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Historia 27506 — capítulo 4

El tiempo pasó volando. Mora y Emily se habían hecho muy amigas de Lily. De hecho, Emily sentía que nunca había tenido una amiga como ella. No parecía preocupada por quiénes hubieran sido ellas antes: si no, más bien, por quienes eran ellas en ese momento. Se divertían mucho juntas. Lily las ayudaba muchísimo con los deberes y el estudio, ya que no sabían nada de magia, pero al parecer las dos chicas aprendían rápido. Era como si hubieran estudiado los primeros cinco años. Lily se sorprendía.

Emily y Mora no solo aprendían acerca de las materias y el estudio: también aprendían acerca de la vida en Hogwarts.. Los cuatro chicos que conocieron al principio eran los chicos más populares del colegio. Sobre todo James Potter y Sirius Black. Y luego estaban los Slytherins. Una mañana, a principios de octubre, Lily las había llevado a las dos chicas a tomar algo de sol al lado, aprovechando los últimos días de calor, cuando oyeron una discusión a lo lejos.

  • Repítelo, Potter – decía una voz monótona y despectiva.

Mora y Emily se miraron. Lily bufó, y trató de decirles a sus amigas que se quedaran, que no valía la pena, pero era muy tarde: las dos chicas habían ido directamente a la escena.

Allí se encontraba James Potter, frente a un muchacho de Slytherin de nariz ganchuda y grasoso pelo negro. Ambos tenían la varita en alto. Detrás de James se encontraban Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettigrew.

  • Dije – dijo James, con tono burlón – que trates de no tocar mi túnica, Quejicus, que está recién lavada y no quiero que me la engrases toda.

El muchacho de nariz ganchuda apretó los dientes.

  • ¡Levi…!

  • ¡POTTER, SNAPE! ¿OTRA VEZ USTEDES?

Era la profesora McGonagall. James y el muchacho de nariz ganchuda se apresuraron a bajar sus varitas. La profesora suspiró.

  • Vengan conmigo, vamos a ver al director. Mi paciencia tiene un límite, señores.

Con la cabeza gacha y lanzándose miradas de puro odio, James y el muchacho siguieron a la profesora. Emily y Mora se acercaron a los otros tres.

  • ¿Quién era el feo? – le preguntó Emily a Remus. Este hizo un ademán de sonrisa.

  • Severus Snape – explicó.

  • Alias: Quejicus – aclaró Sirius. Mora rió.

  • Es un Slytherin – explicó Lily, que se había acercado a ellas. – En cinco minutos empieza pociones, mejor vamos yendo.

Un mes pasó desde que las dos chicas llegaron al castillo. Las chicas se llevaban muy bien con sus nuevos compañeros, y no recordaban nada de sus vidas anteriores. Lily les prestaba todo lo necesario, con la promesa de llevarlas de compras durante las vacaciones de Navidad. Todas las noches, Emily se sentaba en su cama a escribir, y Lily y Mora hablaban. Lily trataba de sacarle alguna información sobre su anterior vida amorosa, pero Mora no parecía ceder. De verdad quería recordar, pero no podía. Cada vez que Lily bufaba decepcionada, Emily se sonreía.

Sus notas no eran malas: ya habían descubierto cuales eran sus puntos fuertes y cuales sus puntos débiles. Emily era muy buena en Cuidado de Criaturas Mágicas, y en Transformaciones, y era un desastre en herbología. A Mora se le daban bien la Aritmancia y los encantamientos, y no le gustaban nada las Pociones. Pero, por suerte, Lily en Pociones era la mejor de la clase, por lo que tenía una ayuda considerable. Todo parecía ocurrir normal: lo único que les había traído problemas era la varita. No se acostumbraron fácil a utilizarla: la que Emily había recibido medía 20 centímetros, flexible, estaba hecha de madera de roble y tenía como núcleo un pelo de cola de unicornio. La de Mora medía veintiocho centímetros, elástica, madera de haya y como núcleo fibra de corazón de dragón. Varitas maravillosas, pensó Emily, aunque no sabía nada de ellas. Pronto se encariñaron con ellas, pero el problema fue la primera semana. Las varitas parecían saber que las chicas no estaban acostumbradas a usarlas, por lo que hacían lo que ellas querían. Pero al cabo de una semana aprendieron a controlarlas. También se acostumbraron al hecho de que todo, absolutamente todo, era diferente: los cuadros se movían, las salas podían estar ocultas, las armaduras tenían vida… y no había materias como “Matemáticas” o “Ciencias”, pero en cambio tenían “Adivinación” o “Defensa contra las Artes Oscuras”. Era todo fascinante.

El 30 de octubre, Mora se despertó algo extraña. Miró su reloj: eran las seis y media. Y era viernes. Bufó, se levantó, se cambió y bajó a desayunar. Al cabo de media hora, bajaron Lily y Emily, con cara de dormidas.

  • ¿Qué haces tan temprano? – le preguntó Emily – Normalmente no te veo con los ojos abiertos hasta las…once. Sobre todo cuando tenemos horas libres.

Mora rió irónicamente.

  • Me sentía algo mal… - explicó – No lo sé, me siento extraña. Como si dentro de mi cuerpo algo estuviera cambiando…

Sus dos amigas la miraron extrañadas.

  • ¿Quieres ir a la enfermería? – le ofreció Lily.

  • No, no…me siento bien. Ya se me pasará.

Las dos chicas sonrieron. Lily se sentó frente a ella, y Emily a su lado.

  • Hablando de un tema más alegre…descubrí el punto débil de Emily – sonrió Lily.

Emily se puso seria, y Mora la miró extrañada.

  • ¿Ah, sí? ¿Cuál?

  • Su aspecto por las mañanas – sonrió Lily. Mora lanzó una carcajada, y Emily bufó.

  • ¡Eso no es justo! – protestó – Una vez que me lavé la cara y me peiné, estoy algo más presentable.

Lily y Mora rieron. En ese momento entraron al Gran Salón James, Sirius, Remus y Peter, y se oyó el clásico suspiro femenino. Lily se levantó.

  • ¿Adónde vas, Lily? – preguntó Emily, confundida. – Aún no has terminado tu café.

  • Tengo que buscar mi libro de Defensa contra las Artes Oscuras. Las veo en la clase, chicas.

Se apresuró a salir del Gran Salón. Mora suspiró. Los merodeadores se dirigieron hacia donde estaban ellas. Sirius y Peter se sentaron a cada lado de Emily, mientras Remus y James dejaron a Mora entre ellos.

  • Buenos días – saludó James, tomando una taza - ¿Por qué Evans se fue?

  • Por ti – dijeron las dos chicas a coro. James agachó su cabeza, decepcionado.

  • ¿Qué tal su primer mes en el colegio? – preguntó Sirius, untándose una tostada.

  • Muy bien, de hecho - contestó Emily.

  • Me alegro – sonrió Remus, y miró a Mora. Esta corrió la mirada, sin darse cuenta.

  • Pues claro…si contaron con toda nuestra ayuda… - dijo Sirius, sonriente. Emily bufó.

  • Claro, sí, seguro… - murmuró - el único que nos ha ayudado de ustedes es Remus, lo único que ustedes hicieron por nosotras fue atajarnos cuando caímos del cielo. Por cierto, muchas gracias, eres un almohadón estupendo, Black.

Los demás rieron. Sirius pronunció su sonrisa.

  • Sí, la verdad es que soy un almohadón excelente… pero mi cuerpo no sólo sirve para eso. – James trató de no soltar una carcajada. Emily, por suerte, no entendió lo que quiso decir – Dime, Mily… ¿Tú qué opinas?

  • Primero dime de qué estás hablando y luego te contesto.

  • Mm…no sé si debería dar detalles. Sólo te diré que, si a cualquiera de estas chicas que ves en el Gran Salón yo les hubiera dicho esto, hubieran caído rendidas a mis pies. Porque, claro, después de todo, no hay chico tan lindo como yo en este colegio, y las chicas mueren por mí.

Emily volvió a bufar, se levantó y se acomodó la falda.

  • El señor modestia ha hablado – ironizó – Ahora, si me disculpan, debo irme. Lamento dejarte con la palabra en la boca, Black, pero…el deber llama.

Y, con un último bufido, salió del Gran Salón. Mora miró a sus compañeros y sonrió. Luego salió detrás de su amiga.

  • Me siento…extraña – le susurró Mora a Lily, durante la clase de Transformaciones de esa tarde – De verdad…

  • ¿Qué te sucede? ¿Qué sientes? – le susurró Emily, quién estaba tomando apuntes en la mesa de adelante, donde estaba sentada con Ayleen Parker.

  • No lo sé… es como si mi cuerpo cambiara por dentro…como si se me movieran los huesos…

  • Que cosa extraña… - murmuró Lily. En ese momento sonó el timbre, y las tres chicas se apresuraron a salir del aula. – Vamos a la enfermería.

  • No – Mora estaba decidida a no pisar la enfermería hasta por lo menos tener tres meses en la escuela. – Vamos a la sala común.

Emily y Lily se miraron, y siguieron a Mora, que cruzaba a zancadas el vestíbulo.

  • ¡Acto segundo! – le dijo la chica a la Dama Gorda, el retrato que servía de entrada a la sala común de Gryffindor, y esta se corrió para dejarla pasar. La chica subió corriendo a la habitación, seguida por sus amigas, y se tiró en su cama.

  • Ya me siento mejor… - dijo, cuando sus amigas pasaron por la puerta – Es extraño: viene de vez en cuando, está un rato, y luego se va. Que sentimiento extraño…

Emily trató de compadecerse por su amiga, pero no pudo. Pensaba en su conversación de la mañana con Sirius. No recordaba (en realidad no recordaba nada, pero qué más da) haberle hablado de esa forma a ningún chico. Su carácter comenzaba a cambiar. Y, conociéndola a Mora, el de ella también. ¿Sería el efecto de una nueva vida? Estaba pensando en esas cosas, cuando la imagen de Sirius se le vino a la cabeza. Trató de borrársela, y sacudió su melenuda cabellera, lo que asustó a las otras dos.

  • ¿Mily? – preguntó Mora, alarmada - ¿Estás bien?

  • Perfectamente – contestó ella. Se levantó de la cama (se había sentado a los pies de la de su amiga) y se miró al espejo de cuerpo entero que estaba entre la cama de Mary y la de Ayleen.

  • Quiero tener el cabello lacio… - murmuró - ¿No hay algún tipo de hechizo alisador?

  • De hecho, sí lo hay – sonrió Lily – pero no sé utilizarlo. Deberíamos buscar en la biblioteca…

Mora se levantó también y, aprovechando que Emily se había tirado en la cama de Mary, se miró al espejo.

  • Yo quisiera tener el cuerpo de Lily… - murmuró, y cerró los ojos. Volvió a sentir esa extraña sensación, como si los huesos le cambiaran de lugar…

  • ¡Mora! – exclamaron Emily y Lily. Mora abrió los ojos bruscamente, y notó que su cuerpo estaba cambiando.

  • ¿Qué…? – pero era muy tarde. Su cuerpo ya tenía exactamente la forma que Mora había adoptado en su mente. - ¿Qué me pasó?

Emily estaba abrumada. Nunca había visto algo así. ¿Cómo era que el cuerpo de su amiga había cambiado de repente? Lily, en cambio, se levantó bruscamente.

  • Piensa que quisieras ser rubia – le ordenó a Mora.

  • ¡Pero no quiero ser rubia! – exclamó ella, alarmada.

  • Quiero probar algo, sólo hazlo.

Mora cerró los ojos, y pensó “Quiero ser rubia…”. Sólo los abrió al oír el grito de sorpresa de Emily. Se miró al espejo, y vio su lacio cabello…completamente rubio.

  • ¿Qué rayos…?

  • ¡Lo sabía! – exclamó Lily, sonriente - ¡Mora, eres una metamorfomaga!

No obtuvo el efecto que ella esperaba. Las dos chicas la miraron extrañadas.

  • ¿Metaqué? – preguntó Mora, sorprendida.

  • ¡Ay, metamorfomaga! ¡Significa que puedes cambiar tu físico a tu gusto!

Emily abrió la boca, sorprendida. Mora volvió a mirarse al espejo, y observó satisfecha su nuevo cuerpo. Aun estaba consternada, pero sabía que cuando se acostumbrara, sería genial… Cerró los ojos, e imaginó una suave y larga cabellera castaña…y cuando los abrió, la tenía en su cabeza.

  • Fascinante… - murmuró Emily, sorprendida.