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Historia 27703 — capítulo 4
La sed
El dolor se extendía por cada parte de mi piel como cenizas ardientes que alcanzaban a tocarla. Apenas podía moverme y mis parpados pesaban más de lo acostumbrado. Intente con esfuerzo abrirlos y aunque lo logré no podía ver con claridad. Después de unos segundos mi vista borrosa empezó a desaparecer, hasta que al fin pude vislumbrar que me encontraba en una habitación. Por la ventana entraba la luz de las estrellas, por lo que aun era de noche. Las paredes eran de un blanco contrastante, y los muebles de algarrobo hacían un buen juego en aquel lugar. Yo me encontraba acostada en una cama bastante grande pero de una sola plaza, que tenia un juego de sabanas color crema con bordados.
Observé la puerta que había visto mientras recorría el cuarto para un examen general, y del otro lado, o mejor dicho, en la casa, escuche las pisadas de todos los habitantes que allí vivían. Me senté en la cama y me di cuenta que mi visión había cambiado, podía ver cada uno de los detalles de los objetos que se encontraban a mi alrededor con una claridad que nunca creí posible, y me sentía, pese a estar muy dolorida, absolutamente ágil y con una fuerza sobrenatural.
Sabía que esto ocurriría, ahora era un vampiro, y yo había estado segura de que notaría grandes cambios. Cambios que mientras estaba con Voldemort no había sentido ni notado, seguramente por el extraño lugar en el que me había encontrado.
Miré mi cuerpo y lo encontré bastante enrojecido. Levanté una ceja al recordar como antes de desmayarme había visto mi piel blanca como la de un muerto. Era anormal verme así… a menos que… Una lamparita se encendió en mi cabeza al pensar que quizás los rayos del sol me hubieran alcanzado mientras había caído desmayada.
Pero aun así no podía dar respuesta al por qué de encontrarme en ésta residencia. Estaba segura de que pertenecía a unos muggles. Una familia de magos dudosamente tendría un equipo de música como el que en esos momentos estaba observando, y que se encontraba del otro lado del cuarto.
Me levanté de la cama y me di cuenta de que ya no llevaba la túnica negra y verde que hasta hacia un tiempo había usado. Ahora solo vestía un jean oscuro, con zapatillas blancas y una remera negra bastante ajustada. Reconocí todo al instante ya que sabía que todo aquello me pertenecía, aunque no podía pensar en como mi ropa había llegado hasta donde estaba.
Sentía como mi cuerpo pese a tener muchas quemaduras iba de a poco recuperándose y adquiría su color natural. Fui hacia un espejo que encontré allí y volvía a mirarme. Mi rostro seguía exactamente igual a como lo había visto en el lago, sin contar el hecho de que estaba un poco enrojecido.
Observe mi nuevo cuerpo con aprensión desde todos los ángulos posibles. Era extraño no ser más una misma. Esa sensación de diferencia era algo rara. Pensar que nunca más volvería a ver mi cara, que nunca más crecería. Observé los dientes y vi que los largos colmillos habían desaparecido. Aunque supe que temporalmente.
Saber que tendría este rostro durante toda la eternidad…
Era difícil… difícil para aquellos que no pudieran asumirlo. Muchos pensaban en la inmortalidad como el mejor de los regalos. Pero solo lo hacían por ignorantes, si pudieran en realidad saber lo que es… no opinarían lo que siempre dicen.
Era increíble lo que mi cabeza pensaba cuando no estaba ocupada. Empecé a recordar todo lo que había hablado con Voldemort y si no fuera porque me estaba mirando al espejo podría haber pensado que fue un sueño. Tantas cosas que parecían irreales… y allí yo las estaba viendo.
Como había dicho prefería la soledad, ya que esta me dejaba pensar. Pero me gustaba hacerlo cuando nada me perturbaba. No había peor cosa que quedarse sin hacer nada o no tener alguien con quien hablar en momentos de preocupación. Yo sabía lo que era… pensar en todo lo malo en cuanto te quedabas solo con tus pensamientos… sentirte triste… incapaz de todo y frustrado y enojado contigo mismo. Y estaba segura de que eso me pasaría si seguía allí encerrada. No tenía cosas por las que preocuparme por el momento, pero la mente es un lugar lleno de trampas… y siempre tiene espacio para descubrir cosas desagradables que luego te dejarían sin dormir.
Dudé unos segundos en si salir de allí para averiguar como había llegado a esa situación, o esperar a que alguien viniera a visitarme a la habitación. A final decidí hacer uso de la primera opción. Por lo que tomé el pomo metálico de la puerta y lo abrí.
Al salir hacia el pasillo, lo encontré sumamente ordenado y limpio. Con muchos muebles y del mismo color que las paredes de la habitación.
Empecé a caminar y me dirigí hacia la escalera que había visualizado, la cual, para mi sorpresa, bajaba de forma serpenteante, algo que no creí haber visto nunca. En mi recorrido, en las paredes se encontraban varias ventanas, que dejaban pasar los rayos de luz, provenientes de las lámparas de la calle. Comencé el descenso hasta llegar al rellano. Una vez allí, pude saber exactamente, de donde es que provenían las voces y las pisadas, que minutos antes había escuchado desde arriba.
Seguí el sonido a través de la casa, para luego quedar enfrente de una puerta de roble, de la cual agarré el picaporte y lo giré. Está crujió después de eso, pero no hice caso y abrí.
Por lo que pude ver, estaba en el comedor, ya que enfrente de mi se encontraba una familia.
La mujer era baja, con el cabello castaño oscuro, el cual le caía a los hombros en forma ondular. Sus ojos eran marrones y todo el conjunto la completaba una piel tostada. A su lado se sentaba un adolescente que no debería de pasar los dieciséis años pero parecía poseer una gran altura. Era de tez blanca, con el cabello negro que se encontraba corto que no alcanzaba a pasarle la oreja y ojos color castaño. A su lado, supuse estaba su padre, quien poseía el tono de piel, que debió de haber heredado el hijo, junto con sus dos ojos. Al final, solo quedaba un bebé, que no debería de haber pasado los dos años, que estaba sentado en una sillita, era muy bonito, y poseía casi las mismas características que su padre.
Éste último fue el primero en mirarme en cuanto penetré en la habitación iluminada por la luz artificial. Las demás personas también hicieron lo mismo. Pero yo no les presté atención, ya que estaba demasiado interesada en como, el más pequeño de todos me miraba con aprensión.
-¡Has despertado!- sacudí la cabeza para despejarme y fijar mi vista en la única mujer del lugar.-Pensábamos que dentro de poco sino despertabas tendríamos que llamar al doctor… ya sé que lo deberíamos haber hecho antes pero…
-No se preocupe- la atajé para que dejara de hablar. Su voz parecida a la de una flauta desafinada me estaba taladrando los oídos. Supuse que era por mi nueva condición.
-Oh… me alegra. Por favor, ven siéntate, estoy segura que querrás saber que ha pasado.- y me señaló un asiento, entre los dos hijos.
-Sí, por favor- rogué.
Me adelanté preguntándome si ellos se darían cuenta de mi extremada palidez. Solo los dos hombres parecían absortos en mi rostro, la mujer únicamente me sonreía sin ninguna explicación, por lo menos para mí.
En cuanto llegué a la silla y miré a los ojos al pequeño este puso una cara de puchero y empezó a llorar.
Su madre se levantó y mientras yo me sentaba, el infante empezó a patalear y a estirar los brazos hacia su madre, mientras que los gritos me traspasaban los tímpanos, ante el alto nivel del sonido.
-Vamos, vamos, cálmate pequeño- le susurraba la mujer mientras que el bebé se apretaba con sus brazos con fuerza en ella- Debe ser que no está acostumbrado a extraños- me dijo mientras yo intentaba no poner cara de dolor ante los fuertes gritos.
Yo sabía que eso ocurría a menudo, pero no creía que el chico solo llorara porque no me conocía. Siempre escuche que los niños suelen tener un sexto sentido, y este sabía que yo podía ser un peligro, sabía que no era igual que todas las personas que se encontraban a su alrededor.
-Lo llevaré con Anne- comentó la madre- ustedes coméntenle- ordenó a su familia- Y por favor, come algo querida- me señaló el plato enfrente de mi.
-¿Cómo te llamas?- preguntó el mayor de los hombres, después de que la puerta se cerrara. Me agite nerviosa en el asiento, la mirada que me estaba dirigiendo la persona que tenía enfrente no parecía muy “inocente”. Giré los ojos unos segundos, con los cuales pude ver como el muchacho me revisaba de arriba abajo, como si fuera algo comestible. Casi sonrió al pensar que debería ser al revés. No mostré signo alguno, pero pensé que quizás mi condición de vampiro ayudara a que de verdad los hombres me vieran como algo “comestible”… para no decir otras palabras.
-Caroline- respondí- ¿Qué hago aquí?
-Yo te encontré- mi mirada se dirigió hacia el joven- Estabas inconsciente en el parque esta mañana. ¿Qué hacías allí?
-Estaba dando una vuelta- respondí rápidamente- Aunque no se porque me desvanecí.
-Come por favor- me dijo el padre, mientras me ofrecía una sartén con pollo.
-¿Cuáles son sus nombres?- les pregunté… por alguna razón me estaba costando hablar, aunque no identificaba el por qué.
-Brian- respondió el joven.
-Charlie- su padre.
Me serví pollo y me llevé un trozo a la boca. En cuanto empecé a degustarlo, me di cuenta que no tenia el mismo sabor que siempre, no era feo… solo… parecía que careciera de sabor.
Supe inmediatamente el porque, pese a que Voldemort me había comentado que podría seguir comiendo, estaba segura que no seria lo mismo desde ahora.
Pero esto último, me hizo pensar seriamente en algo que me preocupó, ¿no tendría que estar hambrienta? Me lo había dicho… me había mencionado que en cuanto me expusiera a humanos me sería imposible contenerme, pero no me ocurría nada. ¿Por qué?
Hice un movimiento involuntario con la cabeza, intentado sacarme de la cabeza ese pensamiento, luego me ocuparía de mi dieta.
-¿Pasa algo?- preguntó la voz baja de Brian.
-No, nada. Solo quería preguntar los nombres de los demás.
-Ah… pues, la que se acaba de ir es mi esposa, quien se llama Sarah, junto con nuestro hijo, Mike. Y la tal Anne es mi madre- respondió Charlie antes de que el joven tuviera siquiera oportunidad de responder- También está aquí mi padre, se llama Louis.
Asentí con la cabeza mientras masticaba un trozo de ensalada. No que me gustara demasiado… solo que me la habían ofrecido, y para no ser descortés la acepté. Aunque tenía que admitir, que tras la pérdida del gusto que había sufrido con el hecho de ser vampiro, parecía que estuviera comiendo aire más que otra cosa, porque carecía de sabor.
-¿Dónde están tus padres?- preguntó el mayor- Deberíamos llamarlos, estoy seguro que estarán preocupados. Lo hubiera hecho si no fuera porque no sabía quien eras…
-No se preocupe. Estoy de vacaciones de la casa de una amiga- murmuré rápidamente al pensar que estábamos en julio.- Puede dar por sentado que aun cree que estoy dando vueltas. Le había dicho que estaría fuera casi todo el día y que no me esperara hasta entrada la noche.
-¿Tan temprano decidiste pasear?- preguntó Brian.
-Sufro constantemente de insomnio- mentí- Además necesitaba pensar, últimamente no me han pasado cosas muy agradables.- le contesté en un tono que daba a entender que no aceptaba preguntas sobre el tema.
No insistieron. Solo hicieron que comiera la cena, mientras me preguntaban cosas triviales como a que escuela iba, donde vivía y demás.
Tenía muchas dudas en la cabeza, tales como que día era y en donde estaba. Pero no podía preguntar eso. Ellos podrían dar por pensado que quizás me lastime la cabeza y sufrí alguna contusión, lo que causaría que llamaran al medico…Sonreí mentalmente ante el rostro que imaginaba de un doctor examinándome, sin latidos del corazón… sin respirar…
Una luz en mi cabeza se encendió, ahí estaba, por eso no podía hablar con facilidad… no estaba respirando…
Rápidamente me apresuré en hacerlo para no levantar sospechas. Pero lo que ocurrió después hizo que deseará que nunca hubiera pensado en ello.
En cuanto el aire penetró por mis fosas nasales, un olor demasiado irresistible nublo todos mis sentidos y casi no logré contenerme. Era dulce, asfixiante, muy seductor y terriblemente tentador. Sabía lo que esto significaba, pero no permitiría que mi cuerpo ganara a mi mente. Voldemort me lo había advertido, debería haberlo recordado antes de aparecerme así como así enfrente de unas posibles “victimas”. Debería haber supuesto que mi instinto asesino se despertaría en cuanto oliera el fascinante aroma de los que me proveerían de mi alimento.
Empecé a temblar y dejé los cubiertos en el plato, ocasionando que produjeran bastante ruido. Los dos hombres parecieron darse cuenta, porque me miraron asustados. Yo no sentía ni escuchaba nada de lo que ocurriera a mí alrededor, mi sentido del olfato olía el dulce perfume, mis ojos se plantaban en los que ahora parecían atrayentes cuellos y mi mente mientras tanto trataba de hacer desaparecer estos grandes impulsos.
Mi piel ardía como pidiéndome a gritos que cumpliera lo que por naturaleza debería hacer. Pero me negaba, no lo haría. No a aquellas personas que seguramente me habrían salvado de una muerte segura a manos del sol. Les agradecía que me hubieran ayudado, y sí hay algo que siempre hacía era devolverles favores a quienes me auxiliaban. Y no podría hacerlo si en esos mismos instantes se me ocurría matarlos.
Mi garganta parecía el desierto del Sahara, solicitándome que la llenará con el líquido rojo como el rubí que yo conocía.
-¿Te encuentras bien?- preguntó Brian mientras se me acercaba, algo que empeoró mi situación al sentir mucho más fuerte su olor.
Yo había cerrado los ojos con fuerza y seguía luchando contra los impulsos y las sensaciones que recorrían mi nuevo cuerpo.
-¿Do… donde esta el baño?- pregunté con dificultad. Mientras miraba hacia todos lados menos a las personas que tenía enfrente.
-Arriba, al lado de la habitación en la que estabas- me levanté tan rápido que los dos se asustaron. Yo sabía que debía de haber sido por el hecho de que para ellos ese movimiento, casi no debió de haber existido, o sea, que de un momento para el otro me vieron de pie- Iré. No me siento muy bien- dije con esfuerzo mientras que temblaba más que antes al ver a los ojos a las personas enfrente de mí.
-¿Necesitas algo?- preguntó amablemente Charlie pero asustado. Lo vi levantar una ceja de desconcierto pero yo no le hice caso.- Puedo pedirle a Sarah que te alcance lo que necesites.
-No se preocupe, no tardaré.-salí de allí y subí las escaleras, cuando llegué al pasillo, con velocidad sobrehumana penetré en el baño.
Caí en el suelo temblando y conteniendo mi sed. No sabía que sería tan difícil… nunca había probado lo que eran las drogas, pero suponía que el sentimiento de necesidad que en esos estaba experimentando debería parecerse bastante. Me levanté y con desesperación llene el banitorio después de poner el tapón. En cuanto estuvo repleto busque un sujetador para el cabello y me lo puse formando un rodete. Luego de eso sumergí todo el rostro en el agua. Esperando… deseando… que el olor que había percibido se esfumara.
Levanté la cabeza y me aseguré de respirar completa y absolutamente por la boca. El olor había disminuido, pero aun estaba presente en el ambiente, y pese a no ser demasiado tentador como antes, tenía problemas para hacer caso omiso de él. No sabía que ocurriría si volvía a la habitación, pero creí que si evitaba oler, no volvería a pasar, ya que hasta que no me había dignado a respirar no había tenido problema… Era la primera vez que odiaba tener sentido común.
Me quedé apoyada en el banitorio, respirando por la boca, intentando dejar de lado el sabroso olor que podía sentir, ya que no podía evitar que algo de aire penetrara por mi nariz. Después de que pasaran unos tres minutos empecé a tranquilizarme y creí que podría soportarlo. Levanté la mirada y me llevé un susto al ver mis ojos.
Estos estaban totalmente negros y brillantes, pero lo que me llamó la atención fue los puntos escarlatas que, aunque eran pequeños, yo podía ver.
Una mueca de comprensión apareció en mis rasgos al darme cuenta en porque los hombres podrían haberse asustado en cuanto yo los miré a los ojos, antes de subir hasta donde yo estaba en esos momentos. Sabía que el color de los míos debería de haber cambiado. Y a juzgar por lo que podía vislumbrar podría ser que se hubieran vuelto escarlatas.
Suspiré sin alterarme, había muchas cosas que tenía que averiguar sobre lo que era ser un vampiro, pero este no era el momento de ponerse a preguntar todas las dudas que se estaban formando en mi cabeza.
Intenté calmarme para ver si podía lograr que mi color de ojos volviera a ser el de siempre, pero era imposible, seguía teniendo “hambre” y al parecer los dos orbes incrustados en mi rostro eran una muestra de mi estado.
Rendida, saqué el tapón y deje que toda el agua se fuera, volví a dejar que mi cabellera cayera y luego me giré y abrí la puerta.
Con paso lento y con cuidado volví. Los encontré a todos en el living, ya que al parecer habían terminado de comer. No me alteré demasiado, el olor no era lo mismo ahora que no aspiraba por la nariz. Para cuando llegué, Sarah ya había vuelto.
-¡Querida!- casi hago una mueca de dolor al sentir como mis tímpanos retumbaban. ¿Por qué tenía que tener semejante voz?- Me dijeron que no te sentías bien, ¿Cómo estás?
-Bien, bien- respondí.- Solo que me dolió el estomago por unos momentos.
-Ah… bueno, me alegro que no fuera nada. Aunque te veo un poco pálida.
-No es nada- le aseguré.
-Brian y Charlie me han estado contando todo lo que les dijiste- mencionó, mientras se sentaba en uno de los sillones junto a su marido. Yo hice lo mismo pero en una butaca individual.
-¿Qué hora es?- pregunté interesada a nadie en especial.
-Las nueve y media- respondió Brian.
-¿Supongo que me entenderán si les digo que lo mejor sería que me vaya no? No quiero estorbarlos más, ya suficiente han hecho por mi con ponerme en una de sus habitaciones, ¡He incluso me dieron de comer!- casi lo hicieron… pensé con ironía.
-¡Por favor! Que te quede claro que no es ninguna molestia, que estés bien es la única recompensa, y te entenderemos perfectamente si quieres irte, es demasiado tarde y seguramente tu amiga dentro de poco estará llamando a la policía sino apareces.- me dijo Charlie.
-Gracias- respondí y me levanté. La corriente de aire que penetró por mis fosas nasales mientras hice este movimiento me aturdió por unos segundos antes de poder volver a reaccionar. Por lo que para cuando me di cuenta, todos estaban de pie.
-Ven, te acompañaremos- al decir esto, Sarah me indicó el camino que debía de seguir para salir de la casa, mientras que Charlie iba a su lado. Brian se había puesto a un costado y parecía respirar profundamente. Como si estuviera oliendo un olor extremadamente deleitoso, que necesitaba ser apreciado a cada segundo.
Ignoraba que podría ser, pero estaba segura que tenía que ver conmigo. No era ajena al mundo de los vampiros, y siendo una maniática de los libros… tenía bastante información sobre ellos. Había leído reiteradamente en unos cuantos textos, que éramos absolutamente tentadores para los seres humanos. Tanto en el olor… como la figura… la voz…, para así de esa forma conseguir con más facilidad la “comida”.
Nos dirigimos hacia la puerta y Sarah la abrió. Di la vuelta para saludarlos y cometí nuevamente el error de inspirar por la nariz. Nuevamente el tentador aroma me atormento, alentándome a hacer lo que yo no quería. En ese momento la señora me abrazo y puso los brazos alrededor de mi cuello. Nunca creí tener tan mala suerte… mi cuerpo temblaba ante el contacto y me provocaba. El olor del cuello de la madre, ahora que se encontraba tan próximo, estaba cien veces amplificado. Y yo no creía poder soportarlo más.
Agradecí mi visión de las de sus familiares detrás de ella, ya que fueron la causa que hizo que recordara que si atacaba alguien estaría viendo, y como es obvio… tendría problemas.
Dando gracias a los dioses sentí como la opresión desaparecía y la mujer se separaba.
-Que te vaya bien, esperamos encontrarnos en algún momento otra vez.
-Igualmente - respondí intentando tranquilizarme.- Adiós- me despedí y gire sobre mi misma para alejarme de allí lo más rápido posible y sacar de peligro a las personas que tenía detrás.
-Adiós- respondieron todos al unísono.
-¡Y si quieres encontrarnos recuerda preguntar por la familia Watson!- escuché que decía Sarah.
Salí del patio delantero. Suspiré con alivio al sentir el fresco aire de la noche. Podía ser que dentro de la casa no lo hubiera notado, pero una vez fuera me di cuenta de que habían puesto la estufa, ya que fuera estaba bastante frío… algo que agradecí, yo amaba eso. Observé los alrededores y aviste que no había nadie. Eso era bueno, yo estaba al tanto de mi nueva forma y sabía que podría llamar la atención con suma facilidad.
Al parecer había caído en un pueblo demasiado grande. Las casas eran de un tamaño considerable, todas tenían diferentes diseños y los frentes estaban verdes y bien cuidados, llenos de flores de todos colores y aromas, pese a que esto último no era algo que pudiera sentir en su totalidad, ya que no me atrevía a intentar olfatear el entorno.
Sabía que estaba hambrienta, todo mi cuerpo me lo decía, y estando en ese estado estaba segura que en cuanto oliera algún humano cerca, podría abalanzarme sobre él sin siquiera notar lo que hacia, solo reaccionando ante un impulso biológico.
En algún momento tendría que hacerlo… no que me importara… no es como si pudiera renegarme de lo que ahora era, era mi destino, y ahora debía aceptarlo. Debía admitir que para seguir existiendo, iba a tener que llevarme vidas conmigo. Por toda la eternidad…
La oscuridad de las calles me era absolutamente ajena. Con solo la luz de la luna podía ver hasta los más pequeños detalles, algo que en mi condición anterior hubiera sido incapaz de hacer. Ahora era una criatura de la noche, que solo vivía para las tinieblas y que únicamente podría ver los rayos naturales del sol de vez en cuando.
La sed todavía ardía en mi garganta, dándome el deseo de volver y querer morder varios cuellos. Me resistía, no se lo haría a ellos, habían sido demasiado buenos conmigo y no les pagaría de esa forma.
Llegué a un pequeño parque verde, con senderos que serpenteaban entre medio de los grandes árboles que allí había, que daban al lugar un aspecto tenebroso para todo aquel que quisiera dar un paseo por él, en medio de la noche, por la gran oscuridad que causaba la sombra de la arboleda, a pesar de que en cada tramo del camino encontrabas un farol que te iluminaba el pasaje.
Sin ningún problema penetré en él, gustosa por la protección que los árboles me darían ante cualquier mirada curiosa. Tendía mucho que pensar. ¿A dónde iría? ¿Dónde estaba? Eran algunas de las preguntas que se formaban en mi cabeza, teniendo como más importante en mi mente la primera.
Aproximadamente después de quince minutos escuche varios pasos. Me detuve completamente y escuche con atención. Eran tres, y al parecer dos de ellos perseguían a uno intentando ser lo más silenciosos posibles.
Supe que se acercaban, así que fui directo a la arboleda, donde ningún ojo humano podría ver y encontrar a alguien, ya que la penumbra era total.
Algo me decía que debía quedarme a ver… dentro de mí, un instinto me indicaba que permaneciera en el lugar.
Entonces fue así como vi pasar a una mujer con porte alto. Pero eso no fue lo que hizo que mis ojos brillaran con asombro. La razón fue que ésta vestía con una túnica color bordo. Lo que daba a entender que era una bruja…
No podía creer que en el primer día ya tuviera a un mago enfrente de mí, creí que iba a ser más difícil de encontrar uno.
Ésta pasó sin problemas por el lugar, aparentemente tranquila, pero yo sabía que no era así, incluso desde donde estaba podía sentir los débiles golpes de su corazón bombeando sangre a todo su cuerpo, a una gran velocidad, dándome a entender que se encontraba nerviosa. Lo que causó que pensara, que los dos pares de pasos que se acercaban, tuvieran algo que ver.
No tardé en perderla de vista, y de poder empezar a escuchar a las personas que se acercaban. Los reconocí al instante, incluso antes de que pasaran por el farol. Ambos vestían una túnica negra como la noche, y llevaban las mascaras que solo podían pertenecer a una clase de personas: mortifagos.
-¿Estás segura de qué es ella?- preguntó uno de ellos en voz muy baja.
-Sí, es Emmeline Vance, no te lo volveré a repetir.- gruño un hombre de voz grave.
Emmeline Vance… Por supuesto… Voldemort me había dicho que estábamos en 1996, todavía no la han matado, y apuesto lo que sea a que ellos son los que la atraparon. ¿Qué debía hacer? ¿Dejar que lo hicieran? Era lo mejor… no tenía ganas de andar teniendo problemas… aunque…
Los miré fijamente unos segundos antes de que desaparecieran en una curva, se me había ocurrido una idea. Y quizás funcionara, pero tenía que darme prisa si iba a hacerlo.
Los seguí sigilosamente por detrás, y ni siquiera percibieron mi presencia.
-Adelántate- le escuché decir a uno- Rodéala, la atacaremos de los dos flancos.
Uno de ellos se fue por otro camino y yo seguí al que tenía adelante. Luego de unos quince minutos pude ver la silueta de Emmeline a la distancia, con la varita levantada y apuntándole al compañero del mortifago al que perseguía.
-¡Expelliarmus!- le oí gritar al que en esos momentos estaba detrás de Vance, quien al escuchar el encantamiento giró sobre si misma, pero no pudo evitar ser golpeada por el hechizo, lo que causó que su varita saliera disparada.
Era ahora o nunca, sin poder creer a la velocidad que me moví, salí de los matorrales como una fecha oscura y deje inconsciente al mortifago que había lanzado el hechizo. Había aprendido autodefensa y sabía como hacerlo, por lo que no terminé matándolo, algo que estaba segura, habría ocurrido si lo hubiera querido desmayar con un golpe en la cabeza, tomando en cuenta que ahora tenía una fuerza demasiado devastadora.
Solo me tomó un segundo situarme detrás del otro colega, y menos todavía dejarlo igual que a su cómplice.
La mujer quedo confundida en el lugar y para cuando pudo verme con fijeza, y no solo como a una mancha borrosa que pasaba a su alrededor, se dio vuelta aterrorizada con la intención de buscar su varita, para evitar lo que se le venía encima.
Sabía lo que tenía que hacer, me acerque rápidamente a ella y aspiré con fuerza intentando que cada partícula de olor penetrara en mí.
No pude evitarlo, y tampoco puse oposición. El aroma me abrumó como antes había hecho, con la gran diferencia de que ésta vez no me resistí, y dejé que mi naturaleza hiciera lo que tendría que hacer.
Dejé de pensar en todas las nimiedades de la vida, y ningún pensamiento cruzó mi mente, a excepción del hecho de que debía conseguir la sangre que corría por las venas, de la que ya no catalogaba como una humana, sino, como mi comida.
Antes siquiera de que la mujer tuviera alguna posibilidad, me abalancé sobre ella. La rodeé con mis extremidades e intentó inútilmente salir de mi abrazo mortal.
Empezó a chillar horrorizada, pero antes de que pudiera decir algo más, clavé los colmillos que habían acabado de volver a aparecer, en el suave cuello de mi victima. Ésta dejó escapar un quejido de dolor al sentir como mis dientes le perforaban la piel.
Entonces todo comenzó, si creí que había perdido el sentido del gusto en cuanto probé el pollo, era por la simple razón de que todavía no había experimentado lo que estaba degustado en estos momentos.
Bebí la sangre roja, que inmediatamente sentí en mi boca tras morder. El sabor era increíble… indescriptible… no podía compararlo con nada, solo podría decir que era una droga… como si estuvieras tomando chocolate derretido y sintieras la necesidad de más… y más…
Sentía como el corazón de la mujer bombeaba cada vez de forma más rápida, con el objetivo de llenar el organismo con la sustancia que iba abandonando de a poco el cuerpo en el que antes había estado contenida.
No se si pasaron segundos… minutos… horas… hasta que no hubo más de ese precioso liquido y paré de escuchar el bombeo del corazón. Me giré y vi los dos cuerpos de los hombres de manera hambrienta, sin problema hubiera aceptado otro más, pero me había propuesto dejarlos vivos. La razón por la que había encarado a Vance, era porque ésta ya estaba de por si, destinada a morir a mano de esos dos mortifagos.
Me agaché junto a Emmeline y levanté una mano, miré mis afiladas uñas y luego de eso las pasé por el cuello de ella, dejando un grande y profundo corte, que disimulaba los dos agujeros que habían producido mis colmillos.
La había dejado tan seca que ni una gota salió de esa herida. No me preocupó, además, si alguien se iba a enterar de que había sido atacada por un vampiro, ese sería Voldemort, y que él fuera el que lo supiera, no me causaba mayor daño…
Me levanté con rapidez, al escuchar como uno de los mortifagos empezaba a moverse a la izquierda, para luego girar sobre mi misma, y alejarme del lugar, pensando, tras ahora tener la mente libre de toda preocupación en cuanto a mi cena, sobre a donde debería ir a continuación.
¡Termine el cap! T.T Que feliz estoy, bueno espero que les haya gustado, yo sinceramente me encanto la ultima parte… ¿Ustedes que dicen?
Quiero creer que el próximo no tardará en aparecer, intentaré actualizar lo antes posible, ya que debo varios capítulos de otras de mis historias, por lo que no sé como andará la cosa… ¬¬ pero no se preocupen, no tardará demasiado (Eso quiero creer XD)
Bueno, ¿¿creo que saben lo que sigue ahora o no?? ¡ Mándenme un lindo review!
¡Nos vemos!