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Historia 27506 — capítulo 23
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¡Emily! – la llamó James desde el jardín - ¿Quieres jugar Quidditch?
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¡Está hablando conmigo! – exclamó Dorea, asomándose a la ventana, mientras Emily se reía por detrás. Luego, la mujer volvió a entrar la cabeza a la cocina, y comenzó a cortar verduras en la mesada. Tres semanas habían pasado desde el final de clases. Tres semanas en las cuales Emily había estrechado mucho su relación con Dorea. Ya era casi…una madre para ella, puesto que no tenía una. Dorea y Charlus la trataban muy bien, y Emily estaba muy agradecida.
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Azora, pobre, tiene muchísimo que hacer – dijo Dorea, refiriéndose a la elfina doméstica – Por eso me gusta cocinar a mí. Y aquí, entre nosotras, nadie hace un mejor Pastel de Yorkshire.
Guiñó un ojo. Emily rió por lo bajo, tomó un trapo seco y comenzó a secar los platos.
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También me gusta hacerlo a la manera muggle – confesó Dorea – Aunque a veces hago uno que otro movimiento con la varita…bueno, me decías… ¿Cómo te hiciste amiga de ellos?
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Bueno, James es capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor, en el cual soy buscadora, así que es imposible no llevarnos bien – sonrió, sin apartar la vista de los platos – Antes no éramos los mejores amigos, pero…luego nos conocimos mejor.
Dorea sonrió satisfecha.
- James me ha contado tu historia…me ha dicho que se hicieron muy amigas de Lily Evans, ¿cierto?
Emily asintió.
- Tanto Mora como yo nos hemos acostumbrado muy rápido. Todos fueron muy amables con nosotras. Al no recordar nada, no tenemos nada que extrañar.
Sonrió con nostalgia. Dorea suspiró.
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Ya veo… - la mujer levantó la mirada y la dirigió hacia la ventana - ¿Y qué tal Sirius? No me has hablado de él.
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Me odia – dijo una voz desde la puerta. Ambas se dieron vuelta. Sirius y James entraban por la puerta, con las escobas al hombro. – Me odia profundamente. Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que me ha pegado
Emily se sonrojó, pero no mostró debilidad.
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Te lo buscas – dijo, y continuó secando los platos. Sirius se encogió de hombros, hizo un movimiento con la varita y los platos comenzaron a secarse solos. Emily infló las mejillas - ¡Hey!
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Vamos, Mily, así todo es mucho más fácil – dijo Sirius, acercándose a ella.
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¡Que puedas hacer magia no significa que debas hacerlo todo con ella! – exclamó Emily.
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¡Mily! – Sirius se hizo el ofendido - ¡Te estoy haciendo un favor!
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¡Nadie te lo pidió!
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¡No seas tan tacaña!
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¡No seas tan arrogante!
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¡No soy arrogante!
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Claro, y yo soy la reina de España.
Dorea miró de reojo a su hijo, y ambos rieron por lo bajo, mientras Emily y Sirius continuaban discutiendo.
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¿Siempre es así? – preguntó Dorea. James asintió con pesar.
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Son como perro y gato. Aún peor que Lily y yo.
Dorea negó con la cabeza. En ese momento, se oyó un “¡Crack!” afuera, y luego tocaron a la puerta. James corrió a abrir, y luego volvió a entrar en la cocina, seguido por Remus y una empapada Mora.
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¡Mora! – exclamó Emily, y corrió a darle un beso - ¿Qué te ocurrió?
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Si me acompañas afuera te explico – murmuró Mora con los dientes apretados. Emily hizo un movimiento con la varita, e inmediatamente Mora estuvo seca. – Gracias.
Emily condujo a Mora por el inmenso jardín de los Potter, y ambas se sentaron en un banco bajo la sombra de un árbol.
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¿Qué ocurrió? – preguntó Emily.
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Bueno…
La puerta del dormitorio se abrió lentamente.
- Mora… - llamó Remus, acercándose a su cama. La chica no contestó – Mora…debemos irnos…
La muchacha hizo caso omiso. Remus la sacudió suavemente.
- Mora… - Remus volvió a sacudirla, esta vez un poco más fuerte – Debemos ir a casa de James…
La muchacha se dio la vuelta, y no respondió. Remus lanzó un resoplido.
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¡Mora, vamos, tenemos que irnos! – exclamó.
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¡No! – gritó ella, con la voz ahogada por la almohada.
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¡Mora! – Remus comenzaba a enfadarse. Apoyó sus manos sobre el cuerpo de la Joven, y la zarandaneó con fuerza.
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¡Déjame! – exclamó la chica, sin levantarse. Remus suspiró.
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Vas a levantarte. ¿Por las buenas o por las malas?
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¡Por ninguna!
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Bien, es tu decisión. – Remus suspiró, se dio la vuelta, tomó su varita e hizo un pequeño movimiento. En ese momento, el colchón de Mora comenzó a flotar. Salió por la puerta, seguido por Remus, bajó las escaleras, salió al jardín y se paró justo encima de la piscina. Con una sonrisa maliciosa, Remus bajó un poco la varita, y el colchón, con Mora y todo, cayó al agua. Se oyó un grito ahogado por el agua, mientras Remus reía a carcajadas, y luego Mora salió a la superficie, respirando profundamente.
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¡Eres hombre muerto! – le gritó, mientras Remus se reía con fuerza.
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¡Deja de reírte! – exclamó Mora, aunque sonreía.
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Lo siento – se disculpó Emily, enjugándose los ojos – Lamento decirte esto, amiga, pero te lo ganaste.
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Se supone que las amigas están para apoyarse – se quejó Mora.
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Nosotras no seguimos el “se supone”, amiga, debiste haberlo aprendido…
Mora lanzó una carcajada. Emily miró hacia arriba, y vio una lechuza que volaba en medio del cielo azul. Sonrió.
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¿Volvemos? – propuso – Ya debe de estar el almuerzo.
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Seguro – Mora se levantó, acomodándose la camiseta, y juntas volvieron a la mansión. Al entrar, encontraron a Dorea yendo de un lado a otro, a James mirándola divertido y a Remus y Sirius tratando de calmarla.
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¿Qué ocurre? – preguntó Emily, acercándose a James.
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Acabamos de recibir una carta de mi prima – explicó el chico – Se casa, y quiere que le organicemos la fiesta de compromiso.
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¡Genial, fiesta! – exclamó Mora – Un minuto: estoy invitada, ¿cierto?
James estalló en carcajadas.
- Todos están invitados – afirmó Dorea, en medio de su nerviosismo – Les enviaremos una lechuza con una invitación a Peter y a Lily. Ahora, si me disculpan, hay una fiesta que preparar.
Murmurando cosas inaudibles e inentendibles, salió de la cocina. James rió por lo bajo.
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Adora organizar fiestas – explicó – es su pasatiempo favorito. Y, como mi casa es bien grande, siempre las hace aquí.
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Habló el niño rico – se burló Sirius.
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Cállate, pulgoso, que bien adoras verte rodeado de lujos, por eso viniste a mi casa.
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Cállate tú, cornudo.
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¡JA! Miren quién habla de cornudos, el rey de los engaños…
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¡Bueno, basta! – exclamó Remus - ¡Son peor que perro y gato! – Sirius le lanzó una mirada furibunda - ¡Bueno, peor que Sirius y Emily! – esta vez fue Emily quién lo fulminó con la mirada - ¡Peor que Lily y James!
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Gracias, amigo – James se dio la vuelta, y salió de la cocina. Emily frunció el ceño, lanzó un resoplido y salió detrás de James. Sirius suspiró, y salió al jardín.
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Tienes el don de la palabra, Remus – le dijo Mora, pasándole una mano por el hombro.
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¿Así que una fiesta? – preguntó Lily.
Ella y sus amigas se encontraban en el callejón Diagon, tomando un helado en la heladería “Florean Fortescue”.
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Sí, una fiesta en casa de James – aclaró Emily.
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¿Elegante? – preguntó Lily.
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Imagino que sí, es una fiesta de compromiso.
Lily comió un poco de su helado de crema y avellanas.
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Muy bien, parece que voy a tener que sacarles dinero a mis padres… ¿cómo van ustedes con sus trabajos de medio tiempo?
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¿Lo dices por los gastos para la fiesta? – preguntó Mora, llevándose a la boca su helado de menta granizada. Lily asintió, algo avergonzada.
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Pues a mí me pagan muy bien – sonrió Emily, orgullosa de sí misma – Dos semanas y media de trabajo en Madame Malkin ha dado sus buenas ganancias. Con lo que he ganado hasta ahora, puedo comprarme un bonito vestido para la fiesta. Y eso que aún queda tiempo.
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¿Y cuándo es? – preguntó Mora.
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En cuatro semanas. La última noche de las vacaciones.
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¿Y tú, Mora? – preguntó Lily. Mora sonrió.
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El señor Fortescue también es muy amable, y me paga muy bien.
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Hasta ha aceptado darnos helados gratis – sonrió Lily. Gracias a ese comentario, Emily disfrutó al máximo su siguiente bocado de helado de chocolate blanco y almendras.
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Bueno, chicas, terminó mi descanso – se lamentó Mora, levantándose y poniéndose su delantal.
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Yo también debo irme – dijo Lily – Mis padres van a preocuparse, y quiero aprovechar al máximo la única noche del verano donde el estúpido de Vernon no está en casa, porque se fue a pescar con Petunia.
Las tres se estremecieron.
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¿Nos vemos mañana? – preguntó Mora.
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Vengan a casa de James – propuso Emily, y al ver la expresión de Lily, agregó: - No tienes porqué verlo, va a salir con Sirius y su padre.
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Excelente – sonrió Mora – Nos vemos mañana.
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¡Ya estoy aquí! – gritó Emily, cuando entró a la mansión de los Potter.
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Bienvenida, señorita – saludó la elfina doméstica, Azora.
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Hola, Azora, ¿Qué tal? – sonrió Emily - ¿Dónde están los demás?
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El señor y la señora han salido a ver al hermano del señor – contestó Azora. Emily tardó un instante en comprender lo que había dicho. – Y los dos señoritos están afuera.
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Muy bien, Azora, muchas gracias – Emily salió por el ventanal que iba desde el comedor al balcón de madera, y los vio: Sirius y James jugaban al quidditch entre los árboles, muy cerca de la piscina. Emily apoyó sus codos sobre la baranda, y contempló la escena. Sirius reía con tanta facilidad…se lo veía tan feliz…y era tan guapo…con su cabello volando al viento, sus facciones delicadas, sus ojos de plata. Esa sonrisa, esa mirada, ese cuerpo…creaban en Emily un sentimiento de felicidad, de alivio, y a la vez de pena y de tristeza, que no podía controlar. Era perfecto, simplemente perfecto. Parecía como parte del paisaje. Podía haberse quedado observando aquella escena por el resto del día, si no fuera porque Sirius la vio allí parada y sonrió.
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¡Mily! – la llamó - ¡Volviste! ¡Ven a jugar con nosotros!
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No, gracias – contestó ella fríamente, aunque se moría por bajar.
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Vamos, Emily, tienes que practicar durante el verano – sonrió James. Emily trató de replicar, pero las palabras no salían de su boca. Así que atrajo hacía sí su escoba con un hechizo y bajó al jardín. Se subió a la escoba, y comenzó a planear entre los árboles, junto a James y a Sirius. El sol se fue poniendo, mientras ella reía, corría, volaba y jugaba junto a ellos. Se la pasó tan bien, que olvidó tratar mal a Sirius. Nunca había notado lo divertidos que podían ser esos dos. Cada broma, cada comentario, cada risa…
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Vaya, está comenzando a oscurecer.
Ese comentario logró pinchar en Emily el globo de felicidad que se había estado hinchando mientras jugaba. James se veía decepcionado. Al parecer, también se había divertido mucho. Emily miró a todas partes, tratando de encontrar alguna excusa para quedarse. Pero era verdad: el sol terminaba de esconderse en el horizonte, seguramente Dorea y Charlus habrían llegado, y la cena estaría lista pronto. Suspiró decepcionada. Sin embargo, Sirius sonrió, y dijo:
- Esto aún no termina – Emily levantó la mirada, esperanzada. – Mily tiene que meterme un tanto.
Los labios de Emily se curvaron en una delicada sonrisa.
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Ya te he metido como diez, Black – se burló – ríndete de una vez.
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Jamás – Sirius se puso en pose de guardián, entre los árboles que hacían de postes – Si lo metes, te llevaré el desayuno a la cama de aquí al final del verano.
Emily lo pensó un instante.
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Oferta tentadora – sonrió, y tomó la quaffle de James - ¿Preparado?
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Cuando quieras – Emily retrocedió. Examinó bien a su contrincante, luego el campo de juego, y finalmente voló y tiró la pelota con todas sus fuerzas. Sin embargo, Sirius fue más rápido: se movió hacia la izquierda y atrapó la quaffle entre sus brazos.
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¡Sí! – exclamó el muchacho, alzando los musculosos pero delgados brazos - ¡Sí!
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Pura suerte – se quejó Emily, con una sonrisa involuntaria, mientras James reía por detrás.
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¡Sí! – volvió a gritar Sirius, y dio una vuelta alrededor de la piscina, en señal de victoria. Emily tomó una manzana del árbol que usaban como poste, y se la lanzó…y le dio justo en la cabeza.
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¡Oh, me muero! – comenzó Sirius, poniendo una mano en el pecho y otra en su cabeza, mientras hacía que se caía de la escoba - ¡Me ha matado!
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¡No te estás muriendo! – exclamó Emily, entre risas, mientras Sirius se tiraba de la escoba, para caer justo en la piscina - ¡Oh!
Emily esperó a que Sirius saliera del agua. Diez, veinte segundos…pero él no salió. A los treinta, Emily empezó a preocuparse. ¿Y si algo le había ocurrido? ¿Y si el golpe lo había dejado inconsciente? Con su escoba, se fue acercando al agua…
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¿Black? – preguntó. Entonces, una mano salió del agua, y jaló de su muñeca, hasta tirarla de su escoba, y Emily cayó a la piscina. Sintió el frío del agua, mientras esta entraba dentro de sus ropas, y el dolor agudo al entrar en sus oídos. No le había dado tiempo a respirar. Entonces, giró cabeza, y vio entre las burbujas, el rostro de Sirius. Levantó la mirada y salió a la superficie, respirando profundamente, y sintiendo el alivio del aire entrando en sus pulmones.
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¡Black! – gritó, mientras Sirius, a su lado, también salía, haciendo mover sus cabellos negros como si fuera la sirenita, y se reía a mandíbula batiente - ¡Me empapé la ropa, imbécil!
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Te lo merecías – dijo él, mostrándole su sonrisa sincera, y con todo el cabello que le tapaba los ojos. Emily no pudo evitar reírse.
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¡Me toca! – exclamó James, zambulléndose con su escoba justo entre Sirius y Emily, salpicándolos, para luego salir con sus cabellos aún más despeinados, y una sonrisa de oreja a oreja.
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¡Hey! – exclamó Sirius – Eres un tonto: tú podías haberte puesto el traje de baño.
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¡Idiota, los lentes! – exclamó Emily, muerta de risa, mientras James lanzaba un grito y se quitaba los anteojos – Yo los míos me los quité antes de comenzar a jugar…
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¡Oye, pulgoso! – exclamó James - ¡Te juego una carrera!
Sirius sonrió maliciosamente, y se acercó al borde.
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Cuando quieras, Cornamenta – James se acercó a él.
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Tres…dos…uno… ¡ya! – ambos se zambulleron sobre el agua primero un brazo, luego el otro, luego la respiración, mientras Emily los observaba. Entonces se dio cuenta: se estaba divirtiendo. Se estaba divirtiendo como nunca. Se estaba divirtiendo con James…y con Sirius. No podía ser que su opinión sobre Sirius cambiara tan fácilmente, por un simple juego… ¿o sí? Sirius Black, el chico al que había odiado desde que lo había conocido…pero que sabía que lo amaba. Pero…aquello sólo eran falsas esperanzas. ¿Y qué si Sirius sabía divertirse? ¿Y qué si había pasado un buen momento con él? Eso no significaba nada. Él seguía siendo el mismo mujeriego arrogante de siempre. Eso no había cambiado. Emily puso las manos sobre el borde, e hizo un esfuerzo con los brazos para salir del agua. Tomó su varita, e hizo aparecer una toalla grande, con la cual se envolvió el cuerpo.
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¡Yo gané! – oyó la voz de James a sus espaldas.
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No es cierto, yo toqué primero el borde – replicó la voz de Sirius.
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¡Mentira, mi mano llegó primero!
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¡No es…! ¡Mily! ¿Adónde vas?
Ella se dio la vuelta.
- Arriba, a darme una ducha. Ya pronto estará la cena – respondió, con el tono de voz algo alicaído.
Sirius miró a James, y se encogió de hombros, mientras Emily se alejaba con un suspiro.
Olía delicioso. ¿Sería un sueño? No. Era la vida real. Se incorporó y comenzó a seguir el olor, aún adormilado. Salió por la puerta, bajó las escaleras, cruzó el salón y entró a la cocina. Al oírlo, Mora se dio la vuelta. Tenía puesto un delantal blanco y el cabello recogido en una cola tirante, y batía una mezcla color beige.
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Buen día, Remus – saludó con una sonrisa.
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¿Q-qué es e-ese olor? – preguntó el joven, sin poder reprimir un bostezo.
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Cookies – contestó ella, batiendo con fuerza – La primera tanda está en el horno.
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Ya veo… - Remus miró a su alrededor - ¿y mi papá?
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Fue a trabajar. Dijo que volvía por la noche.
Remus se acercó a ella, y abrió la boca. Mora rió.
- Con una condición – dijo. Remus cerró la boca, y se cruzó de brazos – Me cuentas qué le pasó a tu madre.
Remus abrió bien los ojos, por la sorpresa, suspiró y se sentó en una silla.
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¿Hace falta? – Mora lo miró con tristeza – Bien…a ver…por donde empiezo…
“Mi madre era una muggle. Cuando se casó con mi padre, él le contó la verdad- Ella la aceptó, con algo de miedo, pero lo aceptó. Así vivió, soportándolo todo, hasta que…hasta que me mordieron. Entonces, no pudo más. No podía soportar que su hijo fuese un hombre-lobo, que en cualquier momento podía morderla…era demasiado para ella. Superaba sus límites. No quería continuar sufriendo. A la mañana siguiente, armó sus valijas y se marchó. Nunca más volví a verla.
Mora le puso una mano en el hombro.
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Lo siento – murmuró.
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En realidad, no la recuerdo mucho – confesó Remus – Yo era muy pequeño. Y mi padre me crió bien.
Mora sonrió.
- Y dime… ¿de quién era el dormitorio en el que estoy durmiendo? – preguntó.
Remus la observó con un brillo extraño en los ojos, un brillo que Mora nunca había visto. Luego sonrió.
- Era una sola condición – dijo – Ahora…
Abrió la boca. Mora sonrió pícaramente.
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Muy bien – tomó la cuchara de la mezcla y la dirigió hacia la boca de su novio, pero la desvió y comenzó a pasarla todo alrededor de sus labios.
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¡Hey! – exclamó Remus, lamiéndose el labio superior. – No está mal…
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Déjame limpiarte – Mora se abrazó a su cuello, y comenzó a besarlo apasionadamente, mientras se llenaba ella misma de mezcla de chocolate. Remus abrazó su cintura, siguiéndole el beso, y comenzó a caminar, llevándosela hacia el salón, desatando el delantal para quitárselo y luego meter las manos dentro de su camiseta, subiéndolas suavemente por la espalda de la muchacha, mientras ella subía las suyas por su pecho y le desabotonaba la camisa.