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Historia 27506 — capítulo 12
- Amigo… ¿Quieres que te de mi opinión?
James miró a Sirius con cara de pocos amigos.
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No.
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Todos estos son un asco. No creo ni que sepan lo que es una snitch.
-
¡Te dije que no la quería!
El sábado por la mañana, James se encontraba con su túnica de quidditch, en el campo, mirando a todos los candidatos para el puesto de buscador. Sirius había decidido acompañarlo. James suspiró.
- James…de verdad, así no avanzamos – le dijo Mary McDonald. Ella era la guardiana del equipo. – No hay nadie que valga la pena…y cuando digo nadie, es NADIE.
James suspiró. Tenía razón. Toda la razón. Miró a su equipo. Joanne Patil y Anna Grant, las otras dos cazadoras, jugaban al Snap Explosivo en las gradas. Liam Thompson y Marc Key, los bateadores, miraban a los candidatos volar por el campo uno a uno con expresión aburrida. James suspiró.
-
¡Esperen! – gritó una voz al fondo. Lily se acercaba corriendo. Bueno, corriendo como podía, porque a la vez tiraba del brazo de Emily, quién hacía todo su esfuerzo por salir corriendo…hacia el otro lado.
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¡Ya…me…arrepentí! – jadeaba - ¡No…quiero…!
-
¡Vamos! ¡Me prometiste que lo intentarías!
-
¿Evans? – James se acercó corriendo - ¿Qué ocurre?
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¡Ella quiere probar!
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¡No es cierto!
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¡Sí lo es!
-
¡No!
A James se le iluminó el rostro, y se apresuró a tomar el otro brazo de Emily.
- ¡Por favor, Emily! – De alguna forma, lograba arrastrar a Emily sin ningún tipo de esfuerzo - ¡Te lo ruego! Si supieras por lo que estamos pasando por aquí…
Emily miró a James a los ojos. No podía…no podía resistirse a esa mirada de pena…no quería hacerle más daño. Pobre James…ya había sufrido mucho…ya no quería hacerle más daño del que le había hecho…ella. Ella tenía toda la culpa de lo que le ocurría. Se sentía triste por él…pobrecito…pobre James…no se merecía lo que fuera que le estaba ocurriendo…
- De acuerdo…
James saltó de alegría, y Emily cayó en la realidad.
- Te odio, James Potter.
Mora se encontraba sentada en la sala común, pensando en lo que había ocurrido. ¿Qué debía hacer? ¿Debía contarles a sus amigas? Pero…entonces…estaría faltando la palabra de Remus. Pero…no sabía si podría con ese peso tan grande. Remus acababa de confesarle su más grande secreto. Necesitaba hablarlo con alguien…pero no tenía con quién. No sabía qué hacer. Ocultó el rostro entre sus manos. Ya no sabía lo que pensaba de Remus Lupin. ¿Aun lo quería? Sí. Por supuesto que sí. ¿Por qué…? ¿Por qué no lo había consolado en su momento? Se arrepentía. Se arrepentía de todo lo que había hecho. No quería pensar. Quería encontrar la solución, y rápido. Pero… ¿acaso a ella le importaba que él fuera un licántropo? Sí. Le importaba. Claro que le importaba. Pero no lo suficiente como para dejar de amarlo. Estaba segura que, si él estuviera con ella, ella podría ayudarlo. Podría consolarlo. Ella lo quería más de lo que él pensaba.
El orificio del retrato se abrió, y por él entraron Emily y Lily. La primera, toda colorada y con cara de “no me hablen porque no estoy” y la segunda con una sonrisa de oreja a oreja. Eso la quitó a Mora de su ensimismamiento.
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¿Qué pasó? – preguntó, levantándose y yendo hacia ellas.
-
Pasó que Emily tiene más talento con la escoba de lo que pensábamos – Lily continuó sonriendo – y ahora es la buscadora de Gryffindor.
Mora las miró atónita, y luego comenzó a aplaudir.
- ¡Felicidades, Emily! ¡Ya encontraste tu deporte! ¿Qué puedes decirme al respecto?
Emily abrió la boca, y levantó un dedo, pero luego volvió a su expresión anterior.
- Me gustan los perros – dijo, con una sonrisa. Mora y Lily se miraron, y rieron con fuerza.
Las vacaciones de Navidad se acercaban. Mora y Emily no querían molestar a Lily, y ella se daba cuenta que no entrarían en su casa, pero rápidamente encontró la solución: la noche de Navidad la pasarían en su casa, y el resto del tiempo alquilarían una habitación en El Caldero Chorreante, y aprovecharían para hacer todas las compras necesarias. Sin embargo, antes de pensar en las vacaciones, Emily tenía que pensar en otra cosa: como librarse de James todas las tardes. El chico la perseguía a todas partes, recordándole que era su arma secreta, que nadie sabía que ya tenían buscadora, y que debían entrenarla a fondo. Emily tenía que salir corriendo después de cada clase para no escuchar la perorata de su compañero. Sin embargo, la mañana del 21 de diciembre, un día antes de las vacaciones, James la atrapó.
- Te espero esta tarde en el campo de Quidditch – le dijo, antes de que ella pudiera decir, o hacer, nada – Más te vale que vayas. Aunque sea debo entrenarte un día.
Y luego se alejó a paso decidido. Esa tarde, después de Runas Antiguas, Emily se dirigió al campo de Quidditch. Allí se encontraba James.
-
Te estábamos esperando, Emily – sonrió. Emily le dirigió una mirada asesina. Tenía frío, llovía, y acababa de sacarse un aceptable en un trabajo de Runas. – Bueno, hoy vamos a hacer un entrenamiento contigo…no llamé al equipo, porque antes de integrarte tengo que ayudarte.
-
¿Qué haremos hoy? – preguntó Emily, tratando de ser amable. Había decidido ponerle buena cara al mal tiempo.
-
Bueno, hoy vamos a empezar con explicarte bien las reglas. Antes de jugar tienes que saber como. Luego entraremos un poco en calor, y por último te subirás a la escoba y comenzaremos a entrenarte.
James miró con algo de desdén la Swiftstick que Emily tenía en la mano.
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Lo siento, es la que me dio Madame Hooch. – contestó ella, encogiéndose de hombros. James negó con la cabeza, y comenzó el entrenamiento.
-
¿Lily, qué haces? – preguntó Mora, sentada en su cama, mirando como su amiga pelirroja sacaba ropa de su armario.
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Preparo mi equipaje. Y lo mejor sería que tú hicieras lo mismo…partimos mañana por la mañana – contestó, doblando una falda y metiéndola adentro de su maleta.
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Ella tiene razón, Mora… - dijo Ayleen, quién estaba sentada con las piernas cruzadas sobre su cama, jugando al snap explosivo con Mary.
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Sí, es verdad…pero voy a esperar a que venga Emily. Ella es una genio con los conjuros de orden.
Lily lanzó un resoplido, y volvió a concentrarse en su equipaje. La puerta de la habitación se abrió, y por ella entró Emily, llena de barro y toda mojada, pero con una sonrisa en el rostro.
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Amo el quidditch – dijo, haciendo que Mora lanzara una carcajada. – Voy a darme una ducha.
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Luego nos cuentas – pidió Lily, y ella asintió y se encerró en el baño. Mary sonrió.
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Nadie se resiste a los encantos del quidditch… - dijo, y las otras tres rieron. – Ya quiero verla en el campo.
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¿Este es el Caldero Chorreante? – preguntó Emily, entrando al pequeño bar oscuro y apretujado. Lily asintió. – No está mal. ¿Y…cómo se supone que se llega a las compras desde aquí?
Lily la tomó de la mano y la llevó hasta una pared de ladrillos, al fondo del lugar. Sacó su varita y tocó un par de ladrillos, y la pared comenzó a abrirse, haciendo que Mora y Emily se quedaran con la boca abierta.
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Ouau – dijo Mora. Tenían enfrente lo que parecía un pasaje, ancho y largo, al aire libre, lleno de vidrieras y gente entusiasmada haciendo sus compras de Navidad.
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Este es el Callejón Diagon – presentó Lily – ¿Qué tal si hacemos las compras de Navidad? Después le pedimos al cantinero las llaves de nuestras habitaciones.
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Estupendo – murmuró Emily, fascinada por el aspecto del lugar. Lo primero que hicieron fue ir a comprar ropa. Lily las llevó a Harapos Finos: Moda para Magos ya que en Madame Malkin sólo podían comprar las túnicas del colegio, porque el resto eran vestidos de fiesta y ropa que, según Mora, eran “para McGonagall”.
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Me gusta esta túnica – dijo Emily, apoyando sobre su cuerpo una túnica compuesta por una falda corta, un cinturón en la cadera, un cuello largo aunque sin mangas y una capa, color azul violáceo – ¿Cuánto está?
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30 galleons – contestó la chica del mostrador, una bruja con cabello rosa y actitud saltarina.
Emily les dirigió una mirada de complicidad a sus amigas.
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Eh…eso cuesta una noche en el Caldero Chorreante… Necesito ganar dinero. No puedo vivir mi vida dependiendo de la beca del colegio.
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Tienes razón – concordó Mora – Hay que ganar dinero…
Lily sonrió.
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Ahora tengo sólo dos semanas, y no las voy a desperdiciar… - Emily se quedó pensativa – Pero en el verano voy a trabajar.
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También yo – Parecía que a Mora le costaba mucho decir esas palabras – Aunque no me guste. Necesito el dinero. Además…también quiero comprar ropa.
Cuando salieron del negocio, algo que tardó un rato, ya que Emily no quería separarse de esa hermosa túnica, fueron a comprar regalos de Navidad. Mora y Emily usaron algo del dinero de la beca, porque no podían quedarse sin comprar regalos de Navidad. Y luego, Lily las invitó a un helado.