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Historia 27880 — capítulo 10

Capitulo 10: Presiones

-¿No le dijiste eso, verdad? —Remus se golpeó la frente con el puño. -¡Dime que tú tampoco hiciste eso! 

James y Sirius se miraron al mismo tiempo y luego se encogieron de hombros. 

-¿Pero ustedes son imbéciles o qué? —exclamó Remus, indignado. 

-¿De qué hablas? —preguntó Sirius, sin hacerle demasiado caso. 

-¡Ay! —Remus hundió su cabeza entre sus manos. -¡De que podrán tener tacto para tener aventuras de una sola noche, pero no tienen tacto para llevar una buena relación con una mujer! —exclamó, perdiendo la paciencia. -¡No puedes hacer eso enfrente de su novio! —le gritó a Sirius. -¡No puedes decirle eso! ¿Cómo la amenazas así? —le gritó a James. 

-Bueno, bueno, no te enojes —dijo como un niño pequeño James. 

-¿Que no me enoje? ¡Pero con ustedes es imposible no enojarse! 

-¡PAZ, LUNATICO! —dijo Sirius, tranquilamente. 

-¿Paz? ¿Paz? ¡Son dos idiotas! ¡Uno peor que el otro! ¡No sé para que pierdo mi tiempo en ustedes! ¡No sé para que intento…! 

-¡REMUS! —gritaron sus amigos al unísono. 

-Déjanos aprender de nuestros errores… Y relájate. Estás muy tenso últimamente —dijo con una sonrisa Sirius. 

-Creo que necesita algo para relajarse —sonrió James. -¿Sirius, estás pensando lo mismo que yo? 

-¿Sabes, Lunático? —Sirius puso su más seductora sonrisa. James también. —Si que estás tenso últimamente… 

-Es verdad —James puso una voz seductora, y junto a su amigo comenzaron a acercarse a Remus, quien los miraba con una ceja alzada. 

-¿Qué podemos hacer para hacerte sentir mejor? —le preguntó Sirius, colocándole una mano en el cuello. 

-Dejar de actuar raro —Remus se liberó de su amigo y se alejó. 

-Remus, ¿sabes que cuanto más te resistes más sexy eres? —James mordió el aire. 

-¿Te dijimos que te ves muy bien hoy? —Sirius se pasó la lengua por el labio inferior. 

Remus abrió grandes los ojos y se alejó aún más. 

-Bien —se rindió finalmente. —Dejaré de intentar ayudarlos, pero por favor no hagan eso —James y Sirius soltaron una carcajada. —No es gracioso. La próxima vez les echaré un maleficio —ambos dejaron de reír y vieron la cara enfadada de su amigo. —Y lo lamento, pero no me van a dejar con la palabra en la boca. James, vamos, amigo… ¿Hace cuánto tiempo que no tienes una verdadera relación? ¿O una segunda cita? ¿Tres años? —James bajó la cabeza. —Tres años de aventuras… ¿No crees que es suficiente? Sirius… -miró a su amigo. —Tú… ¿Nunca quisiste saber que se siente tener una verdadera relación? ¿No piensas nunca qué se siente? —Sirius no respondió y lo miró con sus ojos plata. —Yo te lo diré: es genial. Y es mucho mejor que ir de cama en cama… No hay comparación posible… O pregúntale a James —volvió a mirar a su amigo, que frunció el entrecejo. -¿No lo recuerdas? 

-¿Qué cosa? 

-¿No recuerdas? ¿Hace tres años? 

-¡Ah! ¡Ya recuerdo! —dijo James. —Nicky… Nicole —suspiró. —Fue… Fueron buenos tiempos —pensó. —Fue algo bueno… Fue… Una buena experiencia —Sirius soltó una carcajada. -¿Tienes algo contra las buenas experiencias, Lassie? 

-¡Vamos, amigo! Estabas loco por esa tipa, así que no digas “fue una buena experiencia” como si estuvieras hablando de un restaurante nuevo, porque… A ti el amor te idiotiza. 

-¿Qué? —preguntó James. 

-El amor te volvió idiota, James… ¿Qué te puedo decir? 

Remus bufó enojado por la insensibilidad de Sirius. 


-Maldito Black —dijo Emily, sacándole el jugo a una naranja que aplastó con sus manos, enojada. 

-Maldito Potter —dijo Lily, tomando la nota del Profeta donde aparecía el cazador y machacándola. —Qué imbécil… 

-Qué idiota —Emily tiró las cáscaras vacías a la basura y se bebió ¾ del vaso de un sorbo. —Malditos hombres… 

-Inútiles… -Lily tomó todos los trozitos de papel y los prendió fuego con su varita en el aire. -¿Quién se cree que es? 

-¡Eso! ¿Quién se cree? 

-Imbécil… 

-Idiota… 

-Lo odio —dijeron a coro. 

-Si no fueran necesarios para la continuidad de la especie… -Lily hizo un ademán violento. 

-No entiendo como pudo decir eso frente a Jake… -Emily suspiró, enojada. —Los voy a matar: a Black y a Potter… Los mataré… 

-Te ayudo con gusto… 

-Lo descuartizaré: lo voy a cortar en trozitos tan chiquitos que no se podrán diferenciar los unos de los otros… 

-Perfecto —dijo Lily. —Pero déjame la boca… -añadió lo último inconscientemente, y en un susurro. 

-¡OH! —Emily abrió los ojos de sorpresa y horror. -¿Qué dijiste? 

Lily cayó en la realidad. 

-¡NADA! —Lily se mordió un labio al darse cuenta de lo que había salido de su subconsciente. 

-¡Lily! 

-¿Qué? —la pelirroja pareció volverse más pequeña. 

-¿Qué acabas de decir? 

-Nada —Lily se llevó una mano a la boca. —Es que… Se salió solito… 

-¡Lillian Evans! ¿Te gusta Potter? 

-¡NO! 

-¡SI! —exclamó horrorizada. -¡Si, te gusta! ¡Te gusta! 

-¡No! ¡Nunca! 

-¡Te gusta! ¡No puede ser! 

-¡No me gusta Potter! —Emily miró a su amiga severamente. —Bueno… -Lily se puso colorada. —Tiene buen cuerpo… -Emily no cambió su mirada. —Bueno… Es lindo… -Emily no movió un solo músculo. —Bueno —Lily se puso nerviosa. -¡Bien! ¡Me gusta! —la pelirroja se dio cuenta de lo que acababa de decir. —Un poquito… 

Emily se cubrió la cara con las manos mientras Lily se ponía colorada. 


-Admite que te gusto. 

-No me gustas. 

-Dilo. 

-¿No era que ibas a tomar el tren y dejarme en el pasado? —Lily caminaba por la calle, el viento frío le golpeaba el rostro y se daba cuenta de que estaba por llover. 

-No me tomaré el tren sin ti —James la seguía, y Lily intentaba ignorarlo. 

-Vete —Lily cruzó la calle. 

-Vamos, Evans… 

-Muérete, Potter —le espetó fríamente. 

-Solo si tú eres mi ataúd… 

-Antes de ser cualquier cosa tuya me saco las pestañas. 

-Ay, vamos, Evans —le sonrió seductoramente con su mirada chocolate. No comprendía cómo era posible que Lily no quisiera empacharse en su chocolate. 

-No. 

-Dilo. 

-No. 

-Vamos… 

-¡NO! —le gritó Lily con todas sus fuerzas. James suspiró. 

-Bien, como quieras —el hombre la miró severamente y se dio vuelta, antes de comenzar a caminar. 

Lily cerró los ojos y se tapó la cara con las manos. No supo cómo, pero cuando volvió a abrir los ojos, allí estaba él. 

-¿No te ibas a…? —no pudo terminar la frase. 

James la tomó por detrás de la cabeza y la besó con fuerza. Lily se quedó sorprendida, pero le siguió el beso. Pero James, luego de darse cuenta lo que estaba haciendo la chica, ya satisfecho, se empujó hacia atrás con fuerza y se separó de ella. Le sonrió. 

-Admite que te gustó eso —le susurró, y dicho eso, dejó a Lily parada en medio de la calle.