← Historia 27506 · de
Historia 27506 — capítulo 22
La puerta del dormitorio volvió a abrirse, y por ella entraron Mora y Lily. Emily abrió los ojos, y empujó a Sirius.
- ¿Q-qué haces? – tartamudeó, con la cabeza gacha y los brazos estirados. - ¿Qué estás haciendo aquí?
Sirius no supo qué contestar. En el apuro de ayudar a Emily, no se dio cuenta de que no se suponía que él estuviera allí. Sin embargo, no le importó: quería consolar a Emily, quería secarle sus lágrimas, quería hacerla feliz.
-
¡Potter! – exclamó Lily, acercándose a ellos. - ¡Black! ¿Qué hacen aquí? – Miró a Emily, quién se quitaba los anteojos y se enjugaba los ojos, y la abrazó - ¿Qué le hicieron?
-
¡Nada! – se defendió James.
-
N-no deberían estar aquí – balbuceó Emily, desde el hombro de Lily.
-
¡Váyanse! – ordenó Mora - ¡Salgan de aquí!
Con una última mirada de soslayo a Emily, Sirius salió de la habitación, con James detrás. Mora cerró la puerta, y del otro lado se oyó el ruido de la alarma contra-chicos. Emily se soltó de Lily y se sentó en su cama, con las piernas cruzadas. Mora y Lily se sentaron cada una a un lado. Lily le puso un mechón de cabello castaño detrás de la oreja.
-
¿Qué ocurrió? – preguntó dulcemente. Emily negó con la cabeza.
-
No lo sé – contestó – Me puse a oír música, y…tuve una recaída. La letra de la canción…iba más allá de lo que yo podía soportar. Y…recordé algunos sentimientos y…me puse a pensar…y me largué a llorar.
Lily volvió a abrazarla.
-
Y luego…luego… - continuó – Salió Black y…me abrazó…y yo…no me di cuenta, en el momento no podía pensar en nada, no diferenciaba entre la realidad y la ilusión, y al verlo allí cuando más lo quería a mi lado, a pesar de todo, yo…
-
Entiendo – dijo Mora, dándose cuenta de que a Emily le estaba costando mucho hablar.
-
¿De qué iba la canción? – preguntó Lily. Emily volvió a negar con la cabeza.
-
Depende de cómo uno la interprete. Las palabras son superficiales, pero el sentido de ellas puede ser muy profundo.
-
¿Listen to your Heart, verdad? – preguntó Mora. Emily suspiró.
-
Bueno…para mí…habla del amor…y de la muerte.
Dejó escapar una pequeña lágrima, que se apresuró a enjugar. Mora tomó los anteojos, que Emily había dejado sobre la mesada, y se dirigió al baño a lavarlos. Lily continuaba mirando a Emily con preocupación.
-
Fue…muy extraño – confesó Emily – Comencé a sentir una tristeza horrible, una opresión en el pecho…sentía que el mundo se me venía abajo… - volvió a suspirar – era como si…
-
Como si se hubiera muerto alguien – atajó Mora, volviendo a entrar en la habitación. Emily bajó la mirada. – Tal vez…presenciaste la muerte de alguien. Tal vez un ser querido se te haya muerto. Y ese fue el sentimiento que recordaste.
Lily volvió a abrazar a Emily.
-
Remus, ¿qué rayos te ocurrió? – exclamó James, entrando al dormitorio, con Sirius detrás. Remus estaba sentado en su cama, junto a Peter, evidentemente esperando a que sus amigos volvieran. Sirius se tiró sobre su cama, mientras Remus se acercaba a James.
-
Lo siento, James, me distraje – se disculpó Remus – Sabes como soy yo con las torres de cartas. No me di cuenta que habían entrado hasta que comenzaron a subir las escaleras.
-
Serás un estupendo guardia, Remus – le reprochó James amargamente. Remus lanzó un resoplido.
-
¿Y? ¿Encontraron la snitch? – James asintió.
-
No sólo eso. Sirius encontró algo que…parece que le interesó. – Remus miró a su amigo con reproche. Sirius no pareció enterarse – Sirius, ¿nos oyes?
-
Mmh – se dio por entendido Sirius. Remus los observó con un brillo de curiosidad en sus ojos dorados. James suspiró.
-
Canuto, amigo, ¿te encuentras bien? – preguntó.
-
Mmh – contestó Sirius, aun mirando hacia el techo.
-
¿Qué ocurrió? – preguntó Remus. Sirius se incorporó.
-
¿Qué crees que le ocurrió, James? – preguntó.
-
¿A quién? – preguntó Peter.
-
No lo sé, pero parecía muy afectada – contestó James, muy serio.
-
¿Qué ocurrió? – repitió Remus.
Sirius suspiró, y abrió su baúl.
-
No me atrevo a leerlo – dijo, refiriéndose al cuaderno de Emily – Pero tampoco me atrevo a devolverlo.
-
¿Entonces qué, vas a quedártelo? – preguntó James. Remus y Peter continuaban mirándolos con curiosidad. Sirius volvió a suspirar.
-
Voy a guardarlo en mi baúl. Cuando me sienta capaz, lo devolveré.
James asintió.
Los meses pasaron. Emily sabía que el que había tomado su cuaderno había sido Sirius, pero no se atrevía a pedírselo, por si Sirius había leído el final. De hecho, trataba de evitarlo. Aunque no le era muy difícil: últimamente no tenía mucho tiempo de estar con nadie. Sus MHBs estaban a pocas semanas, y su tiempo era dividido en estudio, estudio y estudio. Y así, llegó el mes de junio. Emily dio sus exámenes de sexto año antes que todos, y luego llegaron sus MHBs. Una noche, a mediados de junio, Lily, Mora y Emily, esta con un libro abierto que le cubría el rostro, se acercaron a los chicos.
- Hay algo que debemos discutir – dijo Lily con aire altanero. Los chicos levantaron la vista. – Dónde van a quedarse Emily y Mora durante el verano.
Por encima del libro, se podía ver el final de la frente de Emily, completamente roja.
- Bien – dijo James – Esc…digo, habla.
Lily lo miró con reproche, y luego dijo:
- Por mí, podrían haberse quedado en mi casa…pero no es tan grande. – dijo – Y no entramos. Sobre todo ahora que Vernon está quedándose en mi casa – hizo un gesto de asco, luego se irguió y continuó – Por eso había pensado… ¿Por qué Mora no se queda en lo de Remus?
James y Sirius no pudieron reprimir una carcajada. Remus se puso rojo como la frente de Emily.
-
¿E-en mi casa? – balbuceó. Mora se sonrojó, pero sonrió.
-
A mi no me molesta…
Remus abrió y cerró la boca varias veces, mientras James y Sirius se reían por detrás. Finalmente, suspiró.
-
Pero… ¿Emily se quedará también en mi casa?
-
De hecho – saltó James – Yo había pensado en invitar a Emily a quedarse en mi casa.
-
¿¡Qué!? – saltaron Sirius y Emily a la vez.
-
Pues sí – James se encogió de hombros – En casa de Remus se queda Mora, y Emily viene a la mía.
-
Pero…pero… - Emily miró a Lily, luego la expresión de perrito mojado de Mora, y suspiró. Todo fuera por una amiga – De acuerdo, lo haré.
Sirius se quedó boquiabierto. ¿Iba a pasar todo el verano bajo el mismo techo que Emily? Remus, mientras tanto, trataba de encontrar las intenciones ocultas de sus amigos. Al ver la expresión de Mora, suspiró.
- De acuerdo, así lo haremos. Pero te advierto que mi casa no es la más grande, ni la más bonita…
Mora sonrió, se acercó a él y lo besó tiernamente.
- No me importa – le dijo, separándose un centímetro – Tu presencia es lo único que necesito.
Remus sonrió, la sentó en sus rodillas, la abrazó por la cintura y comenzó a besarla apasionadamente.
- Parece que van a divertirse este verano… - le susurró Sirius a James, y ambos rieron por lo bajo.
Y, finalmente, llegó el fin de año. Emily pasó bien sus MHBs, y todos aprobaron sus exámenes. Hasta Peter, que Mora apostó que reprobaba, pasó. Lily sonrió feliz al recibir sus diez galleons.
-
Aquí nos despedimos – le dijo Emily a Mora, cuando llegaron a King’s Cross.
-
Trata de no asesinar a Sirius, por favor – pidió ella.
-
Va a ser difícil…pero lo intentaré. – Emily sonrió, y abrazó a su amiga. Lily se acercó a ellas.
-
Nos veremos en el verano, ténganlo por seguro – dijo, y las abrazó.
-
Escríbanme, ¿si? – pidió Emily – Recuerden que voy a pasar un verano entero con mi capitán de Quidditch y un chico al que no soporto.
-
Vas a pasarla bien – la animó Mora. Emily se encogió de hombros, se dio la vuelta y se dirigió hacia James y Sirius, quiénes estaban junto a los padres del primero. Al verla llegar, James sonrió.
-
Mamá, papá, ella es Emily – presentó. Emily sonrió. – Emily, ellos son Charlus y Dorea, mis padres.
Emily estrechó sus manos. Charlus era una versión femenina de James: ojos castaños, flaco y de pequeña contextura, pero con un cuerpo muy bien cuidado. La única diferencia era que Charlus tenía su despeinado cabello color castaño, y no llevaba lentes. Dorea, en cambio, tenía ojos verde oscuro y un cabello color negro azabache, igual que James, corto hasta los hombros y con flequillo. Era alta y flaca, casi de la misma altura que su marido.
-
Un placer conocerte, Emily – dijo Dorea, sonriente.
-
Igualmente, señora Potter – dijo Emily.
-
Vamos, Emily, no hace falta tanta formalidad – rió Charlus – Puedes llamarme Charlus, y tampoco hay problema en que la llames Dorea.
Tomó de la cintura a su esposa, quién asintió. Emily sonrió.
-
Ella va a quedarse en casa… - comenzó James, pero su madre lo interrumpió:
-
Lo sabemos. Hemos hablado con Dumbledore.
James arqueó las cejas. ¿Desde cuándo el director sabía que Emily se quedaría en su casa? Pero se encogió de hombros, y se dio la vuelta.
-
¿En qué nos vamos? – preguntó Emily, esperanzada.
-
En auto – contestó Charlus, encogiéndose de hombros. Pero luego sonrió - ¿Decepcionada?
-
Un poco – confesó Emily. Charlus amplió su sonrisa.
-
No te preocupes, tendrás suficiente magia este verano.
Emily levantó la mirada. Dorea la tomó por el brazo y se la llevó hacia delante, comenzando a hablar animadamente, mientras los tres hombres, detrás, reían por lo bajo.
-
Tu madre siempre quiso una hija – le confesó Charlus a James al oído, mientras estallaban en carcajadas.
-
Bueno…aquí estamos.
Mora observó la casa de arriba abajo. Estaba pintada de color blanco, y tenía a su lado un garaje. Al lado de la puerta de entrada, había un ventanal que mostraba el interior, en ese momento tapado por cortinas blancas. Arriba, se asomaba otro ventanal, y encima del garaje, un balcón. La puerta de entrada se abrió, y por ella salió un hombre canoso, aunque Mora notó que su cabello solía ser castaño claro. Era alto y flaco, y venía con una sonrisa de oreja a oreja.
-
¡Remus! – exclamó. Al acercarse, Mora logró ver que sus ojos tenían el mismo brillo dorado que los de su novio.
-
Hola, papá – saludó Remus, mientras el hombre lo abrazaba. – Ella es…Mora. Se quedará aquí durante el verano.
El hombre sonrió. Tenía un aspecto muy amable, que enterneció a Mora.
-
Un placer conocerte – el padre de Remus estiró su mano, y Mora se la estrechó – Soy el padre de Remus, John Lupin.
-
El placer es mío, señor Lupin – sonrió Mora. John se giró hacia su hijo.
-
¿Por qué no entramos y le muestras la casa?
Remus asintió con una sonrisa. John hizo un movimiento con la varita, y los baúles entraron justo detrás de ellos. Remus condujo a Mora escaleras arriba, y abrió la puerta que se encontraba en la pared de la derecha. Era un dormitorio pintado de blanco. Una cama alta estaba pegada a la pared izquierda, y al fondo de la habitación había unas puertas de vidrio, cubiertas por unas cortinas blancas, que daban al balcón que Mora había visto desde abajo. En la pared derecha, había una biblioteca, con un escritorio a su lado, y pegado a la misma pared de la puerta, del lado izquierdo, un armario blanco.
-
Este será tu dormitorio – presentó Remus – El mío es el de al lado. No es lo más lujoso, pero…
-
Me encanta – dijo Mora, haciendo que Remus sonriera. Luego se giró, para quedar enfrentada a él, y se aferró a su cuello. - Ya te lo he dicho, Remus. El mejor lujo para mí, siempre será tu presencia.
El chico amplió su perfecta sonrisa, y la abrazó por la cintura. Luego, pegó su frente a la de ella, haciendo que sus narices se cruzaran.
- Hoy, gracias a ti, soy el chico más feliz del mundo – le dijo, para luego besarla apasionadamente, mientras ella se aferraba a él para no dejarlo ir.