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Cuando no queda nada más que recordar — capítulo 11

Capítulo 11: La tormenta [¿sigue la calma?] Agh!!!

Con un grito de frustración, que se quedó más que ahogado en mi garganta por la firme convicción de no llamar la atención, pateé una buena porción de nieve que salió volando en dirección al lago, algunos copos fueron a parar al voluminoso tronco del haya y quedaron allí como pequeñas manchas de inmaculada blancura.

Algunos niños de primero que estaban patinando en el congelado lago me vieron extrañados, y salieron disparados hacia el otro extremo del lugar; otros más, algunos años mayores, desviaron el camino cuchicheando entre sí; y otros…ay no….por qué?

Nada podía ir peor hasta que una negra, larga y sedosa cabellera se atravesó ante mi campo de visión.

  • Que pasa Granger???- me miró Lena con una no muy bien disimulada sonrisa- por fin nuestro guardián te bateo como a una bludger?

Su grupo de guardaespaldas rió la broma y mis ojos centellearon de rabia, no me encontraba en mi mejor momento y ni yo misma conocía mis límites, pues nunca me había visto en semejante situación. Parecía que sin testigos su falsa amabilidad desaparecía, toda hipocresía quedaba enterrada bajo el más puro y ferviente odio.

  • Eso te gustaría mucho no?- le dije calmada- pero te diré una cosa…Lena- me acerqué unos pasos y ella los retrocedió…Bien!!! No había olvidado mi estatus de prefecta! Sabía como le podía ir.- creo que no es a mi a quien debes envidiar, al parecer hay una linda y nueva sirena en los siete mares que tanto celas…nunca escuché siquiera que una simple humana pudiera hacer algo contra eso.

Me di media vuelta, tan tranquila y serena como si le hubiera impuesto una pequeña sanción a algún travieso de tercero, pero casi pude entrever sus puños hechos nudo y contra atacó:

  • La chica nueva, o no?

  • Por supuesto Lena, quién más?- seguía apacible, por alguna razón me gustaba más la idea de Ron con Angelique, que de Ron con esa arpía a punto de lanzar sus garras contra la primera que se interpusiera en su camino.

  • Eso no me preocupa, sabelotodo- me aseguró con tono burlesco- tu eres la novia, no yo…pero de todas formas, él, nuestro guardián no nos dejará, ni por una belleza, que ni lo es tanto, ni por un ratón de biblioteca…te lo aseguro.

  • Pues yo te advierto una cosa- le devolví la mirada intensamente, y pareció sorprenderle verme así, pues yo nunca presentaba ese lapsus colérico por el que pasaba en esos momentos- cuídate de no levantar la mano contra nadie, porque, si me entero de que Angelique sale "extrañamente" lastimada sé muy bien contra quién volverme, y la profesora McGonagall también.

Su mirada iracunda podría derretir todo el hielo a nuestro alrededor, sentía que habían pasado horas desde que estuviese fuera del castillo y hablando con ella.

  • No sé en qué mundo rosa vives, Hermione, ninguna niña buena como tú, en sus cabales, saldría con alguien como Ronald- ahora la tranquila era ella- no te conviene, y no porque yo lo diga, pero saldrás perdiendo en todos y cada uno de los sentidos que una relación amorosa puede implicar.

  • Tú que sabes de eso? No te entrometas, por favor.

  • Ja! Que qué sé yo? Mucho más que tu, yo y todas estas chicas- señaló a sus compañeras- le conocemos en la cara que no te presenta, la que no se atreve a presentarte…Hermione, él dejo de ser un niño tonto hace mucho tiempo, ya no es el Ron del trío dorado, no es el amigo de Harry Potter, no es el chico al que hacían sentir menos con cualquier estupidez, no… él es Ronald Weasley, el guardián del equipo de quidditch de Gryffindor, el mejor jugador del colegio, el futuro jugador de una liga mayor…es una persona que ya no puede dar paso atrás, no puede volver a ser lo que era, porque ya no esta en su naturaleza hacerlo. Solo nosotras le aceptamos así, porque lo conocemos en esa faceta.

Me había quedado sin habla, por supuesto que no era así!!! Ella no tenía ni idea de cómo era él!!!...Esa chica no era la niñita que me había imaginado, no era cualquier niña de 16 años, era mayor…en muchos aspectos que yo no podía superarle todavía.

  • Así que- siguió- como mujer te recomiendo que no te ilusiones, Ronald no es para ti Hermione, creo que como cualquier chica deseas a alguien que te cuide, que esté contigo, que te sea fiel y te ame…son cosas que él no podrá darte del todo. - Agitó su cabellera azabache y sin ningún gesto malicioso me miro- Olvídate de él Granger, todavía no puedes darle lo que él busca en una chica, y por lo mismo te botará pronto.

Un gran nudo de no sé qué se había colocado en la boca de mi garganta, y aunque debía aceptar esa verdad, mi corazón sabía que ese Ronald del que ella hablaba, si es que existía, dejaba de serlo a mi lado…eso solo yo lo sabía. Comenzó a nevar de nuevo.

  • Te equivocas Lena, yo le conocí mucho antes que tú, sé perfectamente quién es él, porque yo le conozco la mejor cara de su persona, una que nunca te mostrará a ti, la única que le entrega a sus verdaderos amigos…No puedes hablar así si no lo conoces más que dentro de una cancha de quidditch montado en una escoba.

  • No sabes de qué hablas- quedó seria de repente- te desilusionarás más pronto de lo que nunca pensé…Chicas, vámonos.

Sus secuaces ya habían dado la vuelta tras ella y se disponían a alejarse, pero me quedaba una última advertencia.

  • Lena- le llamé y ella medio volteó a verme, en ningún momento le demostré mi gran angustia- el incidente del viernes pasado no se quedará así - tembló un poco ante la mención del problema, sabía perfectamente a qué me refería; mi voz iba cargada de amargura al recordar los profundos cortes en su blanca espalda- lo lastimaron…así que no me cabe en la cabeza que puedan quererlo como presumen. No estoy dispuesta a dejar que pase de nuevo nada parecido. Así que mucho cuidado, porque lo sabe nada más y nada menos que nuestra jefa de casa y una prefecta: yo… Adiós.

Fui yo la que me despedí tomando la dirección hacia el gran árbol a mis espaldas, me quedé mirando el atardecer, todavía el sol estaba lo suficientemente en alto como para durarnos su luz 3 ó 4 horas más o menos, pero los colores que adquirían las nubes y el cielo era de lo más fascinantes.

Una extraña hiel me recorría la garganta, sentía la boca seca y en efecto, al respirar como yo lo hacía en ese momento (larga y pausadamente) me causaba una enorme quemazón que llegaba hasta los pulmones, no podía sentir más dolor, era imposible. Cuando confié en voltear, Lena y sus amigas habían desaparecido.

Mi intención era guardar la calma, así que mis aspiraciones eran cada vez más profundas, al igual que el dolor en mi pecho, y al momento con un hechizo de mi varita, quité toda la nieve en 4 metros a la redonda de nuestro lugar favorito y sequé el pasto, sin quemarlo.

Viendo el espacio de hierba, medio amarillenta por tanto hielo, libre y a mis pies me puse a pensar que tanto de lo que Lena me dijo era verdad…mucho tiempo pasó desde que Ron fuera un excelente jugador, mucho desde que le volviese a hablar, y para ser sinceros no como nos hablábamos antes…todo era distinto, ya no era el Ron al que yo conocía.

Los terrenos se iban quedando vacíos, los alumnos corrían al castillo porque empezó a enfriar un poco y la nieve no hacía más que empeorarlo, pero yo me quedé ahí, sola. Solté con cuidado los libros y apuntes a un costado, y me recargué en el viejo árbol.

Será extraño pero sentía como si aquel descomunal ser viviente me abrazara y acompañara en mi dolor, así que me pegué a él como si fuera mi salvavidas, me abracé las rodillas y lloré…lloré mucho más de lo que antes podía llorar, era tanta mi confusión, mi dolor e indignación que no sabía qué más hacer. No sabía qué creer! En verdad ellas le conocían más que yo? Por qué? No podía ser cierto…Pero, si lo era, sería capaz, ese Ronald Weasley, de quererme como él mismo me decía?...algo me dijo que no.

Pasó algo de tiempo y sentía que aquel frío digno de cualquier averno me envolvía, la nieve formaba remolinos y todo era blanco. Sentía que las lágrimas se me habían cristalizado a medio trayecto y que ahora adornaban mis mejillas como pequeños brillantes…y sentía que todo podía volver a la normalidad si lograba salir de ahí viva. No veía otra cosa que densos torrentotes de nieve, por todos lados, el frío me calaba hasta lo más hondo y lo que antes había retirado de nieve con magia ahora se doblaba y me cubría hasta las pantorrillas. Una tormenta.

Lo único verdadero ahí es que no podía moverme… "o quizá no quieres hacerlo", me dijo una vocecilla en mi cabeza.

  • Sí, quizá no quiero- dije en voz baja y castañeando los dientes. Mi abrigo, gorro, guantes y las mil prendas que tenía debajo no hacían nada contra aquel frío glacial, tenía la ropa empapada…me dio miedo, estaba en medio de una tormenta de nieve y no sabía muy bien porque mi instinto de supervivencia estaba adormecido.

"No seas idiota!!, levántate y ve al castillo, no querrás que te encuentren hecha una verdadera momia de hielo, verdad?"- seguía la molesta voz.

  • Ya déjame en paz….largo…no quiero moverme- y nuevas lágrimas bajaron a formar parte de la colección de cristales en mi rostro.

"Vamos Hermione, qué pasa contigo? No puedes dejarte por alguien que no…"

  • Cállate!!! Él me quiere, mientras él me lo diga yo le voy a creer!

"Te estas muriendo…vas a enfermar, con esta tormenta no te van a encontrar Hermione, vamos! Ve con tus amigos!!! Te están buscando!"

  • Mis amigos…-pensé- Ginny, Harry…y Draco…No puedo moverme, no siento las piernas, ni los brazos- sollocé.

"Eres una tonta…lucha!!! Él no te quiere y no vale la pena ponerte así…valiente consciente tengo"

  • No puedo.

"IDIOTA! LEVÁNTATE!!!"

-No quiero…mejor así- ya no sentía tanto frío, habían pasado bastantes minutos, quizá hasta horas, desde que la tormenta había comenzado hasta que se intensificó. La voz me molestaba mucho, hacía calor, no veía nada…nada excepto manchones de blanco y oscuridad…y la voz seguía gritando a lo lejos, casi no la escuchaba.

Me había adormecido un poco para mitigar el frío que sentía.

-Hermione!

  • Que me dejes…en paz…por favor, ya no me importa- sollocé de nuevo y veía sombras negras…corrección, una sombra negra- vete…

  • Herms?- se acercó a mi, no veía nada, ni tenía control de mi cuerpo...Esa voz, no era la misma de mi cabeza. La sombra tocó mi rostro, maldecía e intentó levantarme- vamos nena! Aguanta…por favor, por favor.

  • Qué haces aquí?- susurré y sentí, con mucho esfuerzo y un extraño cosquilleo, como uno de sus brazos se pasaba suavemente por mi espalda, abrazándome más y el otro me sujetaba fuerte por las piernas.

  • No hables, tranquila, enseguida te llevo a la enfermería—respondió de nuevo, y si no me engañaba mi estado de "casi letargo", se escuchaba preocupado. Algo cálido cayó en mi mejilla, cálido y húmedo…y pequeño…algo parecido a una lágrima. Y me desvanecí.

Oscuridad. Silencio y oscuridad, eso era todo.

Me costaba un enorme esfuerzo respirar, y me dolía, así que por un momento pensé que seguía en medio de esa tormenta de nieve, porque también tenía frío, y temblaba.

No quería abrir los ojos, porque me daba miedo esa oscuridad que me envolvía, esas ráfagas blancas que me quitaban, poco a poco, el calor de mi cuerpo. Pero no podía ser tan cobarde, era una Gryffindor, por Merlín!!! Debía afrontarlo, y salir de ahí si es que me era posible.

Moví un poco la cabeza, y me di cuenta de que estaba sobre algo blando, así que recordé, muy pronto, que alguien me había ayudado, que alguien me había sacado de ese clima tan terrible…pero, quién?.Me dolió un poco la cabeza al recordarlo…Harry? No, no podía ser, quizá…sí! Podría ser Ron!

Una cálida esperanza se metió hasta lo más hondo de mi corazón y me infundó el valor necesario para abrir los ojos…pero cuando lo hice me estremecí, todo estaba oscuro, tal como temía que estuviera si los abría.

Tardé un poco un que mi vista se acostumbrara a la penumbra, pero cuando lo hubo hecho distinguí el marco de las ventanas, las cortinas y camas. Tanteé con la mano derecha y me encontré con un colchón en el que estaba acostada, era la enfermería, pues no había doseles, no era circular y todo olía a extremadamente limpio.

La mano izquierda hizo lo mismo un poco después, más lenta y suavemente, y se topo con algo en lo que no había reparado antes, algo duro y a la vez suave, cálido. Me sobresalté un poco y palpé con más cuidado, casi no tocando, para sentir una sedosa cabellera entre mis dedos. Alguien estaba durmiendo al lado de mi cama, con ese frío que hacía, y a las tantas de la noche, pues estaba tremendamente oscuro; supuse que la tormenta seguía porque no se filtraba ni un rayo de luna por las ventanas.

No lograba adivinar quien era, pues no lo veía, pero sabía que era un chico, tenía el cabello corto y lacio, y dormía plácidamente. Yo parecía un témpano de hielo a su lado, y sentía más frío que él, supuse, pero al mismo tiempo un calor inaguantable. Estaba enferma, seguramente tenía fiebre y además, estaba muy cansada. Acaricié suavemente a aquel extraño, pues sentía una gratitud hacia él por no dejarme sola y, vencida por el cansancio, volví a dormir.

Cuando volví a abrir los ojos me dolía un poco más la cabeza, y ya había luz, era tarde.

  • Señorita Granger! Por fin ha despertado!- dijo contenta una voz, era la de Madame Pomfrey, estaba segura y me dosificó algún jarabe muy dulce.- a ver, tome esto, así es…bien! Iré enseguida a informarle a la profesora McGonagall! Estábamos a punto de enviarla a San Mungo!!!

  • Qué me pasó?- todavía no comprendía muy bien la situación. Todo me dolía, pero la fiebre había cesado.

  • Pues que casi pesca una hipotermia- dijo sorprendida- por suerte no ha sido demasiado tarde. Enseguida regreso y no se mueva.

Salió presurosa y yo fui mas conciente de lo que me rodeaba. Estaba tendida en una suave cama, con cobijas calientitas y algunos frascos de medicina en la mesita de noche al igual que unas lindas flores.

La puerta se abrió de golpe y entró corriendo Ron, no paró hasta situarse a mi lado y abrazarme. Todo pasó tan rápido.

  • Estas bien! No sabes cuánto me alegro!- dijo con un suspiro- perdóname, por favor.

Yo no sabía muy bien de qué me hablaba, pero agradecí su abrazo.

  • No pasa nada -y se me ocurrió que era él quien estaba a mi lado por la noche- por cierto gracias.

  • Pero…por qué?-Me miró algo sorprendido.

  • Pues por cuidarme, ayer estabas aquí, por la noche, no es así?- agregué.

  • No Herm, no nos dejan pasar las noches aquí, recuerdas?- dijo confundido- a las 8 a más tardar nos teníamos que retirar, siempre, Pomfrey nos sacaba a patadas.

  • Pero ayer…estoy segura que…-recordé el tacto, la calidez…no podía ser un sueño- déjalo, seguro lo soñé.

  • Seguro nena, no has despertado desde anteayer y la fiebre no cedía.- Tomó mis manos con delicadeza y las sostuvo así, entre las suyas, que eran cálidas y grandes.

  • Pero cómo?- salté de la almohada sin soltarlo- quieres decir que estuve dos días así?

  • Así es Hermione, pero tranquila, recuéstate o podrás enfermar de nuevo. Quieres algo?

  • No- negué con la cabeza- gracias. Y ha venido alguien más desde entonces?

  • Claro! Ginny, Harry, Neville y Luna no cesaban de venir! A cada rato! Hasta- hizo una pausa- Angelique ha venido a verte, ella te trajo las flores.

  • Oh, tengo que verla para agradecerle- y recordé el incidente del lunes, el por qué de cómo me puse, mis celos y mi tristeza, mi plática con Lena…y mi furia contra él- es muy amable de su parte.

  • Sí, lo es, es una linda chica.- Una descarga me llegó al corazón.

  • No ha venido Draco a verme?- pregunté como vía de escape y mirando mis manos, me parecían más moradas que de mi color normal.

  • Ah, él- dijo molesto y sentí una rabiosa satisfacción- no lo sé, procuro no encontrarlo si es que puedo, aún así no me han dicho mucho de él. Pero me parece que fue él quien te trajo el lunes por la tarde, eso tengo que agradecérselo.

Le miré ceñuda y sorprendida, algo en mi pecho se desmoronó.

  • Así que…no fuiste tu?

  • Hermione, te recuerdo que ese día me mandaste al coño y preferiste estudiar con él, pero parece que la tormenta llegó antes…por qué no entraste al castillo?

  • No…no lo sé, Ron-parecía ausente, como ida- déjame sola.

  • Qué?

  • Vete- le pedí dolida, no era él quien me había rescatado, no era él quien me cuidaba por las noches…

  • Hermione, perdóname, pero es que…

  • Nada - le dije mirando las cobijas- no hay problema, solo déjame.

  • Pero- algo en su voz se cortó- no quiero irme, no me entiendes? Casi te mueres hace unos días! No sé que te pasó que no entrabas, preferiste quedarte allá afuera!, en qué pensabas???- me dijo cada vez más alto y con desesperación, por fin levante la mirada y le vi, así, enojado, impotente y con los ojos anegados en lágrimas.- No ves que casi me muero yo igual?...no quería hacer esa escena en la biblioteca, pero…

  • Eso no te importó mucho cuando casi le pides matrimonio a Angelique, no? Así que no vengas con arrepentimientos absurdos, yo sabía a qué me atenía al salir contigo, solo que…no pensé que tu descaro fuera tanto. Ahora vet…

  • Que no quiero! Y te aguantas!!! te pido mil perdones- se arrodilló al pie de mi cama y tomó mis manos más fuerte; nos mirábamos casi directamente, sino fuera porque mi mirada no quería clavarse en la suya- perdóname Hermione, pero…me puse loco de celos! Entiéndeme!!! No fue a propósito! Solo…quería…no sé, me sentía mal!!

  • Celos? De qué celos???- le miré como si fuera un loco- estas mal Ronald! No hay motivo alguno para que sientas celos! Además, de quién o qué? De los libros? No seas idiota!

  • Por supuesto que no de los libros, ni de nada de eso, no seas tonta

  • No me vas a venir a insultar, fuera de aquí!!!

  • ES DRACO!!!- me gritó fuera de sus casillas levantándose del suelo. - Es Draco!! No lo entiendes Hermione? Le gustas!!! Y te pasas más tiempo con él que conmigo!!! Y yo…- se calló, como para alargar el impacto de su argumento.

  • Te das cuenta de lo absurdas que son tus palabras Ronald?- le miré incrédula y el enojo crecía- no seas patético, eso jamás podría ser. Él me trajo, me lo dijiste, no?, me salvo y siempre muestra más interés por mi que tu, como ves? Pero solo porque es mi amigo, algo que olvidé y quise pasar por alto contigo Ronald, tú dejaste de serlo hace mucho tiempo. Lo recuerdas??? Porque esas cosas no se olvidan fácilmente.

Ya no podía controlar lo que decía, era una excusa tan tonta!!! Era tan estúpido!!! No quería verlo más!!! No me hacía más que daño…En mi última mirada atisbé un profundo dolor en su expresión, lo había hecho sentir mal, muy mal, lo sabía…pero no me importaba.

  • Señorita Granger!- nos interrumpió la profesora McGonagall y salté un poco- señor Weasley! Veo que se ha enterado, bien, se encuentra mejor?- se dirigió a mi.

  • Sí, gracias. Todo bien.- intenté sonreí.

  • Qué susto! Cómo es que se encontraba afuera con una tormenta como esa? No lo comprendo!

  • No, no lo sé profesora- me disculpé.

  • Bien, esta mejor, tendrá que quedarse aquí por lo menos hasta mañana, y lo mejor es que no tendrá que ser trasladada a San Mungo. Así que, gusta que le avise a sus amigos?

  • Yo…creo que por ahora me duele la cabeza profesora, les pediría que vengan dentro de una hora? Estoy cansada.- en ningún momento miré a Ron.

  • Comprendo. Señor Weasley, afuera, Hermione necesita descansar.

Y así, sin dirigirle una mirada más, le di las gracias a mi profesora y salieron del cuarto. Me recosté de nuevo y cerré los ojos…algunas lágrimas más cayeron, pero a diferencia de las últimas derramadas, éstas no se congelaron.

No dormí por completo y esperé algunos minutos, pero cumplida la hora 5 personas entraron como un bólido hasta mi cama, y les sonreí agradecida.

  • Herms!!!- la pelirroja fue la primera en llegar a mi y abrazarme- tonta!!! Cómo nos haces esto?

  • Sí Hermione, en qué pensabas?- siguió Harry preocupado.

  • Ya, déjenla- pidió tregua Luna- habrá tenido sus razones- me sonrió- mira, te traje estos dientes de león, pensé que te gustarían por aquello de ser una Gryffindor- y metió sus peludas plantitas al lado de las de Angelique.

  • Gracias Luna- agradecí con dulzura.

  • Estábamos preocupados- reclamó Neville- pero me alegra saber que estas bien, sabes? Le escribí a mi abuela contándole y me pidió que te mandara sus saludos y que, te cuides más.

  • Gracias Neville- me sonrojé- dile que es muy amable. Y…

  • Hola Hermione- saludó Angelique saliendo por detrás de todos, tenía cara de afligida- te encuentras mejor?

  • Sí Angie, mucho, gracias- le sonreí y pronto comprendí sus gestos, hasta el de sorpresa que tenía ahora.

  • Pensé que estabas molesta conmigo…perdóname Hermione.

  • Por qué? Para nada Angelique, tu no tienes la culpa…solo, así es él.

  • Quién?- arrugó las cejas Ginny- no estarán hablando de R…

  • No Ginny, amigos, me disculpan unos minutos a solas con Angelique, por favor?

Todos se sorprendieron un poco, pero accedieron y nos dejaron solas. Angelique me miraba intensamente y con un asomo de duda en esos lindos ojos que tenía.

  • Hermione- comenzó ella, después de una pausa- no comprendo, cómo es que tu puedes andar con una persona como el joven Weasley?

La miré y un atisbo de tristeza recorrió mi cara.

  • Siéntate- le pedí y arrastró la silla disponible hasta el borde de mi cama, para quedar cerca- sé como se portó ese día de la biblioteca Angie, y no te voy a negar que me dolió, sin embargo no te culpo, porque no fue tu culpa, sabes?- asintió con la cabeza gacha.- y tampoco es tu culpa que yo haya reaccionado como reaccioné.

Me miró dudosa de nuevo.

  • Lo hiciste a propósito Hermione?- su semblante era pura y dura incredulidad, me toca el turno de avergonzarme.

  • Mmm, sí y no, verás- me acomodé en la cama y me miró atenta, creí ver algo de enfado en su mirada- anteayer que salí de la biblioteca me sentía chinche , sí Angie, no me mires así, me dirigí al patio y me disponía ir al haya, de la que le dije a Draco, pero tuve un encuentro desagradable con alguien, luego te cuento bien con quién, y me deprimí un poco, así que aguardé a que llegaran a el árbol y me quedé ahí pensando en lo que había pasado, sentía frío y todo, y me adormilé un poco…cuando desperté había empezado la tormenta y no podía moverme, estaba congelada…pero, en fin, fue cuando me ayudaron y me desmayé. Eso fue todo.

  • Sigo sin comprenderlo, pareciese que a Ronald no le importaras nada, qué le pasa? Así es siempre? Y siempre le perdonas? Por qué?- ante su indignación bajé de nuevo la mirada y callé un momento, Yo sabía la única respuesta verdadera.

  • Porque le amo, por eso.

Se quedó callada y sumamente sorprendida, pero yo sentía la sangre en el rostro.

  • Creo Hermione, que eso se nota, es más que obvio…pero ¿es mutuo el sentimiento?

  • Creo que sí, espero que sí- entristecí- solo, no lo conociste en su mejor momento.

  • Me di cuenta- frunció el ceño y pareció querer alegrarme algo- y bueno, el no está muy a gusto con Draco, verdad?- negué con la cabeza.- sí me di cuenta igual. Verás, me toca contarte lo que sucedió en tu ausencia. Me dejas?

Pareció que me animó un poco y asentí acomodándome mejor en la cama, pues estaba muy atenta escuchando todo.

  • Cuando saliste- siguió- yo también me sentí chinche- se rió un poco con su risa melódica y reí igual- pensé que era culpable del malentendido y cuando Draco me dijo que fuéramos contigo, no quise, me puse pesada y el se iba cuando tu novio lo paró, pensé que se iban a golpear o algo parecido, pero Draco se conservó en calma, el que tenía toda la intención de empezar era Ronald, le dijo que por qué no se metía en sus asuntos y que te dejara en paz.

La miré, así era él…no comprendía.

  • Entonces- siguió- Draco le respondió…y Weasley se puso fúrico, no comprendí porqué, es decir, mi primera impresión era la de que realmente no le importabas, en serio y disculpa que te lo diga, se comportó como un verdadero patán, pero ahí, delante de Draco y sin ti de por medio se puso loco de celos, lo vi, no lo dijo pero eran celos. Le reclamó que te tocara con tantas confianzas y que él, Draco, parecía más tu novio que él mismo. El pleito se alargó, estuvieron largo tiempo discutiendo y yo no sabía a quien llamar.

  • Les hubieras metido un golpe a los dos- apunté cruel.

  • Y no me faltaron ganas Hermione, pero…para cuando terminaron era tarde. Ronald le dijo a Draco que habiendo pasando tanto tiempo ya no estarías afuera, y cuando llegamos a una ventana nos dimos cuenta de la tormenta que se había desatado, así que por supuesto dimos por sentado que no te hallabas fuera del castillo.

Cuando decidimos bajar al comedor, y Weasley a ir en tu búsqueda, ya había pasado bastante, pero aún yo sentada en mi mesa notaba la preocupación de Draco, no paraba de buscarte y no tardo en avisarnos (a mí y a Luna) que te iría a buscar. En efecto, nos preocupamos y salimos a los pocos minutos, y nos encontramos con que tus amigos te buscaban y no te encontraban.

Draco estaba pálido y sin decir nada abrió la puerta del vestíbulo y salió a buscarte, con todo y la tormenta que caía. Weasley solo refunfuñó y dijo que era un imbécil, que era ilógico que estuvieses afuera y que ojala se congelara por idiota.- Movió la cabeza reprobatoriamente y sus graciosos rizos oscilaron sobre sus hombros.

A lo poco vimos llegar a Draco, contigo, y te trajo de inmediato. Ron bajó apresurado unos instantes después y le dijimos que pasaba, luego llegaron los demás.

Nos dejaron pasar después de una o dos horas, y te veías mal Hermione, muy mal, nos asustamos y Ron se sintió muy culpable, Harry estaba preocupado, y a los minutos nos hicieron salir. Hemos venido a verte, pero no despertabas, y el único que no ha venido a verte es Draco, ni le hemos visto…de ahí en fuera, hemos esperado este momento, y me da gusto que estés mejor.- sonrió con esa sonrisa cálida de siempre y más reconfortante que de costumbre.

Sonreí mucho, pero no sabía que había causado tantos problemas.

-Gracias por todo Angie- me devolvió la sonrisa- creo que tenía una impresión muy equivocada de tu persona, lo siento mucho. Ella negó de nuevo, aún sonriendo y miró su reloj.

  • Te dejo Hermione- se despidió la joven, mucho más tranquila que cunado había entrado- descansa y mañana te veo por….la biblioteca?

  • Hecho!

Y salió, mi nueva amiga salió de la fría enfermería para dejarme sola y sumida en mis pensamientos.

Así la luna se puso por todo lo alto, su tenue luz alumbraba un poco más mi lectura pero las sombras de los árboles afuera captaron mi atención por completo y me fui adormeciendo, estaba cansada, quería dormir…y sentí mi libro resbalar por la cama antes de sumirme en un sueño profundo.

No sabía cuanto había dormido, según yo, no mucho; seguía oscuro con la única iluminación de la luz plateada de la luna; volteé a ver mi reloj de pulsera en la mesita de noche y me di cuenta de que mi libro estaba ahí, pero yo recordaba haberlo tirado.

Y entonces fui conciente de algo más, un peso extra sobre mi cama, una tensión más sobre mis sábanas… y ahí estaba, me froté los soñolientos ojos pero no había duda, era ese "alguien" y entonces el corazón me dio un brinco, habían ido de nuevo, esa noche, a cuidarme…pero quién si no era Ron? Esa idea seguía entristeciéndome.

Suspiré profundamente y al inhalar más aire un precioso aroma inundó mis pulmones. Era Ron. No había duda.

Comencé a temblar, y mis temblores eran de emoción, o quizá de miedo, no lo sabía…pero debía averiguarlo.

Mis manos, que poco a poco habían recuperado su color normal, se dirigieron lentamente al cuerpo inerte y de nuevo me encontré acariciando su cabello, lacio, ni tan corto ni tan largo; bajé mis dedos, y con cuidado, toqué una nariz, una nariz de chico y algunos afilados rasgos, y sus labios…

La otra de mis manos dio con una suya que estaba firmemente agarrada a un doblez de mis cobijas, pero al entrar en contacto, como si fuera un reflejo, se aferró a mis dedos y su toque, lejos de ser agresivo y tosco, era suave y cálido, como si me acariciara. Pero seguía dormido y se removió un poco.

Tomé con cuidado mi varita de la mesita de noche, la luz de la luna no era suficiente para iluminar a detalle su fisonomía.

  • Lumus- susurré y la tenue luz que desprendía el extremo de mi varita alumbró una cabellera intensamente roja y un pacífico rostro dormido, uno que conocía perfectamente bien; una nariz de chico y unos labios…de mi chico. Levanté un poco la varita para alumbrar solo lo necesario y no despertarlo, se veía tan dulce así. Todo lo sucedido en la tarde se borró de mi memoria.

Acaricié suavemente una de sus mejillas, una cubierta de pequeñas pecas y sus ojos se abrieron lentamente. Mi mano se retiró al instante, y me miró sonriendo. Su mano aprisionó aún más mi mano y se enderezó, quedando cara a cara conmigo.

  • Hola- me saludó tierno y sentí perfectamente como si algo en mi interior se derritiera. Suspiré.

  • Hola- contesté muy bajito y sin darme cuenta una amplia sonrisa se había instalado en mi rostro- bello durmiente.

Nos reímos los dos y él se desperezó un poco. Miré mi reloj, ahora lo miré bien, y daban las 3 de la madrugada. Y hacía frío.

  • Qué haces aquí?- pregunté desconcertada.

  • Yo…solo- se abochornó un poco y ese rojo en sus mejillas opacaba sus pecas- quería disculparme, por lo de…

  • Olvídalo, no lo recuerdo- me hice la desentendida- de qué me hablas?

  • Vamos, no te burles- miró incómodo nuestras manos entrelazadas- sé que me porté como un verdadero idiota, lo sé y no quiero que vuelva a ocurrir.

  • No pasará más, olvídalo.

  • Te hice daño Hermione, y eso no me lo puedo perdonar-calló un momento- pero creo que no será la única vez, soy idota por naturaleza y no podré evitarlo, así que, tú tienes la última palabra a favor o en mi contra.

No entendía, qué quería decirme? Me estaba terminando? Me asusté y mi corazón latió más, mucho más.

  • N-No entiendo Ron, de qué hablas?

Calló de nuevo y su silencio me hacía más daño, acaso no lo comprendía? Yo podría aguantar lo que fuera, pero si todo había sido un sueño, una vil y cruel mentira, no podría soportarlo.

  • Creo…no soy lo mejor para ti Herms, no creo merecerte.

Una sospecha se anidó en mi corazón y de la herida volvía a correr sangre.

  • No será que la que no te merece soy yo?

  • NO!- se apresuró a contestarme y apretó fuertemente mi mano- no digas esas cosas, no…al revés, no soy lo que tu te mereces, soy un patán, un tonto, un inseguro y un imbécil.

  • Entonces, ve al grano- le pedí con una seriedad inusual en mi.- quieres que terminemos? Es eso acaso?- Él no tenía idea de cómo me costaba decirlo.

  • No, es que tampoco quiero eso, no quiero…es que, no me entiendes?

  • Francamente no, esto solo me hace pensar que nunca quisiste estar conmigo, que me mentiste, que no tienes el valor de decirme que te equivocaste y que en realidad no soy más que tu amiga de hace 7 años…o menos que eso, si es posible.

  • Por supuesto que no Hermione, no seas tonta, es que…pasa que…eres demasiado importante para mi como para lastimarte de nuevo, no quiero verte llorar por mi causa, yo solo…soy egoísta.- callé y me miró angustiado.- dime algo, por favor…

  • Haz lo que quieras- fueron las monótonas palabras de mi respuesta y me percaté de inmediato de su repentina rigidez. Su mano se aflojo un poco alrededor de la mía, mi mirada estaba lo bastante abajo para darme cuenta de ello.

  • Piensas que no te quiero, no es verdad?- me pregunto con voz apagada y yo seguí en silencio, poniendo todo mi esfuerzo en no dejar escapar el llanto que pugnaba por salir- Y que no me importas, y que busco cualquier estúpido pretexto para dejarte e irme con la primera que se me cruce en el camino, verdad?

  • Solo dime que no es cierto- susurré porque mi voz no salía con demasiada fuerza, estaba ahogada en el llanto contenido y solo un movimiento negativo de mi cabeza, aún más débil que mi voz, reafirmo lo que decía- solo…solo dime que no es cierto y te creeré, siempre te creeré…

Con la última palabra las lágrimas se derramaron, no solo las mías, también las suyas, y el corazón lo sentía tan pequeño, casi ni vivo… y me abrazó, me abrazo tan fuerte que sentí que el alma me regresó al cuerpo y me aferré a él con todas las fuerzas que mi débil cuerpo me permitían, y lloré más.

En sus brazos me sentía tan protegida, y la vez tan vulnerable…y no quería que eso acabara, pero si él no deseaba estar conmigo, tampoco se lo iba a impedir. No puedes mantener cautivo a alguien que en verdad amas, porque a eso no se le llama amor, se le llama egoísmo.

  • No es cierto- me dijo quedito, con sus labios pegados a mi oído- no es cierto que no te quiero, porque en realidad te amo; no es cierto que no me importas, porque significas más para mí que mi propia vida; no es cierto que te voy a dejar por alguien, porque en mi mundo no existe nadie más que tu…- silencio…silencio…me había dicho justo lo que mi corazón esperaba que dijese...silencio- Me perdonas?

Tardé un momento en contestar, con su cuerpo tan próximo al mío todo resultaba tan reconfortante…

  • Cómo no iba a hacerlo?- respondí al tiempo que nos separábamos, algunas lágrimas brillaban en sus pestañas y sus ojos me miraban expectantes, pero sin darle tiempo a nada más lo acerqué a mi y le besé, y sentí que quizá ese beso era nuestra salvación, porque me respondió como si sintiera la misma agonía que yo sentía en ese momento, ese en el que pensé que todo había terminado.

Y a lo mejor así era, quizá todo había acabado, o quizá no…Solo tenía seguro que esa noche él me seguía queriendo, porque me lo había dicho y, si él me lo decía, no había nada en el mundo que no fuera real.