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Historia 27506 — capítulo 9
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Emily, ¿Qué te ocurre? – preguntó Lily, al ver que ella se tomaba la cabeza con las dos manos.
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No lo sé…es un sentimiento extraño… Es como si…como si… - Emily no encontraba las palabras. Algo le sucedía, pero no sabía qué. La respuesta estaba pasando por el orificio del retrato en ese mismo instante.
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¡Mora! – exclamó Lily, levantándose del sillón - ¿Qué…?
Pero con un sollozo, Mora negó con la cabeza y subió a la habitación. Emily se levantó. El orificio del retrato volvió a abrirse, y por él entró Sirius, respirando agitadamente y algo transpirado. Emily se puso algo roja, pero supo disimularlo.
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¿Dónde…está…Mora? – jadeó. Lily le señaló la habitación de las chicas, y él trató de subir, pero una alarma comenzó a sonar y las escaleras se convirtieron en un tobogán de mármol, por lo que Sirius patinó hacia el suelo.
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¡Arghhh! ¡Este sistema siempre me lo complica todo! – exclamó, furioso. Emily se ruborizó aún más, y lo fulminó con la mirada.
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¿Qué significa “todo”, Black? – preguntó. Sirius la miró sorprendido, y luego sonrió.
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¿De verdad te gustaría saberlo? – Acción inmediata: un almohadón en el medio de la cara. - ¡Hey!
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Eres un arrogante, Black. Te crees que puedes ir diciéndole esas cosas a la gente por…
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Bueno, bueno – interrumpió Lily – Creo que aquí el problema es otro.
Emily volvió a mirar a Sirius con odio, y luego asintió, y subió a la habitación. Trató de abrir la puerta, pero estaba cerrada.
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¡Mora, sabemos que estás ahí! – exclamó Lily, llegando tras ella - ¡Sal, por favor!
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¡No quiero! – se oyó la voz ahogada de Mora del otro lado de la puerta.
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¡No te gastes conmigo, Mora A…O’Connor, porque estamos en un colegio de brujería y lo más fácil del mundo es abrir una puerta cerrada con llave! – gritó Emily.
Se oyó un ruido adentro, e inmediatamente la puerta se abrió, y Mora se tiró a los brazos de su amiga. Emily le frotó la cabeza, y las tres entraron al dormitorio.
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Bueno, ahora, dime, ¿qué ocurre? – Lily se sentó con las piernas cruzadas en la cama de Ayleen. Mora se tiró sobre su cama, y Emily se sentó a su lado.
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¿Qué ocurrió? – preguntó Lily, mientras Mora se estrujaba su almohadón contra la cabeza - ¿Por qué estás así?
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Adivina – murmuró Mora – Tienes tres oportunidades.
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A ver… - Emily dudó – Tiene que ver con Remus John Lupin…
Mora no contestó.
- …tienes problemas amorosos... – aventuró Emily – Lo viste besándose con otra…
Mora levantó la vista, dejando ver sus ojos llorosos.
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¿Qué eres, vidente? – preguntó con voz ronca. Emily sonrió.
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No, soy psicóloga – Lily dejó escapar una pequeña risa. Mora hizo ademán de sonrisa. – No voy a decirte que te olvides de Remus, Mora, porque cuando una está enamorada sé lo difícil que se hace. Tampoco voy a decirte que te busques otro chico, porque sería injusto para todos, sobre todo para ese chico. Pero…trata de que no te afecte. Sólo trata. Trata de que el hecho no afecte tu vida. Porque, en ese caso, la única que sufres eres tú.
Mora la miró a los ojos, y largó otra lágrima.
- Ella tiene razón, Mora – afirmó Lily – No tienes que dejarte afectar. Remus se lo pierde.
Mora las abrazó.
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¿Qué haría yo sin ustedes? – sollozó.
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Vivirías una vida tranquila – contestó Lily, y las tres rieron.
El orificio del retrato se abrió, y dejó pasar a James.
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Lo siento, no he encontrado a Remus. ¿Ustedes…?
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Sí, ya lo encontramos. – contestó Sirius, sin levantarse del sillón – Y ahora Mora está encerrada en su habitación con sus amigas llorando porque vio a Remus besándose con una rubia de Ravenclaw.
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Oh – James se tiró en el sillón, al lado de Sirius – Ouau. Tal parece que nuestro amigo tenía su…lado oscuro.
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Tan santo que se lo veía… - Sirius negó con la cabeza. En ese momento el orificio del retrato volvió a abrirse, y por él entraron Peter y Remus.
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¡Chicos! ¡Los he estado buscando! – exclamó Peter. Ni Sirius ni James le hicieron caso.
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Dinos, Lunático, ¿Te divertiste? – le preguntó Sirius con algo de amargura en la voz. Remus lo miró extrañado.
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¿De qué hablas? – preguntó, como quién no quiere la cosa.
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De tu nueva novia, Remus – contestó James – No nos habías contado nada. ¿Qué tal es la rubia esa?
Remus se ruborizó un poco, pero se mantuvo firme.
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Pues…no está mal. Me sirve para alejarme de… - Sirius se levantó, e hizo algo que nadie se esperaba: cerró el puño y le pegó con todas sus fuerzas en la mejilla.
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¡Canuto! – exclamó James, levantándose y yendo a ayudar a su amigo. Peter se quedó paralizado. Sirius se frotó el puño. Remus se pasó la mano por la mejilla amoretonada y, aún en el suelo, miró a Sirius con odio.
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¿Qué rayos te ocurre? – preguntó, alarmado - ¡No tienes derecho a pegarme porque no te conté que tenía novia! ¿Qué clase de loco eres?
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¡Idiota, no te estoy pegando por eso! – gritó Sirius - ¡Te estoy pegando porque cometiste la estupidez más grande del universo!
El rostro de Remus se relajó. Su expresión cambió de enojo a sorpresa.
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¿De qué hablas? – preguntó, mientras James lo ayudaba a pararse, y con la varita hacía aparecer una bolsa de hielo para el golpe de Remus.
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De que Mora no estaba saliendo conmigo, Remus – explicó James – Simplemente la atajé porque se cayó de la escoba. Nunca tuvimos nada, y nunca tendremos nada. Somos amigos, nada más.
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¡Y ahora Mora está llorando por ti, pedazo de bodoque, encerrada en su habitación, confundida sin saber por qué si le gustas te empachaste a besos locos con otra mujer! – Sirius estaba fuera de sí. Remus, abatido, se tiró en una silla que estaba cerca.
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No puede ser… - murmuró – Cómo pude ser tan estúpido…
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¡Sí, eso, cómo pudiste ser tan estúpido!
Remus fulminó a Sirius con la mirada.
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Gracias, Canuto, eres un gran consuelo. Te recuerdo que fuiste tú el que me mostró la escena.
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Ah, claro, ahora es mi culpa, ¿no?
James trataba de calmar a ambos. No podía ser que por algo como esto dos amigos tan unidos se terminaran peleando. Le lanzó una mirada de advertencia a Remus, y luego otra a Sirius, y ambos se calmaron.
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Bueno, lo hecho, hecho está, ¿no? – comentó Peter. Los demás lo fulminaron con la mirada. Remus suspiró.
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Tal vez…esto sea mejor – dijo – Tal vez esto sea para bien.
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¿De qué hablas, Lunático? – preguntó James. Remus lo miró con una mirada tan triste que hasta a Sirius le dio pena.
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Lo mío con Lyna, la chica de Ravenclaw – se apresuró a aclarar, viendo la mirada confundida de los otros tres – no es nada serio. Lo saben muy bien. Pero yo con Mora no podría tener una relación que sé que un tiempo más tarde se terminaría. Me dolería mucho. Pero…mantener una relación tan seria con alguien…no es bueno. No para mí. Y mantener una relación seria conmigo…podría ser peligroso para ella.
Los demás lo miraron con compasión. Sirius abrió la boca para decir algo, pero en ese momento las chicas bajaron por las escaleras. Se notaba que Mora había llorado, pero gracias a la magia del maquillaje de Lily podían ocultarlo bastante. Mora y Remus se miraron un instante, y luego ella dio vuelta el rostro y salio por el orificio del retrato, seguida por sus dos amigas.
- Me odia… - murmuró Remus, escondiendo su rostro entre las manos.
Los días así pasaron. Mora trataba de no acercarse a Remus, y menos cuando estaba acompañado de “Lynny”, como la llamaban los amigos de Remus, acentuando la y final y poniendo una vocecita muy aguda. La verdad era que no la conocían. Era una buena chica, inteligente, buena persona…pero no era el tipo de Remus. Su problema era…en realidad no tenía ningún problema. Él lo tenía. Él sólo podía pensar en lo que había pasado con Mora. Pero ella no le hacía caso, y eso generaba una pena aún mayor en él.
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Me odia – decía todo el tiempo – Me odia.
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Pero estás saliendo con otra chica, Lunático… - le contestaba James en esos casos – No debería importarte.
Remus se encogía de hombros, tristemente, y continuaba lo que estaba haciendo.
Pero Remus y Mora no eran los únicos que tenían problemas. Emily y Sirius tampoco avanzaban. Como estaban ocupados con sus amigos, ya no se hacían bromas pesadas, pero eso no quitaba que Emily mirara con odio a Sirius cada vez que este se le insinuaba. Lily y James tenían sus propios problemas: Lily no lo agredía: solo no le hacía caso, y se alejaba de él todo el tiempo. Eso bajaba los ánimos del muchacho.
Emily, durante aquellos días, se saturaba: le mandaban muchísima tarea, y como ella no había estado los primeros cinco años y quería, en caso de que no pudiera volver a su vida normal, conseguir una buena vida en el mundo mágico, se esforzaba muchísimo. Mora también tenía aquél problema, claro, pero el colegio era lo que menos le importaba. En cambio, Emily era lo que Mora llamaba: “Una traga” o “Una estudiosa”, y le importaban muchísimo sus notas, y como le fuera en el colegio, entonces estudiaba día y noche. Se esforzaba el triple que los demás, por culpa de sus cinco años perdidos. Bueno, en realidad se esforzaba cinco veces más que los demás. Y aquello le estaba generando…una pequeña manía.
Solía despertarse en lugares insólitos. Todos menos su cama. Una mañana, muy temprano, se despertó por el frío, y notó que estaba subida a un poste del campo de Quidditch. Cuando se lo contó a Lily, ella sonrió, y le dijo que era sonámbula, que eso solía generarse por nervios o estrés. Pero ella no quería creerle. Ella no podía creerle. Estaba convencida de que Black estaba detrás de ello. Lo que no sabía, era que aquello le generaría algunos pequeños problemas.
Una mañana, a principios de diciembre, Emily se despertó muy cómoda. Excelente. Primera vez en dos semanas que se despertaba en su cama. Pero… ¿era su cama? Sintió un movimiento a su lado, y acción inmediata, una lámpara de mesa se prendió.
- Sabía que te morías por acostarte conmigo, Mily – dijo Sirius, sonriente y seductor. – Pero no sabías que fueras tan…intimidante.
Emily se puso roja, no se sabe si de vergüenza o de ira. El “¡PLAF!” del cachetazo lo escuchó hasta Lily.
Ocho y media de la mañana: Emily caminando por delante, con pose ofendida, junto a Lily y Mora, que de vez en cuando lanzaban miradas de soslayo hacia atrás, sonrientes. Sirius, a más o menos diez metros, con la mejilla colorada, y seguido por sus amigos. Emily entró al aula de Transformaciones, y se sentó en la última fila. Sirius trató de entrar, pero al parecer se arrepintió y se quedó en el marco de la puerta.
- Buenos días, alumnos – saludó la profesora McGonagall, y en el aula se generó el completo silencio. – Hoy veremos… ¿Black, que rayos te ocurre?
Sirius levantó la mirada.
- Es que no puedo pasar, profesora – explicó.
Algunas risas. La profesora lo miró por encima de sus anteojos de montura cuadrada.
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¿De qué hablas?
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Es que la señorita Perednik – Emily lo fulminó con la mirada – me ha puesto un hechizo, que no puedo acercarme a ella a más de ocho metros. Y ahora no puedo pasar.
Hubo una carcajada general. La profesora frunció el ceño.
- No sea tonta, niña – le dijo a Emily – y saque ese maleficio, que no puedo darle clase a un alumno que no puede entrar al aula.
Emily, a regañadientes, murmuró el contrahechizo, y Sirius pudo entrar a clase, no sin antes dirigirle una sonrisa de oreja a oreja.
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¿Vamos, Emily? – le preguntó Lily, mientras todos juntaban sus cosas y se preparaban para dirigirse a Pociones.
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Sí, ya voy, solo tengo que hablar con la profesora McGonagall. Vayan yendo – Mora y Lily se encogieron de hombros, y salieron del aula, justo detrás de James, Remus, Peter y Sirius.
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¿Cómo es eso que te falta un buscador, James? – le preguntaba Remus a James.
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Sí, mi buscador ha renunciado. Dice que tiene demasiado que estudiar para las MHBs – James frunció el ceño – Así que tendré que hacer las pruebas. Otra vez. Qué aburrimiento.
Lily miró a Mora. Estaba segura de que ella no pasaría desapercibida ese comentario.