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Historia 27506 — capítulo 33
Lily se quedó boquiabierta. Emily bajó la mirada.
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Lo siento, de veras – dijo. Lily negó con la cabeza.
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No tengo nada que perdonarte – dijo – Me enfadaría si hubieras salido con James para vengarte, o para darme celos…pero no fue así. Ustedes se querían realmente. Y si se querían realmente, la que lo siente soy yo. Lamento haber desconfiado de su relación. Pero por sobre todo, lamento haber desconfiado de ti. ¿Me perdonas?
Emily sonrió, y se abalanzó sobre ella. Lily le devolvió el abrazo.
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Te adoro, Emily – le dijo. Emily rió nerviosamente.
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Yo más – contestó. Mora, desde la puerta, suspiró.
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La verdad es que es para partirles un libro en la cabeza, a ambos – dijo. Lily estalló en carcajadas, mientras Emily se ponía roja. Mora sonrió – Pero ya todo pasó, y…me alegra que fueras lo suficientemente valiente como para contar esta historia, sobre todo frente a mí, que sabías que en cualquier momento iba y te asesinaba.
Emily rió. Lily se levantó.
- Voy a…abajo, a pensar un rato – dijo. – Es verdad que ya ha pasado, pero…necesito asimilar que todo esto me pasó a mí.
Emily asintió, comprensivamente. Mora también, y se tiró sobre su cama. Lily se levantó, se acomodó la falda, y salió. Al bajar a la sala común, notó que estaba vacía. Los chicos debían de haberse ido al dormitorio a hablar en paz. Imaginó que James les había contado la misma historia a sus amigos. Se preguntó cómo se sentiría Sirius. ¿Pensaría lo mismo que ella acerca de lo ocurrido? ¿O, después de todo, tendría una opinión completamente diferente? Ella no le había mentido a Emily. Ella se sentía muy feliz de que Emily hubiera salido con James porque le gustaba, y no se hubieran utilizado el uno al otro. Era verdad que antes había sufrido mucho, pero en ese momento se sentía plenamente feliz, sobretodo porque Emily se había sincerado y ya estaba enterada de todo lo ocurrido. Ya no sentía esa opresión en el pecho por tener esa duda de por qué estaba ocurriendo una situación tan extraña. Se sentía…completa. Seguramente luego le preguntaría a Sirius qué opinaba.
Estaba tan sumida en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que sí había alguien en la sala común. Cuando se asomó por el sillón rojo frente a la chimenea, se sobresaltó al ver a James. Él no pareció notar su presencia. Miraba hacia la chimenea, muy serio, y el danzante fuego se reflejaba en sus anteojos redondos. Lily se sentó a su lado, y entonces él se dio cuenta de su presencia.
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¿Les contaste a los demás lo ocurrido? – preguntó. James asintió, y volvió a mirar al fuego. - ¿Qué dijo Sirius?
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Aún no asimila – contestó James con voz ronca. – Pero…se lo ha tomado bastante bien. Tú… ¿estás enojada?
Lily se sorprendió por la pregunta. Pero luego negó con la cabeza.
- No puedo enojarme, James – sí. Le había dicho James. En cualquier otro momento, James hubiera reaccionado con euforia. Sin embargo, en ese momento, no se inmutó. Simplemente continuó mirando hacia delante – De hecho…me parece muy…bien lo que hicieron. Ambos sólo querían saber lo que se siente que alguien los quiera. Supongo que yo tengo algo de la culpa…lo siento.
James negó con la cabeza.
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No puedo obligarte a que me quieras, Lily – le dijo. A Lily se le encogió el corazón, pero continuó.
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Pero podría haberte tratado un poco mejor – dijo. Luego, al ver que él no contestaba, ella también miró al fuego. Después de un rato, se decidió a volver a hablar – Lamento lo de la fiesta.
James la miró incrédulo.
- Sé que solo querías ayudarme – continuó Lily – Pero…me agarró un ataque. Entiende que mi relación con Severus es algo…delicada. Solíamos ser muy amigos… ¿recuerdas?
James asintió, sonriendo con nostalgia.
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Y supongo que también recuerdas ese día en quinto…fue cuando me enojé con él… y bueno, el otro día, me sacó de mis casillas. Ya estaba algo tensa, porque había estado en una situación humillante… - bajó la mirada, y James no pudo evitar sonreír - Y luego apareciste tú. Y…te metí en el medio, como si tú tuvieras la culpa de todo. Bueno, algo de culpa tenías…
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¿Yo? – protestó James - ¿Por qué yo?
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Porque te pareces demasiado a tu primo – se burló Lily. James le sacó la lengua, y giró la mirada, haciéndose el ofendido. Lily rió por lo bajo, y luego suspiró.
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¿Podríamos empezar de cero, como si recién nos conociéramos? – pidió. James volvió a mirarla – Quiero llegar a llevarme bien contigo. Se que has cambiado, y me gustaría conocer a este nuevo James.
James sonrió, y estiró su mano.
- James Potter, un placer. ¿Su nombre…?
Lily rió por lo bajo, y luego se la estrechó.
- Lily Evans.
James se hizo el sorprendido. Luego sonrió.
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Qué bonito nombre, Lily – dijo. Ella sonrió, algo avergonzada.
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Gracias. – contestó. Luego, James volvió a mirar al fuego, en la misma posición que al principio. Lily lo imitó.
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¿Qué tiene de tan interesante el fuego? – preguntó, curiosa. James soltó una carcajada.
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Mucho – contestó. – Te recomiendo que algún día vengas, y te instales aquí a mirar el fuego.
Lily asintió, y se levantó.
- Bueno…nos vemos luego, James – dijo – Iré a buscar mis cosas para hacer mi tarea… ¿Quieres ayudarme?
James escondió el rostro entre las manos, y negó con la cabeza.
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¡No, tarea no! – dramatizó. Lily rió, se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras de las chicas.
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Lamento todos estos años de prejuicio – murmuró antes de desaparecer. James miró hacia atrás, y sonrió con sinceridad, antes de pararse sobre el sillón y comenzar a saltar de alegría.
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¡Sí! – gritaba, mientras saltaba de un sillón a otro, dando el baile de la victoria - ¡Lily no me odia! ¡Lily no me odia!
Continuaba saltando, cuando Sirius bajó las escaleras de los chicos. Se quedó un instante observándolo, hasta que James notó su presencia, y volvió a ponerse serio, mientras se bajaba del sillón.
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No preguntaré – dijo Sirius.
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No lo hagas – contestó James. Sirius se encogió de hombros.
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¿Es momento para hablar? – preguntó. James negó con la cabeza.
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En diez minutos, ¿puede ser? – dijo. Sirius asintió, y volvió a subir, mientras James volvía a sonreír y a saltar por los sillones.
Mora bajaba las escaleras de las habitaciones de las chicas, aún sin poder creer todo lo que estaba ocurriendo. Tenía ganas de cortar a Emily en trocitos, y a la vez de abrazarla con fuerza. No sabía que sentía. Si, sí lo sabía. Sabía que no debía meterse en aquello. ¡Pero todo la ponía tan nerviosa! Sin embargo, sabía que todo se le pasaría…una vez que todo saliera como ella quería. Y lo que ella quería era que Lily comenzara a salir con James, y que Emily perdonara de una vez por todas a Sirius y pudieran tener una relación. Recién entonces, ella sería feliz.
- ¿Aún quieres matarlos?
Mora se dio la vuelta, sobresaltada. Remus estaba apoyado contra la pared que separaba las dos escaleras, con los brazos cruzados y las cejas alzadas. Mora se llevó una mano al pecho, y suspiró aliviada.
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Me asustaste, Remus – dijo. Remus sonrió.
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Es mi especialidad.
Mora le devolvió la sonrisa, se acercó a él y rodeó su cuerpo con los brazos. Remus le devolvió el abrazo.
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¿Adónde ibas? – preguntó Remus.
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Quería dar un paseo, antes de mi reunión con Dumbledore…
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Ah, es cierto, que quedaron para hoy…
Estuvieron un instante en silencio, abrazados, mientras él le besaba el cuero cabelludo.
- Esto es extraño… - confesó Mora – Pero hay algo que me preocupa aún más.
Recién en ese momento se daba cuenta. Remus la miró con curiosidad.
- ¿Qué ocurre?
Mora dudó. Pero finalmente se decidió a hablar.
- Hay algo que quieres contarme hace bastante, pero siempre nos interrumpen. ¿Puedes decirme qué es de una vez por todas?
Remus se sorprendió, pero luego suspiró. Tomó a su novia por la muñeca, y la guió hacia fuera.
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Ven – le dijo, mientras salían por el retrato, y la guiaba por los pasillos del castillo.
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Bien, aquí estoy – James entró al dormitorio de los chicos, donde Sirius estaba tirado sobre la cama, mirando al techo. - ¿Y los demás?
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Peter se está duchando – contestó Sirius - Y Remus…salió.
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Perfecto – dijo James, y se sentó con las piernas cruzadas en la misma cama que Sirius - ¿Qué querías decirme?
Sirius se incorporó con un suspiro.
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Quiero pedirle disculpas a Emily – declaró – Pero…no sé como. ¿Tú, que has estado saliendo con ella durante tres meses, podrías ayudarme?
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Se acerca Navidad – dijo James – Podrías hacerlo con un buen regalo.
Sirius bajó la mirada.
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Pero no sé qué comprarle.
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No hace falta que le compres nada – contradijo James – Simplemente tiene que ser algo que ella sepa que sale de tu corazón. – Miró hacia el techo – Lo siento, salió muy cursi.
Sirius estalló en carcajadas.
- No te preocupes – contestó al fin.
Ambos se quedaron un rato pensativos. Peter salió del baño, y los vio a ambos sentados con expresión pensativa, así que se encogió de hombros, se cambió y se sentó en la cama de James.
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¿Qué hacen? – preguntó.
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Pienso en qué puede gustarle a Emily por navidad. – contestó Sirius - ¿Qué puede gustarle? ¿Qué cosas le gustan a Emily?
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Eso deberías saberlo – sonrió James – Emily es una gran fanática de las manzanas, por ejemplo. O de los perros.
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Bueno, puedo regalarme a mi mismo con una manzana en la boca – reflexionó Sirius. Peter y James estallaron en carcajadas.
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No creo que eso sea lo que ella espera – admitió Peter – Yo siempre veo a Emily con un collar, un anillo, una pulsera... todos los días uno distinto, pero siempre algo.
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¡Eso es, Colagusano! – exclamó James - ¡Emily adora los accesorios! Cualquier cosa que ella se pueda colgar, le encantará.
Sirius reflexionó mucho acerca de esa información. Luego, levantó una mirada de sorpresa, y de felicidad.
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¡Lo tengo! – exclamó. Peter y James se miraron, y sonrieron.
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Aquí estaremos bien – dijo Remus, al llegar al límite del bosque prohibido. – No te preocupes, será rápido, así que llegarás a tu reunión.
Mora lo observaba expectante. No le importaba que estuvieran en los límites del bosque prohibido. No le importaba llegar tarde. Sólo quería saber aquello que Remus llevaba ocultándole desde hacía meses. Remus la tomó por el antebrazo y la apoyó contra un árbol, de forma que ella estuviera bien oculta. Luego, él se acercó a ella, tratando de que su cuerpo tampoco se viera.
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Bien, aquí estamos – dijo. Se lo veía muy nervioso. Temblaba. Mora le puso una mano en la mejilla y le sonrió, para demostrarle que todo estaba bien. Él le devolvió la sonrisa, aunque débil.
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Escucha – dijo – Recuerdas el día en que estabas cocinando cookies, ¿verdad?
Mora asintió.
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Te conté la historia de mi madre. – recordó Remus – y luego me preguntaste de quién era la otra habitación, y no te quise contestar.
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Recuerdo – lo incitó Mora.
Remus se mordió el labio.
- Quiero que sepas que esto no se lo he contado a nadie…ni siquiera a Sirius, James y Peter. Sólo tu vas a saberlo. – aclaró. Mora volvió a asentir. - Bueno, la otra habitación era de…mi hermana.
Mora se quedó boquiabierta. ¿Remus tenía una hermana? No la recordaba. Estaba a punto de preguntarle quién era, cuando cayó. El mundo se le vino abajo. Y comprendió. No necesitó oír la historia de Remus, aunque él se la contó de todos modos.
- Yo tenía una hermana…era dos años menor que yo – comenzó Remus con un suspiro – Era como…mi mejor amiga. Ambos fuimos criados en primaria muggle, aunque yo…no tenía muchos amigos. Todos me consideraban raro. Supongo que es lo que se espera cuando uno es brujo, tiene cinco años y está yendo a un jardín de infantes muggle. El caso es que a mi hermana le pasaba lo mismo. Yo la adoraba. Jugábamos siempre juntos. Claro, era mi hermana. Hasta que…me mordió Greyback. Fenrir Greyback es el hombre lobo que me transformó. Y cuando mi madre se fue…se llevó a mi hermanita. Eso es lo que nunca le perdoné a mi madre. Mi padre nunca se repuso de aquello. Aún recuerdo aquél día de lluvia…mi hermanita tenía cuatro años. Yo allí afuera, bajo la lluvia, observando como el auto de mi madre se iba con ella, las valijas y…mi hermana.
Mora tragó con fuerza. No tenía ni idea. Se imaginaba cuánto debía de sufrir Remus al recordarla. Quería abrazarlo, demostrarle cuánto lo apoyaba. Y eso hizo. Remus le devolvió el abrazo.
- Ya han pasado doce años, y nunca volvía verla – continuó – Pero aún la recuerdo como si hubiera sido ayer. Esa mirada color avellana, ese lacio cabello rubio castaño, esa sonrisa animosa…se parecía mucho a ti, de hecho. Bueno, a ti antes de que cambiaras de aspecto. Es por eso que la primera vez que te vi…
Mora lo abrazó aún con más fuerza. No tenía ni idea de qué hacer, y por eso lo abrazaba. Sólo podía demostrarle su cariño.
- No quiero que sufras por mí, yo ya lo he superado – dijo Remus – Por eso no quería decírtelo. Pero luego…me pareció que no correspondía tener secretos contigo. Que debías saberlo.
Mora asintió, y levantó la mirada.
-
Gracias por contármelo – dijo. Remus sonrió, y le besó la cabeza.
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¿Quieres que te acompañe a tu encuentro? – preguntó. Mora sonrió feliz.
-
¡Por supuesto! Y si al viejo le molesta, problema suyo.
Remus lanzó una carcajada, y la rodeó con el hombro, acompañándola hacia la oficina de Dumbledore. Mora aún no podía dejar de pensar en ella. Y sobre todo, no podía dejar de pensar en la frase que Remus le había dicho: se parecía mucho a ti, de hecho. ¿Acaso cada vez que Remus la veía recordaba a su hermana? No sospechaba que Remus la amara, pero tal vez la razón era porque le recordaba a su hermana.
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Aquí es… ¿tienes la contraseña? – le preguntó Remus, y Mora despertó. Se encontraba frente a la gárgola que daba al despacho del director.
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Eh… - murmuró. No tenía ni idea de la contraseña. Remus sonrió.
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Me imaginé. "Chocolate con leche."
La gárgola se corrió para dejarlos pasar. Mora miró a Remus desconcertada. ¿Desde cuándo él conocía la contraseña del despacho de Dumbledore? Remus, al notar su confusión, sonrió y se encogió de hombros.
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Sólo soy precavido – contestó, y la ayudó a pasar. Las escaleras comenzaron a subir solas. Mora ya había estado en su despacho un par de veces con Emily, ya que iban de vez en cuando a contarle al director cómo estaban yendo las cosas, como él había pedido. Igualmente, Mora nunca dejaba de sorprenderse por todos los retratos móviles que había en la habitación. Antiguos directores. La última vez, Mora se había peleado con uno, para gran diversión de Emily. Esperaba no encontrarlo aquella vez, pero…
-
¿Otra vez tú aquí? – Mora se dio la vuelta, y posó su mirada en el retrato de Phineas Black. La joven lanzó un resoplido.
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Yo vengo siempre que estoy invitada – contestó de mal talante.
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Dumbledore debe invitarte – dijo el retrato – Pero, si mal no recuerdo, esta vez te invitó a ti sola.
Mora se giro hacia Remus, quién miraba a su alrededor. Luego, volvió su mirada al retrato, y le sacó la lengua.
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¡Muchacha impertinente! – exclamó el retrato - ¡Podrías seguir el ejemplo de la chica que viene siempre contigo! Siempre tan callada… ¡En mis tiempos jamás le hacían eso a los mayores!
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¡Pero tú no eres un mayor, eres un CUADRO! – gritó Mora – ¡Y no voy a seguir el ejemplo de Emily, porque ella y yo somos dos personas distintas! Ella, por ejemplo, no se pelea con los retratos…no se pelea con nadie, de hecho…excepto con Sirius… - lanzó un suspiro. Recordar aquello le traía dolor de cabeza. - No quiero discutir ahora…no tengo ganas de perder mi tiempo contigo…
-
Yo tengo cosas mucho más importantes que hacer que discutir con una mocosa gritona como tú – le espetó el retrato.
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Si pudiera te pegaría – contestó Mora, y el retrato se fue ofendido. – No puedo creer que me rebaje a pelear con un cuadro…
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Yo tampoco puedo creerlo – contestó Remus con una sonrisa burlona.
-
Sería un mucho mejor uso de su tiempo si lograra controlar su carácter, señorita O’Connor – Mora se sonrojó, y miró hacia la puerta del despacho que acababa de abrirse. Dumbledore la observaba divertido, parado en el marco de la puerta, y con su ave fénix sobre el hombro.
-
Esto… - a Mora no le hacía ninguna gracia que el director la observara peleándose con un cuadro. Dumbledore rió entre dientes, y dijo:
-
Siéntense, por favor.
Ambos obedecieron. Dumbledore se sentó frente a ellos, y entrelazó sus dedos.
-
Me alegra que viniera, señorita O’Connor…y veo que trajo compañía.
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En realidad, señor director – comenzó Remus antes de que Mora pudiera decir nada – Yo quería verlo, y aproveché la visita de Mora.
Dumbledore sonrió.
- Muy bien, entonces… ¿qué le parece si yo comienzo con lo principal y usted luego me dice lo que venía a decirme?
Remus asintió. Mora observaba expectante. Dumbledore giró su mirada hacia ella.
- Bien, señorita O’Connor… quiero hablar con usted acerca de esa cicatriz que tiene en la cara.
Instintivamente, Mora se tocó su cicatriz, que iba desde arriba del ojo derecho, cruzaba este y terminaba justo arriba de la comisura de sus labios. Remus se encogió en su asiento. Mora quiso abrazarlo con fuerza, pero no le pareció el momento. Entendía cómo debía de sentirse su novio cada vez que la miraba a la cara. Quiso borrarse esa porquería de cicatriz, pero lamentablemente no podía.
- Usted sabe que esa cicatriz le quedará para siempre… ¿no es cierto? – preguntó Dumbledore. Mora asintió – Claro, a menos que cambie de mundo y regrese al suyo, que por cierto, aún no hemos encontrado la manera.
Mora se encogió en su asiento con el sólo hecho de pensar en su regreso. Había olvidado completamente que ni ella ni Emily pertenecían a ese mundo. Aquella era su vida, y no quería dejarla.
- Sabe también por qué se la hizo, ¿no es cierto? – preguntó Dumbledore. Mora volvió a asentir, con la cabeza gacha – Entonces quisiera saber. ¿Por qué?
Mora se sorprendió. Esperaba una gran reprimenda por parte del director. Sin embargo, este la observaba con curiosidad.
- Esto… - a aquellos profundos ojos azules no podía mentirles. Simplemente no podía – Bueno, creo que fue el deseo de entenderlo. El…amor, por sobre todas las cosas.
Dumbledore la observó fijamente por encima de sus anteojos con forma de medialuna. Mora sintió que en aquella persona podía confiar, y continuó hablando. Remus la observaba sorprendido.
- Quería saber qué se sentía sufrir así. Quise probarme a mí misma, y a la vez probarlo a él. Quería que él me hiciera sufrir, para entender lo que él siente en cada Luna Llena. Fueron muchos sentimientos mezclados: aquel día estaba sensible, quería que él se quedara conmigo. Y si él no podía quedarse, yo iría con él. No importaba el cómo, ni lo que pudiera resultar de aquello. A la vez, quería probar mis sentimientos. Si lo amaba tanto como para seguirlo hasta la muerte. Y luego…quería probarlo a él. Saber si él era capaz de reconocerme, aún en esa situación. Nunca pensé en las consecuencias. Nunca me importaron, realmente. Y hasta el día de hoy, no me importa esta cicatriz, y aunque me hubiera mordido, y hoy yo fuera una mujer lobo, no me importaría. Por que cumplí mi propósito. Logré entenderme a mí misma. Logré entenderlo a él. Y logré entendernos a nosotros.
Al darse cuenta de que se había pasado, se sonrojó. Remus la observaba sonriente. Dumbledore, por su lado, se levantó, y comenzó a pasearse por la habitación.
- Fascinante… - dijo al fin – Señorita O’Connor…según lo que sé, la profesora McGonagall la ha castigado, y muy bien hecho, porque ni usted ni ninguno de sus compañeros debía de estar fuera de la cama.
Mora bajó la mirada.
- Sin embargo, la situación me parece fascinante – Mora volvió a levantar la vista, incrédula – Nunca conocí a nadie tan sujeto a sus sentimientos. Comprendo perfectamente cómo se sintió, señorita O’Connor. Y debo decirle que estoy impresionado. Es usted una verdadera Gryffindor, señorita.
Mora sonrió complacida. Nunca habría esperado esa reacción de parte del director de su colegio. Remus, por su parte, se levantó de su asiento.
-
Esto me lleva a lo que yo vine a decir – dijo – Quiero que me castigue a mí también.
-
¿¡EH!? – saltó Mora. ¿De qué estaba hablando? El director lo miró impresionado.
-
¿Y a usted por qué? No creo que usted tenga la culpa, señor Lupin, por haber sido mordido cuando tenía seis años…
-
Pero tengo la culpa de no haberme portado con ella como debería – contestó Remus – debería de haberle explicado mejor los riesgos de todo esto.
-
No, Remus… - Remus estiró su mano, haciendo una seña para que Mora se callara.
-
Tengo la culpa por haber actuado con esta situación muy a la ligera. Y no sólo con ella. También con James, con Sirius, con Peter…y con Emily y Lily. Usted me dio un lugar en el colegio, señor director, y por eso le estaré profundamente agradecido. Pero...me porté de una forma que no merece su confianza.
Entonces, cuando mencionó a James, Sirius y Peter, Mora supo que Remus no estaba hablando sólo de su actitud frente a su licantropía. Hablaba de la condición de animagos de sus amigos.
-
Por eso merezco ser castigado – finalizó Remus. Dumbledore lo miró por encima de sus anteojos, y rió por lo bajo.
-
Creo que es el primer alumno que me pide algo así…si ser castigado es lo que usted necesita, no veo el por qué decirle que no. Aunque debo decirle, señor Lupin, que usted jamás ha traicionado mi confianza. – metió su mano en el bolsillo, y sacó tres caramelos de envoltorio amarillo - ¿Caramelos de Limón?
Ambos negaron con la cabeza. Mora había tomado con fuerza la mano de Remus.
-
Muy bien… avisaré a la profesora McGonagall de su castigo. Debo decirles que Madame Rosmerta estará muy feliz.
-
¿Rosmerta…señor? – agregó Mora, al notar que la pregunta le había salido algo agresiva.
-
Sí, reemplazarán a Rosmerta mientras ella se toma unas merecidas vacaciones – explicó el director – Creo que eso será a fines de enero…o cerca, según Minerva.
-
¡Para eso falta muchísimo! – exclamó Mora. Dumbledore rió por lo bajo.
-
Un mes y medio, para ser exactos.
Mora y Remus se miraron. El director volvió a sentarse.
- Ya pueden retirarse.
Ambos jóvenes se levantaron, se despidieron del director y salieron. Mora estaba entre el alivio y el enfado. ¿Cómo podía ser que hubieran castigado a Remus? No se lo merecía. ¡Él sólo había actuado como se suponía que debía actuar! ¡Porque un alumno te pida que lo castiguen no vas a hacerlo! Sin embargo, luego de una reflexión…supuso que el director debía de saber algo que todos creían que ignoraba. Tragó con fuerza al pensar en esa posibilidad. En ese caso, tanto James como Sirius como Peter estarían en problemas. Pero luego recordó la frase del director: "Quiero que sepas que jamás has traicionado mi confianza.2 No actuaría tan tranquilamente si supiera el secreto de sus amigos, ¿no es cierto? Suspiró aliviada. Al entrar en la Sala Común, encontró a Emily sentada junto a Peter, ayudándolo con sus deberes de Encantamientos, aunque él no parecía en nada concentrado en sus deberes. Lily, por su lado, estaba sentada en una mesa, junto a James y Sirius. Ellos dos jugaban ajedrez, mientras ella leía su libro de Defensa contra las Artes Oscuras.
-
¡Peter, escúchame! – exclamó entonces Emily - ¡No pareces concentrado en lo que te explico!
-
¡Lo siento! – se disculpó Peter. Emily suspiró.
-
Así no podemos, Peter… de verdad, si no me escuchas yo no sé para qué te explico…mejor me voy a estudiar por mi lado…
-
¡No, Emily, no te vayas! – pidió Peter. Mora tuvo que ocultarse detrás de Remus para que no la vieran reír. - ¡Ayúdame!
Emily lo miró, y luego volvió a suspirar, y se sentó de nuevo.
-
Vale, pero esta vez escúchame.
-
¡Lo prometo!
Lily levantó la mirada de su libro.
-
¡Mora! – exclamó, y se levantó. James y Sirius levantaron la vista del juego. - ¿Cómo te fue en la reunión con Dumbledore?
-
Demasiado bien para mi gusto – contestó ella con una sonrisa – Chicos, me voy a dormir…si me necesitan estoy arriba.
-
Yo subo contigo – dijo Lily, mientras los ojos de James reflejaban su decepción. Ambas miraron a Emily.
-
Eh… yo voy a quedarme un rato – dijo – Tengo que terminar con esto.
-
Aún no sé por qué te esfuerzas – dijo Mora, con un bostezo. Peter le hizo un gesto de desprecio con los labios, pero Mora no le hizo caso. Lily la dio vuelta, y se la llevó escaleras arriba.