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Historia 27515 — capítulo 17
Desperté sobresaltada: aquel lugar no era mi habitación. Era una inmensa galería negra, que se hacía eterna a la vista. Me miré de manos a pies: no era yo. Mi pelo era liso y de un tono rubio y mis ropas demasiado finas. Me paralicé de golpe, aquello era demasiado extraño como para parecer si quiera real. Entonces recordé aquellos sueños que tenía Harry a veces y me regañé a mi misma por haberle dicho que podría haber aprendido a controlarlos si hubiera ido a Oclumancia más tiempo, pero sin embargo ahora me daba cuenta de lo inevitables que eran esos sueños y de lo que Harry había tenido que soportar. Me sentí estúpida, ahí sentada sin poder apenas moverme. Traté de levantarme del suelo, pero era como si estuviera pegada a él. Traté de revolverme, pero cada vez que hacía acopio de mis fuerzas unos calambres sumamente dolorosos recorrían mi cuerpo. Entonces comencé a oír siseos y pasos y me debatí aún con más fuerza, por lo que los calambres me quemaban la piel. Entonces caí en la cuenta de quién era y qué hacía allí. Se me paró el corazón unos instantes: era Narcisa Malfoy. Los pasos dejaron de oírse y alcé la mirada: Voldemort se hallaba ante mí con un brillo de enfado en sus ojos de serpiente.
-Contesta Narcisa, ¿dónde está Draco?- siseó Voldemort.
-No…no te puedo decir su paradero- respondí tratando de parecer segura.
-Cambiaré de pregunta pues, ¿quién eres?- preguntó lleno de ira.
-Her…Narcisa Malfoy- respondí apartando mi mirada de los ojos de Voldemort.
-Mientes- dijo Voldemort simplemente apuntándome con la varita y lanzándome una maldición cruciatos. Me revolví y el dolor se multiplicó. Opté por quedarme quieta y contener mis lágrimas.
-¿Quién eres?- preguntó esta vez más fuerte.
-Narcisa Malfoy, se lo juro- contesté con los ojos impregnados de lágrimas.
-Está bien, que nos lo diga Draco, pues- dijo llevándose uno de sus huesudos dedos a la Marca Tenebrosa y pronunciando algo en pársel. Unos segundos más tarde, Draco apareció en la estancia. Temblaba. Jamás le había visto tan vulnerable, parecía tan…débil. Lanzó una mirada hacía mí y pareció que sus temblores amainaban.
-Draco, responde, ¿es esta tu madre?
-Sin ninguna duda- dijo él con seguridad.
-Está bien, dile a esa impostora que se quite el disfraz de Narcisa y deje ver su identidad, o te aseguro que no tendré piedad con ninguno de los dos.
Draco se acercó a mi lentamente, se agachó a mi lado, me miró y noté un fuerte estremecimiento interno: ya no era Narcisa. Otra ven notaba mis rizos golpeando mi espalda y mi piel se había oscurecido.
Me eché a llorar amargamente.
-Bien Draco, así que esta es la impostora, ¿quién eres?
-Hermione Granger- contesté rudamente, ya no podía hacer nada por salvar mi identidad.
-Hija de muggles por lo que veo.
-Si
-Bien, ya sabes lo que hago con los muggles.
Levantó la varita y me apuntó con ella.
-Avada…
-¡No!- gritó Draco desesperadamente.
-Osas enfrentarte a tu Señor, Draco- siseó Voldemort furioso y levantando la varita esta vez contra Draco. Se acercó a él y puso su varita sobre la Marca de Draco. Grité a Voldemort que no lo hiciera, pero era inevitable, le iba a arrancar su alma.
-¡Para, por favor, máteme a mí, pero no haga daño a Draco!
Voldemort volvió a mirarme a mí y separó la varita del pobre Draco. Este no se lo pensó, echó a correr velozmente, sacó la varita y apuntó hacia mí. Cerré los ojos para no verlo, lo último que sentí fue una espiral y la mano de Draco sujetándome.
Desperté de golpe, sudorosa y muy pálida. Me revolví un poco en la cama y me encontré con alguien a mi lado. Draco estaba allí, algo más pálido que de costumbre y con la frente llena de perladas gotitas de sudor.
Me miró y sonrió.
-Al final hemos escapado, eh- dijo feliz.
-Sí- sonreí yo a mi vez.
Aquello no había sido un sueño, había sido real, muy real. Pensé en cuanto tiempo nos iba a quedar para ser felices, pero sin duda muy poco. Sin embargo estaba allí, viva, con el ser más maravilloso del mundo a mi lado.
Nos dormimos y al despertar estábamos ambos en la enfermería, con una bandeja llena de vasos de cristal. Traté de bajarme de la cama para ir a la de Draco, que estaba justo enfrente, pero no pude. Temí que me hubieran unido al suelo como la noche anterior, pero enseguida me di cuenta de que me habían unido las piernas con vendajes. Caí en la cuenta entonces de que la noche anterior había perdido mucha fuerza y de que probablemente se me habría roto algún hueso. Busqué a Draco con la mirada y le encontré dormido, lleno de vendajes y con el torso desnudo lleno de pociones curativas. Sonreí, al menos habíamos sobrevivido al Señor Tenebroso, los dos juntos éramos casi invencibles. Volví a acostarme y me sorprendí a mi misma pensando en el baile del día siguiente, un baile al que probablemente no asistiría. Una lágrima rodó por mi mejilla para caer sobre la almohada. Contuve un grito: estaba llorando sangre. Cogí mi varita de la mesilla y me tapé la cara con un paño viejo
-Accio silla de ruedas- mascullé entre dientes. Al instante una silla de ruedas estaba a mis pies. Bajé y me senté en ella con sumo cuidado. La hice avanzar hasta un tocador bajo el cual había una palangana con agua y un trapo. Cogí el trapo y lo mojé en la palangana. Miré mi rostro en el espejo, estaba…extraña. Mi rostro estaba mucho más pálido que de costumbre y mis ojos habían perdido gran parte de su brillo y unas ojeras moradas se dibujaban bajo ellos. Entonces descubrí la procedencia de la sangre. Bajo mis ojos había una cicatriz que aún sangraba. Pero no una cicatriz recta como las que suelen formarse. Tampoco se parecía en nada a la de Harry. Era como un triángulo en cuyo centro había algo escrito en pársel: Voldemort me había marcado y ahora iba a matarme. Me lavé las heridas sangrantes con un poco de agua y me dirigí hacia Draco.
Él al menos no estaba marcado. Decidí pedirle a Ginny algo de maquillaje para tapar la cicatriz, por lo que me dirigí a la torre de Gryffindor. Estaba a punto de salir por la puerta cuando una mano me retuvo por la espalda.
-¿Dónde vas jovencita?- preguntó la señora Pomfrey.
-A la torre de Gryffindor.
-Pero podría ser perjudicial para tu pierna, cariño- dijo amablemente la anciana.
-¿Qué le pasa a mi pierna?
-Es…extraño, es como si le hubieran desaparecido piezas, por así decirlo.
-¿Me faltan huesos en la pierna?
-Y algunos músculos, pero caray, estás sanando muy rápido, a este paso mañana podrás andar.
-¿Cuánto tiempo llevo aquí?
-Dos días, estabas dormida como un tronco, te dimos el crecehuesos y una poción para tus músculos aunque, la verdad, me sorprende que sigas viva, perdiste mucha sangre por la cara.
-¿Y cómo está Draco?
-El señor Malfoy está bastante mejor que usted, fue él quien te trajo aquí.
-¿Se recuperará pronto?
-Supongo que para el baile podrá ir, solo se rompió uno o dos huesos y enseguida le sanaron, ahora descansa.
-Me alegro de que esté bien.
-Tranquila mi niña, yo le cuidaré, tú si quieres puedes irte, pero tienes que seguir una serie de tratamientos, ¿podrás hacerlo?
-Claro, dígame que tengo que hacer.
-Calculo que antes de bajar a cenar podrás andar, pero haz lo siguiente. Cuando llegues a la torre, quítate las vendas y ponte esencia de díctamo en las cicatrices. Date un baño de agua caliente en el baño de prefectos, pero echa el jabón del grifo 27, que es curativo. Este grifo solo se abre con un permiso que luego te doy. Báñate durante 25 minutos y vigila de mover mucho las piernas cuando estés en el agua. Si lo haces bien, deberías poder andar.
-Gracias señora Pomfrey.
-Ten, la contraseña del grifo 27- dijo la ancianita tendiéndome un pergamino.
Traté de pensar en el peligro que ahora corría y me di cuenta de que aquella asustada niña que entró en Howarts hacía 6 años ya era toda una mujer.