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Historia 27515 — capítulo 5

Subí por la escalera que llevaba a la torre. Al llegar a la entrada observé que el niño descansaba hecho un ovillo sobre si mismo.

-Despierta, despierta- dije yo susurrando.

-Eh….-dijo el niño aún adormilado.

-Puedo hablar contigo un rato, por favor- dije yo suavemente.

-No sé, puede ser mala idea…- dijo el niño.

-Por favor…- dije yo mientras me mordía el labio inferior.

-De acuerdo, ¿qué quieres?- dijo él un poco molesto.

-Saber si, bueno…¿alguna vez fuiste humano?- pregunté yo suavemente.

-Si, era un humano, estudié aquí, como tú- dijo él entornando los ojos.

-Y, ¿por qué estás en este cuadro?- pregunté yo.

-Porque…, me sorbieron el alma y me encerraron en este cuadro- dijo él angustiado apretando los puños mientras unas lágrimas pintadas caían por su rostro.

-Lo siento, siento habértelo preguntado- dije yo sonrojada.

-No tienes por qué arrepentirte, tú no fuiste la que me encerró en el cuadro, fue alguien muy parecido al chico que vive contigo en la torre.

-¡¡¡¡Fuiste tú!!!!- grité de repente cerrando al fin el puzzle.

-¿Qué?- preguntó él frunciendo el ceño.

-Tú me mandaste aquel sueño, fuiste tú- dije nerviosa.

-No, si te lo mandé fue porque al pasar por aquí sin darme cuenta, recogiste parte de mis recuerdos, pero no sé cómo…-dijo él asombrado.

-Bueno, gominolas de sal- dije yo ya más relajada. El corredor volvió a aparecer cuando pensé en ir al laboratorio, debía conocer el campo de combate antes de librar la batalla. Me deslicé por el corredor como una sombra, no debía ser vista por Malfoy, no me ayudaría nada que se enterase de mi plan. Observé detenidamente cada rincón de la estancia con cautela, cuando observé algo que me llamó la atención especialmente. Las paredes estaban cubiertas por muchos tubos. “Serán los de el agua” pensé, “¿Y si esos tubos estuvieran cargados de petardos y comenzara a subir agua caliente”, sonreí maquiavélicamente, cosa que estos días hacía muy a menudo. El plan ya era infalible, solo faltaba aprender el conjuro de mimetismo, que, sin duda, sería difícil. Fui a la biblioteca para revisar todos los libros de pociones que podían contener la fórmula del encantamiento, pero no lo encontré, cuando caí en que yo podía ir a la Sección Prohibida, al fin y al cabo, era premio anual. Fui al lugar donde se encontraba la señora Pince, cara de buitre, como la llamaban mis amigos, le pregunté si podía pasar a la Sección Prohibida y ella asintió con la cabeza sin apartar la vista del Profeta que estaba leyendo. Me interné por los pasillos buscando un libro que tuviera algo que decirme sobre encantamientos, pero la mayoría eran de artes oscuras. Toqué un libro para examinarlo y este cayó estrepitosamente al suelo. Toda la biblioteca se volvió hacia mí. Me puse algo roja y me apresuré a recoger el libro cuando reparé en que una nota arrugada había caído a mi lado, “qué raro”, pensé, pero aún así, cogí la nota. Dentro ponía justo el hechizo de mimetismo, eso si que fue raro, pero aun así me llevé la nota escondida. Salí de la biblioteca apresurada, pero nadie lo notó. Subí a la torre velozmente y acabe agotada, pero al menos ya estaba a salvo de que me pillaran, aquella torre se había convertido en mi refugio, sabía que aquel niño me protegía con su alma, que no dejaría que me pasase nada. Escondí la nota entre mi ropa y me cambié de ropa, algo cómodo porque aquellas camisetas de Ginny me estaban matando, y los pantalones...mejor no decirlo. Me acosté en la cama y me dormí enseguida, pero una voz gritaba agitada al otro lado del tapiz mientras el niño lloraba por haber sido arrancado de su sueño.

-¡¡¡Hermione!!!- gritaba la voz de Ginny al otro lado del pasillo. Me levanté de la cama, me puse una bata sobre el pijama y salí descalza por las frías baldosas del suelo.

Llegué con los pies helados a la puerta, pero valió la pena. Ginny me esperaba emocionada en la puerta.

-¡Ven!, hemos contactado con Fred y George.

-Vamos- dije agarrándola de la mano y corriendo por las escaleras. Llegamos a la sala común de Gryffindor y entramos dentro. Ron y Harry estaban agachados hacia la chimenea y conversando tranquilamente con los gemelos.

-Hola, Hermione, ¿te has fijado en lo rojo que se pone Ron cuando te ve?- dijo Fred.

-¡¡¡¡NO ES CIERTO!!!!!- gritó Ron poniéndose rojo de ira.

-Ya nos ha contado el plan Harry, es muy bueno, pero yo te recomendaría otros petardos mejores- dijo George.

-Pero para eso estamos nosotros, dejad que nos ocupemos de la mercancía, el plan ya está en marcha- dijo Fred.

-¡Gracias!- exclamé yo pensando que si hubieran estado allí en carne y hueso les habría abrazado efusivamente.

-Solo falta el transporte para ir a Howarts- dijo George.

-Qué tal threstrals- propuso Ginny.

-Eres genial Ginny- dijo Harry con ternura mientras la besaba en la mejilla. Habían vuelto a ser novios, pero nadie más que nosotros lo sabía.

-Pero, ¿dónde sacamos los therstrals?- preguntó George.

-Harry llevará un par de threstrals a Londres mientras nosotros planeamos cómo vamos a encender las calderas de agua caliente para encender los petardos- expliqué yo.

  • Me parece buena idea, pero, ¿cómo burlamos a McGonnagal?- dijo Ron volviendo a su color natural de piel.

-Fácil, lo haremos de noche, nadie se enterará- dije yo mientras ponía mi ya típica sonrisilla de mala.

-Buen plan Hermione, sabía que hasta tú tenías rencor- dijo Fred sonriendo. Oímos unos pasos por el pasillo y cortamos la conexión con los gemelos. Me despedí de mis amigos y salí corriendo descalza hacia mi torre. Llegué con los pies rojos e hinchados, pero no importaba, la venganza estaba cerca. Me dormí enseguida, estaba agotada.

Desperté temprano, mi despertador había sonado demasiado pronto, “asqueroso cacharro muggle”, pensé nada más levantarme. Me puse el uniforme con la camiseta ajustada y la falda como un muñeca manga. Todo ello acompañado de litros de poción alisadora que hicieron milagros en mi pelo. Bajé la escalinata mientras a los chicos se les caían los libros al verme. Ese viernes iba a ser diferente, sin duda.