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Historia 27506 — capítulo 13

La mañana del 25 de diciembre, Emily se despertó con el primer rayo de sol. Se desperezó, y salió de la cama. Entró al baño, se dio una ducha, se puso una falda, unas medias largas y una camisa y miró el reloj: eran las ocho y media. Se sonrió. Se le había ocurrido una idea. Se cepilló el cabello frente al espejo, y salió de la habitación. La de al lado, la n°17, era la de Lily, y la n°18 la de Mora. Se paró entre las dos puertas en posición pensativa. Finalmente, decidió que prefería primero afrontar a Lily, y luego entre dos, a Mora. Tomó una llave dorada y algo oxidada, y abrió la puerta n°17. Lily estaba tendida en su cama de costado, con todo el cabello rojo sobre la cara, y abrazaba su almohadón. Cuando Emily entró, se movió un poco, pero continuó durmiendo. Emily sonrió, y se arrodilló a su lado.

  • Lily, despierta… - murmuró. La pelirroja se limitó a estrujar su almohadón con más fuerza – Lily…despierta, por favor… - sin reacción – muy bien. No me dejas otra alternativa.

Se levantó, se acercó a la ventana, y abrió las cortinas. El sol invadió la habitación como una plaga de termitas.

  • ¡AARGHH! – Lily se estrujó su adorado almohadón contra la cabeza.

  • Te lo dije – sonrió Emily, y luego lanzó una carcajada.

  • ¿Por qué adoras verme sufrir? – preguntó la voz de Lily, ahogada a causa del almohadón de plumas que continuaba estrujando.

  • No adoro verte sufrir, ¡quiero abrir mis regalos! – protestó Emily, y Lily se levantó casi al instante.

  • ¿Regalos? ¡Lo hubieras dicho antes!

Y, mientras Emily reía a mandíbula batiente, se apresuró a ducharse y vestirse.

  • Muy bien – dijo Lily, mientras Emily suspiraba, ambas paradas frente a la puerta n°18 – Ahora viene lo más difícil.

Abrieron la puerta, y entraron. Mora dormía boca abajo. Eso les hacía la cosa más difícil.

  • ¿Empezamos duro? – preguntó Emily.

  • Creo que será lo mejor – respondió Lily.

Emily tomó un almohadón, y le pegó con fuerza a la dormida.

  • ¡AU! – gritó esta, aunque no se incorporó - ¡No me molesten!

  • ¡Vamos, Mora, despierta! – exclamó Lily. - ¡Te lo ruego, quiero abrir mis regalos!

  • ¡Puedes abrirlos después, ahora déjame dormir!

  • ¡Mora, no me obligues a levantarte a la fuerza! – exclamó Emily

Mora no respondió, y se tapó hasta la cabeza con las frazadas. Emily suspiró, le sonrió a Lily, y dijo:

  • Remus te está esperando abajo…

Mora se levantó casi de inmediato.

  • ¿Dónde? – preguntó.

Emily miró de soslayo a Lily, y ambas rieron por lo bajo. Mora hizo un puchero.

  • Las odio… por eso me voy a volver a meter en la cama.

  • ¡NO!

Mora rió, y entró a bañarse.

  • ¡Regalos! – exclamó Mora, y se tiró a los pies del árbol de Navidad que había en casa de Lily.

  • ¡Ah! ¿No era que no te interesaban? – preguntó Lily son sorna.

  • No me interesaban cuando quería dormir. Ahora sí.

Las tres rieron. Acababan de llegar. Según Lily, sus padres debían de haber ido a hacer las compras para la comida. Era una tradición que los dos fueran juntos. Emily miró hacia todas partes: la casa era muy bonita, pero era verdad que Mora y ella no entrarían, y no querían causar molestias. Sin embargo, sentía mucha nostalgia al saber que no tenían ningún lugar adónde ir. Se sentía…sola. Abandonada. Pero tenía a sus amigas. Ellas la apoyarían en lo que fuera. Sin embargo, no podía evitar esos sentimientos de tristeza… estaba tan enfrascada en sus pensamientos, que tardó un rato en darse cuenta que dos ojos la observaban desde la puerta de la cocina. Al verlos, se asustó y pegó un grito.

  • ¿Qué pasa? – preguntó Lily, preocupada.

  • Hay…un par de ojos – explicó Emily – Me asustaron.

Lily miró hacia la cocina donde, claro, los ojos habían desaparecido, y lanzó un resoplido.

  • Debe ser Petunia – dijo.

  • ¿Quién? – preguntó Mora.

  • Petunia. Mi hermana mayor. Es…algo celosa. Y me odia desde que me fui a Hogwarts.

Emily miró con ojos tristes a Lily. No debía ser fácil que tu hermana te sintiera rencor. Abrió la boca para decir algo, y justo la puerta de calle se abrió y una ráfaga de aire entró por ella.

  • ¡Uf! ¡Que frío! ¡Casi me congelo! – protestó una voz masculina. Las tres chicas se giraron a ver.

  • ¡Papá! – gritó Lily, y corrió a abrazar a su padre.

  • ¡Lily, hija mía! – el sr. Evans la abrazó con fuerza.

  • Lily, querida… - su madre también la abrazó. El sr. Evans se fijó en Emily y en Mora.

  • ¿Y quiénes son esas dos hermosas señoritas? – preguntó, con una sonrisa pícara, haciendo que las dos chicas rieran algo avergonzadas.

  • Papá, mamá – Lily se acercó a ellas – Ellas son mis amigas Emily Perednik y Mora O’Connor. Chicas, ellos son mis padres.

Emily se apresuró a ir a estrechar sus manos, y Mora fue tras ella.

  • Un placer conocerlas, chicas – dijo la sra. Evans, con una sonrisa en el rostro.

  • Igualmente, señores Evans. – Emily sonrió. – Lily me ha hablado mucho de ustedes.

El sr. Evans entornó los ojos.

  • Para poder entrar a esta casa, hay dos condiciones – Emily y Mora se miraron, sorprendidas – Primero: nadie me trata de usted. Me hace sentir viejo – guiñó un ojo, y las chicas sonrieron – segundo: llámenme Jack. Eso de Sr. Evans me confunde.

Emily y Mora rieron.

La velada en lo de los Evans fue realmente divertida. Petunia las miraba como si fueran bichos raros, y casi no hablaba, pero aparte de eso todo estuvo perfecto. La Sra. Evans, ahora llamada Joanne, había preparado un delicioso pavo con papas al horno. Emily rió como nunca: Jack contaba unos chistes maravillosos. Por eso se llevaba muy bien con Mora. Emily se identificaba más con Joanne, y mantuvieron unas charlas interesantísimas. Lily se sentía muy feliz de ver que sus amigas se sentían a gusto. Cada vez que Emily la miraba, estaba sonriendo, pero corría la mirada y hacía que charlaba con su padre. Finalmente, después de comer un delicioso pastel de frutillas con crema chantilly, las chicas tomaron sus regalos de abajo del árbol y subieron a la habitación de Lily.

  • Muy bien… - Mora hizo que tomaba un micrófono, y tomó un paquete – La primera afortunada es… ¡Yo! Gracias, muchas gracias, público, gracias…no merezco sus aplausos…

Lily y Emily rieron con ganas, y tomaron cada una un paquete.

  • El que estoy abriendo yo es de Emily… - Mora rasgó el paquete - ¡Ouau, Quidditch a través de los tiempos! Pero eres tú la que juega…

  • Pero eres tú la interesada… - Emily sonrió – De nada, ¿no?

Mora besó en la mejilla a Emily, mientras ella reía.

  • Me toca. – dijo Lily – Este es de Ayleen… ¡una pulsera! Que bonito detalle…

  • Ahora a mí. – Emily tomó el primer paquete. – Este es de…Lily.

Rasgó el paquete y vio, con cierta emoción, a través de un agujero, algo que parecía tela azul violácea. Abrió bien el paquete y se encontró con esa hermosa, preciosa, adorada, brillante y seductora túnica que habían visto en el callejón Diagon.

  • ¡Te amo, Lily Evans! – exclamó Emily, y abrazó con fuerza a su amiga, que reía - ¡teamoteamoteamoteamoteamoteamote…!

  • ¡Bueno, bueno, demostraciones raras aquí no, eh! – exclamó Mora, alejándose y fingiendo asco – Que tienen todo el derecho a demostrarse amor, pero no enfrente mío…

Emily y Lily rieron, y continuaron abriendo sus paquetes. A Emily le sorprendió recibir un regalo de los merodeadores, que le regalaron un cuaderno y una pluma con tinta de colores.

  • Ouau… - murmuró – Que amables…

Lily se encogió de hombros. Mora tomó el último paquete, que era muy pequeño.

  • Este es de… - buscó, dio vuelta el paquete varias veces, pero no encontró la etiqueta – No lo sé. No dice.

  • Ábrelo – le dijo, Lily, y ella y Emily se acercaron a ver el regalo. Mora rasgó el pequeño paquete, y encontró adentro una cadena de oro, con un pequeño dije de lobo. Inmediatamente, supo de donde venía, pero…

  • ¿Y? ¿Con eso descubres de quién es? – inquirió Emily.

Mora dudó.

  • Eh…no. No tengo ni idea.

  • ¡Ouau, Mora, tienes un admirador secreto! – bromeó Lily, y Mora amagó una sonrisa. - ¿Quieres ayuda?

Mora asintió, y con ayuda de Lily se puso el collar.

  • Te queda precioso… - sonrió Emily. Mora se levantó, y se miró al espejo. No sabía qué sentía. El dije de lobo lo delató, pensó. Se lo miraba. De verdad era precioso. Se preguntó cuánto habría costado. Seguramente, bastante dinero… ¿por qué él gastaría tanto por ella? Una lágrima se resbaló por su mejilla, pero se apresuró a esconderse para que sus amigas no notaran nada. No las quería preocupar, y menos tener que dar explicaciones innecesarias. Por suerte, ellas estaban muy ocupadas mirando el cuaderno que Emily había recibido de parte de los merodeadores. En la primera página, habían escrito para que sigas escribiendo como sólo tú sabes hacerlo. Pero Mora también escribe, se quejaba Emily, aunque se la notaba muy agradecida. Pero Mora no tenía tiempo para sentir celos por eso. No en aquél momento. No quería llorar, pero le era inevitable. Remus…

  • ¡Emily, te faltó un regalo! – exclamó Lily, señalando un paquete debajo de la cama. Eso distrajo a Mora.

  • ¿Qué es? – preguntó Emily, sacándolo de debajo de la cama. No sabía como se lo había saltado: era realmente enorme. Emily rasgó el paquete, y lo que encontró adentro la sorprendió aun más que todos los regalos juntos: era una escoba. Una escoba perfecta, brillante. En el palo, escrito en letras doradas, se leía Nimbus 1000 (que conste que hice una búsqueda para esto xD). Emily se quedó boquiabierta. Lily leyó la tarjeta que venía con ella:

Lo lamento mucho, la Swiftstick que tenías no me gustaba nada. Por eso te compré esto: Feliz Navidad.

  • No puedo creerlo… - Mora miró a Emily - ¿Tienes algo para decir?

Emily abrió la boca lentamente.

  • ¿James es tan rico que va regalando escobas por ahí? – preguntó, haciendo que Mora y Lily rieran.

Esa noche, a Mora le costaba mucho dormir. No era que la cama no fuera cómoda: habían armado tres camas en la habitación de Lily, Emily dormía en el medio. Tanto Emily como Lily dormían profundamente: eran las dos de la mañana. Sin embargo, Mora no podía conciliar el sueño. Se tocaba la cadenita de oro una y otra vez. No podía dejar de pensar en Remus. Si no quería tener nada con ella, ¿por qué le hacía ese tipo de regalos? Era un idiota. Un imbécil. Mora soltó un par de lágrimas de rabia. Pero no, no era rabia lo que sentía. Era…felicidad.