Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 27506 · de

Historia 27506 — capítulo 24

Los días continuaron pasando, y la fiesta estaba cada vez más cerca. Las tres chicas habían decidido ir juntas a comprar todo lo que necesitaran, y Dorea se había ofrecido a ayudarlas. La mañana del ocho de agosto, James se despertó a las diez y media. Al ver la puerta de la habitación de Sirius cerrada, supuso que seguía durmiendo. Bajó a tomar el desayuno, somnoliento, y entró al comedor. Pero no lo encontró vacío, como esperaba: En la punta de la mesa, su madre cortaba prolijamente un pedazo de seda transparente. A su lado, Emily formaba moños con una cinta color rojo, y Mora hacía delicados dibujos. Entre ellas dos había una silla vacía.

  • Buenos días – saludó, algo confundido. Entonces se oyó un golpe fuerte debajo de la mesa, y un grito de “¡Au!”, y Lily Evans se levantó con una mano en la cabeza, y el rostro del mismo color que su cabello.

  • Se me cayó la pluma – balbuceó, sentándose en el asiento vacío, mientras Emily y Mora se miraban y reían por lo bajo.

  • ¿Qué es esto? – preguntó James, mientras se abotonaba la camisa.

  • Estamos haciendo las invitaciones, hijo – explicó Dorea – Lily tiene una caligrafía preciosa, así que escribe en ellas, mientras que Mora hace los dibujos y Emily arma los moños y forra las tarjetas.

  • ¿Quieres ayudar? – ofreció Emily.

  • Quiero desayunar – corrigió James, sin quitar la mirada de la sonrojada Lily. ¿Lily Evans en su casa, sentada en su comedor? No podía creer lo que veían sus ojos. Aquel cabello rojo, aquella mirada color verde esmeralda… se encontraba en ese momento frente a él, con una pluma en la mano, aportando su prolija caligrafía para las invitaciones de la fiesta de SU prima. Mientras James estaba absorto en sus pensamientos, detrás de la puerta se oyeron pasos. Inmediatamente, Emily se cubrió los ojos con las manos.

  • Emily, ¿qué haces? – preguntó Mora.

  • Les recomiendo que hagan lo mismo – se limitó a contestar ella – Se viene la tormenta…

La puerta volvió a abrirse, y por ella entró Sirius. Estaba, para el criterio de las chicas, casi desnudo: sólo llevaba unos bóxers con calaveras. Su cabello negro estaba despeinado, sus párpados caídos, y se apoyaba contra el marco de la puerta. Mora se quedó boquiabierta, y Lily imitó a Emily. Dorea sonrió.

  • Ay, chicas, como si nunca hubieran visto un buen cuerpo… - James estalló en carcajadas, y Mora se sonrojó, y murmuró algo así como “más o menos…”.

  • ¿Molesto? – preguntó Sirius con una sonrisa burlona.

  • ¡Sí! – exclamaron Emily y Lily.

  • ¡Black, vístete! – gritó Emily.

  • Por supuesto que no molestas, cielo – dijo Dorea amablemente – Estás en tu casa.

  • ¡Y en presencia femenina! – exclamó Lily.

Sirius puso cara de perrito mojado, y apoyó su cabeza sobre el hombro de Dorea. Era imposible resistirse a esa imagen.

  • Aquí no me quieren… - sollozó fingidamente, mientras Emily, aún con los ojos cubiertos, lanzaba un resoplido de indignación, y Dorea le acariciaba maternalmente la cabeza.

  • ¡Díganme si no es precioso! – exclamó la mujer.

  • ¡No! – gritó Emily - ¡Todas las mañanas es lo mismo! ¡Black, o te vistes por las buenas o te vistes por las malas!

Sirius arqueó las cejas, y sonrió inocentemente. Luego suspiró.

  • Muy bien, muy bien…no haré ningún comentario sobre esa amenaza rara. No estoy de humor para molestarte a ti – Por la sorpresa, Emily se destapó los ojos, pero al verlo, se sonrojó y volvió a cubrírselos – No quiero oír quejas de mí después, ¿eh?

Salió por la puerta. Tanto Lily como Emily se destaparon los ojos y suspiraron. En ese momento se oyó un ruido de aleteo afuera. James salió a ver, y volvió al comedor pálido como la cera, trayendo cinco sobres amarillentos con él.

  • Son de Hogwarts – anunció.

  • ¡Al fin! – exclamó Dorea, levantándose – Este año han llegado bien tarde. Me pregunto qué les habrá pasado.

  • ¡Quiero los resultados de mis exámenes! – chilló Emily, abalanzándose sobre James.

  • Llamaré a Sirius – dijo Dorea, saliendo del comedor. Emily rasgó el papel con impaciencia, y leyó sus resultados. Cuatro Extraordinarios, cinco supera las expectativas y un aceptable. No estaba mal. Nada mal. Se sonrió.

  • ¿Qué tal te fue? – le preguntó Mora, quitándole la hoja - ¡Nada mal! Te envidio, mujer.

  • Si estudiaras un poco más…

  • Sí, seguro – Emily rió por lo bajo. Entonces oyeron un grito agudo a su lado, y se sobresaltaron.

  • ¿Qué ocurre, Lily? – Le preguntó Mora, alarmada.

Lily temblaba.

  • S-s-s-so-so-so… - comenzó, pero no podía hablar. Entonces se limitó a encajarle a Emily en la mano una insignia dorada, que decía “Premio Anual”.

  • ¡Ouau! – exclamó Mora, tomando la insignia y observándola detenidamente, mientras Emily abrazaba a Lily - ¡Premio Anual, Lily! ¡Te felicito!

  • Felicidades, Evans – Sirius acababa de entrar al comedor, esta vez vestido con una camisa negra de mangas cortas y unos jeans, seguido por Dorea. – Me pregunto quién será el otro. Imagino que Remus.

Sonrió burlonamente.

  • ¿Tú qué opinas, James? – el aludido no contestó. - ¿James? – Sirius le palmeó la espalda, y a James se le cayó algo de las manos, que causó un ruido metálico en el suelo. James se agachó rápidamente, pero Sirius fue más rápido.

  • ¿Premio Anual? – preguntó, incrédulo, con la insignia en la mano.

  • ¿¡Qué!? – exclamaron Dorea y Lily a la vez.

  • James, ¿Premio Anual? – repitió Sirius.

  • Dámela – James le quitó la insignia de las manos.

  • ¡Felicidades, James! – exclamó Emily, dirigiéndole una severa mirada a Sirius. Lily se había quedado boquiabierta.

  • ¡Ay, James, hijo mío, felicidades! – Dorea abrazó fuertemente a su hijo, sin poder contener las lágrimas - ¡Ya verás cuándo se lo cuente a tu padre!

  • Mamá, me asfixias – se quejó el muchacho, mirando de reojo a Sirius, y luego a Lily. Sirius se acercó a Mora.

  • Voy a recordar esto por el resto de mi vida – le susurró.

Sabiendo que la fiesta sería el viernes por la noche, las invitaciones habían sido repartidas el martes de la semana anterior. El viernes anterior a la fiesta, las tres chicas decidieron ir al centro comercial muggle a comprar los vestidos, los zapatos, los maquillajes y los accesorios. Pasaron un día de compras estupendo, se detuvieron en la sección joyería algo así como dos horas por culpa del fanatismo de Emily, y para el fin de la tarde ya tenían todo lo necesario. A las siete del reloj de Mora, se sentaron en una fuente a descansar los pies.

  • ¡Uf! – suspiró Mora – Creo que nunca había caminado tanto.

  • Yo nunca había gastado tanto dinero – admitió Lily – Mi padre va a matarme.

  • Pero valió la pena – sonrió Mora - ¿Tú qué opinas, Emily?

La chica, quién estaba mirando hacia el otro lado, se encogió de hombros.

  • ¿Qué ocurre? – le preguntó Lily, dulcemente. Emily giró su mirada hacia ella, y suspiró.

  • No lo sé…hay algo que…me molesta. – explicó. – Es una molestia que tengo desde que llegué aquí, pero nunca le presté atención. Y ahora, con la fiesta, se intensifica, y me he dado realmente cuenta de su presencia.

  • ¿Qué es? – preguntó Lily. Emily volvió a correr su mirada, avergonzada.

  • Yo – admitió.

Mora y Lily se miraron extrañadas.

  • ¿Tú?

  • ¿Qué acaso no lo ven? – Emily se levantó, y comenzó a pasearse de un lado a otro. Luego se paró frente a sus amigas. – Mírense ustedes, y luego mírenme a mí. Lily no sólo tiene los ojos más hermosos del colegio, si no también un cabello perfecto, una piel suave, un rostro atractivo y un cuerpo sensual. Es sencillamente hermosa – Ante esta acotación, Lily se sonrojó, pero no pudo evitar sonreír halagada – Mora…ella puede cambiar su aspecto a gusto, así que es lógico que decida ser bonita. Y antes de cambiar también lo era. Pero no sólo eso – Emily tomó aire – También…se ven muy bien. Saben vestirse, saben maquillarse, saben arreglarse…

  • Yo creo que te vistes muy bien – acotó Mora. Emily no le hizo caso.

  • Y luego estoy yo. Al lado suyo parezco Pocahontas – Mora rió, pero luego volvió a ponerse seria – Miren mi cabello, mi rostro, mi cuerpo…soy un completo desastre. Los chicos se fijan en ustedes, no en mí. Y yo…bueno… - bajó la mirada – para serles sincera…me siento algo…intimidada.

Emily cruzó los brazos detrás de su espalda. Lily cruzó una mirada con Mora, y luego sonrió.

  • Emily…mírame a los ojos – la aludida levantó la mirada, y la posó en los ojos verde esmeralda de Lily. – Dime de qué color son tus ojos.

Ella se sorprendió, pero tomó un espejo que llevaba en el bolsillo.

  • Marrones – contestó al fin.

  • No lo creo – Lily posó su suave mano en la mejilla de su amiga, y se acercó a ella, para examinarle los ojos – Yo los veo de color…castaño almendra con ligeros, pero notables, tonos de verde, y bordes color violáceo.

Emily la observó extrañada. Mora sonreía a su lado.

  • No entiendo – dijo Emily - ¿A dónde quieres llegar?

Lily suspiró, e hizo que Emily se sentara a su lado. Luego, giró su mirada hacia el agua de la fuente, y le mostró su reflejo.

  • Quiero llegar a demostrarte qué tan poco te valoras. ¿Qué ves? – le preguntó. Emily se acercó un poco al agua.

  • Veo... veo a una pobre chica que no tiene esperanza, y que jamás podrá ser tan bonita como sus amigas.

  • Eso es un poco drástico, ¿no? – el reflejo de Mora apareció del otro lado.

  • Yo te diré lo que veo – Lily sonrió – Veo a una muchacha muy bonita que no se valora cuanto debería. – Emily abrió los ojos por la sorpresa. – Una muchacha que debería tener fe en si misma. Una muchacha que no necesita maquillaje, ni un cabello liso, ni unos ojos verdes para ser bonita. – miró a su amiga, quién miraba su reflejo con tristeza – Emily, debes confiar más en ti misma. Pero, sobre todo, debes confiar más en los demás. ¿Por qué te mentiríamos, cada vez que te decimos que eres linda? Si tú no te quieres, ¿cómo quieres que los demás lo hagan? No sólo debes buscar tus defectos: debes aprender a encontrar tus virtudes. No logras apreciar nada de ti misma porque estás cegada por tus “pequeños defectos”, que por cierto, son perfecta y fácilmente reparables.

Guiñó un ojo. Emily sonrió.

  • A ver, dime una de mis virtudes – pidió.

  • Tienes una nariz perfecta – Emily no pudo evitar reír a mandíbula batiente. Mora arqueó las cejas. Lily también rió - ¡Es verdad! La verdad es que se siente bien liberarlo. No hay día que no aprecie tu maravillosa nariz. Recta, suave, bonita caída… si miras la mía, verás que tengo un bulto en la zona alta del tabique.

  • ¿Podrían dejar de quejarse? – pidió Mora, exasperada.

  • Claro, tú lo dices porque no tienes problemas con tu físico – le reprochó Lily – Tu puedes tomar el camino fácil, pero la gente normal no cambia su aspecto a gusto. Mira que tienes suerte. Pero no voy a meterme contigo ahora, estoy haciendo la lista de cosas buenas de Emily – Emily rió por lo bajo, agradecida – No sólo tienes una nariz perfecta. También tienes piernas largas y esbeltas. Un cabello, déjame decírtelo, con ondas perfectamente manejables. Labios finos y elegantes. Ojos llamativos y muy bonitos a la luz. No necesitan ser verdes, ni azules, para llamar la atención. – De repente, pareció recordar algo - ¡Tus manos! Tus manos son realmente preciosas. Dedos largos y finos, con movimientos elegantes y uñas muy bien cuidadas, aunque permíteme decirte que deberías dejar de mordértelas y echarles una capa de esmalte…muñecas angostas, cuello largo pero no excesivamente, perfecto para gargantillas, una altura de modelo…

  • A ti no se te escapa una, ¿verdad? – inquirió Emily, quién comenzaba a sonrojarse. Lily sonrió. Mora apoyó una mano sobre el hombro de Emily.

  • Lily tiene razón, Emily… - Emily la miró sonriente – Pero sabes que siempre puedes contar con nuestra ayuda.

Sonrió ampliamente, mostrando sus blancos dientes perfectos. Emily las abrazó, agradecida.

  • Bueno, tema zanjado. Ahora… - Lily miró a sus amigas, desafiante – Cuéntenme qué tal el verano con los chicos.

Ambas se sonrojaron.

  • Nada interesante… - farfulló Mora. – Remus es bastante tímido, así que…

  • ¿Segura? – preguntó Emily, intercambiando una mirada de complicidad con Lily.

  • Segura – afirmó Mora.

  • Pues, eso no es lo que yo he oído – comentó Emily con una expresión de inocencia que no engañaba a nadie. Mora se puso roja como el cabello de Lily.

  • ¿D-de q-qué ha-hablas? – balbuceó. Emily sonrió con suficiencia. Lily las miraba expectante.

  • Bueno, Remus vino el otro día a casa de James – explicó Emily con parsimonia – Y…le contó algo, que casualmente yo oí…un incidente con galletas de chocolate… - Mora estaba pasando mucha vergüenza, y Emily estaba disfrutando. Aquél tema la animaba, y le hacía recuperar el humor que había perdido con el tema anterior. Sonrió burlonamente, se acercó a Lily y le susurró algo. Lily se quedó boquiabierta, y miró a Mora enfadada.

  • ¡Cómo te atreves a ocultárnoslo!

Entonces, Mora reaccionó inesperadamente. Comenzó a reír. A reír a mandíbula batiente. Rió durante un buen rato. Finalmente, cuando se calmó, se enjugó las lágrimas y dijo:

  • ¿Quieren saberlo? ¡Fue el momento más feliz de mi vida!

Lily sonrió satisfecha. Emily la abrazó.

  • Lamento no haberlo contado – se disculpó Mora – Me daba mucha vergüenza…imagínense.

  • ¿Qué sentiste? – le preguntó Emily. Mora se quedó pensativa.

  • Dolor – contestó al fin. Emily y Lily se estremecieron. Mora sonrió – Pero un dolor agradable. El amor que sentía hacia Remus se incrementó. Fui la chica más feliz del mundo. Y luego, comenzó a oler mal.

  • ¿A oler mal? – se extrañaron Lily y Emily.

  • Se me quemaron las cookies – las otras dos rieron con fuerza. Mora sonrió.

  • Bueno, sólo falta…una – Lily giró su mirada hacia Emily – Sirius y tú han pasado siete semanas juntos. ¿No ha cambiado eso un poco su relación?

  • Para serte sincera…sí – confesó Emily. – Mi opinión sobre Black es…confusa.

  • ¿Confusa? – Mora la miró extrañada – Una vez nos confesaste que le querías. ¿Qué tan confuso puede ser eso?

  • Muy confuso – admitió Lily – Porque odias a esa persona, te cae mal, no le soportas…y a la vez quieres que esté a tu lado para siempre. ¿Qué lado escoger? Y lo peor de todo… ¿Cómo reaccionará el otro? Tal vez tú también le caigas mal, pero él no tenga el segundo sentimiento. Simplemente le caes mal. ¿Y si escoges la mala solución? ¿Y si tu opinión buena sobre él se hace más fuerte, y más fuerte, y luego te desilusiona?

  • ¿Acaso te pasa algo parecido, Lily? – Emily trató de evitar detalles, pero supo que Lily había comprendido, ya que sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado. Emily suspiró – Lo que yo siento por Black es…muy extraño. Sé que me gusta, pero antes todo lo que tenía que ver con él me ponía nerviosa. Me enojaba. A pesar de que sabía que me gustaba…no, justamente, el saber que me gustaba, hacía que las cosas fueran aún más difíciles. Pero…la pura verdad, es que en estas siete semanas me la he pasado de maravilla. Él me ha divertido mucho. Pero ahora ya no sé lo que siento por él. Porque cuando me trata bien, no tengo ningún problema. Parece como si…como si me hubiera dejado de gustar tanto. Es cómo que…cómo que cuánto peor me trate, más me gusta. Sin embargo, me sienta mucho mejor el Sirius de ahora que el Sirius viejo. Tal vez…nosotros dos estemos hechos para ser amigos, porque si intentamos llegar a algo más, tal vez nos descontrolemos. Eso…eso debe ser. Hay gente que no está hecha para salir entre ellos, si no para ser amigos. Y ese fue nuestro problema: esperábamos demasiado de nosotros mismos. Sin embargo…

Lily y Mora estaban tan sumidas en lo que Emily decía, que cuando se detuvo se quedaron esperando. Emily las miró de reojo.

  • Sin embargo…cada vez que pienso en Sirius en el colegio…no puedo evitar sentir una opresión en el pecho, quiero estar a su lado, imaginar su risa me pone feliz, imaginármelo melancólico me entristece… - suspiró – Ya no sé que pensar.

Lily le puso una mano en el hombro.

  • Todo a su tiempo, Emily…todo a su tiempo. Sólo debes esperar.

Emily asintió. Luego, las tres se levantaron, tomaron sus compras, y se dirigieron hacia la puerta del centro comercial.