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Historia 27506 — capítulo 29

Así fue como el sábado, a las nueve de la noche, cuando ya había anochecido, todos los gryffindors de séptimo año se dirigieron a la salida del colegio junto a la profesora McGonagall. Allí estaban los Hufflepuffs, Ravenclaws y Slytherins, junto con los alumnos de séptimo, y sus respectivos jefes de casa.

  • Muy bien – dijo la profesora McGonagall, parándose erguida frente a la puerta – Decidimos hacer esta salida nocturna para sexto y séptimo porque creímos que eran los más maduros, y espero por su bien que no nos equivoquemos. Quiero a todos de vuelta en el castillo a las 4 a.m. Sin excepciones. Prohibido acercarse a la Casa de los Gritos, o alejarse más de la cuenta. – luego suspiró – Que se diviertan.

Todos aplaudieron, y salieron al exterior, dirigiéndose a Hogsmeade. Ya allí, se despidieron de Ayleen y Mary, quienes iban a hacer sus compras, y se pusieron en un círculo.

  • ¿Qué van a hacer primero? – preguntó Lily.

  • Yo…voy a llevarme a mi novia – dijo Remus, sonriente, tomando la mano de Mora, quién se puso roja y lo miró incrédula. – Le prometí una noche entre ella y yo. Hace mucho que no la tenemos…

  • ¡Yo lo decía en broma! – exclamó Mora. Remus sonrió aún más y se acercó a su oído.

  • Pero yo no – Luego volvió a erguirse - ¿Nos vemos luego en Las Tres Escobas?

Y, tironeando de la mano de Mora, se la llevó hasta lo que todos supusieron, era el límite de la casa de los Gritos.

  • Bueno, ¿qué hacemos ahora? – preguntó James, tomado de la mano de Emily. Sirius, Peter y Lily lo miraron incrédulos.

  • ¿No van a alejarse, tú y Emily? – preguntó Peter, y luego recibió un codazo disimulado pero notable de Sirius - ¡Au!

James y Emily se miraron.

  • Pues no… - dijo Emily – Yo quería…pasar un rato con Lily…

Se sonrojó. Lily sonrió, y la tomó de la mano.

  • ¿Quieres ir a Harapos Finos? – preguntó. Emily asintió – Vamos a hacer compras…

  • Nos vemos luego, James – dijo Emily, y se alejó con Lily. James miró a sus amigos.

  • ¿A qué hora dijimos que nos encontrábamos en Las Tres Escobas? – preguntó.

Sirius se encogió de hombros.

  • Creo que a las doce…

James miró a todos lados.

  • ¿Y si vamos a pasear un rato? – ofreció – No siempre tenemos la oportunidad de conocer Hogsmeade de noche…

Sirius sonrió, y asintió, mientras Peter asentía con la cabeza.

  • Oye, Emily, ¿Por qué no te pruebas esto? – ofreció Lily, pasándole a Emily una túnica azul Francia de una punta del negocio a la otra. Emily se apresuró a tomarla, y encerrarse en el probador, para salir un minuto más tarde, con la túnica puesta.

  • ¿Qué tal? – preguntó. Lily se llevó las manos a la boca.

  • ¡Te queda preciosa! ¿Aún te queda algo de dinero que ganaste en las vacaciones?

Emily asintió, y se miró al espejo.

  • Pero no sé si llevármela…

Lily negó con la cabeza.

  • Entonces pruébate esto – le lanzó otras tres túnicas, una color verde esmeralda, la segunda un poco más corta color lila, y la tercera color rojo fuego. Emily se probó las tres.

  • ¿Por qué no te pruebas tú ahora? – le ofreció, mientras observaba cómo le había quedado la de color rojo. Lily rió, tomó la túnica verde y se encerró en un probador. Emily se quitó la túnica, se puso las medias largas, la falda, la camisa de mangas cortas y el pulóver encima, y salió con las botas en la mano, para ver como Lily se miraba al espejo de cuerpo entero.

  • Te queda preciosa, combina con tus ojos – sonrió Emily, mientras se sentaba a ponerse las botas. La dueña del negocio se acercó a ellas.

  • ¿Van a llevar algo? – preguntó, con una sonrisa amable.

Lily se quedó pensativa.

  • Ya veré – dijo, finalmente, encerrándose en el probador, para luego salir ya cambiada. – No, no voy a llevarme nada…gracias.

Emily rió, mientras Lily tomaba su mano y salían afuera. A pesar de que era noviembre, y aún era otoño, el frío era invernal. Emily y Lily continuaban riendo de la cara de la vendedora cuando dijeron que no se llevarían nada, y tomadas de la mano llegaron al bosque.

  • Eso fue divertido… - murmuró Emily.

  • Hay que volverlo a hacer, pero con Mora – sonrió Lily – y en otro negocio, porque creo que en ese ya no nos quieren ni ver en figuritas… ¿cuántos conjuntos nos probamos?

  • Varios – admitió Emily, tirándose sobre una raíz de un enorme árbol. Lily se sentó a su lado. Se quedaron unos instantes en silencio, oyendo los ruidos del bosque, sumidas en sus propios pensamientos bajo las estrellas. En un momento, Lily se decidió, y preguntó:

  • ¿Cómo te va con James, Emily?

Lily pudo sentir como Emily se movía a su lado, incómoda.

  • Pues…bien – dijo – es…un buen chico.

  • ¿Ya llevan dos meses…verdad? – la animó Lily. Quería hacerle notar que no le importaba que ella le contara, porque ella se sentía feliz por su amiga.

  • En diciembre serán tres – sonrió Emily. – Estoy…muy feliz de haberlo…escogido.

  • ¿Escogido? – se extrañó Lily - ¿Por qué?

Emily suspiró.

  • Digo...de haberle dicho que sí, en vez de haber pensado en Sirius.

Allí quería llegar. Lily se sonrió.

  • Así que… ¿él se te propuso? – preguntó – Nunca me contaste como fue…

Emily miraba hacia el pueblo.

  • Bueno, sí…él me preguntó si quería salir con él.

  • Y lo que te alegra es haberle dicho que sí, y no haberle dicho que no sabiendo que estabas enamorada de Sirius, ¿verdad? – inquirió Lily.

Emily suspiró.

  • Lily, me gusta mucho James… - murmuró.

  • Pero, ¿lo amas? – preguntó Lily. Emily no contestó - ¿Lo amas?

  • Me gusta mucho, Lily. Merece mucho más ser querido que Sirius. Detesto a Sirius, lo que me ha hecho me dolió mucho, yo comenzaba a pensar que había cambiado, y resultó ser que no, que me había engañado…y eso no puedo perdonárselo. No puedo perdonarle que me haya utilizado como a un juguete, lo que yo siempre temí que haría. En cambio, James…James estuvo cuando lo necesitaba. James me consoló, me dio lo que yo necesitaba…y le estoy profundamente agradecida.

  • Una relación no se basa en el agradecimiento… - murmuró Lily, pero Emily no la oyó.

  • Yo a James lo quiero mucho, Lily. Lo quiero mucho. Sirius no…no se merece que yo lo quiera.

  • ¿No es hora ya de que lo perdones? – preguntó Lily suavemente – No te digo que comiences a salir con él, porque sales con James, y se los ve realmente felices. Digo, perdonarlo. Al menos hablarle. No mirarlo con odio. Tratarlo como…a un amigo. Es una buena persona, ¿sabes?

  • ¿Y tú cómo sabes eso? – preguntó Emily – Siempre te has quejado de Sirius y de James. Dices que son unos inmaduros, unos irresponsables, unos arrogantes…

  • Es que no los conocía – admitió Lily. Y no hablaba sólo por Sirius. – Emily, han pasado dos meses…Sirius se siente realmente mal por lo que hizo…

  • ¿Y cómo puedo saber yo eso? – inquirió Emily. - ¿Cómo puedo saber que realmente se siente mal? Nunca se ha sentido mal al herir a una chica. ¿Por qué yo sería diferente? Además, ya me ha mentido. ¿Cómo sé que ahora no está mintiendo de nuevo? ¿Cómo puedo saberlo, Lily?

Lily no contestó, y se limitó a observar las estrellas.

  • Vale – contestó al fin – Haz como quieras. Sólo te digo que…Sirius ha cambiado. Ha madurado. Y de verdad quiere llevarse bien contigo.

Emily suspiró.

Mora sentía sus manos pasar por su cintura, mientras se metían dentro de la camisa, sentía sus labios pasar sobre los suyos, su lengua pasando por cada rincón de su boca… Esa furia lobuna, propia de cuando se acercaba la luna llena, era lo que a ella más le gustaba de él. Aunque debía admitir que ese carácter maduro y responsable, siempre haciendo lo correcto, siempre dando sermones…la volvía loca. Era por eso que ella estaba con él. Porque estaban perdidamente enamorados el uno del otro. Aquella noche, habían decidido ocuparse solamente de ellos dos. De su relación. Últimamente, sólo se preocupaban por los demás. Entre todos los problemas, ya no tenían tiempo para disfrutar de ellos. Y eso era lo que a Mora más le molestaba. Sin embargo, aquella noche, no se preocuparían por nada. Sólo él y ella. Nada de James y Emily. Nada de Sirius y Lily. Nada de Peter. Sólo él y ella. En un momento, ella se separó, y apoyó su cabeza sobre su pecho, mientras se aferraba a su cuerpo. Remus la rodeó con sus brazos, y miró al cielo.

  • Mañana es Luna Llena – dijo. Mora asintió desde su pecho.

  • Quisiera…acompañarte… - murmuró. Remus negó con la cabeza.

  • ¿Qué haría yo si te lastimara? – se preguntó – No podría soportarlo… ya suficiente es que James, Sirius y Peter se arriesguen por mí, pero tú…

Mora se aferró aún más a su cuerpo. Remus continuaba mirando las estrellas. Mora miró hacia arriba.

  • Hay algo que te preocupa – no era una pregunta. Remus la miró a los ojos, sin soltarla.

  • No… - murmuró, sin siquiera poder convencerse a sí mismo.

  • Remus… - musitó Mora, dándole un beso en la mejilla. Él bajó la mirada.

  • Es… - suspiró - ¿Puedo contártelo?

En cualquier otra ocasión, Mora se habría enojado. Pero no en ese momento. No con él. Asintió.

  • ¿Recuerdas la habitación dónde dormías en mi casa, que una vez me preguntaste de quién era? – dijo. Mora asintió. Sentía como su corazón latía como cien caballos galopando. – Bueno…te conté la historia de mi madre. Pero…me salté una parte.

Mora contuvo la respiración, a la espera de la historia. Remus volvió a mirar al cielo, y abrió la boca para comenzar, pero entones…

…una bola de nieve le pegó a Remus por detrás de la cabeza.

  • ¡Au! – exclamó, llevándose la mano a la cabeza, mientras Mora se separaba de él - ¿Qué…?

  • ¿Qué fue? – preguntó Mora, levantándose y dándole la mano para ayudarlo a pararse.

  • Una… ¿bola de nieve? – se extrañó Remus, al pasarse una mano por el cabello.

  • Pero…Remus… - murmuró Mora – Aún no hay nieve.

Remus se encogió de hombros, y se dio la vuelta, al escuchar una risa. Detrás de un árbol, pudieron ver un negro cabello alborotado.

  • James… - murmuró Mora, apretando los puños. - ¡JAMES POTTER, VOY A ASESINARTE!

Salió corriendo hacia el árbol, mientras James gritaba:

  • ¡CORRAN!

Sirius, Peter y James corrieron cada uno hacia un lado diferente, mientras Mora lanzaba maleficios para todos lados, y Remus suspiraba decepcionado pero reía divertido a la vez. En un momento, Mora tomó a James por el cuello, se colgó de su espalda y pasó sus piernas alrededor de su cintura, mientras gritaba:

  • ¡VOY A MATARTE!

  • ¡Ay, me ahorcas! – exclamó James, tratando de zafarse, mientras Sirius, Peter y Remus reían a carcajadas. James corrió con Mora encima alrededor de un árbol, hasta que ambos cayeron al suelo. Los otros tres se acercaron a ellos.

  • Oigan, ¿cómo hicieron la bola de nieve? – preguntó Remus, ayudando a Mora a levantarse.

  • Compramos una máquina en Zonko – explicó Sirius – es genial…pero se la queda James, él la pagó.

James le sacó la lengua, mientras los demás reían.

  • Bueno…en realidad vinimos a buscarlos… - explicó James – Pero me pareció perfecto probar mi nuevo juguete…

Rió maliciosamente, mientras Mora apretaba los puños.

  • ¿Qué les parece si vamos a las Tres Escobas? – ofreció Sirius – Supongo que en un rato llegarán Emily y Lily…

Los demás asintieron, y se dirigieron a las Tres Escobas. Al entrar, se quitaron los abrigos, y se sentaron en una mesa cerca de la chimenea. El lugar comenzaba a llenarse. Ya eran las once y media, y pronto el lugar se llenaría de alumnos de Hogwarts.

  • Voy al baño – anunció Mora, levantándose, y se dirigió hacia el baño de mujeres.

  • Colagusano, ¿por qué no buscas las bebidas? – ofreció James. Peter hizo un puchero, y se alejó maldiciendo por lo bajo. Los otros tres rieron.

  • Yo lo acompaño… - murmuró Remus – me da pena…

  • Tú siempre tan compasivo, Lunático – se quejó Sirius – Vete, vete.

Remus se acercó a la barra, dónde Peter trataba de meterse entre la gente para pedir cinco botellas de cerveza de manteca.

  • James…hay algo que quiero preguntarte hace mucho – dijo Sirius, poniéndose serio. James arqueó las cejas.

  • Dime, Canuto – lo incitó James. Sirius suspiró.

  • Cuándo tú hablas con Emily…ella nunca…nunca mencionó…bueno, ¿ella nunca me mencionó?

James frunció el entrecejo. Claramente, no quería hablar de ello.

  • No…nunca hablamos de ustedes – dijo – En realidad…preferimos no hacerlo…

Conociendo a su amigo como lo conocía, Sirius supo que era mentira. Sin embargo, no insistió.

  • ¿Enserio nunca…? Bueno, en realidad, lo que yo quería saber, era si… ¿Ella nunca mencionó el haber considerado…perdonarme?

Bajó la mirada. James le puso una mano en el hombro.

  • No lo sé, amigo…de verdad, lo siento…pero podrías probar hablarlo con ella.

  • ¿Y de qué hablan? – saltó Sirius – Nunca me has contado nada de eso…

James miró hacia la ventana.

  • Bueno, hablamos de…las tareas…los EXTASIS…el colegio…mis padres…no se, nimiedades como esas…

  • ¿Cómo que sólo hablan de eso? – exclamó Sirius – James, de verdad, tienes mucho que aprender sobre chicas.

James lanzó una carcajada.

  • ¿De qué hablas?

  • ¡De qué con una chica no tienes que hablar de esas cosas! ¡Tienes que mostrarte pasional, interesado en sus problemas, darle todo tu cariño, mostrarte seductor! ¡Tienes que demostrarle lo que los hombres quieren! – se había levantado de su asiento. Miró hacia abajo, dónde James, quién continuaba sentado, se reía por lo bajo. Sirius volvió a sentarse – Lo siento, me emocioné.

  • No hay problema, amigo – sonrió James – Trataré de seguir tu consejo.

Sirius sonrió. En ese momento, las puertas del bar se abrieron, y Lily y Emily entraron. Ambas reían despreocupadamente. Al verlos, Emily fue a sentarse a las rodillas de James, y Lily se sentó al lado de Sirius.

  • Sabía que vendrían, así que le dije a Peter que comprara para ustedes dos también – dijo Remus, llegando con tres botellas, mientras que Peter llegaba con cuatro. Detrás de ellos llegó Mora, y al ver que no había sillas, se sentó sobre las rodillas de Remus. En ese momento, las luces se apagaron, para dar a lugar a una enorme bola que lanzaba luces de colores, y la música se encendió.

  • ¡Ambiente de discoteca! – exclamó Lily. James y Emily se levantaron, y comenzaron a bailar, al igual que Remus y Mora. Peter, con cierto esfuerzo, se acercó a un grupo de chicas, y se sentó en el medio, mientras Sirius y Lily reían. Sirius sacó a bailar a Lily, y al cabo de un rato, ya el salón estaba lleno. Sirius y Lily volvieron a sentarse, y giraron su mirada hacia James y Emily, quienes estaban apoyados contra un rincón, besándose apasionadamente, mientras ella le revolvía el cabello y él la abrazaba por la cintura. Sintió un revoltijo en el estómago, y miró a Sirius, quién no les sacaba la vista de encima. Luego, miró su reloj. Ya era la una y media. Se sobresaltó. No se había dado cuenta del tiempo que había pasado. Al principio, había logrado bailar un rato con Emily, cuando James había ido a buscar bebidas junto a Sirius, pero luego James se la había llevado, y ella se había quedado sola. Giró la mirada hacia un sillón blanco, dónde estaban Remus y Mora sentados, tomando cerveza de manteca. Se alegraba que ellos hubieran decidido pasar la noche juntos, se lo merecían. Peter, mientras tanto, continuaba intentando conquistar a alguna chica. Hasta Sirius le había dado algunos trucos. Sin embargo, la imagen era muy divertida.

  • Basta – oyó de repente la voz de Sirius a su lado – No puedo más.

Lily lo miró impresionada.

  • ¿De qué hablas?

  • De que no voy a quedarme sentado viendo como mi mejor amigo se come entera a la chica que no me deja dormir en paz – espetó Sirius, levantándose y dejando a Lily estupefacta, mientras se acercaba a la barra, donde una rubia de sexto año de Hufflepuff tomaba sola una cerveza de manteca. Se sentó a su lado, y rápidamente entabló conversación. Lily negó con la cabeza, y volvió a mirar a Emily. Ella seguía con la espalda contra la pared, y ni siquiera tenía los pies apoyados en el suelo. James la había tomado de la cintura, y la había levantado unos centímetros, mientras ella se abrazaba a su cuello, y se apresuraba a probar una y otra vez el sabor de esos labios. Él, hasta metía sus manos dentro de la camisa de ella, y la aprisionaba contra su cuerpo lo más que podía, aunque no le costaba mucho. En ese momento, mientras sentía como su corazón se encogía y su en su estómago se revolvía toda la cerveza de manteca que había tomado, incrementando sus ganas de vomitar, sintió una mano que se apoyaba sobre su hombro, y se dio la vuelta. Lily creyó reconocer al muchacho que estaba detrás suyo como Derek Parker, el hermano menor de Ayleen, quién estaba en sexto año en la casa Gryffindor.

  • Lily Evans, ¿verdad? – preguntó el muchacho. Lily asintió – Te veo muy sola… ¿quieres bailar?

Lily dirigió una mirada hacia donde estaba su amiga, y luego asintió con una sonrisa.

  • Me encantaría.

Emily sintió el contacto de sus pies con el suelo, y se separó de la boca de James para poder respirar. Y, en ese pequeño instante de descanso, pudo verlo claramente. Sentado en la barra, con una rubia de ojos descomunales sentada en sus rodillas, abrazada a su cuello, introduciendo su aliento en la boca del joven. Parecía que aquella noche Sirius había vuelto a ser el que era antes. La rabia la invadió por todo el cuerpo, así que tomó a James del cuello de la camisa, lo tiró hacia ella y retomó lo que antes estaba haciendo. James al principio cedió, pero luego apoyó sus manos sobre el pecho de la muchacha y la separó unos centímetros.

  • Estás más…violenta – dijo - ¿Ocurrió algo?

  • Nada – mintió la chica, pero entonces notó que sus piernas estaban cansadas, y se sentó en un sillón blanco. James fue a sentarse a su lado, y miró a su alrededor.

  • Ya veo… - murmuró. Luego recorrió la mirada por todo el salón, y posó su vista en una pareja que bailaba animadamente en el centro de la pista. Su cabello pelirrojo volaba a cada movimiento, y parecía estar pasándosela de maravilla. Volvió a darse la vuelta, se abrazó a la cintura de su novia, y comenzó a besarle el cuello, de forma dulce y suave. Emily no se resistió, se aferró a su cuello, y sintió el dulce olor del cabello de James. Olía a manzanilla. Luego, James comenzó a subir lentamente, hasta que su mirada se encontró con la de Emily, sus narices se cruzaron, y sus labios se rozaron. James apoyó sus labios lentamente sobre los de ella, y la besó con ternura. Ella cerró los ojos. Pero luego, él se separó, y musitó, jadeante:

  • Basta. No puedo más.

Emily se soltó de su cuello, y se alejó de él. Al ver a Lily bailando con aquél muchacho, comprendió.

  • Ya veo… - murmuró, y se levantó, dispuesta a irse. Sin embargo, James se levantó también, la tomó de la mano y la hizo darse la vuelta, para enfrentarlo. La abrazó por la cintura, se acercó a su oído, y le murmuró:

  • No me refería a eso.

Emily lo abrazó, mientras asentía. Había comprendido. Tomó a James de la mano, y se dejó guiar, mientras él la llevaba a la puerta del bar.

Después de la canción, Lily agradeció a Derek y se fue a sentar a la barra. Este la siguió, y le ofreció si quería una bebida. Ella aceptó, y mientras él iba a buscar las bebidas, ella giró su mirada a la puerta del bar, que acababa de abrirse, y vio como Emily y James salían, sin avisarle a nadie y tomados de la mano. Lily tragó con fuerza. Desearía no saber qué estaba a punto de pasar. Pero, lamentablemente, lo sabía. Se llevó una mano al pecho, y respiró profundamente. Lo que tenía que pasar, pasaría. Sin embargo, ella no podía evitar sentirse mal.

  • Aquí tengo – dijo Derek, cuando volvió con las bebidas, y le dio una botella a Lily. Ella lo miró a los ojos, y sintió pena, pero no podía quedarse allí más tiempo.

  • Lo siento, Derek… - se lamentó – Pero debo irme.

  • ¿Qué? – se extrañó el muchacho – Pero…recién son las dos…

  • Lo sé, y lo lamento mucho. Pero yo…no puedo permanecer aquí ni un minuto más.

Dicho esto, se levantó, y se dirigió hacia donde estaban Mora y Remus. Mora la miró de reojo, y se separó de su novio.

  • ¡Lily! ¿Qué…?

A pesar de que casi no había luz, y la visión era muy dificultosa, Mora pudo notar que su amiga estaba llorando.

  • ¿Lily, estás bien?

  • No – admitió Lily – Mora, me voy al castillo.

  • ¿Qué? – Mora miró su reloj. Remus las observaba confundido e impresionado - ¡Pero aún faltan dos horas! Ven, quédate con nosotros…

  • No, Mora, enserio…debo volver…

Mora la miró a los ojos, suspiró, y se levantó.

  • Vale, voy contigo.

Lily negó con la cabeza.

  • Nada de eso. Disfruta lo que queda de tu noche. Hablo enserio. Se lo merecen.

Lily abrazó a su amiga, y le dio un beso en la mejilla. Luego abrazó a Remus, quién le devolvió el abrazo.

  • Sé fuerte – le susurró, mientras se separaban. Lily asintió, y se dirigió a la puerta. Al abrirla, sintió la ventisca helada en su rostro. Aquello le haría bien. Comenzó a caminar hacia el castillo, aún sintiendo ese fuerte dolor en el pecho. No, no le dolía el pecho. Le dolía el corazón. Pero… ¿por qué? Sin darse cuenta, notó como una lágrima fría corría por su rostro, y ocultó el rostro entre sus manos. Se preguntaba dónde estarían ahora Emily y James. Emily. James. Emily. James. Emily y James. Eso era todo lo que pasaba por su mente. Sin quererlo, se encontraba caminando en el medio del pueblo de Hogsmeade, llorando a lágrima viva, mientras sentía como su pecho subía y bajaba con fuerza. Sus labios temblaban, y no estaba segura de que fuera a causa del frío. Sus ojos le ardían.

  • No llores… - oyó una voz detrás suyo, y se sobresaltó. Sirius le sonreía débilmente.

  • ¿Q-qué haces aquí? – balbuceó - ¿No estabas en la fiesta?

  • Estaba, verbo pasado – explicó Sirius, alcanzándole el mismo pañuelo que le había prestado en el tren, el día de su llegada a Hogwarts.

  • ¿Y…qué pasó con la chica Huffie? – preguntó Lily. Sirius rió débilmente.

  • La dejé. Me sentí culpable.

Lily arqueó las cejas, y se limpió los ojos con el pañuelo. Juntos, comenzaron a caminar hacia el castillo.

  • ¿Culpable? – le preguntó Lily - ¿Por qué culpable? Nunca te sentiste culpable por una chica de una noche.

  • No, porque nunca estuve enamorado – admitió Sirius – Pero…estar con una chica, mientras piensas en otra…no sé…es caer bajo, hasta para un merodeador.

  • Así que…no pudiste hacerlo – murmuró Lily. Sirius negó con la cabeza.

  • Es que…mientras más la besaba, más pensaba en Emily. Y a pesar de que quería sacarla de mi mente, su imagen volvía. Y aunque ella no me quiera a mí…yo a ella la amo. Y no puedo estar con otra chica sabiendo lo que siento por ella.

Lily se aferró a su brazo.

  • Los viste salir, ¿verdad? – preguntó – Eso fue lo que te detuvo…

Sirius no contestó.

  • Ella está con James ahora. Pero eso no quita que yo la quiera como a nadie. Jamás pelearía por una chica con James. Jamás haría nada que lastimara a James. Sin embargo, esos sentimientos fuertes de amistad que tengo por James…no quitan que también sienta algo fuerte por Emily, aunque eso jamás se vaya a concretar.

Lily se aferró aún más a su brazo, y no se soltó hasta que llegaron a las puertas del castillo.