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Historia 27506 — capítulo 11
A partir de ese día, Emily guardó su pequeño cuaderno bajo llave, en un cajón en su dormitorio, y sólo lo tomaba cuando quería escribir. Sirius se había quedado con la intriga, claro, pero no quería pedirle el cuaderno. Sin embargo, después de aquello, no había vuelto a molestarla ni una vez, y Emily no le había pegado en toda la semana.
El baño de las chicas había sido arreglado, así que ahora podían ducharse en paz. En cuanto a Remus y Mora, su relación no avanzaba: Remus tenía demasiado miedo de hablar con ella, y ella, cada vez que quería arreglar las cosas, era interrumpida por una rubia de cabello largo, perteneciente a la casa Ravenclaw.
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¡Yo no puedo hablar con él así, me pongo celosa! – les explicó a sus amigas, la tarde del jueves, después de Pociones.
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Mora, debes aprender a calmarte – le explicaba Emily – Si te molesta tanto, entonces ni siquiera trates.
Mora hizo un puchero.
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¡Yo también puedo ser una rubia platinada si quiero! – comenzó su transformación, pero Emily y Lily saltaron.
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¡No! – Mora abrió los ojos – Te queda bonito así. No te vuelvas rubia de ojos azules, por favor… ya tengo suficiente con los ojos verdes de Lily.
Lily le pegó con un almohadón en la cabeza, haciendo que Mora riera.
Durante el mediodía del viernes, recibieron la primera noticia de la semana que generaría un tema de conversación. James se acercó a donde ellas estaban almorzando.
- Hola – saludó. Mora le sonrió, y Lily le lanzó una mirada asesina – Bueno, bueno…no todas a la vez, por favor. Yo solo venía a decirles que mañana son las pruebas de Quidditch, para buscador. Si alguna quiere presentarse…es bienvenida.
James se alejó con aire altanero. Lily y Emily miraron a Mora.
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No…no voy a presentarme – contestó ella, llevándose un tenedor con tortilla a la boca – Ya fue suficiente con esa caída que arruinó mi vida…
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Vamos, no seas exagerada – Emily se sirvió ensalada – No puedes privarte de jugar al “quimich” solo por una mala experiencia.
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Quidditch – la corrigieron Mora y Lily a la vez.
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Bueno, igual…no soy muy buena, y no es que la escoba sea lo más cómodo del mundo…no lo sé, es suficiente que un chico lindo me enseñe a montarla, pero ya está, no quiero formar parte de un equipo ni nada de eso.
Emily la miró con reproche.
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En cambio…hay otra persona que podría presentarse – Lily clavó su mirada en Emily, que en ese momento tomaba jugo de calabaza – Otra persona… - Emily seguía sin darse cuenta – Otra persona que es castaña, de ojos marrones, que vive el día quejándose de la onda que se forma en su flequillo, que es amante de las Transformaciones y de los perros, sobre todo los Boarder Collie, que su fruta favorita es la manzana, que usa anteojos con marco color rojo, que está enamorada de Sirius Black…
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Repite eso – Emily la miró amenazadoramente. Lily lanzó una carcajada.
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Ya sé lo que tengo que decir para que me hagas caso… ¡Emily está enam…!
Emily le tapó la boca.
- Te odio, Lily Evans. – continuó con lo suyo.
Lily y Mora rieron.
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Bueno, ya, enserio – Mora la miró severamente - ¿Piensas presentarte?
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¿Yo? Si nunca he montado a una escoba. De hecho, no se ni pronunciar “quitrish”
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Quidditch.
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¿Lo ves?
Mora la miró por encima de sus anteojos.
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Te haría bien. Te despejaría un poco. No sé…aprender algo nuevo…tener algo que te aleje de tus pensamientos…tú misma solías decírmelo, “la actividad física te despeja”.
-
No sé si volar en escobas sea lo que busco…
-
Vamos, Emily, sólo trata. Al menos inténtalo.
Emily miró fijamente a sus amigas.
- De acuerdo, lo intentaré. Pero les aseguro que no quedaré seleccionada, y si hago el ridículo frente a todo el colegio es culpa suya.
Tanto Mora como Lily se llevaron una mano al pecho.
- Culpa nuestra.
Esa tarde, Remus decidió salir a dar un paseo. Él tenía una hora libre, y sabía que Lyna estaba en clase, así que quiso despejarse un poco, y salió a dar un paseo. Comenzó a acercarse hacia los límites del bosque, hundido en sus propios pensamientos, hasta que vio una silueta junto al lago. No tardó en reconocerla. Dudó un rato, pero luego respiró hondo y se acercó a ella.
- Hola – saludó, como quién no quiere la cosa.
Mora no contestó. Continuó mirando el lago, pensativa.
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¿Cómo estás? – Remus trataba. Trataba con todo su esfuerzo. Ella se encogió de hombros.
-
Bien, creo…
Remus se sentó junto a ella.
-
¿Qué tal vas con…Lyna? – preguntó Mora, aunque se pudo notar un toque de amargura en su voz.
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Bien, creo… - Remus se encogió de hombros. – ¿Por qué me preguntas eso?
Mora lo miró extrañada.
-
Las personas educadas se interesan por…
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No hablo de eso. Sé que te cuesta mucho preguntármelo. ¿Por qué te gusta tanto sufrir?
Mora lo miró hecha una furia.
- ¿Quién te crees para hacerme ese comentario? Empecemos por el hecho que fuiste tú quién se agarró a otra estando enamorado de mí.
Remus se puso pálido, y miró hacia la luna que comenzaba a salir.
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Es…mejor así – murmuró, casi para sí mismo, pero Mora lo oyó.
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¿Cómo que es mejor así? – saltó, incorporándose - ¿Crees que es mejor estar saliendo con alguien a quién no amas por el orgullo de haber cometido un error y no querer admitirlo?
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Yo nunca dije eso – Remus también se incorporó, y la enfrentó – Nunca dije que no había cometido un error.
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¿Entonces? ¿Me explicas por qué estamos en esta situación?
Remus volvió a mirar el atardecer, y suspiró.
-
Por que yo no puedo salir contigo. No puedo meterte en esta situación.
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¿De qué hablas? – Remus no contestó. Mora lanzó un resoplido – Aja. A mí no puedes meterme en esta situación, pero a Lyna sí. Claro, ahora lo entiendo todo…
-
No – Remus la tomó por la muñeca, tratando de que Mora no se alejara. Ella se dio la vuelta, y sus rostros quedaron a tres centímetros del otro. Pero Remus corrió la cara, y Mora bajó la mirada. – No entiendes. Con Lyna…no es serio. Esto no es…algo serio. Pero contigo…contigo no podría tener una relación como la que tengo con Lyna. No lo soportaría.
Mora no parecía comprender, y comenzaba a enojarse.
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¡Muchas gracias! ¡Gracias por decirme que no me soportas!
-
¡Yo no he dicho eso!
-
Tú mismo lo dijiste, Lupin… “No lo soportaría”
-
No entiendes. No entiendes nada.
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¡Entonces ayúdame a entender! – Remus negó con la cabeza, y comenzó a alejarse. Mora lo siguió.
-
¡Eres tú el que no entiendes nada! ¡Nada sobre los sentimientos femeninos!
-
Ya basta, Mora…no la hagas más complicada de lo que es…
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¿Complicada? ¿Qué tan complicado puede ser, sobre todo para ti, salir con una chica como yo? ¡Fíjate qué fácil se te hizo conseguir a la Lyna esa!
-
No entiendes. No puedo salir contigo. No puedo hacerlo.
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¡Eso es lo que trato de entender! ¿Por qué conmigo no, y con Lyna sí? ¿Es que ella es rubia y de ojos azules? ¿Eh? ¡Yo también puedo ser rubia y de ojos azules!
-
¡No es eso!
-
¿Entonces qué es?
-
¡No puedo…!
-
¿Por qué no puedes?
-
¡PORQUE SOY UN HOMBRE LOBO!
Mora se paró en seco. Remus se había dado la vuelta, y ahora la miraba a los ojos, y respiraba agitadamente.
-
¿Qué…qué?
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¡Lo que oíste! – Remus se tapó el rostro con las manos - ¡Soy un hombre lobo, un licántropo! ¡Todas las noches de luna llena sufro la transformación más dolorosa!
Mora se quedó perpleja. Quería consolarlo, quería abrazarlo, de verdad quería hacerlo…pero no podía. No podía moverse. ¿Remus, un…? Quería acercarse a él. Estaba segura que no lloraba, pero el simple hecho de verlo allí parado, con esa pose triste, habiéndole confesado su más grande secreto…una lágrima cayó por su rostro. Le dolía. Le dolía mucho el pecho. Quería llorar…llorar por él…llorar por todo lo que ocurría…llorar por ella…llorar de verdad. Pero no podía. No podría llorar tranquilamente.
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Lo…lo siento… - sollozó. Remus alzó la mirada, y la vio. La vio como ella nunca quería ser vista por Remus John Lupin. Sus amigas…siempre la veían llorar. Siempre que miraban una película triste, que le contaban alguna historia romántica…pero no él. No Remus. No la persona a la que amaba como nunca había amado a nadie. No quería que la viera débil. No quería que la viera sufriendo.
-
No…no quiero que llores por mí – Remus se acercó a ella, y le acarició la mejilla. Mora cerró los ojos. Remus dudó un instante y comenzó a acercarse. Sus rostros estaban cada vez más cerca. Sus bocas estaban a escasos centímetros. Pero Remus cerró los ojos, dudó un instante, luego negó con la cabeza, y salió corriendo hacia el castillo.
-
¿Emily, qué miras? – le preguntó Lily, sentada en el sillón, mientras leía un libro de Pociones. Emily estaba sentada en el alféizar de la ventana, con una de las rodillas levantada y la otra pierna colgando, y miraba a través del vidrio.
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Cómo se deteriora la relación de Mora y Remus – suspiró - ¿Cuándo se darán cuenta al fin que están hechos el uno para el otro?
Lily se encogió de hombros, y continuó leyendo. En ese momento, Sirius, James y Peter bajaban por las escaleras de los chicos, dispuestos a bajar a cenar.
- Hola…Emily – saludó Sirius. Emily continuó mirando por la ventana. Él negó con la cabeza. – Bueno…que pases buenas noches.
Salió por el orificio del retrato, junto a sus amigos. Lily levantó la vista de su libro.
- ¿Y a este qué bicho le picó?
Emily se encogió de hombros, aun mirando por la ventana.
- No lo sé ni me importa. – se incorporó, y se acomodó la falda – No tengo hambre, Lily. Baja con Mora. Yo…me voy a dormir.
Y, con un último movimiento, y ante la mirada de perplejidad de Lily, Emily subió las escaleras y se encerró en su habitación.