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Historia 27515 — capítulo 3

Me levanté de la cama sobresaltada. Había tenido una pesadilla horrible: el niño del retrato estaba caminado tranquilo por los jardines cuando un chico le atacó por la espalda. El chico cayó al suelo con la cara manchada de sangre mientras su agresor se reía animadamente. Después cogió una botellita de cristal no más grande que su puño y la acercó al rostro del niño mientras le hablaba.

-Vamos, solo te pido tu alma a cambio de mi clemencia, sino la sacaré a la fuerza.

-¡¡¡¡¡NO!!!!!- gritaba el niño con la sangre brotando de sus labios.

-Muy bien, tu lo has querido así- dijo el chico dejando ver su rostro.

Ahí acababa su pesadilla, no necesitaba más para saber por qué el niño del retrato tenía miedo. El hombre de la capucha no podía ser otro que Lucius, el padre de Draco. Seguro que ese idiota lo había heredado todo de su padre. Aún así no estaba segura de si eso era real, podía estar equivocada y que todo fuera una ilusión, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Me puse una bata de verano sobre el pijama y me miré al espejo de mi tocador: estaba cambiada. Era más alta y hermosa y mi pelo, más rizado y rebelde que nunca (como yo). Me puse unos vaqueros y una camiseta de tirantes muy ajustada (cortesía de Ginny). Salí de la habitación muy sigilosa y caminé por el corredor para ir al pasillo, cuando una mano fría y suave me agarró por los hombros.

-¿Dónde vas a estas horas, Granger?

  • Al baño- dije contestando lo primero que pasó por mi cabeza.

-Mientes, tu baño está en tu cuarto- dijo el chico que me había agarrado por los hombros.

  • Iba a hablar con McGonnagal, quiero pedir una hora libre, ¿contento?

  • No creo que quisieras ir a ver a McGonnagal a estas horas, a saber que estarás buscando, espera yo puedo saberlo ahora mismo- dijo él sonriendo.

En ese momento noté como si miles de tentáculos agarraran mi conciencia juntándola a la suya. Noté como cada rincón de mi mente se estremecía cada vez que registraba uno de mis recuerdos.

-Para, por favor- supliqué yo, pero él hizo oídos sordos

Siguió explorando mi mente hasta que noté cómo los tentáculos se aflojaban y mi dolor disminuía cada vez más. Miré a Malfoy, que era quien me había leído la mente. Me agarró por el cuello de la camisa haciéndome alzar la mirada para encontrarme así con la suya.

-¡Cómo tienes ahí ese recuerdo!- gritó fuera de sí

  • ¡NO TE IMPORTA!- dije yo aún más alto

  • No creas que lo perdono todo, vas a ver lo que le pasa a una sangre sucia como tú cuando le levanta la voz a un mago- dijo con un tono peligroso.

Dicho esto sacó la varita rápidamente mientras yo caía al frío suelo. Traté de sacar mi varita, cuando me di cuenta de que, con las prisas me la había dejado en el cuarto. Malfoy gritó las palabras de una maldición prohibida.

-Crucio- gritó él con la cara iluminada bajo la luz roja que desprendía su varita. Traté de esquivar el rayo de luz roja pero mi cuerpo estaba tan agotado que no respondía. Noté cómo mi cuerpo se agitaba, como sacudido por la mayor de las corrientes. Era un dolor inhumano, mi cuerpo probablemente no resistiría mucho más a las sacudidas. Pronto oí el grito salvador de Harry:

-Expelliermus.

Pronto el dolor cesó mientras Malfoy salía despedido hacia atrás con una fuerza increíble.

-¿Te ha hecho algo ese idiota? – preguntó Harry

-Yo, iba por el pasillo y, él, de repente me atacó, fue horrible- dije entre sollozos.

-Tranquila, ya estás a salvo, Hermione- dijo Harry mientras me abrazaba para consolarme y eso me reconfortó.

-Puedes irte, Harry, gracias por ayudarme- dije mientras sonreía forzadamente.

-Si es lo que quieres, pero si ese idiota te toca, dímelo, verás como se le quitarán las ganas de hacerte daño- dijo él mientras se iba.

-Si, no volverás a hacerme daño, Malfoy- susurré para mí- Nunca más.

Caminé hacia mi cuarto aún recordando cómo Malfoy se había introducido en mi conciencia con facilidad pasmosa. “Debo aprender Oclumancia” pensé. Luego me di cuenta de que Harry podía enseñarme y seguro que lo haría. Me acosté con la ropa puesta y me dormí enseguida, toda yo estaba agotada.

Me desperté bien entrada la mañana. “¡Llego tarde a clase!” fue lo primero que pensé, pero caí en la cuenta de que era sábado. Salí de la habitación con la varita bien agarrada, “atácame ahora si te atreves” pensaba mientras recorría el pasillo en dirección al retrato del niño. Aunque aún me faltaran algunas piezas del puzzle, no había duda de que el agresor era el padre de Malfoy, su reacción lo había delatado. Salí del pasillo y se puso frente al cuadro, pero el niño no estaba allí. Lo busqué por toda la sexta planta, pero no estaba. Decidí ir a buscar a mis amigos. Bajé a los jardines y, como me imaginaba, estaban allí.

-Hola, Hermione, ¿estás mejor?- preguntó Ginny preocupada.

-Si, gracias- respondí yo

-Voy a vengarme de ese imbécil- dijo Ron mientras se iba poniendo rojo de ira y apretaba los puños.

-Lo peor fue que me leyó los recuerdos, todos, hasta los que tuve cuando era niña- dije yo con voz entrecortada.

-Querrás que te enseñe Oclumancia, ¿verdad?- preguntó Harry alzando la mirada. Por una vez supe que tenía amigos de verdad.

-Si, me vendría muy bien, ¿puedes?-pregunté mientras me mordía el labio inferior.

-Supongo que sí- dijo Harry

-Gracias, Harry- dije yo agradecida.

  • Podemos quedar en la Sala de los Menesteres, los viernes- propuso Harry.

-La destruyó Umbridge- dijo Ginny pronunciando la última palabra con asco infinito.

-En el laboratorio de la torre de Premios Anuales los viernes, alrededor de las seis, ¿ok?- pregunté yo.

-Vale- dijo Harry.

-¿Quién dice que nosotros tampoco queramos dar Oclumancia?- preguntó Ron.

-De acuerdo- dijo Harry asintiendo con la cabeza.

-Pues hecho, el viernes en mi estudio, quedamos en los jardines, porque como no sois Premios Anuales no sabéis cuál es la contraseña.

-Allí estaremos, Hermione- dijo Ron en representación de todos.

-Allí estaré yo, Granger- susurró Malfoy , que estaba detrás del árbol- Esta vez vas a sufrir, y no habrá ningún Potter que te salve.