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Historia 27506 — capítulo 31
Emily se despertó al oír el ruido de la puerta. Sintió una luz solar pegándole en el rostro. Sin embargo, no abrió los ojos.
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Por aquí – indicó en un susurró la voz de Madame Pomfrey. – Eso es, acuéstenlo en esta camilla…
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Poppy, el profesor Dumbledore viene hacia acá. – dijo la voz de la profesora McGonagall – Dice que quiere hablar con los alumnos…
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¡Pero aún duermen! – dijo la enfermera, y luego se oyó un ruido de tacos. Entonces, Emily abrió los ojos. Se encontraba sentada en una silla, con la cabeza apoyada sobre sus brazos. Al levantar la mirada, vio que en la camilla en la cual estaba apoyada, Sirius dormía plácidamente. La luz de la ventana enfocaba sus heridas. Sin embargo, no eran muchas…En el rostro tenía un par de cortes, y llevaba el brazo izquierdo vendado. Emily se sonrió, y miró hacia delante: en la camilla de al lado, dormía Mora, quién era la más herida, y tenía una pasta blanca sobre el rostro, y Lily a su lado estaba apoyada a su lado de la misma manera que Emily en la de Sirius. Lily dormía también, y Emily pudo ver sus ojos húmedos y ojerosos. Su labio temblaba. Tenía una cortadura en la sien que, según recordaba Emily, Madame Pomfrey le había limpiado la noche anterior. Emily imaginó que la profesora McGonagall se había encerrado junto a Madame Pomfrey en el despacho de esta última. La puerta de la enfermería se abrió, y James entró por ella. Estaba lleno de barro y con algunos cortes profundos. Al parecer, no había perdido ni un minuto en aparentar que no había estado allí.
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¡Emily! – exclamó, en un susurro, y corrió a abrazarla - ¿Estás bien?
Emily asintió. No se sentía capaz de hablar en aquél momento. James la besó tiernamente en los labios, y sintió el dolor de James, ya que tenía un corte en el labio. Emily se separó suavemente.
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¿Dónde está Remus? – preguntó, con mucho esfuerzo.
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Madame Pomfrey fue a buscarlo… - dijo James – Cuando lo dejé estaba inconsciente…pero va a ponerse como loco…
Emily asintió, y se apoyó en su pecho. Entonces, se oyó un bostezo, y ambos se giraron hacia Lily, quién se estaba desperezando. Lily los miró, y luego el labio comenzó a temblarle con aún más fuerza. La puerta de la enfermería volvió a abrirse, y Madame Pomfrey entró, llevando a Remus abrazado a sus hombros. Remus estaba pálido y ojeroso, pero tenía una expresión que Emily no había visto nunca. Profunda tristeza y desdicha. Pero intensificadas de una manera especial. Los labios le temblaban con mucha fuerza. Su pecho subía y bajaba rápidamente. Al verlos, corrió la mirada, y Emily pudo ver como las lágrimas se le escapaban de sus ojos enrojecidos. Sintió unas intensas ganas de abrazarlo, pero le pareció que no era el momento.
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Aquí, ven aquí – le indicó Madame Pomfrey, y lo acostó en una camilla. Remus seguía pálido, y sin ningún rastro de su antigua expresión de amabilidad y madurez. Ya no parecía Remus. Madame Pomfrey giró su vista hacia dónde ellos estaban.
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Así que ya han… ¡Potter! – exclamó, al ver a James - ¿Tú también?
James bajó la mirada.
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Ven, ven, que te curo las heridas… - James se acercó a Madame Pomfrey, y se sentó en una camilla vacía, mientras la mujer le curaba las heridas. Emily volvió a mirar hacia la cama de Remus, dónde él estaba apoyado contra el respaldo, mirando al vacío. Emily se levantó, y se sentó a su lado. Lily la imitó, del otro lado. Emily alzó una mano, y la apoyó suavemente sobre su brazo. Remus no se inmutó. Luego, subió su mano un poco más, hasta llegar a su mejilla.
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Remus… - comenzó. Remus abrió ligeramente la boca.
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Mátenme… - susurró. A Emily se le partió el alma. Al ver la expresión de Lily, notó que ella seguía igual.
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No, Remus, no ha pasado nada… - afirmó Emily – Estamos todos bien…
Remus negaba con la cabeza, aún mirando hacia el vacío.
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¿Cómo permití que esto pasara? – se preguntaba - ¿Cómo fui tan ciego…?
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Remus, por favor… - pidió Lily. Remus negó con la cabeza.
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Aléjense de mí… - murmuró. Lily lo abrazó, al igual que Emily. James miraba la escena, acongojado, desde donde Madame Pomfrey le limpiaba las heridas. Al soltar a Remus, Emily se giró, y pudo ver claramente los ojos grises de Sirius puestos en ella. Lily, al ver que estaba despierto, se acercó a él.
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¿Estás…bien? – le preguntó. Sirius asintió. Entonces, la puerta de la enfermería se abrió, y por ella pasaron la profesora McGonagall, junto al profesor Dumbledore.
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¡Profesores! – exclamó Lily. Emily bajó la mirada. Esperaba la reprimenda. Sin embargo, la profesora McGonagall tomó una silla, y se sentó al lado de una camilla vacía. El director se puso en medio, de tal forma que todos lo vieran bien.
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Me gustaría que me explicaran qué ocurrió exactamente la noche pasada – dijo, severamente. Aunque su tono era tan suave que parecía un susurro, Emily habría preferido que gritara. – Y quiero la pura verdad.
Todos se miraron. No podían decirle lo del mapa del merodeador. No podían decirle que James, Sirius y Peter eran animagos ilegales.
- Yo puedo explicarle – dijo una voz suave desde una camilla, y todos se giraron a ver a Mora. Ella se había incorporado, y miraba hacia abajo, con las manos entrelazadas – Yo…salí anoche a encontrarme con Remus. Quería verlo…aunque fuera un hombre lobo. Emily y Lily corrieron detrás de mí para detenerme, pero no les hice caso. Luego, nos encontramos con Remus…y ahí intervinieron Sirius y James, quienes nos habían seguido, a salvarnos…se armó revuelo…todo fue culpa mía.
La profesora McGonagall se levantó.
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¿Se puede saber en qué estaba pensando cuando decidió enfrentarse sola a un hombre lobo? – preguntó. Mora cerró los ojos. – Debo decirle, señorita O’Connor, que es usted una verdadera tonta. ¡Las consecuencias podían haber sido muy graves! ¿No se dio cuenta de lo que estaba generando? ¿Qué quería probar? ¿Quería demostrarles a todos que era tan fuerte que podía sola con un hombre lobo?
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¡No! – exclamaron Emily y Lily a la vez. Todos las miraron.
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Yo…yo lo sé – dijo Emily – Por favor, no la rete así…ella…ella sólo…
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Ella estaba sensible – dijo Lily – En realidad, fue culpa nuestra…no le hicimos ver cuánto valía…
Le dirigió una mirada de compasión a Mora, quién estaba derramando algunas lágrimas. El director se acercó a su cama.
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¿Eras conciente del estado en el que estaba su compañero? – preguntó. Mora asintió - ¿Cómo también era conciente de lo que podía llegar a pasar? – Mora volvió a asentir. – Bien, en ese caso…Poppy, ¿hay alguna herida notable?
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La señorita O’Connor tiene una cicatriz muy fea en la cara – dijo Madame Pomfrey – Le he puesto varias cremas y pócimas, pero no sale con nada…
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Me gustaría verla – pidió el director. Madame Pomfrey hizo aparecer una pequeña toalla, y con ella le limpió la crema de la cara a Mora. Emily lanzó un grito ahogado. La cicatriz de Mora recorría desde el lado derecho de su frente, cruzaba su ojo, y llegaba hasta la mejilla.
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Me temo que fue el veneno en las garras del licántropo – dijo el profesor Dumbledore.
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Pero…soy una metamorfomaga… - dijo Mora – es decir, si quiero, puedo quitarla…
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No, no puedes – le espetó la profesora McGonagall – porque es veneno de garra. Eso…no sale fácil. Ni siquiera para una metamorfomaga. Así que, aunque lo intentes…dudo que puedas quitarla.
Mora bajó la mirada.
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Niña, debo decir que te lo mereces – le dijo la profesora – Aunque eso no quita que estés castigada. Lo mismo los señores Black, Potter, Evans y Perednik, por salir de la cama a horas inadecuadas. Y, por la imprudencia, serán 10 puntos quitados a cada uno, cincuenta para la señorita O’Connor por la estupidez que cometió.
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¿Cincuenta? – saltaron Emily y Sirius a la vez.
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Sí, cincuenta.
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Bueno, me parece que todos recibieron lo que se merecen, y sus heridas no parecen muy profundas. – dijo el profesor Dumbledore – Señorita O’Connor…me gustaría que cuando pueda venga a visitarme…a mi despacho…le enviaré una carta confirmándole cuando.
Mora asintió con pesar. Entonces, ambos profesores se dieron la vuelta, y salieron de la enfermería. Madame Pomfrey se encerró en su despacho. Todo quedó en silencio.
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Me parece que…ustedes necesitan hablar – dijo Emily, refiriéndose a Mora y Remus. Ellos asintieron.
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Mejor…nosotros salimos – dijo Lily. Sirius carraspeó.
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No me puedo mover, ¿recuerdan? – preguntó, cuando todos lo miraron. Mora bufó, y le hizo el encantamiento Muffliato - ¡Ay, mis oídos!
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Eso lo callará un rato – dijo. Sirius se recostó, y se tapó con la manta. Emily tomó a Lily con una mano, a James con la otra, y salieron de la enfermería. Mora se levantó, y se acercó a la cama de Remus, parándose a su lado.
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¿Por qué? –preguntó Remus, mirándola con una profunda mirada llena de tristeza.
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¿Por qué qué? –respondió con una pregunta Mora, sin poder apartar su vista de esos ojos que tanto amaba.
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¿Por qué…me amas? –ella lo miró sin poder comprender lo que él quería decir. –Mora, soy un monstruo… Ayer te herí, casi te mato… ¿Y si esto llega a suceder de nuevo? No podría permitirlo… -suspiró sin poder contener una silenciosa lágrima que a Mora le rompió el alma: jamás lo había visto tan vulnerable, jamás lo había oído hablar con ese tono. -¿Por qué sigues conmigo si yo en cualquier momento te podría lastimar? ¿Por qué me amas? –repitió. Ella le limpió su lágrima con la palma de su mano y lo acercó para que quedaran bien cerca.
-
¿Quieres saberlo? Porque eres perfecto para mí… Eres todo lo que yo necesito y quiero, y más…Tienes – sonrió con timidez, sin apartar su vista de él. –Tienes los ojos más hermosos que he visto en mi vida…Y un rostro que me parece perfecto, y que amo, al igual que cada centímetro de tu cuerpo…Y discúlpame que lo diga…Pero amo el hecho de que es solo mío y de que soy la única que te puede sentir tan…Que puede tenerte cuando quiera porque sé que eres mío, Remus…- le acarició una mejilla con dulzura. –Y eres la mejor persona que conozco… Eres tan dulce, tan tierno… Eres siempre tan responsable… Y siempre sabes como hacerme sentir mejor, siempre me puedes sacar una sonrisa… Amo cuando sonríes, pero amo aún más cuando me sonríes… Y siempre me haces sentir tan especial… Tan querida… Contigo siento de que importo… me siento querida… me das confianza y seguridad, contigo siempre me puedo sentir protegida… me…llenas… - suspiró, y una triste expresión cruzó por sus ojos. – Yo… voy a contarte algo que… nadie lo sabe. Ni siquiera Emily, ni Lily, que son mis mejores amigas… Nadie en este mundo ni en el otro… Yo… - tomó aire, mientras Remus la miraba con atención. – Durante el año anterior a venir aquí…yo… No recuerdo bien por qué… Pero…sé que algo malo me pasó… Algo que afectó mi situación… Y… cuando eso sucedió…sentí como si toda la felicidad del mundo desapareciera…Como si me hubiera enfrentado sola a cien dementores…Y me sentía…sola. Muy sola… A pesar de que no lo estaba… Tenía a mi familia… a mis padres, a mi hermano… A mis amigas…A Emily… Pero sin embargo me sentía…sola… el problema era que con ellos no lo podía demostrar…así que siempre ponía mi mejor sonrisa… Pero cuando estaba sola…- suspiró y dos lágrimas cayeron por sus mejillas. – Nadie lo sabía…y sentía…como si me hubieran desaparecido el corazón y los pulmones… seguía viva, pero no sabía como…porque sentía un gran vacío…Y luego vine aquí…aún con ese horrible dolor…que no se iba. Y no se iba. Y no se iba, y cada vez se hacía peor…Y te conocí. Y desde el primer momento me caíste bien…te veía como…un gran chico… un gran amigo, alguien tan especial…Y recuerdo que el 30 de octubre…en el desayuno me miraste…y yo sin darme cuenta corrí la mirada…y…después me di cuenta de que me habías comenzado a gustar…pero ese sentimiento cada vez se hacía más fuerte, y más fuerte…Y me enamoré…de ti…sentí como si acabara de conseguir las herramientas para tapar el vacío…y luego sucedió lo de Lyna y sentí que todo se me venía abajo…-suspiró tristemente. –Luego me enteré lo de tu licantropía…Y pensé que todo cambiaría…Pero no lo fue…El amor que sentía solo se intensificó…Y desde ahí tuvimos tantos altibajos…Y siempre era como si una ventana se abriera para luego volver a cerrarse…Y ya no podía más, porque el dolor cada vez era más grande al verte con otra persona, al ver que esto era solo…un desengaño amoroso –murmuró, con voz ahogada, que hizo que Remus la mirara de un modo muy triste: jamás lo había sabido, y enterarse de todo eso luego de tanto tiempo…-Y llegó el día del partido…- Mora resopló divertida. – Nunca me humillé tanto…Pero…Resultó…Y…cuando me besaste…sentí que el vacío se llenaba. AL fin. Por primera vez me sentía…completa. Todo por ti, Remus… Mi vacío se había llenado definitivamente…Tú lo llenaste. Tú eras lo que yo sentía que me faltaba…Y no he sentido eso una sola vez desde que estamos juntos…Tú…eres mi razón… Mi razón de existir…Contigo siento que mi vida se completó…Que ahora solo me queda vivirla…Contigo. Ahora que te encontré…Que te tengo…No pienso perderte ni vivir sin ti… Es que…Me completas. Porque eres opuesto a mí – Remus frunció el entrecejo, sin comprender. – Piénsalo…Tú eres serio, responsable, organizado, tranquilo, sereno, no cocinas muy…bien, no eres un hombre de muchas palabras… Y yo soy una chica poco seria, irresponsable, desorganizada, alocada, sin ser víctima de falsa modestia…me gusta mucho como cocino, y una vez que comienzo a hablar soy imparable – Remus soltó una risa. – Aunque… Tenemos otras cosas en común…Como el hecho de que a ambos nos fascina el chocolate…Muchísimo…Y eso es genial porque la verdad es que le hemos sacado bastante provecho al cacao –le sacó la lengua, y Remus negó con la cabeza, divertido. -¿Ves? Somos opuestos en varias cosas…y por eso estamos completos, porque encajamos a la perfección…Yo…-miró sus manos, entrelazadas. – Ya no diferencio donde termino yo ni donde comienzas tú…Y viceversa. Y te amo. Mucho. Y con cada segundo que pasamos juntos, te amo aún más…Con cada mirada…Con cada roce…Cada abrazo…Cada beso…Siempre me logras…poner nerviosa…Todo el tiempo siento como si acabáramos de comenzar a salir porque cada vez que te me acercas siento como mi corazón me late a mil por hora…- inspiró profundamente. – Y sin ti yo no sé que haría…No podría vivir…Y si yo tuviera que morir en este mismo momento por ti…Lo haría…Porque de nuevo…te amo, Remus…Y podría darte 500 razones más…Pero creo que te aburriría…-él resopló divertido. – Y no me arrepiento de…Ya sé que sonará tan aburrido…pero…No me arrepiento de “haberte dado mi corazón” desde el principio…Porque sé que no lo vas a romper…Y lo sabes…Nada se puede meter entre nosotros… Nada… Ni un poco de pelo una vez al mes, ni una cicatriz, ni nada…- le sonrió con amor. - Ah, espera… Hay una cosa…
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¿Qué cosa?
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Tengo que admitir que James y su máquina de nieve a veces lo pueden lograr –sonrió Mora, haciendo que Remus riera. El muchacho la miró fijamente y le acomodó un mechón de cabello.
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¿Por qué te amo tanto? – preguntó. Mora se sentó sobre una silla, y se acomodó sobre su pecho.
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Porque estamos hechos el uno para el otro. Es como…las piezas del rompecabezas. Dos piezas iguales no encajan. Donde hay un agujero, tiene que haber algo que lo llene. Y nosotros nos complementamos de esa forma.
Remus sonrió débilmente, y la rodeó con sus brazos.
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Si algo grave te hubiera pasado, y encima fuera por mi culpa, yo no me lo perdonaría jamás…
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No sigas – pidió Mora, dejando caer una silenciosa lágrima - Por favor…no quiero que esto pase a la historia de mala manera…no quiero que sufras cada vez que veas mi cicatriz…quiero que la veas y pienses: “Nuestro amor sobrevive a todo”. Que la veas y pienses: “A pesar de todo, seguimos amándonos con locura”.
Remus suspiró, y dejó caer el rostro sobre su cabeza.
-
Soy muy egoísta… - susurró – Siempre lo he pensado. Nunca te podría dejar ir, además de que no soportaría la idea…de que seas de otra persona…Porque yo también amo pensar que soy el único que puede tenerte… El único, por más aburrido que suene, “que tiene tu corazón” –ella sonrió tímidamente, antes de inclinar la cabeza hacia delante y unir sus labios con los de él, besándolo con ternura. Entonces, la puerta del despacho de Madame Pomfrey se abrió, y la mujer lanzó un grito ahogado.
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¡Por favor, esto es una enfermería! – Mora y Remus se separaron, algo avergonzados. Mora le quitó el hechizo Muffliato a Sirius, quién suspiró aliviado. Luego, la puerta de la enfermería se abrió, y Emily volvió a entrar, junto a James, Lily, y esta vez Peter. Al ver como estaban Remus y Mora, Emily sonrió y se acercó a ellos. James, Lily y Peter la imitaron, y rodearon la cama de Remus.
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Hemos descubierto que nuestro amor sobrevive a todo – dijo Mora, sonriente, mientras observaba cautelosamente a Madame Pomfrey, quién buscaba alguna extraña poción en un cajón. Emily sonrió enternecida.
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Cuánto me alegro – dijo. – Ya aprendiste tu lección, ¿verdad?
Mora asintió. Remus la aferró aún más a su cuerpo.
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Bueno, más te vale – dijo una voz detrás de James, y todos se giraron a ver a Sirius, quién estaba parado detrás de él – No queremos otra cicatriz, ¿no?
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¿No era que no te podías levantar? – preguntó Lily, arqueando las cejas. Sirius se encogió de hombros.
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Hay algo que yo no comprendo – dijo Mora de repente – La última vez que nos enfrentamos con Remus, él rasguñó a Emily en el pecho. ¿Por qué no le quedó una cicatriz cómo la mía?
Todos se giraron a ver a Emily. Ella recorrió la vista por cada uno, y luego suspiró y se llevó una mano al pecho, y comenzó a desabotonarse la camisa.
Sirius sintió como su temperatura corporal subía unos cuantos grados. Primer botón, segundo botón, tercer botón… sentía como su rostro ardía, como si se estuviera metiendo dentro de una parrilla encendida. Decidió que lo mejor era no mirar hacia allí. Pero no podía hacerlo. Y entonces, lo vio. Él. Ella. Ella aferrada a su cuello. Él abrazando su cintura. Un aula vacía. Ella sentada sobre la mesa…besándolo con pasión. Hasta casi podía sentirlo. Sentir su aliento, su sabor…él introducía su mano dentro de la falda, y le acariciaba el muslo. Y esa camisa abierta. Primer botón, segundo botón, tercer botón. Podía sentirlo…y verlo. Sintió como su rostro enrojecía, y ardía. ¡Cuánto calor hacía en ese lugar!
-
¡Emily! – ese grito de Lily lo despertó, y se puso aún más rojo. Por suerte, nadie había notado su ida y vuelta. Emily se había desabotonado la camisa hasta la unión de los aros del sostén, y mostraba en su pecho una cicatriz formada por dos rayas, una más larga que la otra, que cruzaban su pecho en diagonal.
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Esta es mi cicatriz – explicó Emily – Nunca se las mostré…
Mora y Lily estaban boquiabiertas.
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Con razón no querías cambiarte frente a nosotras – reflexionó Mora – O si lo hacías, lo hacías de espaldas…
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Nadie sabía que existía esa cicatriz… - dijo Remus, bajando la mirada – Lo siento…
Todos miraron a James.
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Bueno…yo sí sabía – dijo. El rostro de Lily se puso del mismo tono que su cabello, y corrió la mirada. – Ya la había visto.
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¿Eso significa que…? – comenzó Peter, pero se calló al notar la mirada asesina de Mora.
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Tenemos que ir a clase – dijo Lily, de repente – ¿Ustedes qué van a hacer?
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Nosotros no tenemos excusa – dijo Emily – Pero Mora y Remus pueden quedarse…después de todo, están heridos, y no creo que Madame Pomfrey los deje salir.
Sirius notó que Emily había salteado su nombre. Él también estaba herido, después de todo. Sin embargo, se encogió de hombros, y volvió a su camilla.
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Yo no voy a ir a clase – dijo. James estalló en carcajadas.
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¡Ese es mi amigo!
Emily bufó, tomó a Lily de la mano, y salió, seguida por James y Peter. James, antes de irse, saludó a sus amigos, y les dijo:
- Más les vale que a la tarde aparezcan, si no se levantarán sospechas – dijo, y cerró la puerta.
El rumor acerca de la cicatriz de Mora se extendió por todo el colegio. Nadie sabía porqué Mora tenía una cicatriz, y que encima, siendo una metamorfomaga, no se quitaba. Los rumores iban desde para fardar, hasta que la había mordido un basilisco gigante de cinco ojos. Claro, nadie imaginaba que había sido un hombre lobo, y menos que era Remus. Remus salió de la enfermería ese mismo día, mientras que Sirius y Mora salieron recién el viernes. Lily suponía que Sirius había utilizado sus encantos para perderse las clases de toda la semana. El viernes por la tarde, ambos aparecieron en la sala común.
-
¡Fin de semana! – exclamó Sirius, tirándose sobre el sillón donde Lily estaba sentada leyendo un libro. Ella bufó.
-
¡Si no hiciste nada en toda la semana! – exclamó. Sirius sonrió.
-
Exacto…ahora me tomo descanso del no hacer nada.
-
¿Haciendo algo? – preguntó Remus suspicazmente Sirius hizo un gesto con la mano, mientras Mora estallaba de risa detrás suyo.
-
No, haciendo menos todavía.
Mora reía a sus espaldas. Sirius levantó la mirada, y vio a Emily, sentada sobre las piernas de James, y abrazándolo con fuerza. No pudo evitar que la imagen creada en la enfermería volviera a su mente, y sintió como su temperatura corporal volvía a subir.
-
Sirius, ¿te ocurre algo? – le preguntó Lily, al ver que este se ponía rojo.
-
No, no – contestó Sirius – sólo tengo un poco de calor…
-
¿Calor? – se extrañó Remus - ¡Sí hoy es uno de los días más fríos del año!
-
Sí, pero… ¡la chimenea está encendida! – contrarrestó Sirius – y…¡Hay un encantamiento de calentamiento que pusieron los elfos domésticos! Se pasaron un poco…
Entonces, Remus estalló en carcajadas, y todos lo miraron. Sirius comenzaba a desabotonarse la camisa, y la risa de Remus lo hizo quitar esa imagen de su mente.
- ¿Remus? – preguntó Mora - ¿De qué te ríes?
Remus negó con la cabeza.
- Cosas mías – dijo, cuando terminó de reír – Sirius... ¿acaso tú…?
Luego negó con la cabeza, mientras continuaba riendo.
-
Nada, nada, yo me entiendo.
-
¿Remus? – preguntó Peter. Remus le apoyó una mano en el hombro, mientras con la otra se agarraba las costillas.
Mora y Lily se miraron extrañadas, luego se encogieron de hombros y continuaron lo que estaban haciendo.
Así pasó el fin de semana. Emily se pasó todo su tiempo enfrascada en sus libros. Ni siquiera le prestaba atención a James, excepto cuando él llegaba para que ella lo ayudase. Lily y Mora se daban cuenta de que algo pasaba, pero el que más lo notaba, era Sirius. El domingo por la noche, Emily se encontraba sentada mirando al vacío, mientras James la rodeaba con sus brazos. Sirius y Remus jugaban al ajedrez mágico, mientras Mora observaba la partida. A su vez, Lily leía por centésima vez El Diario de Emily, y Peter hacía su tarea a último momento.
- Oye, Mora – dijo Emily de repente, sin quitar la vista de la nada - ¿No deberías hacer tu tarea? Dijiste que estabas atrasada…
Mora bufó.
-
Para eso tengo a Sirius máquinadeexcusas Black – dijo. Sirius lanzó un bufido, sin apartar la vista del tablero.
-
Te toca, Remus – dijo.
-
Caballo a F4 – dijo. El caballo se movió, y Sirius resopló.
-
Eso no fue justo – dijo.
-
Sí lo fue. Yo no hago trampas.
-
Para mí que sí.
-
Que no.
-
Que si.
-
Que no.
-
Que si.
-
Que no.
-
Que si.
-
Que no.
-
¡Bueno, basta! – exclamó Mora - ¿Vas a mover, Black?
Emily suspiró, se levantó, y se dirigió al alféizar de la ventana. James la siguió, y se sentó a su lado. Sirius levantó la mirada.
-
¿Qué le ocurre a Emily? – preguntó. Mora se encogió de hombros.
-
No sé…estuvo rara últimamente, ¿no?
Sirius se encogió de hombros.
- Me pregunto qué le ocurrirá… ¿puedes averiguarlo, O’Connor?
Mora asintió.
El lunes por la mañana, una hora antes del almuerzo, se encontraban todos en una clase particularmente aburrida de Transformaciones. Sirius se encontraba sentado junto a Remus, detrás de James y Emily, quienes se encontraban cabeza contra cabeza, hablando en vos muy baja. Sirius se adelantaba para oír, pero a pesar de su oído canino, no lo lograba.
-
¿Por qué no te esfuerzas en escuchar la clase en vez de escuchar conversaciones privadas? – le susurró Remus por la comisura de la boca, mientras tomaba notas.
-
Porque lo que McGonagall diga me interesa poco o nada – contestó él. Luego miró hacia el banco doble que estaba al lado de James, dónde estaban sentadas Lily y Mora, ambas tomando notas.
-
Psst – murmuró. Ninguna de las dos lo oyó. Luego, tomó un pedazo de pergamino, y sacó una pluma.
-
¿Te decidiste a tomar nota? – preguntó Remus.
-
Nah – contestó Sirius, encogiéndose de hombros. – Para eso estás tú, ¿no?
Garabateó algo en el pedazo de pergamino, luego lo abolló y se lo tiró a Mora, que le dio en la cabeza. Vio como ella se llevaba la mano al cuero cabelludo, y se daba la vuelta.
- Abajo, abajo – Sirius señaló el piso, mientras articulaba las palabras. Mora miró al suelo, y vio el pedazo de pergamino. Lo tomó con cuidado, y lo leyó:
¿Descubriste qué le ocurría a Emily?
Mora garabateó algo en el pergamino, y se lo lanzó a Sirius, quién lo atrapó de aire.
No, no le he preguntado.
Sirius bufó silenciosamente, y luego volvió a escribir sobre el pergamino. Esta vez, lo abolló y se lo lanzó a Lily. En aquél momento tuvo más puntería, ya que dio en la mesa, justo debajo de la nariz de Lily. Ella puso los ojos en blanco, y abrió el pergamino.
Trata de oír lo que dicen.
Lily se giró a verlo, y luego miró a James y a Emily. Entonces, se irguió en su asiento, como si estuviera muy concentrada en lo que decía la profesora. Sin embargo, Sirius pudo notar que se iba corriendo hacia la derecha. Se corría, se corría…muy lentamente. En un momento, comenzó a inclinar la silla. Vio como aguzaba el oído. Mora la observaba con cautela. La silla se inclinaba más, y más, y más…
¡PUM!
Todos se giraron a verla. Hasta la profesora McGonagall. James y Emily la miraron, sobresaltados. Lily estaba tendida en el suelo, con todo el cabello rojo revuelto, y hasta se le había roto una pata de la silla. Emily y James se miraron, y rieron por lo bajo.
-
¡Señorita Evans! – exclamó la profesora McGonagall - ¿Qué ocurrió?
-
Nada – contestó Lily, levantándose y acomodándose – Estoy perfectamente.
La profesora McGonagall la miró por sobre sus anteojos, mientras ella arreglaba la silla con su varita, y se volvía a sentar, completamente sonrojada.
-
¡Esperen, esperen! – exclamó la profesora McGonagall al sonar el timbre, cuando vio que todos ya estaban guardando las cosas en las mochilas – Tengo una noticia para darles. Esta tarde, tenemos reunión de profesores, por lo que las clases están canceladas.
-
¡Eso es! – exclamaron Mora y Sirius.
-
¡No puede ser! – protestaron Remus y Lily. Emily rió, y salió del aula, junto a James. Sirius se acercó a la mesa de Lily.
-
Hey, Lily, ¿Pudiste oír algo? – le preguntó. Lily sacudió su pelirroja melena.
-
No, hablaban muy bajo.
Sirius bufó.
- ¡No puede ser! ¿Osea que te caíste para nada?
Lily lo miró furiosa.
-
¿Encima que te hago un favor, y me humillo frente a todos, no me lo agradeces?
-
Es que tu humillación no sirvió para nada – Sirius se encogió de hombros, mientras Lily bufaba y salía del aula, con Mora detrás, muerta de risa. Remus negó con la cabeza.
-
Vamos, Canuto – dijo, y salió del aula, mientras Peter los seguía.
Emily se encontraba sentada sobre las piernas de James, apoyada sobre su pecho, mientras él la rodeaba con sus brazos, a la sombra de un árbol. Hacía frío, pero a ninguno de los dos les importaba. Sólo sentían la brisa golpeando contra su rostro, y sus cabellos revueltos al viento. Emily observaba el lago, y pensaba en lo que estaban a punto de hacer. No sabía si se sentía capaz de decirle todo a Lily, pero…algún día tendría que hacerlo.
- ¿James? – llamó. El aludido hizo un sonido con la boca, para hacer entender que la estaba escuchando – Te quiero…
Sintió como James le besaba la cabeza.
-
Yo también, Mily…
-
Te quiero mucho – insistió ella. Hasta podía ver la sonrisa que se estaba formando en los labios de su novio. Él tampoco estaba seguro de lo que iban a hacer.
-
Lo sé, Mily…yo también te quiero mucho.
Emily se dio vuelta, para unir sus labios con los de él.
-
Hey, Sirius, te juego un ajedrez – le dijo Mora, después del almuerzo, mientras entraban a la Sala Común.
-
Venga, vamos – dijo Sirius. Lily y Remus se sentaron espalda contra espalda, cada uno con un libro. Peter, por su lado, se sentó a observar la partida. Mientras Mora preparaba el tablero, y Sirius observaba, el retrato volvió a abrirse, y entraron James y Emily de la mano. Ambos se acercaron a donde estaban sus amigos.
-
Tenemos algo que decirles – dijo Emily.
-
Importante – dijo James.
Todos los miraron con curiosidad. Emily y James se miraron, y suspiraron.
-
Terminamos – dijeron a coro. Todos se quedaron mudos. Mora fue quién rompió el silencio.
-
Terminaron… ¿qué? – preguntó - ¿La tarea? – sonrió - ¿Me la pasan?
Emily bufó.
-
¡No, tonta! – dijo – Terminamos…nuestra relación.
-
¿¡QUÉ!? – saltaron Sirius y Lily a la vez. El primero, al levantarse, tiró todas las piezas del ajedrez.
-
¿Cómo que terminaron? – exclamó Lily.
-
¡Si se querían mucho! – exclamó Sirius.
-
¡No pueden terminar así!
-
¡No pueden terminar de ninguna forma!
Emily negaba con la cabeza, aún tomando con fuerza la mano de James.
-
Chicos…no ha funcionado – dijo – Simplemente no…
-
No insistan – pidió James- Emily lo besó en la mejilla, y salió corriendo hacia la escalera que daba a los dormitorios de las chicas. Lily se quedó un instante boquiabierta, y luego la siguió.
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Yo…debería ir… ¿no? – preguntó Mora. Los demás la miraron. Ella negó con la cabeza y fue detrás de sus amigas, murmurando: - No entiendo nada.
James se dejó caer sobre un sillón. Sirius, quién se había quedado paralizado delante de él, comenzó su protesta.
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¿James, cómo puedes hacer esto? ¡Se querían demasiado! ¡Ya tenían tres meses juntos! ¡Se adoraban! ¡Estaban todo el tiempo juntos! ¿Qué quieren lograr con esto? ¡No entiendo nada! ¿Por qué terminan? ¿Qué ha pasado? ¿Se pelearon? ¿Se enojaron? ¿Qué ocurrió? Yo…
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Sirius – lo interrumpió James - ¿Nunca te has dado cuenta que ella está perdidamente enamorada de ti?
Sirius abrió los ojos por la sorpresa, y luego se llevó una mano al pecho. Se tuvo que sentar para no caerse. Claro que él lo sabía…pero nunca se lo habían dicho directamente. Se sentía miserable. ¿Era él el que había arruinado la relación de su mejor amigo?
- No entiendo… - dijo entonces – No entiendo nada…
Remus y Peter los observaban expectantes. James apoyó una mano en el hombro de su amigo.
- Déjame que te cuente – dijo.
Emily llegó al dormitorio, y se tiró sobre la cama. Lily y Mora aparecieron instantes después.
- ¿Se puede saber qué ocurrió allí abajo? – saltó Lily - ¿Por qué terminaron? ¡Se los veía tan felices, tan enamorados!
Emily dejó escapar una risa sarcástica.
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Enamorados…enamorados de otros – dijo. Mora se había apoyado en el marco de la puerta, y las miraba incrédula.
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¿Pero qué pasó? – preguntó Lily - ¿Qué ocurrió, para que terminaran así como así? ¿Fue él? ¿Fuiste tú? ¿Fuimos nosotros?
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Fue mutuo – contestó Emily. – Lily…por favor…no finjas que estás triste. Sé que te alegra muchísimo que James y yo hayamos terminado. Y entiendo.
Lily suspiró, y se sentó a su lado.
- Es verdad – dijo – a mi me gusta mucho James. Pero más me gusta verte feliz. Y romper con el novio nunca pone feliz a nadie, y si eso te hace triste, a mí también, aunque ese chico sea el chico que me vuelve loca. ¿Qué fue lo que ocurrió?
Emily sonrió.
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Oí tu conversación con Hagrid… - a Lily le dio un vuelco el corazón. ¿Acaso había sido su culpa?
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Yo, Emily…
Emily negó con la cabeza.
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Pero no fue eso. – Lily arqueó las cejas – Fue…ambos nos dimos cuenta de que no podíamos seguir juntos si sabíamos que amábamos a otros.
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No entiendo… - murmuró Lily. Emily suspiró.
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¿Me dejas que te cuente todo?
Lily asintió, y se cruzó de piernas sobre la cama.
- Soy toda oídos – contestó. Y Emily comenzó su relato.