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Historia 27506 — capítulo 14

Y en un abrir y cerrar de ojos, las vacaciones de Navidad terminaron. Por una parte, ninguna de las tres chicas querían volver: allí podían levantarse a la hora que querían, no tenían que estudiar, ni que hacer caso a las órdenes de los profesores, ni que estar encerradas en un aula ocho horas al día. Sin embargo, extrañaban el aire puro que se respiraba en los jardines, el olor a flores que provenía de los árboles, el ir y tirarse al sol, mientras veían como el calamar gigante agitaba sus tentáculos…Y, aunque no quisieran admitirlo, extrañaban ver a los merodeadores. El 5 de enero, Emily se levantó preparada para irse. Se despidieron de los padres de Lily, y de Petunia (aunque ella no les devolvió el saludo como una persona educada, si no que frunció los labios de manera exagerada) y partieron hacia Hogwarts.

  • ¡Emily! – Emily se dio la vuelta. James venía corriendo por el pasillo, a toda velocidad. Lily lanzó un bufido. – Al fin te das vuelta… Quiero decirte algo.

  • Sí, muy bien, James, ¿Qué tal las tuyas? – preguntó Emily, apoyando sus manos en la cintura. Mora y Lily rieron. James sonrió.

  • Sí, muy buenas… ¿Te gustó la escoba?

  • Sí, gracias. No tenías que…

  • Sí, si tenía qué. Un talento como el tuyo merece mucho más que una Swiftstick.

Emily sintió como sus mejillas ardían, y trató de evitar la sonrisa de autosuficiencia. Sin embargo, sentía como si un globo adentro comenzara a hincharse.

  • Bueno, ¿Qué querías decirme?

  • Que mañana es domingo…

Lily bufó tan fuerte que ahogó cualquier sonido que pudiera haberse escuchado. Mora lanzó una carcajada, y Emily lo miró extrañada.

  • Qué novedad, James… - Mora tenía que ponerse el puño en la boca para no dejar salir toda la risa que quería escapar. – Y yo que creía que después del sábado venía el lunes.

  • ¡No! Lo que te decía es que mañana es domingo, y hay entrenamiento de Quidditch a las once.

  • ¡Ah, ya veo! Bueno, entonces estaré allí.

  • Muy bien, te esperamos – dicho esto, James salió corriendo hacia el otro lado, donde los otros tres merodeadores lo esperaban al final del pasillo.

Mora caminaba por los pasillos del colegio, buscando algo qué hacer. Emily, en su entrenamiento de quidditch. Lily, ayudando a Ayleen con sus deberes de Pociones. Podía ir a la biblioteca con ellas, pero la verdad era que no tenía ganas de repasar nada. Ya había hecho sus deberes, y con eso era suficiente. Las clases empezaban recién al día siguiente, ¿para qué adelantarse? Podía ir a la sala común, ver si encontraba a Sirius y quedarse charlando un rato con él. Pero inmediatamente descartó esa opción: seguro estaba con Remus. No quería encontrárselo, sobre todo porque no sabía si decirle gracias por el colgante o quedarse callada. Tenía sus dudas: ¿Y si no era él? ¿Y si ella había malinterpretado todo, y el lobo era sólo una coincidencia? Quedaría como una completa estúpida. Se tocó, casi inconscientemente, la cadena de oro colgada en su cuello. Era realmente hermosa… ¿Por qué? ¿Por qué Remus hacía esas cosas? ¿Acaso quería hacerla sufrir? Él mismo le había dicho que no podían estar juntos. ¿Entonces por qué le regalaba cadenas de oro? Ya era el tercer rayo de esperanza que hacía florecer en ella, para luego extinguirlo. Solo que en el tercero, el rayo ya no existía. Ya no pensaba que él podría llegar a quererla, que podrían llegar a algo más que amigos. La primera, le había hecho creer que estaba enamorado de ella, para luego ir y besarse a una rubia estúpida. La segunda, casi la había besado, pero el muy cobarde había salido corriendo antes de que pudiera pasar nada. Mora suspiró. La verdad, era que la noticia de que Remus era un licántropo la había dejado…muda. Al principio, debía confesar, sintió miedo. Miedo de lo que podía llegar a pasar. Aversión hacia una criatura desconocida, oculta dentro de la apariencia de un compañero de clase. Pero luego…sintió pena. Pena por un pobre muchacho que lo único que quería era tener una vida normal. Tristeza por que nunca llegaría a tener nada con Remus, porque él la despreciaba, exactamente como ella había hecho con él. Y luego…sintió asco. Asco hacia sí misma. Repugnancia por haber despreciado al único chico que la había hecho sentirse apreciada, simplemente porque era algo que no había elegido. ¿Cómo podía haber sido así? ¿Cómo podía haber actuado tan cruelmente? Merecía lo que estaba pasando. Merecía no tenerlo. Él no la merecía. Él merecía alguien que lo quisiera por como es. Alguien que no lo despreciara.

Sintió un ruido detrás de ella. Cómo si alguien le chistara. Se dio la vuelta, pero no vio a nadie. ¿Sería el viento? Continuó caminando. Volvió a sentir ese mismo ruido. Se dio la vuelta, enojada, y allí estaba la persona que menos esperaba ver: Lyna se encontraba detrás de una columna, haciéndole señas para que se acercara. Mora hizo un puchero. No quería hablar con la chica que le había quitado a su Remus. Pero no le parecía cortés hacer algo así. Se debatió un instante contra sí misma, y finalmente decidió olvidar su orgullo y acercarse a la rubia.

  • Eres Mora, ¿verdad? Mora O’Connor – preguntó Lyna, cuando llegó. Mora asintió – Tenemos que hablar.

Mora la miró extrañada. ¿Qué querría decirle?

  • Esto es muy difícil para mí… - parecía que a Lyna le costaba mucho hablar. Cuando dudaba, Mora pudo fijarse bien en sus detalles: Era de estatura media, y su cuerpo era curvado y delgado. Tenía unos muy bonitos ojos azules, y una piel perfecta. Su nariz, recta y suave, sus ojos alargados y sus pestañas largas y finas le daban un aspecto de muñeca de porcelana. La lacia cabellera rubia le llegaba hasta la cintura, y el flequillo hacia el costado le tapaba el ojo izquierdo. Lyna era, según las palabras de Mora, la perfección personificada.

  • Con razón me dejó plantada – pensó Mora – Si tiene a la Barbie con él…

Podía ser por la presión del momento, pero Mora pensó que Lyna era algo tímida. Sus blancuzcas mejillas se habían puesto algo coloradas, y no encontraba las palabras.

  • Esto…bueno…yo…

Mora comenzaba a impacientarse.

  • Ya. ¿Vas a decirme lo que tenías que decirme o no?

Lyna levantó la mirada y, con cierto esfuerzo, enfrentó a Mora. Tenían casi la misma estatura. Sus miradas se cruzaron por un pequeño instante, antes de que Lyna dejara escapar una pequeña sonrisa.

  • Tengo hambre… - murmuró Emily, mientras entraba a la sala común junto a James, después del entrenamiento.

  • Vamos a comer – propuso el chico – Seguro que allí te encuentras con Evans y con O’Connor.

  • No, primero quiero darme una ducha…si ves a alguna de las dos, diles que ya bajo.

  • Muy bien. Les diré. Aunque no te aseguro que Evans me escuche…

Emily lanzó un resoplido, y subió a ducharse. James estaba a punto de salir por el orificio del retrato, cuando la vio entrando a Lily.

  • Oye, Evans… - Lily no le hizo caso - ¡Hey, Evans! – Lily continuó caminando – Muy bien, como quieras. Emily te espera arriba.

Y salió. Lily miró hacia el retrato, luego suspiró, y subió las escaleras. Cuando entró a la habitación, estaba vacía. El ruido del agua corriendo se oía dentro del baño. Lily se tiró sobre su cama. Diez minutos después, el agua dejó de oírse. Lily levantó la mirada. Después de unos instantes, Emily salió del baño.

  • Aquí estas – dijo, sonriente – Ya estaba por ir a buscarte abajo. ¿Cenaste?

  • No, estuve con Ayleen en la biblioteca, estoy famélica…ni te imaginas el hambre que generan las Pociones.

Emily rió, y abrió su armario, en busca de su ropa. Mientras tomaba una camiseta y una falda larga, la puerta volvió a abrirse y Mora entró por ella.

  • ¡Mora! ¿Dónde has estado? – le preguntó Lily. Mora se encogió de hombros.

  • Por ahí.

Emily la miró con desconfianza.

  • ¿Por qué esa sonrisa de autosuficiencia?

Mora amplió su sonrisa.

  • ¿Tanto se me nota?

  • Demasiado – dijeron Emily y Lily, a la vez. Mora se sonrojó un poco, pero continuó sonriendo.

  • Bueno, ¿Vas a contarnos o no? – preguntó Emily y, para su sorpresa, Mora negó con la cabeza - ¿Qué?

  • Que no. – Mora sonreía ante la cara atónita de sus amigas – Ya lo verán.

  • Y ese “Ya”, ¿A cuando corresponde? – preguntó Lily. Mora la miró con un brillo especial en los ojos, y le dio un beso en la mejilla.

  • Al sábado que viene – dicho esto, salió de la habitación, mientras Emily y Lily se miraban sorprendidas.

  • ¿Te das cuenta que mañana es tu primer partido de Quidditch? – le preguntó Lily a Emily, en el almuerzo del viernes, mientras ella engullía su pastel de calabaza con carne - ¡Mañana! ¡Y sólo has entrenado una semana! ¿Puedes con toda esa presión? ¿Sabes bien lo que tienes que hacer? ¿Potter llegó a…?

  • Gracias, Lily, por tus amables palabras de apoyo – ironizó Emily, mirándola con los ojos llenos de reproche. Lily hizo un puchero.

  • Lo siento… - Emily continuó comiendo – Creo que yo estoy más nerviosa que tú…

  • No hace falta, Lily… - Emily la abrazó – De verdad, no te preocupes por mí. Sí, lo sé, una semana es muy poco, pero yo llegué tarde y tengo que atenerme a las consecuencias. La temporada no me esperó para empezar. Además, James me ha estado entrenando duro todos los días…Estoy nerviosa, sí, pero voy a poder. Yo soy de esas personas que si quieren, pueden.

Sonrió. Lily lo hizo también. Luego, ambas se miraron con los ojos bien abiertos. Acababan de recordar algo.

  • ¡Mañana es el gran día de Mora! – dijeron a coro, y lanzaron una pequeña risa.

  • A propósito, ¿Dónde está? – preguntó Lily.

  • No lo sé…me dijo que nos veríamos en clase, que tenía que hacer un par de cosas.

  • Ese par de cosas las ha estado haciendo toda la semana… ¿Qué será?

  • No tengo idea…supongo que mañana nos enteraremos.

Sonó el timbre. Emily y Lily se apresuraron a tomar sus cosas y dirigirse al aula de Transformaciones. En la puerta, se encontraron con Mora, quién repasaba el texto de una hoja que tenía en las manos.

  • Hola – saludó Emily, y ella se apresuró a ocultar la hoja - ¿Qué tienes ahí?

  • Nada – contestó rápidamente, y la guardó en su mochila.

  • Sí, seguro…Vamos, cuéntanos, ¿Cuánta diferencia hace un día? Hoy, mañana, es lo mismo…

  • No, no es lo mismo – la contradijo Mora, sonriente – De verdad, no me arruinen la sorpresa…

Emily se encogió de hombros, mientras Lily reía, y las tres entraron a clase.

  • Emily, no estés nerviosa… - trataba de calmarla Lily, mientras ella caminaba hasta la mesa de Gryffindor, se sentaba y se servía jugo como una autómata – Vas a hacerlo muy bien…

  • No me hace muy bien que venga de una persona que ayer estaba más nerviosa que yo – contestó ella, sin probar bocado.

  • Muy bien, ¿qué es lo que necesitas? – Lily se sentó a su lado. Emily dudó. Abrió la boca para contestar, pero una voz masculina la interrumpió:

  • Me necesita a mí, por supuesto.

Sirius se había sentado a su lado, y la había rodeado con un brazo. Emily lo empujó a un lado.

  • Tenerte aquí es lo que menos necesito, Black… - Emily miró hacia todos lados – Necesito a…me da vergüenza admitirlo…necesito a James.

  • ¿A mí? – James acababa de llegar hacia donde estaban ellas, junto a Remus y a Peter. - ¿Por qué a mí?

  • ¿Cómo fue tu primer partido de Quidditch? Quiero decir… - Emily se levantó de su asiento - ¿Estabas nervioso? ¿Lo hiciste bien? ¿Te lastimaste? ¿Te caíste de la escoba? ¿Tuviste miedo?

  • ¡Hey, hey, respira! – la tranquilizó James, sonriente, y luego la rodeó por el hombro – Creo que nosotros dos tenemos que tener una charla pre-partido…

Dicho esto, se la llevó afuera del Gran Salón. Remus miró a todas partes.

  • ¿Buscas a Lyna? – preguntó Sirius.

  • No… me dijo que no vendría conmigo…

  • ¿Entonces a quién buscas?

Lily se levantó.

  • ¿Qué no es medio obvio, Black? – preguntó, dándose aires de sabihonda, y salió detrás de James y Emily.

  • Ay, ay, ay, esto no me gusta nada… - decía Emily, frente a las puertas que la llevarían al estadio – Ay, ay, ay…

  • Vamos, Emily, que no es para tanto… - la tranquilizó James. Luego se giró hacia su equipo. - ¿Todos listos?

El equipo asintió. Todos tenían sus túnicas puestas, y las escobas en mano.

  • Muy bien – James abrió las puertas – Vamos.

  • ¡Y aquí vienen los del equipo de Gryffindor! – se oyó la voz de Sirius, a través del megáfono mágico, mientras en las gradas color escarlata y dorado se oían gritos de apoyo - ¡Y llegan con su nueva buscadora! Que por cierto es muy atractiva…algún día tendrá que admitir que está muerta por mí…

  • ¡Black! – se oyó la voz de la profesora McGonagall. Emily estaba tan nerviosa que ni siquiera había reaccionado - ¿Me haces el favor de…nada de comentarios personales?

  • Bueno, bueno… ¡Y del otro lado, los del equipo de Hufflepuff!

James posó sus manos en los hombros de Emily, y la miró fijamente a los ojos.

  • Tú, tranquila. Todo va a salir bien. Hemos entrenado muchísimo. Sabes manejar la escoba. Busca la snitch con calma, pero concéntrate en el buscador del otro equipo… ¿me estás escuchando?

Emily negó con la cabeza, y señaló hacia las gradas de los profesores. Todas las miradas se habían dirigido hacia allí. Y, parada en la primera fila, con el megáfono mágico en la mano, se encontraba Lyna.