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Historia 27506 — capítulo 17

Emily miraba su reflejo en el lago. Se veía horrible: todo el cabello, normalmente ondulado, enmarañado y despeinado. Unas grandes ojeras se ocultaban detrás de sus anteojos, y los párpados se le caían. Tenía todo el uniforme arrugado, manchado y algo roto. Su zapato derecho tenía un agujero en la zona del dedo pequeño. Miró el reloj: eran las cuatro de la mañana. No recordaba qué había hecho antes, ni por qué estaba allí en medio de la noche, pero tenía un libro en la mano. Suspiró. Se dispuso a volver al colegio, pero se encontró cara a cara con algo que definitivamente no era un humano. Retrocedió. ¿Qué era aquella bestia? La criatura lanzó un rugido, y comenzó a acercarse a ella. Emily gritó, pero ni siquiera ella se oyó a sí misma. Emily retrocedía, y la criatura, gruñendo, se acercaba a ella. Emily lo reconoció: era un hombre-lobo. Trataba de gritar, pero la voz no le salía. Estaba asustada. Se tropezó, y cayó al piso. El licántropo la iba a alcanzar. Pero algo se entrepuso, y con sus patas delanteras logró hacer retroceder al hombre lobo. Era un enorme perro negro, con orejas puntiagudas que en la mitad se doblaban y dejaban caer su punta, que a Emily de alguna forma le resultaba muy familiar. Con un ladrido, volvió a empujar al hombre lobo, y este emitió un alarido de dolor. Emily cerró los ojos. No quería ver esa escena. Pero no pudo evitar volver a abrirlos. El perro se giró hacia ella, y le dijo con la mirada: “Corre”. Emily no dudó, y salió corriendo hacia el castillo. Pero, por un pequeño descuido, se dio la vuelta. Ya no estaban ni el perro ni el hombre lobo. En cambio, había una figura tirada en el piso. Aquella sí era una figura humana. Corrió hacia ella y, al verla de cerca, lanzó un gemido. Era Remus, y estaba inconsciente.

  • ¡Remus! – esta vez, la voz sí le salió. Corrió hacia él, y se arrodilló a su lado.

El muchacho tenía todo el cabello sobre la cara, y los brazos extendidos hacia arriba le tapaban el rostro. Su túnica parecía haber sufrido unos cuantos daños. Emily le dio vuelta la cabeza para verle el rostro y, con una opresión en el pecho, notó que estaba lleno de heridas que parecían profundas.

  • ¡No…! – murmuró – Remus, por favor, despierta…te lo ruego…

Su amigo estaba gravemente herido. Emily miró hacia todos lados, en busca de ayuda, y vio al lado del bosque, una sombra humana. No la reconoció, pero no confió en ella. Sin embargo, estaba en una situación de urgencia.

  • ¡Por favor, ayuda! – exclamó, dirigiéndose hacia la sombra. Esta no pareció oírla – Por favor…

Las lágrimas corrían por sus mejillas lentamente. Remus… La sombra humana hizo un movimiento extraño, y se convirtió en la sombra de un perro. Emily lo reconoció.

  • Un animago… - murmuró, y entonces comprendió - ¿¡Qué le has hecho a mi amigo!? – gritó - ¿QUE LE HAS HECHO?

Pero el perro no dio muestras de haberla oído. Comenzó a alejarse, a adentrarse en el bosque. Emily continuó llorando sobre el cuerpo inconsciente de Remus. Lloraba…lloraba…

  • ¡NO!

Se incorporó, sobresaltada. Se pasó la mano por la frente: estaba sudada. Miró alrededor: se encontraba en su habitación, en su cama…Del lado izquierdo, Lily dormía plácidamente. Giró la cabeza: a su derecha, Mora hablaba en sueños. Emily se levantó, y fue hasta el baño. El reloj de su mesita de luz decía que eran las cinco y media. Se miró al espejo: su aspecto era desprolijo, sí, pero era normal por las mañanas. No tenía tantas ojeras, ni la ropa sucia…suspiró aliviada. Un sueño. Sólo había sido eso. Un mal sueño. Seguramente Remus se encontraba en su cama, durmiendo tranquilamente… Quiso volver a la cama, pero se arrepintió. No tenía sueño. No después de tener una pesadilla como aquella. Se dio una ducha corta, y bajó a la sala común, a la espera de sus amigas. Pero no la encontró vacía, como esperaba: detrás del sillón, frente a la chimenea, vio escapándose unos cuantos cabellos despeinados, color azabache. Emily sonrió, y se sentó al lado de su amigo.

  • Buen día, James – le deseó. El chico se sobresaltó.

  • Me asustaste, Emily – le dijo. Emily rió.

  • ¿Qué haces aquí, a las…seis de la mañana? – preguntó - ¿Te caíste de la cama?

  • ¿Algún problema? – preguntó James, ofendido – No eres la única que tiene pesadillas.

  • ¿Cómo sabes que tuve una pesadilla? – inquirió Emily. James lanzó un resoplido.

  • Porque no estarías aquí, con el cabello mojado, sentada hablando conmigo, a las seis de la mañana.

  • Podría haber bajado a estudiar.

James la miró con desconfianza. Emily suspiró.

  • De acuerdo, tuve una pesadilla.

Ambos se quedaron pensativos, mirando las llamas que danzaban sin música alguna en la chimenea.

  • ¿Puedo preguntarte algo? – dijo James, después de un rato. Emily asintió. – Esto…es difícil…

  • Dime. – lo animó Emily. James la miró a los ojos, y suspiró.

  • Quiero…quiero que me ayudes.

  • ¿Ayudarte? ¿A qué?

  • A olvidarme de Lily Evans.

Emily se sobresaltó. La había tomado por sorpresa. Decidió quedarse callada. Sin embargo, sintió pena por él. Con sólo ver su expresión, sabía lo que sentía. Sabía lo que sufría.

  • ¿La amas, no es cierto? – preguntó Emily. James asintió, apesadumbrado, y ocultó el rostro entre sus manos.

  • No sé qué hacer para hacérselo entender…yo ya no le pido que salga conmigo, porque sé que va a rechazarme. Pero con sólo pensar en ella...con sólo mirarla a los ojos…esos ojos tan hermosos que tiene…y pensar que ella me odia, cada día decaigo más. Quiero que ella me crea, que entienda cómo me siento…pero ella sólo me desprecia. Y ya no puedo más. No puedo más con esto. Necesito olvidarme de ella. Necesito sacarla de mi mente. Necesito…

  • ¡Basta, James! – James levantó la mirada. – Escucha. No te rindas. No te rindas nunca. Tú no eres así. Imagina…imagina que esto es un partido de Quidditch.

James abrió los ojos de la sorpresa. Emily sonrió a modo de disculpa.

  • Sí, un partido de Quidditch. Si no puedes meter un tanto, no dejes el partido. Ocúpate un rato de defender, y cuando te sientas listo, vuelves a tratar de atacar. Tal vez en ese momento, puedas meter la pelota por el aro.

James sonrió. Parecía haber recobrado un poco de su buen humor. Hizo un ademán de acercarse a ella, pero luego se arrepintió. Emily rió, y lo abrazó con fuerza.

  • Gracias, Emily… - murmuró James, pasando sus brazos detrás de la muchacha.

  • Ni lo menciones, James…

  • ¿Así que eso te dijo Mily? – le preguntó Sirius a su amigo, mientras salían de Encantamientos, y se dirigían al aula de Defensa contra las Artes Oscuras. James asintió. – Aunque…no lo entendí. ¿Qué se supone que significa eso, que tienes que tratar de que ella te persiga a ti?

  • No, Canuto, claro que no – James sonrió – Ya lo vas a entender.

Sirius miró a Remus, quién sonreía, pero al ver que él se había girado hacia él, borró la sonrisa de su rostro.

  • ¿Qué? – Sirius no entendía. ¿Qué estaba ocurriendo?

  • ¿Alguna idea, Lunático? – preguntó James. Remus asintió.

  • Muchas, Cornamenta…y estoy seguro que te gustarán.

  • Excelente.

James y Remus entraron al aula, con Sirius detrás, aún preguntándose de qué rayos hablaban.

  • ¡Potter! ¡Lupin! ¡Ya basta! – exclamó el profesor Slughorn, haciendo que todos se sobresaltaran. James y Remus habían estado hablando en voz baja, y escribiendo cosas en un pedazo de pergamino. - ¿Qué se supone que están haciendo?

  • Nada – James se apresuró a esconder el pedazo de pergamino. Al cruzarse con la mirada de Lily, corrió el rostro.

  • ¿Qué estarían haciendo? – le preguntó Lily a Emily en un susurro. Ella se encogió de hombros, y volvió a su poción. Sin embargo, no pesaba en ello. ¿Cómo se habría tomado James sus palabras? ¿Qué pensaba que había querido decir? Tal vez no había sido lo suficientemente clara.

  • ¡Emily, cuidado! – le susurró Lily. Había estado a punto de meter su pluma adentro del caldero. Mora rió por lo bajo. Slughorn comenzó a pasearse por la mazmorra, hasta llegar a la mesa de las chicas.

  • Excelente, Lily – la felicitó. Lily sonrió satisfecha. El profesor miró el caldero de Emily. – Le falta una pata de rana, Emily, pero el resto está muy bien. – Emily agregó la pata de rana, y su poción se tornó de un verde brillante a un verde oscuro – Eso es. Pero… ¡O’Connor! ¿Qué has hecho?

  • La poción – contestó Mora, aunque su caldero contenía un líquido color naranja amarillento.

  • Vuelva a leer las instrucciones, señorita – le aconsejó el profesor.

Mora releyó las instrucciones, y se puso pálida.

  • Ups… - murmuró.

  • Sí, ups. Ahora, si fuera usted tan amable de agregar las tres cucharadas de azúcar que se le ha pedido, más la piel de serpiente, tal vez su poción quede algo mejor. – Mientras el profesor se alejaba, Mora miró con reproche a Emily y a Lily, que reían por lo bajo.

  • Perdón por ser un desastre en Pociones – les dijo, cuando salieron del aula.

  • Es extraño…eres la mejor cocinera que conozco, y sin embargo, en Pociones eres un desastre – le dijo Emily.

  • Gracias, Mily… - ironizó Mora. – Es que no es lo mismo.

Emily se encogió de hombros, mientras Lily reía.

Las semanas fueron pasando. Cada vez el fin de año estaba más cerca. Sin embargo, recién eran fines de febrero, así que les quedaba un largo tiempo de clases. Una noche, Emily se encontraba sentada en la sala común con sus amigas. Ella leía un libro de Pociones de quinto año, mientras sus amigas hablaban acerca de los cuatro muchachos.

  • ¿No podrías preguntarle a Remus qué les ocurre últimamente? – preguntó Lily. Mora se encogió de hombros.

  • Ya le pregunté, pero no quiere contestarme. Siempre dice que no le pasa nada…

  • Están raros – afirmó Lily – Últimamente no llaman la atención como solían hacerlo, si no que se quedan callados, hablando entre sí. Muchas veces fui a preguntarles qué hacían, pero se callaron apenas llegué. Y en clase tampoco participan: siempre están en la suya. ¿Qué estarán tramando?

  • Ay, chicas, parecen dos viejas cotorras – les reprochó Emily por encima de su libro – Dejen a los chicos en paz.

Mora y Lily lanzaron una carcajada. Sin embargo, Emily usaba ese pretexto para que cambiaran de tema. Tenía la ligera impresión de que ella tenía algo que ver con la rara actitud de sus compañeros. Aún no le había preguntado a James cómo había interpretado sus palabras. Sin embargo, parecía verlo mucho mejor: Ya no estaba todo el día pidiéndole a Lily que saliera con él. De hecho, no parecía ni registrarla. El otro día le había pedido prestada un poco de tinta, pero aparte de eso no le había dirigido la palabra. Emily estaba segura que Lily comenzaba a extrañarlo, aunque no quisiera admitirlo. De repente, oyó un ruido fuerte, y lo que pareció un gemido, y se sobresaltó, al igual que Mora y Lily. Las tres se dieron la vuelta, y miraron hacia la entrada.

  • ¿Qué fue eso? – preguntó Lily.

  • No lo sé… fue por ahí – Mora señaló una silla, la que estaba más cerca del retrato.

  • Fue como sí…como si alguien se hubiera chocado – comentó Emily. – Pero no hay nadie.

  • Qué extraño… - murmuró Mora. Lily se encogió de hombros. Emily echó una mirada rápida hacia la silla, y luego volvió a enfrascarse en su lectura.