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Historia 27506 — capítulo 8

Remus se quedó de piedra. No…no podía ser… Sirius le puso una mano en el hombro.

  • Lo siento, amigo.

Remus no contestó, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el otro lado. Sirius observó a James y a Mora, y se fue acercando a ellos, quienes no se dieron cuenta de su presencia. Mora se bajó de los brazos de James y, toda roja y mirando al piso, le decía algo. James se pasaba la mano por el cabello, y trataba de tranquilizarla.

  • ¿Qué pasa aquí? ¿Hay fiesta y no me han invitado? – preguntó Sirius, cuando llegó hacia ellos.

  • ¿Qué? ¡No! Le estaba enseñando a jugar al quidditch – explicó James, sonriente.

  • Sí, se nota… - murmuró Sirius, y lamentablemente su tono irónico fue demasiado obvio.

  • ¿Qué te ocurre, Canuto? – preguntó James, preocupado.

  • ¿A mí? Nada… Solo que si habían empezado a salir, podrían habérmelo contado. Soy su amigo, ¿no?

Mora lo miró extrañada.

  • ¿De qué hablas, Sirius? – preguntó James, confundido.

Sirius bufó.

  • Los vi. Estaban muy contentos, los dos, abrazados, aquí…

James y Mora se miraron, y luego lanzaron una carcajada. Sirius arqueó una ceja.

  • Lo…siento… - balbuceó James, tratando de contener la risa – Es…que…

Sirius lo miró enfadado. ¿Qué rayos le ocurría?

  • ¡James Potter! ¡Más te vale que me expliques qué te ocurre, o…!

  • Es que no estamos saliendo – explicó Mora, haciendo mucho esfuerzo para contener su risa – Estaba tratando de volar en la escoba, y soy un desastre, y me caí, y que mejor que caer justo encima de James. Por suerte tiene fuerza, porque si no…

  • Ya sería la segunda vez que me aplastas – sonrió James – Aunque esta me la esperaba.

  • Entonces… ¿no están saliendo? – preguntó Sirius, tragando con fuerza.

Mora y James volvieron a lanzar una carcajada.

  • Jamás saldría con James…es mi amigo, pero hasta ahí llegamos – sonrió Mora - ¿Por qué te preocupó tanto, Sirius? ¿Te gusto?

  • Bueno, no exactamente a mí… - murmuró Sirius, pero lamentablemente Mora lo oyó.

  • ¿De quién estás hablando? – preguntó - ¿De quién, de quién?

  • Lo siento, no…

  • ¡Vamos, Canuto, dinos! – exclamó James - ¿O no acabas de decir que “se supone que somos amigos”?

Sirius bufó.

  • Yo…

  • ¡Vamos, Sirius, quiero saber! – lloriqueó Mora en broma - ¡Quiero saber, quiero saber, quiero…!

  • ¡REMUS! – exclamó Sirius, perdiendo la paciencia, y luego palideció – No, olvida lo que dije…

Pero era muy tarde. Mora había palidecido.

  • ¿Re…Remus? – tartamudeó – Pero…pero él no… ¿nos vio?

Sirius asintió. Mora se llevó las manos a la boca. James la tomó por la muñeca y dijo:

  • Vamos a buscarlo.

Emily corría. Corría en el bosque prohibido. ¿Qué estaba haciendo allí…? ¿Cómo había entrado? Nadie en su sano juicio entraría al bosque prohibido, de noche, y encima se perdería. Se paró en seco. Sirius Black estaba allí parado, en el medio del bosque, con su aspecto arrogante y su sonrisa pícara.

  • ¿Black, qué haces aquí? – trató de decir, pero las palabras no salieron de su boca.

  • Estamos perdidos, ¿Te das cuenta? – preguntó él, con una sonrisa de autosuficiencia que a Emily la ponía nerviosa. Trató de contestar, pero de su boca no salían las palabras. No salían. Sin embargo, estaba segura de que no se había quedado sin voz. – Aunque…yo no quiero salir del bosque.

Emily arqueó una ceja.

  • Yo tampoco – dijo al fin, con aire altanero. Era mentira. Claro que era mentira. Se moría por salir del bosque. Pero no lo admitiría. Jamás lo admitiría. Y menos que menos a Sirius Black. – No tengo ningún interés por salir del bosque.

Se cruzó de brazos, y corrió la mirada. No lo miraría a los ojos. No lo haría. No miraría esos ojos grises, tan fríos y a la vez tan dulces…

Se oyeron pasos. Mora llegaba corriendo hacia ellos. La tomó del brazo.

  • ¡Vamos, Emily, te ayudaré a salir del bosque! – exclamó. Se oyeron pasos del otro lado. Lily llegaba corriendo también, y trató de ayudar a Mora a arrastrar a Emily.

  • ¡Pero…yo…no…quiero…salir! – forcejeó Emily. ¿Por qué decía eso? ¿Por qué decía que no quería salir? Era mentira, claramente era mentira…se moría de ganar por salir. Sin embargo, continuaba forcejeando. Forcejeando para quedarse quieta donde estaba. Miró a Sirius, quién continuaba sonriendo.

  • Deberías salir, Mily… - le dijo, apoyándose contra un árbol – Nos conviene a ambos.

  • ¿Y qué hay de ti? ¿No vas a salir?

Sirius negó con la cabeza.

  • Yo ya estoy afuera – dijo, aún con la misma estúpida sonrisa.

Luego, Mora y Lily desaparecieron. En su lugar, se encontraba James.

  • Yo te recomendaría que, si quieres salir, te adentraras aún más – le dijo.

Emily lo miró extrañada. ¿Qué estaba diciendo? Sin embargo, por alguna razón, confiaba mucho más en él que en Lily o en Mora. Comenzó a caminar hacia el otro lado, mientras oía la voz de Sirius más atrás…

  • ¡Emily!

Emily abrió los ojos. Que sueño extraño había tenido. Se encontraba sentada en el sillón de la sala común. Lily la miraba con una mirada preocupada.

  • ¿Mily, qué te ocurrió?

  • Me quedé dormida – explicó Emily, incorporándose y desperezándose.

  • ¿Tienes mucho sueño, ya? – preguntó Lily con sorna – Son las doce del mediodía.

  • Bueno, lo siento… - Emily hizo un puchero. ¿Qué le había pasado? No solía quedarse dormida. Ni tampoco solía tener esos sueños raros. Bueno, eso último era mentira. Todas las noches soñaba cosas raras. Pero ese sueño…ese sueño era de verdad muy extraño.

  • ¿Dónde está Mora? – preguntó, aunque ya conocía la respuesta, simplemente para cambiar de tema.

  • Fue a verlo a James al campo de quidditch.

Emily sintió un cosquilleo en la nuca. ¿Culpa? No, ¿por qué sentiría culpa, si no había hecho nada? ¿Tristeza? Jamás. No en aquél momento. Si iba a estar triste, tenía que tener un buen motivo. Sería… ¿preocupación? Sí, definitivamente era eso. Pero…¿preocupada por qué? Mejor dicho… ¿preocupada por quién?

  • ¡Remus! – llamó Mora en vano, como por décima vez. Ya se habían recorrido gran parte del castillo. - ¡Remus! ¿Dónde estás?

Siguió corriendo. No pararía hasta encontrarlo. Tenía que arreglar las cosas. Tenía que hacerle entender que era un malentendido… Al llegar a una bifurcación, se chocó con alguien.

  • ¡Ay! Sirius, me asustaste.

  • ¿Lo encontraste?

Mora negó con la cabeza.

  • Vamos hacia allá – sugirió Sirius, señalando una escalera que daba al tercer piso. Mora asintió, y subieron. Buscaba, buscaba…ya estaba pensando que no lo encontraría jamás, y que tal vez debería esperar en la sala común a que llegara, cuando lo vio: Remus Lupin se encontraba detrás de una armadura, con su cabello castaño y su aspecto cansado. Al principio, Mora sintió una enorme felicidad, y el alivio la invadió. Sin embargo, al instante se le cayó el alma a los pies. Remus no estaba solo: se besaba apasionadamente con la chica de Ravenclaw de la mañana. Cuerpo contra cuerpo, boca contra boca… daba pena verlos. ¿Pena, seguro que pena? Más bien…envidia. Él la tomaba por la cintura, ella por el cuello. El cabello rubio de ella volaba a cada movimiento. Ambos tenían los ojos cerrados. Mora dejó escapar dos pequeñas lágrimas. Dos pequeñas lágrimas tan transparentes, tan brillantes, que parecían de cristal.

  • Uno menos… - murmuró, casi sin voz, y salió corriendo hacia la sala común.