← Historia 27506 · de
Historia 27506 — capítulo 21
-
Debes ir a hablar con Sirius – le dijo Mora la mañana del 15 de Abril a su querida amiga Emily, mientras ella trataba de leer su libro de Historia de la magia.
-
Para qué de los dije – dijo ella, cerrando el libro – ya se los he dicho mil veces: JAMAS.
-
Pero… - trató de replicar Lily – Nos has admitido que te gustaba Sirius. Exactamente con esas palabras.
-
Lo sé, pero sigue siendo un arrogante, un mujeriego, un egocéntrico, un idiota, un…
-
Sí, sí, ya entendimos – dijo Mora, algo cansada – Pero así, con esas exactas características, a ti te gusta.
Emily suspiró.
-
Puede ser, pero…aún me pone los nervios de punta. Y además…
-
Yo entiendo, Emily – dijo Lily – Vienes sufriendo las burlas de Sirius desde que lo conoces. Lleva molestándote todo este tiempo con que está seguro que le gustas, pero tú sabes que sólo te está molestando. Entiendo que no quieras hablar con él, porque le tienes miedo al rechazo, y sabes que si sabe que estás perdidamente enamorada de él…
-
Bueno eso es demasiado – interrumpió Emily, sonrojada.
-
…no va a dejarte en paz. – continuó Lily, como si nada - ¿A eso le temes?
-
Piénsalo bien, Lily – dijo Emily – Lo conoces. Sabes como se pone. Si sabe que me gusta, se le subirán los humos a la cabeza.
-
Lo sé, pero si no lo intentas, jamás sabrás si le correspondes, y pasarás el resto de tu vida preguntándote qué habría pasado si se lo hubieras dicho – dijo Mora.
-
Gracias por la perspectiva que me das. – le reprochó Emily.
-
De nada, amiga, sabes que siempre digo lo que necesitas oír.
Emily la fulminó con la mirada. Luego suspiró, y se levantó.
-
De acuerdo, voy a hacerles caso. Trataré de hablar con él. Pero si se le sube a la cabeza, no respondo de mis actos. Por algo soy la chica de los tortazos.
-
Ese apodo te quedó desde mi cumpleaños – sonrió Mora. – Qué tortazo ese…
-
Se lo merecía – las tres chicas rieron animadamente. Emily miró por la ventana, y suspiró.
-
Black – lo llamó Emily, esa tarde, mientras él estaba jugando Snap Explosivo con James, Remus y Peter. ¿Qué nunca estaba solo? El muchacho levantó la mirada, y sonrió.
-
Mily – dijo – Qué sorpresa.
-
Necesito hablar contigo – miró a sus amigos con desconfianza – A solas.
Sirius ensanchó su sonrisa, se levantó y la siguió.
-
Necesito decirte algo…importante – dijo ella, cuando se encontraron en un aula vacía.
-
No hace falta, ya lo sé – dijo Sirius. Emily se quedó boquiabierta. ¿Cómo era que lo sabía? No podía saberlo. ¿Acaso…las había oído?
-
¿Cómo…qué…?
-
Ay, vamos, Mily…ya todo el colegio lo sabe.
Emily lo miró incrédula. ¿Acaso se había dignado a contárselo a todo el mundo? ¿Qué quería, dejarla en ridículo? Sirius comenzó a acercarse a ella.
- En realidad...me lo dijo Remus – Emily comenzaba a enojarse. ¿Cómo había podido? Así que era Remus quién las había oído. Sirius, en cambio, se acercaba a ella, con su expresión galante. Emily miró hacia abajo, y notó que tenía una pequeña pelota en la mano. Era una snitch. ¿Qué hacía Sirius con una snitch? – Me dijo que quieres salir conmigo este viernes, una cena a la luz de la luna…
Emily arqueó las cejas. No recordaba haber mencionado una cena a la luz de la luna. Iba a abrir la boca, para decir algo, pero luego comprendió: Sirius no la había oído hablar, Remus no le había dicho nada, sólo estaba haciéndose el galán frente a ella. Suspiró, casi sin darse cuenta. Él jamás la tomaría enserio. Ella sólo era un juguete, un objetivo. Tomó la mano de Sirius, y se acercó a su boca.
-
Sí. La verdad, Black, es que era eso lo que quería decirte – no estaba mintiendo. Era verdad. Pero… - ¿Sabes algo? Me encantan tus ojos…
-
¿Enserio? – Sirius apoyó su nariz sobre la de Emily. El recuerdo de aquél aliento a miel aún la torturaba. Pero debía ser fuerte. Debía lograrlo.
-
Sí…y tus labios… ¿sabes cómo sería genial tu boca?
-
¿Cómo? – los labios de Sirius estaban casi pegados a los de Emily. Sentía el roce. Pero no se iba a dejar vencer.
-
Tapados – levantó la mano de Sirius, dónde tenía la pequeña snitch, y se la encajó en la boca. Luego le pegó una bofetada, y salió caminando hacia el otro lado. Sirius escupió la snitch, que salió volando, y Emily saltó y la atrapó.
-
Así quería atraparte – dijo, llena de rabia, dándose la vuelta y mostrándole la snitch – Robando propiedad del colegio. Ya verás cuándo le muestre esto a McGonagall. Estará feliz de tenerte de nuevo abrillantando los trofeos.
Estaba furiosa. Sentía la furia explotar dentro de sí. ¿Cómo se le había podido ocurrir que, tal vez, él podía llegar a tomarla enserio? Era un idiota. Un imbécil. Lágrimas de rabia resbalaban por su rostro. Antes de irse, se dio la vuelta, y llena de furia, le dijo:
- No era eso lo que quería decirte, pero ahora te quedarás con la duda, por imbécil. Te lo mereces, idiota.
Y salió de la sala. Sirius se frotó la mejilla, y levantó la mirada cuando creyó oír un sollozo del otro lado de la puerta.
-
No se que tiene contra mí. – dijo Sirius esa noche, mientras hablaba con sus amigos – Me odia por alguna razón.
-
Tal vez deberías tratar de ser un poco más…amable con ella – le recomendó Remus.
-
¿Y dejar de ser yo? – preguntó Sirius amargamente – Si no me soporta, el problema es suyo. Pero que no se meta con mis mejillas, que van a terminar quedando rojas. O por lo menos, que no me humille de esa forma. Que no me de falsas esperanzas.
James arqueó las cejas.
- ¿Falsas esperanzas?
Sirius lanzó un resoplido.
-
Nada. – se levantó del sillón, haciendo caer la torre de cartas que Remus estaba armando.
-
¡Hey!
-
Lo siento. – miró a James – Oye, amigo, ¿Dónde están las chicas ahora?
-
En el Gran Salón – contestó, encogiéndose de hombros – ¿Por qué preguntas?
-
Tengo que recuperar esa snitch. No quiero que me vuelvan a castigar.
-
Pero…no podemos entrar al cuarto de las chicas – dijo Peter.
-
Hay una forma – dijo James – Pero es muy arriesgado. Igualmente, esa snitch es necesaria si no quieres pasarte todo tu fin de semana limpiando trofeos. Necesitamos que vigilen aquí abajo. Peter no es capaz de hacerlo, y yo debería subir con Sirius, así que…
Miró a Remus, y el chico corrió la mirada.
-
A mí no me mires – dijo – Yo no estoy de acuerdo con que entren al cuarto de las chicas sin permiso.
-
Vamos, Lunático – dijo Sirius - ¿Cuántas veces has entrado tú?
Remus se puso rojo como un tomate, sabiendo lo que su amigo quería decir, pero no se rindió.
-
Primero: jamás entré. No puedo. La escalera se hace tobogán. Segundo: si hubiera entrado, habría sido con el permiso de Mora. No lo haré. No me parece bien que les invadan la habitación.
-
Por favor, lobito… - pidió James – Es por tu amigo…que va a estar castigado todo el fin de semana…
-
Se lo merece.
-
¡Vamos, Lunático! – rogó Sirius, y luego se le ocurrió algo - ¿O quieres que le cuente a Mora cómo esta mañana gemías en la cama, murmurando su nombre? Me pregunto qué estarías soñando…
-
¡De acuerdo, de acuerdo, lo haré! – saltó Remus. Su rostro ya no se distinguía de la pared escarlata. Sirius y James se miraron, y sonrieron.
-
Excelente, iré a traer mi escoba – dijo James – Si no tocamos el piso, no podremos resbalarnos, y podremos entrar a la habitación.
-
¿Cuántas veces has hecho esto, James? – preguntó Sirius.
-
Bastantes – contestó James como si nada. Buscó su escoba, hizo que Sirius montara tras él, y subieron a las habitaciones de las chicas.
-
Aquí es – dijo James, cuando se encontraron frente a la puerta de roble que tenía un cartel encima que decía: “Sexto Año”. Sirius abrió la puerta. La habitación era muy parecida a la de los chicos. Camas con doseles rojos, alfombra escarlata en el suelo, almohadas doradas, una puerta que daba al baño…la única diferencia, era la decoración personal. La primera cama a la derecha, era definitivamente de Lily Evans: sobre ella estaba todo perfectamente ordenado. Había unos cuatro libros de clase, una bufanda roja y dorada y un pedazo grande de pergamino. En la mesa de luz, había dos fotografías: una de ellas era mágica, de Lily, Emily y Mora, y la otra no se movía, y había tres personas junto a ella, que Sirius supuso eran sus padres y su hermana. La cama de al lado estaba hecha un desorden: sobre la cama, había montones de collares, pulseras, anillos, aros, y todo tipo de accesorios, junto con dos peluches: uno de un perro negro, y otro de un oso. En la mesita de luz, había algunos libros apilados, y sobre ellos, el cuaderno naranja que Sirius una vez había tratado de leer, junto a una pluma de fénix azulada. Luego había una lámpara, y debajo de la cama, sobresalía un par de zapatos. Esa definitivamente era la cama de Emily. La cama del medio era la de Mora: tenía uno que otro póster de la selección inglesa de Quidditch. Sobre la cama, había almohadones de todos los tamaños y formas. No estaba tan desordenado como lo de Emily, pero no tan ordenado como lo de Lily. Sobre una silla había un estuche de maquillaje, y un cuaderno abierto dónde se podía ver un dibujo de ella misma, junto a sus dos amigas. En la mesita de luz, una fotografía de ella y Remus, donde ella le besaba la mejilla, y él se sonrojaba. Las otras dos camas eran las de Mary y Ayleen, ambas bastante ordenadas, una con una escoba encima y la otra llena de peluches. En el armario, el cual estaba entreabierto, se podía ver de un lado, cinco estantes con la ropa de cada una. Como cada una tenía un estilo muy diferente, Sirius pudo descifrar el orden: el primero era el de Ayleen, el segundo el de Emily, el tercero el de Lily, el cuarto el de Mary y el de más abajo el de Mora. Del otro lado, estaban las túnicas y los zapatos, y detrás de ello, las escobas de Emily y de Mary. Entre las camas de Mora y de Mary, había un espejo de cuerpo entero. Los baúles de cada una estaban al lado de las camas. Del de Emily sobresalían las cosas, mientras que el de Lily estaba firmemente cerrado. Finalmente, entre las camas de Emily y de Lily, había una especie de aparato extraño, que servía para reproducir música.
-
¿Qué clase de música crees que Lily escuche? – le preguntó James a Sirius.
-
No sé ni me importa – dijo Sirius – Ahora, busquemos la snitch y salgamos de aquí.
Prácticamente, dieron vuelta el dormitorio. Buscaron en el armario, en el baño, debajo de la cama, en los cajones, sobre las sillas, detrás de las cortinas…
-
¿Crees que se la llevó? – preguntó James.
-
No lo creo. No andaría con una snitch que no es suya por ahí. – Sirius comenzó a revisar el baúl de Emily, y entonces tocó algo duro - ¡La encontré!
-
Excelente, vamonos, las chicas deben estar por llegar.
Sirius fue detrás de James, pero al echarle una última mirada al dormitorio, notó algo en lo que antes no se había fijado: el cuadernito de Emily. La verdad, era que se había quedado con la intriga. ¿Qué les ocurriría a Anna y a Jason? ¿Cómo terminaría su relación? Sirius recordó la expresión de Emily al notar que había leído su historia. No quería volver a meterse con ella…ya suficiente con una bofetada por día. Sin embargo…quería saber como terminaba la historia.
-
No se enterará… - murmuró, y comenzó a acercarse a él. James se dio la vuelta, aparentemente enojado.
-
Canuto, ¿qué haces? ¡Nos van a descubrir!
Sirius no lo hizo caso, y tomó el cuaderno. Abrió, y buscó donde se había quedado.
Jason se acercó a Anna por detrás. Las lágrimas continuaban cayendo por el rostro de la muchacha. Hacía que miraba el ocaso color rosa, pero en realidad no lo notaba. Tal vez Laura y Kim tenían razón. Tal vez debía disculparse. Lo que le había dicho no era precisamente bonito. Sin embargo, no podía hacerlo. No después de lo que Jason le había hecho.
-
¿Estás decidida a no hablarme? – preguntó el chico.
-
No lo sé, Parker…no lo sé. – En realidad no lo sabía. ¿Qué era lo que quería? Lo amaba. Lo amaba con toda su alma. Pero no podía perdonarlo tan fácilmente. Se sentía usada. Se sentía desgraciada. Pero luego…
-
A mí tampoco me ha gustado lo que me has dicho – comentó Jason, aún por detrás. Anna sentía como las olas del lago iban y venían, mojando sus pies. – No ha sido muy amable.
-
Tú también estabas decidido a no hablarme – dijo Anna con pesar.
-
No puedo – dijo Jason con sinceridad – No lo logro. El solo hecho de saber que estás enojada conmigo me hace sentir una opresión en el pecho que jamás había sentido. El solo hecho de no oír tu voz me deja melancólico, y lleno de una profunda tristeza que no soy capaz de controlar.
-
¿Por qué? – preguntó Anna, sin poder contener otra tanda de lágrimas - ¿Por qué te gusta verme sufrir así?
-
Odio verte sufrir – Jason continuaba acercándose – Es por eso que te digo todo esto. Es por eso que te dirijo la palabra. Para mostrarte que ya no me importa lo que hayas dicho.
-
¿Por qué?
Jason suspiró.
- Porque te amo.
En eso, se oyó el ruido de la puerta. Alguien trataba de entrar. James y Sirius se miraron, y buscaron un escondite. Se metieron en lo primero que encontraron: el armario. La que entró por la puerta fue Emily.
-
¡Mierda! – murmuró Sirius. James le tapó la boca.
-
No seas grosero, Canuto… - susurró – Voy a matar a Remus.
Emily entró, cerró la puerta, y se sentó sobre su cama, con las piernas cruzadas. Sirius rezaba porque no decidiera cambiarse de ropa. Bueno, en realidad sí, pero no con algo del armario. Algo que ya tuviera afuera. Emily se recostó en su cama. Era el momento para salir, pero era muy arriesgado. Por suerte decidieron no salir, porque Emily volvió a incorporarse, y tomó su gigantesco oso de peluche.
- No me mires así – le dijo. Sirius y James se miraron. ¿Emily estaba hablando con un oso? ¿De peluche? – No fue mi culpa.
La chica suspiró.
-
¿A qué no sabes qué me ha hecho hoy Black? – el corazón de Sirius dio un vuelco. Emily continuaba mirando fijamente a su oso – Hoy quise ir a hablar con él. Quería decirle algo muy importante. Toda la verdad. Pero el muy idiota me lo arruinó. Me puso nerviosa, me irritó, y no pude decirle lo que quería decirle. Es un idiota, un imbécil, un arrogante, un egocéntrico, un creído, un… ¡Argh! – lanzó un grito de ira. Sirius sentía que se encogía dentro del armario. Emily suspiró, y se levantó. Sirius sólo pudo ver su espalda, y luego escuchó como la música comenzaba a sonar.
-
Es DHT, un grupo de música – le dijo James al oído, mientras oían un piano sonar – Listen to your Heart. Es muy famosa.
I know there's something in the wake of your smile
I get an notion from the look in your eyes...yeah
You've built a love but that love falls apart
Your little piece of heaven turns to dark
Emily se apoyó contra el alféizar de la ventana, y comenzó a cantar. Suave, pero audible.
Listen to your heart when he's calling for you
Listen to your heart
There's nothing else you can do
I don't know where you’re going, and I don’t know why
But listen to your heart before
You tell him goodbye
-
Tiene la voz de un ángel… - murmuró Sirius, embelesado. James lo miró desconfiado.
-
Sí, tiene una voz bonita… - susurró, mirándolo de reojo. Sirius suspiró – Nunca la había oído cantar.
-
Tampoco yo.
Emily continuaba cantando, apoyada en el alféizar de la ventana, y mirando hacia fuera. La canción continuaba sonando, mientras ella cantaba y tamborileaba con el pie.
Sometimes you wonder if this fight is worthwhile
The precious moments are all lost in the tide...yeah
They're swept away and nothing is what it seems
The feeling of belonging... to your dreams
Listen to your heart when he’s calling for you
Listen to your heart
There’s nothing else you can do
I don’t know where you’re going, and I don’t know why
But listen to your heart before
You tell him goodbye
Luego, Emily se levantó, y comenzó a pasearse por la habitación. Casi bailando. Movía sus pies, daba una que otra vuelta suave… Sirius la observaba embelesado. Cada movimiento suyo desprendía toda su belleza, toda su personalidad, toda su gracia. Todo lo que nunca había notado. A cada movimiento sentía algo que nunca había sentido. Un sentimiento extraño. Una opresión en el pecho, un retorcijo en el estómago. Sin embargo, un retorcijo agradable. No podía dejar de mirar a Emily. Quería salir de aquél armario. Sentía un extraño deseo de salir, tomarla por la cintura, y pedirle que nunca dejara de bailar. Ni de cantar. Quería oír su voz por el resto de su vida. Podía quedarse allí el resto de la eternidad, con tal de seguir oyéndola, y viéndola bailar. ¿Qué le ocurría? ¿Qué era aquella sensación extraña? ¿Por qué sentía aquello cada vez que veía a Emily?
And there are voices, that want to be heard
So much to mention but you cant find the words
The scent of magic the beauty that’s been
When love was wilder…then the wind
Entonces, Emily cayó al piso, y se largó a llorar. A llorar silenciosa, pero desconsoladamente. Lloraba, lloraba, mientras la música continuaba sonando. Las lágrimas caían sobre la alfombra escarlata. Se oía su sollozo, y junto a él, sus penas, sus tristezas, los sentimientos de melancolía que desprendían cada una de sus lágrimas. Sirius no pudo más. De un manotazo, abrió la puerta del armario, y tomó su mano.
Listen to your heart when he’s calling for you
Listen to your heart
There’s nothing else you can do
I don’t know where you're going, and I don’t know why
But listen to your heart before
you tell him goodbye
Listen to your heart
I don’t know where you're going and I don’t know why
But listen to your heart before
you tell him goodbye.
Emily levantó la mirada, con los ojos bañados en lágrimas. Sirius la ayudó a levantarse. Se miraron un segundo a los ojos, y luego él la abrazó. Ella continuó llorando silenciosamente, para luego devolverle el abrazo y continuar llorando sobre su hombro.