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30 maneras de verlo. — capítulo 8

  • Esto es tú culpa.

  • ¿Mi culpa?

  • Ya cállense par de tórtolos.

Se miraron con odio, pero no dijeron nada más. Los mortifagos que los apresaban los arrastraron hasta una de las celdas del lugar. Una vez allí, los tiraron dentro, cerraron el lugar con magia y se marcharon.

  • Si no hubieses intervenido no estaríamos aquí.

  • Granger, si no hubiese intervenido, no estarías viva.

  • No me vengas con el papel de héroe, Smith, de eso no tienes ni un pelo.

  • Claro, el único héroe siempre será el tonto de Weasley.

Zacharias caminó hasta las rejas, pero no las tocó con sus manos. Presentía lo que ocurriría si lo hacía. Estaba indignado. En otra situación hubiese sido el hombre más feliz del mundo por encontrarse en una habitación a solas con, la ahora desagradecida, Hermione Granger. En ese momento, lo detestaba.

La muchacha parecía haber finalmente entrado en completo silencio, y él no se molestó en observarla. Estaban en una situación… precaria. La celda era austera, posiblemente ratas vagaran por aquellos confines y vinieran a visitarles una vez se acostumbraran a su presencia. Cuanto tiempo los mantendrían allí era simplemente imposible de saber.

  • Este lugar no me gusta. – la voz de la chica era suave, casi asustada.

  • No creas que a mi lo hace… - respondió él sin volverse siquiera hacia ella, y aún recorriendo los barrotes con la mirada.

  • ¿Crees que saldremos de esta?

Se giró sobre si mismo para observarle. Ojos avellana le observaban tímidos e inseguros. La joven y fuerte Hermione parecía caerse bajo su mirada. Su cuerpo temblaba de frío y sus lágrimas escapaban traicioneras a sus ojos.

Se acercó a ella, y la atrajo contra su cuerpo. Sintió la humedad de sus lágrimas caer contra su ropa, pero no les dio importancia.

  • Sé que lo haremos. Ven, si estamos juntos pasaremos menos frío. – le sonrió ligeramente mientras ella se aferraba en su cuerpo en búsqueda de calor y esperanza.