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Historia 28060 — capítulo 14

-No me voy a ir… ni tú tampoco- respondió Damien, seriamente. No tenía intención de pensárselo o de replantearse su vida.- No deberías haberle pedido a papá y mamá que te sacaran.

-¿Por qué no? ¿Yo no tengo derecho a estar fuera de aquí?

-¿Y crees que va a ser tan fácil? ¿Qué todo sigue igual ahí fuera después de todos estos años?- preguntó, enfadado- ¿Crees que podrás llevártela contigo?

-Se lo he prometido…

-Mira, Bastien. Lo creas o no, Regina está mucho peor que tú, la única razón por la que eres más peligroso que ella es porque puedes tumbar a cualquiera de los médicos…- Bastien negó, no quería pensar que Reggie estuviera tan mal- Toma casi el doble de medicación que tú y acaba de salir de Electroshock… no dudo que la quieras- mentira, sí lo ponía en duda- pero si de verdad deseas lo mejor para ella debes quedarte y debes dejar que ella se quede.

-No…

-Llamaré a casa y les diré a papá y mamá que aún no estás listo para salir- dijo Damien, poniéndose en pie. No lo dejaría para otro momento.

-¿Por qué?¿Por qué nadie quiere verme fuera? Os esforzáis en tenerme encerrado y es eso lo que me vuelve loco…

-No, Bastien, tus delirios y tu embotamiento te vuelven loco- Sin embargo Damien estaba de acuerdo en una cosa, quizás nadie quería ver a su hermano fuera.- Confía en mi, yo arreglaré esto ¿sí?

-¿Cómo?

-¿Vas a confiar o no?- Bastien asintió, si había alguien en quien podía confiar, ese era su hermano pequeño.

Damien acompañó a su hermano hasta su habitación y después fue a buscar a la doctora Farrel a su despacho, pero no estaba allí. Había ido a ver a Cassidy, que estaba en su cuarto con Gabby. Tras la ducha de agua fría la había ayudado a cambiarse de ropa para que no enfermara y le estaba secando el pelo. Ya no había queja en ese aspecto.

-Hola, Cassie- saludó la doctora- Gabrielle, ¿puedes dejarnos a solas?- Aunque a Gabby no le hizo demasiada gracia, obedeció y salió del cuarto- ¿Cómo estás?

-Bien… creo- respondió la chica, dudosa.

-Lo siento mucho, no debí dejarte a cargo de Dempsey y…

-No- le interrumpió Cassidy- No lo entiende. Estoy bien, bien de verdad… como antes de que Hope muriera.- La doctora se sorprendió, no comprendía nada.

-No te entiendo ¿qué es lo que ha pasado en el baño?

-Llevaba un par de días tirada, dándole vueltas a lo mismo una y otra vez sin parar. No encontraba una respuesta hasta que llegó Dempsey- él pareció verlo claro desde el principio, vio lo que los demás no veían. Cassie echaba de menos a su hermana, obviamente, pero no sentía culpa o frustración por la pérdida, sentía ira, ira que había reprimido y que la había ido consumiendo poco a poco.

-¿Cuál es la respuesta, Cassie?

-Doctora ¿es malo que esté enfadada con ella? Porque es mi hermana y la quiero, pero…

-En parte la odias- Cassie asintió, avergonzada. La doctora la abrazó fuerte- Ella no eligió marcharse y no se fue para hacerte daño… pero ya no está.

-Ojalá estuviera… y mamá… Hope era su favorita.

-Sácate eso de la cabeza. Grace os quiere a ambas y ahora mismo lo que más quiere y necesita en el mundo es que te pongas bien. Nadie, escúchame bien- pidió, agarrando la cara de la chica entre las manos, con cuidado- nadie pretende que sustituyas a tu hermana ¿lo entiendes?- Cassie asintió y volvió a abrazar a su médico.

-¿Cree que estoy lista para irme?

-Aún tenemos trabajo, pero creo que ya es hora de que recuperes tu vida- aún era muy joven y podría continuar donde lo había dejado.

Bastien se cansó de esperar a la doctora, así que fue a la sala de enfermeras a buscar su teléfono móvil para llamar a sus padres y pedirles ¡no! para exigirles un cambio de actitud. Bastien no estaba listo para volver a su vida normal, pero sí se merecía algo mejor que aquello. Sin embargo, algo quiso que el chico no pudiera efectuar esa llamada, y ese algo se llamaba James Dempsey.

Iba caminando por el mismo pasillo, en sentido opuesto. Ambos se quedaron parados en cuanto se vieron, frente a frente, a unos cuatro metros de distancia. Se hizo el silencio, Dempsey tenía un moratón bastante feo en el pómulo derecho por el golpe que le había propinado Damien.

-Bonito golpe…

-Muy gracioso, Damien. Debería hacer que te despidan- amenazó el doctor.

-Quizás, pero no puedes… no hasta que apruebes la residencia, consigas un trabajo fijo y pasen ¿cuántos? ¿Diez años hasta que seas alguien en este hospital?- ambos podía retarse y amenazarse, pero no llegarían a nada.

-No sé que creíste que estaba haciendo, pero no le he puesto ni un dedo encima…

-Más te vale porque si ella me dice lo contrario no respondo de mis actos.

-¿Sabes que tienes más posibilidades de sufrir depresión o esquizofrenia si tienes un familiar enfermo?- Dijo James, sonriendo de lado. El joven apretó los puños, enfadado, su hermano era intocable- No deberías estar aquí… tú hermano no mejorará más deprisa sólo porque tú corretees por los pasillos.

-Eso no es asunto tuyo…

-No podrás estas con ella si te quedas.

-Y eso tampoco es asunto tuyo- había que reconocer que Dempsey era bueno en lo suyo, eso era innegable. Lograba ver lo que otros no veían…

-Cierto ¿Te suena el Centro Psiquiátrico Carter Beach?- Damien asintió ¿a qué venía eso?- Está en Florida, cerca del mar, es algo caro… pero sé que para tú familia el dinero no es problema.

-¿Y qué quieres decir con eso? Conseguir plaza en Carter Beach es prácticamente imposible.

-Dimite y haré que le reserven un cuarto con vistas a Bastien. Terminará el resto de su tratamiento rodeado de sol, canchas de tenis y zumos de piña colada.

¿Pretendía Dempsey librarse de los hermanos o ayudarles? Se esperaba un no, por el orgullo del auxiliar, pero Damien pareció pensárselo. Ambos dieron un par de pasos al frente, para acortar algo las distancias.

-Que sean dos cuartos- dijo Damien, finalmente.

-¿Cómo?

-Si quieres que dimita quiero que me consigas dos cuartos. Hazlo y no volverás a verme jamás- ¿estaba en posición de poner las condicione? quizás no, pero iba a intentarlo.

-Está bien, pero quiero tu dimisión mañana mismo- Damien negó.

-No, quiero poder confirmar esos dos cuartos. Verás mi dimisión en cuanto sepa que no tratas de engañarme.

-Hecho…

Haber aceptado esa oferta por el bien de su hermano implicaba consecuencias negativas para Damien. Perdería su trabajo, tendría que irse a vivir a Florida e incumpliría la promesa que le había hecho a Cassie. ¿Pero qué se supone que debía hacer?

Dempsey desapareció unos días y se llevó con él un buen sabor de boca. Era consciente de que había ayudado a Cassidy y había conseguido librarse de Damien y Bastien… pero por alguna razón su obsesión con Hazel crecía. Podía ver muchas cosas imperceptibles para algunos, pero la chica era muy complicada para él.

Poco sabían de ella. Sus padres nunca habían querido tener nada que ver con su hija desde que supieron de su enfermedad. Pagaban cada mes el cheque correspondiente a los gastos del hospital, pero nunca había pasado a verla o la habían llamado. Había antecedentes de esquizofrenia severa en su familia, su abuela materna la había parecido, y eso había ayudado a los médicos. Pero la nefasta actuación de su última enfermera, Margarette, la había destrozado.

Tras semanas aislada y sin poder medicarla para desengancharla, le había sido asignada a Meredith, con nueva medicación y se había probado a trasladarla al módulo con los pacientes comunes. Su vuelta había pasado desapercibida con la llegada de Tess y el incidente de Cassidy.

-Buenos días, Hazel ¿cómo te encuentras esta mañana?- Meredith entró en el cuarto con una bandeja con un plato de fruta, agua, una chocolatina y la medicación de la chica.- Te he traído chocolate… pero no se lo puedes decir a nadie ¿vale?- Hazel llevaba días sin hablar y sin casi moverse, estaba cansada, pálida y ojerosa. No dormía y casi no comía; sentía muchos dolores, algunos eran reales y otros, producto del delirio… ella era incapaz de distinguirlos.

-No tengo hambre- musitó, mirando a su nueva enfermera con ojos tristes.

-Lo sé, Hazel, pero tienes que comer… aunque sólo sea el chocolate.

-Quiero regaliz, lo comía de pequeña cuando estaba con mis padres en Toronto… en julio íbamos a la playa y hacía castillos en las rocas, pero luego venían desconocidos y los destrozaban con sus manos.

-Hazel… tú nunca has estado en Toronto- la chica hablaba de nada, no había estado en Toronto, ni en la playa con sus padres, los castillos no eran siquiera reales. Esos recuerdos no eran de verdad. La niña echó a llorar desconsolada.

-No sé lo que estoy diciendo… nunca sé lo que digo- Meredith se acercó y se acarició el pelo, tratando de tranquilizarla. No quería encariñarse con ella, no quería entablar amistad con su paciente, no le convenía a ninguna de las dos.

-Tranquila, tranquila… haremos una cosa, cómete la fruta y la chocolatina, tómate la medicación y yo te conseguiré una bolsa de regaliz ¿vale?- Hazel asintió, pero recordó que quería algo más.

-Necesito ver a Cassidy.

Su último encuentro había sido accidentado por culpa de Hazel y había estado a punto de terminar en tragedia. Necesitaba disculparse. Sin embargo su enfermera no estaba segura de si eso iba a ser posible y menos en ese momento. Tras dejar a Hazel comiendo, vigilada por un auxiliar, Meredith fue a ver a Tess.

Para varias la encontró tirada en el suelo del cuarto, con el brazo izquierdo pintado. Pero algo era distinto esa vez, algo en la cara de Tess era diferente. Parecía feliz, serena, en armonía. La enfermera de arrodilló frente a ella, dudosa.

-Tess ¿estás bien?

-Ya está- susurró la chica- Se ha terminado. Ya he cumplido mi parte, ahora vendrán a por mi.

-¿Qué dices? Tess, nadie vendrá.

-No me dejarán llevar a nadie al final, pero vendrán dentro de cuatro días y me llevarán de nuevo con ellos, para siempre…- la sonrisa se borró de la cara de la chica, que clavó sus ojos fríos en los de su enfermera- Y tú no podrás impedirlo.

Y el día pasó…

… Damien llamó a su familia y decidió llevar en secreto todo lo referente a su marcha hasta el último momento. Dempsey se fue y Cassie no volvió a verle jamás. Starla hizo todo lo posible por organizar de la mejor forma las dos semanas que a Cassie le quedaban en el hospital y Meredith consiguió un permiso para que Hazel pudiera ir a ver a Cassidy. Sin embargo aún quedaban muchas cosas pendientes. Reggie, Tess, Bastien… Gabrielle, sí, Gabrielle también.

Damien se la encontró llorando en la sala de enfermeras, desconsolada. Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, tratando de calmarla.

-Gabby ¿Qué ocurre?

-No puedo más, Damien- dijo sollozando- se va en dos semanas y Dempsey le ha hecho eso ¡es un desgraciado!- eso él ya lo sabía.

-Que mal mientes…

-¿Qué?

-Deja de escudarte en Cassidy, hace tiempo que te pasa algo y no me lo quieres contar- al margen de que se sintiera mal por su paciente, con la que se encariñada demás, el chico tenía muy claro de que había algo más grave de fondo. –Ya lo sé ¡estás embarazada!

-¡Oh! ERES UN IDIOTA- sí, pero la había hecho sonreír con sus tonterías- No estoy embarazada, sólo…

-¿Totalmente destrozada? Cansada, nerviosa, somnolienta, flacucha. Duermes poco y comes mal, llevas semanas haciendo turnos dobles y casi siempre duermes aquí. Te alimentas a base de comida china, precocinados y bebidas con cafeína o café… te estás destrozando, Gabby. Necesitas un descanso.

-No puedo…

-Tienes derecho a vacaciones pagadas, cógetelas ahora y duerme y come como una persona normal y por Dios, date algún capricho.- Pero no era tan fácil, no a todos les sobraba el dinero como a él.

-Quizás… pero quiero esperar estas dos semanas, creo que Cassie me necesita- y estaba en lo cierto.

-Probablemente y te necesitará más cuando yo me marche…

-¿¡QUE!?

-Era inevitable. Voy a presentar la dimisión en un par de días, es definitivo y no quiero que digas nada- exigió, era una decisión propia y ligeramente meditada.

-Te echaré de menos, Damien- era algo así como su mejor amigo, dentro y fuera del hospital.

-No veremos, no te preocupes- le garantizó- Pero quiero pedirte algo, quiero que hagas algo pero no es por mi, es por ti…

-Me tomaré esos días de vacaciones…- bufó ella.

-Habla con tus padres- Gabby abrió los ojos, sorprendida- Farrel me lo dijo, cuatro años sin hablaros son muchos años. Son tus padres y te quieren, podéis arreglarlo y ellos pueden ayudarte.

-No es asunto tuyo- bufó Gabby de nuevo, conteniendo las lágrimas- ¡Yo nunca me he metido de esta forma en tu vida! No tenías derecho…

-Lo sé y lo siento, pero ya es hora de que alguien cuide de ti.

Aquellas dos semanas iban a ser muuuy largas y, desgraciadamente, muy complicadas para todos, sobre todo para Cassie y Damien.