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Historia 27515 — capítulo 2
Llegué al comedor con mi súper look fashion. Todos los chicos (incluyo a los de Slytheryin) me comían con los ojos mientras masticaban la comida con la boca abierta, daban mucho asco, la verdad, pero era como sentirse la reina del mundo. Me dirigí hacia la mesa de Gryffindor parare reencontrarme con mis amigos.
-¡Wow! Herms estás impresionante- dijo Ginny
-Tenías que haber visto como se chuleaba ante los chicos- dijo Ron con voz burlona.
-¡No es verdad!- dije yo salida de mis casillas con las mejillas sonrojadas.
-¡Atención!- dijo la profesora McGonnagal dando golpes frenéticos en su copa.
-Como ya sabéis- comenzó- este es el año de las despedidas de algunos alumnos y el año que, para otros, será el primero de este largo camino. Por ello este año el ministerio ha propuesto un Plan de Ayuda para Nuevos Alumnos. Consiste en que a cada alumno de séptimo de cada casa se le otorgará otro alumno de primero de su misma casa, para que los ayudéis en sus estudios. Será por sorteo y lo realizaremos después de la Ceremonia de Selección.
Un plan de ayuda, ¡genial!, ¿puede ir peor?. Tengo que centrarme al cien por cien en mis estudios y me van a poner un mocoso para que le ayude con un sencillo hechizo de levitación. Espero que al menos tenga ganas de estudiar, no, imposible, menos tú nadie tiene ganas de estudiar.
-Vamos a comenzar a asignar los estudiantes- dijo la profesora McGonnagal rompiendo mi conversación mental.
-Katherie Wilson, a usted le ha tocado la señorita Tanya Jey.
La mesa de Hufflepuff levantó un jolgorio inmenso de aplausos.
-Ronald Weasly, usted ayudará al señorito Jake Thomas.
-Noooooo- se oyó a Ron murmurar- el hermano de Dean no, me matará si no hago todo lo que me mande su hermano.
-Tranquilo Ron, podrás con un niño de primer curso, ¿no?- dije yo dándole palmaditas en su hombro derecho.
-Señorita Granger, usted se ocupará de Lyla Green- dijo la profesora McGonnagal.
Dirigí la mirada por la sección de alumnos de primer curso, pero no encontré a Lyla. Acabó la ceremonia y subimos a nuestras torres. ¡No, tengo que ir al despacho de McGonnagal!, pensaba corriendo en sentido contrario a los alumnos.
-Perdón por llegar tan tarde, profesora McGonnagal- dije exhausta por la carrera.
-No se preocupe, señorita- dijo la profesora con tono amable.
-Bien, señor Malfoy, señorita Granger, tengo que explicarles algunas normas nuevas. La primera de ellas es que cuentan con una torre compartida que consta de un estudio, una habitación y un baño privados y un laboratorio compartido. La puerta de vuestra torre es el retrato del niño de la sexta planta. La contraseña es “gominolas de sal”, espero que la recordéis, porque ese cuadro es muy cuidadoso y no os dejará pasar así por así, ¿entendido?. El cuarto de la señorita Granger es el de la izquierda, el de el señor Malfoy, el de la derecha. La segunda norma es que tienen derecho a pedir horas libres para realizar sus tareas, pero no podrán pedir más que cinco horas al mes. La tercera norma es que ambos tenéis derecho a usar la Sección Prohibida de la biblioteca, pero bajo supervisión de la señora Pince. No por tener más derechos que los prefectos, delegados y demás alumnos se librarán de los castigos. Tres castigos y perderán todos esos derechos, ¿comprenden?- finalizó McGonnagal.
-Si- dije yo con mi voz de niña perfecta.
La profesora McGonnagal se fue, dejándonos solos a mí y al rey serpiente.
-No soporto la idea de compartir mi torre contigo, Granger, podrías contaminar mi espacio vital- dijo con desprecio.
-Ni que fuera mi sueño compartir una torre contigo, Malfoy- dije yo con el mayor desprecio posible.
-Bonito look, Granger, casi pareces normal- dijo él con la voz de soy- mejor- que-tú.
-No me importa lo que me digas, Malfoy- respondí yo con mi voz de yo-si-que-soy-mejor.
-Nos veremos en la torre, Granger- dijo él con voz chulita.
Me pone cardiaca, es tan creído, Slytherin tenía que ser.
Subí las escaleras con muchas ideas en mi cabeza (el 99% sobre torturas posibles a Malfoy), cuando resbalé por la escalera tirando a una chica de primer curso a mi paso.
-Perdón, si te he hecho daño, lo siento, no sé en que pensaba- dije yo algo sonrosada.
-
Eres la primera chica que se disculpa conmigo- dijo la niña con voz tímida.
-
Pareces simpática, ¿cómo te llamas?- pregunté
-
Lyla, Lyla Green- contestó la niña
-
Encantada, soy Hermione Granger, tu ayudante de estudios, según parece- dije yo con una enorme sonrisa.
-
Nos veremos, Hermione, adiós- dijo la niña con sus impresionantes ojos azules brillando de emoción.
Me encantaba esa niña, me recordaba mucho a mí, sola, sin respeto por parte de nadie, íbamos a llevarnos bien enseguida. Seguí por mi camino mientras pensaba en Lyla, ¿por qué tenía tanto miedo?, ¿por qué le trataban mal? Fuera lo que fuera lo que le pasase, yo lo iba a arreglar. No iba a permitir que le hicieran nada a esa niña. Llegué a la torre dónde, como había dicho McGonnagal, había un retrato de un niño.
-Gominolas de sal- dije yo
-No me regañes, ahora te dejo pasar, pero por favor, no me regañes- dijo el retrato llorando.
-¿Por qué iba a hacerlo?- pregunté
-Porque el chico que comparte torre me ha regañado, es malo- dijo el niño
-Yo me ocuparé de que no te regañe, te lo prometo- dije yo, con voz de amabilidad infinita. El retrato se abrió dejando paso a un amplio corredor. Pasé a mi cuarto y me tumbé sobre la cama, sorprendiéndome lo blanda que era. ”Antes de descansar, he de zanjar un asunto”, pensé. Caminé a la habitación de Malfoy con pasos firmes.
-¡Malfoy!- grité yo
- Vaya, Granger ¿no puedes vivir sin mi o qué?- dijo él
-Eso quisieras tú- dije yo-¿Por qué has hecho llorar al niño del retrato?.
-No te importa, Granger.
-Si, me importa así que dímelo.
-No te metas en mi vida, no te conviene, ahora vete.
-No he acabado con este asunto, pero estoy demasiado cansada como para seguir, mañana zanjaremos el tema.
Di un portazo y salí del cuarto de Malfoy. “Le odio, es un creído, no es más que porquería mágica”, pensaba yo. “Pero ya verá como pronto eso va a cambiar”. Sonreí para mis adentros, la venganza estaba próxima.