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Historia 27506 — capítulo 25
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¿Cuándo se supone que bajaran las chicas?
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Por favor, James, sé paciente…las mujeres necesitan arreglarse…mucho.
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Lo sé, Remus, lo sé, pero… ¡Llevan encerradas en la habitación de Emily desde las cuatro! ¡Y lo peor es que mi mamá está adentro, y sólo sale para recibir a todas las personas raras que entran!
Remus estalló en carcajadas.
- Esas personas raras, James, son los maquilladores y peluqueros.
Sirius arqueó una ceja. Peter rió por lo bajo. Los cuatro chicos se encontraban en el salón de los Potter, con los trajes ya puestos y preparados para la fiesta. Eran las ocho de la noche: la fiesta comenzaba una hora más tarde. Sirius estaba sentado cómodamente en el sofá, con una pierna sobre la otra y los brazos estirados en el respaldo, mientras tamborileaba con el pie que tenía en el piso. Remus estaba apoyado en la barra, al lado de Peter, y James se paseaba de un lado a otro con las manos en los bolsillos, y mirando al piso. En ese momento se abrió la puerta, y Charlus Potter entró por ella.
- ¿Todavía no han salido? – preguntó, acomodándose el moño. James negó con la cabeza – Cómo tardan…oye, qué infraestructura se ha hecho tu madre, ¿no?
James miró alrededor. El salón estaba decorado con cintas blancas que colgaban de las paredes, todo había sido pulido, y dónde antes había una pared que separaba el comedor de la sala, ahora había un bar, con un hombre detrás limpiando vasos. La mesa del comedor había desaparecido, y el lugar había sido ampliado, para que cupieran perfectamente veinte mesas redondas con manteles blancos, platos y cubiertos dorados y en el centro de mesa, una vela o un jarrón fino con una flor. En la pared del fondo habían instalado un escenario, con una pantalla gigantesca. La puerta de la cocina permanecía cerrada. Afuera, Dorea se había encargado de que la piscina estuviera cubierta de globos, y de los árboles colgaban sutiles luces de colores.
- Debo acordarme de agradecerle a Azora – dijo Charlus – Ha trabajado mucho para esto.
James asintió. En ese momento, se oyeron unos pasos, y los cinco hombres se giraron para ver bajar a Dorea. Iba vestida con un vestido de strapless largo hasta el piso, de satén negro, y unos guantes largos del mismo color. En el cuello, un collar de plata, y en la cabeza llevaba un prolijo rodete, con una tiara de plata. Pero lo más impresionante, era su enorme sonrisa.
- ¡Ouau! – exclamó Charlus, sonriente – Miren, niños… ¡Esa es mi esposa!
Dorea rió por lo bajo. Charlus se le acercó y la rodeó con la cintura.
- ¡Ay, no, aquí no! – exclamó James - ¡No enfrente de su pobre hijo!
Sus tres amigos estallaron en carcajadas. Dorea puso los ojos en blanco.
- Las chicas bajarán en cualquier momento – anunció. Sirius se irguió en su asiento. Remus inspiró y cerró los ojos. Dorea entró a la cocina, seguida por Charlus, quién no le quitaba los ojos de encima. Se oyó un ruido de puertas abriéndose escaleras arriba, y los cuatro chicos dirigieron la mirada hacia allí. Treinta segundos más tarde, Mora apareció escaleras arriba, con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba preciosa: Tenía puesto un vestido negro brillante hasta arriba de las rodillas, con corte corazón en el pecho y caída con movimiento. En el cuello llevaba un pañuelo negro transparente, que se había enroscado en el cuello de tal forma que caía de ambos lados. En la muñeca, llevaba dos finas pulseras, y en los pies, un par de tacos negros. El cabello lo llevaba suelto, aquella vez castaño oscuro, lacio, con flequillo al costado y cortado en capas. Sus labios estaban pintados con un suave brillo, sus pestañas estaban alargadas, y sus mejillas algo coloradas. Se había quitado los anteojos, por lo que sus ojos, aquel día azul oscuro, resaltaban al brillo del maquillaje.
Remus no tenía palabras: su novia estaba más hermosa que nunca.
- ¿Y? – preguntó ella, bajando las escaleras y enfrentándolo - ¿No dices nada?
Remus sonrió, y la besó dulcemente.
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De acuerdo, no digas nada – se resignó Mora, y se aferró a su cuello. James sonrió, hizo un movimiento con la varita, y la música comenzó a sonar.
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¿Baila esta pieza, señorita? – Remus hizo una reverencia. Mora rió por lo bajo, y tomó su mano, y ambos comenzaron a bailar. En ese momento, se oyó un grito escaleras arriba, haciendo que todos se giraran.
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¡Vamos, Emily! – gritaba la voz de Lily.
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¡No, no y no!
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¡Alguna vez tienes que salir!
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¡Se burlarán de mí!
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¡No lo harán!
Se oyó un bufido. Luego no se oyó nada más, y Lily apareció por las escaleras.
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Ouau – murmuró James. Lily llevaba puesto un vestido color verde oscuro que llegaba hasta debajo de las rodillas, con finos breteles y corte corazón. En la cintura, se cortaba en forma de ve, y a partir de allí la tela, más oscura que arriba, caía de forma arrugada. En el cuello, llevaba un collar de oro, con un dije de estrella. Su cabello suelto tenía perfectas ondas rojo oscuro, y sus mechones frontales estaban prolijamente atados en un costado, con un clip, de tal forma que resaltaban sus ondas desde arriba. Se había maquillado levemente, pero de forma resaltante.
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No me mires así, Potter – dijo, aunque por dentro ocultaba una sonrisa de autosuficiencia – Emily me prometió bajar si yo venía primero.
Sirius miró rápidamente hacia arriba, y notó que Emily ya había salido. Llevaba puesto un vestido largo como el de Lily, de color azul oscuro, con el mismo corte corazón y la misma tela en la parte superior, excepto porque los breteles se ataban detrás del cuello. De la cintura salían dos telas: una opaca, un poco más larga que la segunda, y por encima una transparente. Sus pies estaban cubiertos por unas sandalias azul oscuro, con un taco alto. El cambio más relevante se produjo del cuello para arriba: Se había alisado el pelo, y lo llevaba suelto, con el flequillo tirado hacia atrás y algo levantado arriba de la frente. El rostro, aunque estaba bastante oculto porque Emily miraba hacia abajo, avergonzada, se lo notaba cambiado: se había maquillado muy levemente, hasta menos que Lily, pero se le notaba el cambio. Se había puesto lentes de contacto, por lo que su rostro ya no estaba tapado por un par de anteojos. Su piel parecía más suave, y los aros de diamante que colgaban de sus orejas, cortesía de Dorea, hacían que su rostro brillara aún más que la estrella más cercana del cielo.
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Ya baja, Emily – Lily sonreía – Te ves preciosa.
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No es cierto – la contradijo ella – Me veo como una muñeca de porcelana.
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Pero estás bella – dijo Mora, dada vuelta, quién aún sostenía los brazos de Remus entre los suyos. Remus le dio vuelta el rostro, para que ella sólo se concentrara en él, y ella no puso objeción. Emily continuaba mirando al piso, muerta de vergüenza. James, sonriente, se acercó a ella.
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El cambio es impresionante – le dijo – Estás preciosa, Emily, déjame darme el lujo de decírtelo. Te queda muy bien este aspecto.
Emily se sonrojó, y sonrió agradecida.
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¿Y tú? – saltó Lily, dirigiéndose a Sirius. Este desvió la mirada de Emily por primera vez desde que esta había salido - ¿Tienes algo para decirle?
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Eh… - Sirius no encontraba palabras – Sí…estás…muy bien.
Emily agachó la cabeza, aparentemente desilusionada.
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Gracias – contestó, y sin más, bajó las escaleras y salió al jardín. James miró a Sirius, este entendió qué quería decirle y la siguió. Emily se había quitado los zapatos, y se había sentado al borde de la piscina. Sirius se apresuró a sentarse a su lado.
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Te queda bonito el lacio – comentó. Por alguna razón, no se le ocurría nada que decir. Emily suspiró.
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¿Por qué te comportas así? – preguntó. Sirius la miró extrañado – Yo era feliz cuando te odiaba. ¿Por qué de repente empezaste a tratarme bien? ¿Por qué…eres tan bueno? ¿De verdad has cambiado?
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Eso son muchas preguntas – murmuró Sirius, con una sonrisa burlona. Emily resopló. – A ver…he cambiado por ti.
Emily se quedó atónita. ¿De verdad acababa de oír eso?
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Escucha, Mily – Sirius se acomodó de tal forma a quedar enfrentado a ella. – Me he dado cuenta que llevándonos mal, solo la pasamos peor. Ambos. Y me di cuenta que las cosas que a mi me divierten, a ti te molestan. No quiero eso. Quiero que nos llevemos bien. Podemos hacerlo. Sé que podemos. Podemos… - tomó aire - …ser amigos.
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Parece como si te costara mucho decirlo – murmuró Emily amargamente.
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Ni te imaginas – confesó Sirius, aunque ambos estaban interpretando la frase de maneras muy distintas. – Pero quiero que todo este bien entre nosotros. Se que…puedo ser bueno, si quiero.
Emily rió por lo bajo.
- No eres tan mala persona, después de todo – confesó, con una sonrisa, mirando al agua – Tal vez sí seamos capaces de llevarnos bien… sólo debemos intentarlo.
Se quedaron un rato observando el anochecer. El sol se escondía, y con él, se llevaba todo el rencor y la bronca que habían acumulado los dos jóvenes a lo largo del último año.
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Sirius, yo… - era el momento indicado. El momento para confesarle todo lo que ella sabía sobre sí misma. Pero… ¿quería arruinar un momento como aquél? Sirius levantó la mirada.
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¿Sí?
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Yo… - Entonces, Emily miró hacia abajo, y palideció - ¡AAARGHH!
Se levantó, y comenzó a chillar. Sirius se paró con ella.
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¡¿Qué?!
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¡Una araña, una araña!
Sirius bufó. En ese momento, Emily se resbaló. Cerró los ojos, sabiendo que iba a mojarse al caer al la piscina, pero sintió como algo tironeaba de su brazo y la tiraba hacia el otro lado.
- ¡Ah!
Sirius la tomo del codo, y tiró hacia sí. Emily se dio la vuelta y apoyó su mano derecha en el pecho de Sirius, mientras él la tomaba por la cintura. Emily miró hacia arriba, y fijó su vista en la mirada plateada de Sirius. Sintió la misma opresión en el pecho que cuando quiso devolverle el buzo, y de repente, ya podía sentir su aliento a miel.
- G-gracias – dijo, y trató de zafarse, pero no lo logró. Sirius la sostenía bien fuerte contra su pecho – Ya…ya puedes…
No podía cortar el contacto visual. No lo lograba. Sirius se acercaba a ella lentamente. Sus labios se rozaban. Sirius soltó su cintura, y tomó suavemente las mejillas de Emily. El aliento a miel de Sirius era como una droga: una droga que, una vez que la dejara, se desmayaría. Sirius rozó su labio inferior con el superior de Emily. Ella abrió un poco más los labios, preparada para el beso. Y entonces…
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¡Sirius! – la voz de James los hizo volver a la realidad. Emily se alejó, aunque el contacto visual no se rompió. Sirius le dijo con la mirada: “No te vayas”. Emily le respondió: “Lo siento” - ¡Emily!
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No… - susurró Sirius, volviendo a levantar sus manos para tomar nuevamente sus mejillas, pero ella volvió a alejarse. – Por favor…
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¡SIRIUS!
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¡A…! – comenzó Emily. Sirius negaba con la cabeza. Emily suspiró. - ¡Aquí estamos, James!
James se acercó a ellos.
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Oigan, ya hay algunos invitados y… - James miró a Sirius, quién continuaba mirando con aprehensión a Emily, y luego a la chica, quién estaba con la mirada gacha - ¿Interrumpo algo?
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No, para nada – Emily negó con la cabeza, y comenzó a alejarse. James miró a Sirius - ¿Sirius?
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No… - Sirius estaba confundido. – No es nada, James.
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¿Pasó algo?
Sirius negó con la cabeza.
- Justamente, James…ese es el problema. No pasó nada.
Sirius comenzó a alejarse a zancadas, dejando a un confundido James al borde de la piscina.
Al cabo de un par de horas, la fiesta estaba al tope. Los Potter habían contratado a una cantante famosa, que cantaba algunas de las canciones. Habían invitado a la mayoría de las familias con hijos en Hogwarts, y por lo tanto, las tres chicas se encontraron allí con Ayleen y con Mary, cuyas familias habían sido invitadas. Todos se divertían como nunca. Los merodeadores eran el centro de la fiesta: bailaban en el centro, invitaban a todas las chicas, y hacían reír a la gente con sus chistes. Los alumnos de Hogwarts elogiaban a las chicas por su apariencia, sobre todo a Emily, ya que el cambio era notable, pero ella se limitaba a sonreír y señalar a Lily y a Mora, quienes sonreían a su vez.
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¿Cuál es la prima de James, tienen idea? – preguntó Lily a sus amigas, mientras estaban sentadas en la barra, tomando una botella de cerveza de manteca cada una. Mora negó con la cabeza, y Emily asintió.
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Sí, Dorea me la ha presentado, pero no la veo por ningún lado – dijo – Debe de estar con su prometido…o afuera, con algún invitado, quién sabe.
En ese momento, Dorea se hizo mostrar entre varios invitados que bailaban animadamente, y se presentó frente a ellas.
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Emily, necesito un favor – dijo, jadeante.
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¿Qué pasa, Dorea?
Dorea se acercó a ella, y le susurró algo al oído. Emily se puso colorada inmediatamente.
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¡¿Qué?!
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¡Oh, por favor, Emily! Eres mi única salvación.
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Pero, pero… - Emily no encontraba las palabras - ¡Me da mucha…vergüenza!
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¡Vamos, sé que puedes hacerlo!
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¿Qué pasa? – preguntó Mora. Dorea les susurró algo a ella y a Lily, y ambas sonrieron.
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¡Oh, vamos Emily! – exclamó Lily - ¡Sé que puedes hacerlo!
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Venga, si yo lo hago se cae la casa a pedazos – confesó Mora. Lily le echó una mirada de desaprobación - ¿Qué? ¡Es verdad!
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Estoy segura de que no – contrarrestó Lily.
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¡Pero…pero no puedo hacerlo!
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¡Venga, has tomado clases! – exclamó Mora. Las otras dos la miraron con las cejas arqueadas – De eso sí me acuerdo.
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¿Y como es que te acuerdas de lo que he hecho yo y no de lo que has hecho tú? – le preguntó Emily, con tono burlón.
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¿Sabes? ¡No eres la única que puede tener recuerdos momentáneos! Me vino un recuerdo así…flashero.
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¿Flaqué?
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¡Ay, no importa! ¡Tú solo hazlo!
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Yo creo que me estás mintiendo…
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¡Qué no!
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Basta – Lily puso fin a la discusión – Emily, ¿vas a hacerlo o no? Si quieres puedo hacerlo yo…Pero, ¿sabes? No lo haces nada mal. Podría venirle bien a tu autoestima esto.
Emily dudó. Dorea las observaba con una expresión de ansiedad en el rostro.
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Oh, de acuerdo, lo haré.
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¡Sí! – exclamó Dorea. Lily y Mora chocaron las manos. – Lo harás bien, Emily. Sé que lo haces bien.
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¿Cómo lo saben? – les preguntó Emily a Dorea y a Lily – Digo, nunca me he mostrado de esa forma…
Dorea y Lily se miraron, y se sonrieron con complicidad.
James bailaba con Emily en el centro de la pista. Le había dicho que la forma de pagarle la estadía en su casa era bailar una pieza movida con él en la fiesta, y así lo hacían. Emily se moría de risa, mientras James movía los pies al compás de la música. Sirius los observaba divertido, apoyado en la barra.
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Un hidromiel, por favor – pidió una voz conocida. Sirius se dio la vuelta.
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Hola, Dorea – dijo. Dorea sonrió.
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¿Qué tal la fiesta, Sirius? – preguntó, mientras el hombre de la barra le servía su bebida.
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Genial. Me la estoy pasando fenomenal. Eres una genio, Dorea.
La mujer sonrió complacida, y se sentó a su lado. Ambos observaron como James tomaba la mano de Emily, y la hacía dar una vuelta.
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¿Cómo crees que se ven? – preguntó. Sirius arqueó las cejas.
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¿A qué te refieres? – preguntó. Dorea suspiró.
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Yo me preguntaba cómo los ves tú, es decir…cómo crees que se verían como una pareja.
Sirius escupió la cerveza de manteca que se había llevado a la boca.
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¿C-cómo pareja? – balbuceó – Dorea, por favor, sólo son amigos…compañeros de equipo, tal vez…
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Sí, pero se llevan bien – sonrió Dorea – Tal vez podrían funcionar.
Sirius frunció el ceño.
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No, no podrían funcionar… - contradijo – Porque sólo son amigos. Además, a James le gusta Lily.
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Pero Lily no le da ni la hora – replicó Dorea – En cambio Emily parece que le da más que eso.
Sirius bufó, y se alejó murmurando cosas. Dorea sonrió ampliamente.
- Bingo – dijo.
Lily, Emily, Mora, Ayleen y Mary estaban sentadas en la misma mesa, con los cuatro merodeadores. Cuando los llamaron a comer, Emily hizo lo posible por sentarse entre Lily y Mora, así no tenía riesgo de sentarse al lado de Sirius. De vez en cuando, durante la comida, Emily le lanzaba una mirada de tristeza, y Sirius de enfado, pero alguno de los dos corría la mirada, y continuaba hablando con sus amigos. Sirius aún no había olvidado lo que Dorea le había dicho, y eso lo había enfadado mucho.
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Estamos en problemas – oyó Emily que Remus le dijo a Lily.
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¿Por qué? – preguntó ella.
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Porque vino la madre de Sirius.
Señaló hacia una mesa donde estaban sentados un grupo que se veía bastante desagradable, en el cual había una mujer morocha y alta, de oscuros ojos rasgados, y una sonrisa muy falsa, que hablaba con una mujer castaña con expresión de asco. Al lado de la mujer, había un hombre serio, alto, que casi no comía, de lacio cabello negro y unos ojos grises que, cuando se cruzaron con la mirada de Emily, ella se sonrojó y apartó la mirada. Parecía muy aburrido. Pero el que más llamó la atención de la chica fue un muchacho de unos quince años, sentado al lado del hombre, que era tan familiar que Emily por un momento pensó que Sirius se había cambiado de lugar. Pero luego se dio cuenta de que era muy distinto. El muchacho parecía no encontrarse en el lugar indicado, y miraba todo a su alrededor. Sin embargo, se encontraba muy recto en su silla, como si no quisiera que nadie pensara que él hacía algo malo, al contrario de Sirius, quién estaba muy en la suya, muerto de risa, hablando con James y Peter. Su expresión era de curiosidad, y de cautela a la vez.
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¿Quién es el muchacho? – le preguntó Emily a Remus, hablando por encima de Lily. Él miró nuevamente hacia la mesa.
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Es Regulus, el hermano menor de Sirius. Es un Slytherin. No se siente muy cómodo, ¿verdad?
Emily negó con la cabeza.
- No entiendo – dijo Lily - ¿Por qué es malo que la madre de Sirius esté aquí?
Remus abrió la boca para contestar, pero entonces la música comenzó a sonar, y todos se levantaron para volver a bailar. Remus se encogió de hombros, y corrió a sacar a bailar a Mora, quién aceptó encantada. Al oír la canción, Sirius se paró en seco, y miró a Emily, pero ella no parecía haberse dado cuenta, ya que reía tranquilamente con Lily de la cara embobada de su amiga Mora. Pero lo cierto era que Emily sí reconocía la canción.
I know there's something in the wake of your smile.
I get a notion from the look in your eyes, yea.
You've built a love but that love falls apart.
Your little piece of heaven turns too dark.
James se acercó a Lily.
- Oye, Evans… - dijo, algo sonrojado, aunque en la oscuridad no se notaba - ¿Quieres…quieres bailar?
Lily abrió la boca para contestar, sin embargo Emily la codeó y le susurró al oído.
- Hazle un favor…no te cuesta nada bailar con él.
Lily suspiró, y asintió. James sonrió tan sinceramente que Lily no pudo evitar devolverle la sonrisa. James tomó su mano, y se la llevó a la pista de baile. Emily los miró irse, sonriente, y se dio vuelta para ir a sentarse a recordar nostálgicamente sus momentos con Sirius después de cada palabra de aquella canción, cuando se encontró cara a cara con el chico de sus sueños.
- Hola – saludó Sirius, con las manos en los bolsillos del pantalón. Emily se sonrojó, pero no se notó por la oscuridad del salón. – Oye…sé que tal vez esta canción no te traiga muy buenos recuerdos pero… ¿Quieres… - Inspiró profundamente - …bailar?
Emily se sonrojó aún más, pero asintió con la cabeza.
- Sí – contestó. Sirius tomó su mano, y pasó su brazo alrededor de su cintura. Comenzaron a bailar al ritmo de la música, mientras la canción continuaba sonando.
Emily sentía un extraño cosquilleo en su nuca, como si alguien la estuviera observando fijamente, pero aquello no era nada comparado a lo que se estaba enfrentando. ¿Cómo podría volver a mirar a Sirius a la cara, sabiendo lo que sentía por él, y a la vez sabiendo que no podían estar juntos? Sólo tenía que acordarse de quién era ella…y quién era él. Ella, una chica normal, tirando a fea, de anteojos, ni siquiera tenía un cuerpo bonito...y una estudiosa. Él, el chico más popular de la escuela. El mujeriego. El lindo. Emily suspiró. ¿Cómo podía haberse enamorado de él? ¿Cómo podía haberse enamorado de Sirius Black? ¿Cómo se atrevía a estar bailando con él?
Sirius no podía quitar su mirada de la de ella. No le importaba como la vieran los demás: para él era la chica más bonita del colegio. Qué importaban Sarah, Allison, Maia, y quién sabe qué chicas con las cuales en su camino se hubiera cruzado. En aquél momento, sólo le importaba Emily. Sólo ella. Pero…estaba confundido. Él nunca había sentido algo así por una chica. Pero…era Emily. No era cualquier chica. Era Emily. Emily Perednik. La chica que le había pegado, le había gritado, lo había insultado…tantas veces. Y sin embargo, en aquél momento, sólo quería…bailar con ella. Ni siquiera quería besarla. Porque sabía que si la besaba, se separaría de ella. Quería estar cerca de ella. Pero… ¿Pero? ¿Acaso sólo la quería para jugar con una más? ¿Acaso la deseaba tanto porque ella lo rechazaba? No. No era eso, claro que no era eso. Emily era diferente. Emily era…la única persona…que podía llegar a entenderlo. Eso necesitaba él. Una persona…que lo entendiera. Que entendiera cuánto sufría. Que entendiera que él no sólo era Sirius Black, el Sirius Black que todas las chicas conocían. Él era algo más allá de aquello. Y Emily era la persona que tocaría fondo. La persona que podría tocar fondo. La única a la que dejaría llegar.
And there are voices
that want to be heard.
So much to mention
but you can't find the words.
The scent of magic,
the beauty that's been
when love was wilder than the wind.
Sirius y Emily bailaban lentamente al compás de la música. Pero ni siquiera la oían. Se miraban el uno al otro, mientras movían los pies. Hasta habían olvidado de qué canción se trataba. Sirius la observaba moverse, mover sus pies, el movimiento de su falda al compás de la música, y cada vez la deseaba más. Sí solo…pero no. No podía hacerlo. Emily se dejaba guiar por los brazos de Sirius. Ni siquiera se dio cuenta cuando Mora y Remus los pasaron rozando. Sólo tenía ojos para Sirius. No le importaba lo que pasara después. No le importaba si después se arrepentía de todo, como estaba segura que haría. Sólo quería aprovechar aquél momento…porque seguramente sería el último para ellos dos. No pudo reprimir las lágrimas, aunque de verdad trató, y sintió como por su mejilla maquillada se deslizaba una suave y pequeña gota de cristal.
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No llores… - murmuró Sirius, limpiándole la mejilla con el dedo índice. Emily tomó la mano de Sirius, y la frotó suavemente contra sí, mientras él se dejaba llevar. Ambos sabían que habían parado de bailar.
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Por suerte el maquillaje es a prueba de agua… - Sirius rió por lo bajo, nerviosamente, y Emily lo imitó. Se sentía tan…feliz. Podía tener a Sirius a su lado. Podía tocar su mano. Podía sentirlo. Levantó la mirada, para encontrarse con esos ojos color plata que tanto la fascinaban. Era la tercera vez aquél día. Eran una perdición.
Listen to your heart, mm-mmmmmm
I don't know where you're going
and I don't know why,
but listen to your heart
before you tell him goodbye.
Entonces se oyeron los aplausos de la gente, y ambos se separaron. Emily bajó la mirada. Se había terminado. Sabía que algún día pasaría. Todo terminaba alguna vez. Pero…se sentía feliz de poder haber disfrutado aquél momento. Aunque fuera la última vez.
- Adiós – le dijo. Sirius asintió, y se perdió entre la gente.
Lily y Mora se le acercaron por detrás.
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Te toca, Emily… - Entonces, Emily recordó, y tragó con fuerza. Estaba condenada.
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¿Te has preparado? – le preguntó Mora. Emily asintió.
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¿Ya has escogido? – le preguntó Lily. Emily volvió a asentir. Dorea subió al escenario, y tomó el megáfono.
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Por favor, atención a todos – dijo – Esta noche estamos festejando un evento muy especial. Mi adorada sobrina se está comprometiendo – Todos aplaudieron con fuerza – Y decidí pedirle a alguien del público que le dedicara una canción. Pensé en todas y en cada una de las personas que hay en esta fiesta. Y finalmente me decidí. Emily, por favor, sube al escenario.
Emily, sonrojada, se acercó a ella y subió la escalerilla.
- Quiero presentarles a una muchacha llamada Emily Perednik – comenzó Dorea – Ella es una gran amiga de mi hijo, la cual ha tenido que pasar muchas dificultades este año, junto a su amiga Mora – señaló a Mora, en el público, quién saludó con la mano – al no haber estudiado los primeros cinco años del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Sin embargo, sé que ambas son dos grandes brujas – guiñó un ojo - Ha estado parando en mi casa todo este tiempo, y el otro día, cuando subí a pedirle que me diera su lista de libros, la oí cantar. Y la he escogido a ella para que escoja la canción que mejor la represente y se la dedique a los novios.
Todos aplaudieron. Emily sintió como su rostro ardía.
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Así que Emily, por favor… - Dorea le deseó suerte en voz baja, y bajó del escenario. La música comenzó a sonar detrás de ella. Emily se acercó al megáfono, y comenzó:
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Si pudieras mostrarme algo que me hiciera cambiar de parecer – comenzó – Podría continuar creyendo que aún hay algo dentro. Y podríamos, tal vez, dejarlo todo al amor?
Sirius levantó la mirada, y la observó cantar. Ya la había oído, claro, pero nunca de esa forma. Se veía tan…bonita…
-¿No hay opciones fáciles para que nosotros podamos contemplar? Podemos continuar fingiendo, pero entonces el amor se convertirá en odio. Y tal vez lo perderíamos todo.
Sirius sabía que aquella canción era para él. Lo sentía. Lo oía. Lo sabía. Cada palabra estaba dirigida a él. Sin embargo, ella no lo miraba a él. Miraba al público, que la observaba cantar con un brillo de ternura en los ojos. Los novios bailaban en el centro de la pista. El coro cantaba en voz aguda.
- Si pudieras probar mi aliento en mi, yo me perdería en el tiempo. Podemos continuar pretendiendo, o simplemente cerrar nuestras mentes. Entonces podrías decir que yo lo perdí todo por amor.
Sirius se perdía entre los párrafos de la canción. Sí, era para él. No le prestaba atención a nada que no fuera aquello. Ni a James, que le susurraba cosas al oído. Ni a Remus, quién tamborileaba con los dedos en la mesa, a la espera de que Mora llegara a buscarlo. Ni a Peter, quién miraba embobado como Emily cantaba. Hasta se olvidó de su madre. Sólo quería oír el final.
- Si tuviera que sacrificarme, cambiarías tu opinión? Podemos continuar creyendo en este miedo que quedó dentro. ¿Entonces dirías: “Perdido todo por amor”? ¿Entonces dirías : “Perdido todo por amor”?
Emily suspiró. Todos la aplaudían. El coro terminó la repetición del “Eyo-wooohaeeeeeeeeee...”, mientras la gente continuaba aplaudiendo. Ya había terminado. Ya todo había terminado. Bajó la escalerilla, y se juntó con Mora y Lily, que la miraban sonrientes.
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¿Y? – preguntó Lily - ¿Fue tan terrible?
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No – confesó Emily – pero preferiría que no me dijeran qué tal ha salido.
-
Muy bien, no lo haremos – sonrió Mora - ¿Qué tal si vamos a por unas bebidas?
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Sí, por favor – pidió Emily. Las tres chicas se dirigieron al bar, donde le pidieron al muchacho tres cervezas de manteca, y se sentaron a esperar.
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¿Saben? Esta fiesta no está nada mal – admitió Lily – Me la estoy pasando de maravilla.
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También yo – coincidió Mora – Conocí a muchas personas famosas…
Emily y Lily rieron por lo bajo. De repente, Lily palideció.
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Oh, no… - dijo.
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¿Qué pasa, Lils? – le preguntó Mora. Emily apoyó su mano en la rodilla de su amiga.
-
¿Ocurre algo?
Lily había dejado de estar blanca, y ahora estaba completamente roja. Pero no de vergüenza. De ira.
- No puedo creerlo… es un idiota – se dijo a sí misma - ¿Cuántas veces me ha confesado su amor? ¿Cuántas veces se ha ridiculizado por mí? ¿Era todo una mentira? ¿Era todo un juego para él? Es un….un…
Lily lanzó un grito de ira. Emily y Mora se dieron la vuelta, y lo vieron: un despeinado cabello color negro azabache estaba de espaldas a ella, y se besaba apasionadamente con una muchacha en el sillón. Emily se llevó las manos a la boca, pero Mora arqueó una ceja.
- Eh…Lily… - trató de decir, pero fue muy tarde: Lily se había levantado, y se dirigía directamente hacia él - ¡Lily! ¡No vayas, Lily!
Pero Lily continuó caminando, acercándose a aquél cabello negro azabache que se comía a esa muchacha rubia. Emily y Mora se levantaron y la siguieron.
- Oye, Potter – Lily se paró detrás del muchacho – Eres un caradura… ¿Cómo vas a hacerme esto? No puedo creerlo…me invitas a bailar…me dices que me quieres...y si yo te rechazo, ¿Vas y te besas a otra? ¿Tan reemplazable soy? ¡Óyeme!
Tomó al muchacho por los hombros, lo separó de la chica y lo dio vuelta. Al verle el rostro, se quedó paralizada.
-
¿Qué te crees que haces? – exclamó el muchacho, levantándole, enojado. Ese definitivamente no era James - ¿Quién te crees que eres?
-
Eh… - Lily titubeó. Se había puesto roja. ¿Cómo había podido equivocarse así?
-
¿Qué pasa? – James se apareció entre la gente - ¿Qué ocurre?
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Esta loca – dijo el muchacho – No sé que le pasa…
-
¿Lily? – James se acercó a ella, pero ella trató de esquivarlo. Miraba al piso. Mora y Emily también se habían acercado.
-
Pensó que eras tú – le dijo Mora. Lily la fulminó con la mirada, y Emily la codeó.
-
¿Quién? ¿Colin? – James pasó la mirada del muchacho a Lily, y de nuevo al muchacho – ¿Mi primo?
Lily enrojeció aún más. Detrás de ella, Sirius y Peter reían por lo bajo, mientras Remus la miraba con preocupación.
-
Yo…me voy – fue lo único que la pelirroja pudo decir, y aún completamente roja, salió hacia el jardín. Emily quiso ir tras ella, pero Remus la tomó por el brazo.
-
Deja que vaya James – le dijo. Emily lo miró a los ojos, y asintió.
Lily miraba al vacío, parada en el borde de la piscina. ¿Cómo había podido ser tan tonta? Se había delatado completamente. En aquel momento, se encontraba indefensa. Sin embargo… ¿Por qué se había puesto así? Al verlo allí sentado, al creer que era él…acaso eran… ¿celos? No podía ser. Si a ella no le gustaba James Potter. Ella lo aborrecía. Entonces, ¿por qué se había enojado tanto? ¿Por qué le molestaba tanto verlo con otra? Giró la mirada, y miró hacia adentro a través del ventanal. Emily reía despreocupadamente, mientras Sirius le ofrecía una bebida. ¿Cómo habían avanzado tanto? Ya pronto comenzarían a salir… y pensar que un año antes, Emily y Sirius se detestaban. Al igual que Lily y James. Al igual que ella y James. ¿Acaso…Emily había logrado algo que ella no? Sí. Emily había dejado sus principios de lado. Había dejado sus prejuicios de lado. En cambio, Lily no lo hacía. Ella era muy orgullosa. Pero… ¿debía dejar de serlo? ¿Sería así más feliz? Se preguntó dónde estaría James… ¿Acaso se había enfadado con ella? Sintió como algo la tomaba del brazo. Era la oportunidad perfecta para hablar con James. Se dio la vuelta, pero quién la había tomado no era James. Era Snape.
- ¿Sev…? Quejicus – se corrigió Lily, cambiando su tono - ¿Qué haces?
Snape se acercó a ella. Olía extraño. Era… ¿Alcohol? No. No era alcohol. Era algo peor.
-
Severus, ¿te drogaste? – preguntó Lily. Luego, recordó algo – Espera, Severus…tú no estabas invitado a la fiesta.
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No – admitió Snape – Pero quería verte.
Lily arqueó las cejas.
- ¿A mí?
Snape asintió.
- Quiero…hablar contigo.
Lily frunció el ceño, enojada.
- Pues qué lástima, Severus, porque yo no quiero hablar contigo.
Se dio la vuelta para irse, pero Snape no la soltó, y la atrajo aún más hacia sí.
-
Lily, quiero que me perdones…yo no quise hacerlo…de verdad…me obligaron…
-
¿Ah, sí? – Lily estaba muy enfadada. ¿Cómo se atrevía a colarse en una fiesta solo para mentirle así, y encima drogado? – Esa no te la crees ni tú, Severus. Te veías muy convincente cuando me dijiste…
Pero se calló. No quería continuar hablando. Le dolía demasiado. Volvió a tratar de alejarse, pero esta vez, Snape tiró de su brazo, dándola vuelta y tomando su rostro con una sola mano, mientras que con la otra tomaba con fuerza su codo.
-
¡Me duele! – se quejó Lily.
-
Escúchame bien, Lily… - la amenazó Snape – No quiero tener problemas por tu culpa. Sólo vine aquí para disculparme, y más te vale que me perdones, porque…
-
¡Basta, Severus! – exclamó ella - ¡Suéltame!
-
No – se negó Snape. Lily trató de zafarse, pero evidentemente el aspecto no lo era todo: Snape tenía más fuerza de la que parecía – Quiero que me perdones.
-
¡Pero yo no quiero! ¡Te mereces lo que te está ocurriendo, Severus!
-
¡Perdóname!
-
¡No!
-
¡Déjala en paz!
Snape y Lily se dieron la vuelta. Allí, acercándose a ellos, llegaba James. Su rostro estaba enrojecido por la ira.
- ¡Snape! – masculló, con los dientes apretados - ¿Qué mierda haces aquí?
Snape le dirigió una mirada envenenada, y soltó a Lily, para enfrentarse a James.
-
Vengo a recuperar el corazón de Lily, Potter – dijo. James apretó los puños. Lily arqueó las cejas, por la sorpresa.
-
¿Cómo puedes recuperar algo que nunca tuviste, Quejicus? – preguntó James con un tono sarcástico. Los labios de Snape se tornaron en una sonrisa.
-
Su corazón me pertenecía mucho más de lo que crees…o por lo menos, me pertenecía mucho más que a ti.
James levantó su varita, y un rayo golpeó a Snape en el pecho, tirándolo hacia atrás.
-
No vuelvas a repetir eso, Quejicus – lo amenazó James – Ni vuelvas a tocar a Lily nunca, ¿me oíste?
-
¿Qué vas a hacer al respecto? – preguntó Snape, lleno de ira, levantándose del suelo.
-
¡Basta! – exclamó Lily, pero ninguno de los dos le hizo caso. Snape ya se había levantado, y apuntaba con su varita al pecho de James.
-
Déjala, Snape – amenazó James – Deja a Lily en paz.
-
¡Sectusempra! – exclamó Snape. Un tajo apareció en el rostro de James, quién inmediatamente se llevó una mano a la mejilla.
-
¡Basta! – pidió Lily, metiéndose entre ambos. James, con una inconfundible expresión de ira, comenzaba a acercarse a Snape.
-
Déjame acercarme, Lily – pidió James, lo más amable que su tono logró dar.
-
¡No, basta!
-
Venga, Lily, déjalo venir – sonrió Snape, acercándose también.
-
¡Basta, basta! – sollozó Lily.
Emily y Mora se acercaban por detrás, al ver desde adentro la pelea que se estaba armando.
- ¡Snape! – exclamó Mora. - ¡James, déjalo!
James y Snape trataban de pegarse, olvidando por completo sus varitas, y Lily estaba en el medio, tratando en vano de separarlos.
-
¡Ah! – exclamó Lily, al sentir un empujón en su pecho, y sintió como caía para atrás...
-
¡LILY! – exclamaron James y Snape a la vez. James estiró su brazo, y tomó a Lily del codo, mientras Snape se tiraba también, y los tres cayeron a la piscina. Se escuchó el “¡PAF!” del chapoteo, y todos contuvieron la respiración.
-
Auch – murmuró Sirius, quién se había acercado a ver qué ocurría, junto a Remus y Peter.
-
¡Lily! – gritaron Mora y Emily a la vez.
La primera en salir a la superficie fue Lily. Luego, James y Snape salieron a la vez, cada uno a un lado de Lily.
-
¡Lily! – exclamaron ambos a coro, y se fulminaron con la mirada.
-
¿Estás bien, Lily? – le preguntó Snape, tratando de tomar su brazo, pero ella lo esquivó.
-
¡Quítame las manos de encima! – gritó. James también trató de acercarse a ella, pero lo esquivó también - ¡Aléjense de mí, los dos!
Lily nadó hasta el borde, y salió del agua, mientras de las puntas de su cabello goteaban las marcas de lo que acababa de ocurrir. Mora y Emily se acercaron a ella.
-
Ven, te ayudaremos – le ofreció Mora – Quítate los zapatos.
-
Ven, vamos a mi habitación – ofreció Emily, y entre las dos, ayudaron a la empapada Lily a entrar a la casa. James suspiró, y salió del agua, mientras Remus y Sirius lo ayudaban. Snape se las arregló solo, y sigilosamente, se alejó. Cuando James se dio la vuelta, no estaba más.
-
Maldito, maldito Quejicus – se quejó. - ¿Cómo se atreve a tratar de arruinar una fiesta de compromiso, y encima en mi casa?
-
Ya sabíamos que era un idiota – dijo Sirius amargamente. – Ven, entremos, tu padre podrá secar tu traje en un minuto.
James negó con la cabeza, y miró a Remus.
-
Ella me odia… ¿verdad? – preguntó. Remus no contestó, y se limitó a observar la luna en cuarto menguante. James volvió a suspirar, destrozado.
-
Venga, vamos a la casa – propuso Sirius, tomando a su amigo del codo, y ayudándolo a levantarse. James arrastraba los pies, mientras Sirius tironeaba de su codo. Remus los seguía.
-
¡Aquí están…! – exclamó Peter al verlos entrar – James, ¿Qué…?
-
No es momento, Peter – interrumpió Remus – Vamos, James, te llevaremos a la cocina.
Pasaron por el salón, dirigiéndose a la puerta cerrada al fondo de la sala. Remus apoyó la mano en el pomo, cuando se oyó una voz a sus espaldas:
- Así que te has atrevido a evitarme, Sirius…
Sirius cerró los ojos, y se dio la vuelta lentamente.
-
¿Qué crees que haces…madre?
-
Los odio, los odio a ambos – se quejó Lily, mientras Mora secaba su vestido y Emily la ayudaba con su cabello.
-
No seas tan drástica, Lily – pidió Mora – A Snape puedes odiarlo todo lo que quieras, pero James sólo quería ayudar.
-
Ella tiene razón, Lily – observó Emily – James sólo quería ayudarte…
-
Sí, y tratando de ayudarme me tiró a la piscina – contrarrestó Lily amargamente - ¿De verdad cree que ayudarme es armar una pelea con Severus?
-
Él quiso defenderte – opinó Emily – Si a mí Sir…
Se tapó la boca con las manos. Mora sonrió.
-
¿Qué ibas a decir, Mimi?
-
Ahora estamos con Lily – dijo Emily, sonrojándose. Luego se paró en seco. – Espera, ¿Cómo me has llamado?
-
Mimi – contestó Mora, sonriente - ¿no es bonito? Se me acaba de ocurrir.
Emily se encogió de hombros.
-
Como quieras… - murmuró. Lily rió por lo bajo.
-
No puedo creer que me hagan reír en un momento así… - murmuró. Mora sonrió, y Emily la abrazó.
-
Si quieres, tú también puedes llamarme Mimi – dijo. Lily asintió.
-
Son de lo mejor, chicas…las adoro.
-
Nosotras también, Lily – sonrió Mora – Pero no nos pongamos sentimentales ahora, que si no Mimi va a terminar besando a Sirius. – vaciló - No, mejor sí, pongámonos sentimentales.
Emily se puso roja.
-
¿Por qué siempre tienes que dar ese ejemplo? – preguntó. Lily volvió a reír. En ese momento, tocaron a la puerta. “Adelante, Dorea”, murmuró Emily, y la mujer entró.
-
Lily, querida, cuánto lo siento – dijo. Lily negó con la cabeza - ¿Quieres que te preste un vestido?
-
¿Y para eso me maté secándolo? – se quejó Mora con un puchero. Emily y Lily estallaron en carcajadas. Dorea sonrió.
-
Muy bien, no desperdicies el trabajo de tu amiga. – Lily asintió, y se puso el vestido. Había quedado como nuevo. Dicho esto, Dorea dejó algunas cosas para los retoques de Lily, y salió de la habitación.
-
¿Cómo hiciste eso? – preguntó Lily.
-
Magia – contestó Mora, encogiéndose de hombros.
-
¿Y qué hay del peinado? – preguntó Emily, haciéndose la ofendida. Lily sonrió.
-
Excelente – su peinado no había quedado exactamente como antes, sino que ahora tenía el cabello liso, y los mechones frontales tirados hacia atrás, desde sus respectivos lados, con algunos clips. Le quedaba muy bien.
-
Bueno, ¿bajamos? – preguntó Emily. Lily negó con la cabeza.
-
No quiero ver a Potter – se quejó. Mora bufó, y Emily la miró con ojos tristes.
-
Lily, no puedes evitarlo para siempre. – protestó. – Además…todos hacemos algo mal de vez en cuando. No siempre todo tiene que salir bien. Podemos equivocarnos, somos seres humanos. Y él se equivocó. Seguramente te pedirá disculpas. Y cuando lo haga, tú podrás aceptárselas, porque sabrás que no lo ha hecho con mala intención.
-
La gente buena no hace cosas con mala intención – dijo Mora – Por ejemplo: yo soy buena gente, y cuando era pequeña robaba en los supermercados. Con mi hermano abríamos los paquetes de confites y nos los comíamos todos.
Emily y Lily la miraron incrédulas, y luego estallaron en carcajadas.
-
¿Qué? ¡Es verdad!
-
¿Otro recuerdo “flashero”? – se burló Lily, conteniendo la risa.
-
¡Exacto! – exclamó Mora, y las tres rieron.
-
De acuerdo, de acuerdo – dijo Lily, cuando terminaron de reír. – Bajaré.
-
Decisión correcta – dijo Emily, y la tomó de la mano para ayudarla a levantarse. Al abrir la puerta, se dieron cuenta de que todo estaba en demasiado silencio como para ser una fiesta.
-
¿Qué ocurrió? – preguntó Lily. Las otras dos se encogieron de hombros.
-
Vayamos a ver – propuso Mora. Bajaron las escaleras, y pudieron ver que todos los invitados se habían puesto en círculo, como mirando un espectáculo.
-
No puedo creer que estés haciendo show aquí – dijo una voz de mujer mayor, que arrastraba las palabras. A Emily aquella voz le causó escalofríos.
-
No estoy haciendo un show…tú lo estás haciendo – dijo la voz de Sirius. Al oír esa voz, Emily les hizo una seña a sus amigas para que se acercaran más. Se metieron entre la gente, y lograron ver la escena. La madre de Sirius se encontraba parada frente a él, con los brazos cruzados, y la mirada severa puesta sobre su hijo. Sirius la miraba a los ojos, con los puños cerrados y los dientes apretados.
-
¿De verdad te crees que iba a dejarte pasar así como así? – preguntaba la mujer – Deshonraste a la familia, nos hiciste pasar vergüenza, te negaste a obedecer… ¿De verdad creíste que yo te dejaría marchar, así como así?
Sirius presionaba con fuerza los puños.
-
Jamás haría lo que una vieja arpía como tú me ordenara – dijo. La mujer arqueó las cejas.
-
Eres un irrespetuoso…un desagradecido…después de todo lo que tu padre y yo hemos hecho por ti…
-
¡Ustedes no han hecho nada por mí! – explotó Sirius - ¡Sólo han tratado de meterme en la cabeza sus estúpidas ideas sobre la sangre pura, y la limpieza de la sangre! ¡Ustedes jamás me han tratado como a un hijo, sólo como a…un heredero!
-
Eso es lo que eres, niño malcriado – musitó ella – Aunque ahora ya no… ¿Creíste que te íbamos a heredar después de todo lo que nos has lastimado?
-
¡Ja! – exclamó Sirius – Déjame que me ría… ¿Lastimado? No les ha pasado nunca nada mejor que librarse de mí…su desagradecido hijo, la oveja negra de la familia, que no siguió la tradición familiar, que fue a la casa Gryffindor y que es el único que no tiene la mente tan cerrada como para querer eliminar a todos los que son diferentes a él.
Sirius estaba sacado. Su madre lo observaba con profundo odio en sus pequeños ojos oscuros.
-
No puedo creer que le hables así a tu madre…
-
¡NO ERES MI MADRE! – gritó Sirius.
-
Iré a ver qué pasa – dijo Emily. Lily la tomó por el codo.
-
No te metas – le susurró. Emily no le hizo caso, y se acercó.
-
Sirius, ¿qué ocurre? – preguntó. Sirius se fijó en ella. Sus ojos ya no se veían fríos y seductores: se veían llenos de una furia interior que Emily no había visto nunca - ¿Sirius?
Oyó que Lily volvía a murmurar: “¡Emily, no!”. Sin embargo, en aquel momento, ella sólo tenía ojos para Sirius. Para aquél furioso Sirius, que no parecía estar en sus cabales.
-
¿Eres mi madre? – preguntó, de repente. La mujer arqueó las cejas.
-
Lamentablemente, sí.
-
Muy bien, entonces, si de verdad eres mi madre… no te molestará que haga esto, ¿verdad?
La mujer dejó caer sus brazos, y comenzó a acercarse.
-
No te atrevas… - murmuró, pero ya era muy tarde. Sirius se había girado hacia Emily, la había tomado de las mejillas y la había besado con toda la furia. Todo el salón quedó en completo silencio. Lily se llevó las manos a la boca. La madre de Sirius quedó pasmada. Por un momento, pareció que Emily continuaría el beso, porque cerró los ojos, pero luego le puso las manos en el pecho, y lo empujó con fuerza.
-
¿¡Qué te crees que haces, idiota!? – gritó. Sirius se quedó de piedra. - ¿¡Quién te crees que eres!?
-
Eh… - Sirius no sabía qué decir. Ya se había arrepentido de lo que había hecho. Sabía que había herido los sentimientos de Emily. Sin embargo, no lo había hecho consciente, y en ese momento se daba cuenta. ¿Cómo pedirle disculpas?
-
¿¡Crees que puedes ir besando a la gente por ahí!? – exclamó ella. Lily trató de acercarse, pero Emily puso una mano entre ambas para que Lily no avanzara más – Claro…el señor Sirius Black puede hacer lo que se le de la gana, porque todas las chicas están a sus pies…entonces, cuando necesita a una sangre impura para molestar a su madre, agarra a una chica cualquiera y la besa. Porque, claro, como él es Sirius Black, a nadie va a molestarle que la bese porque sí, ¿no?
-
No… - murmuró Sirius. Sin embargo, Emily no le hizo caso.
-
Porque las chicas no tienen sentimientos…sólo están para servirle cuando lo necesite el príncipe Black, ¿verdad? Pues te tengo una noticia, Black… ¡Lo que me has hecho me ha herido!
Una lágrima corrió por su rostro. Sirius se acercó a ella, pero ella se alejó.
-
¡NO ME TOQUES! – gritó. Sirius se echó hacia atrás.
-
Lo siento… - murmuró. El salón completo los estaba observando.
-
¿Lo siento? ¿¡Lo siento!? – exclamó Emily - ¿¡De verdad crees que con un “lo siento” se arreglará todo!? Pues no. ¿Sabes? Las sangres impuras también tenemos corazón, Black…o al menos tenemos más corazón que tú.
-
Yo… - Sirius volvió a acercarse a ella, en un gesto de disculpa. Le quiso acariciar el rostro… sin embargo, ella se alejó, alzó su mano, y le pegó con todas sus fuerzas en la mejilla. Sirius se llevó una mano al rostro, pero no se quejó. Sólo bajó la mirada.
-
Déjame en paz – dijo Emily, y corrió escaleras arriba. Sirius levantó la mirada, aún con la mano en la mejilla. Lily y Mora habían corrido escaleras arriba, siguiendo a su amiga. Miró a James, quién lo observaba con una expresión de indiferencia. Remus se mordía el labio, y negaba con la cabeza.
-
¡Aquí no hay nada que ver! – exclamó la voz de Dorea, aunque Sirius a duras penas la reconoció. Ya no se sentía capaz de sentir nada. La cabeza le daba vueltas, y el mundo parecía caerse a su lado. Sólo llegó a ver la expresión de satisfacción en el rostro de su madre, y luego se fue a sentar.
-
Eres un tonto, Sirius… - oyó que decía la voz de James, mientras el sillón se hundía a su lado - ¿Cómo pudiste sacarte así?
Sirius negó con la cabeza. No podía hablar. Ya nada le importaba. Ni lo que James dijera, ni lo que Remus pensara. No sabía si, después de aquello, merecía volver a vivir.
Dorea se paró frente a la puerta, y tocó con sus nudillos. Sin esperar la respuesta, abrió la puerta. Encontró a Emily llorando a lágrima viva sobre la cama, mientras Lily le acariciaba el cabello y Mora la abrazaba.
-
Ay, Emily… - murmuró Dorea, y se sentó junto a ellas.
-
Es un idiota – espetó Lily - ¿Cómo pudo hacer algo así? ¿No pensó que heriría tus sentimientos?
-
Esta vez no tengo cómo defenderlo – se lamentó Mora, y la abrazó con más fuerza. Emily continuó sollozando, mientras se aferraba al pecho de su amiga.
-
Escucha, Emily… - murmuró Dorea – Sé que tal vez esto no te ayude en nada, pero tienes que saber que estas cosas pasan. No siempre todo sale como en los cuentos de hadas. Hay algunas cosas en la vida que te van a lastimar. Pero…todo se arregla. Todo se soluciona. No vas a llorar por el resto de tu vida, y esa herida no va a estar abierta por siempre. No tienes porqué sufrir por él, Emily…
Emily se limitó a lanzar un sollozo.
-
¿Tú lo amas? – preguntó Dorea. Emily abrió sus empañados ojos castaños, y asintió con pesadez. Dorea se acercó a ella y la abrazó.
-
Escucha, Emily…aunque no lo creas, tengo mucha experiencia en esto…también tuve diecisiete años alguna vez. También sentí que mi vida se terminaba en algún momento por un problema en el amor. Pero…aquí estoy. Soy muy feliz con Charlus. No he muerto. Pero sí, en ese momento sufrí mucho.
Emily hundió el rostro en el pecho de Mora. Dorea se dio la vuelta, y vio que había cosas en la habitación que no estaban así antes.
-
¿Destrozó la habitación? – les preguntó a Mora y a Lily. Ellas dos se miraron.
-
Bueno, cuando llegamos, ella estaba rompiendo objetos con la mente – murmuró Lily – No sabía que pudiera hacer eso.
-
Tampoco yo – confesó Mora – Ya vemos lo que una bruja enojada puede sacar a relucir…
Dorea sonrió débilmente.
-
¿Sabes algo, Emily? – dijo. Emily levantó la mirada – Duerme. Te hará bien dormir. Mañana te sentirás mucho mejor. Trata de dormir.
-
Nosotras no nos iremos, Emily – prometió Lily. Emily asintió. No se sentía capaz de decir una sola palabra. Dorea se levantó, apagó la luz con un movimiento de la varita, y cerró la puerta tras ella. Luego suspiró. Dentro, Emily se acostaba en la cama, mientras Lily y Mora se acostaban una a cada lado de ella.