← Historia 27880 · de
Historia 27880 — capítulo 14
Capitulo 14: Días de Confesiones
Lily tenía los brazos cruzados sobre su pecho, estaba recostada en la cama de San Mungo. Miraba por la ventana; las cortinas estaban corridas y dejaban ver el cielo londinense. Alguien abrió la puerta con un ramo de flores tapándole la cara, pero aún así, cuando Lily giró la cabeza para verlo, lo reconoció a la perfección.
-Esta vez no voy a aventártelas por la cabeza, Potter —James se descubrió la cara con una sonrisa dulce y le tendió el ramo de orquídeas. -¿Qué quieres? —dijo con voz fuerte, cruzándose aún más de brazos.
-Gracias, Lily; en serio… Muchas gracias… -susurró James. —Y yo… En verdad, lo siento muchísimo…
-¿Por qué?
-Por haberte besado… Nunca debí haberlo hecho; lamento haber jugado contigo de ese modo, lamento haberte molestado tanto tiempo, y yo… -Lily asintió tristemente. -¿Qué te sucede?
-¿Es verdad, entonces?
-¿Qué cosa es verdad? —preguntó James, aunque sabía la respuesta.
-Lo del Profeta. ¿Volviste con Nicole Cooper, no? —James la miró melancólicamente; Lily negó con la cabeza.
-Lily, yo…
-No me mires así, Potter —dijo haciendo un gran esfuerzo para no llorar la pelirroja. —Por favor.
-Lo siento mucho, pero en realidad yo…
-No me tienes que dar ninguna clase de explicaciones.
-No, sí tengo —susurró James. —Todo es mi culpa; lo lamento mucho…
-Hoy entendí que nosotros tuvimos nuestra oportunidad: hace ocho años. No la aprovechamos. Ahora el tiempo pasó: las circunstancias cambiaron.
-Lily, yo…
-Basta, James —pidió Lily.
-Lo siento: pero esto es lo mejor. Con ella sé que será seguro, contigo tendría demasiado miedo de que…
-¡Basta! —Lily no pudo evitarlo y una lágrima corrió por su mejilla. —No digas nada más: te lo ruego —sollozó. —Esto ya es demasiado doloroso sin que me des los motivos por los cuales ella ganó. No lo empeores; no empeores la situación. Mi situación. —En ese momento, James comprendió todo, y sus manos comenzaron a temblar. —Porque cada palabra que me dirías, intentando arreglar las cosas… Solo lo empeoraría. Sería muy doloroso para mí. Y yo no quiero sufrir más —la voz de Lily se quebró. —Entiendo que quieras hablarme pero entiende por favor… Entiéndeme a mí. Tú la amas. Ella te ama. Todo está bien así: las cosas están bien, ustedes estarán bien y…
-¿Y tú? —preguntó con un hilo de voz James, con voz muy triste.
Lily se quedó unos segundos en silencio, sin atreverse a mirar a James luego de haber dicho eso.
-Yo… -pensó. —Yo tendré que encontrar quién me ame a mí, para que yo pueda ser y estar bien y feliz… -más lágrimas.
James negó con la cabeza y abrió la boca, pero…
-¿Qué haces aquí? —Emily abrió la puerta, y se quedó de piedra al ver a James. -¿¡Qué le has hecho a mi amiga!? —gritó, viendo la cara de Lily; sus ojos enrojecidos, sus mejillas mojadas. -¿Qué le hiciste, Potter?
-Nada —dijo con voz ahogada James.
-¿Nada? ¿NADA? ¡Cuando la dejé hace cinco minutos estaba completamente bien! ¡Y ahora…! —lo entendió todo. -¡Vete! ¡Vete, Potter!
-No, yo necesito…
-¡VETE! —le gritó Emily.
-Pero… -James no quería ceder.
-James, vete —susurró Lily, melancólicamente.
James reaccionó al verla así; y ante ella no podía pelear. Y a ella le hizo caso. James asintió. Dejó las flores en el sillón y se dio media vuelta, antes de dejar la habitación. Emily se acercó rápidamente a su amiga, quien se largó a llorar en sus brazos.
Lily salió del hospital tres días después, pero de todos modos no podía volver al trabajo por órdenes de los sanadores que la habían tratado.
La pelirroja estaba sentada en el sillón de su casa, sola. Emily había tenido una reunión de último momento con varios redactores de otros periódicos que estaban en la ciudad por negocios; y volvería tarde. Lily estaba muy deprimida: ese día habían salido más fotos de la pareja del momento en el Profeta y en Corazón de Bruja. La pelirroja necesitaba consuelo. ¿A quién acudir? Una sola persona se le vino a la mente.
Lily se puso los zapatos y desapareció. Se encontraba frente a la puerta de brillante madera. La tocó dos veces. Se oyeron pasos del otro lado, y la puerta se abrió.
-¡Lily! —la cara de Remus apareció por la puerta. -¡Hola! ¿Qué ta…? —se calló al ver su cara. -¿Qué te sucede? —la sonrisa del licántropo se esfumó al ver la expresión tan triste de la joven.
-¿Podemos hablar? —preguntó Lily con voz ahogada. Remus asintió y le abrió más la puerta; Lily entró y se sentó en el primer sillón que vio. Remus caminó hasta un rincón cerca de su enorme ventana de vidrio, donde había un espacio para un bar. Sacó una botella y dos vasos y los llenó con el líquido.
-Parece que te hace falta —le susurró, mientras le alcanzaba el vaso de whisky de fuego. —Ahora dime…
Lily tomó el vaso y se bebió todo el contenido de un solo trago, luego suspiró, mientras intentaba encontrar las palabras.
-Estoy… loca por Potter —Remus abrió los ojos grandes de la sorpresa y pareció recordar algo. —No, más que eso…
-Lily…
-Estoy muerta por él. Me tiene loca. Creo que…
-¡Lily! —susurró, como si fuera una advertencia, pero la mujer no le hizo caso.
-Me estoy enamorando de él. Es decir… Cuando vi esas fotos lloré de dolor… Es horrible, siento una…
-¡Cállate, Lily! —pidió Remus.
-Lo siento; pero necesito decirle a alguien. Sé que esto debe ser incómodo porque eres su mejor amigo, pero… Remus, no puedo seguir así. Porque lo poco que tuvimos fue historia. El está con Nicole, y es imposible que él ahora me pueda amar como yo creo amarlo. —Lily pensó dos segundos. -No, lo amo. ¡Yo lo amo! Ahora me doy cuenta de eso; de que siempre lo amé…
-Wow… -alguien detrás de Lily se quedó sin palabras.
-Intenté avisarte pero no me dejabas hablar —se lamentó Remus.
Lily cerró los ojos con horror al reconocer la voz, y lenta, muy lentamente se dio vuelta y abrió los ojos. Allí estaba, con un vaso de whisky de fuego en las manos y apoyado contra la puerta de la cocina…
-Black —susurró Lily. -¿Qué…? ¿Qué haces aquí?
Sirius avanzó hacia el bar de Remus y tomó la botella de whisky.
-Créeme, Evans… No eres la única que tiene problemas y que viene a beber el whisky de fuego de Remus… Y bueno… Nunca está mal acompañar un trago con las cosas que Allie le prepara a su novio… ¿Sabes que es una excelente cocinera?
Lily no sonrió: estaba demasiado preocupada por lo que Sirius acababa de oír, y la joven mujer ya había palidecido.
-Descuida, Lily —susurró Remus, viendo la expresión de la pelirroja. —Sirius no dirá nada —miró a su amigo. -¿Verdad, Sirius?
-¿Yo? ¿Decir algo? —Sirius se hizo el ofendido. -¡Vamos, Evy! ¡Parece que no me conocieras! —intentó acercarse a la puerta del departamento, pero Lily volvió en sí y se paró de un salto, tapando la puerta. -¿Me permite, mademoiselle? —intentó salir, pero ella no lo dejó.
-¿Dónde ibas, Black?
-Por ahí. Pobre Remus: le gastamos todo su whisky… Creo que iré a comprarle un poco más…
-¿Dónde ibas, Black? —repitió Lily, penetrándolo con sus ojos esmeraldas. Sirius no respondió. -¿No ibas a ver a Potter, no? —Sirius bufó, impaciente. —Déjame aclararte algo, Black… Solo una cosita —a pesar de que Sirius era una cabeza más alto que Lily, pareció quedarse chico por la naciente furia en la pelirroja. —Si James Potter llega a enterarse de lo que oíste, yo voy a matarte. Soy un Auror, tengo licencia para hacerlo sin tener que ir a Azkaban. Así que no me desafíes. ¿Entendido? —Sirius asintió y tragó con miedo, pero luego volvió a recuperar su altura. -¿Y qué problemas tienes tú, de todos modos?
-Eh… Bueno, hay una tipa que conocí, y que me acosa —Sirius avanzó nuevamente hasta el bar y se volvió a llenar el vaso.
-¿Qué tipa? —Lily se sentó en el sillón.
-Eh… Una… tipa de una sola noche. Se enojó —Sirius suspiró. —Mujeres…
Lily bufó y miró por la ventana, pero no dijo nada: no parecía animada para discutir.
-¿Lily? —Emily abrió la puerta de su departamento y se quitó su sobretodo negro y lo dejó sobre la mesa junto con su bolso. Su amiga no estaba allí. Suspiró y se tiró al sillón. Se quedó allí unos minutos, pensando. ¿Dónde habría ido? Le preocupaba mucho: su amiga estaba muy deprimida. Pasó un rato, Emily no supo cuanto tiempo. La puerta de entrada fue golpeada, y como no quería levantarse ni alzar la voz, Emily tomó su varita y con un movimiento, la puerta se abrió. Movió unos centímetros la cabeza. -¡Jake! —su repentino cansancio se esfumó y se paró de un salto, mientras su cara se iluminaba, y abrazó a su novio antes de besarlo. -¿Qué…?
-Sabía que volverías más o menos a esta hora —sonrió el hombre. -¿Cómo te fue?
-Bastante bien —sonrió la joven mujer.
-Eso es genial…
-¿Qué sucede? —había algo raro en los ojos de su novio.
-Bien… Oye… Em…
-Dime…
-Mira… No quiero sonar… posesivo ni celoso… ni nada por el estilo… Pero…
-¿Pero?
-Black me pone los pelos de punta —Emily alzó una ceja. —No quiero que te moleste mucho… Yo…
-Jake, no tienes que preocuparte por nada: ese idiota lo último que hará será molestarme, no tienes que preocuparte.
-Es que me di cuenta… Vi como te mira, Em… Y yo… Sonará idiota, pero… Dímelo ahora: si te pasa algo con él, yo no quiero ser…
-¡JAKE! ¡Nunca! —saltó Emily. —Yo no lo quiero ni lo soporto: él es solo un patán pervertido que jamás te llegará ni a los talones —Jake sonrió y la besó en la frente. —Y yo te quiero a ti: solo a ti. Black es un Don Nadie…
-Lo siento… Solo… Me preocupaba…
-No me mientas: estabas muerto de celos de que pudiera haber algo entre Black y yo… —sonrió Emily, mientras se aferraba a su cuello.
-¿Chicos? —James entró al departamento de Remus, pero solo oyó a sus amigos que lo silenciaron. -¿Qué…?
-¡Shhhhhhhhhh! —remus y Sirius se llevaron un dedo a la boca y posaron sus ojos en el sillón que estaba de espaldas a la puerta.
James no comprendía mucho qué sucedía; así que se acercó lentamente y la vio; dormida en el sillón, con sus cabellos rojos a los costados de su cara, en ese momento una cara angelical, y tapada con una frazada.
-¿Qué hace aquí? —susurró el Cazador.
-Se quedó dormida mientras hablábamos —murmuró Remus.
-Qué linda… -James sonrió. —Parece un ángel…
-¡JA! —dejó escapar una risa sarcástica Sirius, casi inconscientemente. —Lo siento —bajó la cabeza mientras sus amigos lo miraban con reproche.
-¿Y qué hace aquí? —preguntó James, acomodándole un mechón de cabello que le cubría sus ojos.
-Eh… -Remus y Sirius se miraron confundidos.
-¿Para qué me meto siquiera? —se dijo a sí mismo James. —Yo estoy con Nicole ahora… No puedo meterme. No tengo derecho a saber qué hace ella de su vida… Es decir…
Lily despertó al sentir nuevamente el tacto de la piel de James con su mejilla, y se quedó de piedra al oír su voz, pero continuó a hacerse la dormida.
-¿James? —susurró Sirius.
-Basta —dijo con firmeza Remus. —No puede estar con dos personas, James… Tienes que decidir.
-Pero no es fácil…
-Lo sé. Por eso te recomiendo que lo hagas antes de que compliques las cosas aún más. Alguna de ellas va a quedar muy herida. Eso no lo vas a poder evitar. Pero si alguien va a terminar mal, es mejor que termine mal a que termine MUY mal… Alguna saldrá herida. Pero es mejor que intentes herirlas lo menos posible. Por eso apúrate con tu decisión. Pero hazla bien.
James asintió con pesar. Lily lloró por dentro y volvió a dormirse.
Allyson abrió la puerta del departamento de su novio y sonrió al ver la escena. Sobre la alfombra de corderito se encontraba Sirius, boca abajo y con una almohada que apretaba contra su cabeza. Remus dormía en un sillón individual con un libro sobre el pecho y su cabeza hacia abajo. James estaba sentado en el suelo, apoyado contra el sillón, con la cabeza hacia atrás. Y en el sillón dormía Lily. Allyson no la conocía personalmente pero supo quién era por todo lo que Remus le había contado de ella.
La castaña se colocó en el centro de la habitación y contempló nuevamente la escena, antes de ampliar su sonrisa.
Lily abrió los ojos de golpe al oír unos pasos y se incorporó. Miró a su alrededor y saltó del sillón. Vio a Allyson, quien se había acercado a Remus y tomaba el libro que había sobre el pecho de Remus.
-Eh… ¡Hola! —sonrió nerviosa. —yo soy Lily Evans… Tú debes ser Allyson, es un placer… -Allyson se acercó a ella, devolviéndole la sonrisa y le tendió la mano.
-Llámame Allie… ¿Estás bien? —Lily asintió nerviosa.
-Yo… Debo irme… Fue un placer, Allie… Agradécele a Remus y a Black de mi parte…
-Adiós —Allie bufó divertida mientras veía como Lily se iba corriendo del departamento.
-Vamos, Lily…
-No.
-¡Vamos!
-No.
-¡Lils! —Emily le hizo un puchero.
-¡Vamos, Lily! —sonrió Jake, tendiéndole una camiseta azul.
-¿Para qué? —Lily se sentó en el sillón de brazos cruzados.
-Lily, que vengas con nosotros será mejor que te quedes aquí sola sin hacer nada —sonrió Emily. -¡Vamos! Será solo un tonto partido de Quidditch… No pasará nada porque vengas…
-Sé que voy a arrepentirme de esto —con mucho pesar, Lily se puso la camiseta del Puddlemere encima de su ajustada remera ¾ negra.
-Vamos, juegan contra los Chudley Cannons: será pan comido. Nada malo sucederá —sonrió Jake.
Lily asintió y salió del departamento con la pareja, aún con un mal presentimiento.
-¡Y LOS SEGUIDORES DEL PUDDLEMERE ESTAN GRITANDO DE ALEGRIA! ¡PORQUE EL PUDDLEMERE UNITED ACABA DE GANARLE A LOS CHUDLEY CANNONS! ¡280 A 20!
Jake sonrió ampliamente y besó a Emily mientras Lily sonreía y miraba la mitad del estadio de color azul, que gritaba, saltaba y reía sin parar.
-¡CUIDADO! —de la nada salió Remus y empujó a Jake justo a tiempo para evitar que una Bludger lo golpeara.
-¡BLACK! —ladró Emily, mientras el joven le sonreía de oreja a oreja desde su escoba, con su bate en la mano.
-Hola, Lils —le sonrió y le guiñó un ojo a la pelirroja, quien alzó una ceja. —Lyndon —miró fríamente a Jake. —Lewis… -le guiñó un ojo. —Lunático…
-¿Sabes que te voy a matar? ¿Qué rayos te sucede? —le gritó Emily, mientras Jake le devolvía la mirada con odio.
-Sucede, mi sexy y amada Mily, que me molesta mucho ver a la futura madre de mis hijos en brazos de otro.
-¿QUE? —gritaron todos, atónitos.
-Sirius, ¿qué…? —comenzó Remus.
-Como sea —Sirius se encogió de hombros y miró a Lily. -¿Vienes a la fiesta?
-¿Qué fiesta? —preguntó la pelirroja.
-La fiesta post juego —sonrió Sirius. —Ven; la pasarás muy bien… Vengan ustedes también —miró a Emily y Jake.
-¡NO! —gritó Emily.
-Ay, vamos Mily —sonrió Sirius. —Ni me verás por ahí.
-Primero soy Lewis, y segundo…
-¿Vienen a la fiesta? —Allyson apareció sonriente en la tribuna.
-Pero…
-¡Vamos, será genial! —pidió la joven. -¡Van a pasarla muy bien!
-Pero… -Lily y Emily intercambiaron una triste mirada.
-Vamos —las animó Remus. —No se preocupen por él —señaló con la cabeza a Sirius quien ya se había alejado hacia los vestuarios. —El no va a molestarlas y ustedes la pasarán muy bien.
-Pero… -Lily aún no estaba convencida.
-Ay, vamos Lils —Emily ya había sido convencida. —nada malo sucederá.
-Sigo teniendo un mal presentimiento —se dijo a sí misma la pelirroja, mientras se dejaba arrastrar hacia la salida.
-¡Ahí están mis estrellas! —Colin Glass, con sus mejillas coloradas y un gran vaso vacío en la mano se acercó al enorme sillón rojo que se encontraba junto al enorme ventanal que dejaba ver toda la ciudad.
-¡Hey, Colin! —Sirius sonrió al ver a su entrenador, que siempre bebía un poquito más de la cuenta en eses clásicas fiestas.
-¿Saben chicos? —Colin se sentó entre James y Sirius y los abrazó. —Creo que ya se los he dicho, pero ustedes son… los hijos que nunca tuve. Son geniales. Y los adoro. Son mi orgullo.
-Gracias, Colin —titubeó james, alzando una ceja.
-Eso… -Sirius hacía enormes esfuerzos para no reír. —Tú también eres el padre que nunca tuve…
-¿En serio?
-¡Si! ¡Por supuesto! —James soltó una risita cuando oyó las palabras de su amigo, pero se apresuró a transformarlas en una tos. Sirius vio algo que llamó su atención. —Oye, papito… -James no lo pudo evitar y se alejó mientras soltaba una carcajada. —Voy a buscarme una chica…
-¡Ese es mi Sirius! ¡Qué ganador! —saltó Colin, mientras se tiraba en el sillón.
Sirius se acercó a un grupo de chicas que no tendrían más de 20 años y que casi se caen desmayadas al ver al Bateador acercarse, y comenzó a coquetear con todas.
-Qué descarado —dijo Emily, llevándose una cerveza de manteca a los labios, mirando a Sirius con odio.
-¿Por qué te preocupa? —preguntó Lily, bebiendo lo mismo.
-Porque es un idiota.
-¿Qué hacen bebiendo eso? —Allie apareció. -¡Es una fiesta!
-No bebo alcohol, pero gracias igual —sonrió Emily.
-Tú ya estás excusada… Pero… ¿Y Lils?
-Yo… Hoy no…
-Ay, vamos Lis… Las únicas personas que no beben son los odiosos periodistas —miró a Emily. —Lo siento, es la verdad… Pero son los únicos que se mantienen sobrios, esperando que alguien meta la pata —le dedicó una gran sonrisa. —Vamos, Lils… Diviértete un poco: yo te invito.
-Pero… -Lily dudó. —Bueno —sonrió a Allyson, mientras las dos se iban hacia la barra.
Y lo que comenzó como un inocente trago medio lleno se convirtió en una culpable botella entera. Lily estaba ida, y si Emily la hubiera visto (porque había desaparecido luego de que Lily llegó a la barra), hubiera entrado en pánico, porque la pelirroja nunca había bebido tanto en su vida. Allie se sentía muy culpable: Lily había comenzado a decir idioteces y ya estaba fuera de control, por lo que fue a buscar a alguien que la pudiera ayudar.
-En realidad yo siempre odié estas fiestas, pero nunca creí que serían tan divertidas.
-Ajá… Señorita, creo que fue suficiente —el apuesto barman la miró con los ojos abiertos y con un movimiento de su varita, el contenido del vaso desapareció.
-¿Es divertido ser barman? —le preguntó Lily, distraída. —Yo cuando era pequeña quería ser payaso… ¡Espera! ¿O era mimo?
-Eh… -el hombre miraba a Lily intentando no reír de esas estupideces.
-Disculpe, ¿me puede dar dos vasos de hidromiel, por favor? —se acercó una joven. Vio a Lily. -¡Hola! ¿Lily Evans, no?
-Hola, Cooper…
-¿Cómo estás? —le preguntó sonriente Nicole.
-Ida —susurró el barman.
-¿Qué?
-Nada, aquí tiene sus bebidas, señorita —le tendió los dos vasos.
-Muchas gracias. Nos vemos, Lily —Nicole le guiñó amistosamente un ojo y se alejó caminando, hacia donde estaba James, mientras dejaba a la pelirroja refunfuñando.
-Dime algo, Casey —Lily acercó los ojos a la solapa de la túnica del barman, donde estaba escrito su nombre.
-Es Martin.
-¿En serio? —Lily arqueó una ceja. -¿Eso no es una C?
-No, es una M…
-Mira tú… -pensó. —En fin… Dime algo, Larry —el hombre bufó. -¿Qué tiene ella que yo no?
-¿Disculpe?
-¡Esa Nicky!
-¿Qué hay con ella?
-¿Pero usted es sordo, además de lindo? —se enfadó la pelirroja. —Oops… -se dio cuenta de lo que había dicho. -¡Como sea! ¿Qué tiene ella que yo no?
-No entiendo la pregunta…
-¿Qué tiene Nicole Cooper que yo no tenga? —gritó, enojada. Toda la fiesta se quedó en silencio: incluso el DJ apagó la música. —Oops de nuevo…
-¡Lily, aquí estabas! —Emily la había estado buscando y salió de la multitud. -¡Vamos!
-Primero que me responda la pregunta —lo miró enojada. -¿Nadie? ¡Que alguien lo haga, por merlín! Ya que este sexy inepto no puede hacerlo…
-No, Lils, otro día —Emily quería desaparecer.
-¡Pero yo quiero saber! ¿Por qué ella? —suspiró enojada. -¡Ay, él es tan tonto! —sus ojos se volvieron acuosos.
-¿Yo? —el barman arqueó una ceja.
-¡No, tú no! —dijo Emily, sabiendo de quien hablaba su amiga. —Ahora vamos, Lils…
-¡Lo odio! ¿Por qué?
-Cálmate, Lily —Emily estaba roja como un tomate. —Ahora vamos a casa…
-No lo defiendas, Em… El es un patán…
James miraba a la pelirroja precavido, y estaba de piedra.
-Si, lo sé, pero ahora cállate, Lily —Emily intentaba no desesperar.
-¡Si, lo es! ¡Primero me persigue, luego me amenaza, me deja, vuelve, me besa…! ¡Maldito Potter!
Hubo un “¡Oh!” colectivo.
-¿Qué? —Nicole miró a James, quien parecía querer desaparecer también.
-¡Y ahora vuelve con su novia! ¡Lo odio! ¡Y me odio a mí misma! ¡Porque no tendría que importarme tanto!
-Lily —Emily apretó los dientes.
-¡No es justo! —se quejó Lily, mientras su amiga la iba arrastrando a la puerta. -¡Y además todavía no me devolvió mi pluma! ¡Maldito Potter! Dímelo, Em…
-¿Qué quieres que te diga? ¿Qué te calles?
-¡No! ¡Eso no! ¿Por qué el me tiene que importar tan…?
-¡SILENCIUS! —Emily sacó su varita y la apuntó a su amiga. —Ahora nos vamos. YA.
Lily parecía protestar, pero Emily la arrastró a la puerta, dejando a todos los invitados con la boca abierta, pero sobretodo a James.