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Historia 27880 — capítulo 15

Capitulo 15: La Primera Borrachera

Lily gimió y se llevó una mano a la frente. Infló las mejillas, pero no pudo evitar girar hacia un lado para vomitar al costado de la cama. Volvió a gemir y vomitó otra vez. Se le partía la cabeza. No recordaba mucho, pero sabía que algo malo había sucedido. Como siempre, su mejor amiga apareció para hacerle ver la cruel y dura verdad. 

-¡LILLIAN EVANS! —esa era la voz de Emily, quien entró a la habitación hecha una furia. 

-¿Tanto metí la pata? —preguntó con voz dolorosa Lily, un poco asustada. 

-¿La pata? ¿LA PATA? ¡Metiste hasta la cabeza, mi vida! ¡NO QUIERO QUE TOQUES UNA SOLA GOTA DE ALCOHOL NUNCA MÁS EN TU VIDA! 

-¡Ay no! —dijo Lily, muerta de miedo. -¡Ay, no! ¡Ay no! ¡Ay no! ¿Qué hice, Em? ¿Qué hice? 

Emily le tendió el Profeta, Lily se cubrió los ojos con las manos. 

-No lo puedo leer: hazlo tú, por favor… 

-Te vas a enterar de lo que dice de todos modos… 

-Lo sé, pero léelo tú, Em… Por favor… -pidió Lily, y su amiga desdobló el periódico y asintió. 

-Bien… “El amor secreto de James Potter. Auer por la noche, en la fiesta post juego del Puddlemere United, para celebrar la victoria contra los Chuddley Cannons, nuestra corresponsal del Profeta presenció una escena particular. Una joven Auror de 25 años, Lillian (Lily) Evans, bebió más de la cuenta y declaró sus sentimientos por el Cazador, además de despotricar directamente contra la novia de éste: la famosa música Nicole Cooper, quien recientemente volvió con él. Así nos enteramos del romance entre Potter y Evans y…” no puedo seguir leyendo esta basura —Emily tiró el diario sobre la cama. -¿Quién rayos escribió eso? ¡Si vas a escribir el último chisme hazlo bien, por Merlín! —se fijó el redactor. —Ah, claro… Rita Skeeter… Debería despedirla… 

-Ay… ¡Mátame, Em! 

-No. 

-¡Por favor! 

-¡No! 

-Emily… 

-¡Lily! —Emily comenzó a enrojecer de ira. -¿Qué nunca aprendiste nada de las borracheras? 

-¡Pero si esta fue mi primera! 

-¿Nunca aprendiste nada de las mías? —Emily estaba realmente enojada. 

-¿Qué borrachera? ¡Nunca en tu vida bebiste una gota! —se defendió Lily. 

Emily hundió la cara entre sus manos y olvidó que nunca se lo había contado a Lily. Nunca… Bueno… Ya era hora: nunca se lo había dicho a nadie: nunca, y el verlo nuevamente y tan seguido la estaba destruyendo; le hacía mal. Era hora de desahogarse. 

-¿Sabes por qué no bebo? —Lily negó con la cabeza. —Bien… Eh… ¿Recuerdas el baile de Halloween de séptimo año? —Lily asintió. -¿Recuerdas que Black y Potter habían metido de contrabando 15 litros de whisky de fuego? —Lily volvió a asentir, frunciendo los labios. —Bueno… Yo… Ese día… bebí un poquito… Mentira: bebí muchísimo… Y… 

Flash Back

Emily se encontraba afuera en los jardines. La música lenta se oía hasta allí, y la muchacha, completamente ebria, bailaba sola de un lado a otro, feliz. Tarareaba la canción, y cada tanto soltaba alguna palabra sin sentido, mientras sonreía sin saber por qué. Era obvio: todo era culpa del alcohol. 

-¡Lewis! —era un llamado de felicidad, como si la hubiera vuelto a ver luego de años y años. 

Emily se dio vuelta y lo vio, corriendo hacia ella. 

-¡Black! —le respondió, mirando al muchacho que también estaba ebrio, aunque menos que ella. -¿Qué haces? 

Sirius se acercó hasta donde estaba ella y la tomó por la cintura, mientras comenzaba a bailar con ella al ritmo de la música. 

-¿Qué…? 

-Dímelo, Mily… -se lo susurró al oído. 

-¿Qué cosa? —Emily cerró y abrió los ojos. —Intenta hablar claro porque yo… -la muchacha se mareó y se aferró al cuello del muchacho para no caer. -¿Y cuál de todos eres tú? Hay demasiados… -ya veía triple. —Mierda, ya veo triple… 

-Mily… Hay algo que debes saber… 

-¿Qué? —Emily lo dijo agresivamente. 

-Ese día… Esa chica me besó y me acorraló… Yo no —Emily lo soltó y lo empujó. 

-Pero tú se lo seguiste. 

-Lo sé, pero si hubiera tenido que elegir… 

-¡Eres un idiota, Black! —Emily se alejó torpemente y tropezó con sus propios pies. -¡Argggg! ¡Todo es tu culpa! —le vociferó. 

-¿Qué? ¿Que estés ebria es mi culpa? 

-¡SI! 

-Es verdad: es mi culpa —pensó Sirius. —Pero… -se acercó a ella y se arrodilló a su lado. —Mily… 

-No me digas Mily, yo te odio. 

-No te creo… 

-¡Pues hazlo! ¡Eres un…! —Emily no encontraba la palabra. -¡Un…! 

-¿Un qué? 

-¡Un tonto! ¡Eres tonto y…! 

-¿Por qué soy tonto? 

-Porque… -Emily no terminó: Sirius la tomó por el mentón y acercó sus labios a los de ella. La muchacha hizo silencio, y luego ambos se sumergieron en un beso lleno de desesperación y pasión. La muchacha no se negó: rodeó su cuello con sus brazos y él la tomó por la cintura. 

-Ven conmigo… -le susurró al oído Sirius, mientras se separaban. La tomó por la muñeca con suavidad y la ayudó a pararse. Ella, sin poder tomar un minuto para pensarlo bien (porque de verdad estaba muy borracha), lo siguió. 


-¿Por qué me llevaste al Sauce Boxeador? ¿Y qué es esto? ¿Es la Casa de los Gritos? —Emily miraba sumamente confundida y mareada desde una terraza con vista al pueblo. -¿Qué rayos…? —Sirius volvió a besarla. 

Emily le siguió el beso, sin saber qué haría o dónde estaba (es más, hasta dudaba de su propio nombre) y por accidente, pisó una tabla floja y cayó hacia atrás, llevando a Sirius con ella. El muchacho cayó sobre ella. Ninguno de los dos quiso separarse, y solo lo hicieron después de unos minutos, cuando el aire ya no era suficiente. Pero luego de recuperar el aliento, no siguieron besándose. No. Emily le mordió el cuello y luego le metió las manos por debajo de su camisa: una por la espalda, otra por el pecho, y comenzó a levantar la tela, dejando ver el torso tan bien formado, atlético, trabajado, con esas perfectas abdominales, de Sirius. Emily tiró la camisa por ahí y volvió a dirigir su atención a esa perfecta boca de la cual podía oler un dulce aliento a miel que cautivó a Emily, y la muchacha continuó a besarlo, mientras le acariciaba de forma circular su espalda desnuda. Sirius se separó de su boca y comenzó a besar su cuello. Emily cerró los ojos mientras disfrutaba del sentir la boca del muchacho recorriendo su cuello. Lanzó un pequeño gemido de placer al notar la boca del muchacho en su pecho, justo donde estaba su vestido strapless, que resultó ser un gran obstáculo para lo que ambos ansiaban en ese momento. Sirius quería llegar más abajo. Emily quería que llegara más abajo. La muchacha bufó enojada y arqueó su espalda hacia arriba, mientras buscaba con sus manos el cierre. Sonrió: lo encontró. Sirius se desabrochó el cinturón y el cierre de su pantalón. Se quedó en sus bóxeres negros. Emily tomó su vestido y comenzó a tirarlo hacia arriba, hasta quedar en su ropa interior de color roja. Sirius volvió a besarla: una, dos, tres veces. Emily lo tomó por detrás de la cabeza y lo apretó contra sí. Sirius volvió a separarse y esta vez, sin ninguna interrupción, volvió a bajar por su cuello y llegó hasta su pecho. Emily volvió a cerrar los ojos. Ella lo besó en su cuello, mientras él recorría el nacimiento de sus pechos. Ella desprendía un dulzón aroma frutal que fascinó al muchacho. No quería separarse más de ella. No lo iba a hacer. 


Emily temblaba, aún con los ojos cerrados. Tenía mucho frío, le dolía la cabeza y sentía que vomitaría en cualquier momento. Estiró el brazo, en busca de sus sábanas o de algo con que taparse. Lo encontró, pero le resultó muy pesado para ser sus sábanas. Se tapó sin prestarle más atención y se acomodó bien sobre su colchón y su almohada. Un minuto. No era un colchón ni una almohada. Abrió los ojos. Estaba recostada sobre Sirius Black. Se dio cuenta de que el muchacho dormía plácidamente, y de que su torso estaba desnudo. No, no podía ser… Miró con mucho temor hacia abajo, más abajo, y soltó un grito ahogado. 

-¡AY, MERLIN! —exclamó horrorizada y se apartó de un modo repentino, aún tapándose con su propio vestido. -¡Ay! ¡No! 

Sirius abrió un ojo y bostezó. Emily miraba en dirección opuesta: roja de la vergüenza y del horror. 

-Hola, Mil… 

-¿Puedes taparte, por favor? —pidió horrorizada, tapándose los ojos. Sirius se miró abajo con una sonrisa. -¡YA! ¡Tápate! 

Sirius bufó y comenzó a vestirse. 

-Si tanto te molesta… De todos modos… Esto —miró abajo —no pareció importarte demasiado anoch… 

¡Plaf! Emily le dio una bofetada mientras se subía su vestido sobre su recién colocada ropa interior. 

-¡Eres un pervertido! ¡Yo estaba ebria! ¡Y tú te aprovechaste! 

-¡Yo también estaba ebrio! ¡Pero de todos modos nadie te obligó a hacerlo! —Emily enrojeció. -¡Es más! ¡Tú misma me quitaste mi camisa y tu vestido! —recordó Sirius. 

-Eso es mentira —Emily aún no recordaba nada, pero no quería creerlo. 

-¿Entonces qué crees que sucedió? —Emily no respondió. -¿Ves? Fue elección tuya… ¿No lo recuerdas? —Emily se puso sus zapatos. -¡Noo! ¿Pasaste la mejor noche de tu vida y no la recuerd…? 

¡Plaf! 

-¡Eres un depravado! —Emily avanzó hacia la salida mientras el sol iba saliendo. 

-¡Vamos, Mily! 

-¡Aléjate de mí! —Emily comenzó a correr por el pasadizo, sin saber adónde la llevaba. 

-¡Pero…! 

-¡No quiero verte nunca más en mi vida, Black! 

-¡Emily! —la chica siguió corriendo, con Sirius que le pisaba los talones. -¡Emily, vamos! 

-¡No! 

-¡Lewis! —Emily vio la salida y aceleró el paso. 

La muchacha salió del pasadizo y se encontró frente al hueco en el tronco del Sauce Boxeador. Se dio vuelta: una enorme rama se acercaba a ella con mucha velocidad y fuerza. 

-¡CUIDADO! —Sirius saltó y la arrastró por el húmedo césped hasta que ambos quedaron fuera del alcance del violento árbol, pero Sirius quedó sobre ella, y se apartó de golpe al ver que sus ojos estaban rojos. 

Y lo comprendió todo. 

Fin del Flash Back

Lily estaba boquiabierta. No lo podía creer. No lo quería creer. ¿Su mejor amiga, Emily Lewis…? 

-¿Fue él, entonces? —le preguntó con voz temblorosa. -¿Fue él tu primera vez? —Emily asintió. -¡Ay, Em! 

-Luego de un par de horas comencé a recordar… -Emily bajó la cabeza. —Lamento nunca habértelo dicho, pero creí que lo había dejado atrás… Pero… No sé… Lo estoy viendo tanto últimamente que… No sé… Todo está volviendo nuevamente… 

-No tienes que… 

-Si, lo siento… No te tuve confianza… pero… Es que… Fue con él. Algo que debería ser tan hermoso como la primera vez… La mía no fue así, y… -Lily la abrazó con fuerza. —Lo siento, Lily, en serio… 

-Todo está bien… -susurró Lily, y le dio un beso en la mejilla. —Gracias por habérmelo dicho… 

-Bueno: basta con el pasado. Volvamos al presente. ¿Qué hacemos contigo? —Lily se mordió un labio. -¿En barco a Groenlandia o en tren a Siberia? 

-¡Em! ¡No voy a huir! 

-Solo era una idea… 

Se quedaron unos minutos en silencio. 

-¿O tal vez a Sudamérica? 

-¡Emily! 

-¡Lo siento! 


James leía con repulsión el Profeta, mientras Nicole se tapaba la cara con las manos, pensando. 

-Tuviste que habérmelo dicho… -susurró la joven. —Si yo hubiera sabido lo que sucedía con ella, yo nunca… 

-Lo sé, Nicole, pero tú apareciste de la nada y yo no tuve tiempo para prepararme y… 

-Si, James, ya sé que reaparecí de la nada, pero pudiste habérmelo dicho… -James no respondió. —Merlín: eres increíble. La besas por la mañana y vuelves a mí por la noche… 

-Estoy demasiado confundido, lo siento mucho… 

-Sé que estás confundido, pero lo mejor sería que tomaras una decisión pronto. Porque lastimarás a Lily, me lastimarás a mí y te enloquecerás a ti mismo. 

-¿estás…? 

-Dándote un tiempo, sí. No tengo nada contra ti, sabes que te apoyo en todo… Pero no puedes jugar en dos bandos. Avísame cuando te decidas, James… 

El Cazador asintió y Nicole salió del departamento.