← Historia 27506 · de
Historia 27506 — capítulo 34
-
¿Dónde van a pasar sus vacaciones? – preguntó Emily el miércoles al mediodía, mientras almorzaba junto a Lily y Mora. Lily se encogió de hombros.
-
Mis padres se fueron de segunda Luna de Miel a Francia, y no quiero interrumpirlos – dijo – Así que me quedaré aquí.
-
¿Y tú, Mora? – preguntó Emily. Mora se tomó todo su tiempo en tragar el bocado que se había llevado a la boca.
-
Yo…me iré unos días – dijo. Emily y Lily la miraron asombradas – Necesito un descanso…
Emily y Lily se miraron, y se encogieron de hombros. Se les hacía raro, pero si ella necesitaba un viaje…lo tendría.
-
¿Y tú, Emily? – preguntó Lily.
-
No tengo adónde ir, ¿o si? – preguntó Emily, con un dejo de tristeza en la voz – Dorea me invitó a pasarlas con ellos a Polinesia, pero…James no va a ir, así que ir sola con Dorea y Charlus…
Lily rió del rostro avergonzado de Emily.
-
¿Qué tal tú con James? – le preguntó Emily. Desde que había terminado con él, le interesaba todo tipo de detalles acerca de su relación con Lily. Ella se encogió de hombros.
-
Somos amigos – dijo. Emily arqueó las cejas – es verdad…no quiero apurarme, Emily. Él acaba de cortar con su novia, que casualmente, eres tú.
Emily bajó la mirada, avergonzada. Lily sonrió.
-
De verdad, no quiero apresurarme. – dijo – Por ahora me conformo con ser buenos amigos. Aún no tengo la suficiente confianza en él como para tener una relación seria…se que suena ilógico, pero…
-
Entiendo – dijo Emily – y tómate tu tiempo. Pero tienes que saber que James no te esperará para siempre.
Lily asintió pesadamente. Luego, giró su mirada hacia Mora, quién estaba absorta en sus pensamientos. Miraba hacia la mesa de los profesores, pero no veía. Su mirada estaba perdida.
-
¿Mora? – preguntó Lily. Emily le puso una mano en el hombro, y ella se sobresaltó.
-
Lo siento – se disculpó – estoy algo…distraída.
-
¿Quieres…hablar de ello? – preguntó Lily. Mora negó con la cabeza.
-
Lo lamento, chicas, pero el problema no es mío…no quiero traicionar su confianza…no puedo…
-
Entendemos – dijeron Emily y Lily a la vez. Mora sonrió, y se unió a la conversación.
Los únicos que habían decidido pasar la Navidad afuera eran Mora y Peter, quién había decidido pasarla junto a su madre y lejos del colegio. Remus había avisado a su padre que tenía que pasarlas en el colegio porque necesitaba esos días para estudiar, y el hombre había comprendido perfectamente. Sirius, por su lado, como James se quedaba, él también lo hacía. El jueves por la tarde, Lily bajaba las escaleras hacia la Sala Común, dirigiéndose hacia el campo de Quidditch, cuando vio un reluciente cabello negro azulado asomándose por detrás del sillón. Sonrió, y se sentó al lado de Sirius.
-
Hola – saludó. Este se sobresaltó, y trató de ocultar lo que estaba haciendo, pero la pelirroja fue más rápida, y tomó el pergamino que Sirius estaba escribiendo. Al leerlo, se quedó boquiabierta, hasta que cayó en la cuenta de que aquello era la realidad. Miró a Sirius a los ojos, quién parecía avergonzado, y le mostró el pergamino.
-
¿Qué haces tú escribiéndole una carta a tu madre? – preguntó, incrédula. Sirius se encogió de hombros.
-
La extraño – dijo. Lily estalló en carcajadas, y Sirius arqueó las cejas.
-
Lo siento – se disculpó ella – es sólo que…no esperarás realmente que me crea eso, ¿no?
-
No – contestó él, con la mirada gacha. Lily esperó a que continuara, pero al ver que no lo hacía, lo incito a seguir:
-
¿Y?
Sirius levantó la mirada. Lily volvió a posar su mirada en la de él.
-
¿Vas a explicarme?
-
No – contestó Sirius – Lo siento, pelirroja, pero no puedo…eres demasiado amiga de Emily.
-
Así que tiene que ver con Emily – dedujo Lily con una sonrisa. Sirius se tapó el rostro con las manos, y Lily le palmeó la espalda con una risa suave. – De acuerdo, no me digas…yo me voy a buscar a la innombrable al campo de Quidditch…si quieres hablarlo con alguien, llámame. Estaré disponible.
Y con una última risa compasiva, Lily salió de la Sala Común, y se dirigió al campo de Quidditch. Al ver que los jugadores ya no estaban allí, Lily decidió esperar en la puerta del vestuario. Primero salieron Mary McDonald, Joanna Patil y Anna Grant, quienes saludaron a Lily. Luego salieron los dos bateadores, uno de ellos se llamaba Marc Key, y Lily siempre olvidaba el nombre del segundo. Después de cómo veinte minutos, la puerta volvió a abrirse. Lily levantó la mirada, ya que jugueteaba con sus dedos, pero al ver a James Potter, con el cabello goteando y con la camiseta en la mano, mirándola fijamente, el corazón comenzó a latirle con más fuerza.
- Lily – dijo él, olvidándose que estaba a punto de ponerse la camiseta - ¿Qué haces aquí?
Ella tardó un instante en contestar. Estaba demasiado absorta en cada gota que caía de su cabello negro azabache, oscurecido por el agua, cada gota que caía por su torso desnudo e iba a parar al nacimiento de sus pantalones de jean. Cuando abrió la boca, tuvo que pensar la respuesta.
-
Eh…vine a…a…a buscar a Emily – dijo. El brillo de los ojos de James cambió. Era… ¿decepción?
-
Ya veo – contestó él – Emily está en medio de una ducha súper larga, como las que sólo ella sabe darse, así que…no sé cuánto tardará.
Lily rió por lo bajo. James sonrió.
-
¿Quieres pasar? – le preguntó. Lily asintió, y James puso una mano sobre la puerta, mientras ella se acercaba. Lily no se dio cuenta de que James iba a abrirle la puerta, así que puso una mano en ella, justo en el mismo lugar dónde él la había puesto. Sintió un calor especial en la mano de James, pero no la soltó. En cambio, dirigió su mirada hacia la de él. Él la observaba con esos ojos color chocolate, con esa mirada que delataban todos sus sentimientos. A Lily le tembló el labio, al bajar su mirada hacia los de James. Tenía tantas ganas de probarlos…de conocer su sabor…
-
Lo…lo siento… - murmuró, sin quitar la mano. Él no contestó. Sus miradas estaban conectadas. Ninguno de los dos parpadeaba. Una gota cayó por el cuerpo de James, y entonces ella se dio cuenta de cuán cerca estaban. Sus labios casi se rozaban. ¡Cómo había sido tan tonta! No se había dado cuenta. Ella sabía que James quería estar con ella. Entonces, ¿Por qué no lo besaba de una vez? Tenía su oportunidad. Sin embargo, se quedó allí, de piedra, mientras él entrecerraba los ojos. Se arrepentiría toda la vida de lo que iba a hacer. Pero…tenía que hacerlo. Quitó la mano de encima de James, posó ambas manos sobre el pecho de James, y lo empujó con fuerza. Ella casi cae al piso, pero simplemente se tambaleó. Él, por su lado, casi no se movió, y levantó la mirada, incrédulo.
-
Lo siento – dijo ella – Pero…no puedo hacer esto. Soy demasiado insegura, lo sé, pero necesito tiempo. ¡Acabas de cortar con mi mejor amiga, por amor de Merlín! ¿Cómo esperas que me sienta segura contigo, de esta forma?
James negó con la cabeza. Ella se llevó una mano al pecho, respirando agitadamente. Aquella situación le había hecho subir su nivel de adrenalina.
- Por favor, James – susurró – No nos apresuremos. Dame mi tiempo. No arruinemos la amistad que tenemos. Te lo ruego… contentémonos con ser lo que somos.
James volvió a mirarla a los ojos. Luego, silenciosamente, se dio la vuelta, y se puso la camiseta. Ella aprovechó para lanzar un suspiro silencioso.
- Vete a buscar a Emily – dijo James, aún de espaldas – yo…yo te esperaré.
Lily entendió el doble sentido de aquella frase, y asintió, mientras entraba corriendo al vestuario.
-
¿Eso le dijiste? – preguntó Emily, mientras se secaba el cabello con una toalla - ¿Le dijiste que te esperara?
-
Y él, algo indirectamente, pero…me dijo que me esperaría.- terminó Lily. Emily la miraba con la boca abierta. Luego, tiró todo su cabello hacia delante, y volvió a pasarle la toalla. Luego se giró, y comenzó a abotonarse la camisa blanca.
-
Bueno, Lily… - dijo – Tú ya sabes que él te ama. Comprendo lo que sientes, pero también tienes que pensar un poco en él. Te aseguro, amiga, que no hay nadie que comprenda a James mejor que yo.
Lily sonrió.
-
Sí, lo sé… - murmuró – pero aún me siento insegura…es como…para comenzar una relación como esta, hay que dar un gran salto…
-
¿Un gran salto? – le preguntó Emily, mientras se cerraba el cierre de costado de la falda. Lily asintió.
-
Es…como…yo me encuentro en lo alto de una escalera. Si quiero comenzar una relación con él, debo saltar, y confiar en que él me atrape con sus brazos. Pero…aún no sé si estoy segura de que él me atrapará. Tal vez, me deje caer.
Emily la miró impresionada a través del espejo, mientras se cepillaba el cabello mojado.
- Eso es una gran metáfora… - dijo – Pero han pasado siete años desde que te paraste en el primer escalón. Desde entonces, has bajado un par…pero aún no llegas abajo. Ya es hora, ¿no crees?
Lily se encogió de hombros, y se levantó a ayudar a Emily a anudar su corbata.
-
¿Adónde te vas mañana, Mora? – le preguntó Ayleen, la noche del sábado veinte de diciembre, mientras ella terminaba de preparar su valija.
-
A...Colombia – contestó Mora, encogiéndose de hombros.
-
¿Y por qué a Colombia, Mora? – le preguntó Emily, mientras decoraba un nuevo cuaderno de historias que James le había regalado, ya que aún no encontraba el anterior.
-
Porque…no sé, necesitaba un viaje, y me dijeron que en Colombia hay buenas playas. – contestó Mora. Lily la miró con las cejas arqueadas, pero Emily levantó la mirada y expresó la preocupación de la pelirroja antes de que esta pudiera decir nada:
-
Mora, a ti no te gustan las playas.
Mora se encogió de hombros, y continuó guardando su ropa. Mary y Ayleen también se iban, así que ambas guardaban toda su ropa. Lily leía un nuevo libro que Emily le había prestado, Luna Nueva, una historia sobre vampiros. Mientras tanto, Peter en su habitación era el único que preparaba la valija. James leía Quidditch a través de los tiempos por vez número setecientas cincuenta y siete, Remus hacía sus deberes de Transformaciones sentado con las piernas cruzadas sobre su cama, y Sirius leía una y otra vez el mismo pedazo de pergamino.
-
Sirius, ¿Qué lees? – le preguntó Peter.
-
No leo – dijo – Trato de recordar por qué estoy haciendo esto.
-
¿Qué cosa? – preguntó James, sin quitar la mirada de su libro. Sirius suspiró.
-
Le estoy enviando una carta a mi madre.
A James se le cayó el libro de las manos, mientras a Peter le agarró un ataque de tos. A Remus, por su lado, se le formó un rayón desde la a que estaba haciendo, ya que se movió al gritar:
- ¿¡EH!?
Sirius asintió pesadamente. Sus tres amigos se acercaron a su cama. James se sentó frente a él.
-
Debe de ocurrirte algo MUY importante – dijo. Sirius asintió.
-
Es que…necesito que me mande algo…es para el regalo de Emily.
James lanzó un resoplido. Remus le palmeó la espalda, y Peter hizo un gesto de impaciencia.
-
Mira, Sirius, no sé qué sea lo que quieres darle a Emily para Navidad, pero…¿es tan importante como para que tengas que…bueno…mandarle una carta a tu madre?
-
Es la única forma – dijo Sirius – necesito que me perdone, y…la única forma de conseguir su regalo es hablando con mi madre. Pero esa situación me pone muy tenso, porque yo JAMÁS hablaría con mi madre si no fuera una situación muy importante…
-
Emily es importante – dijo James – Pero… ¿no hay otra manera?
Sirius negó con la cabeza, pesadamente.
- Podría tratar de hablar con Regulus – dijo – Pero… ¿Me haría caso? ¿Haría eso por mí? Recuerden que es mi hermano Slytherin.
Ninguno contestó. Sirius suspiró, dejó la carta en su mesa de luz, y se encerró en el baño, a darse la ducha más larga de su vida. James, Peter y Remus intercambiaron una mirada de compasión, y continuaron con sus cosas.
-
Mora se la pasará genial en Colombia, ¿no es cierto? – le preguntó Lily a Remus, mientras caminaban el lunes por la mañana hacia la biblioteca, en busca de unos libros de Aritmancia para el joven. Remus se encogió de hombros.
-
Supongo que sí – dijo.
-
Aunque…es raro que se fuera sola… ¿no? – le preguntó Emily, del otro lado, asomándose por la pila de libros que llevaba en sus brazos. Remus, al verla tan cargada, se apresuró a tomar la pila – gracias, Remus.
-
De nada…pues si, es raro…pero si quería tomarse vacaciones, tenía todo su derecho, ¿no?
Ambas muchachas se encogieron de hombros.
-
¿Pasó algo? – preguntaron de repente las dos a la vez. Remus arqueó las cejas.
-
¿Algo como qué?
-
No lo sé… - contestó Lily – una pelea, o algo así…
Remus negó con la cabeza.
-
Estábamos muy bien… tampoco sabía que le pasara nada, estaba bastante feliz…
-
Eso es lo que nos parece raro – dijo Emily – Por que no es que tuviera necesidad de estar sola en un continente diferente, ¿o sí?
Tanto Remus como Lily negaron con la cabeza. Al llegar a la biblioteca, Remus se despidió de sus amigas, y entró.
-
¿No quieres que vayamos contigo? – preguntó Lily. Remus negó con la cabeza.
-
Después voy a juntarme con los chicos, así que nos vemos en el Gran Salón.
Las dos chicas asintieron, y comenzaron a caminar. Al doblar en una esquina, Emily tomó a Lily por la manga de la túnica, y la detuvo.
- ¿Qué…? – comenzó Lily, pero Emily se llevó un dedo a los labios, y le señaló a dos personas que estaban hablando al fondo del pasillo. No se escuchaba mucho lo que decían. Lily se preguntó que tenía de tan extraño la situación, hasta que notó sus uniformes: eran un Slytherin y un Gryffindor. Un Slytherin y un Gryffindor que, por cierto, se parecían mucho. No eran cualquier Slytherin y cualquier Gryffindor. Eran Sirius y su hermano Regulus.
Lily se quedó boquiabierta. ¿Qué hacía Sirius hablando con su hermano? No se hablaban desde que Sirius se había escapado de la casa. Sin embargo, en ese momento, hablaban en voz baja, como si ocultaran algo.
-
¡Regulus! – se oyó una voz femenina. En la otra esquina, apareció Bellatrix Black, acompañada por Severus Snape. A Lily se le encogió el corazón, y sintió como Emily le presionaba la mano. - ¿Qué haces…hablando con este traidor?
-
Lávate la boca, prima – dijo Sirius. Emily amagó una sonrisa – No te incumbe con quién hable o no hable yo, ni mi hermano tampoco.
-
¡Ah, así que ahora lo llamas hermano! – se burló Bellatrix – No creí que lo consideraras como tal, desde que abandonaste a la familia.
-
Eso no te incumbe, Bella – dijo Sirius con los dientes apretados. Bellatrix lanzó una carcajada.
-
Vámonos – pidió Emily. Lily la detuvo. Tenía que detener esa pelea. Era su deber de Premio Anual. Pero…no podía acercarse con Snape allí. Entonces, Snape corrió su mirada, y la vio. Allí parada, con Emily de la mano, a Lily. Abrió los ojos grandes por la sorpresa. Entonces, Lily se dio la vuelta. Pero, detrás de ella, oir la voz de Bellatrix la detuvo:
-
¡Miren, es el dúo de sangres impuras!
Sirius y Regulus se giraron a ver. Emily presionó la mano de Lily.
-
¡Emily! – jadeó Sirius. Emily no lo miró.
-
No me interesa comenzar una pelea contigo, Black – le dijo a Bellatrix – Como tampoco me interesa saber qué está pasando allí. Así que mantente alejada de mi, y de Lily.
Bellatrix dejó escapar una carcajada.
-
Hoy estamos de mal humor, ¿eh, Perednik? – se mofó - ¿Qué pasó? ¿Ver a tu noviecito te ha enojado?
-
No sé de que hablas – dijo Emily. – Ni tampoco quiero saberlo.
Se dio la vuelta para irse, pero sintió un ruido, y gritó:
- ¡Protego!
El escudo apareció justo para detener el rayo rojo que iba hacia ella. Sirius levantó su varita, y apuntó hacia Bellatrix.
-
¡No vuelvas a atacarla! – gritó, enfadado. Bellatrix dejó escapar una carcajada.
-
Hablo de mi primo, Perednik – dijo - ¿Acaso tanto les molesta verse? ¿Los pone nerviosos que me meta entre ustedes?
Volvió a lanzar una carcajada, mientras Emily se ponía roja de ira.
-
Ve a llamar a un profesor, Lily – le dijo a su amiga. Ella asintió, y Emily se acercó a la escena, mientras Snape se acercaba a Lily. Regulus, por su lado, había logrado escabullirse, y esperaba al pie de la escalera.
-
Lily… - susurró Snape, tomándola de la muñeca. Ella logró zafarse, y corrió hacia el otro lado del pasillo.
-
¿Tantas ganas tienes de pelear, Black? – le preguntó Emily a Bellatrix – Ya te lo he dicho: no sé qué pasaba aquí antes de que yo llegara, ni tampoco quiero saberlo. Así que no me metan. ¡Déjenme en paz!
-
Déjala, Bella – le dijo Sirius, aún apuntándola con la varita. Bellatrix lanzó una tercera carcajada aguda.
-
Son patéticos… - dijo – Tú, por tratar de defender a alguien que no te soporta. Y tú – señaló a Emily con su varita – por tratar de ocultar algo que es obvio.
-
¿Podrías hablar un poco más claro? – pidió Emily con los dientes apretados – Nadie te entiende.
Los labios de Bellatrix se curvaron en una sonrisa. Entonces, se oyeron pasos. Bellatrix le hizo una seña a Snape, y ambos desaparecieron por la esquina. Sirius se giró hacia Emily.
-
¿Estás…? – trató de preguntarle, mientras se acercaba a ella, pero ella se alejó lo más posible.
-
Creí que lo habías entendido – dijo – Que habías entendido que no quiero que me metas en tu vida. No necesitaba que me defendieras, podía hacerlo sola. ¡Déjame en paz, Black!
En ese momento, Lily llegó con el profesor Slughorn.
-
¿Qué ocurre aquí? – preguntó, al ver la mirada de odio que Emily le dirigía a Sirius, y el brillo de tristeza que emanaban los ojos de Sirius.
-
Nada, profesor – dijo Emily, dándose la vuelta – Ya nada. Pero le interesará saber que la señorita Bellatrix Black trató de atacarme hace un par de minutos.
-
¿Enserio? – se extrañó el profesor Slughorn – Bueno, Emily…si tú lo dices, te creo. Hablaré con la señorita Black.
Emily asintió, y se dirigió hacia Lily. Tomó su mano, y se alejaron por el pasillo.