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Historia 27506 — capítulo 20

  • ¡No voy a irme, Madame Pomfrey! – fue lo primero que oyó Emily al despertarse en la enfermería. La reconoció como la voz de Mora.

  • Sí, si vas a irte – la corrigió la enfermera, aparentemente irritada – Porque los pacientes tienen que descansar.

Emily se incorporó. Sintió algo pesado en su cuerpo, y notó que tenía puesto un buzo negro que le quedaba enorme.

Sirius estaba sentado en una cama enfrente, con los pies apoyados en el suelo, y Madame Pomfrey le curaba las heridas del rostro. Mora discutía con la enfermera por detrás, y Lily la tomaba del brazo, tratando de llevársela. James se encontraba parado al lado de Madame Pomfrey, con algunas vendas, y negaba con la cabeza. Al verla incorporarse, sonrió. Sirius vio su sonrisa, y miró hacia la cama de Emily.

  • ¡Emily! – exclamó, tratando de bajarse. Sin embargo, la enfermera no lo dejó. Mora y Lily se acercaron rápidamente a su cama, y ambas la abrazaron con fuerza.

  • ¡Ay, ay! – exclamó Emily, haciendo un gesto de dolor. Sus amigas se separaron rápidamente.

  • Lo siento – se disculpó Lily - ¿Cómo estás?

  • Bien – contestó Emily, sinceramente. Le dolía mucho la cabeza. Se sentía extraña. Aún no caía en que esa misma mañana había estado a punto de morir. Y que Sirius Black le había salvado la vida. Lo miró, y no pudo evitar sonreír. Sin embargo, se arrepintió, y volvió a mirar a sus amigas. James se acercó a ellas, y se sentó al pie de la cama.

  • Necesitamos…hablar – le dijo Emily, y él asintió. Mora y Lily intercambiaron una mirada de complicidad. Emily miró hacia todos lados. Remus se encontraba en la cama de al lado, profundamente dormido, lleno de cortes y heridas.

  • Muy bien, Black, ya puedes bajarte – Sirius se apresuró a bajarse de la camilla y, aún maldiciendo, se acercó a la de Emily y se sentó a su lado.

  • ¿Te hiciste daño? – le preguntó, tomándole la mano, mientras Madame Pomfrey entraba a su despacho en busca de una poción para la muchacha recién levantada. Seguramente, el tomarle la mano a una chica era demasiado normal para él, pero no para Emily, quién sintió como si le ardiera la cara y se soltó rápidamente.

  • Estoy bien, Black – le dijo, cortante. Luego lo miró a los ojos – Ahora quiero que me expliquen todo. Si, “expliquen”. James, Lily y Mora – dirigió una rápida mirada hacia sus otros tres amigos, que la miraban expectantes – No crean que no oí la voz de Lily gritando, o de Mora, y también vi a James y a Black… - bajó la voz, hasta transformarla en un susurro - …transformándose. – Luego volvió a levantar la voz – Así que quiero que me expliquen lo que está pasando aquí.

Sirius y James se miraron, y luego suspiraron.

  • Muy bien – comenzó Sirius – La cosa es así: Remus es un licántropo. Supongo que de eso ya te diste cuenta. Bien, lo es desde que es pequeño, quién sabe desde cuando, a quién le importa – Mora lo miró con la mirada llena de reproche, pero Sirius no pareció darse cuenta – Bueno, el caso es que somos sus mejores amigos, y nos lo ocultó desde que lo conocimos.

  • Y lo entendimos, al final – agregó James – Pero el caso es que, a pesar de todo lo que él hizo para ocultarlo, lo descubrimos en segundo año. Imagínate, se iba todos los meses, queríamos saber adónde iba, sospechábamos, pero el siempre nos decía que su madre estaba enferma, y cosas así…nunca le creíamos. Finalmente lo descubrimos.

  • Entendemos que nos lo ocultó por miedo, la personalidad de Remus es así, es inseguro…ya lo viste con Mora – continuó Sirius – Pero nosotros no lo abandonamos. Al contrario, quisimos ayudarlo.

  • En quinto año descubrimos como hacernos animagos. – interrumpió James – Yo me convertí en un ciervo…

  • Yo en un perro…

  • Y ayudamos a Peter a convertirse en una rata.

  • Así que por eso los apodos… - reflexionó Emily. James asintió.

  • “Lunático” por “Luna”, “Canuto” por “Can”, “Cornamenta” por la cornamenta del ciervo y “Colagusano” porque la cola de Peter parece un gusano.

Mora dejó escapar una carcajada, que logró convertir en una tos. Emily se fijó en ella.

  • Y… ¿ustedes sabían? – preguntó. Mora y Lily se miraron, y luego la pelirroja suspiró.

  • Lo de los animagos no teníamos ni idea. – confesó – Nos sorprendió tanto como a ti. Ahora…no puedo negarte que sabíamos lo de Remus.

Instintivamente, Emily miró hacia la cama de Remus.

  • ¿Cómo lo sabían? – preguntó.

  • Bueno, es mi novio, ¿no? – dijo Mora con media sonrisa, que se apresuró a borrar – y Lily… bueno, ella…

  • Lo…deduje – balbuceó ella – Pero luego lo oí en la sala común. A Black se le escapó decirlo en voz algo alta. Por suerte solo estaba yo, y ellos pensaron que no había oído. Fue hace dos años. Desde entonces lo sé.

  • Y… ¿ambas sabían que la otra sabía? – preguntó Emily, temiendo la respuesta. Las dos chicas asintieron débilmente. Emily miró al piso.

  • Osea… ¿Qué yo era la única que no lo sabía? – Eso era mentira. Sí que lo sabía. Su subconsciente lo sabía. Si no, ¿cómo había podido soñar con él? Todos los demás se miraron.

  • Lo lamento, Emily… - se disculpó Mora – Es que…

  • ¿Es que qué? Escuchen – Emily no estaba enfadada. No le importaba que no le hubieran dicho, porque sabía que era un secreto muy importante, y entendía las razones de todos, no quería que le contaran absolutamente todo, pero le dolía que sus mejores amigas le hubieran ocultado algo de esa forma – No me importa que no me lo digan. Si me dan razones por las cuales no pueden, lo entenderé. No espero que me digan todo. No soy así. Pero…me duele que me hayan ocultado cosas. Sé que hablaban de eso cuando yo no estaba – dirigió una rápida mirada de complicidad a sus amigas, pero como ellas no replicaron, suspiró.

  • Lo lamentamos mucho, Mily, pero… - Mora dejó escapar unas lágrimas. Emily no pudo evitar sonreír. Mora siempre lloraba, y a pesar de que sabía que no era bonito, y que ella debía sentirse muy mal, a Emily la ponía muy contenta, porque significaba que Mora la quería mucho. Suspiró.

  • De acuerdo. No se preocupen. Ya todos lo sabemos, ¿no? Ya todo pasó, ya me he enterado. Prometo no decírselo a nadie. Ni lo de Remus, ni lo de ustedes.

  • También yo – Mora se enjugó los ojos. Todos miraron a Lily, quién suspiró.

  • De acuerdo, también yo. Prometo no decir nada.

Sirius y James se miraron, y sonrieron. Lily, Mora y Emily se abrazaron.

  • Bueno, bueno, creo que es hora de que YO cobre – dijo Sirius, con una sonrisa. Las chicas se separaron.

  • ¿De qué hablas? – preguntó Emily. Sirius la miró con su clásica mirada de conquista.

  • Bueno, te salvé la vida, ¿o no? Quiero mi paga… una cena a la luz de la luna estaría bien…

¡PAF!

Sirius apoyó su mano en su mejilla derecha, y Emily volvió a levantar el brazo. James bostezó, Lily negó con la cabeza y Mora lanzó un resoplido. Esa escena ya era tan normal que casi pasaba desapercibida.

  • Vamos a contar cuántas veces Emily le ha pegado a Sirius – le susurró Mora a Lily, mientras la aludida le gritaba todo tipo de cosas a Sirius. Lo clásico.

  • Creo que seis o siete… - contestó la pelirroja, contando con los dedos – más todas las que faltan.

Ambas rieron por lo bajo. Entonces volvió Madame Pomfrey, y le dio una poción azulada.

  • Bébela – le dijo, y Emily obedeció. – Bueno, eso ayudará a cerrar tus heridas. Tuviste suerte, no sé que estarían haciendo para terminar así…

  • Madame Pomfrey – llamó Emily, mientras la mujer se alejaba - ¿Puedo irme?

La enfermera dudó. Abrió la boca para contestar, y luego suspiró.

  • No me hago cargo – dijo, y luego se fue haciendo mucho ruido con sus tacos. Emily la miró sorprendida, y luego suspiró. Cinco minutos después, se encontraba cerrando la puerta de la enfermería. Mora se había quedado dentro, al lado de Remus, hasta que despertara, así que se estaba yendo con James, Sirius y Lily. Lily y James discutían adelante, así que Emily aprovechó para tomar a Sirius del brazo y arrastrarlo a algún lugar dónde no pudieran verlos.

  • ¿Qué ocurre? – le preguntó Sirius – No, no, no me digas: te diste cuenta de que me amabas. Ya era hora…

  • No seas idiota – le espetó Emily. Lo miró a los ojos un instante, y luego se quitó el buzo negro que tenía puesto. – Ten.

Sirius miró el buzo, y luego a ella.

  • ¿Por qué me lo das?

  • Porque es tuyo.

Sirius arqueó las cejas, y luego sonrió.

  • ¿Y cómo sabes que es mío?

  • Porque reconocería algo tuyo aunque fuera un cabello.

Se tapó la boca con las manos, dándose cuenta de lo que había dicho. Sirius arqueó aún más las cejas.

  • N-No es lo que piensas – balbuceó Emily – E-es que…

  • ¿Qué qué? – Sirius apoyó su brazo en la pared, arrinconando a Emily. Ella se apoyó bien en la pared de mármol - ¿Qué significó eso?

  • N-no es lo que piensas – repitió ella – Es que…ya te conozco muy bien, y…

  • ¿Segura que es eso? – Sirius se acercó aún más a ella. Emily tragó con fuerza. Esos ojos puestos en los suyos, ese aliento a miel, estaban haciendo que olvidara todo el odio y el rencor que le había juntado a ese muchacho de cabello negro. Sabía que Sirius estaba aprovechando la situación para jugar con ella, pero no podía moverse. Estaba paralizada, apoyada contra la pared. Ya casi sentía el roce de sus labios. Sirius estaba ganando. Ganando la guerra contra la que Emily había luchado desde que lo había conocido. Entonces sintió como el buzo negro se resbalaba de su mano, y caía al piso, y volvió a la realidad. Se agachó a buscarlo justo en el momento en que Sirius iba a dar por ganada la guerra, y se levantó del otro lado. Ahora era él el que estaba del lado de la pared. Estiró su brazo, dándole a entender que no quería aquél buzo negro, que sabía que era de él, y que lo único que quería era devolvérselo.

  • Ten – repitió – Es tuyo. Gracias por cubrirme las heridas, pero ya no lo necesito.

Sirius sonrió, se puso las manos en los bolsillos y se encaminó hacia la sala común, sin siquiera tomar lo que ella le estaba dando.

  • Quédatelo – le dijo finalmente – Te lo regalo.

Los días pasaron. La tarde del día en que Emily salió del hospital, Remus volvió a la sala común con Mora, y hasta se arrodilló frente a Emily para pedirle disculpas. Pero ella se limitó a abrazarlo y a decirle que lo comprendía, y que no necesitaba pedir disculpas. Todas las noches, casi sin darse cuenta, Emily se ponía el buzo y dormía con él. Lily y Mora la miraban extrañadas, ya que sabían que el buzo no era de ella, pero nunca le preguntaban nada. Cada vez que Sirius veía a Emily, le sonreía maliciosamente, y ella se limitaba a darse la vuelta. Pero lo cierto era que, después de lo pasado, no podía ni mirarlo a la cara. Tampoco es que tuviera mucho tiempo. El fin de año se acercaba, y su estudio se multiplicaba cada día. Una noche, Emily se encontraba sentada en su habitación, sobre su cama, leyendo el libro de Transformaciones, con el buzo negro puesto, mientras Lily se duchaba y Mora se dibujaba a sí misma junto a Remus.

  • Otro dibujo horrible – dijo Mora, arrugándolo y tirándolo - ¿Dónde están Mary y Ayleen?

  • En la sala común – le dijo Lily, saliendo del baño. Luego miró a Emily, que continuaba leyendo – Emily… ¿De dónde sacaste ese buzo?

Emily se sobresaltó. No se esperaba esa pregunta.

  • Eh…me lo regalaron – dijo.

  • ¿Quién? – preguntó Mora. Emily la fulminó con la mirada, luego cerró su libro y suspiró.

  • Black – contestó. Mora y Lily se miraron, y se abalanzaron sobre ella.

  • ¿Cómo que Black? – preguntó Lily.

  • ¿No era que lo odiabas? – se burló Mora.

  • Lo odio – afirmó Emily.

  • ¿Entonces por qué te regaló un buzo que, por cierto, usas todos los días? – preguntó Lily burlonamente.

  • Porque fue para tapar mis heridas, y después…eh…bueno, me lo regaló – Emily miró a sus amigas desafiante – Vamos, chicas, no pensarán que por un simple buzo…

  • Sí – contestaron Lily y Mora a la vez. Emily las volvió a fulminar con la mirada. Luego Lily suspiró.

  • Vamos, Emily… ¿recuerdas ese sueño que tuviste hace un tiempo?

  • ¿Qué sueño? – preguntó Mora. Emily hizo un gesto con la mano.

  • Fue un sueño.

  • ¿Qué sueño? – repitió Mora. Lily suspiró, y se sentó a los pies de la cama de Emily.

  • Un sueño en el que Emily estaba perdida en el bosque con Black. Soñaba que quería salir, pero le decía a Black que no quería salir. Y luego se encontraba con nosotras, que queríamos ayudarla a salir, pero ella nos decía que no quería salir, cuando en realidad si quería. Luego estaba Potter, que le decía que la mejor manera de salir era adentrándose más. Y Black decía que ya estaba afuera. Y luego se despertó. Me lo contó cuando se despertó, tú estabas en el campo de Quidditch, fuiste a ver a Potter.

  • Fue un sueño extraño – admitió Emily. – Pero fue sólo un sueño.

Mora y Lily se miraron, y sonrieron.

  • Mira, Emily, aunque no te guste admitirlo, tus sueños nunca son sueños… - le dijo Mora.

  • Y no quise decírtelo en el momento, pero yo entendí que significaba ese sueño – dijo Lily. Emily la miró extrañada, y arqueó las cejas. - Mira, Emily…puede que no te guste admitirlo, pero es así. El bosque representa el círculo en el que está metida tu relación con Black. Tú sabes que quieres salir del círculo, y admitir de una vez que te gusta Black, pero por alguna razón no lo haces, y te quedas metida en ese círculo dónde haces creer a los demás que lo odias. Quieres salir del círculo, es decir, del bosque, pero no quieres admitir que quieres salir. ¿Entiendes? Mora y yo queremos ayudarte, pero tú no nos dejas. Y Black…bueno, él no mejora las cosas. Ahora sí, lo de Potter, no tengo ni idea.

Emily se quedó boquiabierta, y miró hacia fuera.

  • ¿Por qué mis sueños no son sólo sueños? – preguntó, para cambiar un poco de tema.

  • El vivo ejemplo es que viste la transformación de Remus, aunque no sabías que era un hombre-lobo – dijo Mora. – Lo de tu aspecto arruinado demuestra…

Se calló. No hizo falta que continuara hablando. Emily había comprendido que significaba eso.

  • Muestra mi miedo – dijo – Mi miedo al desequilibrio. Mi miedo a perderlo todo. ¿No es cierto?

Lily asintió, y la abrazó. Emily continuó mirando hacia fuera.

  • Es sólo un buzo – dijo, casi para sí misma - ¿Por qué tanto lío por un buzo?

Mora comenzaba a perder la paciencia. No podía tener una amiga tan terca.

  • Bueno – dijo, tratando de contenerse – Sí, tal vez tienes razón. Es muy poca prueba. Sueñas con él todas las noches, sueños donde sabes que te gusta, luego te pones hecha una fiera cada vez que lo ves con una chica, te regala un buzo que no te quitas nunca aunque Lily y yo estemos casi sin remera porque se acerca el verano y ¡hace 28 grados!

Lily y Emily la miraron sorprendidas. Luego, Emily suspiró, y se tiró sobre su cama.

  • Chicas… - dijo.

  • ¿Qué? – preguntó Lily suavemente.

  • No puede ser… ¡Me gusta Sirius Black!