería dejarla sola. Pero ahora ya está mucho mejor y creo que ha llegado el momento de aceptar esa propuesta. Creo que ha llegado el momento de mudarme aquí.

Hermione se incorporó y lo miró intensamente.

-¿Me estás hablando en serio? ¿Te mudarás aquí conmigo?

-Sólo si a ti te parece bien.

-¿Bromeas? Claro que me parece bien. Será maravilloso vernos cada día y desayunar juntos cada mañana. Me encantará vivir aquí contigo.

Ron la estrechó entre sus brazos y la besó apasionadamente. De repente y sin previo aviso, él la cogió en brazos y la subió al dormitorio. Esa iba a ser una noche inolvidable.