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Historia 27506 — capítulo 30
A la mañana siguiente, Lily se despertó sobresaltada. Al abrir los ojos, notó que se encontraba acostada en el sillón de la sala común, con una manta encima. La noche anterior debía de haberse quedado dormida, mientras esperaba a que sus amigos regresaran. Imaginó que Mora, al verla, había conjurado la manta. Se desperezó, y se extrañó que no hubiera nadie en la sala común. Sin embargo, al mirar la hora, se dio cuenta del porqué: eran las ocho de la mañana un domingo. Era evidente que la mayoría de los alumnos debían continuar durmiendo. Hasta los profesores debían de seguir durmiendo. Se quedó un rato sentada en el sillón, hasta que oyó pasos detrás de ella. Se dio la vuelta, y vio a Emily, con una bata blanca encima del pijama y con cara de dormida, que bajaba las escaleras.
- ¡Lily! – exclamó, al verla - ¿Qué haces?
Lily se encogió de hombros, y dirigió su mirada a la chimenea. No iba a preguntarle qué había hecho la noche anterior. No se creía capaz de soportarlo.
-
¿Tú? – le preguntó, mientras Emily se sentaba a su lado - ¿Qué haces despierta tan temprano?
-
Tuve una pesadilla – confesó Emily – Fue horrible…
Lily pudo ver, por el rabillo del ojo, que la expresión de su amiga era triste, y se dio vuelta a mirarla.
-
¿Qué pasaba? – le preguntó, preocupada. Emily suspiró.
-
Era Remus – dijo – Era noche de Luna Llena. Y…Mora tenía un capricho, y bajaba a verle. Remus se descontrolaba y…la hería. Y Luego estábamos nosotras, llorando sobre el cuerpo sangrante de Mora, mientras los otros tres trataban de calmar a Remus… - se tapó el rostro con las manos – Fue horrible.
Lily notó la preocupación de su amiga, y la abrazó con fuerza.
-
Sólo fue un sueño, Emily… - murmuró – Sólo eso…
-
Pero… ¿qué tal si no fue sólo eso? – preguntó suavemente Emily – Tú me conoces_ sabes que yo nunca tengo sueños normales. ¿Y si de verdad pasa? ¿Y si Mora…? – su voz se cortó, pero tomó aire – Además…esta noche es luna llena.
Lily la miró con seguridad.
- No dejaremos que Mora salga esta noche, Emily – dijo – Por las dudas.
Emily asintió, y la abrazó.
Mora se levantó a eso de las once, al igual que James, Sirius y Peter. Remus se había despertado un poco antes, y los estaba esperando en el Gran Salón, desayunando con Emily y Lily. Al llegar, Mora le dio un beso en la mejilla, y se sentó a su lado.
- Se te ve pálido – le dijo - ¿Ocurre algo?
Remus arqueó las cejas. Mora entendió.
- Ah, ya entendí…qué boba fui…y pensar que eres mi novio…
Remus estalló en carcajadas.
- Esta vez te la perdono – dijo, mientras le besaba la mejilla.
Lily y Emily se miraron, y rieron por lo bajo. James fue a sentarse al lado de Emily, y Sirius a su lado respectivamente. Peter se sentó al otro lado de Remus.
-
¿Qué hacemos hoy? – preguntó James – Es domingo…
-
¿Vamos al lago? – ofreció Emily – Aunque haga frío, hace un día lindo…
-
James y yo buscaremos comida en las cocinas – dijo Sirius – y comeremos allí. ¿Qué les parece?
Todos asintieron. Luego del desayuno, Emily, Mora y Lily se levantaron con el pretexto de ir a la biblioteca, ya que Emily había perdido su libro de Historia de la Magia y necesitaba pedir uno prestado a la bibliotecaria. Los cuatro chicos se dirigieron a la sala común, prepararon una mochila cada uno, y luego Sirius y James salieron bajo la capa invisible de este último, y volvieron con dos mochilas llenas de comida. Al bajar, se encontraron con las tres chicas, y juntos se dirigieron hacia los jardines. James y Emily se tiraron bajo la sombra de un árbol, él rodeándola con sus brazos y ella apoyada sobre su pecho, mientras Remus se sentó en el pasto a hacer sus deberes junto a Lily, y Mora, Sirius y Peter jugaban con el agua del lago.
- ¡Oigan, chicos! – llamó Mora. Remus y Lily levantaron la mirada – Luego van a pasarnos todo eso, ¿verdad?
Sirius sonrió detrás de ella.
-
No – dijeron Remus y Lily a la vez, y volvieron a bajar la mirada.
-
¿Porqué no? – preguntaron Mora y Sirius a la vez.
-
Porque son ustedes quienes deberían hacerlo por ustedes mismos – dijo Remus – Lo necesitan.
-
Pero… ¡Somos demasiado tontos! – exclamó Sirius, haciendo que Mora estallara en carcajadas.
-
Eso es mentira – dijo Lily, seria, aunque no podía ocultar un rastro de la sonrisa que se asomaba – Sirius, tú eres bien inteligente. La misma McGonagall lo dice.
-
¿Y yo qué? – saltó Mora.
-
Eres muy inteligente – sonrió Remus – Por eso, debes hacer tú tarea por ti misma.
Mora bufó, y se dio la vuelta, aparentemente ofendida.
-
Es que somos inteligentes – dijo Sirius – Pero no queremos usar nuestra inteligencia.
-
¡Eso! – exclamó Mora. Peter se desternillaba de risa por detrás de ella.
-
Pues, deberán – dijo Remus – Porque no voy a pasarles mi tarea.
-
Bueno, Emily lo hará – dijo Mora - ¿Verdad, Emily?
-
¡No! – gritó Emily desde los brazos de James, haciendo que este estallara en carcajadas. Mora bufó.
-
¿Pero por qué hoy todos los cerebros están en contra nuestro? – protestó, mientras Sirius asentía indignado. – Bueno, Emily se la pasará a James y James me la pasará a mi. Punto final.
-
Emily no me la querrá pasar – dijo James – Dice que están haciendo huelga de responsables.
Lily y Remus estallaron en carcajadas, mientras Mora fruncía el ceño. Ella y Sirius protestaron un rato más, mientras los demás hacían caso omiso, y luego se cansaron, y se tiraron al sol, cerrando los ojos.
-
Sirius…me tapas el sol – dijo Mora, cuando sintió como una sombra la cubría.
-
¡Hey, no soy yo! – protestó Sirius. Ambos abrieron los ojos - ¡Hagrid!
Hagrid sonreía sobre ellos. Lily, Remus y Peter se acercaron a él, mientras Emily y James se levantaban.
-
Hola, chicos – saludó Hagrid – Venía a preguntarles si no tienen algo de comer, porque muero de hambre.
-
Sí, aquí tengo algo de lo que nos sobró – dijo James, alcanzándole la mochila - ¿Qué tal vas, Hagrid?
-
Con mucho trabajo… - admitió Hagrid - ¿Quisieran venir a tomar un té esta tarde, a mi cabaña?
-
Debemos hacer las tareas… - refunfuñaron Mora y Sirius, mientras Emily y Lily reían por lo bajo.
-
Yo quisiera ir – dijo Emily.
-
También yo – dijo Lily.
-
¡Hey! – exclamó Mora - ¿No van a ayudarme?
-
Eso te pasa por dejar todo para último momento – Lily le sacó la lengua, mientras Mora le devolvía el gesto, y los demás reían.
-
Yo…tengo algo que hacer – confesó Remus.
-
Yo tengo que terminar mi tarea también – se lamentó James.
Hagrid negó con la cabeza.
- Muy bien, entonces sólo serán Emily y Lily… - Emily y Lily se miraron, y sonrieron – Las espero, chicas.
Y, llevándose un sándwich de carne y calabaza, Hagrid se alejó.
- Yo voy a cambiarme – anunció Emily – Además, ya se está poniendo frío.
James se quitó el buzo, y se lo puso cuidadosamente a Emily. Ella sonrió agradecida. Sirius, en ese momento, recordó que Emily aún tenía su buzo.
- Yo también vuelvo – dijo Remus – Ya se va haciendo la hora… ¿Vienen, chicos?
Todos asintieron, y se dirigieron de nuevo al castillo. Al llegar a la sala común, Mora, Sirius, James y Peter depositaron todas sus cosas sobre una de las mesas, mientras Remus se tiraba sobre el sillón, y Emily y Lily subían a su habitación, a cambiarse. Al volver a bajar, vieron a Mora abrazada a Remus, con el rostro sobre su pecho, mientras él le acariciaba los cabellos, y los tres chicos observaban la escena desde sus sillas.
-
¿Qué ocurre? – preguntó Lily, acercándose a ellos.
-
Es hora de irme – dijo Remus – Pero Mora está…sensible.
Mora negó con la cabeza desde el pecho de su novio. Emily y Lily se miraron con complicidad.
-
Mora, no va a pasarle nada – le aseguró James - ¿Cuántas Lunas Llenas ha sufrido ya desde que fue transformado?
-
¡James, cállate! – susurró Remus, mirando a su alrededor. James puso los ojos en blanco.
-
No creo que sea eso lo que a Mora le ocurre, amigo… - dijo Sirius. Emily negó con la cabeza.
-
Mora… - dijo, acercándose a ella – No te sientas culpable…sé que quieres acompañarlo, sé cuanto quieres apoyarlo, pero esto no es un tema sencillo…
Emily sentía una opresión en su pecho por cada lágrima silenciosa que Mora dejaba caer. La depresión de su amiga la hacía sentirse muy mal. Quería ayudarla, pero no sabía como…y eso la deprimía aún más. Siempre sabía qué hacer. Pero no aquella vez. En realidad, sí sabía. Pero lo que ella quería, Emily no podía hacerlo. Y eso la hacía sentirse aún más desdichada.
- Mora… ¿quieres que nos quedemos? – ofreció Lily. – Hagrid comprenderá…
Mora negó con la cabeza.
-
Quiero que se quede Remus – sollozó. Remus la abrazó con más fuerza.
-
No puedo…de verdad, desearía poder… - murmuró – Prometo que volveré mañana.
Mora negó con la cabeza
-
No te quiero mañana – dijo – Te quiero hoy. No quiero que te vayas. Quiero que te quedes, y me abraces, y me demuestres que todo está bien, que no hay de qué preocuparse…
-
Es que no hay de qué preocuparse, Mora – le aseguró Sirius – Nosotros estaremos allí, además. No lo dejaríamos hacer nada tonto.
A Emily le partía el alma ver a su amiga así. Sin embargo, no había nada que ella pudiera hacer. Lily se acercó a ella, y le dio unas palmaditas en la espalda. Mora comprendió, y se soltó de Remus.
-
Lo siento… - murmuró, antes de salir corriendo escaleras arriba. Emily quiso seguirla, pero Lily le puso una mano en el hombro, y negó con la cabeza.
-
Déjala sola – musitó – necesita reflexionar un rato.
Emily miró hacia las escaleras, y luego se giró y asintió.
-
Nosotros terminaremos nuestra tarea e iremos para allí – dijo James. Emily se apresuró a ir y abrazarlo.
-
Cuídate, ¿sí? – le pidió, mientras él le devolvía el abrazo y le besaba la frente.
-
No te preocupes por mi, Mily… - Sirius no pudo dejar de notar que la había llamado “Mily”, exactamente como él la llamaba a ella. – No me pasará nada.
-
Lo sé… - murmuró ella – Lo sé.
-
Es hora de irnos – dijo Lily, tirando de Emily. Ella se soltó de James - ¿Vamos?
Emily asintió, se pasó la bufanda por el cuello, y salió junto a Lily. Caminaron juntas hasta la puerta de la casa de Hagrid, y tocaron con fuerza para poder entrar rápidamente. Hagrid abrió la puerta, y al verlas tiritando, se apresuró a hacerlas entrar.
-
Pasen, pasen – dijo. Ambas chicas se sentaron frente a la mesa, pero ninguna de las dos se quitó los abrigos - ¿Un té?
-
P-por favor – tiritó Lily, mientras Emily asentía.
-
Hace frío para ser otoño, ¿verdad? – preguntó Hagrid, mientras les servía un té con bollos. Ambas asintieron.
-
Sí, demasiado… - admitió Emily.
-
Bueno, cuéntenme – pidió Hagrid, sentándose a la mesa - ¿Qué tal su último año de colegio?
-
Deprimente – dijeron las dos a la vez, luego se miraron y rieron.
-
¿Por qué? – preguntó Hagrid.
-
Bueno…es el último año, ¿no? – dijo Emily – Deprime saber que no vamos a volver…a pesar de que yo sólo estuve un año…
-
Hablando de eso, no te he preguntado nunca si habías logrado adaptarte bien, aunque vi que sí – dijo Hagrid, y Lily suspiró aliviada. No quería hablar de porqué su último año había comenzado como una depresión – He oído que tienes muy buenas notas…y hasta oí que sales con James Potter este año, ¿es cierto?
Lily tragó con fuerza. Todo daba vueltas alrededor de aquello. Emily sonrió.
-
Pues…sí – dijo.
-
Es extraño – confesó Hagrid – Siempre creí que te gustaba Sirius…con todo lo que se pelean…
Lily sonrió agradecida. Emily frunció el entrecejo.
- Pues, no – contestó de mal talante – Me gusta James, no Sirius. Con Sirius me llevo mal.
Hagrid arqueó las cejas, mientras le daba un sorbo a su té, desde una taza el doble de grande.
-
De acuerdo… - murmuró. A partir de ese momento, cambiaron de tema. Emily y Lily se animaron, y pronto perdieron el frío, ya que con Hagrid era muy fácil conversar. Le contaron absolutamente todo: a Lily se le escaparon tantas cosas, que en un momento se sonrojó y bajó la mirada, pero Hagrid se limitó a reír. Ella intuía que, después de todo lo que había dicho, Hagrid comprendía como se había sentido los últimos días. Emily, por su lado, le había contado todo desde que ella había llegado a Hogwarts, hasta la fiesta, saltándose la parte donde se había peleado con Sirius, como Lily bien pudo notar.
-
Oye, Hagrid, ¿puedo usar tu baño? – pidió Emily. Hagrid asintió, y ella se levantó. Hagrid miró a Lily, quién estaba mirando su taza vacía.
-
No te veo muy feliz – le dijo - ¿Es por lo de Emily?
Lily levantó la mirada.
- ¿Qué cosa? – preguntó inocentemente.
Hagrid señaló la puerta donde Emily se había encerrado.
-
No se te veía muy feliz cuando ella hablaba de James – dijo. Lily se encogió de hombros.
-
Ya me he acostumbrado – confesó. Era verdad. Ya estaba acostumbrada al hecho de que Emily saliera con James…pero eso no significaba que no la hiriera. Hagrid arqueó las cejas.
-
Pero…¿Es por Emily que no te gusta? ¿James no te gusta para ella? – preguntó Hagrid. Lily se encogió de hombros – O… ¿Es que ella no te gusta para James?
Lily lo miró sorprendida.
-
No sé…nunca te has llevado muy bien con James… - admitió Hagrid – Pero tal vez…
-
Él me gusta – admitió Lily. Era la primera vez que lo admitía en voz alta, y eso la hacía sentirse…libre. Era como si se hubiera liberado de una piedra en su pecho. Decidió continuar hablando, porque tal vez, así, se sentiría mucho mejor – Mucho. De verdad me gusta. Nunca conocí a alguien como él. Y lo peor, es que nunca quise admitir que me gustaba. Siempre lo rechacé…pero él cambió. Y cambió para bien. Y ahora, recién ahora, me doy cuenta de que no sólo me gusta…me enloquece. Me enloquece todo de él. Desde su pelo revuelto hasta su manía con el quidditch. Me gusta su manera de caminar, su expresión arrogante, sus ojos divertidos. Me… - vio que Hagrid comenzaba a arquear las cejas, y se dio cuenta de que se estaba pasando, así que se controló – El caso es…que me di cuenta tarde. Porque me di cuenta cuando dejé de gustarle…y pasó a salir con mi mejor amiga.
Hagrid asintió.
-
¿Por qué no hablas con Emily? – preguntó, pero Lily negó con la cabeza.
-
Sólo quiero hacerla feliz. Lo último que quiero es que ella se sienta culpable de salir con el chico que le gusta por mí.
Hagrid suspiró.
- Como quieras…pero a mi me ha parecido que ella tampoco está muy feliz.
Lily abrió la boca para contestar, pero entonces Emily salió del baño, algo apresurada.
- ¡Lily, es medianoche!
Lily se levantó de un salto, al igual que Hagrid, lo que hizo temblar la mesa.
-
¡No me di cuenta de la hora! – exclamó Lily. Hagrid tomó sus abrigos, y se los dio.
-
Apresúrense, y traten de que no las descubran – dijo. Lily asintió, y Emily tragó con fuerza.
-
Igualmente, soy Premio Anual…puedo decir que estaba haciendo la ronda – dijo Lily. Emily suspiró aliviada.
-
Vayan, vayan – dijo Hagrid, abriéndoles la puerta y empujándolas afuera - ¡Vengan a visitarme, de vez en cuando!
Las dos chicas asintieron, y corrieron hacia el castillo. Por suerte, llegaron sin ser descubiertas, y al pasar por el retrato suspiraron aliviadas.
-
Eso fue suerte – jadeó Emily, mientras Lily asentía.
-
Mora debe de estar durmiendo, mañana hay clases – dijo Lily, y Emily miró instintivamente hacia las escaleras.
-
Vamos, tengo sueño – dijo, y ambas comenzaron a subir las escaleras. Abrieron la puerta, y encontraron las luces apagadas. Ambas chicas tantearon para encontrar sus camas, hasta que se dieron cuenta de que no iban a poder.
-
¿Mora? – preguntó Emily suavemente.
-
Emily, puedes prender la luz – dijo la voz de Ayleen suavemente – Mary está en el baño, y Mora no está.
La luz se prendió. Lily estaba con la mano apoyada en el interruptor.
- ¿Cómo que no está? – preguntó Emily, asustada.
Ayleen negó con la cabeza.
- No lo sé…dijo en un momento que salía…hace poco…
Emily y Lily se miraron.
-
No… - murmuró Lily, recordando su conversación de esa mañana.
-
Gracias, Ay – dijo Emily, y junto a Lily salieron del dormitorio.
-
¿Qué…? – se oyó la voz de Ayleen, pero cerraron la puerta.
-
Fue a verlo a Remus – murmuró Lily. Emily asintió. – Pero… ¿Cómo sabremos dónde está?
Emily se quedó pensativa, y luego murmuró para sí misma:
- No queda más remedio.
Tomó a Lily de la mano, y la guió hasta la sala común. Luego, la hizo subir hasta la habitación de los chicos, dónde prendió la luz y vieron las camas vacías.
- ¿Qué haces? – preguntó Lily, mientras Emily se agachaba hacia el baúl de James, y comenzaba a revolverlo - ¿Por qué estamos en la habitación de los chicos?
Emily no le hizo caso, y continuó revolviendo.
- Que esté, por favor, que no se lo haya llevado… - rogaba. Lily la miraba confundida - ¡Lo encontré!
Lily se arrodilló a su lado, para ver en sus manos…
…un pedazo de pergamino.
-
¿Qué es eso? – preguntó Lily. Emily tomó su varita, apuntó al pergamino y dijo:
-
Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Lily se quedó boquiabierta, mientras observaba todas las marcas de tinta verde que se iban estirando por el pergamino, formando…el mapa del merodeador.
-
¿Qu…qué es eso? – preguntó Lily.
-
El Mapa del Merodeador – dijo Emily - ¿Se acuerdan lo que me contaron los chicos el año pasado, que yo se los oculté a ustedes? Era esto. James y los demás me confiaron el secreto, porque fui el origen de la idea…
-
¿Esto lo crearon ellos? – preguntó Lily asombrada. Emily asintió - ¡WoW! Es decir... ¡Es magia avanzadísima!
Emily asintió, sonriente. Luego, comenzó a buscar en el mapa.
-
Aquí está – dijo, señalando con su varita un punto que decía “Mora O’Connor”. – Pero está…
-
…en el bosque prohibido – susurró Lily. Emily la miró a los ojos, y luego volvió a mirar el mapa.
-
Remus está en la Casa de los Gritos, mira – dijo, señalando el punto que decía “Remus Lupin”. – Si nos apuramos, lograremos volverla a entrar…
Lily asintió, y ambas corrieron escaleras abajo, mientras Emily se ponía el mapa en el bolsillo de su túnica.
-
¿Se puede saber para qué me despiertan? – se quejó la Dama Gorda, pero ninguna de las dos le hizo caso. Corrieron por los pasillos, rogando que nadie las encontrara, y salieron a los Terrenos. La Luna Llena se asomaba por detrás de los árboles, iluminando apenas el lago con su reflejo. Corrieron hacia el bosque, y con cierta dificultad, se adentraron en él.
-
¿Dónde está? – le preguntó Lily a Emily.
-
Da la vuelta a la izquierda…eso es…por favor, no grites su nombre…más a la derecha…
Lily levantó la mirada, y la vio. Escondiéndose entre los arbustos, estaba Mora.
-
¡Mora! – exclamó, corriendo hacia ella. Mora se dio la vuelta, y la vio.
-
¡No! – exclamó, tratando de correr, pero Lily la tomó por el antebrazo - ¡Suéltame, Lily!
-
¡Jamás! – susurró Lily - ¿En qué estabas pensando?
-
¡En el amor de mi vida! – exclamó Mora - ¡Ahora suéltame! ¡Tengo que encontrarlo!
-
¿Quieres morir? – susurró Emily – Mora, ¿qué te ocurre?
Mora dejó de gritar, y se giró hacia ellas. La luz de la Luna la iluminó. Emily pudo notar entonces que estaba llorando.
-
No entienden… - murmuró ella – No pueden entender…
-
Entonces ayúdanos – pidió Lily, aún sosteniéndola del antebrazo por si se le ocurría volver a escapar.
-
Quiero… - comenzó Mora – Quiero probarme a mí misma…probar cuánto lo amo…que no me importa lo que pase…lo que sea…quiero probar cuánto lo amo…y cuanto me ama él a mí…tenía que acompañarlo…tenía que ser valiente…
Entonces, soltó un sollozo, y se aferró del pecho de Lily. Ella la rodeó con sus brazos, mientras Mora continuaba llorando.
-
Vamos, Mora, no tienes que probarte nada – dijo Lily – Se aman muchísimo…no tienes que ponerte en riesgo para probarle nada a nadie…están hechos el uno para el otro…
-
Vámonos – pidió Emily, acercándose a ellas. Lily asintió, y llevó a Mora de la mano. Iban caminando, cuando oyeron un ruido a sus espaldas., y se giraron.
-
¿Qué…? – comenzó Lily, pero Emily ya se había fijado en el mapa, y había palidecido.
-
Se suponía que estaban en la Casa de los Gritos… - Aquella frase hizo que a Lily se le pusiera la piel de gallina. No podía ser. No podía estar pasándole eso a ellas… entonces, la criatura de las sombras se mostró a la luz. Primero, mostró un hocico. Luego, una pata peluda. Y luego…
…el hombre lobo.
Las tres chicas se quedaron paralizadas durante un instante. Luego, Emily gritó:
- ¡CORRAN!
Las tres comenzaron a correr. Emily sentía al licántropo corriendo tras ellas. Sus pies se movían solos. La brisa del viento pegaba con fuerza contra su cara. Y lo peor de todo, era que estaban perdidas, en medio de la noche, en el bosque prohibido.
- ¡AYUDA! – comenzó a gritar la voz de Lily - ¡POR FAVOR, AYUDA!
Y de repente, aparecieron. Emily se dio la vuelta un instante, para ver a un enorme perro negro que golpeaba al hombre lobo con sus patas delanteras, y lo mordía en el hombro. El hombre lobo chillaba.
Emily cayó al piso, y sintió como algo la tomaba por detrás de la túnica. El ciervo estaba tratando que ella se levantara. Pero ella no podía. Sus piernas no le daban.
-
No puedo, James, no puedo – jadeó, en voz baja. El perro negro empujó al licántropo, quién cayó de espaldas, y Lily aprovechó ese momento para levantarse y correr hacia Emily, tomarla de los antebrazos y ayudarla a levantarse. Emily sintió la fuerza de los brazos de Lily tirando hacia arriba, mientras la boca del ciervo ayudaba por detrás, y logró levantarse. Ambas corrieron hacia el otro lado, con el ciervo galopando detrás de ellas. Y, finalmente, pudieron ver el lago. Estaban afuera. Emily se tiró sobre el pasto, y Lily a su lado. James volvió a transformarse, y se agachó al lado de su novia.
-
¿Están bien? – preguntó. Emily asintió, y lo abrazó. - ¿Qué hacían aquí?
-
Mora – contestó Lily – Es que ella…un minuto.
Los tres se miraron un instante.
-
¿Dónde está Mora? – preguntó Lily. Entonces, se oyó un grito, el aullido de un hombre lobo y el gemido de un perro, y Emily sintió como si su pecho se desgarrara. No, no, no, por favor, ¡NO! James volvió a transformarse en ciervo, y les hizo señas a las dos chicas para que lo montaran. Emily se aferró a su cuello, mientras Lily se aferraba a la cintura de su amiga.
-
No, no, no, Mora, no… - murmuraba Lily. Las lágrimas caían por el rostro de Emily. No podía ser…Mora…
Entonces, lo vieron. El perro negro estaba tirado en el suelo, muy malherido. Remus se encontraba con la garra en alto, sobre un cuerpo inerte.
-
¡MORA! – gritó Emily con desesperación, mientras ambas chicas se bajaban del lomo de James, y este corría a detener a su amigo. Lo empujó con sus patas delanteras. Lily se acercó a Mora, mientras que Emily se acercó al perro. Estaba inconsciente.
-
No, Sirius, no, por favor… - murmuró Emily. El ciervo se había alejado junto al licántropo.
-
¡Mora! – oyó Emily la lacrimógena voz de Lily, y con mucho pesar, se alejó del perro, y se acercó a su amiga. Mora estaba tirada en el suelo, inconsciente, con…un enorme tajo que le atravesaba el ojo derecho. Sangraba. Mucho. Emily se echó a llorar sobre el cuerpo de su amiga. ¿Qué había ocurrido? ¿Cómo había pasado aquello?
-
¿C-cómo está S-Sirius? – sollozó Lily. Ella le señaló al perro, y Lily se acercó a él. Murmuró unas palabras, y el perro se convirtió en humano. Sirius estaba herido, e inconsciente.
-
¿Dónde está Peter? – preguntó Emily. Lily se encogió de hombros.
-
No lo sé…pero hay que llevarlos a la enfermería. Rápido.
Entonces, oyeron un ruido entre los arbustos. Las dos chicas se dieron la vuelta, temerosas, pero James apareció entre ellos. Se lo veía muy cansado.
-
Váyanse – ordenó – Llévense a los dos heridos. Peter sigue en la Casa de los Gritos, le ordené que se quedara allí.
-
Pero… - quiso protestar Emily, pero James negó con la cabeza.
-
Yo puedo. Vayan.
Emily asintió, y murmuró:
- Levicorpus.
El cuerpo de Mora comenzó a flotar en el aire. Lily la imitó con el cuerpo de Sirius. Corrieron por el bosque, con cuidado de no chocar los cuerpos, y lograron salir. Corrieron hacia el castillo, y se dirigieron a la enfermería. En un momento, oyeron un ruido, y ambas se giraron a ver. La profesora McGonagall doblaba en una esquina.
-
¿Pero qué…? – comenzó al verlas, pero al notar que estaban llenas de barro, sangre y lágrimas, con dos cuerpos del alumnado heridos flotando a su lado, lanzó un grito ahogado. Con la varita hizo aparecer dos camillas, e hizo que las dos muchachas apoyaran los cuerpos en ellas.
-
Eso, llevémoslos a la enfermería – ordenó. Las dos muchachas la siguieron hasta allí, sin saber qué hacer o qué decir. Ni siquiera se miraban entre ellas. Sólo se limitaban a llorar. Poco les importaba la excusa que le darían a la profesora McGonagall. Lo único que querían en ese momento, era saber qué pasaría con sus amigos.