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Historia 27622 — capítulo 10
Cap.10 Un cambio de vida.
Después de una deliciosa comida, regresó a la mansión, donde se encontró con Draco y ambos subieron a la habitación de éste. En el momento en que Hermione lloraba, Ron sintió una punzada de tristeza en el corazón, de inmediato evocó el rostro de su amada y suspiró.
-Vaya Weasley, te dio duro el amor, esa… - No terminó de decir la frase porque Ron lo interrumpió rojo de ira- No te atrevas a llamarla sangre sucia ó te parto la cara-Su mirada asesina decía más que mil palabras.
-Caray Weasley, te adelantas a los hechos, yo iba a decir esa “mujer es impresionante” mira como te a puesto.-le dijo con molestia ante lo cual Ron se avergonzó de su conducta.
-Lo siento Draco, pero uno se acostumbra a como eres y pues… Bueno, eso me hizo acordarme de algo, te daré algunos consejos para que vayas ensayando-Draco muy emocionado tomó su pergamino y pluma y se dispuso a escribir lo que el otro chico le dijera.
A ver primero: Jamás llames a nadie “sangre sucia” y menos a una mujer.
Segundo: trata de llamar a las personas por su nombre y no por su apellido, no seas presumido ni desafiante, eso hará entrar en confianza a las personas y que les caigas bien.
Tercero: No alardees ante los demás de lo que posees, entre más presumas más te odiaran.
Y siguió diciéndole cosas referentes a su comportamiento que Draco apuntó con fervor, de vez en cuando fruncía el cejo, era algo duro cambiar la personalidad pero estaba dispuesto a todo. Así pasaron gran parte de la tarde y cuando anocheció, entonces salieron de la recamara de Draco para estar en la gran sala.
Caroline estaba muy aburrida, pues galán que veía, no se le hacia, cuando se acercaba a algún chico, la novia de este lo jalaba para bailar, así estuvo bastante rato hasta que se fastidió y mirando un espejo pensó con rabia:
-¿Qué tan fea estoy que nadie quiere conmigo?- y totalmente frustrada, salió de ahí y se apareció en la entrada de la mansión.
En cuanto llegó Draco le hizo una señal a Ron, quien de inmediato se fue a la recamara y fingió dormir. Ella entró de puntitas y despacio, pero con dificultad pues iba medio mareada de lo que había bebido, acababa de cerrar la puerta cuando tropezó con algo que en la oscuridad no vio. Y cayó con estrépito. Ron de inmediato se levantó y encendió la luz.
-¿Qué horas son estas de llegar? ¿Dónde estabas? ¿Con quien fuiste?-le gritó a la cara mientras Caroline trataba primero de levantarse y cuando lo logró, de mantener el equilibrio, pero parecía barco a la deriva- ¿Has bebido?- inquirió Ron furioso (mentira, estaba muerto de risa pero tenia que fingir, después de ponerle muchos cacharros junto a la puerta para saber cuando entrara),sin saber que responder, solo agachó la cabeza como niña regañada-Lo sien… lo sientoooo, mi vi…hic… da esss que te esta… ba buscando.
-Claro que no me ibas a encontrar en ninguna cantina, fui a trabajar, pero que inconsciente eres, pareces una niña malcriada, ¿pero sabes qué?, se acabó, agarra tus cosas que nos vamos de aquí. Te doy cinco minutos, te espero abajo y si no sales me voy sin ti.-La impresionó la manera tan ruda de decírselo, fue pero que haberle dado una cachetada y sabía que lo haría si no le hacia caso, mientras Ron salía hacia la sala, la borrachera se le bajo de golpe a su “esposa”, quien con su varita y compungida, empezó a preparar su equipaje. No tardo ni tres minutos y bajó a la sala con dos enormes maletas flotando junto a ella. En la sala estaba Draco “leyendo” quien se “sorprendió” mucho al verlos con las maletas.
-Primo por favor, dile que no nos vamos, dile-corrió hacia Draco, quien la miró entre divertido y apenado.
-Lo siento prima, pero debes obedecer a tu marido, ya sabes que la ley mágica es inapelable y cómo ambos tienen unión mágica legal, pues el tiene todo el derecho de llevarte a donde él quiera y cómo eres mayor de edad, no podemos hacer nada-comentó fingiendo pesar hacia su prima. Ella aterrada, no quería perder los lujos y comodidades que había en casa de su tío. Sabía que aunque Ron era famoso y tenía dinero, no se comparaba con los Malfoy y ahora esa perspectiva le daba mucho miedo.
-Vámonos ya, Caroline, por favor Draco, nos despides de tus padres. Ron le hizo señas a Caroline quien abatida lo siguió.
-Yo les aviso, cuídate “primita”-ella se volteó y Draco le guiñó un ojo a Ron, quien sonrió levemente y salieron de ahí.
Al salir de la mansión ella no quiso preguntar a donde irían tenia miedo de saber a donde llegarían.
-Toma mi mano, querida- ella obedeció y con un ¡plop! Desaparecieron. Volvieron a aparecer en las lindes de la madriguera y aunque estaba algo oscuro, Caroline sintió vértigo de ver a lo lejos una pocilga destartalada con un letrero cerca de donde ella estaba y que rezaba:
“La Madriguera”
-Dios santo, ¿qué es esto?- ya se temía la respuesta.
-La casa de mi madre- y Ron la miró con malicia y caminó hacia la casa, Caroline caminaba con dificultad pues llevaba unas zapatillas carísimas y muy finas y no quería estropearlas, cuando de pronto, su pie se enterró en el lodo hasta el tobillo. Ron fingió no verla y siguió caminando, mientras Caroline luchaba desesperada por sacar su pie del lodo y luego su zapatilla que definitivamente estaba arruinada, la miró como si hubiera sido un ser querido que se hubiera ahogado. Cojeando siguió a su marido quien ya había llamado a la puerta y le había abierto Molly y lo abrazaba mirando de reojo divertida como su “nuera” hacia esfuerzos por aguantar el asco de verse tan sucia.
-Pasen por favor acaban de llegar justo a tiempo para cenar-les invitó amablemente a los esposos, quienes entraron a la confortable casa. Después de limpiarse con la varita el pie y lo demás, vio con horror el interior de la casa, era… era… demasiado para ella.
-¿Y los elfos?-miraba aterrada hacia todos lados mientras Ron se sentaba y empezaba a cenar.
-Aquí no hay elfos, querida, todo lo hago yo.-le dijo su suegra con amabilidad. –Siéntate, te sirvo de cenar. Llevó un cuenco de deliciosa sopa de cebolla que despedía un olor delicioso. Por su parte Ron masticaba con la boca abierta, haciendo mucho ruido y luego sorbió la sopa directo del plato, Caroline estaba simplemente petrificada, no podía creer que su esposo, fuera semejante troglodita.
-Y todo lo que te falta, chiquita-pensó Ron divertido mientras su madre preparaba el postre con una enorme sonrisa de oreja a oreja.