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Historia 27506 — capítulo 15

  • Hola – saludó Lyna, a través del megáfono – Lamento mucho interrumpir esto, sé que todos vienen aquí a ver a sus respectivas casas jugar al quidditch, y competir entre ellos, pero esto es importante, así que me gustaría que todos escucharan atentamente. Sobre todo, el señor Remus Lupin.

Emily y James se miraron, y ambos miraron hacia las gradas de Gryffindor. Remus se encontraba entre Lily y Sirius, quiénes lo miraban extrañadísimos. Peter se paraba en puntas de pie, justo detrás de él. Remus parecía una frutilla.

  • Bueno, esto….Primero, quiero anunciar que estoy soltera – hubo varios silbidos entre la multitud, mientras Remus la miraba incrédulo – Y…hay alguien que quiere decirles algo.

Y, para sorpresa de todos, fue Mora quién tomó el megáfono.

Sé bien que ya no puedes dormir,

sueñas que yo sueño junto a ti,

sé bien que no quieres despertar sin mí,

  • Esto…eh… - El rostro de Mora estaba del mismo color que la bandera de Gryffindor que sostenían los fanáticos, y no era exactamente pintura – Eh…Qué lindo tiempo hace hoy, ¿no? Hace calor…perfectas condiciones para jugar al Quidditch…

Emily dejó escapar una carcajada. Conocía lo suficiente a su amiga como para saber que no era aquello lo que tenía planeado decir. Lyna la miró enfadada, y le quitó el megáfono.

  • ¡No era eso! ¡Ella quiere decirle algo a Remus Lupin! – Mora volvió a tomar el megáfono.

  • Esto…eh…hola – Hubo una carcajada general, que hizo que Mora se pusiera aún peor. Desde las gradas, Lily le dirigió una mirada de soslayo a Emily. Luego codeó a Remus, mientras Mora salía corriendo. Remus, dándose por enterado, salió detrás de él. Emily suspiró.

  • Que romántico… - murmuró. James lo miró extrañado.

  • Pero…no pasó nada. Mora sólo hizo el ridículo frente a medio colegio.

Emily lo miró con los ojos llenos de reproche.

  • ¿No predices lo que va a pasar ahora?

  • Déjame pensar… ¡Sí! – A Emily se le iluminó el rostro - ¡Vamos a empezar el partido!

Emily lanzó un bufido.

  • ¿Qué tu no tienes sentimientos?

  • No. Ahora vamos.

Yo sé que no hay nada que perder

que tú puedes ser esa mujer

la piel de la noche y del amanecer.

Remus se acercó a ella. Lloraba apoyada en un árbol.

  • Esto…hola – saludó él.

  • …la – contestó ella, con la voz ronca, sin mirarlo.

  • Esto…yo…lo lamento – se disculpó Remus.

Mora continuaba sin mirarlo. Le daba mucha vergüenza.

  • No tienes que disculparte por nada – lo contradijo ella – Soy yo la que debe disculparse. Lamento todo esto. Es que…yo…

  • Mora… - ¿Por qué? ¿Por qué no lo miraba? ¿Por qué no se daba la vuelta?

Mírame no lo pienses más

déjate llevar.

  • Mora…yo… de verdad, lo lamento…soy un completo idiota…Nunca debí decirte nada, nunca debí darte esperanzas, nunca debí decirte lo que yo era, nunca debí haberte enviado esa cadena…

Mora se dio la vuelta, lentamente. Tenía los ojos enrojecidos, y el delineador corrido. Eso hizo reír a Remus, pero trató de evitarlo, pensando en la gravedad de la situación. Sin embargo, no pudo retener una sonrisa.

Si me besas una vez, pongo el mundo a tus pies

por tus labios pierdo la razón

si me besas dos o tres

mil estrellas bajaré

no hay medidas para el corazón.

Si me besas una vez, yo vuelvo a nacer.

  • ¿P-por qué ríes? – preguntó Mora, enjugándose los ojos con la mano.

  • Por nada – Remus continuaba sonriendo. Se veía tan linda…pero ya se estaba echando atrás. Había entendido todo: porque Lyna había hecho lo que había hecho, qué era lo que Mora había estado planeando toda la semana…todo para conseguir su amor. Pero él…él no podía… Él la amaba. La amaba desde el primer momento en que la vio. Pero siempre había pensado que…él no podía tenerla. Ella era demasiado para él. Y él sólo hecho de pensar que algún día podría llegar a herirla…

Lo sé, tienes miedo, yo también

lo sé es difícil de entender,

hablar se que puede hacernos tanto bien

Miedo. Tenía miedo de hablar. Miedo de abrir la boca, y decir alguna estupidez. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser ella así? Si ella fuera como Lily, o como Emily…ambas eran tan seguras de sí mismas cuando hablaban con James o con Sirius…tan seguras de decirles que no. Pero ella no podía. No podía hacerlo. Se emocionaba tanto…y luego, al momento de hacerlo, perdía la confianza…

Es nuestra oportunidad,

basta de esperar

si me besas una vez, pongo el mundo a tus pies

por tus labios pierdo la razón

si me besas dos o tres

mil estrellas bajaré

no hay medidas para el corazón.

Basta. Esto no podía continuar así. Se amaban. Se querían. Se adoraban. ¿Por qué estar separados? Tenía que decir su discurso: lo había planeado la semana entera. Se lo había aprendido de memoria. Tenía que decirlo. Al menos, él sabría lo que ella sentía…

  • Remus…hay algo que quiero decirte.

Remus levantó la mirada, y se enfrentaron. Mora tomó aire.

  • Te quiero. Te amo. Necesito estar contigo. No me importa que seas un hombre lobo. No voy a negarte que al principio…me sentí rara. Era una sensación desconocida, frente a un sentimiento extraño, que me hacían sentir rara…me traumaste – Remus bajó la mirada – Pero luego lo pensé. Y me di cuenta… de que nada cambia. Mis sentimientos hacia ti no cambian. Porque tú…eres único. Y el amor no dejará de ser amor porque haya un obstáculo. Y creo que eres un completo idiota al dejar pasar al amor de tu vida por un capricho como ese. Sé que no es fácil, pero si se quiere, todo se puede.

Es nuestra oportunidad,

basta de esperar

si me besas una vez, pongo el mundo a tus pies

por tus labios pierdo la razón

si me besas dos o tres

mil estrellas bajaré

no hay medidas para el corazón

Mora suspiró. Ya estaba. Ya lo había dicho. Pero aún quería seguir hablando. Una vez que había comenzado, ya no podía parar. Abrió la boca para continuar su discurso, pero Remus le puso un dedo en los labios.

  • No hables. – dicho esto, tomó sus mejillas con las manos, y la besó como nunca lo había hecho. Mora se sorprendió, pero luego lo abrazó contra sí y se dejó llevar por la magia del mutuo amor que sentían.

  • ¿Y ahora qué hago? – pensó Emily. Debía actuar rápido. No podía concentrarse.

  • ¡Emily! – le gritaba James - ¿Qué se supone que haces?

  • ¡Busco la snitch, pedazo de alcornoque! ¿Por qué crees que estoy subida a una escoba voladora frente a medio colegio?

  • ¡Entonces demuéstralo y muévete!

Emily lanzó un resoplido. Entonces la vio. Brillando, justo debajo de las gradas de los profesores, había una pequeña pelota dorada. Miró al buscador de Hufflepuff: estaba cerca de los postes de Gryffindor. Estaba lejos. Sin embargo…despacio, y sin quitar la vista de la pelota, fue bajando hacia abajo. A ras del piso, se fue acercando a ella, luego más rápido, cada vez a más velocidad…y luego volvió a subir, para mirar el juego desde arriba. Nadie parecía darse cuenta de lo que acababa de ocurrir.

  • ¡JAMES! – gritó, enojada. James no la oyó, así que gritó el doble de fuerte: - ¡HEY! ¡AQUÍ ARRIBA!

James miró hacia arriba. Emily abrió los últimos dos dedos de la mano, dejando ver un resplandor dorado. James abrió los ojos de la sorpresa, y pegó un grito de alegría. Madame Hooch hizo sonar su silbato.

  • ¡Gryffindor gana 220 a 30! – gritó Sirius a través del megáfono mágico, mientras los fanáticos de Gryffindor, aún aturdidos por la brusca victoria, se abrazaban y gritaban emocionados. James voló hacia Emily, y la abrazó con tanta fuerza que casi la ahoga. La chica miró hacia los de Hufflepuff: parecían muy decepcionados. Sintió pena. Sin embargo, aunque aun no podía creerlo, la alegría de haber ganado su primer partido de quidditch no se arruinaría por nada.