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Historia 27506 — capítulo 32

A la mañana siguiente de la fiesta, me levanté muy temprano. Después de sólo dos horas de sueño. No pude volver a dormir, ya que aún recordaba el por qué me había despertado sobresaltada. Había soñado con Sirius. Con su aroma, con su tacto, con sus labios. No quería volver a llorar. Ya me había deshidratado la noche anterior. Hasta aún sentía como me ardían los ojos. Me levanté, me cambié, preparé mi valija y bajé a la cocina. Sólo Azora estaba allí.

  • ¿Cómo se encuentra, señorita? – me preguntó con su voz dulce.

  • Bien, Azora, gracias – le mentí. ¿Qué podía decirle? El recuerdo de la noche anterior aún me atormentaba.

  • ¿Va a desayunar algo? – me preguntó. Me sorprendió que me preguntara eso a las cinco de la mañana, pero qué le iba a hacer. Negué con la cabeza. No podía tragar nada. No me sentía capaz. Tampoco podía esperar a que amaneciera. No podía esperar a que Sirius bajara, y me saludara como lo hacía todas las mañanas desde hacía ocho semanas. No lo soportaría.

  • Azora, ¿me harías un favor? – le pregunté. Azora me observó con esos grandes ojos como pelotas de tenis, y me sonrió con ternura.

  • Por supuesto, señorita – me contestó. Suspiré.

  • ¿Les dejarías un mensaje a Dorea y a Charlus? – pedí – Diles que ya me fui a la estación…despídeles por mí, ¿sí? Que muchas gracias por todo, que me la he pasado genial, y que encontraré alguna forma de pagarles por todo lo que han hecho por mí.

Azora hizo una reverencia y me volvió a sonreír. Me di cuenta de que iba a extrañar aquella casa…pero era mejor irme en ese momento. Tomé mi valija, cerré los ojos, y me aparecí en la entrada de la estación de King’s Cross. Miré la hora, y me di cuenta de que faltaban aún seis horas para que saliera el tren. No, cinco y media en realidad. El caso es que aún faltaba mucho, y a decir verdad, no me interesaba nada la idea de ir y meterme entre toda esa deprimente gente que se empuja entre sí, que está nerviosa y aumenta la tensión del ambiente, así que dejé mi valija y me senté en la acera. Puse mis codos sobre las rodillas, mi pera sobre las manos, y me instalé a observar el amanecer. A pesar de todo, continuaba soñando con él. Todo me afectaba demasiado. Mucho más de lo que yo esperaría. Tenía un nudo en la garganta, una opresión en el pecho y una piedra en el estómago. Pero, por sobre todas las cosas….me dolía el corazón. Me dolía mucho el corazón.

Entonces, fue cuando oí sus pasos, pero no me fijé en ellos. Seguramente imaginé que eran más viajantes, yo qué sé. No les presté demasiada atención tampoco. Hasta que oí una voz familiar a mis espaldas que decía:

  • ¿Me puedo sentar?

James no esperó la respuesta, y se sentó a mi lado. No me importó realmente. Tampoco me sorprendí de verlo allí a las cinco y media de la mañana, cosa que en este momento me habría sorprendido mucho. No le prestaba atención al mundo exterior. No me importaba nada.

  • ¿Estás bien? – me preguntó con sutileza. No contesté, y continué con la vista fija en el horizonte. El “no me importaba nada” incluye también los buenos modales. No recordé que James, por ese entonces, era mi amigo. Sentí su mano apoyarse en mi rodilla, y acariciarla suavemente. Luego, sentí a mi lado su suspiro.

  • Parece que ninguno de los dos tiene buena suerte en el amor.

“¿Amor? ¿Quién habló de amor?”. Eso fue lo que pensé en ese momento. Él no entendía. Nadie entendía lo que me estaba ocurriendo. Él no sabía nada de lo que me pasaba. Sin embargo, no estaba de humor para discutir, así que suspiré y me limité a contestar:

  • Sí.

Ninguno de los dos habló por un buen rato. Pero no fue un silencio incómodo. Ambos estábamos sumidos en nuestros propios pensamientos, en nuestros propios recuerdos. El de la noche anterior aún me mantenía prisionera, y no me sentía capaz de encontrar la llave. Con sólo recordar el tacto, la sensación de sus labios contra los míos, superpuestos el uno contra el otro…el sentimiento de dicha que me había hecho sentir…no pude evitarlo, y dejé escapar una lágrima. Un mar de lágrimas. Oculté mi rostro entre las manos, pues me había dicho a mi misma que no volvería a llorar, y estaba rompiendo mi propia promesa.

  • No llores… - oí que James me susurraba, mientras me ponía una mano en la espalda. Entonces, en ese momento, me di cuenta de cuanto lo necesitaba. De cuanto necesitaba que él estuviera allí, para ayudarme, para calmarme, para consolarme.

  • No entiendes… - murmuré. Mi voz salió más ronca de lo que esperaba. Miré a James, y noté la profunda preocupación que emanaban sus ojos color chocolate. Supe, en ese momento, que podía confiar en él – No entienden…lo que Sirius me hizo anoche es imperdonable. No puedo hacer como que nada pasó, y volver a empezar de cero, porque él jugó conmigo, con mis sentimientos, con mi corazón. Me utilizó como a un juguete, y aquella era la razón por la que no quería acercarme a él. Pero sólo…sólo cuando empecé a confiar en él, él traicionó mi confianza.

James continuaba mirándome callado, pero su expresión se había tornado melancólica. Sólo se limitó a acariciar mi cabello, y a juguetear con mis mechones. El labio le temblaba.

  • Lo lamento… - susurró. Yo negué con la cabeza.

  • No lo lamentes, James… - le dije – No tienes por qué. Además, lo hecho, hecho está. Pero… - las lágrimas volvieron a brotar. Me estaban traicionando. - ¿Cómo puede ser que me haya hecho eso? ¿Cómo es que aún no se entera de todo el daño que me hace, porque…porque yo… - mi voz se cortó, y me apoyé en el pecho de James. Él me rodeó con sus brazos. Mi voz allí iba a ahogarse, por lo que me sería más fácil admitirlo si se oía menos - …lo amo? ¿Cómo puede ser que me trate como a un juguete, que me use, que me de falsas esperanzas? ¿De verdad creyó que iba a dejárselo pasar?

Sentí el índice de James apoyándose en mi mentón, y me levantó el rostro. No quería que me viera de esa forma, así que trate de escapar, pero él no me dejó, y me tomó las mejillas con sus manos. Mis ojos estaban rojos y llenos de lágrimas, que caían por mis mejillas, y mis labios temblaban. Creo que hasta mi nariz estaba roja, pero no estoy segura, ya que no me vi. James me miraba a los ojos. Con el pulgar, me enjugó suavemente las lágrimas. Yo no podía quitar mi mirada de la suya. Sentí su rostro a pocos centímetros del mío. Nuestras narices se cruzaban. Entonces, me besó. Y yo…se lo seguí. Primero, comenzó bien suave. Luego…él abrió la boca un poco más, y se volvió más apasionado. Allí estábamos los dos, sentados en la acera, él con sus manos sobre mis mejillas, yo con las mías apoyándome en el asfalto, boca contra boca, labios entrelazados. No sé cuánto tiempo estuvimos allí. Pudo haber sido un minuto, o un día entero. No lo sé. El tiempo no pasaba para mí. Entonces, abrí los ojos, y lo vi. Vi que era James, no Sirius. Y vi que yo…era yo, y no tú. Puse mis manos sobre su pecho, y lo empujé suavemente.

  • No, James… - murmuré sutilmente, bajando la mirada. – No deberíamos dejarnos llevar.

James suspiró, y se alejó.

  • Tienes razón – admitió – Lo siento. Fue…un impulso momentáneo.

Asentí con la cabeza, y volví a mirar el horizonte. El sol ya había salido. La cantidad de gente por la calle iba aumentando. Comenzaban a oírse las bocinas de los autos.

  • Tengo que…confesarte algo – dijo James después de un rato – Yo tenía preparado un discurso para ti. Digo, para ayudar a mi amigo. Pero…cuando llegué aquí, me di cuenta de que no podía decirlo. No sólo porque tenías razón…si no porque a cada segundo que pasaba a tu lado me sentía más atraído por ti.

Lo miré, incrédula. No podía estar oyendo aquello. Es decir…toda la vida él había estado perdidamente enamorado de ti. No de mí. De ti. Y aquello era lo que estaba bien. Entonces, ¿por qué me estaba diciendo aquello? ¿Qué tramaba? No podía ser nada bueno. Mi mirada de sorpresa se tornó en desconfianza. James pareció notarlo, ya que agregó:

  • ¡No me malinterpretes! Yo a Lily la amo, con todo mi corazón…si es que tengo uno.

No pude reprimir una sonrisa. Débil, pero una sonrisa. Punto para James: me había hecho reír en un momento como aquél. Él se encogió de hombros, pero sonrió sinceramente al darse cuenta de lo que había logrado.

  • Tú eres mi amiga, y te aprecio mucho – continuó – Pero la pura verdad, es que Lily no me da ni la hora. De hecho, no me quiere ver ni en cromos de rana de chocolate. Ya la viste la noche anterior – suspiró con tristeza – Y al verte hoy aquí, tan débil, tan triste… - volvió a suspirar. Supuse que se debatía en continuar hablando o mantener el anterior silencio. – Emily, ¿qué sientes tú al verme?

La pregunta me tomó realmente por sorpresa. Nunca lo había pensado. Nunca se me había ocurrido pensarlo, realmente. ¿Qué sentía yo por James? Era mi amigo, sólo eso. Un buen amigo, que había estado allí cuando yo lo necesitaba. Sí, era mi amigo. Pero un amigo al que yo había besado. ¿Es eso normal? Al menos no para mí. Sentí como me estremecía al recordar el tacto de sus fríos labios secos contra los míos. Tal vez sí me gustaba…algo. Pero luego recordé el beso de Sirius, la noche anterior, y me estremecí aún más. Aparté mi mirada de los ojos castaños de James, y él también lo hizo.

  • No lo sé, James… - mi voz salió algo agresiva. Aquél día, definitivamente no podía controlar mis tonalidades. – Estoy confundida. Sé que sigo amando a Sirius – la palabra “amando” me costó bastante, para serte sincera – a pesar de todo, pero todo el enojo, la furia, la pena, y la dicha que me hizo sentir anoche…lograron que mis sentimientos… - me esforcé en encontrar la palabra correcta – …se doblen. Y luego, para hacerlo aún más difícil, si es que se puede, llegas tú.

Hice una pausa, esperando la respuesta de James. Pero lo único que oí fue un simple suspiro.

  • Tal vez…no seamos tan diferentes – murmuró. Negué con la cabeza.

  • Nunca creí que fuéramos diferentes, James.

Sentí el roce de sus dedos por mi mano izquierda. No pude evitar mirarlo, pero inmediatamente me arrepentí: me quedé hipnotizada, con los ojos fijos en esa mirada color almendra tan atractiva. Sólo al darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, aparte la vista. ¡No, no, no! ¡No podía dejar que eso ocurriera! ¡No podía hacerte eso, Lily! Te quiero demasiado. Sencillamente, no me creía capaz. Pero entonces lo descubrí. Encontré la solución. Se me ocurrió, recién entonces. Miré a James, quién me observaba expectante. Mis expresiones debieron de haber cambiado a medida que mis pensamientos pasaban, ya que me observaba con curiosidad.

  • No me parece tan mala idea que comencemos a salir – le dije. James arqueó las cejas, luego sonrió y se apoyó en sus manos.

  • Técnicamente no estamos mintiendo – dijo, casi más para convencerse a si mismo que a mí. Por suerte, James era rápido para comprender. – Ambos sabemos que esto lo estamos haciendo por ellos, pero sentimos atracción el uno por el otro.

  • No estamos mintiendo, James, estamos… - traté de encontrar un término que se ajustara a la situación - …manipulando la realidad.

James sonrió aún más ampliamente. Luego se levantó sin esfuerzo alguno, y estiró su mano.

  • ¿Qué haces? – le pregunté, confundida. Él continuó con su brazo estirado y su sonrisa seductora.

  • Debemos practicar – se limitó a contestarme, como quién está anunciando que el sol sale por el este. Fruncí el ceño, ya que “practicar” no era lo que yo esperaba. Sin embargo, tomé su mano para que me ayudara a levantarme y lo seguí, mientras él llevaba tanto mis valijas como las suyas hasta el andén 9 y ¾. Al pasar por la barrera, me di cuenta de que el andén estaba vacío. Sin embargo, el tren estaba allí, esperándonos.

  • Ven – James me hizo un gesto con la mano, y lo seguí hasta adentro. Me guió hasta un compartimento vacío, el primero después del de los prefectos. Él dejó las valijas y se sentó. Yo lo imité. Estuvimos un rato en silencio, en un silencio incómodo esta vez, hasta que me decidí a preguntar:

  • ¿Y?

James levantó la mirada.

  • Esto…deberíamos besarnos – me dijo. La situación era patética. Sin embargo, yo asentí.

  • Eh…si, deberíamos – le dije. Él cerró los ojos, frunció los labios, y comenzó a acercarse a mí. Yo hice lo mismo, rezando porque nadie estuviera tan impaciente por ir a Hogwarts como para venir al tren a las seis y media de la mañana. Lentamente – y por lentamente quiero decir LENTAMENTE – me fui acercando a James. Después de lo que más o menos fueron tres horas – ¡Es una forma de decir! – logré llegar a los labios de James. Los rocé, y nos separamos rápidamente – claro, porque para separarnos sí éramos rápidos… -, cada uno por su lado.

  • Volvamos a intentarlo – pedí. James asintió. Y volvimos a intentarlo. Pero no lo lográbamos. Nos sentíamos demasiado incómodos. Antes había logrado meterle la lengua hasta la garganta - ¡Es una forma de decir, Lily, no me mires así! – y en ese momento no podía ni tocarlo. Aunque, hay que admitir, que una cosa es un impulso momentáneo, y otra cosa es saber que vas a besar a James Potter. Después de unos cuántos intentos, me cansé, y golpee el asiento con los puños.

  • ¡Esto no está funcionando, James! – exclamé, mirando hacia cualquier lado menos a él - ¡No podemos hacerlo así! ¡No podemos decir que estamos saliendo si ni nos podemos tocar! ¡Tenemos que arreglar esto, o…!

Iba a decir desistir, pero entonces fue cuando lo miré a James y él se abalanzó sobre mí. Sentí la misma sensación que cuando lo había besado antes, y cuando me di cuenta, había cerrado los ojos y me estaba dejando llevar. Él tomo mis manos y las ubicó en su espalda, para luego poner las suyas sobre mis mejillas. Lentamente, él fue soltando el peso de su cuerpo, y yo me fui acostando sobre el asiento, mientras me aferraba con fuerza a su cuerpo. Después de un largo rato de “práctica” – no es gracioso – James se separó un centímetro de mí, simplemente para respirar. Ninguno de los dos quitó su posición, y recién entonces me di cuenta de que mi cabeza estaba apoyada sobre el asiento, y el cuerpo de James estaba completamente sobre el mío.

  • ¿Estuvo bien? – susurró. Yo sonreí.

  • Perfecto.

No podía dejar de mirarlo. James, al oír mi respuesta, sonrió ampliamente.

  • ¿Qué hiciste para lograrlo? – le pregunté. James miró hacia otro lado.

  • Imaginé que eras Lily.

Yo sonreí débilmente. Debí de habérmelo imaginado…pero por alguna razón, no me molestaba. Si eso iba a lograr que todo saliera bien, pues perfecto.

  • ¿Seguimos o me corro de encima de ti? – preguntó James. Yo no pude evitar reírme.

  • Mejor estemos seguros de que podemos hacerlo – contesté. Pude ver la última sonrisa de James, antes de volver a lo que estábamos haciendo.

No sé como fue que pasamos tantas horas allí, el caso es que se hicieron las once. Y el tren comenzó a andar.

  • James…tienes que irte a la reunión de Premios Anuales – le dije. Fue ahí dónde te lo encontraste, Lily. ¿No lo notaste raro? El caso es que él, con bastante dificultad porque estaba empezando a gustarle – ya conoces su fama…no es que estar con una chica, sea quién sea, le disguste…sobre todo si imagina que eres tú – se levantó y me dijo, antes de salir:

  • No te muevas de aquí. Yo volveré.

Y lo esperé. Lo esperé sentada, leyendo El Diario de Emily, que por cierto, aún no me has devuelto. ¡Lo quiero de vuelta, Lily Evans! Me fui del tema, lo siento. El caso es que lo esperé. Lo esperé como una hora…hasta que volvió.

  • Evans está preocupada por ti – me dijo entonces. Yo asentí. Imaginé que si no me veían se preocuparían, así que le dije:

  • Entonces vamos. Tus amigos deben de estar igual.

Él asintió, y ambos salimos hacia el corredor, tomados de la mano. Cuando llegamos al compartimento dónde estaban ustedes, le dije:

  • Aquí estamos… ¿estás listo para decirlo?

James asintió.

  • Totalmente.

Me di la vuelta, pero cuando lo hice, James me tomó por la cintura y me volvió a besar. Rápido, pero apasionado.

  • Ahora sí puedo irme – me dijo, y se alejó. Yo suspiré, y abrí la puerta. Y allí estabas tú parada. Puse mi mejor cara de felicidad, y entré. Siempre he sido una buena actriz. Pretender que todo me daba igual se me dio bastante bien… ¿no?

Quiero que entiendas, Lily, que yo nunca salí con James por venganza. Ni tampoco fue un plan para hacerte sentir celos, ni a Black tampoco. Ambos estábamos de acuerdo con eso: queríamos probar. Probar qué se sentía salir con una persona que si nos quisiera por lo que somos. Tener la seguridad de que con esa persona sí puedes llegar a tener un futuro. Pero…eso no funcionó. Nos queríamos mucho, sí. Nos sentíamos atraídos el uno por el otro. Pero no nos amábamos. Y saber que amábamos a otros fue lo que nos hizo caer. Lo siento, Lily.