Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Cuando no queda nada más que recordar · de

Cuando no queda nada más que recordar — capítulo 10

Capítulo 10: [Encuentros]+[Una historia]+[Problemas…más problemas]

“Demonios” pensaba, me había levantado tarde, ya sé que estábamos de vacaciones, pero me estresaba pasar un día más sin estudiar, así que me dirigí a todo correr después del efímero desayuno hacia mi santuario…demasiado personal ¬¬, es decir, la biblioteca.

Al llegar a la vuelta del corredor, revisé la hora en mi reloj de muñeca y…me estampé con algo.

  • Auch- dije quedito rotando el torso para recoger mis apuntes pero…

  • Sí, auch!...lo siento, estas bien?

No me había molestado en ver si alguien había salido lastimado porque estaba casi segura de que la única herida era yo y de que el responsable era o la pared o una inoportuna armadura.

Sin embargo al escuchar esa suave y clara voz con acento extranjero, el estómago se me encogió y mis ojos fueron a parar a una sonrisa de las más radiantes y blancas que haya visto en mi vida, sumando unos impactantes ojos grises…no, en ese momento morados… o violetas? Y su larga mano de finos dedos se extendió ante mí para ayudarme.

  • Estás bien?- repitió su pregunta Angelique, mientras me levantaba.

  • Ah…sí, gracias, y tu?, disculpa…soy muy despistada- hable atropelladamente.

  • No, no te preocupes, creo que la distraída fui yo.

  • Ehm…claro- qué más podía decir?

  • Ah que descortés! Disculpa mis malos modales. No me presento después de haberte tirado.- se disculpó abochornada- Mi nombre es Angelique Chrestía, mucho gusto. Me parece que no somos de la misma casa, pues no te he visto en la torre.

  • El gusto es…mío, soy Hermione Granger y en lo que te pueda ayudar solo…dime.- le ofrecí mi ayuda…no sabía que decir- Pero me parece que no, no somos de la misma casa, tu perteneces a Ravenclaw? Quedaste en esa casa?

  • Vaya, veo que eres muy observadora señorita Granger- me dedicó otra amplia sonrisa.

  • No, no me digas así, somos de la misma edad, dime Hermione- sonrió condescendiente- y bueno, pasa que aparte de mi sala común, sólo la de los Ravenclaw está en una torre.

  • Bien, y dime Hermione- era irresistiblemente encantadora…no parecía hallarle falla alguna- hacia donde te dirigías con tanta prisa?

  • A estudiar, a la biblioteca- dije algo deprisa apretando los libros contra mi pecho, como una invisible barrera personal.

  • Podrías indicarme el camino a la biblioteca por favor?- me pidió con cortesía- podría acompañarte? Eres la primera chica de otra casa con la que tengo oportunidad de hablar…pero también me dirigía a pedir ayuda para llegar a la biblioteca, y mira, me caíste del cielo.

  • Vaya, pues el aterrizaje dolió un poco- bromeé y rió…su risa me pareció algo más dulce y melódica que su voz…esto era horrible, terminaría por obsesionarme!!!- pero, vamos.

Y así, la sonriente nueva alumna me acompañó a mi destino, caminamos por el corredor y subimos una escalera, mientras le daba una breve explicación de los cuadros, bustos, esculturas y armaduras, a lo cual lucía fascinada y hambrienta de información. Educadamente preguntaba por todo. Transpiraba elegancia y parecía que llevaba el más vistoso de los letreros de que pertenecía a la elite de la familia de magos en Europa.

Yo seguía sintiéndome pequeña e insegura a su lado, así llegué a percibir las mesas en la sala de libros, tan normales, como verdaderos monstruos amenazando desde su gran altura…Moví rápidamente la cabeza para despejarme y nos sentamos en una mesa vacía…sinceramente todo estaba vacío.

  • Vaya!- habló bajo- esto es grandioso!!! Ni mi abuelo tiene tantos libros!!!

  • Y dime, puedo decirte Angelique?- pregunté tanteando terreno.

  • Angie está mejor- sonrió apartando su mirada de las enormes estanterías repletas de libros para dirigirla hacia mí.

  • Oh…bien Angie- sonreí igual- y solo querías conocer la biblioteca o venías para estudiar? o algo más?

  • Bueno, verás, venía a estudiar, este año presentamos los ÉXTASIS y necesito ponerme al día, me falta estudiar mucho.

  • Te falta?- pregunté curiosa.

  • Sí- otra sonrisa…parecía que no se le acababan nunca, y que tenía una reserva ilimitada de aquellas cálidas muestras de afecto- verás Hermione, yo no asistí a la escuela nunca, aunque me llegó carta para Beauxbatons, pero…bueno- dudó- a mi familia no…no le pareció adecuado…bah! Tonterías, prejuicios y esas cosas, ya sabes. El problema es que como no estudié en institución, me contrataron profesores- cómo sospechaba Ginny- y así me la he pasado.

La miré calculadora y ella se encogió de hombros. Sí, no había duda de que la chica nadaba en dinero.

  • Vaya, y cómo tomaste eso de los estudios a domicilio?

  • Pues- rió- algo mal, nunca me gustó, los profesores era buenos, no lo niego, recibí una buena formación, además me hicieron estudiar idiomas, y ese profesor era muggle- rió de nuevo- no imaginas cuantos obliviates recibía porque era demasiado…perceptivo. Todo arreglado con el Ministerio de Magia, claro…

Al fin pude reí con ella, y fue una risa nada forzada, fue natural…pero a Madame Pince le refulgían los ojos.

  • De verdad? Que interesante, y qué te falta estudiar?

  • Bueno, no termino de entender algunas cosas acerca de los animagos.

  • Qué coincidencia!. Yo tampoco, y un amigo mío tampoco está muy claro en ese asunto, es algo…complicado.

  • Sí, un poco, demasiado estricto y minuciosamente inspeccionado por el Ministerio. Pero cuéntame más de ti Hermione, yo he hablado bastante, me gustaría conocerte mejor, eres una persona muy amable.

Me sonrojé un poco.

  • Pues, qué te puedo contar?

  • Pues, de ti, tus padres, amigos, qué tal la escuela, tus gustos e intereses y esas cosas.- terminó con un brillo de curiosidad en esos ojos tan misteriosos que, ahora con los rayos de luz que entraban directamente por las ventanas, eran de un fulgor violeta, un fulgor parecido al violeta del crepúsculo.

  • Bueno yo soy hija única- bajé la mirada, ella tendría prejuicios por la sangre? Pues claro estaba que por sus venas corría de la sangre más pura que había, pero me decidí- y soy hija de muggles, es decir no soy…

  • De sangre limpia?- preguntó e hizo un además despreciativo con la mano derecha- no le des importancia a eso, me da igual…o pensabas que me iba a importar?- inquirió con el entrecejo fruncido y una mueca de fingida molestia.

  • No, perdón, es que pensé…

  • No, tranquila…solo pienso que, eso no tiene importancia, una de las cosas por las cuales mis padres no querían que asistiera a una escuela como tal era que, según ellos, me mezclaría con gente que no era de mi clase- retorció los labios- como si eso importara…los mejores magos y brujas casi siempre son mestizos o de padres muggles…y debe ser interesante! Imagínate que gracia de Torre Eiffel si la hubiesen hecho solo con magia? No, creo que los muggles son unos genios.

Sonreí, me recordaba a Draco, y pensé que le hubiera gustado al señor Weasley…pero pronto se me retorció el estómago de nuevo, seguro le gustaba más ella, a él y a toda su familia.

  • Bueno ya, sigue!!! Vamos! Por favor!

  • Bien, si- salí de mi aturdimiento- pertenezco a Gryffindor, y ahí conocí a mis mejores amigos, a Harry, Ginny y- la sangre subió rápida como rayo a mi rostro y ella se dio cuenta, pues sonrió-a Ron.

  • Y supongo que ese Ron, es más que tu mejor amigo.

  • Sí, algo así- me apené más.

  • Vamos! No te pongas roja, es lindo enamorarse- agregó con ojos soñadores- y dime una cosa más, por supuesto que sé que aquí estudia el famoso Harry Potter, el Harry que mencionaste es…es él?

  • Si, es él, cuando estén disponibles sin entrenamientos de por medio, te los presentaré, son personas increíbles.- me sonreí al pensar en ellos.

  • Claro!!! Me muero de ansias!!!

  • Y dime tu algo Angie, cómo convenciste a tus padres de dejar las clases en casa y venir…aquí?- debió ser difícil, supuse.

  • Ah eso!, bien, el médium fue el abuelo- la miré sorprendida- verás, también soy hija única y la consentida de él, así que bueno, un día exploté y le dije que no toleraría más tomar clases de ese tipo y que, si quería que siguiera estudiando y no abandonara mi educación, tendrían que darme la oportunidad de estudiar en una academia como tal, o si no…que se olvidará de la niña de casa que había sido hasta entonces…se asustó- sonrió malignamente- y movió a todas sus influencias para que pudiera entrar, al fin el profesor Dumbledore en persona me examino y concluyó que estaba lo suficientemente preparada para entrar a este colegio…y aquí me tienes.

  • Impresionante!

  • Algo…el dinero hace muchas cosas, pero me hubiera encantado estudiar en una escuela desde los 11 años, tendría amigos, como tú, me hubiera enamorado, como tú…sería más normal.- y por primera vez un atisbo de tristeza surcó su cara.

  • Pero…es decir, por qué Hogwarts y no Beauxbatons?- así que ella también me envidiaba algo? O.o

  • Consideré mejor Hogwarts que Beauxbatons, ahí me hubiera encontrado gente que me…molesta, esos alumnos son demasiado…presuntuosos, y al mismo tiempo me mantengo lo suficientemente alejada de mi familia para que no influyan en mi educación…a ti te dejan hacer lo que quieras Hermione?

La pregunta me tomó por sorpresa.

  • B-Bueno no, tampoco al grado del libertinaje- titubeé- mis padres comprenden que ya no formo parte de el mundo normal al que están acostumbrados, lo aceptan y ellos saben que ya soy mayor de edad en este mundo, y por lo tanto me tratan como tal; el caso es que debe ser recíproco el trato Angie, debo ser obediente y estudiosa, una buena chica, solo así les compenso lo que han sacrificado por mi, por mi educación, y por la vida que ya llevo.

Me miró triste…pero pareció un gesto fugaz, pues al segundo siguiente lucía de nuevo esa preciosa sonrisa.

  • Que padres más maravillosos, y que buena hija tienen, deben estar orgullosos.

  • Deben ser los padres más orgullosos del mundo sin duda- afirmo con orgullo una voz que nos asustó a las dos, pero al sentir esa mano cálida en mi hombro una tranquilidad me invadió, era Draco, quien sonrió y se disculpó- perdonen mi intromisión ,escuché sin querer y no pude evitar meterme, solo quería reafirmar un hecho incuestionable.

Angelique le sonrió muy ampliamente, como a todo el mundo desde ayer y me miró de reojo, lucía un aspecto un poco…

  • Mucho gusto, Angelique Chrestía a tus órdenes- se presentó de nuevo- y tú debes ser Ron, no?

Plack!!! Un fuerte estruendo de libros se escuchó en la sala al caerse del firme abrazo de mi amigo, agradecí mentalmente que la bibliotecaria saliera o nos hubiera matado.

Draco se apresuró a recoger los libros antes de que tuviéramos la oportunidad de ayudarle, así que nos sentamos de nuevo y le miré preocupada, aunque no tanto como Angelique, que pareció darse cuenta de algún terrible error…yo solo veía una confusión, y me apené internamente porque no le había hablado de Draco…era tan reciente!!!…

  • No, no soy Ronald- aclaró Draco sin mirarme y desdoblando la hoja de algún desafortunado libro, cuando terminó nos miró con una sonrisa, y luego dirigiéndose solo a ella se presentó:- ni nombre es Draco Black…o Draco Malfoy, como prefieras- terminó con una nota de amargura.

  • Oh…lo siento tanto- repitió Angie con cara de afligida- de verdad, discúlpame, y mucho gusto Draco- se calmó un poco- pero supongo que prefieres ser Black, aunque te conozco por Malfoy.

  • Es igual- alzó los hombros quitándole importancia.

  • No, él es Draco Black…todo un Black, Angie- era mi turno de intervenir por él y tomé su mano delicadamente, a lo cual me contestó con una sonrisa. No entendí la cara de confusión de Angelique- él es mi otro mejor amigo.

  • Ah!- pareció algo aliviada, pero no se iba ese asomo de duda en su rostro-creo que no lo habías mencionado.

  • No, sucede que es algo bastante reciente y bueno…

  • En realidad ella y yo nos odiábamos.

  • De verdad?- pareció sorprendida la chica- no lo parece en realidad.

  • No, te digo, es mi amigo, mejor amigo- sonreí igual.

  • Mejor amigo- repitió Angelique arrastrando las palabras, casi en un susurro y mirando fijamente nuestras manos tomadas.

  • No mal interpretes nada Angelique- le pidió Draco tranquilo- es que…

  • No tranquilo- le quitó importancia al asunto nuestra interlocutora- comprendo.

  • … la cuido mucho, sabes? Como…mi…hermana, nos gusta estudiar juntos, siempre nos vemos aquí, resolvemos guías y en estos momentos que sus amigos y su novio no pueden estar con ella, por lo del entrenamiento pues

  • Eso tiene arreglo Malfoy.

Una voz nos asustó por segunda ocasión y Draco soltó mi mano como si una descarga eléctrica le hubiera quemado. Me volví al mismo tiempo que Angie para ver los centelleantes ojos zafiro de Ron, que tenía un gesto adusto.

  • Ron!- exclamé - terminó el entrenamiento?- bajé la voz.

  • Creo que es un poco obvio nena- soltó con brusquedad, solo que no quitaba la mirada de mi amigo, que se la regresaba desafiante; nuestra nueva amiga viraba de un lado a otro mirándolos, a ambos, con el ceño fruncido.

Ron lanzó una mirada a mi mano extendida sobre la mesa, la escrutó con cuidado y supe de inmediato que, momentos antes, la había visto tomada de otra, que no era la suya. Un frío me recorrió la espina dorsal. No me gustaba su gesto torvo y esa sonrisa tan…fingida. Pareció advertir algo, un atisbo de comprensión pasó por sus bellos ojos y se dirigió a Angelique.

  • Hola preciosa- saludó inesperadamente, me miró por lo bajo y Angie se sorprendió mucho, y yo….yo no sabía que había pasado con ese saludo. Miré a otro lado, con el ya conocido ardor en la garganta.

  • Oh…mmm a mi?- preguntó la chica sin evidenciar más su asombro.

  • Por supuesto, a quién más?- escupió Ron como si fuera obvio y su exagerada cara de incredulidad provocó que Draco, con una mirada asesina, comprimiera entre sus fuertes manos algunos pergaminos con apuntes; mis ojos se fijaron en que sus nudillos, de por sí blancos, se volvían más blancos de lo normal debido a la presión que ejercían.

  • Hola- contestó al fin Angelique con una ceja levantada muy por encima de su posición normal, pero con el tono de quién no ha hablado durante mucho tiempo: frío y hosco, no amable ni halagado. Aún así, mi mirada no se atrevía a dejar en paz la mesa, ni los nudillos de Draco.

  • Dime una cosa, tu quisieras pertenecer a mi grupo de admiradoras?

  • Tienes algún club de fans? – preguntó nuestra acompañante incrédula - y eso….por qué? Eres campeón en torneos de conocimiento? Portador de la medalla a méritos escolares? O quizá tienes las mejores calificaciones del colegio?

  • Ja- soltó sardónico Draco- si fuera por eso, los clubes estarían a nombre de Hermione, no estarían dedicados a… patanes ufanos.- me estremecí.

  • Lindura, tienes que aprender a escuchar a quienes valen la pena ser escuchados, algunos tienen lengua de serpiente, quiero decir que debes elegir mejor tus amistades.

  • Eso me parece argumento robado Ronald- sonrió maliciosamente el rubio y agregó con tono mordaz- y parece que a quien se le bifurcó la lengua es a ti.

  • Angelique – articuló con trabajo Ron, le costaba hablar por el esfuerzo que hacía en no abalanzarse sobre Draco…pero su voz se suavizó…y sentí que Angie tenía su fuerte mirada puesta sobre mí, como esperando que hiciera algo…solo que, simplemente, no podía hacer nada – te invito a un entrenamiento de quidditch, por eso tengo un club de fans, porque soy el mejor guardián…y conozco a las chicas mas guapas del colegio, podrías ser una de ellas

  • Cómo te atreves?!? así te diriges a todas las mujeres que conoces delante de tu novia?- censuró Angelique con un porte altivo que no le había visto ni una sola vez.

  • No- Ron parecía abofeteado e incrédulo, de reojo miré a Draco y estaba más que enojado, quería salir de ahí, todo se salía de mi control…no quería reaccionar como boba- solo a las que merecen la pena.

La chica soltó un bufido de indignación y yo no creía lo que escuchaba…qué le pasaba???!!! Las lágrimas ya comenzaban a llegar a mis ojos, pero mi dignidad!!! Por Merlín!!! Tenía que reaccionar!!! Aspiré una bocanada de aire, pestañeé muchas veces para deshacerme de esas molestas lágrimas… recuperé la compostura y me dirigí a Ronald, levantándome de mi asiento:

  • Necesito estudiar y con tu distracción no puedo hacerlo, así que si no te vas a unir a nosotros, hazme el favor de esperar en la sala común… - me miró con los ojos un poco más abiertos que lo normal, quizá a falta de algún signo depresivo en mi semblante (bien le mentí que no iba a ponerme celosa ¬¬)-, así que titubeó un poco y me contesto como defensa:

  • Pues no parecía que estaban estudiando, o la información ya se pasa por ósmosis y tomados de la mano? – soltó con ironía y las cejas arqueadas hasta el nacimiento del cabello, en una insolente mueca de sorpresa.

  • No crees problemas- le pedí con una mirada dura, sin rastro de aquella fatalidad que sentía- qué te sucede? Sabes que vengo a estudiar, Angelique necesitaba venir, y Draco llegó después. Y si te vas a plantar ahí con tu carota por nada, me voy a estudiar a otro lado.

Me miró con infinita irritación, logré ver una media sonrisa, muy bien disimulada, en la cara de Angie y a un Draco satisfecho. Ellos se odiaban a morir, todavía…a pesar de todo…mi amigo y mi novio…se odiaban por mi. Y aunque amaba a Ronald, no iba a permitir que me hiciera menos delante de nadie, no iba a permitir que me humillara…puso el dedo en la llaga, me hizo sentir inferior a Angelique, la perfecta Angelique. Pero yo…era yo: Hermione Granger.

  • Lo mejor es que salgas de acá- continué- y te repito, espérame en la sala común…si quieres por supuesto y si no piensas esperarme o si vas a seguir coqueteando con algunas chicas más solo...sal de mi vista. Draco- me dirigí a él y me miró con sorpresa- te espero en el haya junto al lago, con tus libros y notas y Angie, si gustas venir con nosotros adelante.

Tomé mis libros de la mesa golpeando con las palmas más de lo normal, ganándome un leve cosquilleo, y miré a Ron…con esa mirada que solo le reservaba a él cuando me hería, él lo sabía pues era una mirada llena de reproche, dolor y desilusión.

Salí a grandes zancadas de la biblioteca sorteando a todo aquel que se interpusiera entre mi destino y yo, necesitaba respirar ese gélido aire de invierno, ese que te cortaba el ritmo de las inhalaciones, el que dolía en los pulmones, aquel que te quemaba la garganta tanto o más que aquel maldito ácido de celos.